Recuerdos de hace más de cincuenta años: Difference between revisions

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Ante esta comprobación de mi acentuada sensación de distanciamiento respecto a la mentalidad del fundador y de sus más fieles colaboradores, se veía venir la imposibilidad, por mi parte, de cumplir el eslogan que ya se empezó entonces a formular: “Si no estás identificado con la mente y el corazón del padre, es preferible que te vayas”.
Ante esta comprobación de mi acentuada sensación de distanciamiento respecto a la mentalidad del fundador y de sus más fieles colaboradores, se veía venir la imposibilidad, por mi parte, de cumplir el eslogan que ya se empezó entonces a formular: “Si no estás identificado con la mente y el corazón del padre, es preferible que te vayas”.


==Actitud integrista en la formación teológica y en la liturgia==
== Actitud integrista en la formación teológica y en la liturgia ==
 
([https://www.edmilenio.com/esp/naufragio-y-rescate-de-un-proyecto-vital-3320.html ''Naufragio y rescate de un proyecto vital''], vid. pp. 240-243).
 
Cuando nos encontrábamos ya en la etapa postconciliar, la obstaculización que el padre Escrivá impuso a la aplicación, en los actos litúrgicos dirigidos a los miembros de la Obra, de buena parte de las reformas conciliares, cuando no eran obligatorias, fue otro aspecto que acentuó mi malestar. Ciertamente que si se lee el texto conciliar, se puede comprobar, por ejemplo, que la utilización de lenguas vernáculas en sustitución del latín no era algo obligatorio, sino una opción dependiente de lo que estableciesen los obispos para sus diócesis…
 
''1. Se conservará el uso de la lengua latina en los ritos latinos, salvo derecho particular.''
 
''2. Sin embargo, como el uso de la lengua vulgar es muy útil para el pueblo en no pocas ocasiones, tanto en la Misa como en la administración de los Sacramentos y en otras partes de la Liturgia, se le podrá dar mayor cabida, ante todo, en las lecturas y moniciones, en algunas oraciones y cantos, conforme a las normas que acerca de esta materia se establecen para cada caso en los capítulos siguientes.''
 
''3. Supuesto el cumplimiento de estas normas, será de incumbencia de la competente autoridad eclesiástica territorial, de la que se habla en el artículo 22, 2, determinar si ha de usarse la lengua vernácula y en qué extensión; si hiciera falta se consultará a los Obispos de las regiones limítrofes de la misma lengua. Estas decisiones tienen que ser aceptadas, es decir, confirmadas por la Sede Apostólica ''(Concilio Vaticano II: Constitución “''Sacrosantum Concilium''” sobre la Sagrada Liturgia, 36).
 
''En las Misas celebradas con asistencia del pueblo puede darse el lugar debido a la lengua vernácula, principalmente en las lecturas y en la «oración común» y, según las circunstancias del lugar, también en las partes que corresponden al pueblo, a tenor del artículo 36 de esta Constitución.''
 
''Procúrese, sin embargo, que los fieles sean capaces también de recitar o cantar juntos en latín las partes del ordinario de la Misa que les corresponde (Ibidem, 54).''
 
La interpretación del padre Escrivá fue la más restrictiva posible respecto a la posibilidad de prescindir del latín en las liturgias, lo mismo respecto a otras reformas litúrgicas incluidas en los documentos conciliares. En concreto:
 
a) En todas las casas y centros en los que se celebrase la Eucaristía –u otros sacramentos– a miembros de la Obra, sólo se utilizaría la lengua latina.
 
b) Se prescindiría de utilizar, sin embargo, el Misal latino Romano renovado durante el pontificado de Pablo VI. Por lo visto la dirección de la Obra, y sobre todo el padre Escrivá, consideraban que algunas de las modificaciones realizadas en este nuevo misal, a partir de la doctrina de la Constitución ''Sacrosantum'''' Concilium'' del Vaticano II, implicaban alguna desviación de la ortodoxia. Se mantendría, por lo tanto, la utilización exclusiva y para miembros de la Obra, del Misal de Pío V.
 
c) Tampoco se admitió la utilización del altar cara a los fieles, de acuerdo con la práctica que se generalizó, para la celebración de la Eucaristía, a partir de documentos del correspondiente organismo Vaticano, como una aplicación del espíritu del concilio. Recuerdo que recién estrenada esta modificación, se aplicó precipitadamente en no pocos templos, a base de colocar mesas demasiado rústicas, delante de artísticos altares. En aquellos meses se estaba concluyendo en Sevilla la construcción y decoración de un nuevo Colegio Universitario a cargo de Lorenzo Martín, numerario arquitecto. Se pudo prever a tiempo cuál debía de ser el espacio necesario en el presbiterio par la instalación adecuada de un digno altar cara a los fieles. Cuando todo ello estaba ya concluido, llegó una nota de Roma informando de que “al padre no le gustan los altares cara a los fieles”. Inmediatamente, con la disciplina militar característica de la Obra, se tuvo que hacer el estropicio arquitectónico de perjudicar claramente el diseño cuidadoso del presbiterio de ese oratorio.
 
d) El artículo 57 de la Constitución correspondiente sobre la liturgia había establecido que se ampliase –ya no para circunstancias exrtraordinarias– la práctica de la concelebración “en la cual se manifiesta apropiadamente la unidad del sacerdocio”. En el Opus Dei se mantuvo la prohibición de esta práctica. De esta forma, si coincidíamos veinte o treinta sacerdotes numerarios en alguna convivencia o curso especial, debíamos celebrar cada uno individualmente en los múltiples altares previstos para estas circunstancias.
 
El boicot de la normativa de Escrivá a estas reformas litúrgicas fue de una rigidez difícil de tolerar. Recuerdo la primera vez que, recién concluido el concilio, yo iba a iniciar unos ejercicios espirituales para supernumerarios andaluces. Imagino que éstos, con mayor razón teniendo presente el estilo extrovertido y cordial del alma andaluza, debían de haber recibido con gran satisfacción estas innovaciones litúrgicas. En ocasión de ir a celebrar la Eucaristía del primer día de retiro espiritual, yo daba por supuesto que la mayoría de esos treinta miembros supernumerarios no debían de haber recibido todavía información sobre el boicot de la Obra a esas innovaciones. Lo pasé mal en la sacristía cuando iba a salir al altar. Pensé: ¿Y qué pasará ahora por sus mentes cuando vean que no hay altar cara a los fieles, que sigo colocándome a sus espaldas, que pronuncio en latín todas las oraciones, que no les digo en un castellano con algo de acento andaluz: “Er señó esté con vosotros”, sino “''Dominus vobiscum”'', etc., etc.? Concluida la misa llegó el momento de tener que justificar de alguna forma esta praxis. Esto, en casi todos los casos sólo se llevó a cabo en entrevista individual, dada la severa prohibición en el Opus Dei de cualquier comentario que pueda significar una crítica o queja respecto a la Obra. Otra ocasión en que lo pasé igual de mal fue celebrando una Misa en un centro de formación de numerarias auxiliares (empleadas de hogar en las casas de la Obra). Si mal no recuerdo era en Jerez a mujeres andaluzas.
 
Respecto al control de lecturas y de bibliotecas por parte de la dirección de la Obra, pienso que se agravó todavía más después del Concilio y, sobre todo, después de que el papa Pablo VI decidiese la supresión del Índice de Libros Prohibidos. Se estableció en la Obra, por orden de Escrivá, algo incomparablemente más limitador que aquel índice de origen medieval. Perduraba la prohibición general –sólo dispensada en casos especiales– de leer a buena parte de los teólogos más reconocidos, a pesar de que muchos de ellos (como ya he indicado antes) habían sido convocados como asesores de las diferentes Comisiones redactoras de los documentos conciliares. Seguían sin poderse leer libremente teólogos como: Rahner, Von Balthasar, Congar, Schillebeeckx, Chenú, Lubac, o Danielou, entre otros.
 
Entre los momentos más gratificantes que he vivido estos últimos años –una vez que he logrado descargarme de una parte de mis trabajos en el Instituto Erich Fromm– han sido los que he dedicado a la lectura de las valiosas aportaciones de estos representantes de lo que considero el Siglo de Oro de la Teología. Los he tenido muy en cuenta a la hora de elaborar los tres volúmenes de mis libros ''Mis convicciones sobre el Cristianismo explicadas a mis amigos no cristianos''. Pero son otros muchos teólogos más los que han enriquecido mi fe cristiana intelectual y espiritualmente, por ejemplo: H. Von Baltasar, L. Boff, A. Dulles, J. Dupuis, C. Duquoc, J.A. Estrada, C. Floristan, H. Fries, O. Gonzalez de Cardedal, R. Guardini, G. Gutierrez, H. Küng, R. Laurentin, J. Martín Velasco, J.P. Meier, J. Moltmann, J. Mouroux, Pannenberg. Panikkar, J. Ratzinger, J.A.T. Robinson, J.M. Rovira Belloso, J.L. Ruiz de la Peña, E. Schillebeeckx, M. Schmauss, A. Torres Queiruga, C. Tresmontant, E. Vilanova
 
Pero quiero destacar separadamente, ya que la sola inicial del nombre no indicaría su carácter de mujer, a las siguientes teólogas a cuya producción estoy actualmente atento, en especial: Dolores Aleixandre, María José Arana, Elisabeth Johnson, Mercedes Navarro, Rosemary Radford Ruether, y Elisabeth Schüssler Fiorenza. De todas ellas la que me ha sorprendido más por su reflexión teológica sobre la Trinidad divina es Elisabeth Johnson, en su libro ''La que es. El misterio de Dios en el discurso teológico feminista ''(1994).
 
Yo iba comprobando con claridad creciente, a medida que iban pasando los años del Concilio, las contradicciones entre la mentalidad de línea crecientemente integrista que lideraba el padre Escrivá, juntamente con sus fieles colaboradores en la dirección del Instituto, y mi irrenunciable derecho a la libertad de pensamiento y a la lectura atenta del pluralismo teológico actual. Mi conclusión fue, finalmente, que era evidente que había una acusada incompatibilidad de caracteres entre la mente de Escrivá y la fidelidad a mí mismo en mi vocación personal.
 
==Implicaciones psicológicas que percibí respecto a mi permanencia en la Obra==


==Actitud integrista en la formación teológica y en la liturgia==
==Actitud integrista en la formación teológica y en la liturgia==