Por EnBuenPlan, 10/06/2024


Se ha hablado en muchas ocasiones de lo que cuesta salir del Opus Dei. Pero no se habla tanto de algo que nos ocurre a muchos después de la salida: de lo difícil que es desconectar mentalmente del Opus Dei y reconstruir la propia personalidad.

Pues sí, soy un chico que se fue "en buen plan", en demasiado "buen plan", hasta que te haces consciente tanto de lo engañoso de esa expresión como de la trampa de tu propia situación. Y es que salirse en buen plan significa que, efectivamente, sales, pero lo haces con un tremendo complejo de culpabilidad inducido y con un Síndrome de Estocolmo tan duradero que, en muchos casos, cuesta años superar...

Desconectar mentalmente del Opus Dei supone desenredarse de toda una maraña de trampas mentales, chantajes emocionales, miedos atávicos y deformaciones espirituales que se te han ido inculcando desde la misma adolescencia y que determinan inevitablemente tu personalidad. Y esto es muy grave, porque supone un ataque al núcleo central de la persona: su conciencia, su libertad y, en definitiva, su dignidad.

En muchos casos ese Síndrome de Estocolmo post Opus Dei es incluso más duradero que la propia pertenencia al Opus Dei. Y es que, cuando te marchas "en buen plan", sigues pensando que la Obra es perfecta y que el que ha fallado eres tú. En una palabra: declaras interiormente tu culpabilidad. Una culpabilidad que te pesa como una losa cada día. Intuyes que has sido víctima de una institución que practica procedimientos abusivos de conciencia, métodos engañosos y comportamientos sectarios, pero en el fondo lo que piensas es que: no he sido capaz, no he dado la talla, no luché lo suficiente, no valgo, otros sí pueden y yo no he podido, no he sido fiel...o aún peor: he traicionado a Dios; en vez de pensar: no era mi lugar, nunca lo fue, y fui engañado (como tantos otros) con métodos de captación para que asumiese una falsa vocación y utilizarme humanamente con el pretexto de ella, hasta que te conviertes en un juguete roto.

En este contexto el alma queda rota y la autoestima cae por los suelos. En este punto la técnica de manipulación de conciencia del Opus ha funcionado con éxito, porque estás en sus manos donde quiera que estés: dentro o fuera de la institución. Porque salirse "en buen plan" es, en el fondo, seguir concediéndoles poder de control sobre ti.

Salirse "en buen plan" es no haber salido realmente del Opus Dei porque, aunque tú ya no estés allí, tu cabeza sigue estándolo; y las normas, criterios, etc, te siguen censurando y gobernando, aunque no pises un centro.

Durante mucho tiempo he sentido la necesidad moral de seguir cumpliendo las normas del mal llamado plan de vida aún sin ser del Opus Dei, y hasta me he llegado a confesar durante años de "no rezar", cosa que era totalmente falsa porque siempre he conservado la fe, gracias a Dios. Ese "no rezar" era simplemente mi modo de camuflar ante sacerdotes ajenos a la Obra mi necesidad de confesar la mera omisión de alguna norma, cuestión esta que me taladraba la conciencia por esa mentalidad escrupulosa que te inculcan en el Opus durante años. Con esto está ya todo dicho.

En la Obra se te enseña una visión maniquea y neurótica de la vida en la que todo es o negro o blanco, o válido o inválido, o perfecto o imperfecto. Se te inculca una visión unívoca en la que sólo hay un modo correcto de hacer las cosas, de hacer cada cosa. Todo está reglado y pautado. Y todo lo que se salga de ahí no es que sea distinto, es que es erróneo y censurable. Y esto, insisto, tiene unos efectos devastadores cuando ha sido inculcado en lo más profundo de tu personalidad desde que eras un niño.

Aparte del aspecto económico, las carencias que se encuentran al salir del Opus Dei son sobre todo de índole psicológico. Personalmente cuando dejé el Opus Dei me he encontrado tremendamente desorientado, sin verdadera paz ni libertad interior. Por un lado, salir es un alivio, pero por otro pasas por un período en el que eres incapaz de estar en paz con tu realidad personal. No puedes reconocer tu propia valía, ya que has sido adiestrado para entender que tu valía personal está condicionada al grado de obediencia y cumplimiento que seas capaz de desarrollar. Te han enseñado que no vales por lo que eres sino por lo que haces.

Y lo mismo pasa con la libertad. Estás tan acostumbrado a obedecer que la capacidad de dirigir tu vida conforme a tu recta conciencia y tu libre albedrío queda completamente anulada. Tu conciencia no es tuya, la has entregado; y ya no sabes ni cuál es tu escala de valores en la vida porque estás acostumbrado a que hasta tu escala de valores te venga dada.

Tienes ya una edad pero te encuentras totalmente despersonalizado (como un adolescente) por la necesidad de mimetizarte con un grupo hasta en lo más mínimo: hablas como ellos, vistes como ellos, comes como ellos, gesticulas como ellos, sientes como ellos, reaccionas como ellos, etc.

Careces de naturalidad y de espontaneidad, te falta autenticidad y vitalidad. No sabes quién eres, no eres más que un imitador de vidas ajenas. No tienes gustos personales o, si los tienes, no importan. Experimentas un profundo autorechazo y negación de ti mismo. Afectivamente muestras unas carencias impropias de tu edad. No reconoces tus emociones, si es que eres capaz de tenerlas. No te crees digno de tener una personalidad definida, con tus rasgos propios y peculiares, porque sigues creyendo que para ser perfecto (es decir, para recibir la aprobación de tu conciencia deformada durante años) tienes que autonegarte, estandarizarte y constreñirte al molde predefinido que te han inculcado, porque te han dicho que ese molde es perfecto. Porque todo rasgo propio de personalidad es un síntoma censurable de egoismo, de vanidad o de "mal espíritu". Porque has sido anulado.

Te han robado la libertad, la paz y la personalidad...y ni te has dado cuenta. Te han puesto una cadena mental más resistente que el acero, y lo más humillante es que sigues justificando a quienes te la han puesto porque mentalmente sigues tan enganchado al Opus que te asusta el irte "en mal plan" o como un "rebotado". Cabría decir que, de tan bueno que eres eres tonto, porque poco menos que no "te vas" sino que "te dejan irte" a cambio de que les garantices que serás bueno.

Vaya panorama, ¿verdad? ¡Qué grado de manipulación tan brutal hemos tenido que sufrir para llegar al punto de que, siendo víctimas, nos hayamos llegado a sentir íntimamente culpables! Pues esto es lo que hay, con toda su crudeza. Al menos ésta ha sido mi experiencia personal.

Obviamente nadie en el Opus Dei reconocerá esta situación. Ellos juegan siempre con dos discursos: el que se presenta de puertas afuera y el que se vive realmente de puertas adentro. Según el discurso para los de fuera en el Opus Dei "no se saca a nadie de su sitio", "el plan de vida es como un guante" y "somos cristianos corrientes en medio del mundo". La realidad de puertas adentro es la que he descrito. Y así, con ese doble discurso, es como han ido engañando a la Iglesia y a tantas personas a las que se nos ha hecho daño.

Por eso considero que no se puede salir del Opus Dei "en buen plan" sino que llega un momento en que es preciso romper totalmente esas amarras invisibles que nos unen al Opus, mandarlo al rincón de nuestra historia (por no decir a otro sitio, que es a donde merece) y trazar claramente nuestros límites. Y si es con ayuda mejor.

Muchas veces también será preciso apartarse, si es posible, de sus círculos sociales (que no valen la pena, por mucho que ellos consideren ciegamente que sí, sino que dan bastante lástima) y dejar este aspecto claro a quienes puedan formar parte de nuestro entorno personal y familiar más cercano: Respetamos a las personas, pero no queremos participar ni de ese ambiente ni de su tontería.

Entiendo que cada uno ha tenido su propia historia con el Opus, pero para mí el proceso de salir de todo esto ha sido tremendamente duro y difícil. Compadezco a quien pueda estar pasando por este mismo problema en estos momentos. Todo mi cariño y mi comprensión.

Personalmente creo que aún me quedan años de lucha, porque siempre se descubren pequeños restos de basura mental que es necesario barrer y echar a la papelera de nuestra historia vital. Y, sobre todo, porque cuando descubres la verdadera vida cristiana descubres también que no eres un borrico dando vueltas a una noria, sino que las posibilidades de crecimiento son maravillosamente infinitas.

Dicho lo cual me considero muy afortunado, porque he tenido la oportunidad de luchar por una vida mucho mejor y de reconstruir un interior que estaba hecho pedazos. Y, sobre todo, y esto sí que es motivo de alegría, por haber podido formar una familia y conocer al amor de mi vida. Estar felizmente casado desde hace más de 10 años es el mejor regalo que podía esperar: tener a alguien a mi lado que me ha comprendido y ayudado desde el primer momento, desde el noviazgo. Alguien que me enseña cada día a quererme y a querer desinteresadamente a los demás, como Dios nos quiere. Hoy puedo decir que, gracias a mi mujer, he conocido el Amor con mayúsculas.


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