Por Saturia Valentín, 17.07.2024


Esta vez me centraré en otro de los problemas crónicos del Opus Dei (en adelante OD): el machismo.

Ya sé que nada más leer esta palabra ya habrá habido algunos que se hayan echado para atrás. Todos tranquis, que soy una mujer de taitantos años y las moderneces me van lo justo. Ojalá se tratase de “esos pequeños micromachismos minicotidianos”, del manspreading, y del “derecho a no depilarse”. Qué más quisiera. No. No es un machismo de poca monta, de ir al detalle. Es un machismo de bulto. De bulto redondo...

El OD es machista y esto está más que demostrado:

  • Si es que el machismo fuera o fuese establecer que las mujeres no tienen los mismos derechos que los hombres, en esta web se han dado pruebas de ello.
  • Si es que el machismo consistiera o consistiese en considerar función específica de las mujeres (al menos de un sustancioso colectivo de ellas) el servicio a un colectivo de hombres, un servicio de tipo doméstico, pues qué nax, perdón, qué más se puede decir (en qué estaría yo pensando).
  • Si es que el machismo fuera o fuese considerar a la mujer de una naturaleza inferior, de menores capacidades y carácter tornadizo, tengo varias pruebas también, unas fundacionales y otras de boca de los numerarios que en su infinita sabiduría me explican cosas.

El OD es machista institucionalmente, y eso está fuera de toda discusión.

También me parece evidente que al OD esto no le parece un problema, sino una “simpática” y cuasinecesaria peculiaridad. Una singularidad donosa y gentil. Inofensiva. Cuando planteas una de estas cosas, con la injusticia intrínseca que conlleva, lo primero es negar la mayor. En el mejor de los casos se encogen de hombros. ¿Algún atisbo de cambio, allá por el lejano horizonte? Qué risa, qué cosas más graciosas dice esta SaturiaValentín. El machismo es fundacional. Fun-da-cio-nal.


Prolegómeno: el tocino y la velocidad. De cómo hacer un revoltijo de churras, meninas y mininas.

Hay consideraciones fundacionales en torno a este tema, que, la verdad, para mí desbordan del tema del machismo. Se van de madre. Pero mucho. Se trata de una salida del tiesto importante, porque es una de esas cosas disparatadas que ponen en relación lo que nada tiene que ver. Me refiero a esto: el fundador solía hacer un paralelismo entre el servicio que prestan las mujeres al OD y el que prestan los hombres, equiparando lo inequiparable. Esto es, nax+administradoras VS. sacerdocio. A mí eso siempre me ha parecido comparar, no ya churras con merinas, sino churras con futbolistas (digo churras y digo futbolistas por ilustrar la comparación de algo que no tiene nada que ver, en ningún orden de cosas, que nadie se me afrente que no tengo nada contra la ganadería lanar ni contra el balompié profesional). O sea, ¿me estás diciendo que es lo mismo estar consagrado por un sacramento que imprime carácter que ser sirvienta? (si, sirvienta, con todas las letras. Es lo que son). Lo mismito, vamos. ¿Que es lo mismo ser gobernanta/ama de llaves/mayordoma mayor de la flota oceana, o como lo quieras llamar, que al fin y al cabo es un trabajo y nada más que un trabajo, que ser ordenado pastor de almas? ¡Ja!

Ojo, que no estoy diciendo que una cosa sea más o menos que la otra. No es eso. No. No voy por ahí. Lo que estoy diciendo es que son cosas de naturaleza distinta. Muy distinta. Y que por eso no procede comparación. Es como poner en los términos de una comparación a la geometría no euclidiana y al calorcito que hace hoy.

El servicio que prestan los sacerdotes en el OD está fuera de toda duda, y creo que no se ha hablado lo suficiente de ello (¿quizás porque no se ven muchos testimonios de este tipo de ex? Haberlos, haylos. Andesabránmetío, los pobres, me pregunto. No tiene que ser fácil). Ni es más ni es menos que el servicio que hacen las mujeres. Simplemente es otra cosa que no tiene nada, pero nada que ver. Dicho sea de paso, siempre me ha parecido muy fuerte que en aras de una supuesta necesidad de la Organización (sacerdotes ya tiene la Santa Madre Iglesia, y están al servicio de todos) se haya impulsado, persuadido y casi obligado (y sin el “casi” también) a una serie de personas, muchas, a recibir un sacramento que imprime carácter, sin tener vocación específica para ello. ¿Y cómo estoy tan segura de que no tenían vocación sacerdotal? Pues porque, paradójicamente, para ser recibidos en el OD, se les exigía lo contrario, no tener vocación sacerdotal, no querer ni haber querido ser sacerdotes, y mucho menos haber estado en un seminario. Yo siempre he pensado, que Dios me perdone la osadía, que ser sacerdote sí es una vocación específica. Llámame rara, pero creo que está mal, muy mal, exigir ordenarse sacerdote a quien no tiene esa vocación. Ni exigir, ni pedir, ni impeler, ni inclinar, ni dar por sobreentendido, ni ejercer algún grado de coacción, ni aun en grado leve.

(Hay un artículo muy interesante de Bienvenido sobre este peculiar “consentimiento” y las consecuencias del mismo, y a pesar de que me salgo un poco del tema, no puedo resistirme a reproducir esto: “El problema se complica más cuando se dice que “en la Obra la vocación de sacerdotes y laicos es la misma”, cuando la vocación de un laico es esencialmente distinta a la de un sacerdote. Además, en teoría esa vocación al Opus Dei es una vocación secular y laical. De ahí su insistencia en la santificación de las realidades terrenas. Entonces cómo es posible que un laico que solicita la admisión en la Prelatura y es admitido, que tenga esa vocación peculiar, que por lo demás coincide con la vocación de todo bautizado, resulta que al cabo de los años se ordena sacerdote. ¿Tiene vocación laical o tiene vocación sacerdotal? ¿Acaso Dios ha alterado la misma constitución divina de la Iglesia haciendo que la vocación al Opus Dei, vocación secular, laical, incluya la posibilidad de la vocación sacerdotal siempre que el Prelado se le ocurra llamar a un miembro del Opus Dei a las sagradas órdenes? Una persona ha de saber si tiene vocación al sacerdocio para ordenarse, en caso contrario, no debe ordenarse porque la ordenación sería no válida y por tanto nula. Esto es lo que la Iglesia ha dicho siempre. Sin embargo el Fundador del Opus Dei en el libro de Meditaciones V, llega a afirmar que “para nosotros el sacerdocio es algo accidental”, incluso llega a decir que los numerarios cuando se ordenan “cambian de trabajo profesional”, y esto es sencillamente o una novedad o una barbaridad teológica, por no decir otra cosa.”)

También está mal exigirle a alguien, o esperar de alguien (so pena de ser vista con ojeriza, de “mal espíritu”, ya tú sabes), que se dedique a una profesión determinada (no particularmente atrayente en el caso que nos ocupa, todo hay que decirlo), lo que también se hace en el OD. No obstante aquí ya no estamos hablando de orden sacerdotal, por muy poético que pretendiera ser aquello de comparar la bata blanca de las administradoras con el alba del sacerdote, y cómo ambos se revisten por las mañanas -que con estas mismas palabras se me explicó-, los unos para celebrar Misa y las otras… para empuñar la escoba y los trapos de limpiar (pero esto ya no lo decía la comparación oficial, se ve que quedaba mucho menos poético). Me parece un paralelismo abusivo y traído por los pelos. Ni son cosas comparables, ni se trata de quedar a pre, ni se trata de quién hace el servicio más importante. Sencillamente equiparar ambas cosas es un sinsentido. Una absurdez fruto del afán justificador del fundador. Un intento de tener contento al servicio otorgándole una importancia pseudosacerdotal. Puro peloteo. Un doramiento de píldora muy principal. Doramiento. Doro y miento.

La única coincidencia entre una cosa y otra está en el sustantivo empleado por el fundador (“servicio”). Pero es evidente que nada tiene que ver el etiquetado, lavado y planchado de ropa, con el etiquetado, lavado y planchado de… almas. (Toma ahí paralelismo guapo. Cero poético, lo reconozco, pero mucho más ajustado a la realidad.)

Como no tengo ninguna pretensión de hacer un trabajo sistemático, con esto del machismo me voy a limitar a hacer una enumeración de factores, que pivotan sobre:

  1. Decidir.
  2. Las numerarias auxiliares.
  3. La atención de los centros.
  4. Inferior calidad de vida.
  5. Inferior categoría.
  6. La libertad.
  7. La naturaleza femenina según el OD.

Decidir. Votar.

Las mujeres no deciden lo suyo propio. Otros decidieron hace ya tiempo lo que es mejor para ellas. Y ya de paso, todas las normas, grandes y pequeñas, que rigen su vida. Desde dónde tienen que vivir, hasta cómo tienen que vestirse, lo que tienen que comer o dónde y cuándo tienen que dormir...

A quien piense que exagero: si no recuerdo mal, en el libro de Mª del Carmen Tapia se describe como consiguieron, con grandes dificultades, que Roma les aprobase que pudieran vestir de manga corta. Que se lo aprobasen. La manga corta. En Venezuela. En los 60. Es de locos. Quien crea que eso no pasó por el filtro aprobatorio del fundador y sus adláteres, es que es demasiado ingenuo. Pues así todo. Todo. Todo está establecido desde tiempo inmemorial, desde los tiempos fundacionales, y todo es preceptivo: los bañadores con refajo fronto-lateral, la bata blanca para unas y el uniforme para las otras (recuerdo el relato que se me transmitió de cómo el fundador decidió ambas cosas), el color de las medias que has de llevar con la bata blanca o con el uniforme, las vajillas distintas, la ropa distinta, las camarillas, la longitud de las faldas y de las mangas (y luego de los pantalones), las medias hasta en verano, la cantidad de pie (si, pie, PIE, habéis leído bien) que puede quedar visible, consultas preceptivas por las cosas más nimias (siendo necesarias), normas que no tienen justificación alguna (por ejemplo, en mi centro de estudios no se permitía comprar compresas, había que usar las de su almacén, que eran de una calidad deleznable) … Es todo un sinsentido. Y todas estas normas, la mayoría, las impusieron en su día hombres, o pasaron el filtro de su aprobación. ¿Acaso alguien piensa que lo de permitir los pantalones, bien entrados los 90, (¡los 90!) no tuvo la venia expresa del Prelado? (y seguro que no fue fácil obtenerla, de todos es sabido que al fundador le parecía que mostrábamos “el globo terráqueo”. Eso lo recuerdo yo. Yo. Yo he visto la filmación de esa tertulia en la que lo decía. Me acuerdo perfectamente. Fue uno de esos fragmentos que posteriormente se eliminaron.) (Me pregunto hasta qué punto habrá llegado la poda de grabaciones, hoy en día. Habrá tertulias de las que no quede nada o casi nada).

Pues eso. Que la mayoría de normas las aprobaron hombres, directa o indirectamente. Y las ejecutaron mujeres, claro que sí (hubo y hay mujeres con mentalidad machista, y no pocas), con una fiereza inusitada. El que las ejecutoras sean mujeres no hace la medida menos machista ni la situación menos absurda. Ni cambia el que la vida de las mujeres del OD la decidan los hombres del OD.

Si algunas de esas cosas se cambiaron posteriormente es porque la vida, o como dice Mediterráneo, LA VIDA, con mayúsculas, se terminó imponiendo. Pero resistencia hubo, hay y habrá.

Por supuesto, lo de la elección del Prelado, que no se me olvida. Mucho menos van a andar decidiendo cosas importantes, las mujeres. Las mujeres no tienen derecho a voto en la elección del Prelado. Cuando sale este tema siempre te vienen con que es cierto, pero que sí tienen voz (así que no les tapan la boca, menos mal, mire usted qué gran concesión *con los ojos en blanco*, loados sean los señores electores), y que su opinión incluso se puede tener en cuenta y tal y cual. Lo que viene siendo depender de la buena voluntad de quien sí tiene derecho a voto. Lo que viene siendo no poder hacer valer su opción y depender del día que tengan los señoros votantes, si están receptivos a sugerencias o no lo están. Mira, mira la foto y no me vengas con pamplinas. Esos paisanos, todos cortados por el mismo patrón, esos son los que deciden que no puedes votar, pero no te quejes, que ya te puedes poner pantalones, qué más quieres. Qué querrán estas mujeres, es que no sé de qué se quejan, la verdad.

Las catetadas de la mandamasa, me dan la risa. Nos dan la risa. No hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír. Que tanto el Vicario regional (o Consiliario) y el Sacerdote Secretario, que son hombres, numerarios, y presbíteros, mandan, y mucho, en la SM (Josef Knecht). Mira a ver si te lees los Estatutos, chata. Que la Asesoría, a la hora de la verdad, ni pincha ni corta. Tú sigue ahí, pensando que como ya hace algunos años se os permitió a las numerarias tener cuenta corriente, ya está todo bien. Plis plas, arreglado.

Las numerarias auxiliares

Las numerarias auxiliares (en adelante nax).

No tengo palabras, en serio. Es que no sé ni por dónde empezar.

Ya el mero hecho de que un señor, sacerdote por más señas, haya instaurado oficialmente que ser sirvienta de una casa, de una casa pretendidamente normal, donde viven seglares pretendidamente normales, es una vocación divina específica, me saca los ojos de las órbitas. Que este señor se predique inmerso en medio del mundo, se considere un adelantado a su tiempo, y lo haya establecido en pleno siglo XX, no tiene nombre. Que tal disparate perdure en el siglo XXI… Es que se me llevan los demonios. Es inaudito.

Es que me llamaba la atención hasta cuando estaba dentro (que me lo contaron cuando llevaba ya años de numerariez, así que algo de conciencia de que eso es raro, sí que había). Y eso que yo daba por sentado, ilusa de mí, que tenían su sueldo, su nómina y su alta. Vamos, lo contrario ni se me paró en mientes. Ni por el forro. Yo me fui del OD (me fueron) presuponiendo que las nax eran empleadas legales, cobraban, y cotizaban como las que más. Me he desayunado de lo contrario, como tantas otras personas, leyendo los testimonios de la web.

Que hoy en día las nax estén dadas de alta en Seguridad Social y se les pague un salario, a efectos del argumento que estoy tratando ME DA IGUAL. En primer lugar, el que todos los “defensores” de tal estado de cosas insistan, repetidamente, en que “ahora ya no es así”, implica que de toda la vida SÍ era así. Me da igual que ya no sea así. Me sigue sublevando. No sólo porque, además, en palabras de Mediterráneo, ni una sola, ni una, está de alta por las horas que trabaja realmente, ni cobra todas las horas, ni, en la práctica, pueden tener tranquilamente su dinero en el banco. El suyo. El ganado con el sudor de su frente (literalmente). Sino también porque, el que estén dadas de alta en Seguridad Social AHORA (que, como dice la misma Mediterráneo infinidad de veces, se han visto obligados, no les ha quedado de otra, en ningún momento han “visto” que hubieran obrado mal, y decidido “vamos a hacerlo bien”) … Este “ahora” ¿desde cuándo dura? Porque hay testimonios muy recientes, recientes digo, de quien era nax hace pocos años, y todavía no se las daba de alta ni se les pagaba sueldo. Incluso de menores. En los casi 100 años de la institución se ha dado de alta a las nax cuando se han visto obligados por factores externos. Y eso ha sido cuándo ¿en los últimos 5 años? ¿6? ¿7? Claro, claro, qué buena pinta tiene eso de tener esclavas domésticas durante décadas y décadas, hasta hace nada. Ni apariencia de desigualdad tiene. Es de una justicia prístina y refulgente.

Pero es que además, por grave que sea eso, que lo es, y mucho, la cuestión de fondo es otra: ser sirvienta es un trabajo, UN TRABAJO. ¿No es capaz de entender esto el paladín del trabajo profesional en medio del mundo, el intrépido adelantado a su tiempo? ¿Es tan difícil de entender? Que se le quiera dar importancia a un trabajo oculto, callado, y que facilita mucho la vida a los demás, me parece superbién. Muy requetebién. Todo lo que vaya en ese sentido tiene mi apoyo. Vamos a reivindicar a las sirvientas, y ya de paso a todo el servicio doméstico, del tipo que sea, a las madres sacrificadas, a los padres comprometidos, y a los abuelos/as que sacan adelante la vida cotidiana de las familias. Todo lo que queráis. Poco me parece. Pero es un trabajo, no una llamada celestial. Es una tarea, no una identidad. Ni siquiera una virtud. Es una profesión, de lo más profesional si la quieres profesionalizar (el profesionalizador que la profesionalice, buen profesionalizador será), pero no es una vocación específica de carácter sobrenatural. Tal consideración carece totalmente de sentido.

Si una nax, cual es la teoría, es un miembro más del OD y tiene la misma vocación que todos/as, esto es, es una cristiana corriente que según la versión oficial (aka “la tapadera”), se santifica en su vida ordinaria con su trabajo, el servicio doméstico, pues entonces no hace falta instituir las nax. Eso pueden hacerlo numes, agdas, supers, o nada en absoluto (siempre en femenino, bien entendu, estamos “razonando” dentro de la mentalidad fundacional).

Si por otro lado estamos hablando de una cristiana que se santifica específicamente con ese trabajo como servicio necesario e imprescindible para el OD (criterio fundacional más arriba relatado), entonces… ¿Por qué no hay también la nadmin? La administradora también da ese servicio en el OD. Es igualmente necesaria, hace un servicio a la Sección de Varones (en adelante SV) de tipo doméstico, de la misma naturaleza que el de la nax. También el fundador vio su necesidad. Tendría que haber establecido una vocación específica de nadmin, y no el trabajo profesional de administradora, que se puede coger y se puede soltar. La numeraria puede dejar de ser administradora (por difícil que sea en la práctica, poder, puede), no lo tiene en su ADN sobrenatural como la nax. (Nunca una nax será otra cosa. Ni siquiera “promocionará” a administradora. Criterio dixit.)

Y, ya que es así, que la nax existe porque se trata de un servicio necesario para el OD, ¿por qué no se hace con otros servicios igualmente necesarios? ¡Anda que no hacen falta en el OD servicios! Un servicio de cuidadoras-asistentes/enfermeras, sin ir más lejos. ¡Con la cantidad de gente mayor que hay para atender! Cada vez más. Y teniendo taitantosmiles de miembros, ¿no les hace falta un servicio médico? Y toda esa gente, ¿no come? ¡Pues habrá que instaurar una vocación diferenciada! (gracias doy al Cielo de que nadie lo haya “visto”, porque entonces me habría tocado). ¿Y no se trasladan? ¿Por qué no hay vocación de numes dedicadas al transporte? Y ahora que lo pienso, ¿no era una necesidad perentoria “envolver el mundo en papel impreso”? ¿Por qué no hay numeriodistas?

Sí existe la nax, una subespecie de nume identificada y definida por su profesión. Pero no existe la nadmin, ni la nenfermera, ni la numeproveedora. Si la nax tiene sentido por el servicio a los miembros, un servicio que se considera necesario, la nenfermera tendría todo el sentido, dado que siempre hay y habrá enfermedades y gente mayor, y la numédico también. Y ya que hace falta comer (necesidad de la que son conscientes y por eso se creó “Gestoría” en todas sus formas en las distintas deles), ¿por qué no conseguir los productos desde su origen? Y de ahí nacería el nagricultor y el nganadero (vamos a poner que también los chicos tienen que arrimar el hombro). Y ya que se necesitan casas y por eso existió (¿aún existe?) “Incodesa”, pues habrá que establecer las vocaciones específicas de ncarpintero, nherrero y nalbañil. Y nchófer. Y nmecánico. Y nelectricista. Y así sucesivamente. Todas con una llamada divina muy concreta, específica. Hay que llevarlo en el ADN de la propia vocación. No se vale ser nchófer por la mañana y numeriodista por la tarde. No se puede pasar de nagricultor a nelectricista. (Vale. Voy a dejar de divertirme ya).

Ah, ¿que no se trataba de numerarizar lo que son simples profesiones? Pues es que ser sirvienta es meramente eso, una profesión. Y una que no imprime carácter. Como mucho algunos días te puede poner de mala leche (de mal carácter). Pero un status sobrenaturalmente establecido, no es.

¿Podemos hablar ahora de que el modelo de vida en los centros es un modo de vida rancio y caduco? Es otra cosa que me saca los ojos de las cuencas. En OL se ha hablado del tema, y, según varias fuentes, el fundador tomó el modelo de lo que vio en casa de la marquesa de Mac-Mahon, donde servían doncellas de guante blanco y uniforme negro con cofia, puños y delantal almidonados. ¿En serio? ¿En serio? ¡A ver si va a ser verdad que lo de vivir como marqueses no era tan sólo una expresión! ¿Es este el modelo de cristianos corrientes en medio del mundo? ¿Este? ¿Es esta conducta y estos modos marquesiles de lo que hemos de tomar ejemplo? ¿Es esta gente la que tiene que orientar la vida de los demás? Seguro que no dan ningún consejo descabellado, como, yo qué sé, que para hacer la oración de la tarde basta con decirle a tu secretaria que no te pase llamadas durante media hora. (De dónde habré sacado yo este ejemplo, qué cosas me invento. Gervasio: ver punto 3º) ¿Es lo corriente en las casas en la segunda mitad del siglo XX tener un servicio interno del calibre del que han tenido? No hablo de ahora, aunque hay centros en los que todavía les dura. (y ya les gustaría continuar de igual modo generalizadamente ¡anacronismos a ellos!). Pero lo cierto es que actualmente es insostenible debido a la escasez de nax, y porque al servicio externo le daría la risa floja si les hacen ponerse cofia, delantal y guantes para servir la mesa. Eso si no salen corriendo por sospecha de fetichismo.

¿Podemos hablar también de este problema, generalizado en el OD, que está en el origen de todo ello? El de que las inclinaciones, opiniones, vivencias particulares, y el modo de ver las cosas del fundador (anclado en la primera mitad del siglo XX español), se convirtieron en norma en el OD. Por este derrotero hay cosas extremadamente mal hechas, como dar valor a la imitación de costumbres de su familia (y ya que estamos, a personas de su familia). Proyectar su personalidad en todo: las normas de piedad, la decoración de las casas, el apostolado de la coacción, el reglaje milimétrico de las vidas… El fundador estaba impregnado de pareceres que responden a su carácter, a su paisanaje, a su experiencia social, a sus frustraciones particulares. Estos pareceres tan personales se imponen por encima de todo. Por encima de la realidad social. Por encima de lo que es justo. Están por encima de las personas. Por encima de las circunstancias de esas personas. Como producto de ello, se dan actuaciones muy injustas, incluso crueles (hay testimonios de nax en esta web y fuera de ella que ponen los pelos de punta), Y un profundo anacronismo en el estilo y el modo de actuar que impregna el OD hasta hoy en día.

Aquilina aúna muy bien el sinsentido de que ser nax sea una vocación específica y la adopción de ese modo de vida trasnochado: “Ahora, no tengo problema en admitir que esto haya pasado por las circunstancias históricas en las que vivimos hace 50, 40 o tan sólo 30 años. En cambio, que esto sea voluntad de Dios, dentro de una institución que se jacta de haber llegado con cien años de antelación, no lo admito en absoluto, y me escandaliza que sigan con este argumento –con el que pretenden además seguir con esta praxis- como si nada, atrasando parece que al infinito el momento de pedir perdón y reconocer tanto mal provocado.” Los recientes acontecimientos de Irlanda, ponen de manifiesto la actualidad de este enunciado.

Hay un aspecto de las nax que explica muy bien Gervasio (siento no encontrar el artículo ahora): a las numerarias dedicadas al servicio doméstico se las instrumentaliza. Ellas no han de ejercitar el apostolado en el medio del mundo, en su profesión y desde su profesión. No se busca de ellas que ejerciten el apostolado propio de su profesión, sino que sean útiles lavando, planchando, cocinando y limpiando. Las nax se limitan a fregar, cocinar, coser, hacer la colada, servir el comedor, abrir la puerta, etc., en el mayor silencio posible. Se busca su utilidad, pero es esta utilidad lo que les impide hacer apostolado. Hacen el mismo apostolado que la lavadora, la plancha y el aspirador juntos. Con el resto de profesiones no se permite esto.

Como seguramente más de una y más de dos se dieron cuenta de este sinsentido (que parece una tomadura de pelo), pues entonces se inventó aquello tan lucido del “apostolado de los apostolados”, una cosa muy poco esquizofrénica que cualquiera puede entender. Cero alienante. Qué pena y qué lástima que ese apostolado tan de ahí, al fondo, pero que muy en el fondo, coincida tan exactamente con la conveniencia de una serie de personas que viven considerablemente cómodas, siguiendo el modelo marquesil. Si no, hasta hubiera colado.

Balzac lo expresaba así de crudamente: “La mujer casada es una esclava que hay que saber poner sobre un trono.” (en Fisiología del matrimonio). Pues esto es lo mismo. La nax es una esclava atada a un centro, una esclava de la gleba. Para que esté contenta y no dé guerra, vamos a decirle que ella es la más importante. Verás qué bien.

Vamos a hablar claro. El problema de fondo por el que no se rectifica con las nax, ni en el concepto general ni en los casos particulares, es tener que reconocer:

a) que este modo de vida de “familia bien” (pero muy requetebién) responde a un particular deseo del fundador, a su estilo personal;

b) que hay que aggiornarse, porque esto ya no se ve por el mundo;

y c) sobre todo, que el origen de las nax se debió a razones puramente prácticas. Pero en su momento se inventó, por conveniencia, y se sigue defendiendo, que la razón de su origen, y de su mismo ser, es sobrenatural.

Bonus: d) Ah, claro, y ya de paso, que no vale con decir que te has equivocado y ya. No. Reconocer que te has equivocado implica reparar. Y reparar es caro. Da “mala imagen”. Sobre todo cuando has estado justificando durante años lo contrario por activa y por pasiva. Y se te queda una cara de tonto…

La atención de los centros

Enlazando con lo anterior, está presente en el fundador el concepto de que los hombres tienen que ser servidos para que perseveren en el OD. Y la práctica. (Véase que no me lo invento: ¿Dónde están los varones?)

Vale. Vamos a cambiar “que tienen que ser servidos” por “que estén bien atendidos”, que es una expresión parecida (como de la generación de mi abuela) y así parece menos. Tanto me da. A lo que voy es a que este es el fundamento de la fundación de la Sección de Mujeres (en adelante SM)…


En cuanto al origen de las nax, está clarísimo. Aquí nos ilustra Mediterráneo profusamente sobre ello. Viene diciendo que a buenas horas la aristocracia de la inteligencia iba a plancharse las camisas, eso hubiera durado dos telediarios. El fundador lo vio claro, clarinete: o hay buen servicio, o esta gente tan escogida se me va.

Yo aún voy más allá. Tengo para mí que toda la SM nació para servir a la Sección de Varones (en adelante SV). Es la razón de que se creara. Para que fueran el servicio. Estoy convencida. Porque, vamos a ver, estamos hablando de una época (1930 fundación de la SM) en la que ni la ley, ni la costumbre, ni la educación, ni nada de nada equiparaba a las mujeres con los hombres, y mucho menos su papel. Los hombres, caso de ser de familia bien, hacen estudios superiores y acaban siendo que si abogados, que si arquitectos, que si médicos y profesiones de ese pelo. Si no estudian, porque no tienen posibles, se forman en el oficio/trabajo que sea, como aprendices o similar, y se hacen carpinteros, mecánicos, albañiles, ordenanzas… (estamos hablando de ámbitos urbanos). ¿Y las mujeres? Pues las señoritas de buena familia no hacían nada. Un barniz educacional para que fueran instruidas y complacientes, lucidas, para matrimoniar lo mejor posible. Las demás, sin barniz educacional y con la notable diferencia de que trabajaban duramente en su propia casa o en otra (criadas, costureras, cocineras), mientras intentaban casar. No elegían nada, ni en la esfera privada ni en la pública. No se contemplaba la normalidad de que trabajasen. Si por el motivo que fuese se las permitía trabajar fuera de casa (“se las permitía” es literal), era exclusivamente en trabajos “femeninos”: maestras, secretarias, enfermeras, bibliotecarias. Y eso hasta casarse, momento en que pasaban a atender su casa. Una vez casadas, se acabó. Y si tenían la “desgracia” (para la mentalidad de la época) de no casarse (ser unas “solteronas”), pues podrían continuar en dichos trabajos (las menos), o asistir a sus padres, servir, o llevar alguna casa, la de un familiar, una tía mayor, o un hermano sacerdote.

En medio de ese ambiente social e ideológico, en ese caldo de cultivo ¿De verdad alguien cree que en 1930, de repente, tras haber dicho que no habría mujeres ni de broma en su OD, el fundador va y crea la SM en pie de igualdad con la SV? ¿Que también consideraba a las mujeres “aristocracia de la inteligencia”? ¿Que las iba a mandar a la universidad a dar clases? ¿Que las iba a poner a dar conferencias en el CSIC? ¿Que quería que dirigieran bancos y fuesen ministras? ¿No encaja más, mucho más, que las encuadrase como mujeres no casadas que iban a ocuparse de llevar las casas?

En realidad eso tiene todo el sentido, y cuadraría muy bien con lo que he dicho más arriba, en el punto 2. Esto es, que el fundador haya establecido nax desde un inicio (originalmente “numerarias sirvientas”), pero que no existan las nadmin. Porque inicialmente la vocación de toda la SM (sólo había numerarias) era realizar este servicio. Las unas como sirvientas, y a esas las tenía amarradas con el refuerzo de una vocación específica (como bien explica Mediterráneo en el artículo linkado más arriba). Las demás como gobernantas (puedes llamarlo “administradoras”, que suena mejor, pero gobernantas es lo que son). En la mente del fundador hacían falta, para los centros de sus chicos, unas sirvientas y unas organizadoras del hogar. Y coge el modelo organizativo que más le gusta, del que ya hemos hablado en el apartado anterior (el marquesil). Por eso surge la SM y durante muchos, muchos años, ni siquiera se planteó que las mujeres hicieran otro trabajo.

Así que eso que “vio” en 1930 fue algo así como: “este problema que tengo con el servicio de los centros de mis chicos, lo resuelvo metiendo en el OD a sirvientas y a unas gobernantas que manden a las sirvientas y me lleven la casa.” Una vez más, mucho menos poético y trascendente que lo que se vendió a posteriori. Eso se fundó así, tal cual, aunque luego haya habido que vestirlo de lagarterana para que fuera más lucido.


Yo no sé si fue porque se vio que no todas las señoritas instruidas iban a asumir pacíficamente ese rol de buenas a primeras, y había que tener algún otro modelo a mano, o porque le estaban pitando mujeres que ya estaban trabajando (obviamente como secretarias, asistentes y similar, trabajos “femeninos”), el caso es que años después sí que se admitió a algunas mujeres con trabajo externo. Eso sí, siempre dispuestas a dejarlo todo por el servicio a los centros (curiosamente siguiendo el modelo del matrimonio: que si pitaban, dejaban de trabajar fuera y pasaban a servir “en casa”), como administradoras o en otro trabajo interno. Qué casualidad, ese momento siempre acababa llegando (más bien pronto que tarde). Esto no modifica, más bien viene a abundar, en que el origen de la SM fue por la necesidad de servir a la SV, y concretamente para organizar y realizar el servicio doméstico de los centros de varones.

He leído en esta web y en más de un libro varios testimonios de que el fundador, en Roma, presumía ante las visitas de ser servido por mujeres con estudios, licenciadas, que habían dejado el ejercicio de su carrera para servir en aquella casa.

Inevitable el paralelismo con las funciones de la sección femenina de falange, que señala Josef Knecht, si bien hemos de señalar que ésta se fundó cuatro años más tarde que la SM. ¡A ver si va a ser verdad que el fundador era un visionario y un adelantado a su tiempo!

No soy la única que tiene la certeza de que el fundador no podía tomarse a las mujeres en serio como iguales a los hombres varones de su Instituto (Michael Wals realiza esta afirmación en el contexto de las aprobaciones vaticanas buscadas en 1950). Del mismo autor, sobre lo que espera la organización de las mujeres que ingresan en ella: Una parte separada de la Constitución de 1950 estaba dedicada a la sección de mujeres (una práctica abandonada en la nueva Constitución), en la que no se contempla que las mujeres lleguen a una gran superioridad. Las tareas que Escrivá anotó en el párrafo 444 eran firmemente tradicionales. Se esperaba que los miembros femeninos del Opus Dei asumieran tareas como las de dirigir casas de retiro, publicar "propaganda" católica ("escrita con la ayuda de los editores"), trabajar en librerías o bibliotecas, instruir a otras mujeres y "alentarlas en la modestia cristiana" promoviendo la educación de chicas -aunque aparentemente sólo en escuelas de un solo sexo-, enseñar a las mujeres campesinas "tanto la destreza apropiada como los preceptos cristianos" y preparar a sirvientas para el trabajo doméstico, empeño principal para los miembros femeninos del Opus y una significativa fuente de reclutas. Y también tenían que cuidar de las capillas (párrafo 445). Que me aspen si no es clavadito a lo que hacía la Sección femenina de Falange.


Otro dato revelador de que las mujeres en el OD no nacen en pie de igualdad con los hombres: cuando ya había hombres casados en el OD, no había ni podía haber mujeres casadas. Todas tenían que ser célibes y dedicadas al servicio de la estructura OD. Refiere Carmen Tapia que le dijo Guadalupe Ortiz de Landázuri: “Pregunté si no podría ser yo un miembro del Opus Dei, pero de los casados, ya que en el Consejo de Investigaciones Científicas [ella era secretaria allí] había hombres del Opus Dei, pero casados. Abiertamente la respuesta de Guadalupe fue que no.

-Habrá mujeres casadas, quizá, pero no se sabe cuándo. -Y agregó-: Ésa no es la vocación para la que tú has sido llamada.

Resumiendo: hombres casados, sí. Mujeres no. Ya si eso luego, más tarde, pero ¿cuándo? No se sabe. Incluso pudiera ser que ese momento no llegara nunca. Estamos hablando de año 1948. La SM hacía 18 años que existía, y aún estaba exclusivamente para servir a la SV y a la propia estructura del Instituto. Que pudiera ser otra cosa, (qué sé yo, voy a decir una locura: ¿el equivalente de la SV pero en mujeres?), no se planteaba ni de lejos. Ni por las propias mujeres que estaban dentro.

Es Isabel de Armas en su libro “Ser mujer en el Opus Dei” la que nos ilustra que a finales de los años 60/principios de los 70 empezó a haber mujeres en la SM, unas pocas, que no trabajaban asistiendo a los centros. Esto es, casi 40 años después de su fundación (*ojos en blanco* nada más que 40 años hicieron falta para empezar, sólo empezar, a admitir que podría ser que algunas, unas pocas mujeres, trabajasen fuera del hogar). Y eran pocas, poquísimas. Casi únicamente en las grandes ciudades. Tampoco valían todos los trabajos (las más eran profesoras). Isabel de Armas era una de ellas (era periodista), la única de su centro. Se le dijo muchas veces, y así lo refleja en el libro, que con ella lo estaban haciendo a posta, lo de dejarla trabajar fuera. Era una ramificación funcional tolerada para atraer a otras profesionales, mujeres de cierta formación y nivel social, y para poder decir, de puertas afuera, que no todas las mujeres del OD hacían trabajo doméstico o interno. Vamos, lo que viene siendo el video del carnicero, pero en señorita con profesión fuera del hogar. (*modo irónico on*) Tanta modernez me apabulla, en serio, maravillada estoy, pero cuánto progresismo y cuánta igualdad igualitaria equivalente en su equivalencia ¡no doy crédito a tanta modernez! unos adelantados a su tiempo (*modo irónico off*). Un dato: llevaba mi señora madre 15 años en el ejercicio de su profesión, trabajando de lo lindo tras sacarse los correspondientes estudios, cuando llegaron a la SM las pionerísimas del trabajo profesional de la mujer fuera del hogar. Es que me mondo.

Como muestra: “Es que demasiados de los casos que te proponían como doctrina, como modelo del deber ser, eran nimiedades; temas muy huecos, artificiosos y carentes de contenido, o con un contenido tan pobre que venían a ser puro adorno, en tanto cuestiones de mayor peso específico -por su valor social o ético-, se pasaban por alto. Supongo que, en gran parte, esto era consecuencia del mundillo especial y cerrado en el que nos teníamos que mover un montón de mujeres y al que había que hacerse; un mundo estrecho, creado por monseñor Escrivá con una finalidad concretísima: que la intendencia y la administración de las casas de la Obra funcionaran al nivel y de la forma que él tenía previsto. Todo lo demás importaba mucho menos o ni tan siquiera importaba. Que sus hijas "le cumplieran las normas" y que sirvieran como era debido (en limpiezas, manduca, orden, decoración...), esa era la finalidad principal, y entre quienes tenían un probado "buen espíritu", eran elegidas las que, liberadas de la ejecución directa de estas tareas hogareñas, se dedicaban a dirigir, es decir, a hacer que otras las hicieran.

El que hubiera numerarias con otros horizontes e inquietudes se toleraba con reparos -como algo que no había más remedio que contar con ello porque el mundo de la calle iba por ahí y tampoco se trataba de perder clientela-, pero no se impulsaba lo más mínimo. A partir de los años sesenta sí comenzó a fomentarse el que las militantes que eran universitarias se prepararan para ser profesoras de los colegios que la Obra comenzaba a abrir en cadena.” (Isabel de Armas - Ser mujer en el OD cap. 2)

La organización de los centros estilo marquesil, querida por el fundador, amén de profundamente injusta (eso por lo visto no importaba), ha sido causa de grandes inconvenientes organizativos y estructurales. No entiendo cómo una mente tan esclarecida, nacida 100 años antes de tiempo, no fue capaz de prever los problemas que le iba a originar. Hubiera sido mucho más fácil que la atención de los centros masculinos la hicieran ellos mismos. Inicialmente habría sido necesario cierto aprendizaje y organización, pero una vez establecido, se hubieran evitado muchos quebraderos de cabeza: teléfonos internos, dobles puertas, distintas entradas a un mismo lugar, llaves internas, dobles llaves, turnos, galerías subterráneas, instalaciones rarunas, huida de zonas a determinadas horas (incluyendo precipitaciones por la ventana con el consiguiente descalabro, según se ha descrito en esta web)… Tantas rarezas estructurales y organizativas. La incómoda sensación de que no estás en casa en tu propia casa, de que no puedes decidir nada de tu vida cotidiana (qué comes, cuándo, dónde, si te lavas unos calcetines para mañana). Encargándose ellos mismos, no habría problemas de comunicación, y los residentes hubieran tenido palabra en la organización de su propia casa. Seguro que sentirse como una familia y sentirse a gusto en tu propia casa también tiene que ver con eso. (Uy, y además se hubiera ahorrado tener que admitir mujeres en su OD. Esos seres insensatos y caprichosos que tientan a la aristocracia de la inteligencia. Mira qué bien).

¿Queremos coger el todo por los cuernos y admitir de una vez que ya no es posible, YA NO, organizarse de esta manera? ¿No hay manera, de verdad, de verdad, que los centros de varones los atiendan varones? Vamos a ver. ¿A alguien le parecería normal que los señores numerarios no aprendan a conducir, y sean llevados y traídos todos los días por chóferes particulares dedicados específicamente a eso? Pues si eso no se plantea ni se ha planteado nunca, porque es ridículo, en el mismo orden de cosas, es necesaria una autosuficiencia concordante con tus necesidades. Mucho más cuando se trata de necesidades tan básicas como hacerse de comer, lavarse su propia ropa o limpiarse su propia casa. Vamos, lo que viene siendo lo normal: que una persona normal y educada sea autosuficiente, y se haga la compra, y se cambie las sábanas de su propia cama, y que, mejor o peor, se limpie su propia porquería. Y si no sabe, aprende. Y si algo se le resiste, pues para eso creó Dios las tintorerías y el roomba, y la sección de comida preparada del Mercadona. Sin embargo pasan los años y sigue sin ser así: los numerarios del OD, de ordinario, no saben ni lo básico de las tareas domésticas (y si lo saben es porque venían aprendidos de casa. De la casa de su familia de sangre. Testimonios no faltan.) Yo he visto ejemplares que no saben ni hacerse un café. El siglo XXI ni está ni se lo espera.

A mí me parece que la realización de las tareas del hogar por parte de los numerarios no sería sino beneficiosa para ellos mismos y para la dirección de almas que realizan: ganarían en autoconfianza, y evitarían muchos de los disparates que dicen al orientar a los demás. (y lo mismo vale para las numerarias señoritingas, dicho sea de paso).


Otra cosa que tampoco entiendo muy bien, en cuanto a las mujeres en el OD, cambiando un poco de tema, es que se haya “fundado” una “sección” para las mujeres. Una sección. No lo entiendo en el sentido de que no entiendo la necesidad de la fundación, de crearla. Es decir. El OD ya existía, ¿no? Ya estaba fundado. (Es casi como la fundación de Caracas por D. Rodrigo Díaz de Carreras. Que la fundó en pleno centro de Caracas ¡que ya estaba fundada! Y no lo viooo… Les Luthiers, una vez más. No puedo evitarlo. Sigo)

Bueno, entonces decíamos que ya había OD. Pues si de repente ves que también las mujeres pueden ser del OD, que también pueden las mujeres santificarse en su vida ordinaria etc., por qué no, lo que viene siendo la teoría de lo que es el OD (véase la Tapadera), con abrir la admisión a mujeres, asunto concluido. Ya está. En el mismo OD que ya tengo fundado, que entren mujeres, lo mismo que entraban hombres. En otros centros, si quieres, por aquello del celibato y tal. ¿No van a hacer lo mismo? ¿No van a santificarse en el mundo, con su trabajo, con su vida ordinaria, igual que los que ya tengo dentro? ¡Pues nada, que entren, que entren! Pero no. Eso no fue así. No entraron mujeres en el OD que ya había. Cómo iban a entrar mujeres en el OD, como iguales a los miembros que ya había, si las mujeres no van a hacer lo mismo que hacen los hombres, sino que van a ser sirvientas y amas de casa para los chicos. No son iguales a los chicos, qué disparate. Las mujeres vienen porque hace falta tener servicio, si no, no vendrían. No vienen a hacer lo mismo que ellos. Entonces no las puedo meter en el mismo lugar. Tengo que fundar “otro OD” para ellas.

En el mismo orden de cosas, cuando al fundador le pareció que también los casados podían ser admitidos en el OD, y estamos hablando del año 1947 (un poquiiito lejos de la fundación en 1928), sencillamente los admitió y ya. Vale, se inventó la especialidad “supernumerario”, pero no creó otro OD para los casados, entraron dentro del mismo. No le hizo falta crear nada. No existe la fiesta de la creación de los supers y sí la fiesta de la creación de la SM. No existe la SC (sección de casados). No creó la “Sección de Casados del OD”. Mutatis mutandis quiso que hubiera, dicho mal y pronto, “clase trabajadora”, y sencillamente los admitió (oblatos) (he dicho “dicho mal y pronto”, ya sé que esto admite matizaciones muy importantes). No creó una nueva sección “obrera”. Tampoco creó los “nobs” (numerarios obreros). Sin embargo quiso admitir a mujeres y creó la Sección de Mujeres del OD. Quiso tener sirvientas y creó las numerarias sirvientas. No tiene sentido ninguno. No, si no es que consideraba a la mujer “otra cosa”. Algo que desde luego no era equiparable a sus chicos. En la mente del fundador, la mujer no es el miembro del OD estándar, el miembro estándar son “mis chicos”. Las mujeres son otra cosa, algo aparte, y, sobre todo, no vienen a hacer lo mismo, vienen a hacer otra cosa radicalmente distinta. Vienen a servir.

Al tener esa visión, se complican las cosas innecesariamente con la fundación de la SM. Porque, a ver si me explico: ya existía el OD. Y luego funda la SM. Entonces tenemos el OD propiamente dicho, que estaba de antes, y la SM, que es un cuerpo nuevo. Espurio. No es el OD como tal. No es propiamente el OD. Si fuera propiamente el OD no habría tenido que fundarlo. Lo de los chicos era sencillamente el OD. Pero lo de las mujeres, es como si le hubiera salido un grano al OD. No es nada coherente y se presta a confusión.

Toda esta incongruencia viene de lo que es la SM, con qué motivo se funda: es el servicio. Pero también es fruto de considerar a las mujeres aparte, como si lo correcto fuese definir las cosas desde el punto de vista masculino, y todo lo que venga después es un añadido. Como cuando se habla del “tema de las mujeres” o “la cuestión femenina”. Como si no fuéramos la mitad de la humanidad (algo más, en realidad). Como si no fuésemos personas normales, o cristiandad, o Iglesia. Como si no fuéramos humanos estándar.

Veamos cómo lo hace la Iglesia (mutatis mutandis). Todos pueden ser de la Iglesia. Hombres, mujeres, casados, solteros, pensionistas, niños de pecho y militares sin graduación. No hay sección de mujeres. ¿Sabes dónde hay secciones de hombres y secciones de mujeres? En las órdenes religiosas. Ah, vale. Acabáramos. Quizás hemos llegado a un punto que nos aporta algo de claridad. Así que la mentalidad fundacional era: “voy a resolver el problema del servicio en las casas de mis chicos, creando una orden femenina cuya función sea esa”. Y ya de paso, a mayores, ponemos otro clavo en el ataúd de la supuesta secularidad de los miembros célibes del OD.


No quiero terminar este apartado sin dejar de mencionar que, si la Prelatura es lo que es, cioè, una asociación de clérigos, ninguna mujer, absolutamente ninguna, es miembro del OD. El último anuario pontificio, por si hubiera dudas.

Inferior calidad de vida

Los hombres del Opus Dei tienen una calidad de vida muy superior a la de las mujeres.

Leyendo testimonios en la web me ha asombrado mucho, muchísimo, las cosas que cuentan los chicos de su vida dentro. Flipando en colorines, así me quedé. Alucino con los cohetes. Para mí eso son fantasías animadas de ayer y hoy. Ya os digo yo que la vida de las numes, agdas y supers es mucho más dura que la de sus homólogos masculinos. A las nax ni las meto en esta comparación, porque, vamos, eso es, como muy acertadamente denominó Robredal, diamantes de sangre hechos con vidas humanas. Ya se sale de la comparación. Se me rompe la gráfica.

Voy a enumerar las diferencias que más me han llamado la atención...


  • Los sitios en los que hacen sus cursos anuales. Os voy a decir dónde hice yo los míos: colegio de fomento vacío por el verano, colegio mayor vacío por el verano. Ya está. Los seis. ¿Nunca fui a una casa de esas que son un chalé con piscina? Claro que sí, dos veces. A sendos cursos de retiro en pleno invierno. Una casa de las pequeñas, de las que tienen un jardín que no puedes pasear porque te sales. Disfrutón total.
  • Las casas donde viven mujeres normalmente no tenían administración, o tenían mucha menos, o era externa (excepción hecha de Delegaciones, Asesorías y demás, of course). Las mujeres, aunque tengan algo de administración, realizan muchas tareas domésticas. Muchas. Y de un modo bastante absurdo y alienante. Es normal que se levanten a las seis y media de la mañana y limpien toda la casa antes de la oración de la mañana. Es normal que sean instruidas en las tareas de administración, como parte de su formación, porque es inherente a toda mujer (¡birria de mujer serías, si no sabes hacer eso!), y en cualquier momento se les puede pedir que dejen su trabajo y “se pasen a la administración”, estando muuuuuuy mal visto negarse. Ojo, que no estoy reclamando “yo también quiero vivir como un marqués” (caería en lo mismo que critico). No es eso. Únicamente estamos comparando grados de bienestar. Y en esta comparación, los unos son servidos y las otras son… “las que tienen que servir”.
    Aquí nuestro amigo Satur lo cuenta mejor que yo, y con más gracia.
  • La pobreza. Bastantes se quejan de que dentro del OD hay clases, y que otros numerarios tenían bula para comprarse productos de toilette y perfumes de alta gama, y yo, probe de mí, me tenía que conformar con marcas de supermercado. Otros que si algunos tenían cochazo y yo por ahí con un Panda. Que si otros iban a jugar al tenis en el club de campo, y yo tenía que ir a las pistas municipales. Es que esta casa de retiro no tiene ni piscina, qué cutrerío. Que aquellos van de excursión a un sitio mejor que yo, y comen fuera, y nadie les dice nada. Que es que vino la ley seca y nos quitaron los wiskis, caray, ya no se puede tomar uno ni un copazo. Que algunos calzaban sebagos y yo los zapatos me los compraba en la zapatería de la esquina… Me vais a perdonar, pero yo como exnume, cuando leo estas cosas, me parece estar oyendo: “ay, qué mal, me ha salido una ampolla de estar tanto tiempo en la cubierta del yate”.
    Yo no dudo que también haya numes de pata negra en la SM que viven fenomenal. Alguna tendrá que haber, sobre todo entre el mandamaseo. Pero ahora os voy a contar yo lo que es la vida de una nume de a pie.
  • En mi centro de estudios los productos de higiene se compraban al por mayor, y eran de ínfima calidad. Ademá,. no es que te los dieran gratis, es decir, los compraban para el almacén. El almacén te los vendía a ti (si, eso que estás pensando: rollo el economato de la mili). Comprar esos productos fuera, era una de esas cosas que no están prohibidas, pero si lo haces, tienes mal espíritu, porque no vives la pobreza, mal por ti, tienes que decirlo en la charla y confesarte a continuación (me acuso de ser una derrochona que se compra el champú en el Carrefour).
    El gel de ducha y el agua de colonia venían en botes de 2 litros, y eran tan malos que picaban. Las compresas del almacén eran pura bazofia (no voy a entrar en detalles, pero para muchas mujeres sencillamente no servían, era inviable). Estamos hablando de algo necesario. Te puedes poner colonia o no, pero compresas hay que usar, es impepinable. No podías tener necesidades especiales (piel sensible, alergias, etc.). En el OD no existe la endometriosis, ni los miomas, ni los ovarios poliquísticos, ni nada que se salga de la regla (…caramba, qué coincidencia).
  • Toda la ropa interior que se comprase tenía que ser de calidad corriente, la más corriente que hubiese. Esto no parece muy importante, pero las mujeres que me están leyendo saben que muchas no pueden pasar sin un par de sujetadores buenos. Es que sin eso ni siquiera se puede hacer vida normal.
  • Una vez me hicieron devolver una falda a la tienda porque no me la había comprado de rebajas. No que hubiera sido cara, no, el precio era aceptable, y la compra de otra falda estaba aprobada por la autoridad. Que no había sido de rebajas. Que por principio, había que comprar de rebajas, no en temporada. No os confundáis, las rebajas me molan. Me gusta más una oferta que a un tonto un lápiz. Peor aún: soy animal de mercadillo. De raza. Eso no me molesta. A lo que voy es al criterio, que no tiene sentido ninguno. Es como si hubiera que arañar en cada gasto, siempre, siempre, por poco que fuera. El precio está bien, pero tienes que sacarlo por menos. Si no puedes sacarlo por menos, entonces no se hace ese gasto. Es absurdo.
    Hablando de compras, otra vez me cayó una bronca por unos zapatos. La compra estaba aprobada: los zapatos que tenía y que usaba estaban rotos por varias partes. Una vez comprados los nuevos, me los llevé puestos, ya que en la zapatería me ofrecieron que ellos mismos tiraban los viejos. Bronca que te crió: el criterio es que la directora ha de ver la compra y aprobarla. Si no te la llega a aprobar, ¿cómo hubieras hecho para devolverlos? Además, tiene que aprobar también que se pueden desechar los viejos. Mal por ti. Nunca más hagas eso. Pues vale. Así que a la siguiente vez que me vi en la misma ocasión (soy muy de llevar unos mismos zapatos hasta que se caen a cachos, sí), en la zapatería, me ofrecen tirármelos y yo que no, que no. Y mi acompañante, que por cierto era la paganini (mi madre), que sí, que si soy tonta, que es absurdo seguir caminando con zapatos agujereados cuando en la bolsa llevo un par nuevo. Y yo que no, que me han dicho que no los tire y que lleve los zapatos nuevos en la bolsa. Pues bien, otra bronca. Por haber dicho “que me han dicho que lo haga así”. No me han dicho nada. Nada de nada. Soy yo la que quiero hacerlo así. Por lo visto tal dislate nace de mí, o debería nacer de mí. Pues vale. Y así es todo.
  • En mi centro de estudios no se compraba el periódico, y era por ahorrar. Sé que era por ahorrar porque así se me dijo. De hecho, no eran enemigas de la prensa, así, en general: unos supers que tenían un negocio en la ciudad, lo compraban para el negocio, y por la tarde, a partir de las 6, ya no les hacía falta, así que nos lo daban. Había una persona encargada de ir a por él todas las tardes (ahorro habría, pero la frescura de la noticia dejaba mucho que desear). Esto, que puede parecer un detalle nimio, da una idea del nivel de racanismo que se gastaba. Oigo hablar de que en los centros de chicos se recortaba el periódico, y que qué vergüenza y tal y cual (razón no les falta, es un poco exagerado). Pero en los centros de chicas, en ninguno de los centros en que yo estuve tuvimos periódico. No se compraba, y era por no gastar. El ahorro en las cosas comunes, en general, era extremo. Y frecuentemente a costa de las personas. De su paciencia. De su salud. De su tiempo. De su aguante físico y moral. Ya he hablado del trasiego de las jarras a las garrafas y de las garrafas a las jarras. Ya he hablado de tener un solo teléfono para 60 personas. Ya he hablado de poner la cafetera tres veces seguidas. Ya he hablado del muchísimo tiempo que se perdía y el muchísimo esfuerzo que se hacía por ahorrar unos céntimos.
  • Una vez me mandó el médico que hiciera ejercicio. Yo pensaba en ir a algún gimnasio, la vida que llevaba no hubiera permitido montañismo, ciclismo ni natación (qué más quisiera yo). Pues que no. Que un gimnasio no, que cuesta dinero. Mira a ver si pudiera ser un gimnasio, pero gratis. Por suerte me entraba un servicio deportivo con la matrícula de la universidad. Eso sí, en donde San Pedro perdió las sandalias, hacía más ejercicio en ir y venir que una vez allí. Debí ir tres o cuatro veces, por lo poco práctico que era. Además, al final, era imposible. Había tantas cosas que hacer y tantos encargos que no podía ir ni una vez a la semana.
    Ni que decir tiene que mi salud se resintió. Pero está visto que unas veces es muy importante obedecer al médico (verbigracia, cuando el tal médico es un psiquiatra del OD que te empastilla a porrón), y otras veces lo contrario. Pero en fin, este es otro tema, y ya fue tratado en otra ocasión.
  • Yo no conozco ni he conocido a ninguna nume (ni a ninguna agda, dicho sea de paso), que tenga coche. Sí que haya un coche o una furgo en el centro, el vehículo del centro, y en alguna ocasión, si les hace falta, lo pueden tomar. Incluso que lo puedan coger para una cosa suya que no son actividades o tareas del centro. Pero que el coche se considere “suyo” (“suyo” al modo OD, se entiende, no suyo-suyo), que ordinariamente lo use esa persona, nunca lo vi. Con esto quiero decir que era una rareza que una nume tenga coche, ni que sea un Panda, ni que sea un Clío. Alguna habrá, no me cabe duda, pero era anómalo.
  • Fumar, qué es eso. Beber, qué es eso. Ni copazos, ni copitas ni copetes. Eso no lo he visto yo en la vida. Una copa de vino (normalito, y lo sé muy bien porque trabajé en Gestoría), en la comida, los días de fiesta A y gracias.
  • Comer fuera (me refiero en un restaurante o similar) era impensable. IMPENSABLE. Ni aunque fuera el comedor de la universidad (lógicamente a precio de estudiante). Eso es un lujo asiático. Se viene a comer al centro, por lejos que esté. Mejor. Un buen paseo te abrirá el apetito. Tomarse un café camino de la Universidad, o en el trabajo, a media mañana, otra falta de pobreza gordísima. Impensable. De confesión. Ni se nos pasaba por la cabeza. Lo peor es que estas cosas se te quedan grabadas en el ADN. A fuego. Todavía es el día de hoy que todos los días, TODOS LOS DÍAS, se me hace raro ir a tomar un café a media mañana, en el trabajo, y como me tome otro a media tarde, me entra cargo de conciencia, porque *shame on me* estoy gastando ya mucho. Este tipo de cosas, además, te hacían ser un bicho raro. Se iban los compañeros de clase a la cafetería de la facultad a tomar algo, y tú, ahí, como un pasmarote. ¿No quieres nada? ¡No, no! Estoy bien. No quiero nada. Así un día y otro. Ya ni os cuento si surgía plan de ir a comer. Lo dicho. Impensable. Un derroche. Un lujo asiático. ¿Y por qué sé que era por ahorrar y no por otro motivo? Porque cuando venían los padres de tu compañera adscrita y te invitaban a comer no había problema alguno. Pagaban ellos.
  • Hacer un viaje necesario, para ir a un entierro, o para ver a la familia, o un viaje de estudios, o lo que sea. La mayoría de las veces no se daba permiso, y con frecuencia se alegaban motivos de pobreza. Ni en autobús. No vas, no se puede gastar dinero en eso. El centro va justo de dinero. No se puede.
    De viajar por placer, ya ni hablamos. Excursiones, qué risa, casi ni se hacían. ¿Una al mes? ¡Qué chiste más bueno! Si hacías dos al año eras una suertuda. En todo el centro de estudios (dos años completos, con sus semestres veraniegos) hicimos UNA excursión digna de ese nombre. Una excursión de salir después de desayunar, ir a la montaña, pasar el día en subir y bajar, y volver para cenar. Una. Y además me la perdí porque tenía que trabajar. (Obviamente no fue sustituida por otra excursión o salida, ni por un paseo, ni por una tarde en la piscina, ni por estar leyendo un libro tranquila media hora, ni por asomarme un rato al balcón. Nasti.)
    Normalmente las excursiones eran ridículas, a la vuelta de la esquina. Se consideraba ir de excursión el salir una tarde y coger el autobús urbano para ver nosequé parque o nosequé monumento, en la misma ciudad. Una simpleza. Si es rezando una romería, mejor que mejor. Todas las excursiones eran así. Siempre con los bocadillos de casa, por supuesto. No te tomabas ni una coca-cola en el destino. Comprar una botella de agua, entrar a un museo, tomarte un helado, ni hablar, eso cuesta dinero. Si lo pillas gratis, podría ser. Si no, impensable.
    Fijaros la penuria del asunto, que esos planes nos parecían la bomba. Ir a ver la catedral y luego pasear un rato, era lo más, un fiestón. Ir a un parque grande a comer un bocadillo, la repera. ¡Yupi, nos han dejado comprarnos un helado! Ese era el nivel. A quien le tocaba curso anual en una casa de retiros con piscina, hacía la ola. Eso ya era de pisar moqueta total, como si te hubiera tocado la lotería.
  • Y ya, si hablamos de las nax, apaga y vámonos. Eso no tiene nombre ni apellidos. Es de una sinvergonzonería total: dormir en camarillas, vajillas de inferior calidad, comer sobras, zapatos de plástico, ropa cateta… UNA VERGÜENZA.

Obviamente estoy hablando de lo que yo viví y vi. Seguramente que en los ultimísimos años, con la escasez de personal que hay, habrán abierto la mano en varias de estas cosas.

(Luego que si las numes son frías y antipáticas. Que si las administradoras son más duras que el pedernal. Perdona: no soy mala, es que me han dibujado así.)

Un detalle al margen: ¿alguien por aquí ha tenido ocasión de comparar las instalaciones de clubes de chicas SanRa y clubes de chicos SanRa? Porque yo sí que he tenido, he visto varios, y lo que se ve en los de ellos, nosotras ni en un delirio onírico: equipamiento de sonido, instrumentos musicales, sala insonorizada, colección de discos, equipamientos deportivos, canchas, escenarios… Hasta una pista de Scalextric montado que se descolgaba del techo. Cosas que ni en sueños, NI EN SUEÑOS teníamos las chicas. Diferencias en las instalaciones y diferencias en las actividades (que para nosotras eran de una sosería infame). Es que hay machismo y salto de calidad incluso a esos niveles.

Inferior categoría