Recuerdos de hace más de cincuenta años
Por Rescatado, 29/05/2024
Os envío las propuestas que en 1971 (ahora tengo 91 años) envié para el congreso del Opus Dei que se iba a celebrar. También os enviaré las que ese mismo año expuse a un directivo de la Delegación de Barcelona. Mientras tanto me acabo de enterar –por una numeraria hermana de una amiga mía- que el Opus Dei ha pedido a sus miembros que soliciten opiniones y propuestas a sus familiares y amigos ajenos a la Obra, sobre cambios que vean convenientes en la Praxis de la exprelatura, de cara a la celebración del centenario de la misma.
Por ello yo les pienso enviar (seleccionadas y quizá corregidas entre las que os envío) las que yo les propongo ahora (son las mismas). Estas se encuentran en mi libro Naufragio y rescate de un proyecto vital, pp. 226-230. También añadiré otras dos que ya os envié, y que figuran en el Epílogo de mi libro y también añadiría una selección de las que en diversas ocasiones he enviado a diversas Congregaciones (actualmente Dicasterios) del Vaticano.
Propuestas presentadas para el Congreso General
1. Libertad de pensamiento
Tomar medidas para que haya verdadera libertad de pensamiento respecto a una serie de tesis sobre cuestiones doctrinales que no atacan la doctrina obligatoria del Magisterio, aunque no sea la más segura.
2. Libertad de pensamiento: opiniones personales del Padre
Estudiar la forma de evitar que el pensamiento que el Padre exprese a título de opinión personal, sea considerado en el mismo orden que el que expresa como portador del mensaje del 2 de octubre.
3. Libertad de pensamiento y expresión para los intelectuales de izquierdas
Estudiar la forma de que los intelectuales de izquierdas no se sientan inhibidos para opinar y para escribir, a causa de las normas establecidas para defender la seguridad doctrinal.
4. Cargos directivos: formación psicológica y pedagógica
Estudiar la forma de que los directores reciban cierta formación psicológica y pedagógica, para perfeccionarse, con sentido profesional, en su tarea de directivos y de formadores. Podría utilizarse el asesoramiento de servicios como el ICE, el DOPP (Departamento de Orientación Psicopedagógica), etc.
5. Cumplimiento de las normas: evitar cierto “legalismo”
Puesto que siempre convendrá continuar insistiendo en la importancia de cumplir todas las normas para poder santificarse, tener vida contemplativa, y perseverar en ello, parece conveniente estudiar la forma de evitar el peligro de que se caiga en una actitud legalista por la que se constituyen las normas más en fin que en medio, y no se busca ante todo la realidad de una vida interior que debe traducirse principalmente en frutos de amor a Dios y a los demás, hasta el sacrificio.
6. Vida de familia: tertulias
Estudiar la forma de que las tertulias, al mismo tiempo que constituyen un medio de formación para todos los de la casa, y una ocasión de darse los unos a los otros, no adquieran el aire rígido, organizado, de un acto común, sino que sean verdaderamente la desorganizada organización de una reunión de familia.
7. Formación doctrinal religiosa: Doctrina Social de la Iglesia
Teniendo en cuenta las sucesivas advertencias llegadas de Roma para proteger la seguridad doctrinal de los de Casa, y la conveniencia de acentuar la atención en aquellas cuestiones de las que aparezcan más desviaciones en el ambiente que nos movemos en cada ciudad, región, etc., creo que conviene tener en cuenta la presencia de una mentalidad liberal-capitalista en algunas personas de Casa y en muchos cooperadores, chicos de San Rafael, etc., por la influencia del ambiente.
De hecho ocurre que de cuando en cuando personas de la Obra, sin ninguna mala fe, pero con falta de formación doctrinal en esas cuestiones, desedifican a personas que les rodean por criterios y costumbres no compatibles con la doctrina social de la Iglesia, que aplican en su vida profesional. De ahí que sugiero la conveniencia de estudiar los medios para que todos los de Casa –de acuerdo con la capacidad de cada uno– posea un serio conocimiento de la doctrina social de la Iglesia.
8. Formación doctrinal religiosa de los sacerdotes: las colaciones
Sugiero que se estudie la posibilidad de ampliar notablemente el tiempo dedicado a las colaciones mensuales de los sacerdotes numerarios.
Por una parte, la nota que toca este tema da indicaciones de la seria preparación que debe hacerse por parte de los que exponen los temas; dice que aparte de buenos tratados generales hay que estudiar monografías sobre los temas correspondientes; recuerda la altura científica que deben tener las ponencias, etc.
Por otra parte en mi experiencia personal he podido observar, muchas veces, que la brevedad del tiempo asignado a la exposición de los temas se presta a improvisaciones, exposiciones sin matiz, omisión de las cuestiones más problemáticas, etc. Con frecuencia, cuando uno ha preparado a fondo el tema, se ve obligado a una exposición a un ritmo veloz y muy pendiente del reloj, con lo cual el tema resulta mucho más pesado e indigesto para los oyentes.
Sugiero la posibilidad de que se dedique toda una mañana, a tres cuartos de hora o media hora por tema, con cuarto de hora de intervalo, etc.; comiendo luego juntos para cambiar impresiones sobre experiencias pastorales, etc.
9. Formación doctrinal religiosa de los sacerdotes: bibliotecas
He podido comprobar, en los últimos años, que se tiende a producir una despreocupación en el cuidado de que en todas las casas haya una buena biblioteca de sacerdote. Y de haberla, la tendencia quede reducida a un bloque de obras –siempre las mismas– de Parente, Prümmer, etc., y la ausencia de obras más recientes y, sobre todo, de obras que toquen las cuestiones de última actualidad en materias teológicas, pastorales, y afines.
De hecho creo que las indicaciones sobre las precauciones a tener en cuenta en las lecturas motiva, aunque no debiera ser así, una inhibición de los sacerdotes a proponer nuevas compras, y una propensión en los directores a hacer aplazar la gestión, con el consiguiente estancamiento de este asunto.
10. Formación pastoral de los sacerdotes: la predicación
A propósito de las dificultades con que a veces se tropieza para llevar gente a los cursos de retiro –y también a los retiros mensuales– pienso que puede contribuir a ello la falta de suficiente calidad y preparación en la forma de predicar a veces los sacerdotes numerarios. Quizá pueda afirmarse que ha descendido el prestigio profesional de los sacerdotes en comparación con el que existía tiempos atrás.
Creo que habría que estudiar la forma de evitar un sobrenaturalismo, en esta tarea, con la tendencia a abandonar el empleo de todos los medios humanos previos.
11. Liturgia: lengua vernácula para supernumerarios, agregados y numerarias auxiliares
Propongo que se estudie la posible conveniencia de que todos los que en Casa no entiendan nada el latín –especialmente entre agregados y supernumerarios– tengan la Misa en lengua vernácula, para no entorpecer su participación inteligente en las oraciones y textos.
12. “Trasplantes” de diverso género: cuidados análogos
Habría que tener en cuenta que hay cambios de situación que pueden producir crisis semejantes a las que se producen a veces al cambiar de país y que, por lo tanto, exigen cuidados similares a los previstos en la carta del Padre sobre los “trasplantes”. Entre otros casos pueden citarse: los cambios de región o ciudad en un país, los cambios de persona encargada de las confidencias o charlas fraternas –y más si simultáneamente se cambia al confesor ordinario–, los cambios de encargo apostólico concreto, los cambios de trabajo profesional por razones internas, etc.
13. Posibilidad de una metodología más activa en los medios de formación
Habría que elaborar y aplicar cuanto antes una renovación de métodos en los medios formativos de las labores de San Gabriel y San Rafael, sin que hayan de suprimirse los medios tradicionales. Entre los medios nuevos –ya fomentados en otras ocasiones– debería ofrecerse una metodología más activa, con más participación, etc.
14. Vivir la caridad con los que se desvinculan
Habría que establecer unas normas para vivir mejor el espíritu de caridad fraterna con aquellos que se desvinculan de la Obra, particularmente cuando llevaban ya bastantes años, con la fidelidad ya hecha, etc. Evitar situaciones de dificultad económica injusta.
15. Dirección espiritual –confidencias o charlas fraternas– evitar los cambios excesivos
Los cambios excesivamente frecuentes de las personas que llevan la charla fraterna, y del confesor ordinario, como también del consejo local, motivan crisis y depresiones que se podrían evitar. Habría que estudiar la aplicación de criterios semejantes a “los trasplantes” a los que se refiere una carta del Padre.
16. Numerarias profesionales en crisis
La mayoría de las pocas profesionales numerarias que he conocido, o de las que me han llegado informes dignos de crédito, se encuentran en una situación de crisis. Me refiero a las que no tienen como trabajo profesional la atención de las administraciones, tareas internas de gobierno, o trabajos en alguna obra corporativa.
Mi experiencia comprueba que estas crisis, y bastantes defecciones, se deben más a un exceso de medidas preventivas –en nombre de la prudencia– que a su defecto. Esto las lleva habitualmente a no sentirse “gente corriente”, de la calle, como sus compañeras.
17. Vida de familia: peligro de convivencia con personas muy distintas
La experiencia demuestra que la convivencia en la vida de familia entre personas excesivamente distintas, como se da más en la sección femenina, dada la enorme distancia de mentalidad entre la mujer tradicional, casera, y la mujer moderna, muchas veces universitaria, y muy ilusionada en la vida profesional, presenta dificultades a veces graves, que pueden suponer una sensación de asfixia. Esto queda agravado cuando todo el consejo local participa de una mentalidad conservadora.
Los roces y tensiones entre madres e hijas presentan al menos, para éstas, las perspectivas de que a partir de cierta edad se independizarán; pero esta salida, como es lógico no se da en Casa.
18. Numerarias profesionales: flexibilidad de horario
Ver la forma de lograr que las numerarias que ejercen un trabajo profesional fuera de las administraciones, obras corporativas, y tareas de gobierno, se encuentren con la suficiente flexibilidad en los horarios de la casa, reuniones de familia, etc., para que esto no les resulte habitualmente un problema agobiante.
19. Ambiente de confianza: “escándalos”
Observo de cuando en cuando que, contra lo que siempre se ha dicho en Casa, las directoras “se escandalizan” cuando una numeraria, en la charla fraterna expresa con sinceridad salvaje algunas dificultades de su vida interior.
Esto le ocurre especialmente a este tipo de mujeres de la “vieja ola” que tendían a ser asépticas a las inclinaciones sexuales, y les choca no sólo una caída sino incluso una tentación.
Esto ha dado pie a veces a clasificar como en situación de peligro a gente que no lo estaba en absoluto, rodeándola de un clima desconfiado y sobreprotector que ha complicado gravemente su situación interior.
20. Confesor ordinario: libertad para acudir a cualquier sacerdote
Quizá habría que dejar más claro que las directoras no pueden dar pie a que una asociada que necesite tener una charla –o confesión– sobre asuntos de vida interior con un sacerdote de Casa distinto de su confesor ordinario, se sienta inhibida por notar que al hacerlo con naturalidad –sin preocuparse de que no lo noten– se producen manifestaciones de desagrado en dichas directoras.
Esperanzas
1. ¿Será posible que se renuncie definitivamente a hacer proselitismo con adolescentes, suprimiendo la figura del “aspirante” –que puede dar lugar a prematuros sentimientos de compromiso vocacional –aplicando, no sólo en Gran Bretaña, sino en todos los países, las sabias directrices que en su día estableció el cardenal Hume?
2. ¿Será posible que desaparezca definitivamente la sensación predominante en los jóvenes que solicitan la admisión, de que dudar de permanecer sería siempre una tentación de infidelidad a la voluntad divina? ¿Será posible que todos ellos tengan claro que solamente están experimentando un “tiempo de prueba” –sin ningún compromiso firme– para comprobar si pueden encajar bien en este camino? ¿Se logrará con ello mantener el respeto al tiempo de prueba que desde siempre ha exigido la Iglesia?
3. ¿Será posible que en dicha etapa de prueba, o incluso antes de pedir la admisión, los candidatos a vincularse puedan leer el contenido del Ius Peculiare Operis Dei, y sean informados –por la lectura o la vía oral– de los compromisos que adquirirán vinculándose, es decir, de sus futuros deberes y derechos?
Discrepancias entre la teoría y la praxis
Preocupaciones que trasladé en una entrevista a un directivo de la delegación de Cataluña en 1971. (Naufragio y rescate de un proyecto vital, vid. pp. 223-226).
1. Siempre se ha dicho que somos “cofundadores”. De ser cierto significaría ejercitar entre todos una responsabilidad creadora que habilite para completar la fundación, aportando todos algo según sus carismas.
Sin embargo, hay una ausencia total de participación en el Gobierno, ausencia de diálogo auténtico. Y limitaciones respecto a las “comunicaciones” en vistas a un Congreso General...
2. Colegialidad significa complementarse en el ejercicio prudente del gobierno gracias al enriquecimiento de un equipo directivo integrado por tipos humanos variados.
Pero predomina claramente una gran homogeneidad entre los directores, en cuanto a su mentalidad, ideología, etc. Escasez de intelectuales de verdad. Enfoque totalmente antidemocrático. Todo ello al margen de nuevas aportaciones democratizadoras del magisterio del Concilio Vaticano II: consejos de pastoral, consejo de presbíteros, fórmulas nuevas de elección y de colegialidad.
3. Se propaga que nuestro estilo es de “espontaneidad apostólica” y de poca planificación desde la cúspide.
La realidad es que, por ejemplo en el caso de los sacerdotes, se da una planificación integral del tiempo de nuestra actividad. Se forma en vistas a la docilidad, no para el espíritu creador. Los estilos de personalidad pasiva son los que se encuentran más cómodos. Lo máximo es ser buenos ejecutivos. No se valoran ni protegen iniciativas personales de la mayoría.
4. Se supone que los directores deben respetar los carismas de los miembros, en la línea de lo indicado en la doctrina del Concilio Vaticano II.
La realidad es que normalmente los valores intelectuales de miembros de la Obra quedan marginados y malogrados. Se antepone el ejecutar, por encima de todo, lo programado. Se fomenta la actitud de ejecutivo con una disciplina de estilo militar.
5. Se supone que la Obra tiene como finalidad contribuir a la santificación del trabajo entre personas de todas las clases sociales “principalmente intelectuales”.
La realidad es que en ella hay crisis de los intelectuales no integristas. Alejamiento apostólico de ambientes de intelectuales y, en general, de personas creativas: pensadores, escritores, líderes del mundo del trabajo, etc. Dificultades prácticas entre los miembros de la Obra más idóneos para moverse en estos campos.
6. Se supone que se vive con esmero la fidelidad al magisterio de la Iglesia.
Sin embargo se trata de una fidelidad discriminatoria. Hay aportaciones del magisterio que se silencia y de las que no se ofrece formación, por ejemplo sobre la Doctrina Social de la Iglesia, el ecumenismo, el diálogo interreligioso, etc.
7. Se supone que se vive una actitud de respeto a la jerarquía de la Iglesia.
Sin embargo es frecuente la crítica arbitraria y superficial respecto a actuaciones de la Jerarquía en diversos niveles, y al clero secular y religioso. Oí afirmaciones del Padre sobre Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, y el Concilio Vaticano II, que no constituyen precisamente un ejemplo de respeto a la Jerarquía.
8. Se subraya constantemente la importancia en la Obra del amor a la libertad.
Sin embargo, en los criterios para la protección respecto a los peligros de desviación en lo doctrinal, en escritos, conferencias, etc., se aplica un rigorismo muy limitador. Ni siquiera vale la pena la interpretación probabiliorista (que se contrapone a la probabilista).
En la práctica pasa como si casi todos los libros estuviesen en el Índice de libros prohibidos (suprimido por Pablo VI), en especial los teológicos.
Acentuada actitud de recelo respecto a las novedades eclesiales: aportaciones de los nuevos teólogos, catecismos, asambleas eclesiales, etc.
Dificultades prácticas para escribir, publicar, o dar conferencias, sobre cuestiones opinables. Estilo de pensamiento integrista.
9. Se afirma que los estudios internos sobre la formación filosófica y teológica se realizarán siempre “despacio, sin prisas”.
Mi experiencia real no se corresponde para nada con esto. El cuatrienio teológico lo hice en menos de dos años, y disponiendo de muy poco tiempo para el estudio.
Frecuentemente nos encargan ser profesores de materias en las que no mereceríamos ni un aprobado ajustado. Constituye una arbitrariedad que la calificación tenga que ser siempre la Magna' cum laude o Summa cum laude.
10. Se sostiene que una característica importante de nuestra espiritualidad es la “humildad colectiva”.
Sin embargo se practica con ligereza el enjuiciamiento de otras instituciones y personas de la Iglesia. Comentarios despectivos sobre las defecciones entre el clero, silenciando totalmente las que se producen en la Obra.
11. El Padre insiste en afirmar que “somos gente de la calle”.
Sin embargo, aparte de no poder nunca asistir a espectáculos públicos, conciertos, etc., con amigos, existen una serie de normas limitadoras de nuestra secularidad, acentuadas especialmente en el caso de las numerarias profesionales.
12. Se afirma que nosotros no somos “antinada”.
Sin embargo se respira un clima de anti de muchas cosas. Anti-Vaticano II (respecto a sus aportaciones más renovadoras: Ecumenismo, Colegialidad episcopal, Libertad religiosa, Diálogo con el Mundo, Diálogo interreligioso, Renovación y Reforma litúrgica.
13. Según afirma el Padre, por salvar un alma iremos, cuando sea preciso, “hasta las puertas del infierno”.
Aparte de que la expresión “salvar un alma” suena a lenguaje preconciliar, la realidad es que se ha producido un creciente alejamiento respecto a las posibles relaciones y convivencia de gente digamos “de izquierdas”, de los ambientes de artistas, del mundo del cine y del teatro, de la colaboración con agnósticos y ateos. El exceso de medidas preventivas y sobreprotectoras ha malogrado muchas posibilidades.
14. Se insiste en que no tenemos una teología propia.
Si se quiere afirmar que no se ha producido por los teólogos de la Obra –muy pocos– alguna aportación original, es cierto. Pero si se pretende que entre nosotros puede haber pluralismo teológico, es falso.
Por ejemplo, hay una teología sobre la gracia de estado de los directores, sobre la obediencia, sobre el sacerdocio ministerial, sobre lo válido y lo inválido en la liturgia. Campaña contra innovaciones del Vaticano II: concelebraciones, utilización de las lenguas vernáculas, altar cara a los fieles, restauración del rito del saludo de la paz, pluralidad de “plegarias eucarísticas”. Menosprecio de la teología implicada en los nuevos catecismos y campaña a favor de los catecismos para niños de Astete o Ripalda, obligando algún año a aprenderlo de memoria los numerarios y agregados adultos. Campañas contra la teología de la colegialidad episcopal, la teología del diálogo entre Iglesia y Mundo, etc.
15. Se afirmaba, al menos en el pasado, que en nuestro caso no ocurriría lo que pasaba a muchos curas al salir del seminario: todos iguales, sin personalidad propia. Al principio no, pero con el pasar de los años, ahora que de los seminarios ya no salen iguales, los de la Obra presentan una uniformidad llamativa. No me refiero al espíritu, sino a las formas. Uniformidad en cuestiones doctrinales opinables, en la preferencia por la sotana, en la forma de predicar, condicionados por múltiples ideas y textos que han de repetir, en las celebraciones litúrgicas.
16. Se insiste mucho en la grave obligación de proteger la unidad de la Obra. ¿Significa acaso unidad la presencia de una praxis –con multiplicación de normas concretas– que contradice en muchos puntos ideas madres de la espiritualidad de la Obra?
17. Una afirmación típica del Padre es que confía más en uno de nosotros que en la firma de cien notarios.
¿Cómo se conjuga esto con la dificultad de los miembros para tener acceso a buena parte de los documentos de la praxis, del Ius peculiare, e incluso del Catecismo de la Obra?
¿Cómo se compagina con el excesivo control de la vida íntima de los miembros?
¿Cómo se compagina con la norma de que las numerarias que van al Colegio Romano entreguen el pasaporte a las directoras, al llegar, y cuando tengan que ir a renovarlo, vayan acompañadas por otra numeraria? Y así tantos ejemplos más de desconfianza.