El machismo del Opus Dei: Difference between revisions

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==La libertad==
==La libertad==
Yo cuando leo algunos testimonios masculinos, es que me quedo con la boca abierta. Los ojos me hacen chiribitas. Para mí era impensable que en el OD se pudiera vivir así. Me resulta increíble. Iban y venían con una libertad que me deja con los ojos como platos. ¿Tertulias pirata? ¿¡Qué es eso!? Al menos en mi época lo teníamos que consultar todo, todo, todo, hasta comprarte unas medias o unos cordones para los zapatos. Tomar un café con una amiga, en un plan apostólico, ''bien entendu'', era objeto de consulta (tanto por el gasto extraordinario del café, como por constituir una salida, un movimiento anómalo en tu horario), y sólo consentido por razón de apostolado. Todo era aprobado o denegado. Ya, ya, no era pedir permiso, era “consultar la conveniencia”. Una mierda. No movías un pie sin la aprobación de las directoras. (Sí, [https://opuslibros.org/libros/gervasio_dehormigas.htm Gervasio], lo de consultarlo todo es exigido con mayor rigor en la SM, no es una impresión tuya)…
Una vez quedamos tres adscritas para tomar algo, sin consultarlo. Ojo, no que nos hubieran dicho que no. Que no nos habían dicho ni que sí ni que no, porque no preguntamos. Que fue sin “consultar la conveniencia”. El planazo estratosférico consistió en dos chicas de 17 años y una de 16 tomando una sidra a las nueve de la noche de un sábado, en un sitio completamente normal, en el centro urbano. Habían puesto una sidrería, y eso era novedoso en la ciudad. Escándalo total, vamos *pone los ojos en blanco*. La que nos cayó fue épica. ÉPICA. Aún me resuena en los oídos. Una tertulia pirata hubiera sido impensable. Es que ni se nos pasaba por la cabeza.
Hay en la web el testimonio de un chico que hizo el centro de estudios en Navarra, y que es uno de mis preferidos. [https://opuslibros.org/nuevaweb/modules.php?name=News&file=article&sid=12276 Me encanta por la historia que cuenta]: resulta que él y otros 3 alumnos del centro de estudios se juntaban algunas noches y se echaban unas partidas de rol que duraban horas y horas. A veces casi toda la noche. Eso duró los dos años. Quizás me gusta por el frikismo del asunto. Me encanta, los 4 amigos jugando a rol. Pero también me queda claro que eso en un centro de estudios de chicas es sencillamente imposible. Im-po-si-ble. Ya sólo por imposibilidad física (sitio, control de lugares, tiempos y objetos, etc), no habría manera. Pero es que además estábamos sumamente controladas nosotras mismas, eso no hubiera sido posible de ninguna de las maneras. Las hubieran cogido al primer día. Y la bronca sería de las gordísimas.
¿Una tertulia pirata de noche? Eso no lo he visto yo en la vida. Jamás. ¿Y con cosas de comer y beber? *Se le salen los ojos de las órbitas*. [https://opuslibros.org/nuevaweb/modules.php?name=News&file=article&sid=24254 Haenobarbo] cuenta tertulias pirata para ver una serie, pero no una ni dos, varias, y que cogían bombones o una botella de Secretaría, y que había un trasiego nocturno considerable, con varias escapadas en paralelo. *Se le cae la mandíbula hasta el suelo*. Es evidente que había tolerancia con estas cosas en la SV. Sin embargo, entre nosotras el control era total y completo. Una vez, en el centro de estudios, una subdirectora me hizo la observación de que tardaba mucho en el baño. ¿Quizás se preocupaba por mi salud? Quizás. Pero me parece increíble que se lleve un control del tiempo que estás en el baño (os aseguro que no era nada que llamase la atención). Otra vez me preguntaron por qué no me había lavado el pelo el día en que estaba previsto. Y ni siquiera era “mi” subdirectora. Qué día sí y qué día no toca lavarse el pelo.
[https://opuslibros.org/libros/anexo_historia/capitulo_12.htm Mª Angustias Moreno cuenta] que tenían que pedir permiso para beber agua entre comidas. También acudir a una directora si se rompe algo sin querer. En este caso la directora te da una penitencia: rezar algo, suele ser. Yo lo primero no lo viví (me suena a ambientes muy internos), pero de lo segundo doy fe. Si se te caía, pon por caso, un plato, o un vaso, o una bombilla cuando la estabas cambiando, había que ir a dirección y decirlo. La dire te ponía una penitencia, y en ese mismo momento ibas al oratorio y la cumplías. Y luego dabas cuenta de que la habías cumplido. La penitencia. Todo eso.
(Que digo yo que lo normal es que se le rompan las cosas a quien anda con ellas. Que a las nax se les rompan platos y copas, es lo suyo. Lo raro sería que le sucediera a quien no da un palo al agua, ni se ocupa de nada. Sin embargo, esta norma de decirlo a la directora y cumplir una penitencia por lo que se les rompía, también la tenían las nax. Me parece de lo más injusto y corto de miras, la verdad.)
Dar cuenta. Se me había olvidado eso. A mí se me llamaba muuucho la atención por no dar cuenta. Había que dar cuenta de todo, hasta de lo más nimio. O sea, pasar por dirección, asomar la cabeza, y decir: “ya he planchado el alba para mañana”, “ya he cambiado la bombilla de la entrada”, “ya he llegado de trabajar”, “ya están bajadas las persianas”, “he bajado a recoger el correo y no había”, “ya tiré los calcetines que me dijiste”, “¿Viste la camiseta que me compré? ¿Qué te pareció?”, “ya llevé a arreglar la cafetera”, “ya me confesé”, “ya traje el periódico”, “ya llamé a aquella amiga”, “¿puedo tomarme una aspirina?”, “ya me tomé la aspirina”, “ya me dieron las notas”, … Así todo el día. Había días que pasabas tres, cuatro, y cinco veces. Había cola en dirección. Si la directora estaba ocupada, tenías que acordarte de pasar luego a dar cuenta.
Otra cosa que quería traer a colación es la dureza en la vida de familia entre las numes (y supongo que también se reflejaba en el trato con las agds y súpers, pero de esto no puedo dar testimonio), y concretamente, en el trato que se da a las adscritas. Antes de pitar, todo son halagos y atención. Después, parece que has entrado en el ejército, no en una familia. Mi experiencia al respecto es de lo peor (poco me parece las que se fueron, tres de cada cuatro, si no recuerdo mal). Resulta que somos familia, más fuerte que la de la sangre, y no podemos entrar en el comedor. Mucho menos desayunar o merendar allí (lo de comer o cenar era impensable). Nunca, nunca, nunca se nos invitó a las adscritas a nada. Estoy hablando de 4 largos años, no era una cosa puntual. No éramos bien recibidas allí. En el planchero y otras estancias de servicio sí: a planchar, a lavar, a pintar el patio, a hacer arreglos y a ayudar en todo tipo de tareas, eso sí. Pero a merendar, ni en día de fiesta. Era de lo más chocante. Era absurdo. Era artificial. Era lo contrario de ser una familia. Sobre todo porque teníamos grandes dificultades de conciliación. Por ejemplo, por las mañanas, después de la oración y la Misa, no nos daba tiempo a ir a casa y desayunar antes del instituto. Pedimos si podíamos desayunar en el comedor (pagando el desayuno de nuestro bolsillo, ''of course''). Pues que nones. De ninguna manera. No se nos permitió, NI UN SOLO DÍA, y tuvimos que hacerlo por nuestra cuenta en la sala de actividades del club. El sabor a familia sobrenatural queda muy, pero que muy diluido en esa leche fría directamente del tetra-brick, antes de salir zumbando a clase. No se me olvida.
No soy la única que se ha percatado de que ''el grado de libertad que en general disfruta un numerario no se parece en nada al de una numeraria. Ni de lejos'' ([https://opuslibros.org/nuevaweb/modules.php?name=News&file=article&sid=24194 Dionisio]). [https://opuslibros.org/nuevaweb/modules.php?name=News&file=article&sid=24247 Ana Azanza] lo reivindica mucho. Y [https://opuslibros.org/nuevaweb/modules.php?name=News&file=article&sid=24255 no falta quien le da la razón]. Lejos de mí decir que los chicos se pegaban la gran vidorra, también tenían lo suyo. Pero no me cabe ninguna duda, ninguna, de que, en cuanto a libertad, nosotras estábamos mucho peor.
El control extremo de las mujeres y la mayor libertad de los hombres, es fundacional, e inherente a la caprichosa condición de la mujer: “''Tampoco veía muy claro el por qué desde que uno entraba al Opus Dei tenía que consultar absolutamente todo con la directora, incluso cosas de tipo cultural tales como si uno podía asistir a conferencias o conciertos. No poder decidir directamente sobre el terreno me hacía aparecer muchas veces como estúpida. Y además no entendía yo por qué las numerarias del Opus Dei teníamos que actuar de modo diferente al de los numerarios. Notaba yo mucho esta diferencia al trabajar en el Consejo de Investigaciones Científicas. Los hombres del Opus Dei gozaban aparentemente de gran libertad. Yo veía que ellos participaban en almuerzos, reuniones, seminarios, etc., cosa que las mujeres no podíamos hacer sin consultar primero y en cada caso con la directora, la cual en la mayoría de las ocasiones "no consideraba oportuna nuestra asistencia", ya que, entre otras cosas era una "pérdida de tiempo”''. ([https://opuslibros.org/libros/Tras_umbral/capitulo_4.htm Mª Carmen Tapia<u> - Tras el umbral cap. 4</u>])
Y es esta imperfección de la naturaleza femenina, la que nos lleva al siguiente punto.
== La naturaleza femenina ==