La edad de la inocencia - 14,5 años

Revision as of 08:41, 16 October 2025 by Bruno (talk | contribs)
(diff) ← Older revision | Latest revision (diff) | Newer revision → (diff)

Por Jesse Custer, 15/10/2025


Basándome en el título de una magnífica y recomendable película de 1993 (por cierto, prohibidísima para algunos que yo me sé -ellos se la pierden-), me atrevo a exponer unas píldoras relacionadas con un agrio y nada simpático director (en adelante "el talibán") de nuestra secta favorita, que me invitó a pitar con catorce tiernos años:

- En el verano de 1984 recibí una carta del, por entonces, subdirector del "club juvenil" por el que me hizo ir mi padre desde hacía unos meses antes. En dicha carta, posiblemente la primera que recibí en mi vida, alguien a quién no conocía (o al que no recordaba) y que firmaba como "talibán", me preguntaba qué tal había pasado el verano, y me motivaba a incorporarme a las actividades del club…

Siempre estuve mosqueado, pensando en quién sería, hasta que unas semanas más tarde contactó conmigo, se presentó y me comentó que había sido él el remitente de dicha carta, animándome aún más a frecuentar las actividades del club juvenil y a seguir estudiando como lo había hecho hasta entonces. A raíz de esto experimenté un incremento de piedad en todas sus manifestaciones y aprendí a optimizar mi método de estudio puesto que siempre había desarrollado la famosa Ley del mínimo esfuerzo. Hoy en día, una carta de un adulto a un menor de edad, posiblemente invadiría esa delicada frontera de la pederastia pero por entonces, para ellos, todo era muy normal. Evidentemente yo no era consciente del diabólico plan que se cernía sobre mí, sobre todo, dada la cercanía de mis catorce años y medio. Tipejos.

- En cuanto pité, un año más tarde, el talibán se olvidó de mí, y me cedió a otro numerario para que me siguiera adoctrinando y recibiendo mi charla. Vamos, el habitual descaro de esta gente.

- Siendo aún menor de edad, y ya miembro numerario, aspirante o lo que fuera, en una de las charlas que recibí en el "club juvenil" que frecuentaba día sí, día también, el talibán que me habló de pitar soltó como gran argumento para perseverar: "Total, para casarse con una gorda e irse a vivir a XXXX", donde XXXX se correspondía con una zona residencial de nivel económico medio-bajo en el extrarradio de la capital donde estaba (y lamentablemente, sigue estando) el "club juvenil". De este machista comentario se desprende un desprecio absoluto a la mujer. Por otro lado, me pregunto si este manido argumento se lo suelta a sus supernumerarios jóvenes y no tan jóvenes. Apostaría que no. Supongo que a ellos, les planteará el matrimonio como una bendición divina y a la mujer como un ser al que hay que adorar. Una vez más, la habitual hipocresía de esta gente vuelve a hacer acto de presencia.

- El año en que dejé el centro del opus, estaba tan triste, avergonzado, bloqueado, inseguro, desubicado, desorientado (ese "numb" inglés), etc... que le pedí por favor al talibán (en mala hora) que le comentara a mis padres que no iba a seguir, puesto que yo no me atrevía a decírselo. Lamento mi poca valentía entonces, pero para mí suponía una losa infranqueable, un fracaso, haber tirado por la borda la famosa vocación y también pensé que provocaría una cierta tristeza en mis padres. Seguro que los lectores de Opuslibros me entienden. Y si no, pues también. Toda esta inseguridad fue provocada por esta gente, con su adoctrinamiento constante y siempre presente. A lo que voy es que el grosero comentario que me dedicó este tipejo, el talibán, fue:"¿Qué pasa, que eres marica o qué?". Todo muy humano, muy cristiano y muy sobrenatural. Y por supuesto respetando a todos y a todo.

- Pues todavía una perla más de este sujeto. Para reforzar la tesis de que lo mejor según la Obra era que me fuera, se atrevió a decirle a mi madre que yo era muy "madrero". Qué tipejo, ¿y, para pitar, no era madrero cuando tenía catorce años?

- Analizando esta cuestión de que el talibán viera clarísima mi vocación desde el principio de los tiempos y de que nueve años más tarde otro director viera clarísimo que "de eso nada, monada" y que me dijera que tenía que abandonar el centro antes del 19 de marzo y que me formulara la pregunta de "¿Qué hacía yo ahí?," concluiría diciendo que, al menos, uno de los dos directores se equivocó (si no los dos) y, al menos, el errado tendrá que pagar. ¿De qué modo? No lo sé pero ya haré yo lo posible, legalmente, para que alguien pague. No pueden liarte la vida cuando les da la gana y también, cuando les apetece, mandarte a la porra. Y lo que es más, consiga o no que esta gente pague, me encargaré de que la gente de mi entorno, amigos conocidos, y gente con buen corazón, a los que pueda advertir de esta organización, les advertiré. No lo duden.

- La primera vez que volví a la casa de mis padres tras haberme invitado gentilmente a dejar el centro del opus dei en el que residía, el director que me habló de pitar, el talibán, quedó conmigo para hablar. Pero no fue para interesarse por mí y ver cómo me encontraba sino para hacerme la advertencia de que no hablara mal de la Obra a nadie, y menos a mis padres, supernumerarios (por entonces).

- Cuando mi madre, dolida y desengañada, decidió dejar el Opus, este director talibán tuvo la desfachatez de llamarme por teléfono y exigirme "que, como fuera, convenciera a mi madre de que yo no tenía ningún problema con la obra y que así ella no tendría motivos para abandonarla". Y yo me pregunto: ¿acaso era asunto suyo?, ¿No debería haber separación de secciones? ¿Qué hacía un numerario hablándome de una mujer aunque sea mi madre y la conociera?

- Antes de casarme salí con varias chicas con mayor o menor fortuna (no en el sentido que le interesa a la obra, en el sentido del éxito o fracaso en la relación). Resulta que una de ellas, muy de vez en cuando, acudía al centro de chicas. La numeraria de turno la hostigó preguntándole cosas sobre mí y le pidió que la tuviera informada sobre mí, así como trató de alejarla de mí. La chica fue sincera conmigo y en cuanto me lo comentó me faltó tiempo para llamar al talibán y, muy enfadado, pedirle que me dejaran en paz de una puñetera vez. El caso es que lo vio todo muy normal y me respondió que trataría de poner en vereda a esa numeraria de la que ya tenía noticias (se ve que, por derribo, se aburrían). Por cierto, esa numeraria hoy en día, ya no es numeraria.

- En la última conversación que tuve con este tipejo, el talibán, me dijo que si no hubiera sido por la Obra, me estaría drogando (sic). Di por terminada la conversación, mentalmente lo mandé a cierto sitio, y decidí dar por terminado mi trato con este "ser humano", como diría Gomaespuma. Desde entonces, lo tengo bloqueado en las redes sociales.

- Cuando una tarde paseaba con mi mujer y nos encontramos casualmente en la calle con el talibán, empezó a balbucear tratando de presentarse como un amigo de hacía tiempo. Yo lo corté y le dije tajantemente, "Talibán, ella lo sabe todo, TODO". Agarré a mi mujer y nos alejamos de él.

- Este director talibán vuelve a ser, tras su jubilación, director del "club juvenil", (toma ya, casi setenta años y director de un club juvenil, mucha visión sobrenatural) sigue siendo un psicópata y un maleducado intolerante. Además, se recrea en su nueva faceta de antropólogo (al igual que la dirección espiritual, ¿A esta gente quién les otorga los títulos? Ahora bien, tristemente no es un caso aislado. No conozco a un sólo director (y lamentablemente, he conocido a unos cuantos) que no sea así. Se ve que todos siguen un patrón. Allá ellos. No nos sorprendamos. Todos son iguales. Una vez se accede al Opus Dei, se pierde la humanidad. O al menos, la vas perdiendo hasta que decides salir o, simplemente, como gracias a Dios fue mi caso, te expulsan.

Lo curioso del caso es que este director, a mis catorce años, lo era todo por entonces. Una auténtica referencia de cómo ser. Unos cuantos años más tarde, las cosas han cambiado. Ha pasado de ser una referencia positiva a un ejemplo de cómo no ser. Y lo peor es que, al margen de la responsabilidad de mi padre de llevarme por la tapadera del club juvenil (ya pagará lo que tenga que pagar), no puedo creer que el talibán pueda ir al Cielo por el mero hecho de cumplir las normas. Lo siento, pero no puedo ni quiero creerlo.

Yo lamento haber desperdiciado los que tendrían que haber sido los mejores nueve años de mi vida, pero tengo la conciencia tranquila. Lo hice por Dios. Ojalá exista y me lo tenga en cuenta. Soy un ingenuo, lo sé. Pero así de claro lo digo.

Para terminar, tras unas cuantas lecturas observo que he sido bastante educado y comedido. Menos mal que no he expuesto las numerosas y diferentes expresiones castellanas, que pueblan mi mente ahora mismo, y que son las que esta gente se merece y que no son, precisamente, jaculatorias.

Gracias a Dios me expulsaron porque, de otro modo, me habría estallado en ese sanatorio que no es más que el opusdei.

Ánimo a todos los ex y a los in que quedan. No estamos solos y, además, lo mejor está por venir.

Sólo finalizar diciendo que, como de las drogas, del Opus Dei también se sale.



Original