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Summary

    1. Escrivá, el Banquero de Dios
  • Si hubieseis comprendido lo que significa* *Misericordia quiero, y no Sacrificio…* (Mateo 12, 7)
          1. Opuslibros.org-E.B.E.
          1. 3 de agosto de 2026

Opuslibros – Escrivá, el banquero de Dios

  1. Tabla de Contenidos

PREFACIO.....................................................................5

PRIMERA PARTE Origen de la Violencia......................7

SEGUNDA PARTE Origen de la Deuda.......................63

NOTAS........................................................................93

  1. PREFACIO

ué sucedería si, a diferencia de otros institu-

  1. ¿Qtos religiosos, la vocación al Opus Dei de

1 *entrega total* no fuera, en realidad, una vo- cación de entrega a Dios sino una forma de *endeuda-* *miento total* con el Opus Dei? La *deuda* contraída *por* la vocación sería la piedra angular que legitimaría a los superiores exigir la *entrega* del sueldo entero de numerarios y agregados —y de todo tipo de bienes, como el trabajo no remunerado y la obligación de hacer testamento— sin necesidad de respaldarse en los Estatutos (disociación jurídica). La deuda no se- ría propiamente económica ni canónica sino sobre todo *moral*, aunque con ella arrastraría todo lo de- más, en un *endeudamiento total* de la persona (holo- causto personal). Y tal vez sería la causa de la *ruina* en la vida de tantas personas que denuncian al Opus Dei.

  1. PRIMERA PARTE Origen de la Violencia
  • «¿Qué voy a hacer…? ¿Cavar? No tengo fuerzas.* *¿Pedir limosna? Me da vergüenza.* *¡Ya sé lo que voy a hacer...»* Lc 16
  • «Si yo hubiera dicho no puedo, no puedo,* *a estas horas estaría en un manicomio»* Escrivá
  • «La vida sólo puede ser comprendida hacia atrás;* *pero se vive hacia adelante»* Kierkegaard

¿Cómo la iniciativa religiosa de una persona su- puestamente santa podría provocar un daño ma- sivo? Esta es la pregunta que la canonización de Es- crivá debería haber respondido. No tanto cómo es que fue santo, sino cómo es posible a pesar de tanto daño. Pero no sólo se evitó la pregunta, directamente

Opuslibros-Escrivá, el banquero de Dios

se eliminaron las pruebas, al impedir a los testigos dar su testimonio. Y las acusaciones contra su organización y su pro- pia persona no son producto de un acto de histeria colectiva: van más allá de un fenómeno de redes so- ciales, y por sobre todas las cosas, son bastante an- teriores al surgimiento de internet. Pero gracias a las redes, se pudo subsanar la omi- sión cometida durante el proceso de canonización y gracias al surgimiento de Opuslibros las acusaciones empezaron a tener mayor circulación y, sobre todo, se interconectaron entre sí, dando lugar a más inicia- tivas de difusión.

Tal vez la respuesta, a la pregunta que omitió el proceso de canonización, sea la observación que anotó Kierkegaard en su diario, hacia mediados del siglo XIX: mientras uno está ocupado por vivir, no siempre encuentra tiempo para detenerse y mirar hacia atrás. Más aún si la vida que uno lleva impide específicamente reflexionar. Se necesita tiempo, en- tonces, para entender lo que ha pasado, lo que se ha vivido casi de manera impulsiva e incluso compul- siva. En general esa revisión coincide con el fin de un ciclo, porque mientras se está viviendo, se está *pade-* *ciendo* esa vida.

Cuando padecer impide *entender*, se dificulta darle *sentido* al padecimiento. Sufrir sin sentido es uno de los mayores padecimientos. Al salir de la organiza- ción, usualmente no se entiende qué ha sucedido. Di- ría que ni siguiera actualmente existe una explica- ción concluyente de lo que a cada uno nos ha suce- dido, aunque mucho se ha avanzado. Y mientras no se le encuentre sentido a ese pasado, *se lo sigue pa-* *deciendo*. Quienes sufrieron al Opus Dei buscan entenderlo por distintas razones de quien no lo sufrieron: unos por necesidad, otros por curiosidad (en sentido am- plio). En definitiva, no es de extrañar que usualmente la *reflexión* llegue tarde, cuando ya todo ha sucedido, cuando los hechos han sido consumados. Las perso- nas de *acción* corren siempre con ventaja hasta que puedan ser alcanzadas por las personas que se ocu- pan de reflexionar sobre las acciones de aquellas, e incluso ponerles límites, de ser necesario (mediante leyes, juicios, castigos, etc.). El Opus Dei no es una excepción: Escrivá y sus su- cesores corrieron con esta ventaja durante casi un siglo hasta llegar a ser alcanzados y a ser compren- dida, en parte, la magnitud dañina de su *acción*. No por casualidad durante todo ese tiempo, el Opus Dei detentó —con algunas excepciones—, conjuntamen-

te, el ejercicio del monopolio de la legitimación inte- lectual —en relación a la reflexión e interpretación de sí mismo— y el monopolio sobre *cómo contar su* *historia*, de forma tal de tener asegurada la *libertad* *de acción* por tiempo indeterminado. Primero *actuar,* y luego *alabarse* a sí mismo, sin dar lugar a ningún tipo de cuestionamiento (que hu- biera significado abrir las puertas a *la duda* y al *jui-* *cio*). Ese *alabarse* formó —y forma parte— de la *ac-* *ción* del Opus Dei, que no llegó a ser alcanzada por la reflexión crítica sino tardíamente, cuando los hechos ya eran irreversibles, especialmente los daños. Tanto la figura de Prelatura Personal —con su in- justificada e insistente *campaña* de pregonarse *es-* *tructura jerárquica de la Iglesia*—, como la canoniza- ción de Escrivá, son resultados de ese monopolio in- telectual e interpretativo, que difícilmente lo ha- brían podido ejercer con posterioridad al surgi- miento de internet y los *smartphones*, que impulsa- ron extraordinariamente la libre circulación de in- formación.

Con el advenimiento del centenario del Opus Dei, se están publicando diversos estudios, desde la misma institución, con la intención de explicar la complejidad y profundidad de la irrupción trascen-

dental del Opus Dei *en la Historia de la Humanidad²*. Tal vez sería de más ayuda intentar otros caminos, apuntando a lo esencial, porque tanta complejidad puede terminar abrumando, desorientando, y dis- trayendo la atención. Mucha es la *hojarasca.* Esto no quiere decir que se trate de algo simple, al contrario, es tan enredado que resulta muy difícil sa- car alguna conclusión si no es gracias a tantos testi- monios y muchos análisis, como los recogidos en Opuslibros. Pero por más que la “ingeniería” del funciona- miento del Opus Dei sea muy enrevesada, el fin ha de ser sumamente simple, y a ese fin hay que apuntar. Un *Fórmula Uno* puede ser todo lo complejo que se quiera, pero su fin no ha ser más que uno: ganar ca- rreras. No puede haber más que uno, del cual, en todo caso, dependan otros. El mismo prelado J. Echevarría se hace esa pre- gunta fundamental: «¿Qué ofrece, pues, el Opus Dei?», que es lo mismo que preguntarse por su *fin*. Y responde: «Fundamentalmente, una dirección espi- ritual a sus fieles y a las demás personas que la pi- dan» 3. Una respuesta demasiado superficial para una institución compleja. Por su parte, Escrivá afirma que en el Opus Dei «todo ha de someterse —así, someterse— a un

interés superior: la gloria de Dios y la salvación de las almas» 4. Sin duda, la respuesta ha de ser *simple*, pero *escon-* *dida* en medio de la maraña de justificaciones y ex- plicaciones, no expuesta a la luz del día, como pre- tende presentarla el prelado Echevarría, en un apa- rente intento de disfrazar la verdadera razón, más cercana al *todo ha de someterse* de Escrivá.

    1. La violencia hacia sí mismo
  • «En tanto avanzarás en cuanto* *te hagas violencia a ti mismo»* “Del Espíritu y de las Costumbres” (1990), n. 14
  • «El éxito llegará siempre. Siempre sucederá lo que* *más nos conviene; nosotros no podemos fracasar»*5 Escrivá

Hay una fijación en la predicación de Escrivá, evi- denciada en muchas de sus meditaciones, en insistir sobre la *necesidad de eficacia* (fin corporativo) y so- bre la *necesidad de poder* (de cada uno) para lograr esa eficacia (frutos o resultados). Aunque los temas sean variados, alrededor de esas dos ideas suele gira el contenido de las diversas meditaciones de Escrivá, incluso cuando aparentemente *sólo hablaría de ora-* *ción*. Esa “capacidad de poder” o “hacer esfuerzo” la

desarrollaría cada uno mediante la *ascética de las* *virtudes*, que no es otra cosa que la repetición de ac- tos, a modo de una *gimnasia espiritual*. Eso otorgaría eficacia institucional, aunque difícilmente contribui- ría a la conversión de un corazón. Pero quien *no puede,* es porque *no quiere*. Y quien *no puede*, se convierte —según el fundador— en un *cadáver*a ser enterrado *piadosamente,* agrega, no sin cierto sarcasmo⁶. Posiblemente el Opus Dei creció tanto —hasta que entró en crisis en este siglo— por- que uno de sus objetivos fue la *eficacia en conseguir* *vocaciones*. Eficacia medida en capacidad de obtener de los demás la entrega de todo lo suyo al Opus Dei: gente que se entregara *ella misma a trabajar* para el Opus Dei y gente que entregara *todo lo suyo* al Opus Dei. Un fin completamente inmanente, sin ninguna trascendencia, más allá de la propia reproducción institucional. Lo interesante será descubrir de qué forma espe- cífica se implementó el objetivo: mediante la induc- ción de una *deuda* y un sistema *coactivo* para ejecu- tarla o ejercer derecho sobre ella. Pero no nos ade- lantemos aún.

¿Por qué decir “no puedo” significaba para Escrivá terminar en un manicomio? No es un pensamiento ni

un mensaje precisamente alentador para aquellos que «no pueden», para quienes experimentan en su vida los límites de su condición humana. Según el es- tándar de Escrivá, deberían ser internados. De ser así, media humanidad necesitaría ello, si no más. Y si Escrivá se refería sólo a *su caso*, ¿se consideraba en- tonces un superhombre? Su afirmación debería ha- berse formulado al revés, para ser considerada signo de sanidad y humildad: *si yo no hubiera podido decir* *“no puedo”, a estas horas estaría en un manicomio.* Una cosa es el «no puedo» de quien le flaquean las fuerzas y se está ahogando, y otra cosa distinta es el «no puedo» impotente de quien se obsesiona por una meta que lo supera. Los dos dicen «no puedo». Pero mientras uno está luchando por sobrevivir — enfrentando la muerte— y *se permite decirlo* e in- cluso gritarlo, el otro no quiere aceptar sus propios límites por simples razones de orgullo personal y se violenta a sí mismo, reprimiendo la expresión de su impotencia. Ambos «no pueden», pero se encuen- tran en extremos opuestos. Esa frase de Escrivá es sumamente reveladora, porque muestra que él jamás soportaría «no poder», al punto que, según sus propias palabras, «no poder» *lo hubiera llevado a la locura*. Y no se refiere a un he- cho puntual, aislado, a una decisión crucial que tuvo que tomar en un momento histórico determinado,

sino a *todo el proceso de sacar adelante el Opus Dei.7* Habría que preguntarse dónde quedó, entonces, la *infancia espiritual* que tanto predicaba. Para que entendamos el contexto de sus palabras, comparémoslas con las de San Pablo, con quien tanto le gustaba asimilarse (decía que como el após- tol, *no tenían nada* y como el apóstol, *era tratado de* *basura o escupidera*, etc.): «me gloriaré en mis fla- quezas, para que la fuerza de Cristo habite en mí» (2Cor 12,9). En cambio, Escrivá se gloriaba en su ca- pacidad de decir «yo puedo» y a su vez despreciaba a los *pobrecitos* que se *quedaban por el camino* y con- sideraba que no tenían remedio⁸. Dentro de este contexto, entendemos por qué los débiles mentales son calificados de *inservibles* para el Opus Dei por su *Catecismo⁹*: los que «no pueden» son considerados para el manicomio y, recíproca- mente, los que son considerados para el manicomio son explícitamente declarados inservibles. De esta forma, el *Catecismo* pone de relieve que la supuesta devoción por *Enriqueta la tonta¹⁰* aparentemente no era sincera. En la espontaneidad de la *jactancia* o *alarde* de Es- crivá queda mucho más expuesta su interioridad que en oportunidad de otras expresiones suyas (*no soy* *nada, no puedo nada, nuestra fortaleza es prestada,* etc*.*), más parecidas a declamaciones propias de

cierta teatralidad o manifestaciones de humildad fingida. Es más fácil fingir una postura falsa, que re- primir un impulso espontáneo. Al contrastarlos, el impulso se impone sobre la impostura. Pero cuando expresaba su ambición y su «capaci- dad de poder», no la disimulaba: «no es fácil, no se recuerda un caso en el que quienes comenzaron a trabajar en una obra Tuya hayan visto, aquí en la tie- rra, tantas maravillas como yo estoy viendo: en ex- tensión, en número, en calidad» 11. «Estoy persua- dido —tengo una seguridad moral— de que la Obra permanecerá mientras haya hombres sobre la tie- rra» 12. Lo que estaba dando a entender era que, al igual que la Iglesia, «las puertas del infierno no pre- valecerán contra ella» (Mt. 16,18). «Os aseguro que en la Obra no habrá ningún terremoto. Tengo cer- teza» 13. Sin embargo, la situación actual del Opus Dei no permite seguir sosteniendo dichas afirmaciones.

Ahora bien, es realmente algo extraño en boca de un «supuesto santo» gloriarse en sus propias fuer- zas. Lo cual nos hablaría de un origen sumamente humano y nada sobrenatural del Opus Dei. Porque en ese «si dijera ‘no puedo’» está totalmente ausente Dios y sólo cuentan las propias fuerzas humanas de Escrivá.

Pero esa frase «si hubiera dicho…» revela algo más interesante aún: la violencia que estaría dispuesto a hacerse y, también, la que estaría dispuesto a ejercer sobre otros, con tal de lograr sus persistentes de- seos. Pensemos en las desagradables imágenes de san- grientas disciplinas, en exceso citadas en la *Positio* *super vita et virtutibus¹⁴*. Escrivá se situaba como modelo de quien se hacía violencia a sí mismo (cas- tigo corporal usado, no como mortificación cristiana, sino como instrumento para violentarse), ejemplo que influiría en sus seguidores para inhibirlos de de- cir «no puedo», violentándose a sí mismos. De este modo, violencia e intolerancia se entrelazarían ínti- mamente, como las disciplinas y el horizonte del ma- nicomio. Lo interesante de todo esto es descubrir que el fundador evitaría el manicomio *enloqueciendo a* *otros*: sometiéndolos a una exigencia tal que tendría como medida el *holocausto* personal (terminarían «exprimidos como un limón») y entonces *enloquece-* *rían* (no es casualidad el recurso a los psiquiatras y psicofármacos) o abandonarían el Opus Dei, como quien abandona una prisión o un lugar insano. Otros, al ser declarados *inservibles*, acabarían siendo descartados por el sistema, expulsados a la calle, sin ayuda de ningún tipo. Pero Escrivá habría

logrado su objetivo: *hacer el Opus Dei —evitando yo* *el manicomio—*, *siendo tú mismo Opus Dei* (enloque- ciendo tú y no yo)*.* Tal vez, como el *administrador in-* *fiel*del Evangelio, Escrivá no pudo aceptar su destino e hizo que otros pagaran el precio. La intolerancia llevaría a la violencia. La ausencia de permiso para decir «no puedo» se vincularía con el dar riendas sueltas de las «disciplinas de sangre» —como las califican en la *Positio*—, en sociedad con la idea de manicomio, y todo ello lo terminarían su- friendo quienes más fielmente le estuvieran subor- dinados (¿qué proceso de canonización legítimo po- día darse a partir de testimonios que no tenían per- miso para decir otra cosa que la permitida?). Según las enseñanzas de Escrivá, “se debía poder” hasta quedar destruido¹⁵. De ser necesario, había que pedir la muerte antes de no perseverar, es decir, antes de decir «no puedo» 16. Y todo ello, *encerrados* en una *barca, aislada* en medio del *océano*, sin esca- patoria, de la cual no se podría salir sin terminar *muertos* en medio de las olas del mar, según las pro- pias palabras de Escrivá. Y «para estar en la barca, se necesita (…) entregarse, quemarse, hacerse holo- causto» 17. La violencia interior debía suceder *sin escándalo* exterior, sin que se notara, sin que mediara la sangre (algo sólo reservado para Escrivá, es decir, para el

  • modelo* a imitar*,* no a *igualar* ni menos aún a *su-* *perar*). La exhortación a esforzarse, en realidad, era a *forzarse* y, en definitiva, a *violentarse*. Cada uno debía hacerse *violencia* contra ese «no puedo más» 18, conduciendo ello hacia una autoexi- gencia destructiva, que Escrivá la llamaba «guerra maravillosa contra nosotros mismos» 19. Y agregaba: «no os asustéis de encontraros monstruosos» 20. Aquí encuentra sentido el uso de la mortificación corporal de la ducha fría en invierno, el cilicio (bien apretado, se decía) y las disciplinas (quienes más creían en la doctrina de Escrivá, más fuerte se las aplicaban). La vocación al Opus Dei como de «predilección di- vina», pasaba a convertirse en la lucha contra la «monstruosidad» que habitaba en cada uno. Escrivá ponía palabras en boca de otros sin haberles consul- tado, como diciendo: *yo te voy a contar lo que debes* *pensar.* En realidad, las *imponía*. Formaba todo ello parte de la violencia institucional y de cómo el Opus Dei *discernía*por los candidatos —hoy parece menos probable—, no ya decidiendo sobre el ingreso, sino también sobre la conciencia de sí mismos, dictando lo que debían pensar. Insistir por activa y por pasiva que en «el Opus Dei todo es voluntario», cuando uno mismo experi-

mentaba lo contrario, era —y es— violencia institu- cional, que buscaba ahogar todo disentimiento. En definitiva, había que luchar contra el *monstruo* que teníamos dentro, inclinado «a cometer todas las atrocidades» 22. Pero, mientras para los demás apli- caba la crudeza, para sí mismo Escrivá recurría a la poesía²³, cuando no hacía un alegato de inocencia²⁴. Esa *lucha* contra uno mismo, transformada en vio- lencia contra uno mismo, daría lugar a enfermeda- des psicológicas y psiquiátricas y causaría en mu- chos casos aversión explícita hacia la religión. Contrariamente a lo que Escrivá enseñaba, decir «no puedo» evitaría el manicomio, e incluso ayuda- ría a *salir de él*. En un entorno así, enfermarse sería síntoma de *sanidad*.

¿Ahora bien, no hay gente que se encuentra có- moda en el Opus Dei? Sin duda las hay, y bastantes, que son las que terminan permaneciendo y "perse- verando", lo cual no es precisamente un elogio. No sufren ya violencia ni se *hacen* más violencia, pero se las hacen a otros o dejan, sin decir nada, que otros la sufran. Su silencio es el precio de la comodidad que gozan. Pienso ahora en uno de los sacerdotes que vivía en la misma casa donde yo me encontraba y que era

muy alegre. Si leyera este texto, le parecería absolu- tamente chocante e incomprensible. Sin embargo, él mismo participó del proceso que tramaron los direc- tores en relación a mi salida (siempre me he pregun- tado cómo habrá justificado en su conciencia su par- ticipación, seguramente por la virtud de la “obedien- cia”). Por lo cual, esa comodidad que sienten y viven algunos que se quedan dentro, tiene el precio de pa- gar con su conciencia actos que son inaceptables. Todo está muy bien, hasta que algo está mal, y ahí es cuando uno tiene que decidir permanecer o irse. Me acuerdo de otro sacerdote, con el cual mante- nía una muy buena relación. Pero en un momento — cuando tuvo que *elegir* entre su comodidad o la amistad— me dijo, para mi sorpresa, “tienes que blanquear tu situación”, dándome a entender que yo debía asumir la culpa y no atribuirle responsabilidad al Opus Dei por encontrarme deprimido y, por ello mismo, haber sido *desalojado* del centro donde vivía de una forma arteramente calculada y a mis espal- das. Aun así, según él, yo *debía* responsabilizarme de la desafortunada decisión que habían tomado los di- rectores, lo cual implicaba violentar mi conciencia. Por supuesto, no lo hice, sino que todo aquello me confirmo que, aun los que parecían amigos, se vol- vían cómplices de los directores con tal de conservar su cómodo lugar dentro de la organización.

Pues bien, quienes se sienten cómodos dentro del Opus Dei es porque hay cosas que no ven o directa- mente *no quieren ver,* y cuando alguien se las hace ver, se escandalizan e incluso creen que hay que cul- par al mensajero. Pagan el precio de haber violen- tado su propia conciencia hasta cauterizarla, de ha- ber traspasado el límite que la vuelve insensible a los daños institucionales sobre las personas. Pero también es cierto que, al haber quemado sus naves, no tienen dónde ir y se vuelve a cumplir lo de la *barca*: si quieres permanecer, has de *someterte*, *entregando tu juicio*.

      1. La violencia sin violencia
  • «Violencia, nunca. No la comprendo,* *no me parece apta ni para* *convencer ni para vencer»25* Escrivá (lado A)
  • «Hablas quizá de que no ves cómo se puede* *conjugar la libertad personal y la obediencia.* *Muy podrido has de estar o* *muy corto es tu entendimiento*»26 Escrivá (lado B)

Del mismo modo que una numeraria auxiliar se le hacía ver su actividad diaria no como un trabajo sino como un *servicio* hecho a Dios²⁷, la violencia hacia

uno mismo tampoco era vista como tal, sino como una *lucha*, un *vencimiento*. Usualmente había dos versiones de un mismo he- cho, y prevalecía la que más le convenía al Opus Dei, en un momento dado. Se decía que la vocación de nu- meraria auxiliar implicaba un *trabajo profesional* — definición actualmente vigente según los Estatutos de 1982—, pero también que era una vocación de entrega total. De esta manera, cuando había que ha- blar de secularidad, se refería al carácter “profesio- nal” del trabajo y cuando había que servirse de ese trabajo sin tener en cuenta derechos laborales, se hablaba de “entrega a Dios”. En la ambigüedad, salía ganando siempre el Opus Dei. Muchas cosas neurálgicas eran —y son— *rebauti-* *zado* dentro de la organización, de tal forma que se percibían distintas a como las vería cualquier otra persona *desde afuera*. Uno vivía *disociado* (para sí) *y* *disociando* (explicando al mundo exterior que las co- sas *no eran* como eran).

Un director espiritual o un sacerdote que confiesa, es alguien cuya tarea consiste en transitar por los te- rrenos sumamente delicados de la conciencia de las

personas que le confían su intimidad. Por lo cual, los niveles de violencia en esos casos son mucho más sensibles que si se tratara de violencia física, y no pueden ser considerados de la misma manera. La palabra es su bisturí, que puede curar o lasti- mar. Con ella el director espiritual puede ser un ci- rujano de ojos o alguien que faena animales. Me- diante el dolor se puede manipular la conducta de las personas (tema tratado en la película *Camino,*2008, de Javier Fesser) *y* lograr que hagan lo que el presti- digitador desea. Tengamos en cuenta que la dirección espiritual del Opus Dei apunta a desarmar toda resistencia inte- rior, hasta quedar vulnerables en manos de los di- rectores, como *el barro en manos del alfarero*, que in- cluye la vulnerabilidad económica (al no tener capa- cidad de ahorro, por ejemplo). La entrega total es si- nónimo de vulnerabilidad total. El más entregado es el más vulnerable. Como un organismo al cual se le ha eliminado todos los anti- cuerpos: la mínima violencia puede hacer estragos.

Si cuando Escrivá se quedaba sin argumentos pa- saba a los insultos, resulta difícil de imaginar su

firme oposición a la violencia que previamente sus- cribía *en teoría*. Estamos hablando del superior de una organiza- ción religiosa, que insultaba en una carta pastoral frente a un planteo conceptual puesto en boca de un interlocutor abstracto. Ya no era un simple arrebato del momento, pasajero, sino algo que pasaba los fil- tros propios de toda publicación interna del Opus Dei. Por lo cual, una declaración de este tipo no puede ser tomada como un hecho aislado sino como un síntoma de algo más profundo. Distinto sería si se hubiera tratado de un exa- brupto momentáneo, que sería comprensible en cualquier persona, pero esa intolerancia es la que va a aplicar para gobernar y para hacer posible su obra: no es inocente. Basta ver los principios que regirán *la barca* y son los mismas, intolerancia y violencia, como veremos más adelante. Es evidente que su oposición a la violencia no era como decía y, en cuanto perdía el control, pasaba al ataque, como los que padeció Carmen Tapia, narra- dos en su libro. Esa carta deja al descubierto el lado violento de Escrivá y, a su vez, refuerza el testimonio de Carmen Tapia. Más aún, es palpable que su intolerancia le llevaba a la violencia y por eso es posible ver nuevamente aquí la conexión entre la intolerancia hacia el «no

puedo», la amenaza latente del manicomio, y la vio- lencia de las disciplinas de sangre. En el caso de esa carta citada, Escrivá reaccionaba violentamente frente al mismo tema: la *obediencia* debida a su per- sona. Escrivá no toleraba que no se le obedeciera (que alguien le pudiera*llegar a insinuar* «no puedo») o que se le cuestionara *su idea* de obediencia. Había que *forzarse* y había que *someterse*: dos caras de la misma moneda de la obediencia. Por eso en un momento afirmaba tajantemente: «se puede mandar todo» 28. Por la misma razón, él enseñaba que *todo es voluntario²⁹* en el Opus Dei, como quien afirmara un dogma, de tal manera que no era permitido ponerlo en discusión ni en duda. Del mismo modo, afirmaba que «somos libérrimos y tenéis derecho a pensar y a actuar como os dé la gana», aunque si alguno no entendía la relación en- tre obediencia y libertad, recibiría una violenta res- puesta del fundador. En definitiva, Escrivá no daba lugar a preguntarse o *deliberar* sobre la existencia de libertad dentro del Opus Dei, porque sabía que la respuesta no iba a ser de su agrado, por tanto, legislaba *decretando* que so- bre la libertad no había nada más que decir, salvo lo que ya había dicho él mismo, y quien pusiera en duda su palabra sería insultado. Esa carta tenía la función de servir de *escarmiento público* hacia quien osara

“rebelarse” haciendo preguntas *prohibidas*. En defi- nitiva, además de violenta, a causa de su intoleran- cia, su forma de gobernar era autoritaria, porque no daba lugar a «pensar como os dé la gana», según ha- bía previamente garantizado, sino que ni siquiera a «dudar o preguntar como os dé la gana». Tal vez el problema de fondo sea que Escrivá diso- ciaba la libertad y la obediencia (exaltaba por un lado la libertad y por otro imponía el sometimiento más absoluto, hasta lo que él llamaba el *holocausto* *personal*), y si alguien le cuestionaba cómo podían relacionarse ambos términos disociados, estallaba y se terminaba imponiendo el dominante, la violencia.

Con lo dicho hasta ahora, alguien podría imaginar que la vida en el Opus Dei era una sala de torturas las veinticuatro horas del día. No era así. La mayor parte del tiempo, por lo que yo he vivido y visto en otros, había un ambiente agradable o al menos neutro, diría, al igual que el contenido de las meditaciones de Escrivá, en su mayoría no era pro- blemático, aunque tuviera claros objetivos recurren- tes (proselitismo y obediencia, por ejemplo)

El violentarse no tenía que ver con un estado per- manente sino con lo que en el Opus Dei se llamaba —y se llama— “vencerse a sí mismo”, que es un si- nónimo de forzare a sí mismo y, en definitiva, de vio- lentarse. Lo contrario, sería decirle *no a Dios.* «En medio de una lucha constante para vencerse y sobreponerse a sí mismo, nuestro Padre nunca dijo que no a Dios» 30 Difícil verificar semejante afirmación. ¿Quién puede saber si nunca le dijo no a Dios? Pero debido a la devoción incondicional a Escrivá, se toma dicha afirmación como verdad indiscutible. Sin embargo, lo importante es que, volviendo a la idea del manico- mio, Escrivá es el modelo de *nunca decir «no puedo»* y para ello es necesario «vencerse». El problema es cuando toda está teología está al servicio del go- bierno y puesta a disposición del poder de los direc- tores. Esa violencia hacia sí mismo no es constante, pero sí es progresiva, hasta lograr la mayor *disponibilidad* posible en manos de los directores, hasta estar dis- puesto a todo, que es en definitiva el holocausto per- sonal, estar dispuesto a *someterse* a lo que ordenen los directores, yendo contra el propio instinto de conservación cuando sea necesario (por ejemplo, *quemando* el futuro profesional o un buen trabajo

con el cual uno se sostenía económicamente hasta ese momento). El objetivo sería llegar a borrar del propio vocabu- lario la frase «no puedo» a lo que pidieran los direc- tores. Otras frases semejantes también debían repri- mirse: «El creí que, pensé que y es que son los nombres de tres diablos tremendos que no quiero oír de vuestra boca. No os busquéis disculpas, tenéis la misericordia de Dios y la comprensión de vuestros hermanos, ¡y basta!» 31 Pero, para lograr eso, hay que recorrer un camino de violencia a sí mismo, que es como *un plano incli-* *nado*, pero hacia abajo. A quienes los directores les exigen poco, por las razones que sean, se violentan muy poco y por eso consideran que el Opus Dei es “el mejor lugar para vivir”. Pero no es lo que sucede con la mayoría, que se termina marchando. La violencia que uno va internalizando es la que estalla más tarde, una vez afuera de la organización, que es utilizada por la misma organización para des- calificar a sus críticos como «unos resentidos». Pero esa violencia es la que por años ejerció la organiza- ción sobre las personas. Es importante tener en cuenta esto, para trabajarlo en terapia y no «deto- narse emocionalmente» de una forma inadecuada ni en momentos inoportunos.

Usualmente se considera que en una situación vio- lenta, necesariamente la persona que ejerce violen- cia ha de volver ella misma virulenta, porque es lo que sucede en situaciones espontáneas, no planifica- das —como le sucedió a Escrivá³² frente a Carmen Tapia—. Sin embargo, es posible ejercer *violencia sin* *violencia*, especialmente en lo que hace a la violencia institucional. En esos casos, quien la ejerce lo puede hacer de manera *delicada,* pero lo clave es el efecto que causa en quien padece dicha acción, y sobre todo sus efec- tos retardados. *Imponer* una vocación es un hecho violento, como lo reconoce Escrivá³³, y más aún si se la impone como una carga a llevar toda la vida, como un *deber* y en definitiva, como *una deuda*, pues *lo que se debe* *es deuda*. Pero no solamente el imponer una vocación propia de religiosos, como hace el mismo Opus Dei, sino so- bre todo forzar una vocación de *entrega total* — como también hace el Opus Dei— en quienes no tie- nen condiciones para soportarla. La intolerancia hacia el «no puedo» llevaría a la violencia de imponer una vocación que no aceptara límites. Dicho de otra manera, en el origen de la

  • entrega total* está en la intolerancia de Escrivá hacia el «no puedo» y esa vocación es la que le permitirá a Escrivá exigir sin límites (holocausto). Pero esa imposición forzada generalizada —pues el abandono de la vocación ha sido masivo— le per- mitiría a Escrivá obtener *mano de obra abundante* para llevar a cabo su proyecto, para impulsa su ex- pansión institucional y el reclutamiento, incluyendo sacerdotes sin vocación sacerdotal³⁴ (un tercer nivel de violencia vocacional). La imposición forzada de ambas vocaciones —la de *entrega total* y la *conventual*— causaría trauma y sería uno de los daños más importantes. Sin embargo, si todo ello se hace en *cámara lenta*, como por un *plano inclinado*, puede pasar desaperci- bida su violencia, salvo para la víctima, que a corto o largo plazo la termina padeciendo (sobre todo al *des-* *presurizarse,* cuando se abandona *la barca*, regida por la presión del sometimiento a la *entrega total*). Lo interesante es que quien ejerce dicha violencia tiene a su favor el argumento de no haber sido vio- lento en ningún momento. El recurso a la *anestesia* es lo que permite ejercer *violencia sin violencia* (como en el tráfico de órganos). Y si además se in- duce a que cada uno se violente, forzando una voca- ción que no puede soportar —el tiempo lo demos- trará—, no queda violencia institucional a la vista.

Pero los daños son prueba de su *invisible* existencia. Tal vez por ello mismo es que la organización se des- hace³⁵ “a tiempo” de quienes han sido violentados, para que “estallen a fuera”. «Quizá alguno aguantara un tiempo en ese estado, pero el clima peculiar de la Obra —de entrega total— acabaría por rechazarlo, como a cuerpo extraño.» 36

¿Qué decir de la *delicadeza extrema*, que podría- mos calificar de *norma habitual* dentro de la institu- ción? Se trata de una característica conforme al aire aristocrático con el cual se había fundado el Opus Dei y con el cual su fundador quería que permaneciera. Pero es mucho más que eso: invisibiliza la violencia institucional. En marcado contraste con lo que —según Es- crivá— cada uno podía encontrar de *monstruoso* dentro de sí, esa *delicadeza* en el trato social hacía impensable —aún hoy también— cualquier tipo de violencia hacia los miembros³⁷ —o inducción a ella—, y al mismo tiempo reprimía su visible exposi- ción. Lo interesante de la *delicadeza extrema* es que sólo se aplicaba —y se aplica— en la “esfera pública” de la vida institucional, pero no en el trato hacia uno mismo, que debía ser también *extremo* pero en

sentido contrario: sin *contemplaciones³⁸*. Como Es- crivá con sus *disciplinas*. En este sentido, Escrivá no era precisamente *deli-* *cado* ni menos aún en *extremo.* Tampoco al referirse a sus «hijas e hijos» como *monstruosos* e incluso *can-* *cerosos³⁹,* cuando no *podridos⁴⁰*. Socialmente la violencia no se manifestaba. Sólo transcurría en la interioridad de cada uno. No por ca- sualidad existía —aún hoy— la prohibición⁴¹ de compartir confidencias entre los miembros, salvo con la línea vertical de mando. Nadie debía revelar a otros la violencia que cada uno se hacía a sí mismo. De la misma manera, los pisos relucientes oculta- rían la violencia que sufrirían las numerarias auxilia- res debido a la explotación laboral y espiritual⁴². En la superficie, todo podía parecer paz y sereni- dad. Los padecimientos no se dejaban traslucir, por- que ello estaba explícitamente prohibido, *reprimido*. La delicadeza extrema terminaba siendo otra forma de represión e incluso de *anestesia,* que le quitaba — y aún hoy le quita— gravedad a los daños. Para vivir la *delicadeza extrema*, también había que hacerse violencia a sí mismo.

A diferencia de otras organizaciones, acusadas también de abusos, el Opus Dei ha venido funcionan- do desde sus orígenes como un *submarino⁴³*: sin lla- mar la atención, evitando todo tipo de escándalos y cuidando su apariencia de manera sumamente es- merada, como el aspecto de sus centros, de forma de ser intachable o al menos no dar facilidad para ser criticado. Ello no evita que haya abundantes motivos para criticarlo e incluso denunciarlo (como ha suce- dido en el ámbito penal últimamente⁴⁴), pero la clave está en no facilitar motivos para ello. Mientras otros movimientos conservadores no tienen problemas en desafiar al papa (como ordenar obispos sin su per- miso), el Opus Dei jamás haría algo así, al contrario, públicamente se pondría siempre a su servicio, aun- que en las sombras fuera a hacer lo contrario. No es que el Opus Dei sea mejor que esas otras organiza- ciones católicas sino es más astuto (“santa pillería”) y probablemente más ambicioso, como lo revela su pretendida divinidad. El Opus Dei se esmera en presentar una imagen pulcra, tanto con su estética litúrgica, su diplomacia eclesiástica y la limpieza de sus casas, que bien pue- den ser resumidas en la expresión *delicadeza ex-* *trema* (aunque el término se aplique más al trato so- cial).

Pues el objetivo del Opus Dei es a largo plazo —o mejor aún, sin plazos— de forma tal que, como ya dijo su fundador, dure “mientras haya hombres so- bre la tierra”, y para eso no se puede actuar de ma- nera frontal o descuidada, como sucede con tantos grupos acusados de abusos, cuyo horizonte vital es simplemente «no ser atrapados» (como el grosero caso del fundador Maciel). El Opus Dei, desde su fundación, ha pretendido ser —en su naturaleza— como la Iglesia, no sólo parte de su jerarquía mediante la figura de prelatura per- sonal (fallido intento, desarticulado finalmente por el papa Francisco) sino también trascendiendo los siglos y así *durar hasta la Resurrección*. Al declararse *modestamente* de origen divino, su perduración en el tiempo no podía tener otro destino que la eternidad, como la Iglesia misma. ¿Como logró Escrivá convencer a otros del auto- proclamado carácter divino de su organización? No fue una demostración teológica ni milagrosa sino a través de su capacidad de transmitir emociones que *actuaran a modo de prueba*s, como veremos más adelante. Poco se ha hecho para ponerle límites a la desme- dida ambición y autoestima institucional del Opus Dei—ni hablar de la canonización de su fundador—,

salvo a partir de Francisco, y queda por ver qué hará León XIV.

Escrivá es aún hoy un personaje complejo de inter- pretar, porque presenta muchos aspectos disociados por él mismo, que al asociarlos sorprenden y resul- tan reveladores. Por un lado, su omnipotencia atraía, debido a su vinculación con promesas de éxito y se- guridad, en esta vida y en la venidera. Pero el lado oscuro lo encontramos en la maceración de su carne y la violencia que ese deseo de omnipotencia conlle- varía, hasta niveles de autodestrucción, en muchos de sus seguidores. No es casual que la exhortación al *holocausto per-* *sonal* de quienes le estaban sometidos, ocupara un lugar relevante en su predicación, su gobierno y la dirección espiritual que ejercía sobre ellos. Si siguié- ramos de cerca toda esta dinámica destructiva, pare- cería predecible que terminara en un daño espiritual masivo.

          1. En el principio, fue la barca
  • «Me dejaré meter en la barca, me dejaré cortar,* *rajar, romper, pulir, comer! ¡Me entrego!»45* Escrivá

Otro de los momentos reveladores de Escrivá, es su meditación sobre *la barca⁴⁶*. No ya por su conte- nido dogmático ni por sus solemnes maldiciones (*fuera de la barca del Opus Dei está la muerte, dejarás* *de estar con Cristo,* etc*.*) como por el *escenario* que plantea: se trata de una barca *aislada* en medio del océano, de la cual nadie se puede *escapar*vivo y, para permanecer con vida, hay que someterse a Escrivá hasta el holocausto, hasta dejarse *romper* e incluso *comer*. ¿Qué tipo de predicador se expresa de esa manera? Hay momentos en los que Escrivá predica a favor de la *civilización* —como la práctica de la *delicadeza ex-* *trema,* la libertad, etc.— y otros en los que —como si se enajenara— predica la *barbarie* y el canibalismo espiritual, cuya apoteosis se resume en el holocausto personal en honor a la “Obra”*,* como una suerte de Moloc. De esta forma, la “Obra de Dios” termina *re-* *velándose* como la *diosa Obra.* Escrivá sabía que, con sola *civilización*, su Obra no iba a salir adelante en el breve tiempo que él

deseaba, sino que sería necesaria una dosis impor- tante de *barbarie*, de gente dispuesta emocional- mente a sentirse “dichosísima sacrificándose” 47, como lo anunciara en una de sus *Instrucciones*. En la descripción de Escrivá, citada en el epígrafe, no sólo hay un proceso de *trituración* sino un obje- tivo de *deglución*. ¿Cómo sorprenderse de la *miem-* *brofagia,* de esa tendencia a alimentarse de sus pro- pios miembros? No comiéndose su carne sino extra- yendo su utilidad —como del limón su jugo— y des- cartándolos —como las cáscaras del limón expri- mido—. No es una interpretación mía *tirada de los pelos*, son las propias palabras de Escrivá las que definen al Opus Dei de esa manera, aunque se le quiera dar un tono *poético*. «Me dejaré romper», exhortaba *entusiasmado* Es- crivá, como en un arrebato de locura. ¿Me dejaré cor- tar? ¡¿Me dejaré comer?! Hay textos de Escrivá, como el citado, en los que se hace muy dificultoso interpretarlos benignamente, buscando la puerta que permita excusarlo. Desde luego el mismo Opus Dei siempre podrá encontrar la interpretación justa que permita “contextualizar” expresiones de su fundador que se van del sano rango de frecuencia espiritual.

  • Romper*y *cortar* pueden tener como objeto directo “los defectos y pecados” de cada uno, por ejemplo, pero ya cuando dice “me dejaré comer” nos encon- tramos en un aprieto interpretativo. ¿Qué parte de- jaré comer de mí? ¿Me dejaré comer entero? ¿Por quién me dejaré comer? ¿Ser comido será una metá- fora de *mi entrega* hacia la organización? ¿Será que me dejaré *comer a besos* por la Obra? Pero para de- jarme comer, previamente me tuve que dejar *cortar* y *romper*, por lo cual no parece que los besos arre- glen la cosa, sino más bien que yo estoy siendo el fes- tín de alguien, de un sujeto tácito que no aparece en la oración de Escrivá pero que, lejos de ser un miste- rio, resulta evidente de quien se trata. Parecen preguntas caricaturescas, pero sucede que la afirmación del fundador no deja mucho espa- cio para la vaguedad. Y es importante encontrarle una explicación a esa expresión porque es en la es- pontaneidad cuando con mayor fuerza se expresa una verdad oculta o que se reprime. Y en este caso Escrivá pareciera haber expresado algo que no de- bería haber dicho, que hace a su psicología. No pa- rece haber justificación posible para dicha exhorta- ción. Recordemos que su candidatura a obispo en 1950 fue rechazada por diversas razones, entre ellas «aspectos psicológicos poco claros» de su persona- lidad.

Difícilmente todo ese epígrafe pueda evitar la cali- ficación de una exhortación a la violencia hacia sí mismo. De hecho, así terminaron muchos en el Opus Dei: *rotos*. Pero ello también explica cómo la violencia hacia uno mismo era *invisibilizada* por el “entusiasmo emocional” que la tapaba —como una ropa elegante que cubriera el cilicio que se llevaba en la pierna—, promovido por la predicación de Escrivá para que cada una y cada uno se dejara *romper* y *cortar.* Paradójicamente, se podía sentir “felicidad” al mis- mo tiempo que uno se estaba haciendo violencia e incluso poniendo en juego su futuro o, directamente, dilapidándolo. Ese “estado emocional” era el que impedía tomar conciencia y revertir la situación —basado en la *su-* *puesta* promesa de que la “familia sobrenatural” se- ría nuestro resguardo y nunca nos abandonaría—, estado que tendía a inhibir el instinto de conserva- ción, pues recordemos que el ideal justamente era el holocausto personal, por lo cual, el objetivo era no conservar ni reservarse nada para sí mismo sino sa- crificarlo todo. Como dice Escrivá en la meditación de *la barca*, había que «saber destruirse» 49 y había que hacerlo con entusiasmo, si quedarse con nada.

Hay en la predicación de Escrivá una clara *glorifi-* *cación* de la violencia hacia uno mismo, siendo la destrucción por medio del holocausto personal su éxtasis (aunque a primera vista parecía una invita- ción a participar de una *aventura* humana y a la vez ser objeto de una *elección* divina inmerecida). Esto es muy importante, porque implica que el *ob-* *jetivo emocional*de la predicación de Escrivá —espe- cialmente en el caso de numerarios y agregados— tenía como fin *la autodestrucción de sus oyentes en* *beneficio de su obra*. Por eso la vocación al Opus Dei podía ser, en un primer momento, una ocasión de júbilo y más tarde de desdicha y destrucción: una Cruz sin Resurrec- ción. Los efectos del dañarse a sí mismos no serían per- cibidos en ese momento de *ceguera emocional*, sino mucho después, tal vez luego de transcurrir años. Si la destrucción no llegaba a completarse, era gra- cias a que el instinto de conservación en algún mo- mento volvía a ponerse en marcha y se iniciaba el ca- mino hacia la salida. Pero el daño ya estaba hecho.

Probablemente lo más grave es que, predicando de esa manera, Escrivá daba *licencia* a sus directores para gobernar conforme a ese modelo de *violencia*

  • espiritual* (y la sigue dando, lo *fundacional* es perma- nente). Para que ellos la ejercieran, uno mismo debía pri- mero deponer toda resistencia a ser violentada la propia conciencia, *en razón de la entrega total*. Por tanto, la mayor violencia hacia uno mismo no era tanto lo que uno *hiciera* como lo que *dejara ha-* *cerse*. La entrega total se convertía, entonces, en *alie-* *nación total*. «Esta entrega (…) olvidándonos de nuestros derechos, nos hace ceder en todo lo que sea nuestro» 50 «…todos estamos metidos en una misma red, y la red dentro de la barca, que es el Opus Dei» No sólo *dentro* de la barca, de la cual no es posible huir, sino *además* atrapados en una *red* barredera, por lo tanto, todos amontonados, como peces recién pescados, que han de permanecer allí para siempre (Escrivá describe un *estado*, no un *momento*). Lejos de ser una barca de salvación, parece un *fri-* *gorífico* flotante, porque en esa misma meditación Escrivá hablará a continuación de *dejarse* romper y comer, y se lo dice a los *peces* atrapados en la red*.* El concepto de “entrega a Dios”, que predica Es- crivá, no tiene que ver con Dios sino con la actitud que se debe adquirir ante los directores, que se puede sintetizar en “*hagan conmigo lo que quieran*”, cuyo corolario es “*¡me entrego!*”, como quien se lanza

al *vacío* —habiendo desactivado toda resistencia in- terior, toda *desinhibición moral*—, luego de recitar un rosario de ideas masoquistas: *me dejaré cortar,* *romper, rajar, comer*. *Me entrego* es aquí equivalente a decir a *me tiro*. La única puerta de escape que puede utilizar el Opus Dei para defender esta “teología” es interpre- tarla como una *teología de alto vuelo*, como la que predicaba Jesús y escandalizaba a su auditorio —ha- blando de comer su cuerpo y beber su sangre—. Pero el problema de esta argumentación es que, de- trás de esa puerta, se amontonan los daños.

La *parábola de la barca* resume sintéticamente no sólo la doctrina *teológica* del Opus Dei sino especial- mente la experiencia angustiosa que se vive adentro. Por cierto, ello no ocurre de un día para el otro. Al inicio, la barca está en el puerto o cerca de la orilla. Con el tiempo se va alejando, hasta quedar en medio de la nada y es ahí donde parece no haber vuelta atrás, donde —usando otra de sus metáforas— una vez *quemadas las naves*, no hay retorno posible. Se comienza entregando todo a cambio de un lugar en la barca (es la condición para el viaje que promete como destino el *paraíso*, y exige quedarse como

Adán y Eva, sin nada, confiando totalmente en la *pro-* *videncia* del dueño de la embarcación). Se pierde hasta la capacidad de ahorro y uno queda a merced de los superiores. Pero con el paso del tiempo, a cam- bio de esa entrega total, ya no te aseguran el cielo ni el *suelo* donde pisas —no es suficiente lo que has dado— sino a cambio exigen *resultados* —la organi- zación que comanda la barca mide todo por un solo parámetro: eficacia— y te van dando a entender que terminarás *ahogado entre las olas del mar* si no los obtienes. ¿Cuán angustiosa sería entonces tu vida sa- biendo que en algún momento —aunque te han di- cho que *eso no está permitido*— comenzarás a decir «no puedo», no puedo más? (O al menos tu cuerpo empezará a decirlo, si no lo puedes verbalizar, y en- tonces te mandarán al psiquiatra). No puedes irte por tu cuenta, no puedes escaparte, pues no has aho- rrado nada y la *barca* te ha ido alejando lentamente del puerto del que partiste y te encuentras en medio del *océano.* Y sabes que, aunque te quedes, es solo cuestión de tiempo para que te echen en cuanto de- jes de ser *eficaz*. Descubres entonces que la medita- ción de *la barca* de Escrivá no era una *metáfora teo-* *lógica* sino una amenaza encubierta que se ha vuelto realidad: afuera la *muerte* (el miedo a morir abando- nado) y adentro el sometimiento humillante, que además, lo tienes que negar con *delicadeza extrema*.

Y lo peor de todo, es que sabes que tienes los días contados… no hay escapatoria...

      1. Felicidad de ficción

Desde luego hay gente que es *feliz* dentro de la barca. Incluso yo mismo podría decir que, por un tiempo, me*sentí* feliz dentro de la barca, pero ello fue posible mientras duró la ficción. Como en una obra de teatro, la clave es no prender las luces —para que no se pierda la magia del mo- mento— y no abandonar la butaca, no moverse, mantener la mirada fija en la pantalla. La felicidad está basada en la prolongación de esa ficción y en luchar contra toda *luz* que pueda entrar en la oscura sala y contra todas las *voces* puedan in- terrumpir el silencio necesario para sólo escuchar las voces de los protagonistas: Escrivá y sus directo- res. Igual que en un cine, igual que en un teatro: esa es la felicidad del Opus Dei, ficticia. Y quienes están en la sala no quiere oír hablar de la *realidad exterior*: tal vez ingresaron al Opus Dei para *huir* de esa realidad. Por lo tanto, no quieren ser molestados ni que su co- nexión emocional con el Opus Dei se vea interrum- pida, como quien está viendo un film o transita un momento de placer que desea nunca acabe.

Y suceden cosas muy semejantes: el silencio de la sala se asemeja a la *delicadeza extrema* que se exige practicar; hay quienes están plácidamente sentados y el acomodador-director les dice: se tiene que reti- rar usted y dejar el asiento a otro. ¿Pero yo que hice de malo? Lo siento, tiene que abandonar el cine. A todos se les exige traer 4 a 5 personas para llenar la sala (para llenar las meditaciones, los círculos, los retiros, etc.). Hay quienes abandonan la sala porque no soportan más lo que están viendo, la película que les hacen ver, y se les ordena retirarse en silencio, sin que los demás lo noten, ya que la sala es oscura y “no debe volar ni una mosca”. De este modo, los de- más no se enteran de cómo la sala se va vaciando ni cuántos van quedando. Está permitido aplaudir y reírse, pero no comentar la película entre sí, sólo con el acomodador-director, que es quien sabe qué *lugar* nos corresponde y de qué va el argumento. En defi- nitiva, la ficción del Opus Dei no es muy diferente a lo que sucede en una sala de cine, aunque bastante particular, por cierto. El asunto no es explicar cómo hay gente que no es feliz en la barca, sino al contrario, cómo se puede ser feliz cuando las opciones son: la muerte afuera o el sometimiento adentro. La barca en sí misma es una especie de teatro: afuera está la *realidad* que mata la ficción del Opus

Dei y para permanecer adentro del Opus Dei hay que someterse, hacer un absoluto silencio, para que sólo las voces de la pantalla sean las protagonistas.

    1. Dispositivos discursivos

Más interesante que definir al Opus Dei, es *expli-* *carlo*. Porque la definición es estática —poco nos dice— pero la explicación es dinámica, nos devela el sentido, hacia dónde se dirige. Lo que nos importa aquí es ver qué mecanismo im- plementó Escrivá para él evitar el *manicomio* y ter- minar *enloqueciendo* a otros: de qué manera pudo superar la impotencia de su «no puedo» a través de someter a otros al holocausto personal, llevándolos hasta el límite del «no puedo más». El asunto aquí es descubrir de qué forma Escrivá llevó a cabo *la barca* en términos prácticos. Porque claramente nunca existió ni una embarcación ni un océano reales como para alejar del puerto a sus pa- sajeros y someterlos en alta mar. Sin embargo, Escrivá puso en marcha algo bas- tante parecido a una barca aislada en medio de un océano, de la cual no era posible escaparse —hoy pa- rece más fácil— sin acabar en medio de las aguas: creó su propia organización religiosa, en apariencia *católica,* pero en los hechos *aislada* de todo control

  • interno* por parte de la Iglesia (de ahí la disociación entre sus vacilantes formas jurídicas y su estable funcionamiento interno real) y creó una vocación re- ligiosa sumamente atractiva (*la perla preciosa*) que con el paso del tiempo se volvería una carga insopor- table y finalmente una deuda imposible de pagar, ge- nerando un encadenamiento muy difícil de romper, al menos en apariencia. El resultado sería muy seme- jante a la metáfora de la barca. Aunque, tal vez, de- biéramos llamarla *la banca* del Opus Dei, cuyo obje- tivo sería *endeudar moralmente* a sus miembros y de esa forma someterlos. No sería otro el sentido de una vocación no solicitada e impuesta a la fuerza o me- diante seductor engaño (como la falsa vocación lai- cal prometida). Los *dispositivos* son los elementos esenciales que ponen en funcionamiento el Opus Dei y tienen un co- mún denominador: su *alta carga emocional*para mo- vilizar. Gráficamente podríamos resumirlos así:
  • 1. Dispositivos Discursivos*
    1. La perspectiva emocional

La vida *vivida* no puede ser reemplazada por me- dio de libros y estructuras. Pero debido a que el ser humano no tiene la capacidad de evitar la muerte ni resucitar por sí mismo, la trasciende de manera fic- ticia mediante la producción de sus propios *fósiles* culturales, que les permiten a los descendientes, en cierta manera, reconstruir la vida vivida por sus an- cestros y reproducirla hacia adelante. Ese es el sen- tido de los libros y las instituciones: dejar nuestros rastros para cuando ya no estemos y puedan ser de- vueltos a la vida, como una especie de *resurrección* *virtual* o prolongación de la misma vida. Pero los fósiles no siempre permiten reconstruir la vida pasada, necesaria para entender de dónde viene la vida presente. El Opus Dei y Escrivá mismo no se explican sólo por sus escritos doctrinales y sus regla- mentos o sus historias, si de ellas sólo se extrae su contenido racional e intelectual. Hay un elemento esencial, muy difícil de recons- truir pero necesario, para comprender el efecto del Opus Dei en nuestras vidas y es el aspecto emocional de toda persona mientras está viva (aunque sean de gran utilidad en muchos aspectos, la reproductibili- dad técnica de la vida mediante *videos* no puede

  • darle vida* a un cuerpo ausente, salvo de manera *fic-* *cional*). En el caso de Escrivá, estudiar su perfil emocional es crucial para entender la creación y éxito de su or- ganización. Difícil tarea, no estando él ya presente. Pero es posible lograr una cierta reconstrucción, aunque no sea plenamente satisfactoria. Si hay un elemento esencial por el cual el Opus Dei tuvo éxito —junto al contexto psicológico de posgue- rra y del franquismo— fue el aspecto emocional de Escrivá. En concreto, su capacidad de mover a otros *emocionalmente* —incluso de *desequilibrarlos,* para que dieran el vertiginoso paso de entregar comple- tamente sus vidas y ponerlas a disposición de su vo- luntad— planteando la vocación como una *aventura* de conquista del mundo. Eso no es algo que se apren- da en el seminario. Técnicamente, la pericia de Escrivá podía dejar mucho que desear. Jurídicamente su obra sigue te- niendo inconsistencias —cambiando tantas veces de figura jurídica, ¡aún hoy sin tener una definitiva!— como todavía las tiene el carácter laical de la voca- ción, por él propuesta —al incorporar *demasiados* elementos de la vida conventual—, lo que llevaría a concretar un *fraude vocacional*, al menos por la vía de los hechos. Pero nada de eso importaría para

triunfar en el mundo de las emociones, que era donde Escrivá se movía como pez en el agua. En este sentido, bien se puede decir que Escrivá era un sacerdote que destacaba por sobre el resto y eso le dio una ventaja enorme a la hora de fundar su organización y de mover a otro a *cometer locuras.* Es muy probable que esto generara envidias en el am- biente clerical. Los grandes lideres siempre han sido emocional- mente desequilibrantes —pensemos en los del siglo XX— y es lo que les ha permitido imponerse y, en muchos casos, hacer calamidades, porque siempre son un terremoto para la psiquis colectiva, arrastran hacia la victoria o hacia el abismo. Sé que sus películas de tertulias, en muchos casos, no mueven a nadie, pero precisamente por eso no sirven como prueba de la *vida vivida*, de lo que era estar al lado de él y ser motivado por él. Basta leer el libro de Carmen Tapia, mucho mejor que cualquier película de Escrivá, para darse cuenta de ello. No es de extrañar que la verdadera crisis haya em- pezado con el segundo sucesor: no era precisamente un líder y emocionalmente causaba el efecto contra- rio de lo que el Opus Dei hubiera necesitado. En el caso de Del Portillo, tenía a su favor haber sido la sombra de Escrivá y mostrar firmeza, aunque no tu- viera la misma capacidad de liderar de Escrivá

(menos emocional, aunque probablemente más inte- lectual). Si surgiera un nuevo liderazgo capaz de emocio- nar, como el que tuvo Escrivá en su momento, el Opus Dei podría resurgir. Es por eso que las refor- mas deberían hacerse ahora mismo, de lo contrario sería tarde. La oportunidad que actualmente tiene el papa León XIV, gracias a su predecesor el papa Fran- cisco, es única. Pensar que el Opus Dei ya está *muerto*, es no conocer el mundo de las emociones y de sus líderes.

Los *fósiles* culturales de Escrivá —en particular, lo que dejó escrito— y el modo en que fueron *revividos* por sus sucesores, nos permiten comprobar que Es- crivá actuaba y predicaba *emocionalmente* como quien hubiera recibido una revelación de Dios —sus sucesores también *revivían* así el fósil— y eso resul- taba extremadamente convincente, esa conducta se convertiría en «la prueba de lo que no se ve» 51 y arrastraría a muchos a creerle, incluso varios años después de haber fallecido, porque esa convicción que comunicaba el fundador se transmitiría *emocio-* *nalmente* de unos a otros, hasta llegar a persuadir firmemente a sus seguidores de que su muerte no provocaría ninguna crisis institucional, como así

sucedió en 1975 (cfr. nota 13), al modo de una pro- fecía autocumplida. Pero así como la fe tiene consecuencias o manifes- taciones emocionales, y en muchos casos la ausencia de emociones habla de una fe *intelectualizada* o pro- ducto de una elaboración puramente racional, sin que realmente se *crea* (*fe* sin *creer*), es posible *fingir* la fe mediante emociones, de forma tal de *movilizar* *a otros* a tener fe en lo que uno mismo no cree (en eso consiste la manipulación). En esos casos, el ma- nipulador confía plenamente en su propia capacidad de emocionar a otros, más que en el objeto de la emoción (la *fe en la sobrenaturalidad del Opus Dei*, en este caso). Resulta muy difícil discernir entre un caso y otro, entre el auténtico predicador y el *mercenario* — como lo llama el Evangelio⁵²—, porque usualmente las emociones son muy convincentes, se convierten en la *prueba* misma de autenticidad. La contra- prueba recién surge con el posterior *daño* que una predicación o una supuesta revelación causa a otros y termina de esta forma siendo desmentida. El hecho de que *históricamente* hayan sido los di- rectores quienes discernieran por el candidato tiene que ver con esto mismo: convencer *emocionalmente* al candidato de su vocación al Opus Dei. Eso es lo que hacía Escrivá al predicar —convenciéndonos de que

la vocación era algo aceptado libremente por noso- tros y no impuesto⁵³— y así lo enseño a los suyos, hasta institucionalizarse como conducta. Desde la época fundacional, la vocación no ha sido algo que el candidato *viera* o discerniera por su cuenta, sino algo que los directores *le contaban* y le *transmitían* a través de sus propias emociones. El logro de Escrivá fue *atraer emocionalmente* de manera estable —mediante un vínculo que él califi- caba “más fuerte que la sangre”—, no algo que du- rara un tiempo breve. La religión no solía atraer emocionalmente por ser considerada un *deber a* *cumplir*, una carga, no una aventura ni una inversión, ni nada asociado al éxito, menos en esta vida. Me- diante su organización, Escrivá logró darle a la reli- gión sentido y propósito (lo contrario a *dispersión* y falta de *objetivos*), como si de una misión extraordi- naria se tratara (de ahí que se hable oficialmente de una *intervención de Dios en la Historia⁵⁴*, por ejemplo y luego de heroísmo y sacrificio, todos elementos emparentados con el mundo de las emociones, que son las encargadas de *transportar*e impulsar sentido y propósito de las acciones). Escrivá le dio una carga emocional que no estaba *disponible* en otras organi- zaciones —por ejemplo, el origen *divino*del Opus Dei y su rol de *enviado* como fundador— o en la práctica cotidiana de la religión, más parecida a una tarea

burocrática. Sus *Instrucciones* rebozan de ese mundo emocional, pero también de su inestabilidad inte- rior, que le llevaría a reelaborar varias veces sus es- critos o destruirlos⁵⁵, debido a su propia inseguri- dad, lo cual indicaría el origen humano —y no di- vino— de su obra. Este elemento emocional haría que el efecto coac- tivo de *la barca* no se sintiera tan intensamente, al menos durante los primeros años de vocación, que coincidirían con los de inmadurez afectiva y emocio- nal. La *violencia* hacia uno mismo estaba compen- sada con las *emociones* que se inyectaban por la vía discursiva y hacían creer que la violencia contra uno mismo —si es que se lograba percibir— valía la pe- na. La misma predicación de Escrivá tenía un compo- nente emocional esencial, que unificaba y alimen- taba los sentimientos hacia un único fin, que era em- pujar hacia adelante el Opus Dei entre todos. Este elemento emocional retrasaría la salida de mucha gente y la haría más traumática aún. Lo jurídico sólo le podía interesar a los estudiosos; emocionalmente no tenía relevancia para que el Opus Dei funcionara, sólo para tener un *carnet de* *identidad* dentro de la Iglesia y para defenderse frente a diversos ataques contra su identidad o dere- chos.

Dentro de este componente emocional de Escrivá, estaba su fijación con los resultados palpables (cfr. nota 79). Es sumamente notable que las parábolas del Evangelio las interpretara en términos de *resul-* *tados* (la de los talentos, de la higuera estéril, la vid y los sarmientos, etc. 56 ) y de obediencia (para ser *efi-* *caces*), porque su horizonte emocional estaba puesto en ver crecer a su institución en vida, porque ya di- funto no lo disfrutaría⁵⁷. En lugar de abrir horizontes espirituales que enriquecieran, la predicación de Es- crivá se terminaba cerrando en reforzar los concep- tos básicos de funcionamiento corporativo: la obe- diencia y sinceridad en relación a los directores, la pobreza en relación al Opus Dei, el proselitismo, la filiación al Padre, etc., reduciendo y empobreciendo el sentido de los textos sagrados a un fin endogá- mico: someter la dirección espiritual a los fines de gobierno. En Escrivá no solo se canonizó a una persona, sino también una *espiritualidad resultadista*, que todo lo mide en números y en éxitos contables⁵⁸. Por eso creció tan rápido. Si bien él le atribuía el éxito al ori- gen *sobrenatural* de su organización, el rápido creci- miento parece más adjudicable al utilitarismo, selec- cionando personas hábiles en conseguir prosélitos, contactos y medios económicos y descartar —*sin* *costo* alguno— aquellas que no lo fueran, como

quien se deshace de algo inútil, sin da cuenta a nadie, o como el buscador de oro que desecha las piedras sin valor. El descarte de los débiles mentales, por parte del *Catecismo*, no es una casualidad sino que responde a ese impulso emocional de Escrivá hacia la eficacia. El factor emocional fue clave en los primeros años y luego durante su desarrollo hasta la crisis y declive que comenzó alrededor del año 2000. La vocación se *contagiaba*, además de imponerse por diversos modos de coacción o engaño, porque, como si fuera un *scrum* e incluso un *maul* de rugby —pensemos en la *unidad de la Obra* llamada *pasión* *dominante⁵⁹,* como anzuelo emocional, y en ese ser un *monolito⁶⁰*— se iban sumando individuos a me- dida que esa pequeña masa de gente iba de camino hacia su crecimiento institucional. El Opus Dei se desarrollaba como un fenómeno *emocionalmente* exitoso, en la forma en que iba sumando gente a su institución y eso contagiaba, aunque en este caso se trataba de un experimento de laboratorio bien con- trolado, donde a esa masa ingresaba gente *seleccio-* *nada desde arriba*, y no por iniciativa de cada uno *desde abajo*. «Perder el buen humor es una cosa grave» 61, afir- maba Escrivá, haciendo un juego con las palabras, y ciertamente lo decía en serio, porque las emociones

jugaban un rol esencial en el éxito de su organiza- ción. El humor «hasta el momento de la muerte» 62 contribuiría enormemente a disfrazar la violencia subterránea y junto con la *delicadeza extrema* y la prohibición de tener *confidencias⁶³* entre miembros, harían más dificultoso tomar conciencia de los pro- pios padecimientos de origen institucional. Si en los demás uno solamente veía —como en un *espejo*, que es la forma de verse a sí mismo—sus son- risas y no sus sufrimientos —ocultos debido a la *prohibición* de manifestarlos socialmente o compar- tirlos con otros— era fácil pensar que “todos allí eran felices” y uno también *debía serlo*, o en todo caso, aceptar que era el equivocado: «En la Obra, si alguno tiene disgusto o vive con tris- teza, es por culpa suya» 64 A su vez, quien disentía, era tratado como un loco por el *psiquiatra* del *manicomio*: «Cuando uno no se ha dado por completo, a la pri- mera dificultad la inteligencia se enreda, y cuesta com- prender lo que entiende una criatura de diez años, y viene el pensamiento de que no se nos entiende. Hijo, habla, y verás cómo sí te comprenden. ¿No será que a ti, por las circunstancias de un momento, porque tu soberbia quiere saltarse una limitación, no te interesa que se te entienda?» 65

Lo “real” *debía* ser la alegría, mientras que los pa- decimientos eran considerados, el *99%* de las veces, “un invento” de nuestra concupiscencia: «El noventa y nueve por ciento de los conflictos que nos planteamos nos los inventamos: son bolas que hacemos crecer, son razonadas sinrazones, son un engaño para ocultar nuestra concupiscencia.» 66 Y cuando se ponía un poco más temperamental, di- rectamente sentenciaba que no teníamos razón en nada: «Cuando -en contra de lo que os dice quien tiene gra- cia especial de Dios para aconsejaros- penséis que te- néis razón, sabed que no tenéis razón ninguna» 67

Las emociones atraen y movilizan, mueven a ac- tuar y sobre todo *a entregarse*. Escrivá no era amigo de los sentimientos⁶⁸ pero sí de las emociones. Aun- que no lo dijera, eran protagonistas de sus *medita-* *ciones*, *cartas* e *Instrucciones*. No por casualidad Escrivá asociaba los sentimien- tos con los sentidos y la sensualidad, para anular todo ellos. En cambio, las emociones no. Aunque ha- blaba de *poner la cabeza* por encima de los senti- mientos, en realidad estaba utilizando un lenguaje emocional, no intelectual ni técnico, que llevaría a *poner las emociones por encima de la cabeza*.

La racionalidad de su predicación estaba sometida a la emocionalidad: si analizamos el discurso de la barca, no tienen nada de racional sino todo allí es emocional. Hay una etapa de *intoxicación* emocional —donde todo es “felicidad”, y cada una y cada uno es *sembra-* *dores de paz y alegría⁶⁹*—, que es la etapa del *engan-* *che,* a nivel de emociones, con el Opus Dei, y más tarde una etapa de desintoxicación emocional, con la salida. La persona que no pasa por esta última etapa probablemente siga intoxicada, siga *adentro* aunque esté afuera. El enganche emocional con Escrivá —“El Padre”— y su Opus Dei —“nuestra Madre”— es lo que más tarde hace larga y traumática la salida, siendo necesaria la terapia, en muchos casos. Las emociones que *inyecta* el Opus Dei a través de esas dos *figuras,* son las que llevan a cometer “locuras”, como es entregarlo todo al Opus Dei y sin pensar en sus consecuencias. Es el orden invertido, donde Isaac organiza su propio holocausto y se sacrifica por Abrahán. No es casual la obsesión de Escrivá por la figura del holocausto personal, de sus *hijas e hijos*, pero no de él. El Opus Dei es el resultado del sacrificio *del otro*. Esto es interesante, porque mientras pensábamos que éramos parte del *nosotros*, más tarde muchos

nos dimos cuenta de que —dentro de la misma ins- titución— éramos *el otro a ser sacrificado y comido.* Escrivá llamaba a su organización “el manicomio” y al mismo tiempo decía que había logrado evitarlo. Si hubiéramos dicho “no puedo”, habríamos evitado muchas locuras y el *manicomio* también. Más allá de todo análisis metafórico que se quiera hacer para de- fender su posición, el problema es lo que sucedió en los hechos: emocionalmente Escrivá era una per- sona peligrosa, que podía conducir a otros a cometer locuras, como la del holocausto personal en benefi- cio de su organización. Valdría preguntase, ¿a la Igle- sia la llevó a cometer la locura de canonizarlo? El combustible emocional que Escrivá le inyectó a su organización fue esencial para crecer, pero una vez consolidado su lugar dentro de la Iglesia —espe- cialmente con la Prelatura—, más importante fue su capacidad de hacer política eclesiástica, para defen- der y extender su dominio logrado dentro de la misma Iglesia, razón por la cual la intervención de Francisco fue un duro golpe, pero no necesaria- mente mortal.

  1. SEGUNDA PARTE Origen de la Deuda⁷⁰
    1. El negocio de la vocación
  • «¡Otro loco para nuestro manicomio!»71* Escrivá
  • «Por avaricia harán tráfico de vosotros»* 2 Pedro, 2,3

La vocación al Opus Dei es presentada en los textos oficiales, no sólo como una *llamada*, sino también como una *inversión*. Esto nos recuerda a las parábo- las de la *perla preciosa* y del *tesoro escondido*, que se narran en los Evangelios. Pero en el caso de Escrivá, se trata de alguien que busca *venderla* más que obte- nerla. En lugar de adquirir un *bien*, con la vocación al Opus Dei se adquiere una *deuda*. Esto es lo clave.

Y también lo será la mentalidad *mercantil* con la que Escrivá va a interpretar la religión, como si de un emprendimiento comercial se tratara, siendo el proselitismo un objetivo central de su departamento de ventas.

      1. Dios como Garante

Escrivá comienza diciendo que la empresa que piensa poner en marcha tiene un valor inicial incal- culable, porque está respaldada nada menos que por Dios mismo. «comenzó cumpliéndose en ella a la letra cuanto se necesita para que se la pueda llamar sin jactancia la Obra de Dios» (Instrucción acerca del espíritu sobre- natural de la Obra de Dios, n. 1, la cursiva es del ori- ginal). Es decir, el Opus Dei será desde el minuto cero una empresa *sobrenatural* que jamás podrá fundirse — se mantendrá siempre en pie— y que al mismo tiempo tendrá todos los recursos para ser exitosa y ofrecer una renta fabulosa asegurada. «El Señor nos ha colmado de bienes: nos ha bende- cido con una vocación, que rinde el ciento por uno en la tierra, y la seguridad del Cielo si somos fieles» 72 Fijémonos en la terminología que se usa: la voca- ción *rinde,* como si de una inversión financiera se tratara. Tenemos entonces un Garante y una

inversión asegurada, con una ganancia extraordina- ria. Imposible que algo salga mal.

      1. La perla preciosa de la vocación

Se requiere de un talento especial para crear — como sucede con los grandes pintores— o de un ta- lento especial para *falsificar*. Resulta muy difícil dis- tinguir entre el original y la copia y por eso las falsi- ficaciones cotizan tanto como el original. El del falsi- ficador no puede ser un trabajo hecho de manera grosera sino cuidado hasta en los detalles estéticos más irrelevantes. Su meta es la perfección de su fal- sificación. Escrivá supo hacer de *la llamada* a formar parte de su institución un objeto atractivo y en cierta manera *novedoso.* Se trataba de una *selección* para «ser la le- vadura que hará fermentar la gran masa de la huma- nidad», aunque decía que «no somos selectos» 73. Pero, en otro momento, daba a entender lo contra- rio: «no nos llenemos de orgullo o de arrogancia, aunque el contraste con otras pobres gentes sea tan evidente» 74. En ese mar revuelto de conceptos, ter- minaba imponiéndose la idea de que la llamada al Opus Dei significaba ser objeto de una elección tras- cendental, de una predilección por parte de Dios, re- quisito esencial para que luego a uno le exigieran la

entrega de *todo*. La contraparte de la elección, era el sacrificio total, al cual se asociaba el heroísmo y la radicalidad evangélica. Esa vocación *ganadora*, con *Cielo asegurado* (se- gún prometía Escrivá, si se cumplían las “normas de piedad”), era “confirmada” por las condiciones ma- teriales de vida, como el vivir en los mejores barrios de la ciudad y tener un buen estándar de vida, tanto en el comer, como en el vestirse y en la limpieza. La razón o la excusa que se evocaba para ello, era la su- puesta *secularidad* de la vocación, para diferenciarse de todo lo que pudiera relacionarse con la vida pro- pia de religiosos, asociada con la *pobreza*, la falta de *limpieza* y en cierta manera el *fracaso* en cristianizar el mundo, por vivir los religiosos apartados del mundo. Se podía ser pobre *sin ser pobre*, se podía mantener «una actitud marcial del cuerpo, siendo bien humildes» y aspirar a ser profesionalmente los mejores en razón de la vocación divina recibida, ocu- pando los más altos puestos, de ser posible.

    • El Opus Dei como financista de la perla preciosa**
  • «Esta es la consigna que os doy, la que hemos* *recibido de Dios: no cobrar, sirviendo a la Iglesia;* *pagar, pagar, pagar* *aun dando toda nuestra vida»* Escrivá, Carta Res Omnes, n. 26

Podríamos decir que el modelo de negocio de Es- crivá es el *franchising* de la *perla preciosa* del Evan- gelio: usando la «marca *Dios*», el Opus Dei *vende* un «producto divino garantizado». La vocación se *concede* en cuanto los directores dan el visto bueno —ejerciendo *ellos* el discerni- miento—, pero no se *adquiere* gratuitamente, ni en un solo pago. Como su valor es extraordinario, nece- sita de *financiamiento⁷⁵*. Es ahí cuando el Opus Dei entra a jugar su rol como *financiador* de la salvación eterna. El Opus Dei *vende* la vocación (seducción proseli- tista) y al instante (cuando uno ya está adentro y «no hay vuelta atrás») se transforma en el financista que *determina cómo pagarla*: la financiación consiste en *el proceso ir entregando la propia vida en cuotas* hasta darla toda al Opus Dei *en pago por la vocación* *divina*.

«Nunca podremos excedernos en la entrega: pobre moneda es la nuestra para pagar al Señor lo que en justicia le debemos. Esta consideración nos llevará a apartar de nosotros cualquier falsa compasión que podamos sentir por nosotros mismos cuando el cum- plimiento de nuestras obligaciones exija algún sacrifi- cio» 76 Esta cita resume el *itinerario* de la vocación al Opus Dei: de una *llamada* a una *deuda* impagable, por la que nunca podremos excedernos a la hora de pagarla con *nuestra pobre moneda*, y debido a la cual no debemos tenernos *compasión* en el momento de sacrificarnos, es decir de hacernos *violencia* —como Escrivá con sus disciplinas— con tal de *poder pa-* *garla*. Y sabemos que no se trata de «algún sacrifi- cio» sino que la medida es el holocausto personal. Con la *perla preciosa* uno no se endeuda con Dios, sino con el Opus Dei: esta es la gran diferencia.

          1. Crear deudores vitalicios
  • «…se evita incluso la apariencia del menor tipo de* *ahorro: el completo desprendimiento efectivo pro-* *pio de los Numerarios y Agregados —no ahorra-* *mos nada para nosotros mismos…»* "Experiencias de las labores apostólicas", Roma, 2003, page 33
  • «desde nuestra situación de deudores que no tie-* *nen con qué pagar (cfr. Matth. XVIII, 25), nuestros* *dones se asemejarían a los de la Antigua Ley, que* *Dios ya no acepta»77* “Meditaciones”, I, pág. 331
  • «somos como el siervo deudor de la parábola que* *no tenía con qué pagar. Insaldable es la deuda:* *todo lo que podamos hacer, aunque pueda parecer* *mucho, siempre es poco»* “Meditaciones”, I, pág. 43478

El Opus Dei funciona como un *prestamista* que, a través de «la vocación», *endeuda* gente, la *embarca* en la vocación. A diferencia del *administrador infiel* del Evangelio, que perdona deudas a cambio de fa- vores, en este caso sucede justamente lo opuesto. La «perla preciosa» creada por Escrivá, es vendida o *colocada* por diversos medios, pero una vez acep- tada, «se torna irrevocable e impagable». El prose-

litismo formará parte del *plan de pagos* de la deuda adquirida⁷⁹. Pensemos que la doctrina del *mal pastor* (no con- sultar con *expertos externos*) y la doctrina de la en- trega total (la renuncia a los propios derechos) im- piden cualquier *devolución* de la «perla preciosa» o acción en contra de su adquisición (renunciando in- cluso «al propio juicio»), lo cual acentúa el carácter *deudor* del que la adquiere. Todas estas doctrinas tienen un fin bien preciso: asegurar el *carácter irre-* *versible de la deuda contraída con la vocación*. Por otra parte, el costo de la *financiación* de la vo- cación es progresivo, aumenta indefinidamente a medida que pasa el tiempo, porque la vocación *se* *concede* a cambio de *la entrega de todo,* y ese «todo» dura lo que una vida. Con el tiempo, cuando surgen dificultades para *pa-* *gar las obligaciones* exigidas por la vocación («pro- blemas de entrega»), aparece el mecanismo de *la ex-* *torsión moral*: habrá consecuencias terribles para quien deje de *pagar la deuda*, de entregarlo todo, y pretenda *renunciar* a la «perla preciosa». Ante los primeros indicios del «no puedo», «no puedo más», aparecen las presiones y el gesto amable cede su lu- gar a la coacción intransigente, incluso mediante psi- cofármacos de ser necesario, por no mencionar el

recurso al electroshock⁸⁰. Otros *no pueden* soportar *la barca* y se arrojan por la borda, poniendo así fin a su vida⁸¹. *Has de poder*, de lo contrario te espera algo seme- jante al manicomio o peor: una vida desgraciada y después la condenación eterna. Es entonces cuando la predicación de Escrivá se torna siniestra: la *barca*, el *rejalgar*, el recuerdo de *Judas*, etc., dejan de ser teorías y se convierten en instrumentos de amena- zas y extorsiones, en el momento en que uno se en- cuentra sin ahorros y con una posibilidad muy real de quedar en la calle. La dirección espiritual está sometida al gobierno por un objetivo concreto. El *gobierno de las concien-* *cias* no tiene otro fin que el propio del *cobrador de* *deuda*. Mientras la dirección espiritual *estimula a re-* *conocerse deudor* y a pagar la deuda, el gobierno se encarga de *efectivizar su pago*. Son la zanahoria y el garrote, respectivamente. Parte del *engaño vocacional* consiste en *convertir* *a uno en deudor sin saberlo* —igual que sucede con el voto sagrado⁸² que se hace con la fidelidad *sin sa-* *berlo*—*,* sin tomar conciencia de lo que está suce- diendo o —ya afuera de la institución— lo que ha su- cedido. Otra parte del engaño es el carácter conven- tual de una vocación supuestamente laical. Pero ese

carácter conventual es el que permite *extremar la* *presión* sobre la exigencia, hasta lograr de cada uno un *forzarse*y *violentarse* que permita reprimir el «no puedo más», para seguir “pagando la deuda con- traída” con la vocación. La vocación crea la *deuda* y la vida conventual —con exigencias impropias de una persona laica— fuerza a *pagarla* (aparato coac- tivo). A lo mismo apuntan la *radicalidad⁸³* de la lla- mada y el heroísmo, invocando el carácter militar de la vocación⁸⁴. Recordemos que se trata de hacer *encajar* una vo- cación propia de religiosos en quienes no la tienen y a quienes se les prometió lo contrario y se les hizo prometer que jamás aceptarían ser religiosos (coar- tada segura para jamás sospechar de un posible fraude vocacional). Estratégicamente, Escrivá se pondría al frente de la defensa de unos derechos que, por la vía de los he- chos, los pasaría por encima. Él mismo utilizaría es- pecíficamente la palabra *violencia*. «…nadie en el mundo me puede forzar a hacerme franciscano, dominico o jesuita. Como nadie me puede obligar a tener mujer, a que me case (...). El derecho natural, el derecho divino positivo, la moral cristiana y los derechos adquiridos se opondrían — repito— a una violencia de ese tipo…» 85

Por supuesto que ni el *engaño vocacional* ni el *ca-* *rácter explotador del endeudamiento* (preámbulo para la *trata de almas y de personas*) 86 se encuentran especificados en las Constituciones o en los Estatu- tos. Se trata de un *contrato fraudulento no escrito —* ni siquiera advertido por quien lo padece*—* y por lo tanto que no pasa por el control formal de la Santa Sede. Dentro de esta lógica del endeudamiento, «que vo- luntariamente aceptaste» 87, encuentra sentido el ho- locausto del yo (acabar consumido en cenizas), el ser exprimido como un limón, vaciado como las cande- las, sometido a la maldición del rejalgar, la prohibi- ción de abandonar *la barca* del Opus Dei (que bien podríamos llamar *la banca del Opus Dei*, como un banco del cual uno no puede cerrar su cuenta hasta pagar su saldo deudor, de ahí que se pueda hablar de Escrivá como *banquero y mercader de la perla pre-* *ciosa, con un enfoque mercantil de la espiritualidad*). Todas esas doctrinas de Escrivá tienen un único fin: *que la vocación resulte impagable e imposible de rom-* *per el vínculo con ella*. Es por ello que, con la vocación, los derechos des- aparecen y sólo queda el *deber de pagar* la deuda contraída:

«Los derechos se han convertido, con la llamada, en deberes de mayor generosidad, de entrega más plena, de definitiva renuncia a nuestro yo» 88. La misma lógica se aplica para las numerarias au- xiliares: por la «gracia de la vocación» se las con- vierte en *deudoras* y dicha deuda sólo es saldada me- diante un trabajo extenuante durante toda su vida, sin poder renunciar o desconocer dicha deuda, salvo que el Opus Dei las considere dispensables y se des- haga de ellas, como de cualquier otro miembro con- siderado «inservible», como *anticipadamente* hace con los débiles mentales. ¿Pero acaso no habrá quienes digan «yo no me siento deudor o deudora de nada». Pues yo hubiera dicho exactamente eso durante los años que estuve dentro y muchos años después de haberme desvin- culado. La conciencia de lo sucedido emerge con pos- terioridad, y a veces con mucha posterioridad a los hechos. Lo clave no es tanto lo que uno sienta o tenga con- ciencia, sino el *lugar* en que uno es colocado (alguien que al haberlo “entregado” todo —haber sido *expro-* *piado* de todo— “no tiene nada *propio*” y por lo tanto en adelante solo podrá ser “deudor de todo”) y los *mecanismos* institucionales que se ponen en movi- miento una vez *adquirida* la vocación: son los pro- pios que se aplican a un deudor. Que a unas personas

se las presione más y a otras menos, es un asunto di- ferente. Un esquema Ponzi no deja de ser defrauda- torio porque haya inversores a los que se les devol- vió el dinero. Más tarde podrán venir otros engaños, como el de la pertenencia de los laicos a la prelatura, pero aun- que sean graves, son secundarios. Porque este pri- mero genera el *vínculo de endeudamiento,* muy difícil de cortar y que cuando se logra cortar, genera trauma. Tanto por el sometimiento emocional como por las pérdidas de todo tipo sufridas. Porque, aun- que la deuda no sea *real*, las pérdidas son reales. Además, se *padece* como si se estuviera endeudado, diferencia que se comprende pasado el tiempo, re- cién cuando se mira hacia atrás, al decir de Kierke- gaard.

        1. El drenaje

El Opus Dei no quiere gente independiente sino gente *que dependa* y el mejor modo de generar de- pendencia es a través de *deuda*, que a su vez impide desarrollarse independientemente. En realidad es al revés: la vocación al Opus Dei está basada en el en- deudamiento y por lo tanto todo desarrollo indepen- diente atenta contra su sistema. Hay quienes viven del sistema y quienes padecen el sistema. Hay quienes lo defienden y quienes lo

denuncian. Hay quienes *no viven* la entrega total y quienes *sí*, y por eso acaban destruidos. Esa entrega se mide por el nivel de *drenaje* de energía vital, por el nivel de *desangramiento* que se sufre. El Opus Dei *exige* la entrega de todas nuestras energías (dedicación total) y al mismo tiempo *im-* *pide* nuestro desarrollo y crecimiento personal (salvo que sea para utilidad de la organización, como trabajar en una obra corporativa). Esa *dialéctica* es posiblemente el elemento más destructivo de la ins- titución y la que optimiza el uso de las personas en beneficio de ella. La vocación de entrega total es en realidad de *de-* *pendencia total*. El día que desaparece el Opus Dei, ya sea porque nos descarta como porque huimos de él o lo abando- namos, nos quedamos sin nuestra energía y sin nuestro desarrollo personal *entregados*, mucho más importante que el dinero que podríamos haber aho- rrado, porque ni siquiera por medio de la lotería po- demos recuperar una carrera profesional perdida, pero sí dinero. El caso emblemático es el de las ex numerarias au- xiliares denunciantes, que fueron sometidas a un trabajo extenuante y al mismo tiempo se les impidió crecer. Es el *sistema extractivo* del Opus Dei. Que

también lo sufren quienes dedican su vida a trabajos internos. El *endeudamiento* vocacional es el causante de que todo nuestro *capital humano* —lo que Escrivá llama “*todo lo que suele acompañar la carrera de un hombre* *en su madurez*” 89 — drene hacia el Opus Dei, y uno acabe exhausto e incluso psíquicamente enfermo. La relación con el Opus Dei termina siendo destructiva. A su vez, el mismo Opus Dei que extrajo de noso- tros toda nuestra dedicación a él, fue el mismo que impidió que el día de mañana tuviéramos un desa- rrollo autónomo (salvo quienes logran una cierta in- dependencia gracias a su trabajo profesional). En teoría, eso estaba compensado porque jamás nos abandonaría o habría necesidad de abandonarlo a él para sobrevivir, porque supuestamente era una “fa- milia con lazos más fuertes que los de la sangre”. Pues una vez *chupada toda la sangre*, los lazos fami- liares, al parecer, desaparecen. Si bien la vocación de entrega total es *una sola*, no todos la viven con la misma intensidad. Hay quienes permanecen sin *drenar* toda su energía y conservan una parte importante para sí mismos: tienen su tiempo libre, su trabajo, su casa, sus viajes (me re- fiero tanto a numerarios como agregados). En defi- nitiva, no padecen ningún *holocausto* personal. Por

lo cual *defienden*al Opus Dei simplemente porque no *lo padecen* sino que lo disfrutan, pero lo disfrutan gracias a que otros sí lo padecen o lo padecieron.

        1. En deuda de por vida

Aunque se corte la relación de sometimiento, la *deuda* y sus efectos no terminan cuando uno aban- dona el Opus Dei. Ya uno quisiera que fuera así. En no pocos casos, se queda de por vida *en deuda* *con uno mismo* por todo aquello que perdió a causa del *endeudamiento* de la vocación. Las pérdidas bien pueden resumirse en palabras de Escrivá: «Honra, dinero, progreso profesional, aptitudes, po- sibilidades de influencia en el ambiente, lazos de san- gre; en una palabra, todo lo que suele acompañar la carrera de un hombre en su madurez, todo ha de so- meterse –así, someterse– a un interés superior». 90 Salvo la honra, todo aquello que se *somete* es lo que se *pierde*, dependiendo del grado en que fue so- metido. Cuanto más uno *se entregó*, más perdió. En ese caso, la *fidelidad* y la *honra* juegan en contra. Quienes *sometieron totalmente* su carrera o sus aho- rros, es muy probable que en gran parte los hayan perdido, y eso crea *deuda a futuro* con uno mismo. Pérdidas en términos profesionales (carrera labo- ral o la obtención de un doctorado), afectivos (la po- sibilidad de formar una familia), económicos

(ahorros, vivienda), y en definitiva «*todo lo que suele* *acompañar la carrera de un hombre* —y de una mu- jer, habría que agregar— *en su madurez*». En el caso del desarrollo emocional de un adoles- cente, el proceso queda hipotecado al ser abrupta- mente interrumpido, con la nueva vida que se le im- pone en razón de la *deuda* que ha adquirido con la vocación. Esa deuda emocional puede producir más tarde *carencias* en la vida adulta y es muchas veces el origen de malas decisiones en lo que hace a la vida afectiva. Recordemos que, en este sentido, no es un caso comparable a la vocación de los religiosos o al com- promiso en un matrimonio, porque aquí más que una *entrega* se trata de un *endeudamiento* encu- bierto, tomando como excusa el argumento de la en- trega (a lo cual habría que sumar el *fraude vocacio-* *nal⁹¹*). Es la corrupción del legítimo concepto de en- trega, que es positivo y no negativo, como es el de deuda. El endeudamiento que genera —y del cual se *ali-* *menta*— el Opus Dei causa daños en la vida de mu- chas personas que abandonan la organización. Es entonces cuando la doctrina escrivariana del *rejal-* *gar⁹²* alcanza su mayor grado de dramatismo, no por ser una profecía que se hace realidad, sino por ser

una metáfora de los efectos destructivos del Opus Dei. Sin embargo, como en el caso de la honra, la fe- licidad tampoco se pierde, aunque Escrivá así lo pro- fetizara o tal vez lo deseara. En algunos casos, hay personas que se quedan en- deudadas con préstamos que se les hizo tomar — todo es *endeudarse,* en lo que hace al Opus Dei— y otras se quedan *hipotecadas,* tal vez para toda su vida, porque económicamente han perdido su capa- cidad de autosostenerse o no la han desarrollado oportunamente, pues esa carencia formaba parte de la *entrega total*.

    1. Liquidación del banco

Como era de esperarse, el experimento de Escrivá terminó fracasando, aunque se quiera negar. Pues resultaba insostenible mantener en funcionamiento un emprendimiento que no era autosustentable en el largo plazo, por su carácter netamente *destructivo*, fundado en la coacción (violencia) y el sometimiento (endeudamiento), que son las bases de un sistema de esclavitud (como en el caso las numerarias auxi- liares, según la denuncia presentada en Argentina por tres fiscales federales). La del Opus Dei fue siem- pre una carrera contra el tiempo.

El *banquero* terminó *en los altares.* Pero, de puer- tas para adentro, sin ninguna declaración pública, su banco parece haber sido *liquidado*. Aunque no desapareció su nombre, internamente hay signos de desmantelamiento, empezando por la eliminación de documentos internos —coincidiendo con el juicio a Opuslibros, en 2011— como así tam- bién diversas prácticas ascéticas, que tienen como común denominador el relajamiento de la disciplina y sobre todo del modo de vivir la pobreza, que se es- taba volviendo insostenible. La *liquidación* del banco no podía terminar de otra forma que no fuera cohe- rente a su propia historia: haciéndola de manera si- lenciosa e invisible. Aunque no está claro hasta qué punto pueda tratarse de un *conceder sin ceder, con* *ánimo de recuperar*. Así se entiende mejor lo que decía, ya en 2011, el prelado Echevarría, al definir *pobremente* al Opus Dei como una iniciativa que simplemente ofrece «fundamentalmente, una dirección espiritual a sus fieles y a las demás personas que la pidan» 93. ¿A eso quedó reducido *todo*? Pues sí, a eso quedó reducido, luego de liquidar la *banca* de Escrivá, debida a su *insolvencia espiritual* en término de vocaciones y daños espirituales (la úl- tima *campaña* para obtener *fondos frescos* por valor

de 500 vocaciones, para hacer viable las finanzas del *banco*, fue en 2005 94 y terminó en fracaso, como era de esperarse). El negocio ya no es atraer *inversores* que compren la *perla preciosa* ni el medio para retenerlos es con- vertirlos en *deudores* vitalicios. Ese modelo de nego- cio de Escrivá tuvo su ciclo, se agotó y llegó a su fin —aunque el fundador profetizaba que duraría mien- tras existieran seres humanos—.

    1. Conclusiones: el financista que defrauda
  • «No podemos perder el tiempo* *levantando casas: las tomamos»95* Escrivá
  • «Robó casas que no había edificado»* Job 20, 19

El gran activo de la *empresa sobrenatural*no es que Dios esté de su lado —no hay pruebas, más bien pa- rece lo contrario— sino su capacidad de lograr que los *compradores* de la *perla preciosa* crean en ello. Una vez adquirida la *vocación*, no se puede devol- ver ni renunciar a ella bajo amenazas de todo tipo de *pérdidas*. Es que *devolver* la vocación implicaría re- conocer que no tiene el valor que se le atribuye, y la

  • empresa* no puede aceptar semejante riesgo, que di- cho rumor empiece a contagiarse. A su vez, perder todos los «ahorros» —de todo tipo— *entregados durante años* al Opus Dei, en un instante, es algo que tampoco se puede aceptar fácil- mente, y se sigue ciegamente adelante apostando, *una vez más* —pues ya aposto al principio— a que antes de que ello suceda, primero acontezca la *par-* *tida* de este mundo. Así de dramático llega a ser el planteo. La verdad es tan dura que hasta último momento se buscan explicaciones de todo tipo para salvar la situación, de la misma manera como se trata de re- sucitar desesperadamente a alguien que ya está muerto. Por su parte, quienes empiezan a ser *deficitarios* en su capacidad de ingresar *valores* (prosélitos, di- nero, trabajo, propiedades, etc.) comienzan a ser despedidos de la empresa *sobrenatural*, con diferen- tes excusas. La más sorprendente es la decisión, por parte de la empresa, de no reconocerle *valor alguno* *al papel* (la vocación) que posee el *inversor*. Es decir, su *perla* no vale nada y además no se le devuelve nada de lo que entregó, de forma tal que el único que pierde es el que lo invirtió todo sin posibilidad de re- clamo alguno.

Lo que podríamos denominar “*esquema piramidal* *Escrivá”* —cada uno debía *matarse⁹⁶* por conseguir anualmente otras cinco vocaciones⁹⁷, seleccionadas de entre treinta⁹⁸ que debíamos acercar—, va mucho más allá de la gravedad de los esquemas Ponzi — aunque hoy la de Escrivá ha tomado la forma de una pirámide invertida por su acelerado decrecimiento institucional. En los esquemas Ponzi, a los partici- pantes se los considera como *acreedores* —quienes luego serán defraudados por el mecanismo finan- ciero. En cambio, dentro del sistema de Escrivá, uno se transforma, sin saberlo, de *acreedor* en “deudor de por vida”, sin conciencia de cuándo ni cómo ocu- rrió tal transformación. El *esquema* de Escrivá re- sulta así más poderoso y duradero que el de Ponzi: la inversión no es simplemente una suma limitada de dinero, sino la totalidad de la propia existencia y además en carácter de *deudor vitalicio*. Los que *defienden* el sistema —salvo por ignoran- cia, que con el tiempo *se cura*— suelen ser los que *viven* del sistema y están por encima de los que lo padecen: en este sentido podemos hablar de «dos es- tamentos» o clases de miembros. La *empresa sobrenatural* no sólo vive de las dona- ciones sino que además se resiste a todo tipo de des- embolsos (*que pague otro*), mediante el *apostolado*

  • de no dar*. Todo es *no gastar* y todo es *recaudar* do- naciones. Como decía Gervasio⁹⁹, la “virtud” de la po- breza consiste en entregar dinero al Opus Dei y evi- tarle gastos. Aparentemente, la *empresa* funciona defraudando al ingresar (vendiendo una *perla* sin valor) y defrau- dando al egresar de ella (no devolviendo nada). De confirmarse oficialmente, el Opus Dei esencialmente sería un *esquema de defraudación,* más allá de cual- quier otra definición que se le quisiera superponer (prelatura, instituto, etc.), que siempre serían *más-* *caras*. Sospechoso es que el fundador de la empresa haya establecido a todos sus *inversores* —que ya *lo deja-* *ron todo* en vida— la obligación de testear a favor de sus asociaciones civiles —para que aun muertos, también dejen sus bienes— pero que él no haya he- cho lo mismo¹⁰⁰. Sospechoso es que a los *inversores* no se les devuelva el testamento cuando lo reclaman. ¿Qué decir entonces del fraude vocacional sufrido por los laicos desde 1982 hasta hoy, que creían per- tenecer al Opus Dei y en realidad ahora se dan cuenta de que su vocación no tienen ningún res- paldo, siquiera jurídico? No es una casualidad, al pa- recer formaría parte del *patrón de conducta* de la
  • empresa*, que *emitiría valores* sin ningún respaldo (a nivel teológico y a nivel jurídico). Lejos de tener cotización infinita, aparentemente la empresa siempre habría tenido *valor cero* (des- contando lo que recibió de sus *inversores*). Actuando sin el respaldo *sobrenatural* que decía tener, pero al mismo tiempo buscando *afuera* el respaldo de la Iglesia, para así garantizar lo que, en realidad, no tendría valor alguno. Todo el emprendimiento, entonces, no sería más que un *fraude financiero*, pero en este caso usando la *fe* como valor y no el *dinero* (aunque a través de la religión se llega al dinero). Escrivá no sería más que un *financista de la religión que defraudó a miles de* *sus accionistas* a través de una *perla preciosa* que nunca tuvo un valor real sino ficticio. La capacidad de *crear valor de la nada* (y de falsear las estadísticas, como el caso de los 60.000 miem- bros en 1975) habría tenido tal alcance, que habría permitido a su fundador ser declarado santo y tener su propia estatua en San Pedro. Es decir, no sólo ha- brían sido engañados unos *principiantes*, sino tam- bién grandes *expertos*. Desde luego, no sería extraño que hubiera habido cómplices que sabían de qué iba el *negocio*o tenían sus sospechas y de todas maneras

se sumaron a la iniciativa, para también ellos enri- quecerse o favorecerse de alguna manera. No es casual que, en su historia institucional, ha- yan existido casos de bancos reales asociados al Opus Dei que terminaran quebrando o en una situa- ción de desfinanciamiento: el Opus Dei no funciona- ría de manera diferente, como un *banco sin respaldo,* que funciona y no quiebra mientras no le hagan una auditoría profunda. Se explicaría así que el Opus Dei recurriera a la opacidad y falta de información para no terminar de explicar nunca cómo es que funciona: porque no ha- bría más que *vacío*. Desde la *gerencia* podrán decir que “ahora las co- sas han cambiado”. Ese es un argumento del *banco*, para hacerse el desentendido y no dar cuenta de su pasado ni del aparente *fraude financiero-religioso* masivo que habría implicado su puesta en marcha, crecimiento y funcionamiento, hasta la crisis actual. Ciertamente las cosas han cambiado para la *barca-* *banco* en la actualidad: la mayor parte de sus *clientes* lo han abandonado y se encuentra *fundido* por los números en rojo de vocaciones (aunque *no económi-* *camente*). Pero lo importante para el *banco* es no ha- blar de ello, sino esperar si a futuro puede remontar

de nuevo, con nuevos *inversores* dispuestos a entre- gar todo lo suyo al banco. En realidad, el *banco* debería ser intervenido por el Vaticano para iniciar el saneamiento y compensar a sus acreedores. La fe en el *2 de octubre* pudo man- tenerse en la medida en que fue creíble. Hoy, con las consecuencias dañinas que ha causado, ya es difícil- mente insostenible. El Opus Dei necesita declarar la *quiebra* y empezar de nuevo, si es que ello es posible.

      1. Cero rendición de cuentas

Para que ciertas situaciones abusivas sucedan, es necesaria la ausencia de controles. Y eso parece ha- berse cumplido en el caso de los abusos atribuidos al Opus Dei, resumidos en la acusación de los tres fis- cales federales de Argentina. Al menos hasta el día de hoy, no hay pruebas de que el Opus Dei haya rendido cuentas; más bien, lo contrario: su autonomía para funcionar y juzgar por sí mismo sus propias acciones. Este contexto le con- cedió una longevidad excesiva, permitiéndole per- durar demasiado tiempo sin haber pasado jamás por una reforma que ponga fin a los daños. Francisco inició sin dudas un cambio importantí- simo, con sus dos *Motu Proprio¹⁰¹*, pero no llegó a en- carar el problema de los daños. Ese es el desafío de León XIV y la forma en que lo resuelva tendrá

consecuencias de largo alcance y dejará una huella indeleble en su legado.

      1. El dilema que enfrenta la Santa Sede
  • «Las faltas contra la justicia, además del* *arrepentimiento, exigen reparación»* Cuadernos 8: Cap. Tiempo de penitencia¹⁰²

Desde el momento en que Francisco interviene el Opus Dei llevándolo a la órbita de la Congregación del Clero y ordenando nuevos estatutos, queda con- firmado que los laicos han dejado de pertenecer a la prelatura, proceso que ya había comenzado en 1982, por desacierto de Álvaro del Portillo, y se consolidó en 2022 con la medida de gobierno de Francisco. Ahora bien, existe un dilema para la Santa Sede y es si llevar adelanta la reforma del Opus Dei sin tener en cuenta el pasado de abusos espirituales o tenién- dolos en cuenta y tomar medidas no sólo preventi- vas sino *reparadoras* del daño, de forma que no se repita el *síndrome del bombero* que siempre llega tarde al incendio, cuando sólo quedan cenizas: como si no tuviera sentido ocuparse de *los muertos* —“que se ocupe Dios”—, sino sólo de lo que, en adelante, quede con *vida* de la institución.

Lo más fácil sería una reforma hacia adelante, de- finiendo un nuevo marco jurídico para esos laicos y en definitiva refundando el Opus Dei en vistas a su futuro (recordemos que, sin laicos, el Opus Dei se queda sin sacerdotes y sin ellos se acaba el Opus Dei). Sería una *reforma* sin *intervención profunda*. Viendo lo sucedido con los Legionarios, no sería improbable que se siguiera el mismo camino, por lo abrumador que implicaría revisar el pasado del Opus Dei y compensar a sus víctimas. Pero eso tam- bién tendría un costo moral complicado: tanto la inacción frente a los abusos como el *secuestro* de la verdad, tienen un efecto opresivo. El dilema consiste en que cualquiera fuera la solu- ción que se tomara, probablemente no dejaría con- tento a nadie. El problema, que es en sí el Opus Dei, se ha dejado crecer tanto, y por tan largo tiempo, que ya no parece tener solución, salvo negar que alguna vez haya existido problema alguno y mirar para ade- lante como si el pasado nunca hubiera existido y ha- cerse el desentendido.

Así como Del Portillo asociaba a los ex miembros con el Anticristo¹⁰³, se podría asimilar la canoniza- ción de Escrivá a la profecía de Daniel¹⁰⁴. Pero, en

ambos casos, se trataría de un despropósito. Aun así, no dejaría de ser necesario remover su estatua mo- numental instalada en San Pedro. Creo que es hora de dar finalizada la *obra,* bajar el telón y abandonar el teatro en dirección a la puerta de la realidad. Es hora de honrar a Escrivá por su me- jor éxito: no como fundador del Opus Dei sino como un hombre que logró uno de los mayores engaños en la historia de la Iglesia Católica y se salió con las su- yas, al haber obtenido el mayor de los galardones, la canonización. Y es hora, también, de reparar tanto daño.

  1. NOTAS

1 «Hemos de ser realmente como un instituto religioso —con todas sus consecuencias», “*Instrucción acerca* *del espíritu sobrenatural de la Obra de Dios*”, nro. 14. Es Escrivá mismo quien abre la puerta a comparar su organización con los institutos religiosos. 2 «La Obra, el Opus Dei, no ha surgido como consecuen- cia de la iniciativa de un sacerdote lleno de inquietudes espirituales, sino que es fruto de una intervención de Dios en la historia», cfr. Amadeo de Fuenmayor-Va- lentín Gómez Iglesias-José Luis Illanes, *El itinerario ju-* *rídico del Opus Dei. Historia y defensa de un carisma*, Pamplona, Ediciones Universidad de Navarra, 1989, Ca- pítulo 1. 3 Cfr. “*Carta pastoral*” del prelado del Opus Dei, 2-X-

2011. 4 Cfr. Escrivá, “*Carta*”, 14-II-1974, n. 3. 5 Cfr. Escrivá, “*Crecer para adentro*”, 1997, n. 48. 6 «Es inconcebible —sería una falsedad, una doble vida, una comedia— la vida de un hijo mío que no dé frutos abundantes de apostolado. Os digo una vez más que

ese hijo mío estaría muerto, ¡podrido!: iamfoetet (loann. XI, 39). Y yo —lo sabéis bien— a los cadáveres los entierro piadosamente», cfr. *Meditaciones*, III, pág. 144-145. 7 Quien da testimonio de esa frase de Escrivá, quiere justificarla como expresión de confianza en la Provi- dencia, cuando es justamente lo contrario: «El Siervo de Dios, al menos mientras yo le conocí, no le vi nunca ser víctima de desaliento o de pesimismo, ni tampoco de gran suficiencia y presunción. El Siervo de Dios se creía muy poca cosa ("un pecador que ama mucho a Jesucristo"), pero ante esta poca cosa ponía siempre la Providencia de Dios, y repetía con confianza: "Omnia possum in eo qui me confortat". Respecto al modo de animarnos a nosotros al trabajo, recuerdo una frase suya: "Si yo hubiera dicho: no puedo, no puedo, a estas horas estaría en un manicomio. Y cuando preguntaran: ¿a éste qué le pasa?, contestarían: que tiene la manía de decir que no puedo". Con esta frase demostraba cómo superaba todas sus posibilidades lo que Dios le pedía» cf. *Positio*, Vol IV, page 1428. 8 «Es lógico que alguna vez se quede alguien en el ca- mino (…). Esos pobrecitos vienen luego con lágrimas como puños, pero ya no tiene remedio», cfr. Escrivá, meditación “*El licor de la sabiduría*”, junio 1972. 9 «No admiten coacciones más que los débiles menta- les. Y ésos no sirven para la Obra», *Catecismo de la*

  • Prelatura Opus Dei*, edición 1995, nro. 289 y edición 2003, nro. 298. 10 Cfr. “*Meditaciones*”, VI, pág. 430-431. 11 Cfr. Escrivá, meditación “*Vivir para la gloria de Dios*”, 21 de noviembre de 1954. 12 citado en “*Meditaciones*” III, p. 201. 13 citado en “*Meditaciones*” IV, p. 102. Lo decía en rela- ción a su muerte, pero se trata también de una afirma- ción en consonancia con la precedente. 14 Varios testimonios se citan en la *Positio*, por ejemplo: «En el ámbito del Opus Dei han tenido lugar algunas defecciones. Muy pocas, gracias a Dios, si se considera el número de vocaciones habidas. Las causas siempre han sido la falla de correspondencia generosa a la lla- mada de Dios o la falta de sinceridad para exponer cla- ramente -y desde el primer momento- determinadas situaciones de peligro para su vocación, en las que esas personas se encontraban o habían caído. El Siervo de Dios siempre reaccionó con dolor y con tristeza ante esos pocos casos, encomendando al Señor a esos hijos suyos y poniendo, como ya se ha hecho notar en otra respuesta, todos los medios que estaban a su alcance para ayudarles, a reaccionar. Cuando sucedieron esas defecciones, el Siervo de Dios, en su humildad, rezó y se mortificó -también con disciplinas de sangre-» (tes- timonio de Javier Echevarría, Vol IV, pág. 608, el subra- yado no es del original); «Yo he visto la fusta que tenía,

que sustituyó a las disciplinas, que no podía emplear por causa de la diabetes, ya que le producían heridas. Su hermana Carmen me ha dicho que, aunque el Siervo de Dios tenía una gran discreción, muchas veces tuvo que recoger sangre del baño, donde se había discipli- nado» (testimonio de Encarnación Ortega, Vol IV, pág.

1392); «Salpicaba con sangre el cuarto de baño, con las disciplinas, tanto por desagravio propio, como por des- agravio de los demás en algún hecho concreto» (testi- monio de Antonio Gil Rico, Vol IV, pág. 1421); «El Siervo de Dios practicó mortificaciones y penitencias, aun cor- porales. Entre éstas, fuertes disciplinas hasta producir sangre» (testimonio de Antonio Rodilla Zanón, Vol IV, pág. 1463), etc. 15 Las citas son numerosas en este sentido: «Debéis ma- taros por el proselitismo, porque allí está nuestra efi- cacia» (Escrivá, J.M., revista interna “*Crónica*”, 1971, pág. 302); «Hay que saber deshacerse, saber des- truirse, saber olvidarse de uno mismo; hay que saber arder delante de Dios, por amor a los hombres y por amor a Dios, como esas candelas que se consumen de- lante del altar, que se gastan alumbrando hasta va- ciarse del todo» (Escrivá, J.M., meditación, 16-II-1964); «Pedimos al Señor una vida larga, llena de trabajo, hu- mano y divino, hasta acabar agotados, exprimidos, sin poder dar más porque nos hemos gastado del todo, en

un sacrificio completo, en un holocausto» (Escrivá,

J.M., citado en “*Meditaciones*”, IV, pág. 33); 16 «Hay que pedirle al Señor que nos mande la muerte antes que no perseverar» (Escrivá, J.M., citado en “*Me-* *ditaciones*”, V, pág. 404). 17 Cfr. nota 53. 18 Vale la pena recordar aquí el escrito de Leonisa, “*¡Je-* *sús mío, yo no puedo más!*”, publicado en Opuslibros, 28 de septiembre de 2011. 19 Cfr. Escrivá, “*El licor de la sabiduría*”, meditación,

1972. 20 *Ibidem.* 21 Cfr. Escrivá, “*Instrucción para la Obra de San Miguel*”, 1941, n 102. 22 *Ibidem.* 23 Poéticamente Escrivá decía que se sentía capaz de todos los *errores*y *horrores*, pero al mismo tiempo, a la hora de las acusaciones concretas, afirmaba ser inca- paz de cometer *iniquidades*: «¿Cómo podría yo ahora cometer *la iniquidad*de obligaros a seguir una vocación diversa?», cfr. Escrivá, *Carta*, 25-V-1962, n. 34, el sub- rayado no es del original. Jamás sus hijas e hijos iban a pensar que había algo monstruoso en su fundador, pero sí tal vez en ellas y ellos mismos, si su fundador se los decía.

24 «¿¡Señor, Tú has podido permitir que yo de buena fe engañe a tantas almas!?», Escrivá, citado en “*Medita-* *ciones*” V, p. 155 y ss. 25 Cfr. “*A solas con Dios*”, 1996, n. 134. 26 Cfr. Escrivá, "*Carta*", 17-VI-1973, n. 38 27 Cfr. testimonio de María Minga Calderón: “Yo no consideraba que estuviera trabajando mientras estaba dentro. No lo ves de esa manera, porque ellos te dicen que estás sirviendo a Dios”, en Paula Bistagnino, “*Sir-* *vienta del Opus Dei*,” IDL-Reporteros, 27 de julio de 2026, [1](https://www.idl-reporteros.pe/sirvienta-del-opus-dei/) 28 Cfr. Escrivá, meditación “*Que se vea que eres Tú*”, I- IV-1962 29 Cfr. nota 21. 30 Cfr. “*Meditaciones*” VI, pág., 400. 31 Cfr. Escrivá, meditación, “*El talento de hablar*”, abril de 1972. 32 Cfr. Nota 37. 33 Cfr. nota 85. 34 Cfr. “*Opus Dei: Daños Espirituales*”, 2025, Cap. VI, “El sacrificio de los hijos”. 35 Cfr. "*Vademecum de los Consejos Locales*", pág. 48. Roma, 19-III-87: «Resulta inevitable que algunos se va- yan. Es una prueba más del vigor sobrenatural, de la salud de espíritu de la Obra. Como todo cuerpo sano, se resiste a asimilar lo que no le conviene y expulsa

inmediatamente lo que no asimila. Y no sufre por eso: se robustece». 36 Cfr. Escrivá, J.M., "*Carta*" 14-II-1974, n. 7. 37 Véase el testimonio de Carmen Tapia, lo que ella su- frió de parte de Escrivá, estando literalmente ence- rrada en Roma, antes de dejar el Opus Dei, cfr. “*Tras el* *Umbral*”, Cap. VIII, *Roma II, retorno a lo desconocido*. 38 Cfr. cita referida en la nota 76 39 «Los que no son de nuestra familia, no son buenos pastores de mis ovejas, aunque sean muy buenos pas- tores de las suyas (…) Si tú hicieras esto [acudir a un sacerdote que no es de la Obra], tendrías mal espíritu, serías un desgraciado. Por ese acto no pecarías, pero ¡ay de ti!, habrías comenzado a errar, a equivocarte. Habrías comenzado a oír la voz del mal pastor, al no querer curarte, al no querer poner los medios. Estarías, además, perjudicando a los demás. Ese confesor guar- dará el sigilo sacramental, desde luego: todos los sacer- dotes lo cuidan celosamente, siempre. Pero cuando se le presente otra alma a pedirle consejo, y le manifieste que está pensando en solicitar la admisión en el Opus Dei, quizá se lo quitara de la cabeza. Aquel confesor no podrá evitar el pensamiento: ¿ir al sitio donde está aquel miserable, aquel canceroso que no se quería cu- rar?». Cfr. Escrivá, meditación "*El Buen Pastor*", 12-III- 1961, en “Mientras nos hablaba en el camino”, páginas 143-155, Roma, 2000. Para un análisis de este texto,

véase “*Opus Dei: Daños Espirituales*”, 2025, Capítulo 6, *El mal pastor.* 40 Cfr. Escrivá, "*Carta*", 17-VI-1973, nro. 38. 41 Cfr. “*Catecismo del Opus Dei*”, ed. 2010, nro. 217. 42 Cfr. Cfr. el artículo periodístico de Paula Bistagnino “*La Justicia argentina acusa al Opus Dei de trata de mu-* *jeres y explotación laboral*”, publicado el 27 de sep- tiembre de 2024 en ElDiario.es. 43 Cfr. Escrivá, “*Instrucción acerca del espíritu sobrena-* *tural de la Obra de Dios*”, nro. 2: «*Su labor [del Opus* *Dei] apenas se ve sobre la tierra: está debajo, crece ha-* *cia dentro. ¡Ya llegará la hora de subir!*». En cierta ma- nera, el Opus Dei sigue *buceando* y sin *subir*. 44 Cfr. nota 42. 45 Cfr. Escrivá, “*Con la docilidad del barro*”, meditación, noviembre de 1955. 46 En [2](https://escriva.org/es/en-dialogo-con-el-se%C3%B1or/) se puede leer completa la meditación “*Vivir para la glo-* *ria de Dios”*. 47 Cfr. Escrivá, Instrucción acerca del espíritu sobrena- tural de la Obra de Dios, n. 49: «Esa convicción sobre- natural de la divinidad de la empresa acabará por daros un entusiasmo y amor tan intenso por la Obra, que os sentiréis dichosísimos sacrificándoos para que se realice».

48 Cfr. Rocca, G.,“*Gli studi accademici di S. Josemaría* *Escrivá y Albás*”, publicado en Claretianum vol. XLIX, 2009, disponible en Opuslibros. 49 Cfr. nota 15. 50 Escrivá, J.M., “*Carta*”, 9-I-1932, n. 7. 51 Cfr. *Hebreos*, 11. 52 Cfr. Jn 10, 12. 53 «si te sales de la barca, caerás entre las olas del mar, irás a la muerte, perecerás anegado en el océano, y de- jarás de estar con Cristo, perdiendo esta compañía que voluntariamente aceptaste, cuando Él te la ofreció», cfr. Escrivá, meditación “*Vivir para la gloria de Dios*”, 21 de noviembre de 1954, el subrayado no es del origi- nal. 54 Cfr. nota 2. 55 Cfr. “*Las fechas de las cartas de Escrivá*”, publicado en Opuslibros, 3 de enero de 2022. 56 Cfr. *El Opus Dei como revelación divina*, Capítulo IV. 57 Cfr. nota 11. 58 Cfr. nota 79. 59 Tres son las *pasiones* dominantes determinadas por Escrivá: «dar doctrina, dirigir de un modo u otro las al- mas que se acercan al calor de nuestros apostolados y amar la unidad de la Obra», Cfr. *Cuadernos 3: Vivir en* *Cristo*, capítulo 8, publicación interna.

60 «Que somos monolíticos, has dicho. No podías ha- cernos nunca mejor elogio», cfr. Escrivá, "*Carta*", 17- VI-1973, nro. 38. 61 Cfr. Escrivá, “*A solas con Dios*”, nro. 294. 62 *Ibidem*. 63 Cfr. nota 41. 64 Escrivá, citado en “*Crónica*”, 1973. pp. 644. 65 Escrivá, citado en “*Crónica*”, 1972, pp. 637.639. 66 Escrivá, J.M., “*Noticias”* VIII-1966, p. 8. 67 Escrivá, del libro interno “*De nuestro Padre*”, 1982, nro. 72. 68 «yo evito decir que *siento*. A veces he escrito: senti- mos esto..., porque es difícil encontrar una palabra más precisa», cfr. Escrivá, en "*Meditaciones*" I, p. 674. La cursiva es del original. 69 Cfr. Escrivá, “*Instrucción de San Gabriel*”, n.70 70 La primera versión de este texto, mucho más breve, fue publicada originalmente en inglés, en “*Opus Dei as* *divine revelation”*, (second edition), 2026. 71 Cfr. Escrivá, “*Instrucción acerca del espíritu sobrena-* *tural de la Obra de Dios”*, nota 30. 72 Cfr. “*Meditaciones”*, tomo I, p. 433, el subrayado no es del original. 73 Cfr. Escrivá, “*El talento de hablar*”, meditación, abril de 1972. 74 Cfr. Escrivá, “*El licor de la sabiduría*”, meditación,

1972.

75 A pesar de que la salvación es gratuita cfr. *Efesios* 2,

8. 76 Cfr. “*Meditaciones*”, IV, pág. 422, el subrayado no es del original. 77 Esta forzada interpretación teológica -confusamente mezclando la Antigua Alianza con la Nueva- sólo servirá para acentuar el carácter *insolvente* de cada uno y pro- fundizar la explotación espiritual que vendrá a conti- nuación, con *la deuda impagable contraída con la vo-* *cación*. 78 Tanto esta cita como la anterior, se refieren a la rela- ción de cada uno con Dios. Pero desde el momento en que el Opus Dei es declarado por su fundador como ex- presa “voluntad de Dios”, el Opus Dei se transforma en acreedor de esa deuda. La deuda con Dios se trans- forma así en deuda con el Opus Dei. La *divinidad* del Opus Dei es la que respalda el “valor incalculable de la vocación” y legitima al Opus Dei mismo como *recauda-* *dor de la deuda* para con Dios*.* 79 «Ninguno de mis hijos puede estar tranquilo, si no trae cada año cuatro o cinco vocaciones que sean fie- les», Escrivá, citado en “*Meditaciones*” IV, nro. 381. 80 Cfr. testimonios de Maripaz, “*Numeraria auxiliar du-* *rante 35 años*”, publicado en Opuslibros, 28 de julio de 2008 y Minerva, “*Psiquiatras para perseverar*”, publi- cado en Opuslibros, 26 de junio de 2005.

81 Véase *Opus Dei: Daños Espirituales*, 2025, Cap. VI, “El sacrificio de los hijos”. 82 Cfr. “*Opus Dei: Daños Espirituales*”, 2025, Cap. VIII, “El voto de esclavitud de las numerarias auxiliares”. 83 Cfr. “*El Opus Dei y la radicalidad del llamado*”, publi- cado en Opuslibros, 12 de junio de 2023. 84 Cfr. “*La crisis del heroísmo*”, publicado en Opuslibros, 5 de octubre de 2020. 85 Cfr. Escrivá,“*Carta*”, 25-V-1962, n. 35. 86 Cfr. Revista *La Civiltà Cattolica*, 3 de enero de 2014. Publicó en exclusiva un extenso diálogo titulado "*¡Des-* *pierten al mundo!*", que el Papa Francisco mantuvo con la Unión de Superiores Generales y se refiere al fenó- meno de “la trata de novicias”. 87 «No puedes olvidar que has de permanecer siempre dentro de los límites de la barca. Y esto porque te dio la gana. Repito lo que os decía ayer o anteayer: si te sales de la barca, caerás entre las olas del mar, irás a la muerte, perecerás anegado en el océano, y dejarás de estar con Cristo, perdiendo esta compañía que volun- tariamente aceptaste, cuando Él te la ofreció», Escrivá, citado en “*Meditaciones*” IV, pág. 87, el subrayado no es del original. 88 Cfr. “*Meditaciones*”, IV, pág. 583, las cursivas son del original. 89 Cfr. nota 90 90 Cfr. Escrivá, “*Carta*”, 14-II-1974, n. 3.

91 Cfr. *Opus Dei: Daños Espirituales*, 2025, capítulo III. 92 «No encontraréis la felicidad fuera de vuestro ca- mino, hijos. Si alguien se descaminara, le quedaría un remordimiento tremendo: sería un desgraciado. Hasta esas cosas que dan a la gente una relativa felicidad, en una persona que abandona su vocación se hacen amar- gas como la hiel, agrias como el vinagre, repugnantes como el rejalgar», cf. Escrivá en *Meditaciones*, tomo III,

p. 389. 93 Cfr. “*Carta*” pastoral del prelado del Opus Dei, 2-X-

2011. 94 Cfr. [3](https://www.opuslibros.org/html/500_vocaciones.htm). 95 Cfr. *Reglamentos* de 1941, Ap. Espíritu, nro. 57. 96 Véase nota 15. 97 Cfr. nota 79 98 Cfr. Escrivá, “*Instrucción para la Obra de San Miguel*”, nro 6: «cada uno de vosotros debe traer a Casa tres amigos o parientes, o conocidos, o compañeros, pen- dientes de cada dedo». 99 «El invento de “la virtud de la pobreza” no consiste en otra cosa —no nos engañemos— que en considerar virtud dar dinero a la Obra de Dios», cfr. “*Pobreza ins-* *titucional y personal*”, Gervasio, publicado en Opusli- bros, 1 de mayo de 2015. 100 Cfr. “*Escrivá y su testamento ausente*”, publicado en Opuslibros, 16 de septiembre de 2011.

101 El *Motu Proprio* Ad Charisma Tuendum, promulgado el 14 de julio de 2022, y el *Motu Proprio* del 8 de agosto de 2023, modifican los cánones 295-296 del Código de Derecho Canónico. 102 Publicación interna del Opus Dei. 103 Cf. “*Álvaro Del Portillo asocia los ex con el Anti-* *cristo”*, publicado en Opuslibros, 2 de marzo de 2026. 104 Cfr. Mt 24, 15 y Daniel 9, 27; 11, 31; 12, 11.

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current08:30, 3 August 2026 (758 KB)Bruno (talk | contribs)## Escrivá, el Banquero de Dios *Si hubieseis comprendido lo que significa* *Misericordia quiero, y no Sacrificio…* (Mateo 12, 7) ##### Opuslibros.org-E.B.E. ##### 3 de agosto de 2026 <u>Opuslibros – Escrivá, el banquero de Dios</u> # Tabla de Contenidos PREFACIO.....................................................................5 PRIMERA PARTE Origen de la Violencia......................7 SEGUNDA PARTE Origen de la Deuda.......................63 NOTAS..................................

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