Adolescentes de pueblos originarios y el Opus Dei
Por Sinculpa, 12/03/2025
Una ex numeraria auxiliar de un país americano, hablando de cosas varias, dijo una frase impactante. Seguí su conversación y fueron varios los impactos…
—El primer mes que estuve en un centro, no hablé. —Cuando le pregunté por qué:
—Yo solo hablaba mi lengua materna (lengua de un pueblo originario) y me prohibieron hablarla.
Continuó relatando su historia:
—Me fui de casa a los 14 años, lo único que quería era ayudar a mi madre…
Como muchas adolescentes descendientes de pueblos originarios en situación de vulnerabilidad económica, emprendió un viaje valiente a la ciudad capital en busca de trabajo, generalmente como empleada doméstica, con el propósito de sostener a su familia y cubrir sus necesidades básicas.
Sin embargo, su valentía no la hacía menos vulnerable: era una adolescente, mujer, sola, en un entorno desconocido, lejos de su familia y sin hablar español, el idioma que las numerarias de la Obra le exigían usar.
Aclaro, que casi el 100% de las numerarias auxiliares en ese país hablaban su lengua originaria y que otras chicas que habían llegado al mismo centro que ella, también se comunicaban en esa lengua. Las numerarias, todas señoritas muy capaces podrían haber respetado su habla madre e incluso aprenderla, por cariño y por delicadeza, no solo a los pueblos originarios sino, a esas adolescentes valientes pero con el miedo lógico, humano de salir de la casa, del pueblo, de la protección. Señoritas que decían amar a Dios…
—A los 14 años llegué al centro y a los 15 estaba en otro país haciendo mi primer curso anual.
Esta declaración disparó una batería de preguntas en mi cabeza:
—¿Cómo hiciste la carta para pedir la admisión?
—No tengo conciencia de haberla escrito, —me respondió. Era lógico: apenas conocía palabras en español y no lo escribía.
—¿Te escribieron la carta entonces?
—No sé en qué momento pasó, pero de pronto ya era numeraria auxiliar, vivía como numeraria auxiliar y dejé de recibir dinero por mi trabajo. —O sea, a no poder ayudar a su familia.
—¿Te explicaron bien qué era la vocación, la Obra, ¿ser numeraria auxiliar?
—No. Lo único que yo quería era ayudar a mi madre.
Con el tiempo, aprendió a hablar y escribir en español, pero algunas numerarias se burlaban de su acento y de su forma de hablar. Mientras maduraba y se relacionaba con otras personas fuera de la Obra, empezó a darse cuenta de que nunca había deseado ser numeraria auxiliar, que su ingreso no había sido libre ni consciente y que, además, nunca pudo cumplir con su propósito de ayudar a su familia.
Continuó contándome que tiene una gran tristeza por la adolescencia y juventud que no vivió. Por el aprovechamiento de su inocencia, pues creyó que “la vida era así” textuales palabras y llegó a sentir que su vida no tenía sentido y que no era suya.
La historia de esta ex numeraria auxiliar no es un caso aislado. En América Hispana, donde aún hay un número considerable de descendientes de pueblos originarios que luchan por el reconocimiento de sus derechos y su identidad, estas prácticas continúan.
- No se respetó su vulnerabilidad
- En cambio, hubo una manipulación determinante para hacerla numeraria auxiliar, convirtiéndola en una trabajadora gratuita, sin su consentimiento ni entendimiento. No porque no tuviera la capacidad de comprenderlo, sino porque a nadie le preocupó explicárselo, darle tiempo, evitar imponerle nada.
- Se vulneraron sus derechos humanos, su conciencia y su relación con Dios
- Le dijeron que tenía vocación porque “Dios se lo había comunicado”, pero nunca se lo reveló a ella. ¿Qué extraño, no? Así mismo sabemos que para el matrimonio por Iglesia, como la incorporación a una comunidad religiosa (sea la que sea) y la realización de votos, SIN una edad lógica y prudente, la conciencia de entendimiento del compromiso y forma de vida que se asume, es nulo, no válido. Incluso el casamiento civil tiene una serie de requisitos basado en la libertad, edad y entendimiento para poder realizarse y ser válido.
- Se vulneró su necesidad familiar
- Una madre en extrema pobreza, una hija que no pudo ayudarla y un impacto doloroso que marcó a ambas para siempre.
- Se vulneró su lengua y su identidad como descendiente de un pueblo originario
- Como si aún viviéramos en el siglo XV, cuando los conquistadores destruían culturas y saqueaban riquezas humanas y naturales.
No es necesario agregar más para concluir que fue abusada espiritual y económicamente.
Para quienes quieran conocer más sobre este tema, los invito a ver el programa de Ángel Valdez en YouTube, donde Raquel, una ex numeraria auxiliar, comparte su testimonio. También recomiendo el artículo de investigación periodística publicado en México a fines de enero: Las mucamas de Dios.
Este no es un caso aislado. Es un patrón sistemático de la Obra en América Latina.
El moderador-prelado de la Obra, y la Obra misma, siguen sin asumir su responsabilidad, sin reparar el daño causado como se debe y cuanto se deba y sin que los cambios que dicen sean reales.