Opus Dei: luz en la calle y oscuridad en la casa

From Opus-Info
Jump to navigation Jump to search

Por Clarisa, 25.03.2026


Me fui en el 2022, luego de 17 años como supernumeraria. Hace unos días leí el testimonio de Hilux “Integrar mi vida en el Opus Dei en mi propia biografía” y me sorprendió, quizá aún tiene un tipo de codependencia.

Durante los últimos años he ahondado en temas de psicología, precisamente porque la decisión que tomé de irme, fue a raíz de mi asistencia al psicólogo y psiquiatra. Llegué con un cuadro de ataques de pánico y depresión moderada, no le atribuyó solamente al estilo de vida estresante de todos los miembros de la Obra estas enfermedades, reconozco que ha habido causas físicas, enfermedades propias de la mujer y una niñez y adolescencia con situaciones de vida dolorosísimas. No contaré muchos detalles porque el foco quiero dirigirlo a las razones por las que tomé la decisión de marcharme. Irme fue abrir los ojos y no poder seguir negando la realidad, no seguir tapando el sol con un dedo.

Por circunstancias diversas viví en una residencia universitaria o colegio mayor, allí conocí más de la fe católica y me involucré en las actividades y apostolados de la Obra. Agradezco haber estado muy cerquita del Señor, las velas al santísimo, los cursos de retiro, la formación católica dirigida a amar al Señor con todo el corazón, la oportunidad de llorar tantas cosas que no dependían de mí, pero me afectaban. Sentía verdaderamente el cariño del Señor y de la Virgen María en ese maravilloso oratorio que el día de hoy ya no existe. Pero no pude ignorar cosas que quizá mi sensibilidad me hacía notar de manera más obvia que para otras personas.

Vi cosas que me parecían extrañas, como que las numerarías no se platicaban entre sí, que algunas incluso se detestaban. Recuerdo una ocasión en la que le comenté a alguna una circunstancia propia y me dijo que ella no quería enterarse de nada mío, que no le dijera ni contara nada, que lo hablara con la de mi charla y era algo, una situación común, nada extraordinario, solamente quería hacerle conversación. No sé qué se habrá imaginado ella. Pronto me di cuenta que las numerarias que me trataron antes de pitar, por más que yo vivía en su misma casa, se alejaban y la directora me mandaba a hacer mi charla con alguien desconocida para mí y que luego me explicaron que era para no “promover las amistades particulares” y yo pensé, así no es una familia, ¿se supone que eso éramos no?

Un día, una de mi círculo llegó contando que se casaba y que la lista de regalos eran de X lugar, repartió las invitaciones entre sus “amigas”, las demás, solo éramos sus compañeras de círculo. Rápido entendí que allí no haría amigas, sino que ellas serían solamente mis conocidas, mis compañeras de círculo.

Años más tarde, una supernumeraria que si consideré mi amiga e iba a otro centro, tuvo problemas familiares graves, todas se enteraron y escuché que con caridad alguna le preguntaban ¿qué había pasado? y luego otras que ni iban a su centro, hablaban de encomendarla (no estando la interesada presente a mí esto me pareció más un chisme que corría de centro a centro).

Al final, si eras muy comunicativa con las supernumerarias de tu centro, todas se enteraban de tus problemas y eso se extendía a la Asesoría (por supuesto) y a las numerarias y supernumerarias de todos los demás centros porque “había que encomendarla”.

Aprendí que los problemas matrimoniales graves no solo salían de la charla para el consejo local, escalaban al sacerdote del centro y por supuesto si la implicada contaba su situación a sus “hermanas” del círculo, esto iba y se extendía más allá a todos los centros donde la susodicha tuviera conocidas.

Yo no siempre he sido tan reservada, pero una de las cosas que juré de esa experiencia fue no contar los conflictos familiares, mis deseos o planes a mis “hermanas” a pesar de que en los círculos de supernumerarias se nos animaba a apoyarnos para ser como una familia. Para mí era una contradicción porque adentro de los centros las numerarias se ignoraban y entre las supernumerarias la situación debía ser al revés, debían estar unas pendientes de otras, ¿acaso era una estrategia de control? Entonces ¿Cómo quedamos? ¿Era para que las supernumerarias tuvieran la confianza de que sus hijas e hijos iban a ser apoyados como en una familia si pitaban de numerarias o numerarios?

Lo siento, mi espíritu crítico tenía sus límites, lo controlé bastante bien durante 17 años, pero había cosas que definitivamente se grababan en mi mente y han aflorado al pasar los años.

En fin, hay otras cosas más, no me extenderé, quizá alguna vez más vuelva a escribir y a Hilux le comento que se echa de menos todo lo que él dice, pero a los supernumerarios nos cuesta menos. Yo sigo mi relación con Dios y mi madre la Virgen, no asisto a misa diaria pero definitivamente si pudiera hacerlo, no regresaría. No hago oración ni rezo con tanta constancia en el día a día, pero me preocupo de mi familia, de mis amigos y trato de mantenerme sana en medio de las circunstancias y con los medicamentos que debo tomar como secuela del estrés tan grave al que me he sometido.

Oro a Dios y le pido sane mi corazón y mi alma, que me dé la salud necesaria para cuidar de mi familia y le pido también que me permita algún día verle cara a cara y ser luz de mi hogar no oscuridad de mi casa.



Original