Imprescriptibilidad de abusos espirituales a menores de edad en el Opus Dei

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Por E.B.E., 23.11.2020


El extenso informe McCarrick publicado por la Santa Sede hace varios días es una fotografía de algunas cosas que no funcionan bien dentro de la Iglesia y explica muchas otras, además del caso McCarrick.

Indirectamente, el informe da a entender lo difícil que es que las denuncias contra la Opus Dei prosperen y al mismo tiempo permite intuir por qué la Opus Dei ha logrado tantos objetivos. Una estructura curial vaticana que no parece muy ordenada y al mismo tiempo -por ello mismo- vulnerable para quien la tenga bien estudiada o la conozca bien...

Un ejército (de menores) en orden de batalla

Escrivá definió a su organización como un ejército en orden de batalla. Su proceso de beatificación puede ser considerado un ejemplo de batalla ganada en base a un estudio cuidadoso de cómo entrar a un castillo vulnerable. La eficacia versus el desorden. Durante el pontificado de JPII pasaron muchas cosas problemáticas, no sólo las diversas aprobaciones que obtuvo el Opus Dei: Maciel, McCarrick y otros casos de gravedad que ahora no podría enumerar.

El Opus Dei contaba con una disciplina rígida y una obediencia incuestionada: las mejores cualidades para funcionar como un mecanismo de relojería. Para ello fue especialmente necesario el reclutamiento de menores de edad, a los cuales se los adiestra más fácilmente y de los cuales se logra gran lealtad (fanática, incluso). Sin duda mucha gente termino alienada pero el Opus Dei consiguió su objetivo de obtener del Vaticano al menos tres metas esenciales: la figura de prelatura (1982), la beatificación de su fundador (1992) y más tarde su canonización (2002). Las fechas parecen marcadas por la puntualidad de un reloj.

Ahora bien, sin esa disciplina, la prelatura ha perdido su eficacia original y casi diría su valor esencial. Ya no es lo que era y lejos de ser un avance, las posibles reformas son una necesidad y también un debilitamiento. Tal vez sea cierto que ya no necesite de esa disciplina como ejército en orden de batalla porque no tiene batallas que ganar por haber logrado su lugar en el mundo. Pero eso no está nada claro, pues luego de una gran expansión, muchas veces viene la decadencia.

Tengamos en cuenta que dicho ejército tenía una gran cohesión –al menos hasta 1992- porque se mantenía en cierta manera con perfil bajo, no existían las críticas masivas que se darían luego de 2002 con la canonización de Escrivá y el surgimiento de Opuslibros. Sólo había criticas externas, no internas. Incluso el argumento para descalificar a María Angustias Moreno o a Carmen Tapia (que eran realmente críticas desde adentro, aunque consideradas como "ajenas") era que se trataba de unos pocos (cfr. A. Del Portillo, carta 19-III-1992 y diversos testimonios de la Positio). No había un consenso crítico desde adentro. Escrivá seguía siendo la figura intachable. Curiosamente con su canonización empezó la crítica profunda –por su amplitud- hacia su figura, algo inusual, ya que en general los santos suelen sufrir criticas o ser cuestionados antes de ser canonizados, no después.

Abusos de menores de edad en el Opus Dei

Dice el reporte McCarrick en su nota al pié n. 928 (versión inglesa)

«The abuse of a minor would have constituted a delicta graviora within the exclusive competence of the Congregation for the Doctrine of the Faith under the Motu Proprio Sacramentorum Sanctitatis Tutela (2001)», (el abuso a un menor habría constituido una delicta graviora con la exclusiva competencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe bajo el Motu proprio Sacramentorum Sanctitatis Tutela (2001)

La nota 1228 del informe aclara que se pudo comprobar un abuso a un menor –por parte de McCarrick- en los primeros años de la década del 70 y ese caso es el que hace caer a McCarrick, lo cual nos permite hablar de una imprescriptibilidad –al menos dentro del ámbito de la Iglesia- de los abusos sexuales hacia menores de edad.

Si el abuso sexual de menores ha disparado la causa contra McCarrick y tantos otros clérigos aun habiendo pasado las décadas, ¿qué decir entonces del abuso espiritual contra menores perpetrado por el Opus Dei cuando era instituto secular y aún de la Opus Dei cuando pasó a prelatura?

¿Por qué los abusos sexuales a menores parecen imprescriptibles y los abusos espirituales a menores de edad no? Ambos abusos son causa de escándalo (Mt 18,6). Es más, ¿cuán en cuenta son tenidos los abusos espirituales a menores por parte de las autoridades eclesiásticas? ¿Cuán relevantes se los considera? Aunque distintas son las situaciones, en ambos casos hay un grave daño para la intimidad del menor (su conciencia, su psiquis, su salud mental) producido desde una privilegiada posición de autoridad y de poder, haciendo uso del nombre de Dios (contra el Segundo Mandamiento) para doblegar la voluntad del menor (recurriendo a la maldición divina, tambíén, para implantar miedos y obtener una obediencia rendida).

Uno de los terrores de la prelatura es que todos esos abusos espirituales a menores puedan ser desenterrados y considerados en su magnitud. Y la carta de Ocariz de octubre último –con su aparente candidez- apunta justamente en sentido contrario, a evadirse hacia adelante visualizando una gran idealización y huyendo a toda velocidad del pasado negro institucional.

Da la impresión que desde hace un tiempo no se practican los abusos espirituales a menores dentro de la prelatura, o al menos han disminuido en gran medida. Pero el asunto es que esos abusos jugaron un rol histórico esencial: permitieron la construcción de la prelatura que hoy sigue en pie gracias –en gran parte- a ese pasado de abusos, es decir, de vocaciones que ingresaron con 14 años o poco más y fueron sometidas a un sutil abuso psicológico y de sus conciencias de manera constante (explotación espiritual con fines proselitistas). Por lo cual, lejos de hablar de conciliación, aquí hay mucho que hablar del pasado reciente, de las últimas 4 o 5 décadas por lo menos.

Los abusos espirituales –abusos sobre la conciencia para violentarla e incluso violarla- dieron paso a abusos psicológicos e incluso psiquiátricos (empastillamientos) como forma de reforzar los abusos espirituales (asegurar la perseverancia de los socios célibes dentro de la institución). Las marcas del daño no se visibilizan hasta pasado mucho tiempo, porque no son marcas físicas sino intangibles aunque sin duda muy dolorosas y causas de angustia. Resulta inexplicable cómo aún la Opus Dei no ha rendido nunca cuentas de todo ello.

  • La coacción para ingresar y la falta de libertad para abandonar el instituto o la prelatura
  • La falta de libertad para elegir director espiritual e incluso confesor
  • la obligación de abrir la conciencia delante de los directores (gobierno): abuso de poder.
  • la falta de separación entre dirección y gobierno (fallidamente negada por la carta de Echevarría en octubre de 2011)
  • coacción para reclutar nuevos prosélitos (explotación espiritual)
  • el culto a la figura de autoridad de Escrivá
  • junto con la falta de discernimiento interior necesario, el desconocimiento absoluto de las Constituciones de 1950 (de lectura necesaria para saber a qué se comprometía uno y qué derechos tenía), incluso después de la mayoría de edad (por estar sólo en Latín)

son algunos claros elementos de abuso espiritual, agravado más aún en el caso de menores (delicta graviora) que desde los 14 años empezaban a vivir compromisos propios de adultos, sin la debida libertad para discernir, especialmente necesaria por tratarse de años críticos donde se definía gran parte de su futuro como personas –salvo que abandonaran el instituto secular tempranamente, en el siguiente año, por ejemplo, aunque difícilmente sin dejar marcas- sin haber vivido entre los 14 y 18 años una adolescencia como cualquier otro cristiano ordinario y con las consecuencias negativas evidentes para el desarrollo de su afectividad (y los problemas que ello traería acompañado más adelante). Incluso hay quienes ya vivían como numerari@s desde antes de los 14 años, a quienes los directores iban "preparando" para pedir la admisión cuando cumplieran los 14 años y medio.

Los daños a menores hablan, además, de toda una patología institucional, basada en el recurso a la manipulación y el engaño como herramientas para obtener eficacia proselitista (hoy en crisis).

Al menos en el caso del Opus Dei, el abuso espiritual a menores es un medio (herramienta) institucionalizado, no un fin (como puede ser el abuso sexual). Es más parecido a la labor del proxeneta que al del mismo abusador (el beneficio no está en el abuso sino en lo que se obtiene de él). A diferencia del caso Marcial Maciel (abusador sexual), ¿fue entonces Escrivá un gran proxeneta espiritual que dañó a miles de personas con el fin de beneficia a su organización? Es terrible de solo pensarlo, porque el creador de la estructura institucional alienante fue él, no otro. Haber acelerado su canonización fue un flaco favor para con la Iglesia.

Lo terrible de todo esto, además, es que de las filas de esos menores espiritualmente abusados salían los futuros abusadores espirituales de menores, generalmente aquellos directores dispuestos a obedecer a su fundador sin cuestionar ninguno de los mecanismos abusivos sino al contrario, reproduciéndolos fidelísimamente.

A su vez, no todas las personas han sufrido el abuso espiritual de la misma manera. Hay quienes han podido resistirlo de una mejor forma y hay quienes lo han padecido de forma muy penosa.




Recordemos que se trata de un abuso a nivel institucional, estructural, no de una única persona, como el caso McCarrick, por ejemplo, mucho más difícil de demostrar. Pensemos en el proceso de discernimiento vocacional de los menores de edad, prácticamente ausente (por no decir totalmente), y la práctica de ocultarles a los padres la pertenencia al instituto secular (luego devenido en prelatura). Tengamos en cuenta que estamos hablando de imprescriptibilidad y por lo tanto no importa demasiado que ahora las prácticas hayan cambiado (o más bien, las tácticas, porque cuesta creer que haya habido una conversión real sin reconocimiento del pasado abusivo)

Testimonios no faltan, al contrario, son tantos que no podrían ser contenidos en un informe de un solo tomo e incluso superarían las miles de páginas de la Positio de Escrivá. Si el Opus Dei cayera por esta causa, no sería debido a un par de testimonios aislados e inverificables, como diera entender Del Portillo en 1992. Sería una avalancha de testimonios. La bola de nieve está en la cima, sólo falta que un pequeño gesto la ponga en movimiento. Creo que es importante que todos los que tengan recuerdos los vayan escribiendo, aunque no los publiquen en OL, para que esa memoria no se pierda.

Además, ya va llegando la etapa en que los miedos se vayan diluyendo, sobre todo si la Iglesia diera un paso en dirección hacia una investigación profunda de los abusos espirituales a menores de edad en el Opus Dei.

Ya va siendo hora.


Anexo

A modo de ejemplo, las Constituciones de 1950, en su art. 50 –válidas aún para analizar abusos espirituales a menores de edad anteriores a 1982- dicen claramente que:

50. § 1. Para la validez de la incorporación se requiere:
1. Que el candidato a la Oblación haya cumplido los dieciséis años de edad; el que lo sea a la Fidelidad, los veintiuno;
2. Que sea admitido por Superior competente y sea recibido por el mismo o por delegado suyo;
3. Que se realice sin fuerza, miedo grave ni engaño;
4. Que sea expresa

Es evidente que el punto conflictivo es el número 3: ahí encontramos testimonios de miedos, coacciones y desde luego engaño, aunque no se haya tenido consciencia en ese momento de padecer dicha situación sino más tarde, aun habiendo pasado décadas. El engaño puede muy bien expresarse en el modo de vida religioso-conventual al que fueron obligados a vivir quienes en realidad fueron convocados a vivir una vida plenamente secular y laical. Tal vez había mentalidad laical, pero claramente no había modos seculares de vivirla sino más bien propio de religiosos, y no sólo durante la vida del Instituto Secular sino incluso mucho después de haberse aprobado la erección del Opus Dei como Prelatura Personal.



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