Por Dori GM, 13/02/2026

Un paso adelante

Mi decisión de dejar la Obra no fue fruto de una rabieta, de ansiedad prolongada, de verme inútil, aburrida o frustrada. Sino que llegó de forma serena después de diferentes momentos de reflexión, después de muchos años (43) de luchar por vivir de acuerdo con un espíritu que pensé era el adecuado para encauzar esos sentimientos de hacer el bien a mi alrededor, en este mundo, con las personas con las que convivía y manteniendo una conversación continua con Jesús.


Mi salida no fue traumática, tuve conversaciones con diferentes personas de la obra: de la delegación, de la asesoría, del centro, con las personas que hacían la charla conmigo y con la persona que escuchaba mi charla. No hablé ni con el sacerdote del Centro ni con ningún vicario. Me despedí de muchas personas por WhatsApp y con alguna antigua amiga tuve una larga conversación. Prácticamente la mayoría de las personas respetaron mi decisión e incluso en algún caso me dieron la razón, menos con la persona de asesoría que no entendió nada y a la que tuve que recordar en tres ocasiones que la Obra no es Dios y que mi compromiso siempre ha sido con ÉL (con Cristo).


Se puede decir que mi salida, de hecho, se produjo el 8 de junio de 2025 (hace casi 8 meses) día en el que había quedado con la secretaria de la asesoría, quien me confirmó que la carta de solicitud de dispensa estaba ya en Asesoría. Ese día además tuve a mi padre muy presente, pues falleció precisamente un 8 de junio de 2019.


La razón principal por la que he empezado a escribir después de ocho meses y después de muchos intentos, fue la noticia del fallecimiento de Guillermina. Enseguida me vino a la memoria sus comentarios en los diferentes coloquios de Ágora entre los que afirmaba que ella vivía con autenticidad su vocación, que quienes se equivocaban eran una serie de personas que practicaban una doble moral o simplemente que vivían una supuesta vocación vivida de manera muy superficial. Por tanto, ella se quedaba porque estaba convencida de estar viviendo su vocación con autenticidad.


Yo viví algo muy parecido a Guillermina, no como numeraria sino como agregada, con las peculiaridades que eso conlleva, pero a diferencia de ella y probablemente de muchas personas que aún permanecen en la Obra a pesar de que puedan no estar de acuerdo con muchas cosas, decidí marcharme ya que por una parte no quería ser cómplice de una institución en la que se ha demostrado la existencia de abusos de poder, económicos y laborales encubiertos durante años y no aceptados en la actualidad y por otra parte el hecho de que mi salud se habría resentido de quedarme para intentar remediar algo.


Me llamo Dori y poco a poco, si os parece bien, iré narrando en cortos relatos cuales fueron aquellos aspectos que chirriaron en mi interior y que fui guardando en busca de una explicación razonable. Cuando empecé a poner todo en su sitio llegó el momento de abandonar.


Probablemente mis experiencias sean muy parecidas a la de muchos otros y a lo mejor no aporto nada nuevo a lo que ya se sabe, pero si mi conjunto de relatos sirve para apoyar moralmente a alguien, me doy por satisfecha.

Pasos seguros hacia un final

Mi siguiente relato se centra fundamentalmente en cómo empezó a fraguarse mi salida del Opus Dei. Fue el momento decisivo, ese instante en el que comienzas a tener la certeza de que tienes razones suficientes para decir: esto no funciona, esto no es lo que yo quería, esto definitivamente puede hacerme daño… adiós.

Estamos en el año 2022 y, por fin, me tocó hacer el curso anual. Dentro del plan de formación de un miembro del Opus Dei está previsto un periodo —que varía según la disponibilidad de cada persona— en el que se imparten estudios de teología, moral, filosofía y espíritu propio del Opus Dei...


Ese año me correspondió hacerlo en Almanzor (Portugal). Siempre había querido ir allí porque, entre otras razones, estaba más cerca de donde vivía, Mérida, que otros lugares donde me había tocado anteriormente. La estancia me resultó bastante agradable y me encantaría explicar por qué, pero no quiero alargarme ni desviarme del hilo principal y lo dejo para otro relato.

Entre las actividades del curso estaban las clases del sacerdote: moral, doctrina, filosofía… Un día decidió dejar el plan previsto para explicarnos qué era eso del “Motu Proprio”. Se trataba de la carta apostólica en forma de motu proprio del sumo pontífice Francisco, Ad Charisma Tuendum, firmada el 14 de julio y difundida por la Oficina de Prensa de la Santa Sede el 22 de julio.

Aquella sesión fue una explosión de sentimientos y emociones. Por primera vez se rompía la monotonía, el orden establecido. Se creó expectación. En la mente y el corazón de todas latía una misma pregunta: ¿Qué está pasando? En el horizonte parecía haber señales de cambio.

Pero aquel momento casi idílico perdió pronto su encanto. La explicación fue pobre en aclaraciones y cargada de una visión conspiratoria por parte del sacerdote. La situación empeoró cuando, atrapado en un laberinto del que parecía no poder salir, nos pidió que diéramos nuestra opinión. Se produjo un pequeño alboroto contenido, con intervenciones de todo tipo, aunque con un denominador común: “el papa Francisco no nos quiere”, “no entiende la Obra”, “es un enemigo”, “Dios nos está poniendo a prueba”, “esto es señal de predilección”… Incluso hubo quien habló de anticristos y demonios. ¡Madre mía, la que se lió!

Todo aquello me produjo un malestar enorme. Yo pensaba —y sigo pensando— que las enseñanzas del papa Francisco supusieron un avance para la Iglesia, que ya desarrollaré lo que pienso en otra ocasión. Destaco, sin embargo, su valentía al proponer un cristianismo más humano y comprometido; su intento de evitar una curia cuya meta fuera simplemente un puesto en el Vaticano; y, por supuesto, su lucha por erradicar el abuso de poder, de conciencia y sexual por parte de personas que se presentaban como representantes de la Iglesia.

Levanté la mano y expresé lo que pensaba. Dije que yo estaba tranquila porque estaba convencida de que el papa Francisco nunca querría hacer daño a la Obra. Añadí que en “casa” los cargos siempre son cargas y que, además, se renuevan con frecuencia, por lo que no debería haber peligro de caer en una rutina vacía o en una mentalidad funcionarial cuya meta fuera escalar puestos en el Vaticano.

Se hizo el silencio. No hubo más intervenciones. Y la reunión terminó.

Regresé unos días antes de lo previsto porque había fallecido el padre de una amiga —que además es agregada— y quería acompañarla. También mi madre, que vivía sola, se había caído la semana anterior. Antes de marcharme mantuve una breve conversación con un grupo de valencianas que me advirtieron de que las cosas se estaban poniendo difíciles para la gente mayor. Me aconsejaron que procurara tener ingresos propios que, sumados a mi pensión, me permitieran no depender de nadie.

Hice el viaje de vuelta a Mérida rumiando todo lo vivido. Al llegar decidí prestar más atención a los comentarios que circulaban sobre los estatutos, los cambios, el Opus Dei y el papa Francisco. Y en medio de todo eso apareció otra noticia: cuarenta y tres numerarias auxiliares habían denunciado al Opus Dei por abusos laborales, económicos, de poder y de conciencia.

La noticia me inquietó, pero no me sorprendió. Durante una temporada habían ido llegando informaciones de numerarias auxiliares que regresaban con sus familias: unas por enfermedad, otras para cuidar a sus padres, otras porque habían dejado de ser de la Obra y otras por falta de medios económicos. Mérida es una población pequeña, a pesar de su importancia, y todo se sabe. Sin embargo, en nuestra pequeña fortaleza —el centro donde teníamos las actividades— no se decía nada. Se eludía cualquier explicación.

A todo esto se sumaba la sensación de encerrona en la que yo misma me encontraba. La mentalidad clásica de la Obra no admitía que una mujer soltera tuviera aspiraciones intelectuales ni que se moviera con naturalidad en determinados ambientes. Se me veía más en un acto cultural, filosófico o deportivo que en el decenario de la mártir Santa Eulalia.


A todo esto se sumaba la sensación de encerrona en la que yo misma me encontraba. La mentalidad clásica de la Obra no admitía que una mujer soltera tuviera aspiraciones intelectuales ni que se moviera con naturalidad en determinados ambientes. Se me veía más en un acto cultural, filosófico o deportivo que en el decenario de la mártir Santa Eulalia.Y entonces lo pensé con claridad: de aquí hay que salir… ¡me ahogo!

En busca de una explicación

Estaba claro que allí no podía continuar. Así que, llevada por un impulso interior y en conciencia, empecé a tomar decisiones.

En primer lugar, vender mi piso y venirme a Madrid. En segundo lugar, ofrecerle a mi madre la posibilidad de vender su casa y trasladarse conmigo —después de consultarlo con todos mis hermanos, claro está—. Mi madre aceptó y me puse en marcha. Ni que decir tiene que fue un año agotador, aunque todo se lleva mejor cuando en el corazón hay un halo de ilusión...

Fue agotador porque una mudanza, como todos sabéis, es dura. Aunque vendí mi piso muy pronto, el papeleo y los procesos legales siempre generan tensión. Después vino el traslado a casa de mi madre y, más tarde, los trámites de la venta de su vivienda, que fueron todavía más largos. A todo esto hay que añadir que yo seguía trabajando. Era mi último año, pues me jubilaba —con gran alegría y satisfacción— el 15 de septiembre de ese mismo año.

Paralelamente se sucedían todo tipo de despedidas: las que duelen porque ha habido una amistad sincera; las que te reprochan cosas, como el comentario de una supernumeraria: «Pero, Dori, ahora que te jubilas y nos puedes atender mejor, vas y nos dejas»; las que te animan a irte porque te entienden, te conocen y te quieren… Y luego están las despedidas institucionales, cuando te dicen: «La dele te invita a comer».

No sé qué pensaríais vosotros, pero mi primer sentimiento fue de rechazo. Tuve la sensación del “hippy” al que invitan a palacio para amenizar la monotonía reinante, con la expectación de que algo te van a decir.

Así que me puse en camino hacia Sevilla, sede de la delegación, con la directora de mi centro como copiloto, que accedió a acompañarme, aunque sin mucha ilusión, la verdad. La velada transcurrió entre saludos y comentarios, todo con una aparente naturalidad. Pero, en la tertulia posterior a la comida, llegó un interrogatorio en el que se me hicieron todo tipo de preguntas: sobre mis amigas, mi familia, mi trabajo, mis proyectos… Yo contesté con toda sinceridad.

Hubo fotos, besos, abrazos, comentarios en privado y una conversación con la procuradora —la persona que se encarga de los asuntos económicos en la delegación— que merece la pena destacar.

En esa conversación, que inicié yo misma, le comenté que, ya que me trasladaba a Madrid, renovaría allí mi testamento. Ella me respondió inmediatamente que sería mejor hacerlo en Sevilla antes de irme. Debo añadir que ya me habían insistido en tres ocasiones distintas para que renovara el testamento a favor de la Fundación Altum, cosa que finalmente no hice.

Tras aquella conversación asentí exteriormente, pero interiormente no tenía ninguna intención de modificar el testamento en Sevilla. Es más, pensaba hacerlo en Madrid y, aunque seguía siendo de la Obra, ya me rondaba la idea de cambiarlo a favor de mi familia.

La verdad es que tanta insistencia en ese asunto me hizo ver con mayor claridad que existía un interés especial por el dinero. Era raro asistir a una convivencia —ya fuera por ser celadora, por ser agregada, por llevar un club juvenil o por cuidar a agregadas mayores— y que no se hablara de cómo se distribuía el dinero procedente de distintas fuentes: supernumerarias, numerarias, numerarias auxiliares y agregadas, con sus porcentajes correspondientes.

Podría hablar más sobre este tema, pero prefiero completarlo en mi siguiente relato, continuación de este, donde contaré mi llegada a Madrid en busca de una explicación… y cómo no la encontré.

Podría hablar más sobre este tema, pero prefiero completarlo en mi siguiente relato, continuación de este, donde contaré mi llegada a Madrid en busca de una explicación… y cómo no la encontré. Por cierto, el viaje de vuelta de la delegación fue mucho más relajado. No recuerdo mucho de la conversación que mantuvimos la directora y yo, pero sí que ambas coincidimos en la poca gracia que nos hacía ir allí. Esa noche dormí feliz: había superado un paso importante y en el horizonte se vislumbraba algo bueno. Había ilusión.

Y llegamos a Madrid en agosto de 2023. Los primeros meses pasaron muy rápido entre desembalar, colocar y comprar muebles, los encuentros familiares y la adaptación al ritmo madrileño. Paralelamente a lo anterior, pero con más calma, fui a conocer el Centro de la Obra que me habían asignado, dado que era el más cercano a donde vivía.

Hablé con la directora durante bastante tiempo, ya que tenía que ponerla al día no solo de mis experiencias, de mis luchas y de mis actividades, sino sobre todo de las razones que me habían empujado a venirme. De esa conversación salió mi encargo: un grupo de supernumerarias jóvenes y los horarios de los diferentes medios de formación, así como el nombre del sacerdote…

En la primera actividad que tuvimos —un círculo— ya conocí a las agregadas, a las que acogí con mucha ilusión. A muchas las conocía de mis primeras andanzas por Madrid antes de irme a Extremadura. Me recibieron con mucho cariño y las preguntas se sucedían una detrás de otra sin que pudiera contestar con tranquilidad. Sin embargo, no pasó ni una semana cuando ya me di cuenta de cuál era la realidad de aquel centro.

El sacerdote, además de venir a atendernos, prestaba sus servicios en una labor personal (Fuenllana) y en una parroquia también cercana. En las confesiones se percibía su estrés y dispersión; no me sentía suficientemente escuchada, por lo que decidí distanciar las confesiones o confesarme con otros sacerdotes. Este hecho era algo generalizado, pues me llegaban por distintos canales las manifestaciones de muchas otras personas. Así que nunca conoció verdaderamente lo que me inquietaba a nivel de cabeza y corazón.

Además de lo anterior, me impactó mucho el contraste entre el Centro de Mérida, en el que las agregadas estaban prácticamente todos los días allí, y el nuevo, donde las agregadas llegaban con prisa (incluso alguna jubilada) y se iban más rápido todavía. Con lo cual el centro estaba vacío prácticamente toda la semana, menos los fines de semana, que las numerarias harían otro tipo de tareas, supongo.

Bueno, en realidad el centro no estaba vacío del todo, ya que por las tardes había muchos círculos de todo tipo… Ese centro acogía a toda la zona sur de Madrid, que es de las más pobladas. Así que el vacío de agregadas y numerarias era llenado por supernumerarias de Getafe, Leganés, Fuenlabrada, Arroyomolinos, Villaviciosa, Alcorcón, Móstoles… y alguna zona más que se me escapa. El centro, además, vivía —y vive— por y para Fuenllana.

El tema de Fuenllana y todo lo referente a las labores personales me toca muy directamente, por lo que merece un relato que haré más adelante.

Como comentaba en la primera parte de este testimonio, yo vine a Madrid, entre otras razones, en busca de una explicación, y parecía que ese momento iba a llegar, ya que a lo largo del periodo que va desde diciembre de 2023 a diciembre de 2024 se sucedieron muchos encuentros: convivencias, asambleas y reuniones de trabajo, e incluso una participación para dar clases de historia de la Obra en convivencias de agregadas y supernumerarias, que os expongo a continuación, centrándome en los puntos más importantes.

La primera concentración de mujeres (numerarias auxiliares, numerarias y agregadas de toda la zona suroeste de Madrid) se produjo el 12 de diciembre de 2023 en torno al vicario, D. Gabriel de Castro. La expectación era máxima; había mucho nerviosismo. Pienso que en las mentes de todas existía el mismo anhelo. Sin embargo, la actitud entre pusilánime y evasiva del vicario, desviando la atención hacia el próximo centenario, hizo que pasáramos de la ilusión al desaliento en pocos minutos. Hubo algunas preguntas sobre los estatutos y la nueva situación que se contestaron de manera vaga e imprecisa, volviendo a incidir en que rezáramos mucho.

Con mucha paciencia recogí todo el programa que expuso el vicario, junto con los documentos que nos facilitaron para poder trabajar en la asamblea regional, donde se tenían que recoger las propuestas de todas las personas de la Obra, cooperadores y amigos. Como no sé el conocimiento que podéis tener de esta propuesta del vicario, que a su vez venía de Roma, os remito a la última página de este testimonio, donde encontraréis un esquema con los aspectos más relevantes de dicha propuesta.

Después de aquella reunión tuvieron lugar otras en los centros para concretar cómo iban a realizarse esas encuestas, facilitando un largo cuestionario para ser contestado “libremente”, de forma individual, en grupos, con las familias o con amigas.

Se acercaba abril y se comprobó que la participación era bastante escasa (agregadas 2,2 %, numerarias 11,8 %, supernumerarias… ¿?), por lo que hubo que hacer una segunda reunión para impulsar especialmente la participación de las supernumerarias. Interesaba mucho su participación, sobre todo de las jóvenes, ya que el Padre necesitaba datos positivos para presentar en el Dicasterio del Clero, pues ya tocaba.

Así que nos empeñamos en animar a las supernumerarias a que participaran, y tengo que reconocer que yo puse bastante interés en esto, ya que pensaba que era muy bueno que manifestaran por escrito lo que tantas veces habían expresado en confidencia, sobre todo aquello con lo que no estaban de acuerdo o les parecía mal.

Los cuestionarios se podían hacer de las más variadas formas. En mi grupo de supernumerarias se hizo juntas en un principio y después supongo que lo harían de forma individual; nunca les pregunté. Cuando llegaron las conclusiones, juzgad vosotros mismos, pero a mí me pareció que había “una de cal y otra de arena”. Lo digo porque muchas de las propuestas que me habían ido llegando por activa y por pasiva no estaban reflejadas al 100 %. Para que quede más claro lo que comento, expongo a continuación las conclusiones que se enviaron a los diferentes centros. No recuerdo la fecha exacta; supongo que en octubre o noviembre de 2024.

Conclusiones del Congreso (sobre las asambleas regionales llevadas a cabo en el

periodo Dic. 2023 a Sept. 2024)

I. Identidad y misión de la Obra
• Testimonio directo de cada uno en su ámbito de "es Cristo que pasa".
• Estudio de una asignatura del carisma del Opus Dei.
• Comprender las demás realidades eclesiales.
• Cátedra de ética de la Inteligencia Artificial.
II. Identidad y modos de hacer
• Dirigir teniendo en cuenta la participación e iniciativa de los demás, confianza
evitando la imposición de criterios y cierta rigidez, contar con todas.
• Convivir con las limitaciones de los demás.
• Iniciativas apostólicas cuando no sean cercanas a la labor.
• Ambiente muy estructurado dificulta la labor.
• Plantear con sinceridad las dificultades.
• En relación a la forma de vivir algunas costumbres, le corresponde al Padre los
cambios necesarios o el planteamiento incluso de un cambio.
III. Formación
• Ajustes necesarios según las múltiples situaciones y circunstancias de cada uno.
• Adaptaciones con respecto a los modos de transmitir.
• Búsqueda de temas que puedan interesar adaptándose a las circunstancias actuales
de cultura y sociales.
• Fomentar la participación activa.
• Formación afectivo-social, en psicología personalista, teología del cuerpo,
feminidad, belleza del celibato.
• Soporte por parte de la universidad de Navarra, Univ. Villanueva o la UIC.
IV. Sobre el trabajo
• Se enfoca más como ámbito apostólico que como fuerza transformadora del mundo.
V. Sobre el gobierno de dirección y el estilo.
• Favorecer la rotación
• Reorganización a nivel de las delegaciones.
• Relación de la delegación con los órganos de gobierno de las obras corporativas y
labores personales. Se propone la no inferencia y respetar la autonomía.
VI. Administración
• Identidad de las numerarias auxiliares.
VII. Sobre matrimonios
• Se insiste en la formación de forma separada ante la insistencia de una formación
mixta.
• Formación de matrimonios en los “colegios”.
• Actividades formativas más económicas.
• Plataforma PAUSE de la IFFD.
• Dar más protagonismo a las supernumerarias que no consiste sólo en darles más
encargos de formación.
VIII. Sobre labores apostólicas
• Influencia de los “colegios” en los barrios.
• Más formación de matrimonios en los “colegios” y más actividades de madres en
los “colegios masculinos” y actividades de padres en “colegios femeninos”,
atendidos por supernumerarios.
IX. Sobre juventud
• Inter- labor
• Mentores ¿Cómo?
• Recursos humanos intercentros.

Estas conclusiones pienso que procedían de la “Asesoría Regional” y probablemente fueron redactadas por alguien joven, por el tipo de lenguaje y redacción. Pienso que no venían de Roma. Es una opinión personal.

La verdad es que me parece un acierto que se reflejaran, en un porcentaje considerable, las aportaciones sinceras de todas las personas que participamos, porque había mucho deseo de cambio manifestado pública y privadamente. De no haber sido así, habría supuesto una gran decepción, desconfianza y abandono.

Sin embargo, existían otros aspectos que mucha gente de la Obra manifestó y que no figuran en las conclusiones anteriores y que, en mi opinión, merecen mencionarse:

  • Los hijos son lo importante, su cuidado y educación es labor de los padres.
  • Hay mucha presión para que piten (los hijos de supernumerarios).
  • Conocer más carismas y agradecer que los haya, porque eso engrandece a la Iglesia, el Opus Dei no es el mejor.
  • Demasiada insistencia en que haya vocaciones y luego ¿qué pasa cuando dejan la Obra?, se les abandona.
  • Se abusa de las estadísticas, números, listas….
  • Presión económica constante.
  • Presión para ir a los cursos de retiro y a las convivencias
  • La convivencia gira en torno a la /las personas que te toquen de consejo local.
  • Lo importante es dar testimonio de familia que cuida de los suyos más que ser reconocida como una supernumeraria “top” muy del Opus Dei.

Después de esto vinieron las concreciones a nivel de delegación y finalmente otras conclusiones de parte de Roma (del Padre).

Las concreciones para la “dlmof” (delegación Madrid Oeste) tuvieron lugar en una convivencia el 4 de septiembre de 2024 y en la que participamos supernumerarias, numerarias, numerarias auxiliares y agregadas y cito a continuación las ideas más importantes:

1. Empuje en San Gabriel.
2. Énfasis en el trato personalizado. La importancia del buen pastor. Las personas
están para apegarse a Dios, no a mí. Cuando ves que una persona se distancia
pon más interés y aumenta tu disponibilidad. El buen pastor se adapta al ritmo
de cada oveja.
3. La atención principal no es la estructura sino las personas.
4. La importancia del grupo.
5. Dar los medios de formación con cierto atractivo.

Intervención de C.R., directora de San Gabriel -asesoría. (Con los cambios de personal en el último congreso general, actualmente no tiene ese cargo):


1. Búsqueda de la verdad.
2. Más cerca de los primeros cristianos.
3. Fidelidad creativa.
4. Cambiar de mentalidad según la necesidad.
5. Avance en nuestra misión secular.
6. La labor de San Gabriel tiene que pasar a tener más protagonismo.
7. Potenciar mucho la iniciativa personal

Los medios para que la labor crezca:
8. Los “pitajes” son más que las muertes.
9. Tecnología
10. Comunicación.
11. La mínima estructura que potencia el movimiento.
12. La labor de San Gabriel no tiene que limitarse a las paredes del centro, ésta
demanda muchas actividades.
13. La estructura está en función de la misión.
14. Los centros y colegios son medios para las actividades.
15. Las labores personales a veces no han sido ambientes ideales para el apostolado
de forma libre.

Finalmente, las ideas (prioridades) del Padre para la Obra y la región (España). Septiembre 2024:

• Obediencia y disponibilidad
• Pobreza
• Labor de San Rafael
• Centros de estudios de numerarias auxiliares.
• Cuidar a la gente entre 25 y 40 años.
• Santificación del trabajo.
• Mentalidad laical.
• Fe
• Cultivarse a uno mismo.

A todas estas convocatorias masivas que he citado les sucedieron pequeñas reuniones en los centros para concretar actividades que llevaran a cabo todos los desafíos y conclusiones. Hubo presentaciones espectaculares, esquemas, excels y listas organizadísimas de gente; incluso hubo técnicas de estudio de personalidad. Y ¿sabéis en qué quedó todo? Pues en presionar a las numerarias, supernumerarias y agregadas disponibles para que atendieran convivencias y cursos de retiro de supernumerarias, y para hacer recuento de las que asistían a los diferentes medios de formación. Hubo reuniones —y esto me costó un enfado con la persona que lo coordinaba— para ver qué problemas tenían a nivel personal.

No me gustaba esa insistencia en juzgar a la gente o en insistirme a mí para que las convenciese de asistir a los medios de formación. Yo conocía bastante bien a aquellas santas mujeres, todo lo que hacían para sacar adelante a su familia, para llegar a fin de mes y su relación auténtica con Dios. Seguiría hablando más tiempo de lo que aprendí de las supernumerarias, pero creo que me he extendido demasiado.

Y al final… no hubo explicación por parte de nadie sobre los estatutos y los cambios, así que nos vamos a 2025 y, con él, a algunos acontecimientos que me llevaron a dar definitivamente el paso hacia el final.