Falsificación de la Instrucción fundacional del Opus Dei (1934)

Por Bruno, 8.05.2026


El Instituto Histórico San Josemaría Escrivá de Balaguer ha publicado recientemente la edición crítica de la Instrucción acerca del espíritu sobrenatural de la Obra de Dios (1934). Este documento es considerado por la propia institución como "uno de los textos fundacionales más importantes" y un "testigo histórico de máxima importancia", siendo tratado con "máxima reverencia" por los miembros del Opus Dei. Precisamente por ser una fuente histórica fundamental que debía dar testimonio del espíritu original de la Obra, merece el máximo cuidado en su preservación.

No obstante, el análisis de esta edición revela una práctica profundamente problemática por parte del autor, San Josemaría Escrivá. Con el tiempo, el autor se permitió modificar la Instrucción, añadiendo fragmentos sustanciales, como los que definen la vocación a la "perfección cristiana en el mundo". El problema central radica en que estos añadidos se presentan como si hubieran formado parte de la idea original de 1934, sin reconocer los cambios y sin modificar la fecha original del documento. Lo más grave es que esta alteración se acompañó de la "praxis habitual" de mandar destruir los ejemplares de ediciones anteriores, eliminando los testimonios históricos para impedir cualquier cotejo o verificación. Presentar una versión modificada como la original, ocultando el proceso de cambio y destruyendo las pruebas, constituye un engaño y una manipulación histórica que, en el ámbito de la archivística, se considera una falsificación por alteración de un documento de inmensa importancia.


Un testigo de máxima importancia

La propia institución lo presenta como el "documento más antiguo de san Josemaría Escrivá sobre el Opus Dei y uno de los textos fundacionales más importantes". Según su descripción, la Instrucción constituye "la primera exposición orgánica de la naturaleza sobrenatural, la misión y los fines del Opus Dei, y ofrece una base textual segura para futuros estudios históricos y teológico-espirituales sobre sus orígenes".

La relevancia histórica del documento es innegable, siendo considerado un "testigo histórico de máxima importancia". Dicha importancia se refleja en la veneración con la que era tratado por el propio autor, San Josemaría Escrivá. Juan Jiménez Vargas testificó que el autor llegaba a leer y escribir el texto de rodillas:

Recuerdo bien que, en los años treinta, cuando escribía las primeras Instrucciones, una vez terminada la definitiva redacción del texto, tarea que en general hacía con la ayuda material de alguno de nosotros –escribir a máquina, ordenar cuartillas, copiar fichas, etc.–, escribía de nuevo íntegramente el texto a mano, trabajando él solo y de rodillas. No le gustaba que lo viéramos, pero en conversaciones personales nos lo contaba. Así podíamos apreciar la veneración que tenía por unos documentos en los que quería traslucir únicamente la voluntad de Dios. (Relación testimonial de Juan Jiménez Vargas, Pamplona, 10 de mayo de 1986, AGP, A.5, 221-1-7.)

Además, la Instrucción no era solo un documento de archivo; su contenido se difundía activamente. Como señala Pedro Rodriguez, tras la guerra civil:

Acabada la guerra, al abrirse centros del Opus Dei en nuevas ciudades, se hicieron copias, mecanografiadas o a mano, para ser leídas y explicadas a los que se iban incorporando a la Obra.

En resumen, se trata de un documento histórico fundamental, reconocido y tratado con "máxima reverencia" por los miembros del Opus Dei, que debe servir como testimonio del espíritu original de la Obra. Por su naturaleza de fuente fundacional, se espera el máximo cuidado en su preservación y difusión.

Alteración y destrucción de los originales

Aquí interviene la práctica del autor, San Josemaría Escrivá, que se permitió no solo modificar la Instrucción con el tiempo, sino también destruir todos los testimonios históricos. Como dice Rodriguez:

Era praxis habitual de san Josemaría mandar destruir los ejemplares de anteriores ediciones, cuando preveía realizar una nueva versión. Justo antes de morir, en 1975, ordenó que se hiciera así y que se conservaran solo las copias necesarias para la futura edición que deseaba realizar. En cumplimiento de este mandato, el 12 de septiembre de 1975, Álvaro del Portillo mandó destruir los ejemplares de las Instrucciones que hubiera fuera del archivo del Consejo General, como había indicado san Josemaría que se hiciese después de ese verano.

Esta práctica de destrucción se aplicó incluso a la primera edición impresa:

En 1954 se imprime por primera vez la Instrucción. No conservamos ningún ejemplar de ese folleto. Cuando se hizo la edición conjunta de todas las Instrucciones, en 1967, se quemaron los que quedaban.

Esta práctica buscaba eliminar los testimonios históricos para impedir cualquier cotejo o verificación. En esencia, el autor se permitió modificar la Instrucción y, de forma concurrente, destruir todas las pruebas.

Cambio del espíritu del Opus Dei

¿Fueron sustanciales los cambios de 1967? Partiendo de la edición crítica de la Instrucción acerca del espíritu sobrenatural de la Obra de Dios (1934), es posible reconstruir el manuscrito original con anotaciones de las modificaciones introducidas en 1967. Se pueden ver los cambios en este enlace.

Al cotejar las versiones, se puede comprobar que los cambios son de tal magnitud que afectan al espíritu mismo del Opus Dei. Se añadieron fragmentos clave que no estaban presentes en el original de 1934, tales como:

nuestra vocación es a la perfección cristiana en el mundo; Unir el trabajo profesional con la lucha ascética y con la contemplación; Hombres y mujeres que, en su propio estado y profesión, intelectual o no (...) con el trabajo profesional y con el ejemplo de una vida coherentemente cristiana;”

Esto implica que ideales fundamentales, como la vocación a la perfección cristiana en el mundo y la unión del trabajo profesional con la contemplación, no formaban parte de la idea fundacional de 1934.

El problema central de esta práctica radica en que estos fragmentos añadidos son presentados como si hubieran sido parte del texto original de 1934, sin que se reconozcan los cambios. Este intento de borrar el pasado histórico constituye un engaño grave: no reconocer lo que fue cambiado con el tiempo en un documento de tanta importancia y, además, destruir las pruebas históricas que permitan la verificación.

Fraude documental

En el ámbito de la historiografía y la archivística, la acción intencionada de modificar el contenido de un documento, ocultar la versión original y presentarlo como el único testimonio auténtico constituye un engaño y una manipulación histórica. Esta práctica se considera una falsificación por alteración, una de las formas más sofisticadas y dañinas de fraude documental.

Aunque el documento tenga una "base" real, el acto de modificar el contenido, ocultar la versión original y presentarlo como el único testimonio auténtico constituye un engaño. Para los historiadores, este hecho rompe dos principios fundamentales:

La ruptura de la "Integridad del Documento"
Un documento histórico se define por su fijeza. En el momento en que un autor altera el contenido (añadiendo o quitando partes) sin dejar rastro del proceso, está destruyendo la integridad del testimonio. Si el autor crea un documento nuevo que parece antiguo pero cuyo mensaje ha sido alterado para favorecer una narrativa, se habla de Falsificación Ideológica. Además, al insertar frases o párrafos falsos en un texto que originalmente era auténtico para cambiar su sentido, se produce una interpolación.
La intención de engaño (Dolo)
Para que exista falsificación, debe haber dolo o intención de engañar. Al destruir u ocultar las copias originales, el autor demuestra que su objetivo no es "actualizar" el conocimiento, sino sustituir la verdad histórica por una versión fabricada. Esta acción buscó eliminar la posibilidad de realizar un cotejo (comparación entre versiones), que es la herramienta básica del historiador para verificar la autenticidad.

La destrucción de los originales es el "agravante" definitivo, ya que impide que las futuras generaciones apliquen el método científico para recuperar la verdad, convirtiendo al autor en un falsificador de la historia. Si no hay transparencia sobre los cambios, estamos ante un crimen contra el patrimonio documental. El resultado de publicar una versión modificada como si fuera la original es un texto apócrifo.

Ajustes sobre otras órdenes religiosas

La versión original de la Instrucción de 1934 era más selectiva al referirse a otras congregaciones religiosas, mencionando solo a los franciscanos y a los jesuitas. En la modificación llevada a cabo en 1967, se introdujeron ajustes significativos en la forma en que se abordaban estas órdenes, al mismo tiempo que se agregaba una erudición histórica que el texto fundacional no poseía.

Respecto a la Compañía de Jesús, se rebajó el tono, cambiando la expresión "glorioso esplendor" por "impulso y desarrollo". En otro punto, se eliminó una referencia original a la Compañía de Jesús luchando "hasta el fin".

Además, se reescribió un largo párrafo para incorporar menciones a otras órdenes históricas, añadiendo a los dominicos, teatinos, barnabitas y somascos. Estas inclusiones dotaron al texto de 1967 de una amplitud histórica que el original no poseía

El contraste de la transparencia: los Teatinos

La inclusión de los teatinos en la versión modificada de la Instrucción de 1967, al igual que otras órdenes, pareció servir al autor, San Josemaría Escrivá, como un ejemplo de fundación que desaparece con el tiempo.

Sin embargo, en el contexto actual, la orden de los teatinos ofrece un ejemplo de transparencia documental que contrasta con la opacidad del Opus Dei. En su página web oficial, es posible consultar libremente documentos fundamentales como sus Constituciones, el Ratio Institutionis Et Studiorum, y todas las Normas y Decretos. Esta política de acceso contrasta con la del Opus Dei, que actualmente está llevando a cabo acciones legales contra cualquiera que intente revelar sus documentos internos en público.

La carta precursora de 1932

Para terminar, es curioso que en la edición crítica de la Instrucción de 1934 no se molestaran a publicar la fuente de esta Instrucción, es decir, la carta de Escrivá a Pedro Cantero del 19 de febrero de 1932.

Esta omisión es relevante, considerando que el propio Instituto Histórico San Josemaría Escrivá de Balaguer reconoce la existencia de este documento anterior que sirve como su base:

Las conversaciones con Pedro Cantero Cuadrado fraguaron en una larga carta de san Josemaría, que, en sí misma, parece como un anticipo de la Instrucción acerca del espíritu sobrenatural de la Obra de Dios. El documento está fechado el 19 de febrero de 1932.

Conclusión

La gravedad de este engaño histórico no reside solo en la alteración de un texto, sino en la manipulación de una fuente fundacional para reescribir retrospectivamente el espíritu original de una institución. La Instrucción de 1934, tratada con "máxima reverencia" y considerada un "testigo histórico de máxima importancia", fue modificada por San Josemaría Escrivá con la adición de elementos clave, como la vocación a la "perfección cristiana en el mundo", que no formaban parte de su concepción inicial.

El acto de presentar estos añadidos como si fueran parte de la idea fundacional de 1934, sin reconocer los cambios, constituye una Falsificación Ideológica. Este fraude se agrava por la "praxis habitual" y la orden expresa de destruir los ejemplares de ediciones anteriores, lo que impidió cualquier "cotejo" o verificación histórica.

Desde la perspectiva de la archivística, la destrucción de los originales es el "agravante" definitivo, pues demuestra una clara "intención de engaño (Dolo)" y convierte el documento resultante en un texto apócrifo. Al eliminar los testimonios y la transparencia sobre los cambios, se rompe la "Integridad del Documento", impidiendo a las futuras generaciones de historiadores aplicar el método científico para recuperar la verdad. La omisión de documentos antecedentes como la carta de 1932 refuerza la preocupación por la selectividad y la falta de transparencia en la publicación de las fuentes.

En última instancia, esta alteración y destrucción sistemática de pruebas trasciende el simple error editorial; representa un "crimen contra el patrimonio documental" destinado a sustituir la verdad histórica por una versión fabricada, minando la confianza en la documentación oficial de la institución.