Belleza del celibato y engaño
Por Eilad, 20/03/2026
El prelado (o moderador) del Opus Dei, en su última carta de 19 de marzo, afirma que «en la mayoría de las regiones se notan las dificultades para que los jóvenes perciban la belleza de la llamada al celibato apostólico». Me voy a permitir indicarle una posible causa, en el caso del Opus Dei.
El problema puede ser que ahora, con más información, a mucha gente le es difícil percibir la «belleza de los engaños». Puede ser no que se desconozca «el don de Dios» (Jn 4,10), sino que se mire más adelante en ese Evangelio: «Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así» (Jn 4,23). Cualquiera, si sabe la verdad, también los jóvenes, puede ver la fealdad de vuestras mentiras (y ojalá que el Papa también las vea después del encuentro con Gareth Gore)…
- Engañáis sobre la vocación porque públicamente decís que rechazáis «completamente que exista un reclutamiento manipulador de menores», cuando a todos por indicación de los directores nos habéis hecho elaborar listas de pitables de menores, y perseguirlos hasta que al final dicen que sí por cansancio, por debilidad, o por esa ingenuidad indecisa e irresoluta que permite moldearlos en el ambiente que se les crea.
- Luego, engañáis también sobre la vocación a los que piden la admisión al decirles desde el principio que es una llamada de Dios irrevocable, y que «pitar» es para toda la vida porque Dios les ha besado en la frente y pensó en ellos para el Opus Dei antes de que naciesen, cuando luego declaráis públicamente que «…una persona tiene que reafirmar su deseo de ser miembro no una, dos o tres veces: tiene que hacerlo al menos 8 veces» y que «estas directrices pretenden evitar cualquier tipo de reclutamiento no informado o forzado». Si le habéis metido en la cabeza, retiro tras retiro y charla tras charla, que Dios pensó en él para el Opus Dei desde toda la eternidad, y que si alguno… vuelve la espalda… nos hace traición a todos: a Jesucristo, a la Iglesia, a sus hermanos en la Obra, a todas las almas», ¿cómo decís que no se le fuerza a decir que sí en las renovaciones? ¿Cómo puede una persona que ha dado todo a Dios decir libremente que se va del Opus Dei con esa formación inculcada día tras día durante años?
- Engañáis a la Iglesia diciéndole que todos los fieles laicos tienen los mismos deberes económicos ayudando al sostenimiento del apostolado de la Prelatura en la medida en que les sea posible, sin distinguir entre célibes y supernumerarios (Estatutos, 94§2). Pero a los célibes se les dice (también mintiéndoles porque los Estatutos —que es lo único obligatorio— no dicen eso) desde el principio que deben entregar todos sus ingresos, sin dejarles, como a los supernumerarios, establecer la medida. Esto, al ser una estafa —mentir para que te den voluntariamente dinero— a miles de personas, conllevaría ante un tribunal humano miles de años de cárcel para los responsables. El Espíritu Santo fue más radical que un tribunal humano en el castigo ante un engaño en cosas de dinero dentro de la Iglesia: pensad en Ananías y Safira.
- Engañáis a los célibes del Opus Dei diciéndoles que son laicos normales, y por tanto se supone que se les respeta en asuntos terrenos «aquella libertad que compete a todos los ciudadanos» (CIC, 227), pero luego, bajo cuerda, les prohibís ir a espectáculos públicos, leer según qué libros, les obligáis a entregar su dinero, a hacer testamento, e incluso les forzáis a tener que consultar antes de comprarse ropa o cosas similares, y les imponéis toda una serie de restricciones que no están en los Estatutos, y que no les dijisteis al entrar por eso del plano inclinado. Habláis mucho de libertad, pero sometéis a los que les aseguráis que son laicos a restricciones que van contra lo establecido por la Iglesia (CIC, 227).
- Les engañáis también diciéndoles que no se saca a nadie de su sitio (el fundador llegó a escribir que «Cada uno de los socios se gana la vida… con la profesión… que ejercería si no perteneciese a la Obra»), pero luego movéis a los numerarios (y en parte también a los agregados), según les parezca a los directores, y les hacéis tomar decisiones que modifican radicalmente la profesión que hubiesen ejercido si no hubieran tenido la mala suerte de encontrarse con vosotros.
No sigo, aunque hay más. ¿Y vosotros qué ofrecéis? Pues solo obligar a los que entran en el Opus Dei a llevar una vida de piedad llena de prácticas que quitan tiempo habitualmente para muchas otras cosas buenas, como la caridad, la tranquilidad, etc. Eso sí les dais la seguridad —falsa de toda falsedad— de que cumpliendo las normas del plan de vida se va al cielo. ¿Cómo no se le ocurrió a Jesucristo lo que nos enseñó Escrivá para ir al cielo? Pues no, en el Evangelio Jesús, ante esta pregunta, no dice «cumple las normas», sino «cumple los mandamientos», entre los que se incluye el de no engañar, sobre todo cuando engañando haces un daño profundo a otros.