El vocablo APOSTOLADO utilizado por Escrivá para encubrir y bendecir falazmente lo que no tiene justificación

From Opus Dei info

Por Fueraborda, 3.05.2010


Muy hábil Escrivá, encubriendo y justificando lo que no tiene justificación.

Precisamente él, escribe en un punto de Camino:

No me gusta tanto eufemismo... (Camino p.35)

Pues si no le gusta, ¿Por qué lo emplea?

Es la táctica de siempre: encubrir, disfrazar, distorsionar, confundir.

Era difícil que sus seguidores se tragaran algunas formas de actuar torticeras, impuestas por él como de buen espíritu.

Y para conseguirlo, se le ocurre la brillante idea de anteponer el vocablo apostolado a unos enunciados de su espíritu que hubieran sido causa de escándalo hasta para el más inocente y bienintencionado de sus discípulos.

¿Cómo iba a presentar como forma de buen espíritu algunas aberraciones que hasta dañan el oído? ¿De qué forma podía exigir a los suyos que se santificaran con actuaciones tan contradictorias?

Me refiero a:

- APOSTOLADO DE NO DAR -

- APOSTOLADO DE AMISTAD Y CONFIDENCIA -

- APOSTOLADO DE LA OPINION PÚBLICA -

y para colmo:

- APOSTOLADO DE LOS APOSTOLADOS -

Me acuso de que cuando ejercía mi trabajo de formadora y directora de almas en el opus dei, colaboré en esta manipulación grosera de disfrazar con el santo vocablo apostolado las más vergonzosas formas de proceder, presentándolas como el buen espíritu que el santo fundador recibió del cielo, y con el que nosotros nos debíamos identificar.

(Hay que decir que para nosotros, el apostolado era siempre lo primero, y por él, TODO VALE)

Explicaré a los que tuvieron la suerte de no ser adoctrinados en esta espiritualidad, a qué se refieren estas supuestas formas de apostolado que Escrivá predicó como venidas de Dios, y sus seguidores hicimos nuestras, sin el menor reparo, como forma de buen espíritu.


Contents

El apostolado de no dar

Es conocido por todos que el espíritu cristiano está fundamentado en la Caridad.

Eso es lo que predicó Jesús de Nazaret, y es lo que supone el máximo atractivo del Cristianismo

DAR, cuando alguien lo necesita, es caridad. NO DAR, es lo contrario. Es por tanto lógicamente incorrecto que vaya precedido del vocablo APOSTOLADO.

Pero aún así, nos convencieron... por un tiempo.

  • Jesucristo, alimentó a la multitud sin pedir nada a cambio.
  • Jesucristo, dio buen vino en abundancia en una boda (a la que por cierto, asistió).
  • Jesucristo habló de dar la túnica entera a quien le pide media.
  • Jesucristo dijo: “Dar y se os dará”.
  • Jesucristo ejemplificó con una parábola el generoso y desinteresado comportamiento que debemos tener con el desvalido (corriendo también con los gastos), de un desconocido Samaritano.
  • Jesucristo predicó las Bienaventuranzas. (Dar de comer... dar de beber... dar posada...).
  • Jesucristo, en fin, dió su vida por todos.


Así, que tratar de justificar el NO DAR a base de pretender que sea un APOSTOLADO, además de una falacia y un cinismo descomunal, es otra forma de confundirlo todo, de tomar el nombre de Dios en vano por predicar torticeramente el espíritu del Evangelio.

Y todo esto, ¿por qué?

Pues no se me ocurre otro motivo mas que el de justificar algunos de los criterios que hay que vivir porque son de espíritu. Es decir, fundacionales, inamovibles.

Algunos ejemplos:

  • Prohibición de dar limosnas y colaborar con organizaciones de la Iglesia en favor de los pobres.
  • No cubrir con la seguridad social a los suyos que trabajan en labores internas: numerarias auxiliares, oficiales, directores... (Cierto es que recientemente se han visto obligados a cambiar de postura, y están rectificando... en algunos casos. Sólo en los imprescindibles para no ser llevados a los tribunales.)
  • Convertir la práctica de las visitas a los pobres, en un instrumento para beneficio propio, aprovechándose de la buena voluntad del infeliz que pretende vivir la caridad con los más necesitados.
  • Dejar que los suyos, al abandonar la institución, lo hagan con lo puesto, sin la menor ayuda afectiva y material.
  • Prohibición de no hacer regalos ni préstamos.
  • Asfixiar a supernumerarios y cooperadores acosándoles para que den generosas aportaciones aún por encima de sus posibilidades, aduciendo entonces que no piden por el dinero, sino por el bien de su alma.
  • Enseñar a los miembros que es de buen espíritu pedir con ocasión y sin ella, con continuas campañas económicas con las que despluman a ricos y pobres sin piedad, con fines... digamos al menos que poco claros.


Triste, ¿Verdad?

Pues con mis mejores deseos de que piensen algunos. De que piense la Iglesia, de que piensen los de dentro.

Apostolado de amistad y confidencia

En el Opus Dei se denomina Apostolado de amistad y confidencia al apostolado personal que hacen sus miembros con amigos, familiares, compañeros...

Es tan importante este apostolado, que llega al extremo de tener la obligación de dar cuenta semanal en la confidencia (dirección espiritual con el director que corresponda) de cómo se han cumplido los planes apostólicos.

En los informes de vida interior que los directores locales envían a sus superiores, uno de los temas es: forma de realizar el apostolado de amistad y confidencia...

Y como punto de partida para efectuar este apostolado, está establecido que se tengan entre 10-15 amigos para tratarles apostólicamente. Se supone que de entre ellos habrá siempre de tres a cinco que se consideran pitables (seleccionados para plantearles sin mayor discernimiento la vocación Divina). Esta lista de 15 amigos (¡qué pesadilla, la lista de amigos!) que todo miembro de la Prelatura debe tener, es trabajada y manoseada por los directores, que imponen las metas a conseguir para cada uno.

Así que quede claro a todos -especialmente a los eclesiásticos que me estarán leyendo-: en la prelatura se violan y manipulan las conciencias no sólo de sus miembros, sino de todo el que atraen hacia sí, haciéndoles llegar a través de la amistad los planes orquestados que, en las llamadas reuniones apostólicas, los directores han diseñado previamente.

De manera que, cuando un miembro del Opus Dei queda con un amiguete para estudiar, tomar café o dar un paseo por el campo..., en realidad está quedando para cumplir el mandato imperativo de Cristo -según ellos-, que no es más que el torticero deber de hincarle el diente y marcarle, siguiendo las instrucciones recibidas. Y ¡cuidado! padres, que esto se aplica también en los colegios de la institución: los tutores dan cuenta a su director espiritual de cómo aplican a sus pupilos el plan apostólico perpetrado para cada uno.

¡Qué amargos recuerdos tengo de cuando traicionaba sistemáticamente la confianza de personas que se acercaban inocentemente a mí con una incipiente amistad que jamás se podría consolidar, porque nació torcida!

¡Cuánta violencia me he tenido que hacer para forzar la conversación, para violar la intimidad, para torcer mi voluntad desoyendo mi inclinación natural, traicionando mi propio sentido, por intentar conducir el alma de las personas hacia unos caminos tortuosos en virtud de la santa obediencia!

Así lo hacía, y me acuso de ello. Pero es que en los trabajos de apostolado, no hay desobediencia pequeña (Camino, p.614). Y es que los planes apostólicos, también venían de Dios.

Amistad y confidencia: nunca vi mayor cinismo.

Porque en la obra, la amistad y la confidencia están prohibidas.

Abrir el corazón libremente y de forma natural, es uno de síntomas más graves de mal espíritu. A tener una conversación íntima, contar una preocupación, o soltar un desahogo, se le llamará tener una amistad particular. Y esto -bien lo saben muchos- puede acarrear gravísimos problemas.

No se pueden hacer confidencias a los amigos, ni a la familia, ni a los otros miembros. Las confidencias sólo pueden hacerse con la persona establecida por los directores, el día establecido, a la hora establecida. Y a ser posible, brevemente.

Pero todo no queda ahí:

Y es que el apostolado de amistad y confidencia ha de ser, a su vez, apostolado personal dirigido (átame esa mosca por el rabo, que diría un castizo). Y queda patente una vez más cómo en la obra es lo habitual pedir una cosa y su contraria, generando así serios problemas de ansiedad, propios de quien procura la consecución de un fin imposible, como es imposible la cuadratura del círculo.

Y también en los informes de conciencia, antes citados, ha de explicarse cómo vive el susodicho miembro esta sumisión en el apostolado, como muestra de buen espíritu.

Se puede constatar en camino: Al apostolado vas a someterte, a anonadarte, no a imponer tu criterio personal (Camino p. 936).

Y exigía el santo fundador este sometimiento -obedecer o marcharse-, pues es de mal espíritu ser apóstoles de pata libre* (así denominaba al que hacía un apostolado natural y espontáneo, sin someterse a los corsés o indicaciones preestablecidas). El que así actuaba, iba por mal camino.

Por tanto, el apostolado de amistad y confidencia tenía que estar sometido al apostolado personal dirigido, lo cual, dado el obsesivo grado de control en estos temas, y el vertiginoso ritmo con el que se nos pedía cuentas de los resultados apostólicos..., se convertía en una auténtica pesadilla, de la que más de uno que yo me sé, se libraba inventando nombres, relatando historias…, cualquier cosa ante la persecución continua a la que uno era sometido para dar cuenta detallada de multitud de datos para rellenar unos estadillos.

Y para terminar, os hago mi confidencia:

Resulta paradójico que después de tantos años de mi vida dedicándome sin tregua al apostolado de amistad y confidencia, sólo al abandonar el Opus Dei haya podido conseguir el don de la amistad, que es para mí, junto con la libertad, un verdadero descubrimiento; una novedad en mi vida que me produce una satisfacción y felicidad que nunca antes había conocido.

Y una petición a los que aun quedan dentro: que seáis apóstoles de pata libre. ¡Veréis qué bien!

Apostolado de opinion pública

A bote pronto, parece que se entendería fácilmente lo que en la obra denominan como Apostolado de la opinión pública, o AOP.

Nuestro conocimiento del idioma, nos llevaría a creer que se trata del apostolado que se hace a través de los medios de comunicación para llevar a la opinión pública el mensaje de Jesucristo, el Evangelio. Nada más loable.

Pero no es así. Es un apostolado, el de la AOP, un tanto peculiar, porque en lugar de anunciar el Evangelio, anuncian su propia empresa. Marketing o publicidad, se llama eso...

Pero en la prelatura confunden los términos, y llaman falazmente apostolado a lo que no es más que: vender su imagen. Por cierto: muy distorsionada.

Imagen de chico guapo-chica guapa-todos felices comiendo perdices.

Todo idílico en papel couché de primera, o en reportajes de alta calidad con los que invaden youtube.

Un 10 en marketing, que no en caridad ni en nada que tenga algo que ver con el mensaje cristiano.

Eso sí, salpimentado, para disimular, con unas notas coloristas y exóticas del tercer mundo -que no deben faltar- especialmente desde que, en la mismísima ceremonia de canonización de su santo fundador, el Santo Padre les dio el merecido tirón de orejas.

No sé cuánto dinero al año emplearán los directores de la AOP en mantener económicamente a tantos miembros que se dedican a ello profesionalmente, ni en hacer vídeos ¡cientos de vídeos! acerca de las bondades de la institución, o de la vida y milagros de su fundador, o en seguir publicando aburridísimos libros que a nadie interesan reafirmando el abolengo del apellido Escrivá (apellido falso, por cierto), o en producir películas… y un largo etcétera en el que se emplean profesionalmente un buen número de miembros.

Ni sé qué presupuesto económico tendrá la clínica Universitaria de Navarra para los ingresos, revisiones y chequeos médicos que dispensan gratuitamente a la jerarquía eclesiástica y a quienes ellos quieren camelar para su causa.

(Porque cuando se trata de estas prácticas, se olvidan del apostolado de no dar)

¿PERO QUE TIENE TODO ESTO QUE VER CON EL APOSTOLADO? ¿Alguien de dentro se anima a explicármelo? Porque no entiendo…


Y PARA COLMO:

El apostolado de los apostolados

Los que conocéis algo de la verdadera historia del opus dei, habréis observado que las cosas van variando según la conveniencia del momento.

En la mentalidad de Escrivá, era impensable que las mujeres cupieran en su fundación. Pero diseñando el fundador cómo habría de ser el funcionamiento de los centros, cayó en que faltaba algo, pues, ¿quién acarrearía con las tareas domésticas? ¿Quién le serviría la mesa, le prepararía los crespillos calientes envueltos en servilleta de lino, le guisaría unas sopas con huevico? Las tareas domésticas ocupaban mucho tiempo y mucha fatiga, y en fin, que no se veía fregando cacharros, que se veía mejor de marqués. Él, marqués, y sus hijos, señoritos...

Le traía de cabeza la solución de este problema cuando, -según cuenta la historia- algo ocurrió en la casa de la marquesa de Onteiro el 14 de febrero de 1930, pues al acabar de celebrar la Misa, reveló la nueva inspiración divina. Y era tan divina, que hasta estaba en contra de sus planes. Y así se veía una vez más que todo era de Dios.

Había nacido la sección de mujeres.

Y le faltó tiempo para pedirle a sus hijos que le presentaran a sus hermanas, pues si ellos tenían vocación, ellas, probablemente, también.

Les ponía fácil la puerta de entrada: lo importante es que fueran discretas. ¡Ah! Y saber obedecer. Con eso bastaba: era ya una prueba contundente para confirmar su vocación.

Recuerdo a las primeras contando en tertulias su vocación. Como algo digno de admiración, escuchábamos embelesadas la conversación en la que el fundador les planteaba su vocación divina. Relataban orgullosas que lo único que les explicaba era: que venían a trabajar, a obedecer; que no eran religiosas (esto último tenía que aclararlo, pues no se diferenciaban) y que su vocación era en medio del mundo.

¡Pobres primeras! internadas como sirvientas, engañadas con una vocación que se les presentaba de una forma pero se les exigía lo contrario. Dejaron familia, novios, bienes, posición… para ponerse a servir, y a recibir las enérgicas broncas con las que el fundador arrancaba sus lágrimas. Todo por nimiedades: unas gotas de agua en el suelo de la cocina, una puerta no cerrada…Y ellas decían: qué pena, le hemos vuelto a disgustar.

Pero claro, si sus hijos eran señoritos, sus hijas, ¿qué? Pues no fue fácil la solución a este nuevo problema, pero al final, salió. Y salió de la siguiente forma: la vocación era la misma, pero sentada esa premisa, unas hijas, las numerarias, serían señoritas, y las otras hijas, se llamarían sirvientas (él las llamaba mis hijas pequeñas), y pasando los años, llegarían a llamarse numerarias auxiliares. Éstas se distinguirían de las señoritas en que llevarían uniforme y podrían ver a los numerarios al abrirles la puerta y servirles la mesa (así quedaba solucionado el problema de que alguien les pudiera servir la mesa). También se distinguirían porque dormirían en camarillas, no en dormitorios, comerían aparte, y no saldrían solas (al principio fue así; luego, algo menos, pero muy poco menos).

Pero en los años sesenta y setenta llegó el esplendor de la obra, y como al pitar se les planteaba una vocación en medio del mundo, iguales a sus iguales, la ilusión de las nuevas vocaciones era elegir una carrera a la que luego dedicarse y así poder desarrollar su vocación divina en medio del mundo.

Así aparecería un nuevo problema: ¿Quién iba a controlar y supervisar el trabajo doméstico de sus hijas pequeñas? ¿Quién se iba a encargar de que no crecieran? Si dejaban de ser hijas pequeñas, podrían no estar muy sometidas, y eso no era conveniente. Necesitaban una señorita que llevara su control. Pero las señoritas querían ser universitarias… y entonces el problema se solucionó de la siguiente manera:

Ya que tenemos una Universidad, vamos a dispensar títulos, que llamaremos de Ciencias domésticas, con los que las señoritas obtendrán un título y quedarán cualificadas como Administradoras. Todo solucionado.

Pero es natural que la que se cree llamada por Dios desde la eternidad para santificarse a través de su vocación profesional con absoluta independencia y libertad en los temas temporales, no se incline por esas ciencias llamadas domésticas, sino más bien por otras mucho más interesantes y con el aliciente de poner a Cristo en la cumbre de esa profesión. Apostolado en su profesión, entre sus iguales. Como sus hermanos los numerarios, claro.

Y aprovechándose el santo fundador de la máxima para servir, servir, que a todos había inculcado, empezaron las directoras a acosar a las jóvenes numerarias en edad de elegir carrera, utilizando como arma para seducirlas el servicio que así hacían a la obra y sus apostolados. Y así creían dejar contentas a tantas mujeres con una vocación profesional y sobrenatural frustrada. Bastaba un toque: Has sido elegida, seleccionada para servir a Dios a través del Apostolado de los Apostolados.

He consolado a muchas jóvenes numerarias a quienes costaba demasiado renunciar a su soñada vocación profesional. Y he engañado a muchos padres, asegurándoles que su hija obtendría un título universitario. Me acuso y me arrepiento de ello, y aprovecho para pedirles perdón por haber contribuido a arruinar sus vidas.

Nunca existió tal título. Nunca tuvieron tampoco la experiencia de la superación y el éxito en la vida profesional. Tampoco pudieron elegir libremente una determinada forma de trabajo, ni elegir la empresa, ni aspirar a un puesto superior. Ni siquiera les hicieron contrato: nunca tuvieron nómina ni cotizaron a la seguridad social.

Y a esas mujeres que entonces eran jóvenes valientes e ilusionadas, me las encuentro ahora marchitas, frustradas, y conscientes de la puñalada trapera que a ellas y a sus padres (que pagaron la carrera) les ha asestado su madre guapa la obra.

Las numerarias auxiliares no tuvieron acceso a los estudios de Ciencias Domésticas. Se supone que son pequeñas. Pequeñas siempre, aunque se mueran de viejas. Así se les trata, impidiéndoles que crezcan. Y llegan a la recta final de su vida sin haber tenido jamás autonomía. Muchas de ellas, grandes mujeres que la obra no dejó crecer, que machacó, humilló y utilizó.

Un paseíto para ver ahora a esas mujeres, nos dejaría escalofriados.

Me las llevaría a todas, si pudiera, para que respiraran un poco de libertad, para que dejaran de ser pequeñas, al menos en su vejez.

Estas grandes mujeres que dejaron a jirones sus vidas creyéndose la falacia de que serían felices en el APOSTOLADO DE LOS APOSTOLADOS, se merecen que se haga justicia con ellas.

Las que por cualquier motivo han abandonado la institución (en muchos casos por una enfermedad seria, pero que suele remitir rápidamente al encontrar la libertad), deben ser retribuidas económicamente por el opus dei, al que entregaron su vida, su salud y su trabajo.

Su madre guapa la obra, debe rectificar y encargarse de su bienestar material (porque de su bienestar espiritual, más vale que no vuelvan a intentarlo).

Y si no lo hace, la Iglesia tendrá que tomar parte, puesto que la obra es parte de la Iglesia.

Y vuelvo a hacer un llamamiento a los prelados que me estarán leyendo, rogándoles tomen medidas urgentes que pongan fin a esta falta de coherencia, de justicia y de caridad cristiana que siguen sufriendo cientos o miles de mujeres, cuyo único delito ha sido creerse un día que Dios les pedía que le sirvieran a través del mal denominado APOSTOLADO DE LOS APOSTOLADOS.



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