Aversión hacia los religiosos

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Por Antonio Moya Somolinos, 12.02.2021


En el Opus Dei siempre se ha ninguneado a los religiosos. Suele ser habitual que entre los numerarios no se participe absolutamente nada en la vida de la diócesis y de la parroquia en que viven. Olvidan que su ordinario es el obispo diocesano y no el prelado, el cual es ordinario solo de los sacerdotes y diáconos incardinados en la prelatura de la Santa Cruz. Si los numerarios no tienen ni idea de la diócesis en la que viven, mucho menos la tienen de los religiosos. Y los supernumerarios, que algo más viven en el mundo, esos sí que tienen algo más de noción de los religiosos...

Esa aversión de facto hacia los religiosos viene de atrás, de ese afán por defender una supuesta secularidad de un modo superficial. Mucho habría que pensar sobre la configuración en los años cuarenta de los institutos seculares y años después de las prelaturas personales. Por dos veces la Santa Sede le hizo un traje a medida al Opus Dei. En cuanto a la primera, cuando admitieron a otros ellos se fueron y forzaron la de las prelaturas personales. En cuanto a las prelaturas personales, no hay nadie que quiera la misma figura jurídica. Parece que esas "necesidades pastorales" que las motivaron no son tantas cuando después de cuarenta años son la única prelatura personal.

Ya en 1941 cuando fueron Pía Unión quedaba muy claro que a todos efectos eran como los religiosos. Me imagino la paciencia del padre Larraona aguantando a san Josemaría en las negociaciones previas a la creación de los institutos seculares cuando este pretendía la cuadratura del círculo con el tema de los numerarios.

Vamos a ver. Los numerarios viven en un edificio, quizá más lujoso, pero arquitectónicamente parecido a como viven muchos religiosos actuales. No tienen clausura, como muchos religiosos actuales, pero sí tienen una zona más reservada, como muchos religiosos actuales. Tienen el Santísimo en su residencia, como muchos religiosos actuales. Tienen unas señoras que atienden el servicio doméstico, como muchos religiosos actuales. Tienen reuniones de comunidad o "de familia" (como ellos dicen), como muchos religiosos actuales. Tienen algunas reuniones, misas y oraciones en común en la capilla u oratorio, como muchos religiosos actuales. El motivo por el que viven en un centro es porque son numerarios del Opus Dei, es decir, por motivos religiosos. Los religiosos también viven bajo el mismo techo por pertenecer todos a lo que ellos llaman la misma familia religiosa. Los numerarios no hacen votos, pero toman el celibato la pobreza y la obediencia como si fueran votos sin serlo formalmente, pero con rarezas añadidas: con permanente sospecha y remordimiento de conciencia de gastar un duro o pudibundez cada vez que se cruzan con una mujer o pánico a una desobediencia pequeña, ya que en el Opus Dei "no hay desobediencia pequeña" y la única alternativa es "obedecer o marcharse". Dicen que es por una razón de amor pero tienen miedo a decir que es por el Reino de los Cielos, es decir, por un motivo escatológico, ya que tal justificación les acercaría peligrosamente a lo que quieren esquivar, la razón de ser de la profesión de los consejos evangélicos por los religiosos.

Quizá por eso, cuando san Josemaría llegó a Roma para lo de la forma jurídica le dijeron que había llegado con un siglo de antelación, lo cual fue tomado por él como un comentario propio de retrógrados religiosos, cuando en realidad era pura sabiduría y experiencia de siglos. Prueba de ello es que ahora, cuando están próximos a cumplir los cien años, tienen un problema jurídico de primer orden, heredado de su fundador y de Álvaro del Portillo, a cual más incompetente en materia de derecho de la Iglesia y de historia de la Iglesia, pero sobre todo, torpes y soberbios ambos hasta creer que todo lo que no ha salido de ellos era morralla o que todos los demás eran tontos del culo.

Recuerdo que cuando hice la admisión la hice con el compromiso de no ser religioso ni asimilado a religiosos.

Hablando hace poco con un amigo mío religioso de clausura que no solo conoce, sino que tiene todos los libros que ahora OpusLibros tiene prohibidos colgar en la web, pero que no existía tal prohibición antes de la sentencia que los prohibió, y por tanto, que los descargó todos, como muchísimos religiosos, sacerdotes y obispos de todo el mundo (vaya gilipollez que habéis hecho los del Opus con la sentencia esa, que desde el punto de vista de la realidad es como el chocolate del loro, al no tener efectos retroactivos sobre terceros de buena fe que los descargaron previamente a la publicación de la misma); hablando con ese amigo mío, decía, me preguntaba qué pasaría si el Papa asimilaba en el futuro al Opus Dei, o al menos a los numerarios y agregados a consagrados. Yo le respondí que en mi época (hice la admisión en 1974) nos decían que si eso llegara a suceder, la idea es que todos nos iríamos del Opus Dei, pero que no se cómo habrá quedado eso tras la prelatura. Entonces él me dijo que analizando el Ceremoniale del Opus Dei, es de una claridad meridiana que las ceremonias de la oblación y de la fidelidad son de facto ceremonias de pronunciación de votos temporales y perpetuos respectivamente, al llevarse a cabo ante un representante de la Iglesia jerárquica, es decir, ante un ministro sagrado como es un sacerdote, habilitado para recibir votos.

Al comentarle yo que en el Opus Dei no hay votos, me dijo que entonces las ceremonias de la oblación y la fidelidad son una cosa extraña, una chapuza desde el punto de vista de la liturgia de la Iglesia, y que le parece insólito que la Iglesia permita una cosa así, pues supone jugar con un sacramental, es decir, con algo sagrado.

Transmito esta opinión de este amigo puntualizando que por ser religioso sabe lo que es una profesión de votos perpetuos, mientras que los miembros del Opus Dei no saben nada de eso, agravado por el hecho de que, como parten de un propósito de no ser religiosos, están más expuestos a tragarse unas formas de vida propias de religiosos si tales formas de vida vienen reguladas desde el propio Opus Dei, ya que es de donde menos se esperan que les vengan reguladas tales formas de vida.

Así las cosas, ellos no se ven como religiosos, pero desde fuera todo el mundo les ve como gente muy, pero que muy rara, como religiosos pero un poco especiales, como algo ambiguo. En definitiva, todo ello es fruto de ese caos mental de san Josemaría que en los reglamentos de 1941 decía que en el fondo eran como religiosos pero luego fomentó una aversión de hecho al estado religioso aunque estableció un sistema de vida de los numerarios asimilable a los religiosos.

Fruto de esa ambigüedad y de ese paso fallido que Álvaro del Portillo dio con la prelatura en 1982 a sabiendas de que no formaba parte de la estructura jerárquica de la Iglesia y de que los laicos quedaban fuera, hoy el Opus Dei se encuentra en esa crisis jurídica e institucional con la que terminan pagando el pato las personas.

Resulta llamativo que, mientras que los religiosos saben lo que son, en el Opus Dei, todavía no tienen teológicamente fundamentado el celibato de los numerarios. Hubo dos intentos de hacerlo en 2015, uno de Mauro Leonardi y otro de Guillaume Derville, a cual más disparatado, sobre todo el último, cuyo autor era por entonces el director espiritual del Consejo General. Una carencia de fundamento parecida se ve en lo de la obediencia y la pobreza, la cual confunden con la austeridad.

Con la restauración por el Concilio Vaticano II del orden de las vírgenes y el hecho de que existan laicos consagrados y diáconos casados, el Opus Dei se va quedando cada vez más fuera de juego con sus estructuras.

Hoy día hay ya varias instituciones que tienen forma de federación, con tres elementos: una asociación de laicos, unos sacerdotes y unos laicos consagrados que, lógicamente, hacen votos. Son estructuras que están funcionando perfectamente porque cada cual sabe lo que es y su estatus está perfectamente definido, de modo que ahí nadie engaña a nadie.

En el Opus Dei todos creen que pertenecen a una prelatura. Es más, incluso en la última carta pastoral, Ocáriz la encabeza con una mentira, al titularse en la portada como "prelado del Opus Dei".

Quizá se pregunten por qué tienen a estas alturas estos problemas. Muy sencillo: De aquellos polvos, estos lodos.


ADDENDA: En el Opus Dei dicen que no son consagrados, pero a falta de una, hacen cuatro consagraciones anuales: A la Sagrada Familia, al Corazón de Jesús, al Corazón de María y al Espíritu Santo. Dicen que nos son consagrados porque las consagraciones que hacen se hacen corporativamente. Sin embargo, aparte de que sería una gilipollez hacer una consagración corporativa que no lo fuera personal, en los textos del Ceremoniale de esas consagraciones se ve claramente que son a nivel personal.

También es verdad que existen cristianos que no son consagrados y hacen su consagración, por ejemplo, al Sagrado Corazón de Jesús.

A mí, en principio, me parece mal manosear lo sagrado, es decir, hacer votos pero no hacer votos, no ser consagrado pero consagrarse, no ser personas sagradas pero vivir como personas sagradas, decir que son igual que los religiosos pero decir que no son religiosos y poco menos que abominar del estado religioso mientras viven como cualquier comunidad de religiosos que no sean de clausura y vivan en medio del mundo, porque aunque la mayoría de ellos no lo sepan, hoy día hay muchos religiosos que viven en medio del mundo, muchos de ellos ejerciendo además una profesión civil, lo cual ni siquiera lo puede aludir Isabelita, la poderosa feminista, pues ella se dedica a tareas administrativas y de dirección propias de su institución religiosa, el Opus Dei, es decir, que ejerce una profesión en una institución religiosa y de contenido religioso (asesorar a un cura, el prelado de la prelatura de la Santa Cruz), y en razón de su pertenencia a esa asociación religiosa, ser numeraria inscrita. Eso sí que es una profesión religiosa, aunque ella no esté dentro del orden de los consagrados oficialmente.


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