HACER ORACIÓN

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Por Clic-Clac, 10.03.2021


Hacer oración, curiosa manera de auto apropiarse de una palabra que sólo parece ser válida para ellos, ya que pocas veces se oye en ambientes diocesanos no opusinos. Un verbo único para una acción única: REZAR, orar, meditar, trabajar, fregar, cocinar, reunirse, en definitiva, amar a Dios desde nuestro corazón siendo nosotros mismos oración, en todo lugar y circunstancia, sin depender del minutero del reloj. Amar a Dios y enamorarse de Dios. Amar y enamorarse nuestro prójimo. Amar y enamorarse, como lo hacen dos enamorados, que no miran nunca el reloj, sino los ojos brillantes de su enamorado/a. Con la cotidianidad y a la vez novedosa tarea diaria: trabajar con intencionalidad en presencia de Dios y ayudando a los nuestros. Un trabajo ofrecido siempre; no sólo cuando hay que “encomendar” a alguien. Sufriendo los embates involuntarios que nos presenta el día, a los que se debe responder con espontaneidad inmediata, sin añadirlos a la lista para “después cuando HAGA oración”…

Que sepamos, pocas veces hemos leído en los evangelios que Jesús programara la plegaria. Salía de Él. En momentos de necesidad o en momentos de petición al Padre. En Getsemaní oraba Jesús diciendo: "Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú quieres". Buscó apoyo en sus discípulos, pero estos se habían dormido. Jesús dijo: "¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Todo un Dios rezando al Padre. Los apóstoles que no entendían casi nada, durmieron. Una hora rezó Jesús. Con profundidad, con cercanía al Padre. Pero en realidad, de las 24 horas de aquel jueves santo, oró 21 horas. Jesús oró la última noche antes de ser arrestado. Tal como oraba siempre, todo el día. Oraba cuando curaba enfermos, ya que invocaba al Padre. Oraba cuando expulsaba demonios, cundo devolvía la vista a los ciegos, cuando deshacía el nudo de los mudos o destapaba los oídos de los sordos. Cuando resucitaba a la hija de la viuda de Naïm o a Lázaro. Cuando curó a la suegra de Pedro. Nunca pospuso nada para la lista de HACER oración guardada para luego.

Orar: momentos ofrecidos. Personas recordadas y “encomendadas” a Dios. Para Dios no existe el “después” Dios, al ser eterno, vive en un constante AHORA; ahora cura a leprosos, ahora se entera de la muerte del criado del centurión “no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya…” La devoción hacia Jesús se convierte en respeto profundo que sale de los corazones afligidos. El centurión primero reprocha a Jesús que no estuviera presente al lado de su criado para que no muriera. Pero tan pronto como se da cuenta de lo que ha dicho, no quiere importunar a Jesús y no le pide por segunda vez que vaya. Le pide su palabra. Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron, Rabbi, “¿quién pecó para que naciera ciego este hombre? ¿él o sus padres?". Jesús respondió: Ni este hombre ni sus padres pecaron, dijo Jesús, "pero esto ocurrió para que se manifestaran en él las obras de Dios. Mientras es día, tenemos que hacer los trabajos del que me envió. La noche está viniendo, cuándo nadie puede trabajar. Mientras esté en el mundo, soy la luz del mundo. Habiendo dicho esto, escupió en la tierra, hizo algo de barro con la saliva, y lo puso sobre los ojos del ciego. Vete, le dijo, lávate en la Piscina de Siloé (esta palabra significa "Enviado") (1) Bartimeo siguió a Jesús porque oyó su voz y el algarabío de la gente al pasar y gritó: ¡Señor! ¡Señor! Jesús se volvió y dijo: ¿qué puedo hacer por ti? Bartimeo: Señor haz que vea. Jesús no apunta la petición a la lista para HACER después. Jesús le devuelve la vista de inmediato apelando a su gran fe.

Otro verbo de transporte es utilizado en los obreros: LLEVAR. Dice el director a su “dirigido”: todo eso que me cuentas LLÉVALO a la oración. LLEVAR es acordarse, hablarlo ofrecerlo. LLEVAR puede dar pie a “soportar el peso de un transporte o una carga” y rezar nunca es una carga. Rezar es un GOZO. Es un gozo que no hay que llevar. Rezar sale, fluye espontáneamente, cuando en un determinado momento pensamos, en presencia de Dios, en todo lo que nos preocupa, en aquel amigo enfermo, en mi familia (a veces olvidada de “tantos hacer y llevar a la oración” en momentos en que un supernumerario debería estar, amar, educar, implicarse en y con su familia). Rezar es un hecho que nos hace levantar la mirada a Dios, no cuando hemos programado levantarla. Para entonces pueda que ya sea tarde. AHORA. Sentarnos y sacar la lista de haceres y llevares y enfocar nítidamente a Dios para recitar nuestras peticiones ordenadamente.

Cuando no levantamos espontáneamente la mirada a Dios, estamos desperdiciando esta oportunidad del ahora, totalmente necesaria y esencial para llegar al Creador, con la humildad y la confianza puesta en un Padre. A nuestro padre le pedimos las cosas a medida que se presentan. No hacemos listas hasta que él nos dé hora. Si en la tierra tenemos un padre misericordioso, ¿cuánto más no lo tendremos en el cielo? Dios no quiere listas LLEVADAS. Quiere, ante todo, amor, humildad, confianza, sencillez. Quiere que, en el momento en que percibimos una necesidad sepamos dirigirnos a Él demostrando así que somos hijos suyos.

Ser hijo. Aquello que “ellos” llaman “filiación divina”. Parece más un título que un estado, más un logro nuestro que un acto de amor hacia quien nos ha creado. Ser hijo es ESENCIA, no estado transitorio. La filiación puede interpretarse como un estado accesorio, circunstancial. Y no. Ser hijo es sentir que tenemos un padre. Siempre. No cuando el director dice: aplica la filiación divina. Que receta tan poco sabrosa. El amor al Padre no se aplica. Se tiene. La filiación no es un acto de divinización filial. Es el AMOR que es divino. No el hijo. El hijo, cree, confía, se apoya, goza, dialoga con su padre Dios sin que estas acciones le divinicen. El hijo no pierde la condición de humano. Quien realmente dirige nuestras peticiones al Padre es el Espíritu Santo. Sin su gracia nuestras súplicas jamás llegarían al entorno paterno desde el cual Dios nos oye. Y ¿Cuántos hay que rezan teniendo en cuenta esta “condición”

En el Opus Dei se utiliza otro verbo de comunicación casi propio: ENCOMENDAR. Poco se oye este verbo fuera de los límites opusinos (dichos también: esferas obreras) Nos acordamos, rezamos, ofrecemos. Encomendar tampoco pertenece a la lista VIP con la que nos dirigimos a HACER oración, LLEVANDO intenciones, las cuales ENCOMENDAMOS. La oración no se HACE. Ya está hecha cuando nos salen del corazón aquellas peticiones o acciones de gracias, aquellos deseos y, me atrevo a decirlo, aquellas rebeldías personales e internas por las cuales reprochamos a Dios haber consentido un determinado estado o suceso en nuestras vidas. Cuando le echamos en cara no haber solucionado aquel problema que tantos días, meses o años llevamos pidiéndole. Mi rebelión no es mala. Es humana y a veces necesario. Suceden cosas que YO no puedo controlar ni modificar, hacia las cuales no puedo actuar. Estas mismas cosas deberían hacernos ver que HAY un Dios que a veces se nos escapa. Un Dios al que si amamos si está hecho a nuestra medida. Se reza cuando aceptamos estas situaciones, no para desvincularnos de ellas, sino para DEJARLO todo en manos del Espíritu (director de gracias). Así nos desnudamos de todo orgullo, prepotencia, de sentirnos llenos, ricos, capaces y potentes para girar los acontecimientos y aprovechar aquellos que no se ajustan a nuestra voluntad, para abandonarnos en SUS manos. El mérito de este abandono nunca es nuestro. El mérito viene de ÉL. Nosotros somos sus hijos, simples súbditos, amados, sí, pero súbditos.

REZAR es poner en práctica las obras de misericordia, las bienaventuranzas, los dones del Espíritu Santo. Rezar no es una carrera de obstáculos diaria. En todo caso. Los obstáculos somos nosotros cuando cerramos el corazón y no permitimos que nos lleguen las gracias, porque YO SOLO YA PUEDO. Rezar es conducir, limpiar, cocinar, cuidar, observar, pedir, dar gracias, hablar CON. Apoyar a…, NO es mortificarse adrede. Por qué ¿Qué ocurre si un día rezamos 38 minutos? ¿Y si al día siguiente rezamos 12 minutos? NO OCURRE NADA. NADA. O quizá debe ser que, si no son 30 minutos no puedo poner la crucetita y tener la conciencia limpia con el DEBER cumplido. Rezar es interiorizar el Padrenuestro, es recitarlo, vocalizar el Avemaría, cantar una canción.

En estos y otros momentos afloran en mis pensamientos palabras y declaraciones solemnes. Para mí “amigo” K.R. que en un curso de retiro se pasó toda la charla mañanera negando con rotundidad y majestuosidad, con toda contundencia y solemnidad, todo lo que le dijeron que nos dijera que NO era HACER ORACIÓN:

  • Hablar de Dios dos o tres personas reunidas en Su nombre: NO ES HACER ORACIÓN
  • Rezar vocalmente el Padrenuestro o el Avemaría, NO ES HACER ORACIÓN
  • La lectura de un libro de espiritualidad NO ES HACER ORACIÓN
  • La lectura y meditación del evangelio, es lectura. NO ES HACER ORACIÓN
  • Quien reza se salva, quien no reza se condena.


En este curso de retiro empezaron mis serias dudas acerca de este y otros aspectos de la Obra. ¿Cómo podían tener la desfachatez de rechazar el Padrenuestro como oración, siendo ésta la única que nos enseñó Jesucristo? La oración debe ser individual. Y yo pensaba: ¿Qué tiene de malo la oración en grupo? ¿A caso en la vida conventual, monástica o religiosa no hay varios momentos durante el día en que la comunidad reza grupalmente? ¿Será que no es posible que en la oración grupal cada persona dirija su corazón a Dios meditando o pensando en sus plegarias? ¿Podríamos pensar que en esos momentos “maitines” “laudes” “vísperas” etc. ¿Sólo hay que seguir un guion? Pues NO. El mismo evangelio nos interpela diciendo: “Cuando ores, enciérrate en tu habitación y cierra con llave. Allí, fuera de la vista de los demás, háblale a Dios, y Dios que es Padre y ve en lo oculto y recóndito te compensará” También nos dice: “Donde haya dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy Yo. ¿Puede superarse esta oración dialogada? ¿Necesitamos hora y guion, lista, índice, apartados, repetición, pautas? NO.

Oración es renovación, es diferencia, no tiene apartados, no tiene pautas ni guion. No es una lista. No hay índice. Pero SÍ hay frutos: las gracias recibidas. Leamos el evangelio y aprenderemos como rezó El. Jesús ¿nos dice donde hay que rezar?, ¿cómo hay que hacerlo? ¿cuándo? ¿con quién? ¿en presencia de quién? También especial, rígida e inamovible su fórmula inicial y final del tiempo estipulado de oración: “…y gracia para hacer con fruto este rato de oración… “Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos, afectos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación; te pido ayuda para ponerlos por obra…” Propósitos, afectos e inspiraciones. ¿Son condiciones para saber que he HECHO bien la oración? NO. Es Dios quien nos da su gracia para plantear propósitos. Nunca recibiremos esta gracia si hablamos con Dios porque es la hora y con el corazón cerrado a recibir gracias.

La oración ayuda a la santidad. No se es santo por rezar más tiempo. Se es santo, entre otras peculiaridades, hechos y razones, por aprender cómo rezar bien porque cada oración es distinta a la que le precede y distinta a la futura. Quien no reza bajo esta premisa es una persona susceptible de NO SER CAPAZ DE HISTORIA. De ser como animales que repiten invariablemente sus actos pues les falta el razonamiento. Ningún animal ha aportado nunca nada nuevo, Ningún animal ha hecho historia. Nuestra oración DEBE hacer historia. Somos seres dóciles, humildes, confiados, sencillos, pero no por eso debemos dejar de ser críticos con la vida, oración incluida. Si no somos críticos y oteamos otros horizontes posibles, seremos como estos animales que actúan por instinto o por simples actos reflejos. Nos estancamos sumisamente sin levantar cabeza para no ofender a quien nos “dirige” Obedecer ciegamente a tus directores, que tienen gracia de estado. ¿Estado de…? La crítica y la objetividad son necesarias. Te pido ayuda y gracia. Pero te las pido siempre, no solo cuando rezo. Con fruto…

Debemos pedir a Dios sus frutos, sus gracias. Pero no debemos esperar que nos las dé por mérito nuestro. Las da cuando las necesitamos. No cuando nosotros creemos que las necesitamos. Y pasados los 30 minutos exactos, desconectamos de la oración. Damos por terminada esa etapa, pasando así a una nueva cita vital, no sin antes agradecer e invocar a María, San José (del que nunca hemos leído que HICIERA oración, pero seguro que dirigía sus pensamientos a Dios para intentar entender todo lo que iba sucediendo en su vida), y nuestro Ángel de la guarda. ¡Qué complicada es la oración en la Obra! ¿Y si dispongo mi pensamiento en EL? ¿y si sólo me sale mirar una imagen? ¿y si no hay sagrario? Si mi fe me dice que está ahí; si mi alma le mira y Él me contesta con otra mirada. ¿Eso no es hacer oración? ¿Hace falta imaginar palabras para dar gracias o pedir?

Para D.I.L. que siempre me repitió: “Queremos que tengas PAZ” ¿Cómo podía tener paz ante un panorama que no ligaba la vida de oración con los actos cotidianos más triviales? ¿Cómo podía orar ante dos supernumerarios cada uno de los cuales me decía lo contrario del otro y en sentido distinto? Después de casi 45 años recuerdo cómo se discutieron, moderadamente, dos directores, celadores o como queráis llamarlos. En aquel entonces nuestro vehículo era muy pequeño. Un director me decía que era un peligro circular con el citado vehículo. Cuando pudimos adquirimos uno de más grande y fiable (si es que tal cosa existe). A los pocos días fui citado por otro que me dijo: para los gastos grandes hay que pedir autorización. ¡Qué chorrada pensé! Y como si me estuviera escaneando el pensamiento (protocolo de acción clónico e invariable) me soltó: Por los que sois en tu familia no te hace falta un coche tan grande. (era un coche mediano de acabados medianos y de potencia mediana). No liga con tu “estatus”. Fíjate en fulano; este sí necesita un coche grande y más lujoso. No puede recibir a sus clientes americanos con un coche como el tuyo. Aquí entendí aquello de los prestigios. ¡Dios mío: y debíamos ser sobrios! Qué falsedades.

Para R.P. y J. Ll, dos “magnates del buen negociar, el buen vivir, el buen comer y beber, el buen fumar. Del mal pagar, del despreciativo ataque a mis estudios, cuando ellos casi no sabían leer ni escribir. Cargados de hijos, pero ausentes todo el día del hogar para hacer “apostolado”. ¡Claro que no me daban paz! “Aquí no necesitamos gente con tantos títulos” “Sólo trabajadores que nos obedezcan” En aquel momento recordé aquello de “obedecer o marcharse” También para L.V. quién era todo consejo en referencia a la asistencia médica: este médico sí. Ese otro no. Contrapuesto a R.P. ¡Ah! No se me olvide. Todos estos detalles debían ser LLEVADOS A LA ORACIÓN. “Ya verás como si los LLEVAS, tú mismo te darás cuenta de que no deberías haber hecho esto sin consultar. Pero para ello debes ser humilde, sencillo, descomplicado, confiado.

Por citar, citaría muchos más. Pero a esas alturas, ¿Qué importancia tiene? ¡Qué adoctrinamiento! ¡Qué falsedades, mentiras y revelación de intimidades, vaciadas en la charla fraterna, antes dicha “dirección espiritual”! Que poco sigilo cuando acudías al confesor que te habían designado y él mismo te decía los pecados cometidos. Está claro que dejaba algo de margen para que el penitente hablara; pero si no aparecían aquellos “pecados” que ni uno mismo recordaba o no atinaba a decir, enseguida salía la puesta del dedo en la llaga. “Lo ves” ya sabía yo que esto no lo llevabas bien…

HACER ORACIÓN debería ser hilvanar o tejer mis pensamientos y elevarlos a un Dios misericordioso. Hacer oración, no debería existir. Se puede simplemente rezar, decir, pensar, recordar, amar, estar al lado de…, meditar, Dios no hacía oración. Dios era y es oración. Continua. Permanente. Eterna. Atemporal. Dios invocaba al Padre. Elevaba su vista. Mi crecimiento espiritual fuera del Opus Dei, (construido durante casi 45 años, pieza a pieza, abriendo los ojos y el corazón, siendo crítico, me ha enseñado a rezar cuando esta oración me brota del corazón. Cuando el corazón está henchido de angustia o de gozo. Cuando el anhelado deseo de crecer siendo hijo de Dios se convierte en confianza.

Termino con una frase, quizá conocida. Pero no la puedo guardar en el tintero sabiendo que lo malo se denuncia y lo bueno se anuncia: “Orar es tocar el cielo con las manos y regresar con estas manos llenas de dones” Gracias por leerme.



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