Tengo infinito cariño a las numerarias auxiliares
Por Belén Martí Sanchis, 26/02/2025
Yo pité sin querer. Con 16 años me dijeron que tenía vocación de numeraria. Siendo adscrita era infeliz y no me veía y lo decía en todos los espacios en los que se me permitía decirlo (nunca a mis padres). Sorprendentemente se me "animó" a ir al centro de estudios. Yo quería estudiar Magisterio porque me encantaban los niños pequeños, de infantil, y me dijeron que con mi capacidad tenía que hacer una licenciatura y no una diplomatura, así que hice Historia (nunca me gustó).
Durante un año me presionaron a hacer la charla fraterna con una mujer que me doblaba la edad y a la que no tragaba. En el segundo año me cambiaron de persona por fin y pude decir que no encajaba tal y como lo sentía. Ya veían que yo no iba a perseverar y en un último intento me mandaron a otra ciudad al finalizar el centro de estudios (para alejarme y que mi salida pasará desapercibida, aunque obviamente a mí se me vendió de otra forma el tema). Finalmente obedecí. Pasé un año horrible, sin encajar con la nueva directora y cada vez más delgada y con problemas en la carrera porque no me convalidaban las asignaturas con el cambio de expediente. Estaba lejos de mis amigas de toda la vida del cole que eran un apoyo y de mis hermanos que vivían en la anterior ciudad.
Mi madre fue un día al centro y se asustó por lo delgada que me vio. Mi padre (que era supernumerario) habló con la comisión y se armó un follón, así que me devolvieron a mí ciudad de origen, a un centro de numerarias auxiliares, para recuperarme físicamente y con la carrera a medias (que terminé en los años siguientes a distancia con muchas dificultades). Pesaba 41 kilos midiendo 1.65cm. Me llevaron a una médica de la Obra y dijo que tenía anorexia. Con lo cual me sentí culpable y mi lucha era no centrarme en mí físico ya que parecía que era un problema de vanidad. Retrasaron mis incorporaciones obviamente con todo esto.
En ese centro conocí a las nax y gracias a su afecto y a lo que noté que podía ayudarlas y me necesitaban, pude recomponerme y en unos años ya consideraron que yo era una súper administradora y fui pasando por distintos centros de auxiliares. Les tengo infinito cariño. Atendí muchísimas charlas fraternas de nax rotísimas por dentro o empezando a estarlo. Acompañé a muchas al psiquiatra y me preocupaba ver tantos problemas de salud mental. Cuando intentaba entenderlo o preguntarlo nunca hubo respuesta que encajara.
Mi último destino fue Alicante, un centro en el que era la más joven con muchísima diferencia y con unas numerarias con problemas psíquicos potentes. De hecho, una de ellas me dijo que se suicidaría por mi culpa. No lo hizo y por lo que sé está viva. Armándome de valor y muerta de miedo, pero pensando en mí salud mental me fui con 40 tacos con una mano delante y otra detrás. Había trabajado gratis para el Opus Dei durante 20 años. Había perdido mi juventud y mi posibilidad de ser madre biológica. Salí rápido y corté drásticamente, no quería vivir el infierno de salida que había visto en otras personas.
Siempre dije que en mí lo del 100X1 no se cumplía, en todo caso yo daba 100 y recibía 1 de felicidad. Y lo de que el Opus Dei era el mejor sitio para vivir y morir no sabía por dónde pillarlo. Era una mentira (en mi caso claro). Nunca dejé de decirlo en mis charlas fraternas personales y la respuesta era que faltaba entrega personal y que además la alegría era una norma del plan de vida.
Después de casi 9 años ya tengo una distancia emocional y cierta perspectiva. Los valores y los escritos abiertos del fundador del Opus Dei considero que son enormemente atractivos y podrían explicar muchas cosas. La puesta en práctica ha convertido a la obra en una institución elitista, poco caritativa y prepotente, además de contradecirse predicando cosas que en la realidad son todo lo contrario y ni siquiera se reconoce.
Gracias a Dios actualmente estoy casada con un hombre maravilloso y tengo 3 hijos de acogida permanente con necesidades especiales. Original