La pedagogía de la crueldad

Por Shiraz, 24/11/2025


Escuchar el testimonio de Flavia (ex agregada) me ayudó mucho a mi reflexión, discernimiento y a continuar “atando cabos” en aspectos de mi reconstrucción interna.

Con certeza y complementando lo que Flavia asevera respecto a que en el Opus Dei aprendimos la pedagogía de la crueldad, expongo algunas vivencias.

Aprendí a ser católica con la educación familiar que recibí, con el ejemplo de mis padres y por lo aprendido en los colegios católicos donde estudié. Al hacerme numeraria del Opus Dei todos esos conocimientos dentro de la fe católica se fueron aniquilando, distorsionando y diluyendo.


• En mi formación como católica aprendí que hay que enseñar al que no sabe, por eso cuando me percaté que una amiga de una numeraria auxiliar no sabía leer ni escribir, me ofrecí enseñarle. La directora del primer centro donde viví me indicó que sólo lo haría por un mes porque no era conveniente y yo debía de hacer apostolado entre mis iguales.

Después de este suceso aprendí que en el Opus Dei debía tratar a las numerarías auxiliares y a sus amigas con un trato diferente y subordinado, para no sacarlas de su sitio.

Este fue el inicio de irme quitando iniciativas y propuestas hacia las personas que se acercaban o se querían acercar a Opus Dei, pero que venían de situaciones de pobreza, analfabetismo o alguna otra situación precaria.

Uno de los argumentos que me daban fue que, como numeraria, era parte de la aristocracia de la inteligencia y que debía llegar a las mejores y de mejor posición económica porque llegando a las mejores, como en cascada llegaríamos a las que estaban más abajo.


• Cuando me puse a hacer apostolado entre las universitarias con las que cursaba mi carrera, llevé a la labor a dos muchachas muy morenas. Me di cuenta que tanto la directora como la subdirectora las discriminaron, me dijeron que me hiciera de otro tipo de amigas que esas estaban adecuadas para la labor de agregadas.

Así tuve mi primera lección de racismo. Posteriormente invité a otra compañera que tenía sobrepeso y tampoco les pareció bien, me indicaron que no la invitara más, que gente con sobrepeso no convenía a la labor. Entonces me percaté de que también existía la discriminación.


• En otra ocasión, cuando pedí un donativo a una amiga empresaria, me otorgó una cantidad generosa porque tendría como fin ayudar a personas de escasos recursos, con la condición de que le mandara fotografías del centro de formación y capacitación para empleadas del hogar, que estaba en construcción. Cuando pedí información de lo que se estaba haciendo con el dinero, las directoras tomaron a mal el pedir cuentas, me dijeron que tenía mal espíritu por no confiar en lo que se había destinado ese dinero.

Le mentí a mi amiga al decirle que no pude sacar las fotografías, pero la verdad es que ese dinero no se usó para lo que me habían dicho; después de ese suceso jamás volví a pedirle a nadie dinero para el Opus Dei.

Era tan natural mentir en forma y en fondo justificando los fines del Opus Dei, para obtener donativos para sus causas y necesidades, escudando este mandato en lo que llamaban la “santa pillería” tan promovido dentro de la obra.


• En el Opus Dei aprendí una serie de faltas de caridad, aprendí a ir aniquilando la sensibilidad hacia los más desfavorecidos y débiles, aprendí a ser elitista, racista y discriminadora, bajo el argumento de que no hay que sacar a nadie de su sitio.


• Aprendí que en el Opus Dei cabían todos menos los jesuitas, por eso también aprendí a excluir y a ser sectaria.

Aprendí a creerme que era parte de una élite privilegiada.

Aprendí a mirar con desdén todo lo que oliera a parroquia, grupo católico, o que no entrara en los parámetros de lo laical.

Todo lo que cita Flavia respecto a la pedagogía de la crueldad, a que se aprende a ser cruel consigo mismo y se termina siendo cruel con otros es verdad.

Es triste, doloroso y causa impotencia percatarse que hicimos muchas cosas que estaban mal, justificadas por lo que creímos que era para alinearnos a la voluntad de Dios.

En lo que a mí respecta, todavía quedan muchas cosas por reconstruirme internamente, modos de hacer, ser y pensar en los que tengo que desprogramarme. Esto me ha llevado años y que me seguirá llevando tiempo, pero las reflexiones de Flavia las agradezco muchísimo porque me han dado luces para seguir en mi proceso de sanación y reconstrucción.



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