Sólo falta la confesión

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Por E.B.E., 10 de noviembre de 2021


Tengo la impresión de que uno de los propósitos esenciales de Opuslibros, tal vez no consciente, sea obtener del Opus Dei una confesión.

A confesarse

Recuerdo cómo los directores nos perseguían para que hiciéramos la confesión semanal (además de la charla, también semanal, para escudriñar nuestra conciencia) de forma tal de mantener un control bastante estricto sobre nuestra intimidad y que además nos quedara claro esto: la culpa siempre estaría de nuestro lado, ya que la Obra era perfecta, pues era divina...

Sin embargo, parece que le va llegando el turno al Opus Dei para que confiese sus pecados (y de manera pública) y empiece a aceptar los daños que ha venido provocando a los largo de sus años de existencia, incluida la época fundacional, donde Escrivá gobernaba y definió la matriz funcional de la organización. Si hay un responsable eminente de los daños, ése es Escrivá, por más canonizado que esté.

En relación a los abusos espirituales y daños de diverso tipo (económicos, por ejemplo) que se le atribuyen al Opus Dei hay pruebas testimoniales abundantes que se vienen publicando aquí en Opuslibros desde hace casi veinte años y se han manifestado incluso frente a la misma Iglesia, como ha sucedido recientemente con la sólida denuncia presentada por un numeroso grupo de ex numerarias auxiliares frente a la Congregación para la Doctrina de la Fe (cfr. el reciente artículo de la periodista Paula Bistagnino y dos de la periodista Laura Vilche sobre la denuncia y sobre los testimonios).

La confesión forma parte del proceso de reparación y dentro de ese proceso está cualquier pedido de perdón, que viene a continuación de la confesión, no antes.

En el caso denunciado por las ex numerarias auxiliares, como veremos luego, el Opus Dei parece haber estado ensayando un "pedido de perdón sin confesión" y eso es incongruente, una forma más de manipulación de la verdad y de escaparse indemne.

Otra explicación

Gran parte de la estrategia del Opus Dei ha sido tener siempre a mano otra explicación (como me decía un director en relación a la muerte de Danilo "yo tengo otra información"), otra posible interpretación de los hechos, como una vía de escape para no admitir culpa alguna.

El Opus Dei lo ha venido logrando bastante bien, al platear los cuestionamientos que se le hacen como algo arbitrario, opinable, ideológico, político, subjetivo y en definitiva válidos solamente para el grupo de personas que tienen una opinión crítica hacia la prelatura.

A su vez, le ha sido suficiente con ser capaz de convencer a otro grupo, al de sus seguidores y simpatizantes, de las explicaciones con las cuales el Opus Dei se justifica y defiende.

Parte esencial de Opuslibros es presentar testimonios, hacer preguntas, interrogar al Opus Dei sobre su pasado y sus prácticas de gobierno y dirección de conciencias.

Perdón sin confesión

Una de las razones por las cuales el pedido de perdón por parte del Opus Dei puede resultar sin ningún interés para muchos ex miembros es porque no implica ninguna confesión, como decíamos más arriba.

Es extraño, pero el del Opus Dei es un pedido de perdón de algo que no se admite haber cometido, como sucedió este año en mayo con una superiora del Opus Dei en Argentina al referirse a las ex numerarias auxiliares (dijo que no quería banalizar el pedido de perdón, pero es justamente lo que hizo, al quitarle toda sustancia a la culpa, es decir, a la responsabilidad del Opus Dei y en todo caso indirectamente endilgársela a las propias damnificadas):

Dijo la superiora:

«yo en persona les quisiera pedir perdón [a las ex numerarias auxiliares] de lo que han sufrido y como lo han vivido ellas»,

lo cual parecería un principio de admisión de culpa, pero luego aclara –cuando el periodista acertadamente le pregunta ¿por qué quiere pedirles perdón? – la superiora agrega,

«por cómo lo vivieron, por cómo lo sintieron».

La superiora lamenta que algunas ex numerarias auxiliares se hayan "sentido mal" pero no admite ninguna culpa, es más, niega toda culpa.

Pues a continuación, dice la superiora:

«como siempre he visto en el presupuesto de las residencias que todas recibían un sueldo no puedo decir que les quiero pedir perdón porque no tenían sueldo, porque para mí sí lo tenían».

Esto de "para mí" es muy interesante, porque disuelve cualquier dato objetivo en pura subjetividad. No es una cuestión de "para mí": tenían sueldo o no lo tenían. Aquí es donde todo pedido de perdón de la prelatura empieza a volverse irrelevante.

También dijo que les quería pedir perdón (a las ex auxiliares) porque

«me da mucha pena que con la edad que tienen no hayan podido resolver ese aspecto de su vida».

Es más o menos como si a uno le dijeran, «te quiero pedir perdón porque me da pena la cara de idiota que tienes».

Antes de pedir perdón, el Opus Dei tiene que confesar su culpabilidad. Hasta que ello no suceda, todo pedido de perdón será irrelevante e incluso una estrategia más para escaparse de toda responsabilidad y presentar como meritorio su pedido de perdón.

Confesión es lo que falta. Mientras ello no suceda, Opuslibros seguirá teniendo una misión trascendental.

Mientras pueda evitarlo, el Opus Dei no va admitir culpa alguna, al contrario, se irá metamorfoseando con tal de escapar de toda responsabilidad sobre su pasado y sobre el daño que ha cometido la organización y su fundador canonizado.

¿Por qué es importante la confesión?

Después de años y décadas de negar los daños, una confesión por parte del Opus Dei sería algo sumamente catártico, extraordinario y una deuda que ya debería haber sido saldada hace tiempo.

A todos los que les produjo algún perjuicio, el Opus Dei les debe una confesión (mucho antes que un pedido de perdón, que incluso puede ser innecesario o irrelevante para muchos).

Sin confesión no hay posibilidad de rectificación ni de cambio profundo institucional al no admitir culpa alguna. Sin confesión, el Opus Dei seguirá produciendo daño.

Ciertamente, muchos dentro de la prelatura no entenderán, se escandalizarán, les parecerá humillante tal confesión e incluso una transigencia contra el espíritu fundacional, una claudicación inaceptable que con el paso del tiempo esperarían revertir.

Pero luego podría darse un período de duelo, de bronca, de crisis y no estaría claro qué podría quedar en pie. Un verdadero desmoronamiento. Es el precio de la confesión y por lo tanto es lógica la resistencia a que algo así suceda. Mientras todo se niegue parecerá que todo sigue "firme, compacto, seguro", en palabras del fundador.

Es muy importante que el Opus Dei confiese que gran parte del daño no fue un "error inadvertido" o un accidente, sino consecuencia directa de buscar su propio beneficio institucional sin importarle el destino de las personas, antes bien usándolas para su propio provecho.

En el caso del Opus Dei el daño no ha sido "colateral" sino consecuencia directa del modo de funcionamiento de la organización. Posiblemente el Opus Dei debería admitir que hubo dolo.

Sin dudas los superiores tratarán de minimizar los daños y la admisión de culpa al máximo, como hizo la superiora al decir que

«por ahí teníamos un proteccionismo que está mal. Sí había una informalidad, hoy no lo hacemos así.»

En definida, el "defecto" que confiesa la superiora puede tranquilamente revertirse e interpretarse como algo virtuoso (protegerlas demasiado). Y sobre todo, al decir "hoy no lo hacemos así" quiere dar a entender que todo eso es historia, pasemos la página y olvidemos el asunto.

Las palabras de disculpa de la superiora, en realidad, buscan hacer irrelevantes las acusaciones de las ex numerarias auxiliares, quitarle importancia a su palabra y, en definitiva, valor. Confirma que a las ex numerarias auxiliares denunciantes no se les tenía demasiada consideración, ni antes de abandonar el Opus Dei ni después de dejarlo.

En realidad, lo denunciado por las 42 ex numerarias auxiliares es muchísimo más serio que denuncias anteriores, porque aquí el problema no es un hecho aislado o una persona en particular, es el modo de funcionamiento de la organización en sí misma y no hay modo de aislar el problema mediante un chivo expiatorio: la cabeza de Ocariz, la de Fazio o la de Urrestarazu (hasta hace poco consiliario de la ex región de Argentina). Acá la que puede rodar es la cabeza misma del Opus Dei.

Me animo a pensar que es peor que el caso de los Legionarios, porque ahí rodó la cabeza de Marcial Maciel Degollado (una vez fallecido) y poco más, pero la institución –al menos según algunas opiniones- siguió prácticamente como si nada (salvo la renovación de sus Constituciones y el cambio de ciertas prácticas).

No sé si los socios, miembros o como se quieran denominar a los laicos de la organización llamada Opus Dei son conscientes de frente a qué abismo institucional se encuentran. La renovación "joven" de la Comisión Regional con sede en Argentina podría reflejar la falta de conciencia, del mismo modo que aquella superiora pretendía dar por superado el asunto con un liviano "hoy no lo hacemos así". Más que gente "joven", el Opus Dei necesitará gente con mucha sensatez para enfrentar una situación de esta dimensión.

Es cierto, era hora ya de que el Opus Dei enfrentara sus propios demonios pero aun así creo que podemos llegar a estar frente a algo realmente impensado.


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