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Sobre la oración (1)

Me han hecho gracia ciertos comentarios sobre la lectura del Libro de Meditaciones en el Oratorio y lo que puede molestar para hacer oración personal. Y se cita en apoyo de esta tesis nada menos que a Jutta Bugraft. Es inevitable preguntarse si tan subida oración tienen esas personas que les molesta el ruido exterior. Sin embargo es cierto que parecía que estaba uno haciendo oración sobre algo que le preocupaba, o que iba bien la oración por lo que fuera, y de pronto irrumpía el vozarrón del encargado de la lectura con un tema absolutamente distinto y distante.

Tú imagínate a aquella mujer cananea, siro-fenicia de nación, que iba detrás de Jesús pidiendo por la salud de su hija. Los Apóstoles le dicen al Señor que la despida porque los viene siguiendo. ¿Tú te imaginas que la mujer le diga a Jesús: “Si estos no se callan no puedo hablarte”? No. Le dice igual al Señor lo que desea. ¿Y el ciego Bartimeo que entre el bullicio de la multitud grita y grita hasta que el Señor le escucha?

Dicho esto añadiré que sí, que creo que en el Opus Dei hacen falta maestros de oración. De vida interior, escribí en otra ocasión. Se da por hecho que meditando con Camino ya se aprende a hacer oración. Yo no lo tengo tan claro. Se aprende la teoría. A mí me han ayudado y me ayudan más de hecho aquellas jaculatorias y devociones que nos enseñó nuestro Padre, porque son exclamaciones del alma, sabes a quien se dirigen y te llenan el corazón.

Mi primera frustración en la Obra, días después de pedir la admisión, fue el convencimiento de que no sabía hacer oración. Se dice que hay que meterse en las escenas evangélicas como un personaje más y reaccionar como si nos encontráramos allí presentes. ¿De qué se trata entonces? ¿De un ejercicio de imaginación? San Josemaría le daba mucha importancia al libro de Santo Rosario porque era un ejemplo de ese tipo de oración que creo que incluso llama contemplativa. Supongo que hay que ser humilde como un niño para hacer lo que allí se recomienda, para no sentir vergüenza: “Yo como soy un criadito basto lloro a moco tendido…”.

Si haces oración afectiva te compadeces de ti mismo, si meditas te detienes en tus cosas y eres consciente de que no estás haciendo oración. A mí nadie me preguntó en la charla cómo hacía mi oración. Tampoco recuerdo meditaciones sobre el modo de hacerla. ¿Oración? Sí, la he hecho todos los días: media hora por la mañana y media por la tarde… y ya está. Y no has resuelto nada. Eso lo sé ahora, claro. Entonces no reflexionaba sobre ello. San Josemaría pedía hacer oración “de tú a tu; sin anonimato”. ¿Qué quería decir esto? Pues nadie lo explicaba. Ahora pienso que puede referirse a que en la oración hay que dirigirse a Dios Nuestro Señor, que no puede quedarse en una mera reflexión en la que uno se escucha a sí mismo.

Supongo que los que hemos dejado la Obra ninguno sabíamos hacer oración –con Libro de Meditaciones o sin él-, porque si hubiésemos sabido nos sería imposible abandonarla. La práctica demuestra que no sólo dejamos la Obra sino también la oración, ese deseo de acercarnos al Sagrario que un día tuvimos. Estoy pensando ahora en una persona que recientemente ha pasado de ser Director de un centro a la marcharse a la puta calle. Se había “enamorado de una compañera”. ¿Vivía esa persona en un nivel espiritual? ¿Hacía oración? Es de suponer que no. ¿Y cómo podía ayudar a los demás si él mismo no vivía en ese ambiente interior? ¿Y cómo podías ser director en esas condiciones? ¿Alguien le preguntaba sobre ello? Algún tiempo antes de dejar yo la Obra el Director espiritual de la Delegación tuvo una larga sesión conmigo sobre la pureza. Debió suponer que yo no era sincero, siendo así que no tenía ningún problema al respecto. Pero no recuerdo que me preguntara ¿cómo haces oración?, ni que me aconsejara plantearme, desde ese mismo día, comenzar a hacer una oración que me ayudara. Podemos esforzarnos por usar las disciplinas -¡maldito cacharro!- y lo que es verdaderamente importante darlo por supuesto.

En fin… Dios sabe más y no nos deja si nosotros no le dejamos. Dentro o fuera.

JUAN

YA HACE UN AÑO

Ya hace un año que no entraba en estas páginas. He comenzado por Opuslibros. Uno podría pensar que en un año ya estaría todo dicho. Pues no. Hay cosas nuevas. Lo que más llama la atención es el contraste de las múltiples teorías con la realidad. Trataré de explicarme: Se pueden hacer un millón de teorías, descubrir otras tantas falsedades e inexactitudes en los relatos oficiales, oficiosos y oficinescos, pero al contrastarlas con la vida de los miembros de la Obra que conozco, me doy cuenta que ambas cosas no pueden ser verdad simultáneamente. No puede haber gente que dedique su vida a servir a Dios y a los demás -ahora pienso en curas, sobre todo- si su vida está basada en una o muchas mentiras. No se puede y además... es imposible. Hace poco he estado en Madrid y he visto a un antiguo amigo sacerdote. Somos de la misma edad y llegamos juntos a Roma. Le conté mis problemas, faltas, pecados -de hecho me confesé-. Al despedirnos me preguntó: "¿Harás algo de lo que te he dicho?" "Intentaré" -le dije y le di un abrazo muy, muy fuerte. Mi corazón sabe hacia donde tiene querencia aunque mi vida valga poquito, poquito. "Non vos me elegisti, sed ego elegit vos, et posuit vos, ut eatis et fructum afferatis et fructum vester maneat". Que como todo el mundo sabe quiere decir: "El que a buen árbol se arrima buena sombra le cobija", pero en inglés.

JUAN

La respuesta (1)

Durante muchos años desde que dejé el Opus Dei me he hecho una pregunta: Cómo es posible que cuando uno lo ha dejado todo y ha hecho aproximadamente lo que le han mandado, cuando no ha retirado el hombro y ha asumido los sacrificios que se esperaban de él; cómo es posible que cuando uno ha hecho todas esas cosas la vocación no haya ido hacia arriba sino hacia abajo hasta perderse totalmente.

Últimamente parece que tengo la respuesta y que la explicación está en la falta de humildad. Supongo que es demasiado obvio. Ser contemplativos –según enseñaba San Josemaría- consiste en estar en un diálogo permanente con Dios sobre aquellas cosas que nos traemos entre manos. Si en vez de poner en manos de Dios nuestra vocación la confiamos a nuestras buenas disposiciones el fracaso está garantizado. Confiar en nuestras propias fuerzas es un signo de infantilismo, de falta de madurez. Es querer tapar el sol con un dedo. Engañarnos. Siempre se ha dicho que el niño se refugia en los brazos de su padre, etc. Pero eso lo hacen algunos; otros se emperran en algo, luchan, se esfuerzan, lloran de rabia porque no pueden. Yo los he visto, los conozco. No son casos de laboratorio.

Hace dos días me preguntaba mi hijo cómo pasar del deber al querer. De la convicción intelectual a la libre adhesión de la voluntad. Fue en ese momento cuando le hablé de oración y de humildad.

Hay un personaje evangélico que no nos gusta y nos hace estremecer. Nadie queremos identificarnos con él. Es el personaje de Judas y su traición. Es útil recordarlo aquí. La pregunta es ¿era Judas humanamente peor que los demás apóstoles? Con seguridad que no. No era del tipo perezoso, rebelde, desobediente y fallón como nos hemos visto muchas veces a nosotros mismos. El Evangelio nos habla muy poco de él y no para bien, pero en el día a día debía ser como los demás Apóstoles. La prueba está en que cuando Jesús anuncia que uno de ellos le va a traicionar nadie vuelve la cabeza automáticamente hacia Judas, sino que por el contrario interrogan: “¿Soy yo Maestro?”. Pero Judas no era humilde y eso pudo con el.

JUAN

Sobre el Catecismo de la Obra (1)

Como quiera que resido en una zona periférica de España donde se utiliza un castellano muy pobre, me gusta señalar cuando aparecen en la conversación palabras típicas (“casticismos”) o palabras cultas. El último día alguien afirmaba que yo era un “pelmazo”. Mi padre utilizaba la palabra pelmazo y también la abreviatura “pelma”. En consecuencia es difícil que alguien me ofenda utilizando una palabra que utilizaba mi padre y encima una palabra castiza.

Por otra parte soy el único que opina en una determinada dirección en tanto que en la contraria lo hace casi medio centenar de personas. Y el pelmazo ¿soy yo? Me recuerda demasiado a un chiste de gallegos que espero que no ofenda a nadie. Es muy viejo y decía así: “Van cien gallegos llorando por la Gran Vía de Madrid y se encuentran con un amigo. Este les pregunta qué les pasa y contestan que tres asturianos les han pegado. “¿Pero cómo –pregunta éste- tres personas pueden pegar a cien? Y contestan los gallegos cargados de razón: “Porque nos han rodeado””. Dado que no hay ninguna posibilidad de que uno rodee a cincuenta no creo que valga la pena llorar ni quejarse porque yo exponga libremente mis opiniones.

Días atrás estuve ordenando papeles y lo primero que encontré fue el Catecismo de la Obra que había descargado y dejado aparte para leerlo más adelante. Me hizo mucha ilusión e hice que me lo encuadernaran para leerlo despacio. Tenía muy en la cabeza las críticas que he leído en esta web sobre él, empezando por el artículo 1.1 donde se afirma que el Opus Dei pertenece la estructura jerárquica y pastoral de la Iglesia. Pienso que es un documento muy clarificador, por ejemplo sobre la importancia de las incorporaciones sucesivas, algo de lo que yo mismo he tratado en estas páginas.

Considero que si quitamos uno o dos párrafos en todo el documento que resultan redundantes, el resto es clarificador y realiza una muy buena labor de síntesis. Eso sí necesita una explicación al tiempo que se lee. Yo hasta la segunda lectura no logré ordenar todas las piezas del puzle: Prelatura, Sociedad Sacerdotal, miembros, socios, fieles, contrato y vocación. También hay que decir que si las cosas son así como aparecen en el Catecismo no ha cambiado nada respecto de la Obra que yo conocí (1972-1981). Únicamente lo de los aspirantes y nada más.

Lo primero que yo he leído en esta web es que había cambiado algo respecto de la dirección espiritual y el secreto de oficio. Leo en el núm. 75 que “los miembros de la Obra conservarán rigurosamente el secreto natural, el comisorio (aquello que se te recomienda como secreto), el profesional y cualquier otro tipo de secreto cualificado”. Yo, que he redactado informes sobre algunos socios –algo que se me ha reprochado aquí mismo- y que he tenido en ocasiones que informar al consejo local sobre ellos, pongo a Dios por testigo que nunca he faltado al secreto natural (ni a los otros, claro está). Para faltar al secreto hace falta descender a los detalles de lo que se te ha contado. Yo puedo decir de alguien que es perezoso y obstinado, y que tiene que mejorar en esos aspectos, sin faltar al secreto de los detalles que éste me haya confiado.

Cuando determinadas personas escriben que no sabían que lo que ellas contaban al director las iba a repetir ante el consejo local pienso en qué vida tan variada e interesante han tenido que tener esas personas. Si nos atenemos a lo que hay que contar en la charla de acuerdo con el núm. 214 del Catecismo, habitualmente no puede haber novedades ni cosas interesantísimas. Está la cuestión de la pureza y de los enamoramientos, vale. Puede haber problemas familiares. Pero a parte de que no será lo corriente, si no se desciende a detalles no se falta al secreto.

Me ha sorprendido leer –yo no lo sabía- que no es necesario llevar a la charla aquello que es objeto de confesión. Y me extraña por la unidad de la dirección espiritual. Es posible que otro día aborde otras cuestiones referentes al Catecismo de las que se han tratado en estas páginas.

JUAN ENCABO

¿Vergüenza? (1)

Leo que alguien habla de vergüenza de pertenecer al Opus Dei. ¿Vergüenza de qué? ¿De ser creyente? ¿De vivir como uno piensa y cree? No me parece. Te comprendo pero no llevas razón.

1. Creo recordar que era Don Leonardo Polo el que contaba que en los años cincuenta, si uno de la Obra subía a un tranvía, veía a un chico con buena pinta y no se atrevía a hablarle de la Obra, ya se quedaba mal por dentro. ¿Vergüenza de qué? De Don Luís Valls contaban que como era más bien callado, tomaba a sus amigos por los hombros y les decía: “Acompáñame que te van a contar unas cosas muy interesantes”. Quizá por la misma razón, mientras fue Presidente del Popular utilizaba el apostolado de la lectura. En Navidades encargaba a lo mejor un millar de ejemplares de un libro que le hubiese parecido interesante y los enviaba con una tarjeta a quienes quería felicitar. ¿Vergüenza por qué?

2. Dice nuestro Señor Jesucristo que “quien se avergonzare de Mí ante esta generación Yo me avergonzaré de él delante de los ángeles del Cielo”. Ya ves. No. No es vergüenza ni mucho menos. Se trata de la constatación de que los hombres no comprenden a Jesucristo y su doctrina (y nosotros mismos la mitad o un cuarto). No sé qué profeta se dirige a Yahvé para preguntarle: “Tu mensaje ¿quién lo quiere escuchar?”. Y es lo mismo que se trate del Opus Dei o de cualquier otra asociación cristiana. ¿O tú piensas que es más fácil hacer apostolado para los Quicos o para Comunión y Liberación? ¿Te avergüenzas menos ahora de ser cristiano que cuando estabas en el Opus Dei? ¿Consigues más frutos para la Iglesia católica? No ¿verdad? Lo que pasa es que como ahora no te exigen vives más tranquilo.

3. ¿Te acuerdas del Apóstol Santiago, junto al Ebro, desesperado porque aquellos iberos no le hacían ningún caso? ¿O de Mónica llorando por Agustín? Y de cómo San Pablo escribe a no sé qué iglesia recordándoles que les había predicado el Evangelio con gran temblor y asaltado por continuas preocupaciones. Y los primeros cristianos en medio de las persecuciones ¿cómo se sentirían? Mira, sólo tienes dos opciones: o acobardarte o enorgullecerte. El resultado es Dios el que lo conoce.

4. Elías, perseguido por el rey de Israel se deja caer por tierra y se dirige a Dios: “¡Basta Señor! Que no soy mejor que mis padres”. Diríamos que “tira la toalla”. ¿Y Jonás, que prefiere embarcarse y ser arrojado al fondo del mar antes que pasar por el trago de predicar la destrucción de Nínive? ¿Y de Nuestro Señor, despreciado, juzgado y muerto? ¿Y de Pedro negando a Jesús? Lo que tú llamas vergüenza y no lo es va unida al mandato de predicar y es la constatación de que ni al mundo le interesa el mensaje de Jesús ni nosotros sabemos cómo transmitirlo. Y ambas cosas son absolutamente ciertas, pero… hay formas.

5. Ya te he hablado del apostolado de los libros que debe ser regado posteriormente con el apostolado de la oración. Primero se planta después se riega. Hay un apostolado de la buena doctrina. Recuerdo que una vez llamaron en la radio a María Angustias Moreno para preguntarle sobre el sacerdocio de las mujeres. María Angustias afirmó y no negó: “El sacerdocio de Cristo está limitado a los varones”. Fácil ¿verdad? Pero para eso hay que tener doctrina; estudiarla y tener la humildad de no querer manipularla a nuestro gusto. “Pues a mí se me ocurre que…”. Nada. Así no son las cosas de Dios.

Luego está el apostolado del ejemplo. Un día me llamó -¡a mí!- nuestro Párroco y me dijo: “Gracias por el buen ejemplo que dais a la Parroquia”. Tenemos cinco hijos, todos fueron a la catequesis, dos fueron monaguillos y yo creo que todos fueron catequistas en algún momento. Mi esposa es médico. Su médico. Decían: “La doctora va a Misa con sus hijos”. Yo algunos domingos daba mil pesetas en la cesta. Me parecía que debía hacerlo y lo hacía. Como no quería hacer exhibición del billete lo doblaba y lo echaba disimuladamente. ¿Quieres creerte que alguien se fijó en el detalle y se lo comentó al Párroco? De todo eso han pasado ya muchos años y de mis hijos sólo va a Misa en la actualidad uno. Pero no importa. Dios lleva la cuenta y yo tengo fe plena en su futuro y en el de sus hijos. ¿Vergüenza? No lo creas.

Vivir pobremente, tener hijos también es testimonio cristiano. Determinadas ONG como Pro-vida o Hazteoir son netamente cristianas. O Intermón o Manos Unidas o Caritas o el coro de la Parroquia. O poner el Belén en Navidad. Lo que no se puede hacer es querer ser cristiano y evitar el más mínimo sacrificio, sea económico, sea de posicionamiento sobre lo que uno cree y vive. ¿Vergüenza? Ni hablar. Lo que es necesario es algo de madurez. Darse cuenta de la importancia de nuestros actos y omisiones. No desesperes. No te abandones. Ninguno somos Juan Bautista pero podemos servir de referencia en un entorno limitado. Una gota de agua unida a otra gota de agua.

Juan Encabo

Deja ya el proselitismo, vete a escribir a otras páginas! So pelmazo!

¿He dicho algo mal? ¿Proselitismo? Es puro cristianismo. ¿Tú has leído las Escrituras? ¿Crees que son de aplicación a la vida de las personas? ¿De ti y de mi? Con afecto PELMAZO

Curso anual en Pozoalbero (1)

Recuerdo haber hecho dos cursos anuales de invierno en Pozoalbero, Jerez de la Frontera. Tenían lugar durante las vacaciones de Navidad. El clima exterior era llevadero, pero la casa estaba fría dado que allí no se usan las calefacciones. Había uno que agarró un resfriado y refunfuñaba: “Si la casa no está preparada para usarse en estas fechas, que no se use”. Este mismo, que era un hombre divertido, durante un paseo se había hecho con dos carteles que anunciaban peleas de gallos. Decía: “Si el director me dice que quite el cartel de la habitación, yo lo quito… y pongo el otro”.

En uno de los cursos estaban Don José Manuel Casas Torres, Catedrático de Geografía, y Don Vicente Rodríguez Casado, Catedrático de Historia de América. Casas Torres andaría cerca de los sesenta años y era un hombre sencillo. Decía: “Lo que más me gustan son las patatas y después el chocolate”. Como consecuencia de estas preferencias gastronómicas estaba algo grueso, aunque no tanto como Don Vicente. Un día el coche no arrancaba y nos pusimos todos a empujar. Cuando arrancó, Don José Manuel se quedó sin apoyo y cayó al suelo ante la mirada horrorizada de todos. Me sorprendió ver que sabía caer; no puso las manos sino el hombro y no se hizo nada.

De Don Vicente ¿qué decir? Debió pedir la admisión allá por el año 35, estuvo refugiado en la Embajada de Noruega y fue autorizado por Isidoro para alistarse en el ejército republicano y tratar de atravesar las líneas a la otra zona, donde estaba San Josemaría. Eran tres los que cruzaron: Don Vicente, Don Álvaro del Portillo y Eduardo Alastrué. Por cierto que Don Vicentón conservaba mucho cariño hacia Alastrué, un “ex” como tú y como yo. Don Vicente nos contaba esas cosas de las que ordinariamente nadie quiere hablar: de las revelaciones que en ocasiones Dios había hecho llegar a San Josemaría. Por ejemplo nuestro Padre anunció a la madre de Vicente que el día de la Virgen del Pilar su hijo iba a llegar a la zona nacional, como así fue. Nos contó que la intención especial de nuestro Padre se iba a conseguir (es decir la Prelatura), pero que ese cumplimiento iba a traer consigo nuevas dificultades y persecuciones. Que nos iban a dar de tortas hasta en el carnet de identidad (la “Cédula” como dicen en América). En aquel momento yo pensé que me gustaría perseverar aunque sólo fuera para compartir las dificultades con mis hermanos. Gracias a Dios ha sido posible. No desde dentro pero sí desde fuera.

Contando episodios históricos, ya que al fin y al cabo Don Vicente era historiador, narró que cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial predominaba en España un ambiente anticomunista y antiliberal, por lo tanto germanófilo. Sin embargo San Josemaría les advirtió que Alemania iba a perder la guerra y que iba a salir de ella fragmentada. Los de la Obra ni lo dudaron; ya habían visto hacerse realidad mucho de los anuncios de nuestro Padre. Un tiempo más tarde, el padre de Don Vicente, que era General Jefe de Intendencia, comentó durante la comida que Franco había hecho una encuesta entre los Jefes de las Armas y los Servicios del Ejército para que le dijeran si estarían preparados para entrar en la guerra al lado de Alemania. Don Vicente, que como hemos dicho tenía información privilegiada al respecto, se puso nervioso: “Incluso –recordaba- es posible que estuviera un poco indiscreto”. Es decir explicó a su padre lo que les había dicho San Josemaría. El General se sonrió y le dijo: “No te preocupes. Ya le he dicho a Franco que no estamos preparados para empezar otra guerra”. Como es sabido Franco le pidió a Hitler en Hendaya, como condición previa para entrar en la guerra, miles de toneladas de trigo para alimentar al país y al Ejército. Una petición que Alemania no estaba en condiciones de satisfacer.

Ya hace tiempo alguien escribió en esta web, que San Josemaría quería que España se comprometiese en la Segunda Guerra Mundial al lado de Alemania. Entonces pensé que yo tengo datos de primera mano al respecto; y tú, anónimo y presumiblemente joven escritor, ¿qué datos tienes?

Juan Encabo

De nuevo (1)

De nuevo encuentro en los medios de comunicación el problema de los numerarios, numerarias y agregados que abandonan el Opus Dei con una mano delante y otra detrás; algunos enfermos, otros sin vivienda ni trabajo. Desde mi posición, sobradamente conocida de afecto hacia el Opus Dei, quisiera analizar esta situación aun a sabiendas de que puede haber hechos o datos que no conozca o no tenga en cuenta:

1. Partamos de la hipótesis (las cantidades son indiferentes a efectos del razonamiento) de que de cada diez personas que se incorporan al Opus Dei perseveran tres o cuatro y las seis restantes lo abandonarán en algún momento. De estos seis habra uno -un diez por ciento en el global- que por edad, enfermedad, etc..., una vez que deje la Obra no estará en condiciones de salir adelante por si mismo, por lo menos a corto plazo. Estos constituyen el problema. Los que desarrollan una tarea profesional externa normalmente continuarán ejerciéndola y en función de su carácter y personalidad establecerán vínculos afectivos o seguirán solteros. El problema reside, por lo tanto, a aquellas personas que al no haber realizado con anterioridad una labor externa retribuida están fuera del mercado de trabajo y se encuentran, además, con que la Prelatura no ha cotizado por ellos a efectos de paro, enfermedad o jubilación.

2. En ningún caso se trataría de reintegrar a estas personas un salario teórico por los años trabajados o de devolverles las cantidades entregadas al Opus Dei en el caso de los que hayan ingresado su sueldo en la caja de los centros; se trataría más bien de facilitarles una indemnización de tantos días por año trabajado de acuerdo con la legislación laboral o de cubrirles la invalidez en caso de que se dé esta circusntancia. No hacerlo iría contra la justicia. Lo mismo habría que decir sobre la atención médica, la vivienda cuando ello sea necesario y un acompañamiento personal cuando lo necesiten y lo deseen. No dejar a la gente tirada. Recuerdo haber escuchado a San Josemaría dos supuestos similares en los que afirmó que el Opus Dei podría actuar. En una ocasión hablaba de los sacerdotes diocesanos que habían abandonado su ministerio y añadió que, con el tiempo, el Opus Dei podría hacer algo por ellos. Pues qué mayor obligación puede haber que hacerlo con los propios, sean sacerdotes o personas que han dedicado a Dios toda su vida hasta esa fecha. En otra ocasión San Josemaría habló de su deseo de hacer algo por las familias de los supernumerarios fallecidos dejando una familia amplia, quizá con dificultades. Este compromiso se movería en la línea de lo que dice el Apostol Santiago de la religión verdadera que consiste en "atender a los huérfanos y a las viudas en sus necesidades". Hoy habría que incluir a los viudos ya que no existe diferencia entre unas y otros.

3. "Ut diligatis invicem sicut Ego dilexi vos". Que os ameis los unos a los otros como yo os he amado. ¿Qué ejemplo de amor puede dar la Obra si parece abandonar a los suyos cuando ya no están en situación de trabajar por una crisis personal, por desgaste u otra causa? No juzgar. Habitualmente se parte de la base de que los que dejan la Obra lo hacen porque quieren y eso es falso. Puede haber muchos motivos para abandonar la vocación que a veces ni el propio sujeto es capaz de explicarse. Podría decirse que Dios se cierra, que rechaza la entrega de determinadas personas. Porque esa es la impresión subjetiva que tiene el sujeto cuando en vez de avanzar retrocede; cuando tiene la impresión de que el "ciento por uno" se ha hecho para los demás pero no para uno mismo; cuando piensa que el "venid a Mí los que estais cansados y agobiados que Yo os aliviaré" no funciona. No me creo que haya gente que lleve un determinado tiempo en la Obra haciendo lo que le dicen mejor o peor y que un día se levante de la cama y decida: "Me voy". O bien hay determinados elementos previos de abandono que, por lo tanto, deben ser perfectamente definibles e individualizables o se dan esas circunstancias a las que me refería antes que ni siquiera el sujeto es capaz de detectar pero que hacen imposible la perseverancia.

4. Me resulta imposible entender cuál sea la causa para no cotizar ante los organismos estatales de previsión por aquellos socios que se dedican a las labores internas, incluídos los sacerdotes. Decía San Josemaría hablando de la necesidad de desarrollar un trabajo profesional: "Está en juego la seriedad de nuestra vocación". Pues eso es bilateral. También es característica de un trabajo serio el hecho de que dé lugar a unas cotizaciones ante los organismos estatales de previsión laboral. Los socios de la Obra no son monjas que trabajan sólo por amor de Dios, sino que como los demás trabajadores aspirarían a estar cubiertos contra las distintas contigencias de una vida laboral, desde el paro hasta tener derecho a una jubilación digna. Esto forma parte de la mentalidad laical. Es más, sería un buen procedimiento para dejar claro que numerarios y numerarias también pertenecen a la Prelatura, que no son meros colaboradores externos, el hecho de que ésta cotizase por ellos en cada país.

5. Podemos abordar una última cuestión que es la del "nihil innovetur". Pues bien no se trata de innovar nada, sino en algunos casos de cumplir la legislación vigente y siempre moverse en una órbita de justicia y generosidad. No es justo que el numerario que ejerce un trabajo retribuido siga disfrutando de él y de las correspondientes ventajas sociales una vez que abandona la Obra y que, precisamente, el que generosamente ha renunciado a esa posibilidad para dedicarse a atender a sus hermanos ese tenga que escuchar como le dicen: "Compóntelas como puedas". Se trataría, en fin, de no ver a los que dejan la Obra como enemigos. No hay nada mejor para ganarse enemigos que tratar a la gente como tal; y viceversa: el mejor camino para hacerse amigos es tratarlos con afecto y generosidad. Como dice San Josemaría en Camino "la Caridad más que en dar está en comprender".

6. Quiero añadir algo más de corte sobrenatural. Dios no abandona a los que han trabajado para El. Creo que todos podemos atestiguar como hemos llegado a encontrar un trabajo cuando pensábamos que no lo íbamos a conseguir. El que ha querido se ha casado y si ha podido ha tenido hijos, y el que no ha querido no se ha casado. Los casos límite son eso, casos límite, y supongo que esos son en los que habrá que volcarse.

Juan Encabo

Creo (1)

 Al parecer me he desenganchado de esta web sobre el Opus Dei. Pienso que todo lo que podía decir al respecto ya lo he dicho. Siempre habrá novedades, pequeños detalles, pero lo fundamental del testimonio está dado. Cuando en un matrimonio las cosas no funcionan se procura ser ecuánime y se dice: “La culpa es siempre de los dos”. Esta web es el único lugar donde la responsabilidad siempre es de una de las partes, sin matices ni contexto. Un historiador lo primero que hace antes de relatar un episodio es dibujar el contexto. Aquí los hechos se producen sin contexto. No sabemos cuáles son las influencias o las alternativas que asistían a esas personas. Sin embargo para mí son testimonios valiosos para conocer dónde están los problemas y dónde hay que trabajar para resolverlos.

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Me llama la atención que existiera unanimidad en afirmar que don Álvaro del Portillo no había participado en el Concilio Vaticano II. Ahora llega Haenobarbo y escribe: “Don Álvaro del Portillo era Secretario de no sé qué Comisión”. Y aquí no ha pasado nada. Nadie se lleva las manos a la cabeza ni dice: “Perdón, nos equivocamos”.<o:p></o:p>

Ahora todo el mundo se encuentra encantado con una Sentencia del Tribunal Supremo de España que establece el derecho de los ex a que sus datos sean eliminados de los archivos de la Obra. Como creo que tienen razón no hay mucho que añadir. Es de suponer que cada socio tendrá una carpeta o expediente personal en la que figuren sus datos y sus informes. Personalmente no me considero tan importante como para solicitar que se eliminen mis datos –buenos o malos- de ningún archivo. Tengo suficientemente asumido ese periodo de mi vida para no desearlo. Ahora bien si alguien lo desea debería poder hacerlo. Es más, al que abandona la Obra se le debería informar de oficio sobre la relación de documentos a destruir y ofrecerle que, si lo desea, se haga presente por sí mismo o por medio de tercera persona. Algún día alguien dirá: “Toda esa basura fuera”, y lo que hoy es objeto de pleitos mañana se convertirá en tiritas de papel. Otra cosa distinta son los cientos de lugares en los que una persona ha podido dejar su huella. Si en el diario de un centro está escrito: “Ayer Fulanito llegó de viaje”. No vamos a emborronar el cuaderno para eliminar ese nombre. Si existe un listado de los asistentes a un curso de retiro en 2006 no vas a remover el cielo y la tierra para encontrarlo y destruirlo. Estamos refiriéndonos a los documentos que se refieran específicamente a una persona. La mentalidad laical implica la voluntad de cumplir las leyes de forma ejemplar.<o:p></o:p>

Venimos de un tiempo muy especial que es la época fundacional. Cuando S.S. Pablo VI recibió a don Álvaro del Portillo, recién elegido Presidente General del Opus Dei, le aconsejó: “Usted pregúntese qué es lo que hubiera hecho su Fundador en un caso concreto y haga lo mismo”. Me parece una recomendación ingenua ya que los tiempos cambian y las realidades evolucionan, pero si de algo no me cabe la menor duda es de que es eso precisamente lo que han hecho don Álvaro y don Javier. Si se me perdona la falta de delicadeza habrá de ser el próximo Padre el que aborde esos cambios que serán sólo de matiz, pero que pueden ayudar a no enredar al Opus Dei en polémicas estériles y en pleitos.<o:p></o:p>

También he sugerido que igual que existe un Defensor en cada Comisión regional para velar por que no se adopten acuerdos que puedan ir contra el interés general o el espíritu de la Obra, sería una demostración de mentalidad laical que se instituyera una Defensor del asociado que estudiara las distintas reclamaciones. No puede ser que un director inspirado te diga “no puedes hacer un cursillo sobre imaginería indígena” y tengas que pasar por ello “velis, nolis”, quieras o no quieras. La Obra está para potenciar nuestra libertad, no para recortarla.<o:p></o:p>

Creo que la llamada al Opus Dei es una vocación divina. Que como todas las vocaciones supone una llamada a la santidad y al trato con Dios. Creo que en lo secular el Opus Dei no tiene más doctrina que la doctrina católica ni más límites que los que impone la Iglesia. Creo que todo el que se acerca al Opus Dei no tiene por qué tener vocación a la Obra pero sí puede recibir mucho de ella: “Una gran catequesis” –decía San Josemaría. Un plano inclinado para aproximarnos a Dios. Creo que la gente tendría que poder acercarse a la Obra sin miedo y tomar las decisiones vocacionales con libertad y madurez. Y que el que quiera abandonarla debe poder decir que está más cerca de Dios y no escapar como el que huye de la peste. Creo, sé, que hay mucha gente que está en esas circunstancias y que no escribe en estas páginas. Que los que escriben se arrogan la representación de un colectivo mucho más amplio que nadie les ha conferido. Creo que las aguas volverán a su cauce.<o:p></o:p>

Juan Ignacio Encabo<o:p></o:p>

Inmaculada Concepción de María (1)

Queridos todos:

 Hoy es el día de la Inmaculada Concepción de María. Me he levantado pronto para ser festivo.

Pensaba escribir algo en o.d.i. pero leo antes lo que se ha publicado.

Tropiezo con la carta de Ferita. Esas son las cartas que me convencen, las que están escritas con sinceridad, con dolor; en las que no se aventuran conclusiones sino que permiten que sea el lector quien las saque. Te quiero. Sé feliz en lo que esté en tu mano. Si tu padre te ha pedido perdón llorando a lágrima viva, Dios, tu otro Padre, no te quiere menos. Él envió a su Hijo a morir también por los errores de esas personas, las que no supieron o no quisieron ayudarte, las que te hirieron; aquellas a las que no les importa mentir con tal de guardar la cara. Aquellas que se dicen entre si: no remuevas mis papeles y yo no removeré los tuyos.  En fin, ya sabes. ¿Cómo determinadas personas llegan a directoras? Es un misterio. O tampoco. Existe un perfil. Aparentemente entusiastas, dicen a todo que sí y luego hacen lo que les da la gana. No todos los directores son iguales, afortunadamente, ni a todos causan el mismo perjuicio; pero a los que se salen del molde –y todos nos salimos en algún momento- carecen de imaginación, de ciencia, de caridad y espiritualidad para ayudarlos/as. Los reglamentos son su mejor aliado.  Estacazo y tente tieso.

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Pero volvamos atrás porque sinó no diré lo que quería decir, que también tiene que ver con la carta de Ferita. Si miramos los testimonios en su conjunto –me refiero a los testimonios, no a los juicios de valor- la conclusión siempre es la misma: “Me hicieron, me dijeron, me engañaron”. De acuerdo, pero todavía falta una pregunta: “¿Te enseñaron a amar a Dios?”. Y otra: “¿Te impidieron amar a Dios? Como decía Isidoro de un jefe muy malo que tenía: Sólo espero que no me haga pecar.<o:p></o:p>

Son las formas las que nos matan y voy a poner dos ejemplos, uno de los cuales no corresponde al Opus Dei.

El sacerdote que nos casó se había formado en una Congregación religiosa. Eran dos hermanos y los dos estaban en la misma Casa de Formación. Una vez le pregunté por qué había dejado esa Congregación y me contó que, cuando salían los domingos con sus padres a pasar la tarde fuera, en ocasiones habían vuelto después de la hora de cenar. En esos casos el maestro de novicios o el formador correspondiente les dejaba la cena en el cuenco donde comía el perro. Supongo que debió parécele una solucióni'nspirada para inculcar puntualidad y obediencia a los dos hermanos, pero estos se pasaron al clero secular y fue la Diócesis la que ganó dos sacerdotes estupendos. Habría más cosas pero esta fue la primera que le venía a la cabeza a este sacerdote: lo de la cena en el plato del perro.<o:p></o:p>

Cuando alguien deja su libertad en manos de otro, espera que éste actúe con fortaleza, sentido sobrenatural, caridad y sentido común. Un solo paso fuera de ese camino puede hacer que la persona pierda la confianza y te reclame ¡con todo el derecho del mundo! la libertad que le corresponde como hijo de Dios y que nunca hubiera perdido si no la hubiera puesto en tus manos. La obediencia nunca es una obediencia sin un “por qué”. Son las formas las que nos pierden y la falta de flexibilidad.<o:p></o:p>

Como empleado público que soy (anota Nicanor), sé perfectamente que cuanto menos sabe el funcionario más intransigente se vuelve. Como tiene miedo a equivocarse desconfía de todo y de todos. Su respuesta es siempre “no” o “vuelva usted mañana”, y siempre le queda el procedimiento de pedir al ciudadano algo imposible. Lo he visto, lo he visto. Por el contrario el que conoce las normas profundiza en el sentido de la Ley  y sabe si una determinada petición se ajusta al espíritu de la misma. Prefiere equivocarse antes que ser injusto con el administrado cuando este ejerce los derechos que como ciudadano le corresponden. Actúa con libertad y proporciona libertad. Este espíritu ha hecho grandes a muchos y el contrario ha causado y causa muchos perjuicios: la mentalidad funcionarial.<o:p></o:p>

Son las formas lo que nos mata. Encontré hace tiempo a un muchacho que había sino numerario antes o al mismo tiempo que yo. Le pregunté cómo es que lo había dejado. Me contestó que todos los días iba a la oración y a Misa a su centro, pero que antes se tenía que duchar con agua fría y sólo después entraba en el Oratorio. Supongo que había más cosas, pero la primera que le vino a la cabeza fue esta. Recomendamos cuidar esa pequeña llama que se enciende y luego somos nosotros los que soplamos. “In hoc non laudo” -decía San Josemaría, hablando de que no se daban a las vocaciones los medios para perseverar.<o:p></o:p>

Sé que es una pregunta retórica, porque cuando la vocación se enreda aquí y allá ya no hay nada que hacer, pero creo que centra la cuestión. Se portaron mal contigo es cierto, pero ¿te enseñaron a amar a Dios? ¿Te impidieron amar a Dios? Ahora que estás libre de interferencias externas pon por obra aquello que aprendiste, lo fundamental, no lo accesorio. Lo que Dios espera de ti, no lo que esperan Fulanita y Menganita. “El que juzga es el Señor”.<o:p></o:p>

Dios os guarde.<o:p></o:p>

Juan Ignacio Encabo Balbín<o:p></o:p>

Persecuciones (1)

Queridos amigos: 

Alguien al que no conozco escribe: “El temor de muchos a dar la cara, a sentirse libres para expresarse, a no temer venganzas contra los seres queridos, no son ya paranoias sin sentido (…) Ahora nos queda recuperar el buen nombre y que dejen de perseguirnos. Para eso tendrán que pasar otros 80 años…”. ¿No os recuerda ese temor tan radical (ni a la mafia siciliana) un episodio que leemos en Génesis IV? Caín acaba de matar a su hermano y sufre un ataque de pánico. Le dice a Dios que ahora cualquiera que tropiece con él podrá matarle. Yahvé le tranquiliza: “No será así –le dice-. Si alguien matare a Caín, éste sería vengado siete veces”.

Intuyo que la cita que abre este escrito se está refiriendo a las demandas interpuestas recientemente contra OL en los Juzgados. Todo ello por no ser capaces las partes de sentarse, dialogar y llegar a un acuerdo: a) Tú tienes derecho a contar tu historia que es también la historia del Opus Dei. b) Yo tengo derecho a que no publiques documentos sustraídos de mis archivos. Y, como dice la Sagrada Escritura: “Sea Dios Juez entre nosotros”.

Pero quiero destacar la idea de la persecución.

El primero que afirmó sentirse perseguido por el Opus Dei fue Miguel Fisac, fallecido en 2006. Recientemente he hablado con alguien que le había tratado. Asistíamos a una conferencia de apertura de curso dictada por el arquitecto Ignacio Vicens. Como si fuera a encargarle una caseta para el perro mi esposa le preguntó qué obras había hecho hasta la fecha. Con paciencia Vicens comenzó a desgranarlas hasta que llegó a “iglesia de no-sé-qué, iglesia de no-sé-dónde”. Entonces salté: ¿Conoció a Miguel Fisac? La pregunta no era ociosa porque Fisac proyectó numerosas iglesias. Vicens es un hombre expresivo pero me pareció que su respuesta ganaba en viveza al contestarme: “Todos los años llevaba a mis alumnos a visitarle en su casa y a él le gustaba mucho reunirse con nosotros. Continuaba con sus ideas, pero…”. Insistí: “Creo que la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid le hizo un homenaje” (ver Wikipedia). Entonces el tono de Vicens se volvió enfático: “Yo promoví un homenaje a Fisac en la Escuela de Arquitectura de Madrid, en el Colegio de Arquitectos de Madrid y en el Colegio de Arquitectos de Castilla-La Mancha” (luego caí en la cuenta de que Fisac era de Daimiel, en Castilla-La Mancha). Ahora añado: Esas son las venganzas de la gente del Opus Dei.

Por supuesto las palabras de Vicens no agotan las relaciones de Fisac con el Opus Dei y singularmente con su fundador. Afirmaba Fisac que a raíz de dejar el Opus Dei perdió la posibilidad de trabajar para las administraciones públicas y que fue entonces cuando empezó a pensar en una persecución. En otro lugar relata cómo, con ocasión de morir una de sus hijas, San Josemaría había enviado al Tanatorio de Madrid a dos sacerdotes, no para dar el pésame a los padres, sino para recordar a Miguel que ya le había avisado de que si dejaba el Opus Dei las cosas no le iban a ir bien. De ser esto verdad se me enciende la sangre hasta a mí.

A la segunda persona que escuché hablar de una persecución por parte del Opus Dei fue al médico que atendía a mi familia, también fallecido. Un día se vio inmerso en un pleito con una rama de su propia familia, rama a la que pertenecían varias personas del Opus Dei. No voy a dar detalles de la demanda, que tenía enjundia jurídica, pero él estaba convencido que la iba a ganar y la perdió. Entonces entró en depresión. Un día –yo sólo le veía cuando iba a su consulta- me completó la historia. Había averiguado, dijo, que la Sentencia no la había redactado el Juez sino el Secretario del Juzgado, el cual la puso a la firma de Su Señoría. Días más tarde –continuó- se presentaron en su casa unos periodistas de Interviú. Le dijeron que sabían todo lo que había ocurrido y que si les autorizaba estaban dispuestos a publicarlo. Él les dijo que no, que el Opus Dei tenía mucho poder y que después podían perseguirle. Según me contaba esto, pensé que había pasado de la depresión a la paranoia. Me parecía como si la General Motors quisiera pleitear con un policía municipal de Huelva. ¿Estaba loco aquel hombre? En absoluto, y mi familia tenía todos los motivos para estarle agradecida. Una vez se pasó toda la noche al pie de la cama de mi abuela, en un Hospital a cuya plantilla no pertenecía, y la sacó de entre cinco y diez paros cardíacos. Pero era tocar el tema del Opus Dei y desbarraba.

Cuando salen a la luz determinados hechos se afirma que podrían dar lugar a una revisión de la causa de beatificación y canonización de San Josemaría. Veamos. Alguien me contó, y es algo que OL podría intentar comprobar, que lo primero que hizo don Álvaro cuando instó la causa de beatificación de nuestro Padre fue aportar todos los libros que se habían publicado contra el fundador de la Obra. De esa manera centró la polémica entre favorables y contrarios a la beatificación y evitó que se pudiera decir después: “¡Ah, pero esto nadie nos lo había dicho!”. Supongo que allí estarían, como mínimo, los libros de Moncada y de María Angustias. Posteriormente los autores comparecieron en la fase diocesana del proceso, en Madrid. Moncada se queja de que el Tribunal le dejó hablar durante una hora seguida, sin interrumpirle ni tomar una sola nota. También pienso que Fisac depuso ante ese Tribunal. Luego todo, lo bueno y lo malo era conocido; y las diversas instancias judiciales pudieron valorarlo.

Volviendo a las persecuciones, no hay que minusvalorar a las personas que dicen haberlas experimentado. Primero porque son ellos los que han sufrido, y es de caridad comprenderles. Segundo porque han estado en el Opus Dei y, por lo tanto, éste tiene una responsabilidad moral hacia esas personas. Tercero porque esas personas pueden hacer mucho daño a la Obra, aun a costa de llevarse por delante supropia felicidad y fe sobrenatural.

Uno de los casos que más me impresionó en su momento fue el de un gestor administrativo que, a raíz de dejar la Obra, envió un acta notarial al Obispo de su diócesis para notificarle que abandonaba la Iglesia católica. Lo publicó Interviú. Os recomiendo –aunque supongo que lo conocéis bien- el libro de Vicenç Gracia, “Bajo el resplandor de las estrellas”, subtitulado: “Contra la mentira y el olvido”. Tiene un grandísimo valor personal y literario. Precisamente porque rechaza todo tipo de mentira nos reafirma en nuestras tesis de que las acusaciones que se hacen contra el Opus Dei son problemas de personas y no de la Institución. Es un libro semi-biográfico, bastante duro, y nunca pensé que pudiera serle recomendo a nadie. Pero a estas alturas del partido carece de sentido no poner todas las cartas sobre la mesa.

A ver quién empieza, como Vicenç Gracia, explicando sus antecedentes personales y familiares desde la infancia, contando lo bueno y lo malo. Si Gracia no tuvo miedo a hacerlo en 2001 ¿por qué habrían de tenerlo hoy los demás, si no fuera a causa de los fantasmas que ellos mismos crean en sus cabezas?

Con afecto

Los principios y la praxis (II) (1)

 Hablábamos ayer sobre mentalidad democrática o la falta de ella y yo me preguntaba si el origen español del Opus Dei puede tener algo que ver. Veamos.

Me encontraba en Roma y un día le pregunté a un uruguayo si no le parecía extraño que estuvieran apareciendo de pronto tantos disidentes en la Unión Soviética: matemáticos como Solzhenitsin o físicos nucleares como Sajarov. La verdad es que yo me refería sobre todo a la cualificación profesional: todos tenemos una profesión y no vamos con ella por delante. Me miró con cara de inmenso fastidio y me dijo: “Ese es el inconveniente de proceder de un país escasamente democrático, que no entendéis que los demás puedan actuar con libertad”. Me quedó la boca como si me la hubieran pegado con superglú.

Ya había muerto Franco y el director espiritual del Colegio Romano (don Sabino Gabiola, del que me acuerdo tanto) nos decía al volver a España: “Y ahora un tapón en la boca y nada de citar el “Denzinger”, ¿me entendeis?”. Para el que no lo sepa el “Denzinger”, que no Ratzinger, es un repertorio de doctrina católica en el que se contienen, entre otras cosas, todas las condenas que han dictado los pontífices contra ideologías y sistemas políticos. Como decía con gracia un amigo: “Salvo la monarquía absoluta todos los demás sistemas han sido condenados alguna vez por la Iglesia”.

O recordar al director de la coral de la Universidad de Navarra, José Luís García de Olza, que invocaba el Concilio de Trento para reivindicar que en los templos no se pudiera utilizar más que el canto llano o gregoriano. En aquella época estábamos tan escasos de líderes religiosos y de doctrina que para escapar al relativismo había que acudir a maestros digamos que “un tanto antiguos”. Afortunadamente todo eso ya ha pasado.

Por cierto Nicanor –y hablando de Roma- no he conocido en mi vida persona más simpática que a don Juan Luís Cipriani. ¿Qué mano quieres que ponga por él: la izquierda o la derecha? Mejor la izquierda que con la derecha escribo. Si como dice Santa Teresa el buen humor es un signo de santidad, todavía les saca a la mayoría dos cuerpos de ventaja. Si hubiera dicho Cipriani que “los derechos humanos son una cojudez” tampoco me preocupa, porque no se presenta para Presidente; pero seguro que lo dijo en privado y antes de ser Obispo ¿o no? De esta manera quebrantas la privacidad que reclamas para ti y produces una impresión engañosa: que lo dijo anteayer y en público.

Conozco a los míos, o como decía nuestro Padre: “Hasta en los defectos se nota que somos familia”. Por último –y aquí vuelvo a conectar con el principio- ¿qué esperabas? Cipriani es de origen italiano y español, no un anglosajón flemático.

Pero ya que hablamos de nacionalidades mencionemos a los chinos, si no te importa. Habrás oído hablar alguna vez de don Tono Chang, de quien dijo una vez San Josemaría que tenía “una sabiduría verdaderamente oriental”. En una tertulia en el Colegio Romano le dice nuestro Padre a Tono: “Chinito mío, te quiero mucho”. Tono, apurado y con un hilo de voz, le contestó: “Yo también le quiero Padre”. Y nuestro Padre en voz alta: “No tenemos que avergonzarnos de decir que nos queremos”. Desde luego. ¿De qué si no estaría yo aquí tecleando con bastantes posibilidades de que el administrador de la web elimine lo que he escrito?

La historia del Opus Dei está formada en un noventa por ciento por anécdotas y el diez por ciento restante por la doctrina: los principios y la praxis. Espero que algún día se publique ese noventa por ciento, que se puso por escrito cuando falleció nuestro Padre y todavía no ha visto la luz. ¿Qué si he escrito alguna vez al Padre actual pidiéndoselo? Si, por supuesto. Por eso tampoco entiendo qué dificultad puede haber para publicar íntegro el diez por ciento doctrinal. Como dice el refrán: ¡Hágase el milagro y hágalo el diablo!

Yo mismo, si en la actualidad perteneciera al Opus Dei, por obediencia no podría escribir ni una letra sobre estas cuestiones. Por eso me joroba especialmente que me las borren. Eso se llama “ir de Herodes a Pilatos” o “saltar del fuego y caer en las brasas”.

Ya una vez, encontrándome en la Obra, me llevé una bronca –es verdad que de mediana intensidad- por escribir una carta al director de un periódico dando la cara por el Opus Dei. Afortunadamente logré desviar la bronca hacia el que me la hacía llegar: “Yo te la dejé abierta sobre tu mesa ¿no te acuerdas?”. El curioso caso del director benévolo y el numerario mentiroso. Como alguna vez me había cerrado las cartas sin leerlas el asunto quedó así. Todos hemos roto un plato alguna vez y en ocasiones toda la cacharrería.

Alguien pregunta cómo es posible que primero sea voluntad de Dios entrar en el Opus Dei y después dejarlo. Yo me he hecho durante bastantes años una pregunta similar,  pero ahora lo veo bastante claro: ¿Quién sinó os escribiría, queridos míos?

Con afecto

Juan “Atajos” Encabo.

Gobierno colegial e información (I) (1)

 Recientemente, en esta ciudad pequeña y desgraciada, se ha producido una sublevación parroquial. Los feligreses de una determinada parroquia no aceptan al sacerdote que les ha sido asignado. Como consecuencia de ello escribí al Obispo. Recordad que puedo hacerlo de acuerdo con lo dispuesto por el Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, cap. 4. Entre otras cosas le sugería que sería necesario un “portavoz” de la Diócesis porque en caso contrario lo único que llega hasta el público sobre estas cuestiones es lo que puede leer en los periódicos. El Obispo me agradeció mis cartas muy afectuosamente.

Días más tarde me encuentro con un oficial de la Curia diocesana. Fuimos dando un paseo e inevitablemente salió a relucir este tema. Afirmó que la información que nos estaba llegando a través de los periódicos era errónea. Pude darme cuenta de que desconocía mis propuestas al Obispo.

- “Pero ¿usted ha leído las cartas que le he escrito al Obispo? -le pregunté.

- “Si se las has dirigido a él las habrá leído él” –me contestó.

 Aquello me olió a chamusquina e insistí:

- “Cuando yo escribía al Obispo antiguo sabía que las cartas las leía su Secretario y en ocasiones usted mismo”

- “Pues ya no es así” –refunfuñó.

Pensando en esta conversación me di cuenta de la utilidad del gobierno colegial. Ya sabemos que la autoridad en la Iglesia no es democrática y que la ostenta una sola persona: en las Diócesis el Obispo y en el Opus Dei el Prelado. Sin embargo una cosa es la democracia como forma de gobierno y otra distinta es tener mentalidad democrática. Ésta es abierta, transparente, aborrece el secretismo y las desigualdades, sabe escuchar e implica gustosamente a los demás en las tareas de gobierno, y me remito nuevamente a la Lumen Gentium.

En este sentido considero que el gobierno colegial, tan poco comprendido en estas páginas, es un acierto. No se puede estar esperando que una persona baje el dedo para decir que las cosas son blancas o negras. Igualmente es positivo –y aquí la incomprensión es total- el flujo de información entre la base y el centro de toma de decisiones. ¿Me permitís una vez más que invoque la mentalidad laical?

Ahora el que quiera puede echar pestes y afirmar que en el Opus Dei se actúa justamente al contrario. Estoy dispuesto a admitirlo y todo es mejorable, pero que los 'principiosque queden claros. Nuestro Padre decía: “He matado al tirano”. Ese es el principio, y la praxishabrá que currársela cada día.

Contaba alguien en opuslibros –perdonar que no haga el esfuerzo tonto de buscar el nick ni una cita textual-, que cuando se pidieron opiniones para el último Congreso General alguien vio como su propio escrito de sugerencias era desechado, sin ni siquiera salir del centro donde había sido escrito. Se le quedaron los ojos como platos. Una cosa es que estemos dispuestos a renunciar a todo, incluso a dar nuestra opinión, y otra que los que actúan con potestad delegada no tengan la más mínima psicología con las personas que gobiernan. Además esto degenera fácilmente en despotismo y arbitrariedad.

Otra numeraria contaba cómo, en una tertulia con don Javier en Alemania, una supernumeraria madre de ocho hijos explicaba al Padre que no había estado bien asesorada en la Obra sobre lo que significaba “paternidad responsable”. La numeraria, contaba, cómo escuchó con estupor la traducción que se le facilitaba al Padre sobre esta intervención y que era aproximadamente así: Aquella mujer estaba muy contenta de que el Padre estuviese en Alemania y que sus ocho hijos rezaban por él. En ambos casos podemos hablar, como mínimo, de un “exceso de obsequiosidad”.

Cómo no recordar aquella reunión con jóvenes, en París, en la que alguien le preguntó al Beato Juan Pablo II qué podía decir a los que eran ateos. Al final de la tertulia el Papa se quedó muy preocupado cuando cayó en la cuenta de que no había contestado a aquel chico, y mandó buscarle para que le dieran todo tipo de explicaciones. Otra vez en Centroamérica se acercó a Su Santidad un minero de los que estaba previsto que le dieran la bienvenida. Aquel hombre empezó a hablar al Papa del tipo de vida que llevaban. Alguien intentó apartarle, pero Juan Pablo II no lo permitió hasta que terminara de hablar. Como dice el Evangelio en el episodio en el que Jesús bendice a los niños: “Lo llevó muy a mal”. Qué otro derecho puede haber más básico para un hijo, que el de saber que su padre le escucha. Que fluya la información aunque no existan medios humanos para resolver los problemas. Eso es mentalidad democrática y laical.

Cuando yo estaba en Roma, en ocasiones bajaba don Javier a decir Misa en la Cripta de Santa María de la Paz. También podía ocurrir que se acercase algún Obispo o Monseñor para rezar ante la tumba de nuestro Padre. Ese día se dieron ambas circunstancias y el Monseñor, muy ocurrente como todos ellos, comentó refiriéndose a don Javier: “Aquí tenemos al segundo santo”. Pobre don Javier y que ahora tenga que aguantar todos estos “chorreos” con ochenta años cumplidos. Con razón decía nuestro Padre que una de las “locuras” que esperaba que Dios le concediera era la de “morirse a tiempo”; las otras dos eran Cavabianca y Torreciudad.

Espero continuar con esta historia que en realidad no ha hecho más que empezar.

Con afecto

Juan Encabo

Sobre el mar y los peces (1)

Leo opuslibros del 21 de noviembre. La página cada vez va a peor. Hoy es casi monográfica sobre la cuestión de los informes en conciencia y ¿con qué nos encontramos? Pues con una historia sobre un Cardenal de la Iglesia Católica Romana al que alguien conoció, al parecer, cuando era Rector del Coleggio Ungarese en Roma. Ya sé que es elogiosísimo con el personaje, pero resulta contradictorio con el contexto. ¿Acaso Monseñor, cuando paseaba por Roma con el anónimo Uguccione da Pisa, podía imaginar que un día iban a aparecer sus paseos en internet, incluyendo además cuándo y dónde haría sus revisiones médicas en el futuro? ¿Le habéis pedido permiso para sacarle de esa manera? Por otra parte tú puedes hablar muy bien de él, pero el periódico “no-sé-qué” o la cadena “no-sé-cuántos” puede presentarlo convertido en un exorcista. Y tú vas a figurar como la fuente.

Vamos a ver Agustina. Supongamos que alguien quiere perjudicarte y te cuela una historia como ésa sin ser cierta; supongamos que el aludido se toma a mal la mención que se hace del espionaje húngaro, rollo, rollo. ¿Tienes algún medio para confirmar tus fuentes que se remonte a cuarenta años atrás? No vas a necesitar un abogado sino una docena de ellos y cada vez lo tendrán más difícil. Te lo digo como jurista y como troll, que tenemos poderes.

Yo os voy a decir lo que va a ocurrir por si alguien tiene curiosidad. Se va a abrir una comisión en el Vaticano para estudiar vuestras denuncias, si no se ha abierto ya. Ese día no va a valer “jara y sedal” o “lucrocesante” sino que os vais a tener que retratar con nombre, apellidos y bajo juramento. Por supuesto esas comisiones son secretas, como son secretas en origen tantas cosas que vosotros publicáis. La mitad de los que te acompañan se va a acordar de sus consultas, de sus negocios, de sus campos, de sus viñas y del sí de las niñas, y se va a echar atrás. La otra mitad no se va a acordar “exactamente” de lo que hoy tienen tan claro. El Opus Dei saldrá exonerado con mil alabanzas y si tienen que decirle algo, como es lógico, se dirá en privado. Y no quiero seguir porque podría continuar la novela hasta el infinito. ¿Es que no hay entre vosotros alguien que sepa algo de historia de la Iglesia o simplemente que tenga sentido común?

Otra puntualización. Alguien escribe que la Santa Sede tendría que tomar cartas en el asunto “como lo ha hecho con los Legionarios de Cristo”. Por lo que yo sé lo único que consta sobre esa institución católica es que su fundador llevaba una vida bastante irregular, por no decir nefasta, y nadie comprende cómo de un árbol seco hayan podido brotar esos frutos. El resto han sido medidas de excepcionalidad que ya habíamos conocido en otros casos. A parte de eso está la falta de caridad que supone con los perjudicados, inocentes del todo, una generalización tan gratuita. ¿Y a ellos quién les defiende, cuando sus propios dirigentes están en el ojo del huracán?

El primer post de hoy incluye el informe en conciencia sobre una persona que, digamos, iba a su aire con disgusto para sus directores. Nada nuevo. Pero a continuación aparece una persona que afirma que ella hacía esos informes a la ligera, o sea nada en conciencia. Lo afirma ella. Y que una vez entregó a una bachiller, que ni siquiera sabía dónde estaba la Delegación, un sobre con ese tipo de documentos para que lo llevase, y que ésta lo entregó en un domicilio particular. La presunta directora, que no merece otro nombre ni al parecer lo desea, no pregunta a la chica a dónde ha llevado el sobre, ni a quién se lo ha entregado, ni llama por teléfono a la Delegación para confirmar que se ha recibido. ¿No demuestra esto que los problemas no están en la Institución sino en las personas?

No quiero señalar cómo hubiera reaccionado nuestro Padre ante un descuido como ese porque sería demasiado duro. Demasiado duro para él y para los que durante toda nuestra vida hemos tratado de hacer las cosas, sino de cara a Dios por lo menos con responsabilidad humana. ¿Esos son tus testigos? ¿De verdad no los tienes mejores? Porque al final va a resultar que lo que se ha dicho de ciertos personajes de tu curia, que yo nunca he creído, va a terminar siendo verdad. Se desacreditan a si mismos. Nuestro Padre ya está en el cielo pero estoy seguro que sigue sufriendo ante ciertas actitudes. ¿Qué más purgatorio puedes desearle?

Voy a terminar con una anécdota, algo más relajada, que nos contaba un sacerdote de su época del Colegio Romano. Había recibido el encargo de programar el cine los sábados y pidió la primera película antes de leer las correspondientes instrucciones. Se trataba de un film sobre la Segunda Guerra Mundial y San Josemaría había dispuesto que no se pusiera ese tipo de películas para que los alumnos alemanes no pudieran sentirse incómodos. Nada más aparecer los créditos se vio una figura levantarse en la oscuridad y salir de la sala. “En aquella época –concluía aquel sacerdote- en el Colegio Romano sólo se admitía un error”: el fin de semana siguiente ya había otro encargado del cine.

Doy gracias a Dios porque me ha dado tan buena memoria para ciertas cosas y un poco de sentido común para otras. Ya se sabe que los “troll”…

Con afecto

Juan Encabo

Juan Encabo es un Troll (1)

"Un troll o trol es un vocablo de Internet que describe a una persona que sólo busca provocar intencionadamente a los usuarios o lectores, creando controversia, provocar reacciones predecibles, especialmente por parte de usuarios novatos, con fines diversos, desde el simple divertimento hasta interrumpir o desviar los temas de las discusiones, o bien provocar flamewars, enfadando a sus participantes y enfrentándolos entre sí. El troll puede ser más o menos sofisticado, desde mensajes groseros, ofensivos o fuera de tema, sutiles provocaciones o mentiras difíciles de detectar, con la intención en cualquier caso de confundir o provocar la reacción de los demás. "

Animo Juan y dales dinero para la calefacción o para que se compren jerseys

Ojalá se pudiera actuar de troll en las páginas oficiales del Opus Dei.

Alberto Sotoca

Es posible que lleves la razón, pero yo cuento cosas reales, que han ocurrido.

Nada de la guerra de las galaxias (¿flamewars?).

Es un poco triste que tengais que acogeros a lo que yo mismo os he contado -que tengo un carácter polémico- para tratar de desacreditarme.

No sigo.

J.E.

 Sigo pensando en lo anteriormente escrito por IP 213.60.84.126  y ahora un poco más en serio porque el asunto puede merecerlo.

¿De verdad que ni una sola cosa de la que yo haya podido escribir te parece razonable?

Más aún ¿estás en condiciones de entender algo de lo que yo haya podido escribir aquí?

No quiero insistir porque puede parecer que quiero justificarme a mí mismo y no es esa mi intención. O puedo molestar a alguien y tampoco lo es.

Pero es una polémica demasiado desigual.

Yo puedo equivocarme por dos y hasta tres razones. Primera porque todos nos equivocamos. Segunda porque quiero al Opus Dei más de lo que tú te puedas imaginar jamás. Tercera arrastrado por el afán de polemizar. Todo eso es cierto.

Pero yo hablo de lo que he visto y conocido. Perdóname: razono. No me dejo llevar por la visceralidad.

Cuando alguien cuenta su historia le creo a pies juntillas, porque no creo que un hermano mío mienta, y conozco suficientemente el paño como para saber que todo es posible.

Ahora bien los juicios de valor no dejan de ser eso: juicios de valor.

"Da mihi facta et dabo tibi ius", decía el pretor romano no sin alguna razón.

Anda hombre. ¡Ánimo!

Juan Encabo Troll

 

Juan, pero mira que eres terco.

Sigues insisistiendo y así confirmas lo que eres un troll de manual.

Sin embargo, tienes suerte.

Aquí te dejan expresar lo que te viene en gana. Mira que escribes cosas ...

En otros sitios te hubieran baneado a perpetuidad.

En otros ni tan si quiera se puede escribir. Y ya sabes en cuales.

Por cierto, ¿lees lo que escribes?

Está trufado de juicios de valor. Esos que no te gusta que hagan de ti.

Tu puedes hacerlos y además dirigidos a un colectivo en plural.

O te tomas un tranquimazin o acabas mal... Bueno la valeriana en dosis altas también puede valor y no necesita receta del medico.

Por cierto, me encantan los trolls, sobre todo cuando se les ve venir.

Animo que siempre viene bien un poquillo de pimienta.

Que Dios te guarde!!!

Un hombre de su tiempo (1)

 No me gusta nada cuando alguien, para justificar opiniones erróneas o matizables de San Josemaría, afirma que “era un hombre de su tiempo”. Si, si que lo era. Evidentemente. Pero ¿a qué tiempo nos estamos refiriendo? La vida de San Josemaría transcurrió a lo largo del siglo XX y en éste se han producido más cambios que en todos los anteriores juntos. Si nos estamos refiriendo a los últimos cinco años de su vida –época en la que yo pude conocerle- no era un tiempo distinto al mío. Si hablamos de la época conciliar, periodo en el que él se mostró notablemente en desacuerdo con la forma como se estaban haciendo las cosas en la Iglesia, al Concilio acudieron más de un millar de Obispos y teólogos (estoy seguro de que no lo recordáis pero hubo una época en la que la palabra “teólogo” era sinónimo de “disidente”, aproximadamente hasta que llegó el Cardenal Ratzinger a la Congregación para la Doctrina de la Fe y puso a cada uno en su sitio). Todos los padres conciliares eran “de su tiempo” y sin embargo mantenían opiniones distintas.

Que San Josemaría podía equivocarse no lo supimos –y aquí hablo por mí- hasta que fue elegido S.S. Juan Pablo II y dijo que el ecumenismo iba a ser una de las líneas de actuación principales de su pontificado. Entonces tuvimos que admitir que eso del ecumenismo no era forzosamente “un camelo”. O cuando se popularizó la figura de la madre Teresa de Calcuta y nos hizo ver que eso de la “Iglesia de los pobres” no era forzosamente una ocurrencia de S.S. Juan XXIII. Supimos entonces que San Josemaría podía equivocarse, como cualquier persona, en todo aquello que no se refiriera al espíritu y fundación del Opus Dei. Después llegó al solio pontificio S.S. Benedicto XVI, declaró que la reforma litúrgica se había realizado de forma precipitada e incluso abusiva al prohibir que se siguieran utilizando las formas litúrgicas antiguas, y San Josemaría quedó reivindicado en ese punto, que posiblemente fue uno de los que más le hicieron sufrir en aquellos años por motivos que, supongo, todos vosotros conocéis.

Sin embargo, días atrás, me venía a la cabeza un ejemplo de cómo también San Josemaría estuvo influido por una época y un origen social determinado. La anécdota se la escuché a don Leonardo Polo y es la siguiente. Un día llegó a don Leonardo la tertulia, creo que en Diego de León, y le contó a nuestro Padre: “Padre, esta mañana he visto al lado del Metro a una señora que vendía castañas…”. Nuestro Padre esbozó una amplia sonrisa: “Hijo mío, sonrío porque no sabes lo distinto que era antes el concepto de “señora”. No cualquiera recibía ese tratamiento”.

Yo mismo –el que escribe esto- fui testigo unos cincuenta años después de esa diferenciación de conceptos. Iba por la calle una señora arrastrando el cinturón del abrigo. Otra le avisa de ello: “¡Señora! ¡Señora! El cinturón”. La primera recoge la prenda y volviéndose hacia la que le había avisado dice: “Gracias mujer”. O sea que una de ellas era señora y la otra solamente mujer. Aquello me produjo una sensación desagradable. Mi propia abuela utilizaba mucho las expresiones “buen hombre” y “buena mujer”. Eran cosas de la época.

Sabemos que Camino refleja, por lo menos en uno de sus puntos, esa mentalidad de otros tiempos. Es aquel en el que dice: “Ellas no es necesaria que sean sabias, basta con que sean discretas”. El mismo rechazo al uso de pantalones por parte de las mujeres obedece a una época, no puede considerarse una cuestión de “espíritu”. Me hizo mucha gracia cuando leí que San Juan Bosco decía en una ocasión: “¿Salesianos con bigote? ¿Sin bigote? Lo importante es la entrega”. Hoy a ningún religioso se le ocurriría dejarse bigote y sin embargo abundan las barbas pobladas. Cosas de esta época. ¿Y un sacerdote con piercing? Más vale no seguir poniendo ejemplos.

Termino. En esta web una cuestión en la que se incide mucho es la de las numerarias auxiliares. Al parecer –no sé si sigue en vigor, espero que no- duermen o dormían en una especie de “camaretas” separadas entre sí por cortinas. Esto es mentalidad de otra época.  A ninguno de nosotros le gustaría que una hija o hermana viviera en esas condiciones, salvo caso de necesidad. ¿Hay que fregar? Pues se friega, ¡faltaría más! ¿Hay que cocinar? Todos mis hijos varones saben cocinar. Pero desigualdades… las justas. Mentalidad laical. Creo que ese es el camino, aunque pueda tardar tiempo en verse.

Juan Encabo

P.D.: Ahora repíteme eso de que como estoy fanatizado en extremo doy la razón en todo al Opus Dei. Y esto lo tenía escrito antes de leer tus amables palabras.

Nuestro Padre no era así (1)

Es difícil saber como titular este post sin dejarse llevar por la indignación o el menosprecio.

La causa es la lectura en opuslibros de unos llamados “informes de conciencia” que producen escándalo entre sus lectores. Hay uno, incluso, que considera que es pecado reproducirlos. Pero ¿en dónde estamos? ¿En un convento de ursulinas o en medio del mundo? El primer informe se refiere a un joven que ha dejado embarazada a su novia: ¿Es el primer caso en la historia? El segundo se refiere a un chico que en vez de ir a una charla se va a pasear por la playa –con lo que demuestra buen gusto-, pero tiene ciertas “dificultades”. Todos sabemos que una de las dificultades que pueden tener los varones jóvenes es la masturbación. Ese chico hace lo mejor que puede hacerse para superarlo: ser sincero, hablar. Habréis observado la delicadeza con que están redactadas las notas.

No sé si su nombre técnico son “informes de conciencia”; no lo recuerdo si es que alguna vez lo he sabido, pero el primero de ellos no tiene nada referido a la conciencia sino a algo exterior y bien visible: a una chica embarazada. El segundo sí puede tener algo que ver con la conciencia, pero limpia y perdonada, que es lo importante. Ahora habrá que saber por qué el chico no quería ir a la charla, por qué tuvo las dificultades que tuvo y ayudarle ahí. Nadie se puede escandalizar por algo que puede sucederle a cualquiera.

Cuenta San Josemaría que cuando era “superior” en el Seminario de Zaragoza escribía en los márgenes de aquellos libros donde figuraban los alumnos: “Se ve crecer a Cristo en él”. ¡Quién escribiera ese informe de conciencia al lado de nuestro nombre!

¿Qué hubierais hecho si alguien os hubiera contado en la charla que su esposa practicaba la brujería? a) Ir corriendo a contárselo al director. b) Invitar al sujeto a que fuera a contárselo él mismo. c) Acudir al exorcista de la Diócesis. d) Pedirle una tarjeta porque nunca se sabe. Yo os voy a decir lo que hice: nada. Me pareció que bastante mala suerte tenía él por estar casado con esa bruja –literalmente- para culpabilizarle. Hoy, treinta años después, pienso que no hice bien. Como nos dice don Javier en su carta de 2 de octubre de 2011 debía, al menos, haberle preguntado por ello. Si el sujeto lo sacó a relucir sería porque le preocupaba. ¿Cómo ayudar a alguien sin preguntarle? Y si no sabes cómo hacerlo ¿por qué no informarse?, o elevar una consulta a un moralista si fuera necesario. Cualquier cosa.

Lo que resulta un poco patético es lo que leemos al final de la primera nota: “Esperamos instrucciones”. ¿Qué madre necesitaría instrucciones para ayudar a una hija embarazada? O ¿qué amigo cristiano las necesitaría para apoyar a su amigo? Una cosa es hacer informes cuando sea necesario y otra ser un burócrata de las almas que sólo actúa mediante notas. Decía nuestro Padre: “¡Qué harto estoy de ver a las almas sólo en los papeles!”

Una vez, encontrándome ya fuera de la Obra, me paró una persona en la calle para contarme el siguiente suceso: Una pareja convivía sin casarse y tuvieron uno, dos y hasta cuatro hijos. Ahora veían la necesidad de contraer matrimonio pero a estas alturas les daba vergüenza casarse. O sea, que lo que alguien te cuenta en la calle como broma y cotilleo ¿tú no lo puedes escribir en un informe para ayudar a esas personas?

Ya mencioné que ése era el sentido de la penitencia pública en la Iglesia primitiva: poner un poco colorado al penitente para que se arrepintiese. ¿Cómo se atreve San Pablo a poner por escrito en la carta a los Corintios que hay uno que convive maritalmente con su propia madre? ¿Acaso no sabía que sus cartas las leían todos los cristianos de la época? Y encima da instrucciones públicamente sobre cómo tratarle: “Con los tales ni os juntéis”. Y leemos que increpa a Pedro delante de todos diciéndole: “¿Cómo tú que eres judío y vives como un gentil, obligas a los gentiles a judaizar?”. Y va y añade que vio que Pedro “no actuaba rectamente según el evangelio de Jesucristo”. Y el secreto de oficio ¿qué pasa con él?

Con gran expresividad les decía San Josemaría a un grupo de agricultores, supernumerarios de Lodosa (Navarra): “No sois monjas hijos míos. Si alguna vez se os escapa una “jaculatoria” no pasa nada”. Y ellos, hombres rectos para los que el escándalo era absolutamente ajeno, le contestaron: “Por nosotros no se preocupe Padre”.

Y ¿ahora nos escandalizamos porque uno tiene “dificultades” y otro lo pone por escrito? Pero ¿dónde hemos llegado? ¿Qué tipo de gente está entrando ahora en la Obra? “Santos de pasta flora” les llamaba San Josemaría, que cuelan un mosquito y se tragan un camello. Precisamente uno de los atractivos más grandes que tenía el Opus Dei era poder ser llanos, naturales, “cojonudos” como los espárragos de Lodosa,… ¿y ahora todo el mundo está espiando a todo el mundo para escandalizarse farisaicamente? No se puede tener esa conciencia de jazmín: moralistas de ocasión, canonistas de saldo.Nuestro Padre no era así.

Ahora bien cuando el sujeto abandona la Obra hay que destruir toda esa documentación y hacérselo saber así al interesado. Ya no es sólo por la “mentalidad laical” que nos lleva a cumplir las leyes; es que el derecho y deber de informar sólo existe mientras el sujeto está en la Obra y ahí termina.

Juan Encabo

Parece que estas defendiendo a la Obra en contra de todas las pruebas, en contra de la Iglesia misma.

El espiritu del Opus Dei produce gente fanatizada que no quiere admitir el mas minimo defecto de su institución.

Lo que te ponemos delante de los ojos es algo MUY GRAVE:

  1. Es illegal del punto de vista del derecho canónico
  2. Es imoral la falta de respeto del silencio de oficio y de la confidencialidad de la dirección espiritual
  3. Es una mentira la afirmación del prelado que siempre se respectó la confidencialidad

No puedes admitir por una vez que hay cosas que reformar en el Opus? No ves que los directores hacen lo que pueden para no reformar al Opus, incluso en contra a las indicaciones del Vaticano? Te parece cristano este modo de proceder, de mentir, de ocultar? Son esos los frutos de la espiritualidad del canonizado Esciba?

 Lo que sí sé es que conozco de lo que hablo.

Cuando hablas de "gente fanatizada que no quiere admitir el más mínimo defecto en la institución" demuestras que no entiendes lo que escribo, posiblemente porque debo explicarme muy mal. O simplemente porque es el contrario, porque la gente "muy fanatizada" lee una cosa y ya está pensando en "lo que cree que le están diciendo", en vez de limitarse a lo que está ahí escrito.

Acabo de intentar entrar como "usuario" y me contesta la página que "no existe un usuario con esa referncia". Repásalo y si no quieres dejarme entrar en tu página me lo dices claramente; yo mientras pueda lo haré.

Parece mentira que seais tantos y os preocupe que una sola persona os corrija, que no llevar la contraria porque ordinariamente os la doy. A alguien hay que dar patadas ¿no te parece?

Si no consigo entrar como "usuario" lo haré a través de la dirección IP. Y si quieres borrar lo que he escrito, como ya has hecho otro día y te agradezco que me lo avisases, vas y lo borras.

Muy mal os tiene que sentar lo que escribo cuando habeis quebrantado vuestra norma anterior de ignorarlo.

Juan Encabo

 Reconozco que me pasé con lo de "conciencias de jazmín: moralistas de ocasión, canonistas de saldo", pero es que me gustaba mucho como sonaba. Y aún omití "filósofos de perra gorda" para no pasarme más. Lo incorporo ahora porque yo con vosotros no tengo secretos.

Juan E.

No se cambió nada con tu cuenta, probablemente has mal entrado tu contrasuena.

 Gracias.

JUAN

 Efectivamente había entrado mal.

No me puedo enfadar contigo si eres tan amable.

Juan.

Secreto Pontificio (1)

Queridos amigos:

No os he contado un suceso que me ocurrió hace algunos años, estando ya fuera de la Obra. Un día llega a casa una carta. No recuerdo si llevaba remite. Dentro del sobre iba otro con los datos de la Nunciatura de la Santa Sede en España y un gran rótulo en letras rojas que avisaba: SECRETO PONTIFICIO.
Yo ya sabía lo que era eso porque un sacerdote me había hablado de ello. Me pedían información e incluso opinión en conciencia sobre un determinado suceso en el que estaba involucrada una determinada persona. No tenéis ni idea de lo prolijo que era el cuestionario, que por otra parte no se podía comentar con nadie, había que destruir una vez contestado y no estaba permitido conservar “en el disco duro del ordenador”. Recuerdo esa frase porque una vez que dices “ordenador” se entiende que comprende el disco duro, la memoria ram o lo que quieras.

Es evidente que la información que se me pedía no iba destinada exclusivamente al que me dirigía la carta sino que era para otros. Cosa curiosa también, me pedía los nombres de personas discretas y de buena fama que pudieran suministrar información sobre lo mismo.

Os preguntareis –como yo me pregunté entonces- cuál fue la razón para que se dirigieran a mí con esa encomienda. La razón que se me ocurrió entonces, y no se me ha ocurrido otra distinta después, es que si yo había escrito alguna vez a la Nunciatura –que lo he hecho- habrían guardado mi nombre. Tiempo después alguien pudo plantear –no yo, desde luego- una determinada cuestión a la Nunciatura y querían tener distintas versiones sobre los hechos. Tampoco tengo muy claro que supieran que yo era laico y no sacerdote. Hice lo que me pidieron: contesté, envié, destruí e incluso di nombres de algunos sacerdotes que podían saber sobre el caso.

Como es lógico, después de dar tantas patadas a la burra con el asunto de los Informes de conciencia, me ha venido a la memoria este suceso que espero haberos trasmitido sin transgredir el secreto pontificio. Habrá alguien que piense que sí lo he hecho, pero a ese le pido la absolución y que me imponga una penitencia razonable. Como dice el Apóstol Santiago: “Confesaos los pecados los unos a los otros”. No dice nada sobre presbíteros. Podéis comprobarlo.

Ahora yo os hago una pregunta. En el caso de que yo hubiera sido el director espiritual laico, confidente o amigo de esa persona ¿podría haberme negado a contestar a este requerimiento en base al derecho a la intimidad? ¿Hice bien en contestar dado que mis conocimientos eran solamente externos sobre los hechos objeto del cuestionario? No os cortéis un pelo, que allí se preguntaba si yo sabía si esa persona hacía oración, etc. Ahora pongámonos en la situación contraria: Si yo no contesto a ese requerimiento porque se supone que son cosas de la intimidad y vida de una persona ¿no podría causar un mal o dejar de hacer un bien por mi negativa a contestar?

Pero no vayamos tan lejos. Mi hermana me contaba que le constaba que en el Banco donde trabajaba –ahora ya está prejubilada- tenían una ficha de cada empleado con datos absolutamente personales. No vas a poner el dinero en la mano de alguien del que se sabe en su entorno que tiene vicios caros.

Sobre el “Informe de conciencia” que publicáis hoy, ya me hubiera gustado a mí que hubieran podido redactar informes míos tan buenos como el que hicieron en su día de ese supernumerario. No os dais cuenta que la cuestión de los informes es un mero sistema de procedimientos. De hecho yo creo que se deberían llamar Informes en conciencia más que Informes de conciencia, porque en realidad el que tiene que informar en conciencia es el que los elabora, y lo que él puede saber muchas veces son cosas meramente externas: “no hace mucha corrección fraterna porque no convive con muchos de casa”. Pues lógico, sobre esas premisas también podría decirlo yo sin conocerle. “Es simpático, flexible, trabajador”; preguntar a su madre y se lo tomará a mal: “Es muy simpático, muy flexible y muy trabajador” –os dirá. Y así casi todo.

Recuerdo una coplilla muy tonta que cantaba mi suegro cuando yo salía con su hija: “Tiene la niña un pretendiente/ no sé si es listo o es necio/ pero es alto, fuerte y recio”. Es lógico que todos queramos saber dónde nos metemos antes de dar determinados pasos. Recuerdo cuando me pidió la nómina y la miraba fijamente a pesar de que no veía un pimiento porque tenía cataratas. Yo, como soy tradicional, se la llevé para que la palpara.

Muchos pensareis que todos los sucesos y anécdotas me han sucedido a mí y no es así. Simplemente me fijo en lo que me puede interesar y por si puedo aprender algo de ello, en vez de pensar si están hablando de mí o qué me parecen las notas que llegan o las órdenes que recibo. Y si me fijo en esto último, porque no me gusta nada obedecer, me pongo de mal talante como parecen estarlo habitualmente algunos de vosotros.

Muchos saludos a todos
Juan Encabo

P.S. Todavía no hay ninguno que se haya animado a firmar con su nombre y apellidos.

Quevedo (1)

Acabo de leer tu carta en opuslibros y me he quedado agotado. No he tenido fuerzas ya para ir a tus propias sites pero espero hacerlo en el futuro.

Me temo que no vas a ser el autor de cabecera de opuslibros ni te van a llamar al Tribunal Europeo de los Derechos Humanos para que testifiques. Tampoco te resultaría muy cómodo desde el otro lado del Atlántico.

Alma trasparente. Muchas gracias.

Juan Encabo.

Milagros y buenos consejos (1)

De San Josemaría Escrivá: "Hace años que he enterrado la palabra discrección" (aprox. 1971).

Voy a continuar con el tema tan interesante -para algunos- de la dirección espiritual en el Opus Dei, el derecho a la intimidad y los derechos humanos. Cuando estábamos allí era de rigor preguntarse ¿cuántos me han “pitado” a mí?, o dicho en lenguaje normal ¿cuántas vocaciones he conseguido? Mi respuesta personal era y es que ninguna. Por eso, cuando ya fuera he visto a gente que había hecho su charla conmigo consolidados en su vocación, me ha parecido un auténtico milagro. Milagro de Dios claro está.

El primer caso al que me quiero referir se produjo en una ciudad castellana muy hermosa y de la que guardo un recuerdo imborrable. Allí no había centro del Opus Dei, pero sí un “apeadero” que se atendía desde el centro de estudios con un cierto número de numerarios jóvenes. Para describir el ambiente basta contar que una tarde se presentó sin avisar el director y se encontró a los “adscritos” haciendo una chocolatada en la sala de estudio. No recuerdo los detalles con exactitud, pero me temo que no le pareció bien. Yo pienso que si iban a hacer una chocolatada podían haber invitado a algún amigo, pero allí estaban merendando en plan autogestionario. El cabecilla del grupo estudiaba COU y tenía fama de travieso, por usar una palabra suave. Hablaba conmigo y le perdí de vista al cambiar de ciudad. Por eso fue una sorpresa cuando volví a verlo, muchos años después, vestido de negro. Todavía nos encontramos de cuando en vez y le miro con el orgullo con el que se mira a un hijo primogénito. Y qué bien le queda el clérgiman.

De aquel grupo de chicos unos salieron adelante y otros se quedaron. A todos los tratábamos igual pero no todos servimos para lo mismo. Espero que guarden un buen recuerdo de aquella época. A quien más quise fue a uno que, obligado por sus padres, tuvo que abandonar la Obra. Hablaba conmigo y aún así tardé tiempo en enterarme de que venía al piso clandestinamente. Considero que es preferible que los chicos no asuman compromisos sin el consentimiento de sus padres. Aunque sea injusto éstos tienen todas las de ganar y se hace un daño a los chicos poniéndoles en una situación sin salida. Aquel estudiaba COU y era mayor de edad -que entonces estaba ya en los diez y ocho años-. Sus padres no respetaron su libertad de elección, pero esas libertades no significan nada sin independencia económica. Además era hijo único, no tenía opción.

En aquella misma época había un universitario que hablaba conmigo en el centro de estudios. Era de Madrid y comenzaba la carrera. Un día se me acercó nervioso; le preocupaba no poder dedicar suficiente tiempo al estudio. Entre las clases y la labor apostólica se iban acercando los exámenes del primer trimestre y no veía las cosas muy claras. Procuré tranquilizarle y le aconsejé que se centrara en el examen que tenía ya inminente. Un consejo valiosísimo como se puede ver y espiritual donde los haya. Todo un ejemplo de cómo recibir la charla fraterna. Al final de curso pudimos celebrar que había aprobado todo. Cuando uno cambia de centro y de zona del país deja de ver a determinadas personas; cuál no sería mi alegría cuando décadas más tarde volví a ver a mi estudiante de Filosofía vestido de negro y director de una Delegación.

Voy a referirme a un caso distinto pero para mí muy querido. Se trataba de un chico absolutamente mudo; padecía una timidez paralizante. Esas personas no debían poder pedir la admisión pero lo cierto es que a éste se le había permitido, posiblemente porque ya tenía un hermano en la Obra con un carácter absolutamente opuesto al suyo. Me centré en sacarle alguna palabra. Paseábamos y a él no parecía importarle. Yo hablaba y hablaba y a veces le hacía alguna pregunta. Tenía alguna idea curiosa como es el caso de las personas a las que les trabaja demasiado la cabeza, pero al final sabía que yo no me iba a reír de él. Cuál no sería mi sorpresa cuando no hace muchos años le veo en la televisión como Catedrático de Universidad. Tampoco se deshizo en un torrente de palabras delante de la cámara pero algo dijo. ¿Cómo no pensar con cariño que a lo mejor, esas tardes paseando y dándole la plasta pudieron ayudarle a superar su problema de comunicación?

El caso de los supernumerarios es distinto. Es inevitable que junto a la dirección espiritual (normas, etc.) se deslicen auténticas confidencias sobre la familia, problemas de trabajo o sobre el dinero que no llega. Es lo normal. Son confidencias a las que da lugar el trato habitual y que presumiblemente ya habrán contado a otras personas. Esas materias no son objeto de la charla personal aunque como dice la Carta del 2 de octubre de 2011 “puede ser conveniente preguntar sobre ellas”, sobre todo si se sabe que afectan en el día a día. Es absurdo ponerle a alguien un determinado “examen particular” y no saber que no se lleva bien con su esposa. La verdad es que los numerarios nunca llegamos a saber demasiado al respecto y uno se pasa más por defecto de preguntas que por exceso. Voy a poner un ejemplo muy concreto. Uno nunca pregunta por las relaciones matrimoniales porque es algo que no se lo preguntas ni a tu mejor amigo; pero ayer estaba repasando “Remedios para el desamor” y señala la vida sexual como uno de los pilares que hay que cuidar en la vida matrimonial. Supongo que con los curas será otra cosa y estarán más al cabo de la calle de esas cosas porque tradicionalmente han sido consejeros matrimoniales.

Quiero decir con todo lo anterior que los que hablan de un centro secreto de almacenamiento de datos en el Opus Dei se equivocan de medio a medio (dos o tres mienten pero son los menos). Lo que el director espiritual laico pueda saber de aquellos con los que habla es lo mismo que éstos podrían contar a cualquier amigo. El director espiritual (tan espiritual que no suele saber de qué va la fiesta) no tiene jurisdicción en materias no espirituales y las opiniones que pueda dar al respecto no son objeto de obediencia. Las charlas tampoco se ponen por escrito ni se informa de este tipo de cuestiones al consejo local, salvo que estén afectando a la vida espiritual y a la vocación de esa persona; por ejemplo que le impida asistir a los medios de formación o que peligre la perseverancia. Las afirmaciones que se hacen en contrario son pura retórica y el que lo niegue sería mejor que lo hiciera con ejemplos concretos. Por si acaso yo también voy a concretar: ¿Te han pedido que subas tu aportación mensual? Pues tú verás, pero eso tendrás que decidirlo en conciencia delante de Dios y de tu esposa (la excusa más frecuente es “mi esposa no me deja”). ¿Te han pedido el coche para hacer una excursión y a ti no te gusta prestárselo a nadie? Pues di que no y quédate tan ancho. El que dice que sí a todo no tiene carácter, como enseña el punto número 5 de Camino.

Sólo una alusión a una persona que habla del “perro del hortelano”, que ni deja ni deja comer. ¿A ti te gusta que queden claras tus ideas ante la opinión pública? Pues a mí también y mientras pueda lo seguiré haciendo.

Otra cosa. Es chusco que os neguéis a retirar el nombre propio y apellidos de una persona de la web, alegando que es persona pública, y que los que se regocijan con ello se escondan bajo un nick porque “no tienen vocación de víctimas”, como afirma Desideria. Como vuestro abogado debe ser bueno ya se habrá dado cuenta de este punto flaco en vuestra posición. O estamos o no estamos. Yo voy a poner ya mi apellido aquí y el que quiera que se retrate también. Mira como Rosal dejó de utilizar su propio nombre en cuanto presentó su libro, porque al fin y al cabo tenía una clientela que cuidar. Yo no la tengo.

Juan Encabo.

Historias y sucedidos (1)

Las anécdotas, historias y sucedidos forman parte de la vida real, en tanto que los juicios y argumentos son parte del pensamiento, falible por naturaleza, y están condicionados por la experiencia del que los emite. Es lo que quiere decir el refrán cuando afirma que “cada uno cuenta la feria según le va en ella”, o el relato indio de los tres ciegos que se acercaron a un elefante (alguien ahí hablaba de elefantes), ya que cada uno obtuvo una impresión distinta de acuerdo con aquella parte del animal que pudo palpar. El que se agarró a la cola concluyó que el elefante era como una cuerda; aquel que había tocado la trompa pensó que tenía que ser algo así como una poderosa serpiente; mientras que para el último no era más que una pared asentada sobre fuertes columnas. Por eso me suelo extender en anécdotas vividas o escuchadas, que son lo único de lo que puedo dar fe de forma absoluta. Para emitir juicios ya están Dios y la Iglesia.

Cuando en esta web veo que alguien afirma algo cierto y razonable lo digo, pero eso no interesa a nadie. Es preciso que lo malo sea peor, lo gris negro y lo humano diabólico hasta poner al Opus Dei bajo las plantas de aquellos que lo acusan. Vano intento. Por el contrario me merecen el máximo respeto y admiración los testimonios objetivos, basados en hechos de la propia vida. Sin un exceso de emotividad ya que la emoción ya la ponemos los lectores. Así, por ejemplo, el caso reciente de Leonisa o el actual de “Descriteriada”. Por cierto ¿no podrías cambiar de “nick”?

Aun tratando de ser objetivos y ateniéndonos a los hechos de la vida real, todo lo que vivimos está atravesado por nuestra propia subjetividad. Esto explica que dos personas que se han desarrollado en las mismas circunstancias obtengan resultados diametralmente opuestos. Es una reflexión sencilla pero que yo no he leído nunca aquí: San Pedro y Judas habían recibido de Cristo la misma formación. Por cierto que no tengo nada contra Judas Iscariote que frecuentemente es presentado como el paradigma de todos los males con una carga emocional excesiva. Perdonarme un inciso. En las revelaciones del Sagrado Corazón a Santa Margarita María el Señor dice a la vidente: “Si los pecadores supieran lo que he hecho con Judas y con Pilatos abusarían de mi misericordia”. Así pues dejemos en paz a Judas y volvamos a lo nuestro.

De las abundantísimas aportaciones del lunes 31 de octubre dos me llaman la atención. Una es la de cásper que trata de ser justo y por lo consiguiente no será tenida en cuenta; la segunda es la de “Descriteriada” ya que lo que escribe es pura y exactamente la verdad. Encima piensa –o tiene constancia de ello- que pudo hacer daño a otras personas y se siente responsable. Ahí hace falta mucho trabajo psicológico. Añade que ha perdido la fe y la creo. La fe arraiga en el corazón y uno puede hacerse tan inhumano que pierda ese poquito de tierra buena donde nuestros padres y el Espíritu sembraron la fe divina. Yo sólo haría una pregunta a esa persona: Tú ¿cómo hacías oración? Yo personalmente sé cómo la hacía: muy mal. Sin embargo no tengo la percepción de haberme deshumanizado nunca, de haberme convertido en una máquina de impartir criterios; quizá mis otros defectos: el egoísmo y la pereza, me lo impedían.

¡Vaya introducción más extensa y todavía no he empezado! Pero voy a hacerlo. A dar mi particular testimonio para aquellos a quienes les sirva, que aparentemente no son los que escriben en esta web. Sus últimas aportaciones se centran en el derecho a la intimidad y ahí va la primera anécdota:

He contado en otra ocasión como una vez don Fernando Valenciano, ex Director de San Miguel del Consejo General, hacía una de esas visitas que se hacen periódicamente a las regiones. Asistía a un consejo local en un centro y se habló de una persona. Don Fernando escuchó hasta el final y dijo: “Supongo que esto no será siempre así”. Conociendo a don Fernando y lo poco que habla debieron quedarse todos helados. Al parecer se refería a que no se puede tratar a la ligera la vida interior de las personas. Esto, que es un riesgo real: cotorrear sobre algo que debía ser sagrado, no depende tanto del sistema como de las personas que lo ponen en práctica.

Recuerdo un consejo local al que yo asistía. Como dice con razón “Descriteriada” asistía con absoluta falta de preparación, pero Dios suple. Había que tratar de un grupo numeroso ya que terminábamos un semestre de verano y los chicos se iban a incorporar al centro de estudios. Por la misma razón se encontraban presentes dos sacerdotes. Tratábamos sobre uno de los jóvenes y un sacerdote intervino: “Lo que habría que saber –dijo- es si él se conoce a sí mismo”. Todos nos quedamos un poco sobresaltados dada la profundidad de la pregunta. ¿Quién se conoce a sí mismo a los diez y ocho años o incluso a los cincuenta? Seguimos trabajando y salió a colación otro chico diferente. Fue entonces el otro sacerdote el que comentó jocosamente: “Este no necesita un informe sino un dossier”. Esta vez el silencio obedeció a la poca gracia del comentario. Hoy los dos sacerdotes han fallecido y los dos chicos, en la actualidad hombres, siguen perteneciendo a la Obra.

Los que denuncian la falta de intimidad que supone que se trate de la vida espiritual de las personas en los consejos locales, incluso a través de la elaboración de informes en los casos que señala “Descriteriada”, deben pensar que allí se tratan homicidios, adulterios e incluso infracciones de tráfico. Nada más lejos de la realidad. La vida de la gente de la Obra suele ser llana, sin cosas raras, y supongo que en la charla es más fácil pecar por omisión que por falta de respeto a la intimidad de las personas. Allí se trata sobre el cumplimiento de las normas del plan de vida, cómo vive la entrega la persona y qué obstáculos puede encontrar para ello; si se preocupa por los demás y hace apostolado, o cómo vive la pobreza.

Al mencionar la pobreza –y aquí termino- recuerdo a un chaval de aquella época que estaba loco por el futbol sala. Algo perfectamente lógico a su edad. El “problema” que tenía y se llevó al consejo local es que sus padres le suministraban con excesiva frecuencia, por ejemplo una vez al mes, zapatillas de deporte nuevas. La gente que se fija en esas cosas sospechaba que no era porque hubiera agotado las anteriores ¡nada de eso!, sino porque el chico entraba en una tienda, le gustaban y se las pedía a sus padres. Esto en un chico de diez y seis o diez y siete años no es un gran pecado, pero demuestra falta de madurez y sacrificio, una escala de valores no bien formada y una singular habilidad para “driblar” a sus directores y acudir directamente a sus proveedores económicos. Como es lógico no había en ello nada que afectara a la intimidad espiritual de la persona, ya que las zapatillas estaban bien a la vista para quien se fijara en ellas. No sé lo que habrá sido de él, aunque supongo que ahora jugará en una liga de futbol sala de veteranos. Pido a Dios de todo corazón que haya terminado siendo Administrador en una Delegación y se haya dado cuenta de lo que cuesta conseguir el dinero: cosas más raras se han visto. De lo que estoy seguro es de que si tuviera oportunidad de leer estas líneas se reiría como yo me rio al escribirlas.

Aquí tocamos un tema muy amplio que es el del sentido del humor, pero no es el momento.

Con afecto
JUAN


Sobre los Macabeos y otros asuntos (1)

Hay cosas que tienen gracia y otras que no la tienen; cosas que son comprensibles y otra que no lo son. Personalmente ya hace un par de semanas que he perdido la paciencia y es posible que también la tranquilidad.

Cuenta el Evangelio como se acercó un grupo de gente a Jesús que se encontraba con sus discípulos. Traían con ellos a una mujer sorprendida en adulterio. Le preguntaron: “Maestro, el Código de Derecho Canónico y el diario “El País” ordenan apedrear a éstas ¿tú qué dices?”. Jesús escribía en la tierra con el dedo y nada respondió. Podemos imaginarnos el sobresalto de los Apóstoles al ver a su Maestro en tal disyuntiva, a la vez que temían resultar agraciados ellos mismos con alguna que otra pedrada. Como porfiasen en preguntarle Jesús levantó la cabeza y dijo: “El que de vosotros esté sin pecado que arroje la primera piedra”. Y siguió escribiendo en el suelo. Entonces empezaron a retirarse todos empezando por Alberto Moncada. Cuando estuvieron solos Jesús preguntó a la mujer: “Mujer ¿dónde están tus acusadores? ¿Nadie te ha condenado?”. Ella contestó: “Nadie Señor”. Y dijo Jesús: “Yo tampoco te condeno. Vete y no peques más”.

Los hay entre vosotros que apuntan, con razón, que hubiera bastado con que el Prelado del Opus Dei hubiera dicho: “Nos hemos equivocado en esto, esto y esto, y vamos a corregirlo”. Y ahora yo pregunto: ¿Quiénes de entre vosotros quieren realmente que el Opus Dei corrija algo, si es que hay que hacerlo, y no más bien vernos a todos degradados, arrastrados por la plaza de la opinión pública, apedreados? Lo primero demostraría rectitud de intención y justicia, lo segundo rencor, sólo rencor. Necesitáis que os den la razón para justificar vuestra propia vida, vuestras propias decisiones.

Algunos conoceréis la historia de los hermanos “macabeos” y la respuesta que le dio el pequeño de ellos al gobernador griego cuando le instaba a comer de las carnes prohibidas para los judíos: “Y tú tirano, no resucitarás para el premio eterno sino para la condenación eterna”. Si esos pequeños fueron alabados por la Sagrada Escritura por ser fieles a la Ley en algo tan superficial, al fin y al cabo, como no comer carne de cerdo ¿cómo no serán alabados los que dan su vida por buscar la santidad en medio del mundo, por mal articulada jurídicamente que ésta se encuentre, o por errores que se puedan cometer y que de hecho se cometen?

Perdonareis que os diga, como quien lo ha vivido y lo sabe, que el asunto ese de la jurisdicción y la dirección espiritual, aplicado al Opus Dei es una chorrada, lo diga quien lo diga y lo escriba quien lo escriba. Otra cosa es que pudiera ser de aplicación a los religiosos que tenían toda su vida regulada. Que la distinción entre materia de confesión y de la charla o confidencia siempre ha estado clara y los efectos de ambas son absolutamente distintos. Que para elaborar casos prácticos de derecho canónico o de teología moral no hace falta haber pertenecido al Opus Dei y que está muy bien que lo hagan aquellos a quienes corresponda. Que lamento que todo este chorreo haya caído sobre don Javier Echevarría y don Fernando Ocáriz –todavía recuerdo cuando le conocí al llegar a Roma y cómo se interesó por mí-, los cuales han tenido ocasión, una vez más, de acercarse a la cruz de Cristo. Cómo Benedicto XVI ha dicho que los enemigos de la Iglesia están dentro de élla y cómo la Iglesia sabe quién la sirve y quién no la sirve. Que cuanto más fuerte sea el chaparrón antes pasará: Aprovechaos para escribir tonterías porque vuestra ocasión ya ha pasado.

Pido disculpas a Bruno Davos por haberle “gafado” su página web. En un primer momento pensé que era la misma que la de Agustina. Parece ser que no, aunque compartan contenidos. Siempre tiene la opción de hacerla toda en polaco, como ha hecho recientemente.

Juan Encabo

Garantías (1)

Dado el nivel que van alcanzando los comentarios en esta web y en otras paralelas he repasado los mensajes de los dos últimos días de opuslibros, consultando los documentos a los cuales nos remiten. Se cita una carta del Card. de Paolis a “Regnum Chisti”, una carta de Antonio Esquivias y el sempiterno ensayo sobre “Lo teologal y lo institucional”. Voy a referirme a los tres documentos.

1. La carta del Cardenal de Paolis a “Regnum Christi” dispone que “se proveerá el suficiente número de confesores ordinarios y extraordinarios, algunos de los cuales no serán Legionarios de Cristo”. Yo veo muy bien esto último siempre que se trate de gente instruida en la vida interior y la espiritualidad; aunque no deja de ser una forma de reconocer que los sacerdotes propios no están suficientemente preparados en esas materias, lo cual es una pena. Asimismo se recuerda que el Código de Derecho Canónico dispone que los fieles pueden confesarse con cualquier confesor autorizado, aunque sea de otro rito. Lo que quiera decir “autorizado” que cada uno lo decida.

2. La carta de Esquivias es peculiar. De entrada sorprende que cuatro o cinco curas se reúnan para celebrar “tertulias libres” con el único requisito de “decir cada uno lo que piensa”. Y es que dice el refrán que “reunión de pastores, oveja muerta”. Pero sobre todo me llama la atención la forma que tiene el autor en insistir en la “confidencialidad” de la dirección espiritual. Por supuesto debo ser más simple que el mecanismo de un lápiz, pero no soy consciente de haber manifestado nunca en mis charlas nada que no deseara que se supiera por quienes lo tenían que saber. Al contrario, hubiera deseado que lo conociera alguien con una “varita mágica” para resolver mis defectos y limitaciones.

3. Sólo recuerdo dos casos en los que me conste que se han planteado en la charla cuestiones que hubieron de ser resueltas en instancias más altas. En el primero se trataba de un constructor o contratista de obras públicas al que le exigían pagar un “peaje” para contratar con un determinado organismo. Ante la ausencia de alternativas para mantener en funcionamiento su empresa se elevó una consulta sobre la licitud de abonar dicho “peaje” para seguir funcionando.

Sobre el segundo caso ya hablé aquí y se trataba de un exhibidor de cine a quien el distribuidor vendía las películas por paquetes y le obligaba a proyectar un determinado número de películas X. Se trataba de un hecho público, de ninguna manera confidencial. Cuando le pregunté por ello me contestó únicamente que ya había sido objeto de una consulta moral. No detalló a qué nivel.

4. Al revés; me ha ocurrido a mí que cosas que dices en la charla al interesado es él quien las divulga y las manifiesta a terceros. Había un súper que periódicamente tenía conflictos con su esposa. Había alcanzado una buena posición económica y quería que ella dejase de trabajar, sobre todo porque su trabajo incluía también hacer turnos de noche. En la conversación deslicé que me parecía “un poco inmadura”. La sorpresa me la llevé cuando en la siguiente charla éste me dice: “Le dije que tú me habías dicho que era un poco inmadura y ¿quieres saber qué me contestó?”. No, evidentemente no tenía ningún deseo de saberlo. Yo también la conocía a ella y lo menos que deseaba era ser utilizado como arma arrojadiza en las peleas matrimoniales. Hoy los dos estarán jubilados y supongo que ella hizo muy bien esforzándose para disfrutar de una pensión en el futuro.
Otras veces es directamente la tercera persona la que levanta la liebre. Recuerdo que un día llamó al centro la esposa de un supernumerario para decir que su marido no había ido a dormir a casa la noche anterior, ni al trabajo esa mañana. Lo encontré por la tarde en el ambulatorio de la Seguridad Social guardando turno para el médico. Llevaba unas gafas negras, señal de que esa noche se había corrido una buena juerga, y probablemente esperaba para que le diesen una baja médica. Estaba aterrorizado ante la posibilidad de que su esposa pudiera seguir sus andanzas de la noche anterior por los movimientos de la cartilla de ahorro. Me aseguré de que volviera a su casa.

5. Aquí ninguno somos un caso especial ni nos pasan cosas que no les pasen a los demás; aparte de que no se puede hablar de confidencialidad cuando los hechos saltan a la vista. ¡Ojalá todos tuviéramos un amigo o consejero que nos animara a ir por el buen camino! En la charla fraterna no se habla sobre la fórmula de la Coca-cola o el precio del petróleo, sino sobre las cosas que nos pasan a cada uno cada día. Cualquiera que conozca el percal sabe de lo que estoy hablando.

Resulta curioso que por un lado se reclame la máxima confidencialidad y luego, si las cosas no salen como deben, se pidan responsabilidades al Opus Dei en su conjunto. Hace algunos años en Italia se publicó que un grupo de empresarios pagaban sobornos y entre ellos se encontraban varios socios del Opus Dei. Un periodista interrogó sobre ello a don Javier Echevarría. Habría que distinguir si los empresarios eran “extorsionados” por quien fuera, como en el caso del que he hablado más arriba, o se repartían las ganancias de mil amores. Está claro que en el segundo caso no lo iban a contar en la charla con el director. Como sabéis la actividad empresarial no es materia de la charla fraterna. Pero lo que me interesa resaltar es que don Javier fue interrogado sobre una cuestión que ni conocía ni podía conocer.

Imaginémonos, sin embargo, que los citados empresarios, como buenos italianos, eran hombres piadosos y se confesaban de sus enjuagues después de haberlos realizado. El sacerdote de la Obra podía decirles: “¡Oye chiquito! Que el Opus Dei no es un supermercado donde tomas lo que quieres y dejas lo que no te interesa; que se vende todo junto. Vete ahora mismo a hablar con tu director y mirar la forma de salir de este embrollo. ¡Ah! Y no te preocupes, que en peligro de muerte te doy la absolución; mientras tanto haz un poco de propósito de la enmienda”. Ese era el sentido de la penitencia y de la reconciliación del pecador en la Iglesia antigua.

6. Por último he impreso, subrayado y estudiado una vez más el ensayo de don Antonio Ruiz Retegui sobre “Lo teologal y lo institucional”. En muchas cosas lleva razón, eso es evidente, como cuando habla de vocación y perseverancia, pero el conjunto no encaja. En algunas ocasiones está refiriéndose a sí mismo, en otras a terceras personas e incluso, una vez, parece salirse del marco presunto del Opus Dei para referirse a la Iglesia entera. En todo caso se niega a ser un instrumento a la hora de impartir la dirección espiritual. Igual que antes Esquivias viene a decir: O se hace a mi manera o no se hace. Acusa de falta de secularidad sin darse cuenta de que los sacerdotes están precisamente para ayudar a sus hermanos para que puedan vivir su vocación secularmente, o sea en medio del mundo.

Me recuerda a una anécdota que contaban de Mons. Karol Wojtyla cuando fue nombrado Arzobispo de Cracovia. Un consejero le estaba pidiendo que adoptase determinada medida rigurosa. “No puedo hacerlo” – decía Wojtyla. “Sí puede hacerlo Excelencia” –porfiaba el consejero. Finalmente Wojtyla se cansó de la discusión, se quitó la cruz pectoral y le dijo al otro: “Ahí la tienes. Gobierna tú si lo prefieres”. Y se acabó la discusión. Hay cuestiones que no son objetivas sino de sensibilidad y percepción personal y hay que estar a lo que dispone el que manda. En fin, en paz descanse don Antonio.

7. Con tal de no irme a la cama estuve leyendo algo de “Libros silenciados”, apartado en el que no había entrado nunca. Me dejaron estupefacto ciertas historias por su lucidez, su sinceridad o su dramatismo. Una carta de dimisión como la de Fede es una joya literaria. Aquilina se esfuerza por analizar su itinerario dejando ver que es una persona recta. Y el caso de determinado brasileño merece la pena ser dilucidado a fondo. Yo pensaba: si estos son a los que han expulsado cómo serán aquellos que perseveran.

Volviendo a los “Libros silenciados”, un norteamericano, licenciado por el MIT, se queja de que no había manera de cuadrar las cuentas de Warrane College, en la Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia. ¿De quién es la culpa de esto? De los españoles, sin duda. Sólo a un español se le ocurre que se puede cuadrar una contabilidad tirando un poco de aquí y otro poco de allá. Chapuceros. Malandrines.

Recuerdo una anécdota que me contaron al respecto, pero esto fue en Canadá. Al principio los de la Obra habían instalado una residencia en una vivienda unifamiliar. Posiblemente sólo vivían allí ellos mismos. Quiso la suerte que cuando pasó un inspector del Comon para autorizarla no estuviese en la casa más que el sacerdote, un sevillano muy simpático. El chalet, que reunía todas las condiciones como vivienda unifamiliar, no cumplía las normas como residencia universitaria. Por ejemplo era obligatorio que al final de cada pasillo hubiese una escalera de emergencia. El inspector constató gravemente estas carencias y después de dialogar sobre ello le dijo al sacerdote: “La única solución es que yo no hubiese venido”; a lo cual el cura le contestó: “Pues no me parece mala solución”. Y allí se terminó la inspección. Eso un alemán no lo hace. Es capaz de derribar el chalet con la cabeza antes de vivir en una residencia con tan graves carencias.

8. En conclusión: Soy abogado y siempre seré partidario de las garantías. En la actualidad existe un Defensor regional; no estaría de más arbitrar un defensor de los socios y asociadas, sin facultades ejecutivas, y para descargo de conciencia en determinados casos, como el del pobre norteamericano al que no le permitían cuadrar las cuentas. En caso contrario las personas terminan acudiendo a otras instancias. Por otra parte un tribunal de garantías es algo absolutamente laical. El Opus Dei es algo demasiado grande para que ser gobernado en única instancia.

JUAN ENCABO

Resumiendo (1)

Tiendo a tener paciencia con lo que leo aquí porque quiero apreciar la razón que asiste a cada uno. Ahora bien todo tiene un límite. Me llegó hace unos días la revista del CARF y recoge una cita de San Josemaría aconsejando a los sacerdotes “ser víctimas sin hacerse la víctima”. Aquí hay mucho victimismo. Aunque excluyo absolutamente de esta afirmación a las numerarias auxiliares.

Entiendo que pases seis meses fastidiado cuando dejas la Obra -estoy pensando el los numerarios y agregados-, puedo entender que lo alargues hasta un año o dos, el tiempo que tardes en recuperar tu vida de antes. Habrá cosas que ya no vas a recuperar nunca: amigos, oportunidades, estudios, dinero, aquella chica que te gustaba tanto, vete a saber… A cambio habrás recibido otras de mucho más valor, pero que quizá ahora no aprecias, como es el trato con Dios. Otros que quizá fueron rasgos característicos tuyos tendrás que luchar para volver a conquistarlos: como la alegría, la libertad interior, la sencillez, no tener miedo, una fe sencilla sin complicaciones y vas a encontrarte con que no tienes a nadie que te ayude a hacerlo. Que no te es posible acercarte a un sacerdote y decirle “¡Oiga! Necesito comenzar desde cero mi vida interior”. Yo no sería capaz y desde luego nunca lo he hecho.

¿Y bien? Todavía te quedan años de vida y Dios te sigue mirando; se sigue ocupando de ti, quizá con más motivo que antes. Imagínate que viene a visitarte tu padre y te encuentra enzarzado en una pelea con el vecino. Dirá: “Ya volveré en otros momento en que estén las aguas más tranquilas” Estás perdiendo minutos, segundos, para estar con tu Padre Dios, con la Virgen Santísima y con San José.

Has descubierto que los que te prometieron la felicidad en la tierra no fueron capaces de proporcionártela. Pues ya has aprendido algo. Has descubierto que los directores son humanos y algunos autoritarios, que en ocasiones actúan de forma arbitraria y te repatea la mentira en todas sus formas, personal e institucional. Nadie te ha facilitado un argumentario razonable para saber explicar el Opus Dei a la gente que no lo conoce sin utilizar circunloquios o términos jurídicos (que nadie iba a entender de todas las maneras) sino con palabras sencillas y llanas. No te gusta el ambiente en el que has vivido y en el que te sentías enormemente constreñido. Piensas que vida no hay más que una y que no vale la pena vivirla amargado. Entonces ¿por qué amargas? Como dice la parábola del padre de familia y los vendimiadores: “Toma lo que es tuyo (tu libertad) y vete”.

¡Seamos sinceros! Ni siquiera te soportas a ti mismo y culpas por ello a otras personas. ¿No es una actitud algo infantil? Dice Víctor Frankl que el pasado es lo único que nadie nos podrá arrebatar; el futuro es incierto y el presente ya hemos comprobado lo que da de si. Sólo llevamos el pasado en la mochila. Escúchame: ¿Vas a Misa? Por lo menos los domingos. ¿Te confiesas? Por lo menos una vez al año. ¿Acudes a tu Madre la Virgen? Entonces ¿de qué te quejas? “Aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón” –dice Jesús. Él estaba pensando en ti y en todos los que pasan por tu misma situación cuando pronunció esas palabras. El dolor es bueno ¿por qué? Porque nos ayuda a levantar el corazón a Cristo y a su Madre.

Yo daría mi mano izquierda por ir a Misa todos los días y rezar el Santo Rosario, pero no por obligación (ya lo he intentado y no sirve) sino como lo hacían mis abuelas, como una forma de vivir la vida empapada de amor, trabajo, fe y vida cristiana. Esa fe gorda, de la que hablaba nuestro Padre, que se puede cortar. No una cuadrícula en una hojita; eso no sirve para nada.

Entonces estamos de acuerdo ¿vale? Despotricar puede ser divertido, pero repetirse no tiene gracia. Como diría don Pedro Lombardía (q.e.p.d.) es el ”derecho al pataleo”. ¿Ya hemos pataleado? Pues ahora toca recordar que somos hijos de Dios, que Él nos quiere y que no queremos disgustarle.

JUAN

Disensiones (1)

De los últimos post me llama la atención la llamada que hace Ramón a leer un artículo del diario El País. Se refiere éste a la rebelión de una parte de los alumnos y profesores de la Pontificia Universidad Católica del Perú.  La Santa Sede deseaba modificar los Estatutos de la misma en el sentido de que el Rector fuera nombrado por el Arzobispo de Lima. Una parte de los alumnos y profesores se han negado a ello. "La Universidad ha perdido sus raices católicas" -afirma el Arzobispo-, y el Rector contraataca: "La Universidad no se fía de Cipriani", al que el artículo califica como conservador. Dice San Pablo: "Es preciso que haya disensiones entre vosotros a fin de que destaquen los de virtud probada" (I Cor 11). Que Cipriani haya sido capaz de hacer frente a la situación de una Universidad católica que había perdido sus raíces, sólo habla bien de él. Por otra parte este tipo de incidentes sirven de revulsivo para que los "buenos católicos", que nunca se comprometen con nada, no tengan más remedio que posicionarse. Está claro por qué El País da una noticia tan lejana y extraña a los intereses de los españoles; lo que ya no es tan fácil de entender es por qué Ramón nos invita a interesarnos por ella.

Muchas gracias a Mari Paz por recibir y abrazar a las antiguas nax que han abandonado la Obra: "El atardecer de la vida sereis examinados de amor" (S. Aug.)

JUAN.

Moncada: Afortunadamente has reconocido que tú colaboraste para fundar la Universidad de Piura. Pensé que no lo ibas a decir nunca. Luego te has quejado de que no os dejaron ser intelectuales. ¿Qué hay más intelectual que fundar una Universidad?

Lo que dices sobre que Cipriani era amigo de Fujimori creo que no es cierto. Como los lectores pueden recordar o sinó informarse sobre ello, Cipriani fue Obispo de Ayacucho, cuna de Sendero Luminoso. Cuando los terroristas ocuparon la embajada de Japón en Lima e hicieron rehenes, Cipriani fue el intermediario; empeñado en salvar la vida de los jóvenes secuestradores, pero no lo consiguió. Fujimori ordenó asaltar la embajada y acabar con ellos. Cipriani lloró. Creo que en ese momento fue cuando la Santa Sede decidió nombrar a Cipriani Arzobispo de Lima, precisamente para dejar clara su oposición a Fujimori.

Lo que pudiera decir Cipriani cuando era joven sobre los derechos humanos me dice muy poco. Me gustaría saber lo que pensabas tú. Porque tú venías de España y entonces aquí gobernaba Franco. ¿Lo recuerdas?

Ya he escrito otra vez que en su momento leí un trabajo tuyo sobre la Encíclica Mater et Magistra del Beato Juan XXIII, publicado por la Librería bonaerense de Don José Ferrer. No sé qué pensaras ahora sobre aquello que escribiste. Si lo repudiarás como ahora Cipriani puede repudiar una frase pronunciada en su juventud.

No creo que Juan Luís Cipriani sea el único blanco del Perú. Por lo menos recuerdo al exPresidente Alan García y apuesto a que hay bastantes más. El actual Presidente creo que también es hijo de madre italiana. El mismo Fujiomori tampoco era muy oscuro de piel.

JUAN ENCABO.

Aviso a los lectores: ese es un representante oficial de la Prelatura haciendo el conocido apostolado de la opinión pública.

Pregunta: habría en los sites de la Prelatura la misma libertad de un no defensor de ella de escribir como en este?

Gracias,

Pedro

Querido Pedro:

Ya había notado que algunas personas de las que escriben aquí tienen un concepto extraño del AOP.

AOP significa explicar, extender, divulgar y me temo que vosotros ya estais al cabo de la calle de este asunto.

Pretende ser sólo sentido moral y reconozco que he aprendido muchísimo de estas páginas.

Para buscar soluciones es imprescindible conocer previamente y a fondo los problemas


En todo caso tú no digas por ahí que soy del AOP.

Menudo espía sería si le digo a todo el mundo que soy espía


Estaba un domingo en Misa en mi Parroquia y el sacerdote, según tiene por costumbre, explicaba las Misas que había durante la semana:

"... y el jueves por María Fernández, que tiene un hijo que es policía secreta."

Yo pensé para mis adentros: Ahora menos secreta que antes.

¿Entiendes?

JUAN

In hoc non laudo (1)

Si es verdad que alguien ha haqueado voluntariamente la web de opuslibros ha hecho muy mal.

Es más fácil justificar que no se siguen en no sé que aspecto las indicaciones de la Santa Sede sobre la dirección espiritual, que es la acusación de moda, que el hecho de causar a alguien un daño positivo a sabiendas.

Esto último indicaría relativismo moral y permite que, quien puede, adopte soluciones salomónicas.

"Mía es la venganza" -dice el Señor.

Y el sentir popular añade: "Ojo por ojo, todos tuertos".

ENCABO.

Gente de la Obra (1)

La conocimos en el Aeroclub donde su esposo, que era representante farmacéutico, pastoreaba a sus clientes médicos y les hacía esos obsequios tontos que son de rigor. Digo que la conocimos porque en realidad es mi esposa quien conoce a la gente y yo me limito a darme por enterado. Un tiempo más tarde alguien me saludó por la calle. Puse esa cara boba que se te queda cuando saludas a alguien a quien no reconoces. Pienso que tuvo que mortificarla. Iba con un grupo de amigas y entonces me di cuenta de quién era. Me habían dicho que se le había diagnosticado un cáncer y que le estaban poniendo quimioterapia. Estaba muy delgada, con el pelo corto y rizado.

Luchó denodadamente contra aquel cáncer que le afectaba a los riñones. La operaron y llegué a pensar que lo había superado ya que sobrevivió a la operación al menos diez años. La situación económica de la familia se había deteriorado. Tenía un hijo y una hija con la carreras terminadas, los dos ex numerarios, y un tercero estudiando todavía. El marido, también de la Obra, daba bandazos profesionalmente. Ella mientras pudo trabajó como decoradora, pero su preocupación era que los hijos sacaran una oposición y pudieran estabilizar económicamente a la familia.

De pronto el cáncer hizo de nuevo su aparición y el deterioro de “C” fue haciéndose más rápido. Pienso que todos la admirábamos y la queríamos porque ella continuaba haciendo su vida normal y siempre de buen humor. Entre tanto falleció el marido.

Dios no iba a permitir que “C” se fuese de esta tierra sin darle una alegría y su hijo mayor le echó valor y se casó con su novia de siempre. “C” asistió feliz a la boda y me cuentan que hasta bailó, a pesar de que en esa época usaba muletas para andar. Aun así debió pensar que lo de la oposición tenía que arreglarlo ella personalmente desde el Cielo, porque falleció al poco tiempo. El chico sacó la oposición de Notarías, para mi gusto bastante milagrosamente, vista la mala suerte que había tenido hasta ese momento y la cantidad de veces que se había presentado sin aprobar.

Mientras “C” atravesaba la segunda fase de su enfermedad leí la biografía de Guadalupe Ortiz de Landázuri y me apresuré a llevársela.
-¿Tú crees que me hará bien? –me preguntó ingenuamente.
- Pienso que te gustará –le contesté.
- ¡Guadalupe! –dijo- ¡Con el fervor que yo rezo su estampa!

En otra ocasión me habían encomendado que diera unas charlas en un Colegio de religiosas sobre la educación para la fe en la familia. No eran distintas charlas sino la misma a distintos grupos. Le pedí a “C” que diera alguna de ellas. Después le pregunté: “¿Qué tal ha ido?”. “Bien –me dijo-. Me acompañó una profesora hacia mi casa y me fue contando sus cosas”. Y es que ella atraía a la gente. ¿Consiguió vocaciones? No me consta, pero sé que trató a muchos y ¿quién conoce cómo actúa el Espíritu Santo en las almas?

¿Qué tal hacía la oración? No lo sé, pero sí que siempre estaba sonriente a pesar de sus circunstancias. La recuerdo a ella y a otra súper, muy amigas las dos, por la calle cargadas de perolas. Me contaron que venían de preparar la comida a un grupo de sacerdotes agregados que tenían su reunión semanal. Iban riéndose como dos jovencitas.

¿Cómo vivía la sinceridad? Pues no lo sé, pero era súper ingenua. Durante muchos años había vivido en Canarias y me decía: “Lo que me gusta de vivir en la Península es poder usar guantes en invierno. En Canarias no había ocasión para ello”.

¿Amaba a la Iglesia? Como es lógico nunca me lo dijo, pero me contaba que en el mes de mayo, en su Parroquia, se rezaba el ‘Rosario de la aurora’. Ciertas beatas siempre llevaban la imagen de la Virgen. Un día “C” le dijo a su amiga: “Date prisa, vamos a agarrar las andas de la Virgen antes de que lo hagan las de siempre”.

¿Cómo vivió la penitencia? No lo sé, pero entregó un hijo a Dios a los pocos meses de nacer; sufrió un cáncer durante más de diez años; su familia perdió la estabilidad económica y no pudo conocer a sus nietas ni llegó a ver a sus hijos bien instalados.

¿Hacía corrección fraterna? No creo que tuviera muchas ocasiones, pero recuerdo que al marido de una supernumeraria, que era electricista, se le cayó el poste en el que estaba subido arreglando una línea. Sufrió un traumatismo craneal severo y estuvo en coma casi un mes hasta que murió. Durante ese periodo las supernumerarias del grupo de su esposa, entre ellas "C", se turnaron para acompañar por las noches al esposo de su amiga.

¿Hacía apostolado? Sé que sí. En una ocasión agarró a una amiga y a su marido y les llevó "a rastras", como decía ella, haciendo una romería urbana en el mes de mayo.

¿Cómo llevaba el examen particular? Ni idea, pero le podías pedir cualquier cosa y contar con que te iba a hacer el favor.

En resumen: “C”, lejos de quedarse en los aspectos externos de su vocación, la vivío de una manera extraordinariamente humana que es la única sobrenatural. Dado que en esta web leemos todo tipo de desgracias y vocaciones frustradas, me agrada mucho recordar a esta amiga, ya fallecida, a la que acudo en muchas ocasiones. Creo que es una gran opción, recordar a esas personas buenas que hemos conocido, y que ya han fallecido, y hacerlas cómplices de nuestras preocupaciones que fueron las suyas.

“Y en el atardecer de la vida seréis examinados de amor”.

JUAN

Dos cartas (1)

¡Vaya! ¡Vaya!

Aquí no hay playa pero veo dos cartas muy interesantes: una de la nax italiana Leonisa y otra de Vallelaencina. Dos situaciones distintas que parecen conducir a una misma conclusión. Lo primero que se me ocurre es que antes había fama de que era difícil salir del Opus Dei y ahora se ve que el problema es que te pueden echar. Al parecer algo han cambiado las cosas ¿no?
Y más van a cambiar. Años antes de que existiera opuslibros yo ya había escrito a quien entonces correspondía escucharlo que, desde el punto de vista de la legislación laboral, estaría bien que los que se habían dedicado a las labores internas y dejaban la Obra recibiesen un tanto por año trabajado; de igual manera los que hubieran hecho entrega de sus ingresos en una caja común. No sólo me parecía lógico sino necesario desde un punto de vista laical. Hoy sigo pensando lo mismo aunque sigo queriendo igual al Opus Dei. No hacerlo, no compensar a esa gente, sugiere  que se les considera bienes perecederos, como un pañuelo de usar y tirar.
No hablemos ya de los seguros de enfermedad, jubilación e invalidez queson obligatorios de acuerdo con la doctrina social de la Iglesia. Los más viejos del lugar recordarán que hubo un momento, durante la crisis del post-concilio, en el que la Conferencia Episcopal Española tuvo que aportar una cantidad global a la Seguridad Social dado que nunca se había cotizado antes por los sacerdotes. Eran muchos los que comenzaban una vida laboral fuera del sacerdocio y deseaban que se les computasen los años trabajados al servicio de la Iglesia. Y así se hizo. La misma Santa Sede, como Estado soberano que es no tenía a nadie ante quien cotizar por sus empleados, y en la misma época tuvo que arbitrar un Fondo de Pensiones para ellos. Basta por lo tanto con conocer los antecedentes para suponer cuál va a ser necesariamente el resultado. Cuanto antes se aborde la cuestión muchísimo mejor.
Pero volvamos a las cartas. Lo primero que tiene que hacer esa nax, y supongo que ya se lo habréis dicho, es darse cuenta de que cuarenta y un años no son nada. Que si Dios quiere vivirá otros tantos. Yo he asistido a la boda, y muy buena boda por cierto, de una prima mía que había estado en el Opus Dei y cuando se casó debía tener ya esa edad; todavía le dio tiempo para tener dos hijas. Al final no es cuestión ni de edad ni de bodas. Decía una vez Víctor Frankl a un condenado a muerte, próximo a ser ejecutado, que bastaba un momento para encontrar el sentido de toda una vida.
Sin duda alguna el Opus Dei va a cambiar. No creo que haya hoy muchos franciscanos que vivan la pobreza que vivieron San Francisco de Asís y sus compañeros; entre otras cosas porque los tiempos no son los mismos, pero ellos abrieron un camino que ha dado esa posibilidad a los que han venido detrás. El Opus Dei se encuentra al final de una etapa –pienso yo- de una entrega absoluta y radical, en la que aquel que no es capaz de mantener el nivel se queda tirado en la carretera. El pedaleo no se detiene y el que se para a respirar ya ha perdido al pelotón. Nadie se anda con muchas delicadezas y lo que importa, según una frase afortunada, son los “grandes números”: apostolado, vocaciones y medios para sacar todo ello adelante. En algún momento la vida misma, la justicia, la pura humanidad o Benedicto XVI van a obligar a aflojar la marcha para que no quede atrás gente inocente, herida y sin esperanzas. ¿No pensáis que cuando el Beato Juan Pablo II, en el Jubileo del año 2000, pidió perdón a Dios por los pecados de la Iglesia debió estar pensando también en los pecados de falta de humanidad? ¿O acaso sólo se refería a las Cruzadas y a Galileo Galilei?
El Opus Dei cambiará pero San Josemaría y sus sucesores habrán dejado abierto un camino de entrega para que el que quiera, y reciba la gracia de Dios para ello, lo pueda recorrer. Yo supongo que esa persona, Leonisa, se preguntará cómo habiendo realizado todos los sacrificios habidos y por haber (entre ellos estar once años sin ver a su familia) ha sido así abandonada por Dios. “Eloi, Eloi, lama sabanctani!”. Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado? A esa pregunta no puede responder nadie.
También es verdad que no todos somos igual de flojos, no todo el mundo se detiene en mitad del camino, ni todos reaccionamos de la misma manera ante las crisis. Basta con mirar a nuestro alrededor para darse cuenta de ello. Por ejemplo alguien se queja de que de los miles de personas que podrían haber requerido al Opus Dei en base a la Ley de Protección de Datos sólo lo hayan hecho sesenta antiguos socios. ¿No es eso una prueba de que hay una masa inmensa de gente que ha vivido su salida con naturalidad y hasta con agradecimiento?
Recuerdo ahora a un personaje que nunca tenía que haber pedido la admisión porque era notoria su tendencia sexual, pero al que en base a la mentada “ley de los grandes números” se le permitió hacerlo. En la primera entrevista que tuvo con alguien de la Delegación ya le dijeron que no podía continuar. Pues al tío se le metió en la cabeza que tenían que devolverle todos los papeles que tuvieran de él. No sé quién sería su asesor, pero creo que temía que el Opus Dei pudiera heredarle después de haber estado allí apenas seis u ocho meses. Y lo que tardó en pasársele la perra…
Lo que desde luego no resulta comprensible, por mucho que baje el nivel, es que un numerario se guarde para sí parte de su sueldo. Acuérdate de Ananías y Safira, muy conocidos después de tener un cierto intercambio de pareceres con San Pedro. No engañas a las personas sino a ti misma porque allí donde esté tu tesoro ahí estará tu corazón. ¿Es que con ese dinero vas a poner un comercio o lo guardas para esa mujer que ha vuelto del Congo? Por cierto que enfocar el pleito de esa hermana como una “prestación de alimentos” lo considero muy correcto y no humillante para ninguna de las partes.
Por último quisiera referirme al que afirma que el Opus Dei ostenta un record de denuncias en la Iglesia. Pues veras, no creo que sea así. Tengo entendido que en los tres primeros siglos del cristianismo era fácil que te denunciaran por el mero hecho de ser cristiano; tanto fue así que no se qué Emperador ordenó al gobernador de Bitinia, Plinio el joven, que no tuviese en cuenta las denuncias anónimas. ¿O has oído hablar de los mártires de Inglaterra en los tiempos de la reina Isabel I? Os quejáis de que vuestras denuncias no encuentran eco en la Iglesia y en la opinión pública: ¿Tú sabes que hay una mujer llamada Bibi Asia, en una cárcel de Pakistán, condenada a muerte por presunta blasfemia contra el Profeta? Es joven, tiene cuatro hijos, el marido se ha largado pero ella no ha renunciado a su fe; y la denunciaron sus vecinas para que no tomase el agua del mismo pozo que ellas. Alguien que conozca este caso y esté preocupado por él es lógico que ponga vuestras quejas en la parte de abajo del montón.
Ya que hemos citado antes a San Francisco de Asís me despido deseándoos Paz y Bien.

JUAN


Supernumerarios (1)

Buen día:

Me encontraba leyendo el opuslibros de ayer y descubro –él lo cuenta- que el autor de un artículo es un antiguo supernumerario. Me quedo estupefacto. El primer impulso es preguntarme: ¿Y qué sabe un supernumerario sobre el Opus Dei? Mal. Muy mal. Yo he conocido supernumerarios que amaban más al Opus Dei que yo. Y he conocido supernumerarios santos sin que sea necesario acudir a los ejemplos conocidos de todos.

Recuerdo una vez. Yo llevaba ya años fuera de la Obra. Estaba visitando la Catedral de Tuy (Pontevedra) con mi esposa y alguno de mis hijos. En la Capilla del Santísimo vi a un súper al que había conocido años atrás. Estaba rezando el Rosario con su esposa. Un matrimonio todavía joven, aunque hoy ya no lo serán tanto. Él trabajaba como administrativo. Recuerdo la impresión que me causó. A kilómetros de su casa rezaban el Santo Rosario con devoción.

Por supuesto que no le hablé. Aquí leo a aquellos que se quejan de que los socios ya no les saludan. En mi caso es al contrario. Me da mucha vergüenza.

Pero volvamos al principio. Nuestro corresponsal no es tan simple como nos quiere hacer creer, hasta sabe citar el Antiguo Testamento. Me quedo asombrado cuando tacha de soberbia unas palabras del Antiguo Testamento que San Josemaría vio en su oración como dirigidas por Dios al Opus Dei. Yo te voy a proporcionar otra cita: “¡Casa de Israel! ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¿No os basta con cansar a los hombres, sino que cansáis también a mi Dios?”

Para tu tranquilidad te diré que las promesas de Dios no se han de entender de forma literal sino que admiten una interpretación espiritual. Lo hace ver don Javier Echevarría en el mismo texto que citas: La promesa de Dios a David se cumplió en Jesucristo. Es decir, el cumplimiento fue espiritual, no biológico. En tiempos del Señor el reino de Israel había desaparecido hacía siglos y el reino de Judá ya no estaba regido por los descendientes de David. Ninguno tenemos nada asegurado. Sin embargo es peligroso jugar con la Palabra de Dios, porque la blasfemia contra el Espíritu Santo no se perdonará ni en esta vida ni en la otra.

Soberbia. ¡Vaya por Dios! “Apártate que me ensucias, le dijo la sartén al cazo”.

Aprovecho para referirme a un mensaje que me envió hace ya tiempo un supernumerario. Muy cariñoso, terminaba su mensaje diciendo: “Bastante dinero me han sacado ya”. Te contestaré con San Pablo: “¿Qué tienes que no hayas recibido?”. ¿Has caído en la pobreza, tenías ese dinero reservado para algo o se trata de ser el más rico del cementerio? “Allí está vuestro tesoro donde tengáis el corazón” –leemos en el Evangelio.

Saludos.

JUAN.

La palabra ociosa (1)

¡Vayamos! ¡Vayamos al Evangelio! Volvamos al Evangelio los que sean creyentes. Porque dice nuestro Señor que "hasta de la palabra ociosa habremos de dar cuenta".

Cuando lei la historia de San Josemaría y su omisión de testamento no le di importancia. Lo consideré una "falsa apreciación" más de las que se pueden encontrar en estas páginas. Pero después veo que sube la marea de los que se hacen eco de un escándalo tan mayúsculo como fingido. Recuerda a los judíos rodeando a la mujer adúltera.

¿A nadie se le ha ocurrido que San Josemaría no tenía porque hacer testamento porque no tenía nada sobre lo que testar? No me digais que a nadie se le había ocurrido porque no os creeré.

Creo que es en la carta que escribió don Álvaro tres días después del fallecimiento de San Josemaría donde hace el inventario de las cosas que el santo tenía en su dormitorio y dentro de su armario. Hay alguien, más despejado que el resto, que se pregunta por los derechos de autor de las obras de San Josemaría. Como habrás tenido alguna vez en la mano alguna de sus obras, te animo a que busques el Copyrigt o titular de los derechos de autor y comprobarás que no es Josemaría Escrivá  Albás, sino SRIPTOR, probablemente una sociedad vinculada al Opus Dei.  Y he observado que otros socios utilizan el mismo copy. Cuando se quiere criticar hay, al menos, que fijarse.

¿Qué podía tener San Josemaría a la hora de su fallecimiento que no lo hubiera dado ya al Opus Dei?

Si pensais en lo que se llamó el testamento de Juan Pablo II, vereis que no es tal testamento sino unas consideraciones del Pontífice sobre la hora de su muerte, que actualizó algunos años con motivos de sus ejercicios espirituales. Por otra parte la titularidad de los escritos de los Pontífices, cuando estos fallecen, está claro que no pertenece a sus hermanos o sobrinos sino a la Librería Editrice Vaticana y, en último extremo, a la Secretaría de Estado de la Santa Sede.

San Josemaría ni siquiera tenía que dejar disposiciones sobre su enterramiento porque ya lo había hecho en vida. Si de algo se le puede acusar -y aquí echo carnaza- es de controlador. No dejó nada al azar o a la buena voluntad e iniciativa de los que le sucedieron.

Su testamento fueron las dos cartas que escribió antes de su muerte, igual que el verdadero testamento de Juan Pablo II a la Iglesia fue su carta "Tertio Milenio Ineunte".

Alguien pregunta por las reliquias. San Josemaría insistió en que no hicieran de su dormitorio un museo, sino que se utilizase. Cuando tuvieron que ponerle toda la dentadura y el dentista le sacó previamente las piezas suyas, don Javier volvió al profesional para solicitar las piezas extraidas. San Josemaría se enteró y un día que no estaba don Javier le dijo a don Álvaro: "Vamos a ver si encontramos dónde ha escondido Javi esa porquería".

En fin, que habremos de dar cuenta hasta de las palabras ociosas. No digamos ni escribamos tontadas si puede ser; al menos conscientemente.

JUAN.

Querido amigo (1)

Esta semana he estado algo despistado. No he leído opuslibros el miércoles de forma que hoy tenía dos para leer. En opus dei info ya no escribe nadie; arriesgándome a ser presuntuoso me temo que yo pueda ser una de las causas. En opuslibros encuentro dos artículos que se refieren a la vida real, otros en los que los autores manifiestan su subjetividad, y, por último, otros teorizan. No tengo nada en contra de los que utilizan estas páginas para sincerarse, para exteriorizar su subjetividad. Yo mismo he dicho que las cosas que escribo aquí no podría hablarlas con nadie, ni siquiera con gente de la Obra. En este sentido la web a mí me hace un bien.
Leo el escrito de una chica que ha asistido a una cena con viejos compañeros de antes de estar en la Obra. Todo resulta nuevo para ella. Haces muy bien en contarlo; eso es lo que te ahorras en psicólogos y en masajistas (¿?). Supongo que no te suena el concepto de “defecto o pasión dominante”. No pertenece a la ascética del Opus Dei y sin embargo las mismas palabras son fáciles de entender. ¿Tu pasión dominante son los hombres? No, claro. ¿Es la bebida? Tampoco. ¿Es trasnochar? No. Luego no tienes por qué preocuparte por haber asistido a una cena con mujeres y hombres, hasta las cinco de la mañana, en la que se consumió bastante alcohol. La atención hay que centrarla en el defecto o pasión dominante, en fomentar las virtudes contrarias, y no ser perfeccionista en lo demás. Sentirse libre. Por lo que cuentas parece que la reunión fue buena para ti, ya que de no serlo te avergonzarías y no la pondrías por escrito.
Pienso que con el material que hay en la actualidad en opuslibros se podría escribir un libro sobre un determinado tipo de subjetividad religiosa; voluntarista la llama Rosal y supongo que no se equivoca. Nadie, sin embargo, es capaz de responder a la pregunta principal: ¿Cómo es posible que haya gente que persevere y se santifique en el Opus Dei? Mientras haya un solo caso de perseverancia leal, de santidad de la buena, de sencillez, las descalificaciones globales no serán más que teorías. Aquello de los zombis andantes y empastillados ya no cuela. He vivido en centros de la Obra y no he conocido ni un solo caso de esos; y he conocido gente que tomaba pastillas y otros que no han perseverado y gente enferma, etc.…, pero aun en esas circunstancias se sigue siendo humano. ¿Qué se sufre? Ya sé que se sufre. ¿Y quién no sufre? Que se lo pregunten a los matrimonios que se divorcian (tres sobre cuatro) o a las mujeres que abortan. Nos falta madurez y nos sobran ensueños.
Pero vamos al grano. Lo más interesante de hoy, viernes, es el fax de la representación legal de don Fernando Ocáriz. Supongo que el detonante ha sido la historieta esa del Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe incluido en el Index de libros desaconsejados para los socios de la Obra. No es muy leal por parte de quien lo puso por escrito, pero no vamos a preocuparnos ahora por esas minucias. Es un chiste, es gracioso y encima es verdad, ¡pues riámonos!
Quizá lo más llamativo de estos escritos en su conjunto, y sobre todo cuando se hace referencia a la JMJ, sea comprobar cómo en un momento importante, delicado, para la sociedad civil y para la Iglesia, puede haber gente mirándose el ombligo con microscopio. Pero es así y no se puede hacer nada al respecto. Unos porque tienen que reconstruir su personalidad dañada; otros porque creen que así hacen un bien a la sociedad y a la Iglesia (“putantes obsequium praestare Deo”); otros, por último, porque han hecho de ello una profesión. Yo tengo claro que si no hubiera pasado por el Opus Dei hoy no tendría fe, y para mí no hay nada más importante que eso. ¿Y para ti?
Imagino que es falso que don Antonio Ruiz-Retegui escribiera que el Opus Dei “es una estructura de pecado”. He leído lo que se ha publicado de don Antonio en opuslibros y no existe esa cita. Que lo dijera de palabra no es imposible, él tenía un humor muy cáustico.
Esta semana ha empezado uno de mis hijos la Universidad en una residencia de la Obra. De momento está contento, pero es pronto para decir nada. Ayer, jueves, les dejaron salir hasta las dos de la mañana. Vivir para ver. En mis tiempos sólo permitían los sábados hasta las doce o la una.
Por la mañana me ha llamado un amigo mío numerario. Me ha preguntado qué tal estoy de dinero. “A menos cero” –le he dicho. Quiere arreglar la calefacción del Centro antes de jubilarse. ¡Qué deje en paz la calefacción y el que venga detrás que arree! Estos”mercaderes del templo” siempre arreglando la calefacción. ¡Que se ponga un jersey, hombre! Me ha contado que con motivo del curso anual ha estado en la ciudad en la que residió hace muchos años. Se ha reunido con chicos que habían sido de san rafael hace más de treinta años y ahora son hombres de cincuenta. “No me viene bien tanto estrés” –me ha dicho. ¡Querido amigo!

JUAN

La afectividad (1)

He leído el libro “La afectividad”, de Miguel-Ángel Martí, que alguien citaba en estas páginas. Desde luego es un libro magnífico que, pienso, debería leer todo aquel que se encuentre en crisis. El autor afirma, con razón, que no tiene sentido conocer el funcionamiento del cuerpo humano hasta en sus más mínimos detalles y desconocer el funcionamiento de su espíritu. Un poco de psicología –afirma- ayudaría a veces a evitar grandes errores. El mundo de los afectos, para Martí, es un mundo amplio que comienza por el amor a uno mismo: la autoestima; continúa con el agradecimiento por los dones recibidos, especialmente el de la vida y todos aquellos que se derivan de él: profesión, salud, trabajo, familia…; con la valoración de la belleza que existe en el mundo, en la naturaleza y en la literatura (se refiere en concreto a la poesía), y señala a los hombres y mujeres como único objeto digno de amor; cualquier otro amor, por ejemplo al dinero, es indigno del corazón humano y lo envilece. Una novedad en el tratamiento que da el autor a esta cuestión está en vincular la afectividad con la autoestima: “Para querer a los demás es necesario antes quererse a sí mismo” (pág.21). Nos previene contra la actitud de centrar la existencia en el cumplimiento del deber o de unas normas concretas sin dejar espacio para los afectos, y considera el perfeccionismo como una forma de neurosis. Para el autor una persona sin afectos es alguien espiritualmente muerto. No obstante también hay un pasaje que no agradaría tanto a quien en su momento citaba este libro. Ese pasaje se refiere al rencor. “Instalarse en el rencor –escribe Martí- es una de las mayores equivocaciones que el ser humano puede cometer (…) Motivos para el rencor los puede haber y de hecho los hay, pero no tiene justificación alimentarlos ya que existe la gran alternativa del perdón y de un sano olvido que tanto bien reporta a nuestra psique tan necesitada de reposo y de paz” (págs.53-54). El autor se siente en la obligación de hacer una apología del tratamiento farmacológico para aquellas personas que se debaten con la depresión. La respuesta a ello es fácil; la medicación antidepresiva no debe llevar más allá de cincuenta años en el mercado; antes de esa fecha ¿cómo se las arreglaba la gente para salir adelante? La vida no es más fácil ni más difícil que un siglo atrás; las personas no están hoy ni más ni menos capacitadas para alcanzar sus objetivos en la vida ¿qué ha pasado para que ahora la depresión y los antidepresivos sean el pan nuestro de cada día?

JUAN

Cabeza y corazón (1)

Queridos amigos:

En el único documento publicado por don Antonio Pérez-Tenessa, que fue Consiliario del Opus Dei en España, abandonó la Obra y falleció en 2006, podemos leer: “Me basta con aclarar que yo fui pescado por la cabeza, como dicen ellos, más no por el corazón. Nunca me encontré a gusto en el Opus Dei”. La historia de Tenessa (Dios le bendiga y le guarde) nos recuerda a un personaje de Graham Greene en “El poder y la gloria”. Intenta dar una explicación al hecho de no encontrarse a gusto en el Opus Dei y concluye que había sido pescado por la cabeza y no por el corazón.

Ya he escrito en otra ocasión que cuando dejé la Obra mi padre me preguntó por qué lo había hecho y le contesté: “No lo sé”. Cuando a los veinte años te has hecho de la Obra y has puesto todo tu empeño en sacar adelante tu vocación, cumples las normas, eres sincero, etc… ¿cuál es la causa para que cada vez te sientas más alejado de tu propósito inicial hasta hacerse éste insufrible? Para mí la pregunta de por qué dejé el Opus Dei es más difícil de contestar que la correspondiente sobre por qué me hice de la Obra. Durante muchos años he ido buscando una respuesta: Falta de espíritu sobrenatural, de madurez, de perspectivas profesionales, ideas preconcebidas sobre la santidad que aún hoy conservo,… posiblemente sea un conjunto de todo ello. Decir que no tenía vocación es no decir nada; pensar que no servía para ello supongo que es acercarse más a la realidad.

Mientras estaba en la Obra me veía a mí mismo como aquella semilla del Evangelio sembrada en terreno pedregoso que no puede crecer; pero claro, no vas a ir a la charla a decir: “Mira, yo es que soy como la semilla sembrada en terreno pedregoso”. Demasiado les di que hacer. Sufres desde el primer momento, lo pasas mal y te preguntas en dónde estará ese “ciento por uno” que en teoría te corresponde. Los libros de espiritualidad dicen que en los comienzos, la vida espiritual es llana y sin sobresaltos. No fue mi caso.

Y ahora vuelvo a la frase de don Antonio Pérez-Tenessa: “Me pescaron por la cabeza, pero no por el corazón”. Sin amor no se puede vivir. Es cierto que San Josemaría escribe en Camino que a los hombres se les pesca por la cabeza, como a los peces, pero tampoco podemos prescindir de los afectos. Hay una frase en la Instrucción de San Rafael en la que dice que hay que formar en las chicas y chicos “una cabeza y un corazón católicos”. Es una bonita síntesis: tener cabeza y corazón católicos. El corazón tiene infinitos caminos para amar y hay que ayudarle a encontrar a Cristo en ellos. Por el contrario la cabeza tiene casi el mismo número de opciones para engañarse y engañarnos.

Nuestro Señor Jesucristo tenía corazón; se conmovía, amaba a los niños y a sus amigos, tenía paciencia con los errores de los Apóstoles pero a veces se enfadaba, sabía llorar y perdonar. Sin embargo Satanás ya desde el Antiguo Testamento se nos presenta como un retórico: A Eva le pregunta: “¿Por qué Dios no os deja comer de los frutos del jardín?”; y a Nuestro Señor Jesucristo le desafía: “Si eres hijo de Dios di que estas piedras se conviertan en pan”.

Corazón, amar, es necesario. Únicamente tener cuidado de no confundir el amor con el sentimentalismo, que es otro peligro similar y casi peor que el intelectualismo.

JUAN

Santidad (4)

Leo los últimos escritos de la web y no encuentro en ellos ninguna referencia a la visita de S.S. Benedicto XVI a España, sino las acostumbradas críticas y regocijadas malas noticias sobre la Obra: que si se ha cerrado un centro, si de otro se han marchado, etc. Me gustaría, si alguien tiene interés, ayudarle y ayudarme a mí mismo a comprender el momento actual de la Obra, tal como lo veo en vuestros escritos y en otras fuentes.

1.En primer lugar recordar lo que leemos en el Evangelio, después del discurso eucarístico de Cafarnaum, cuando el Señor dice: “Mi Carne es verdadera comida y mi Sangre es verdadera bebida; si no coméis la Carne del Hijo del Hombre y no bebéis su Sangre no tendréis vida en vosotros”. Cuenta el evangelista que hubo quien dijo: “Duro es este discurso ¿quién podrá escucharlo?”, y añade que eran muchos los que ya no le seguían. Nuestro Señor Jesucristo experimentó la contradicción de verse casi solo y abandonado por aquellos a los que había venido a buscar y al final de su vida llora por ello.

También San Pablo, prisionero en Roma, escribe a Timoteo: “Ya sabes cómo me han vuelto la espalda todos los de Asia, entre ellos Figelo y Hermógenes”, “Demas me ha abandonado por amor a este siglo y se marchó a Tesalónica”, “Alejandro, el herrero, me ha hecho mucho mal. El Señor le dará la paga según sus obras. Tú guárdate de él, porque ha mostrado gran resistencia a nuestras palabras”.

San Josemaría pasó muchas veces por ese mismo trance y se lo tragó él solo para que los demás no sufrieran. Ahora, que el Opus Dei ha llegado a un punto de madurez, es lógico que haya que compartir también ese sufrimiento. Abandonar el camino emprendido cuando aparecen las dificultades es humano, pero poco sobrenatural: “El que pone la mano en el arado y vuelve la vista atrás…”

2. Me alegro de recordar que nuestro Padre y otros en su nombre nos dijeron que habíamos venido al Opus Dei a ser santos, santos de altar, canonizables. ¿Alguno se ha visto privado de los medios para ser santo? No ¿verdad? Luego si hemos abandonado el Opus Dei ha sido por falta de espíritu sobrenatural. Se puede ser muy generoso, muy entregado y carecer de ese espíritu que ordinariamente va unido a la sencillez, a la humildad. Ahora bien, tratar encima de elaborar teorías para justificar nuestros actos, eso ya es penoso.

3. Es posible que Dios nos esté purificando por nuestros pecados, por nuestra falta de amor y nuestra poltronería; si es así ¡bendito sea! Dice el Apocalipsis: “El que es santo santifíquese más, y el justo practique aún la justicia (…). Fuera los perros y todos los que aman y practican la mentira”. De la misma forma en las Cartas del Espíritu a las siete iglesias de Asia al comienzo del mismo libro, vemos como se mezclan en ellas la santidad con la infidelidad y la desobediencia. Es lo normal. Nada de lo que extrañarse.

4. Un santo vale más que mil infieles. Podemos recordar a San Francisco Javier misionando solo en Japón. El hecho de que haya santos en el Opus Dei garantiza la benevolencia de Dios. Y ¿cómo sabemos que son santos? Por la fidelidad. Es como la pescadilla que se muerde la cola: son santos porque son fieles y fieles porque son santos.

5. San Josemaría y sus sucesores han tenido que velar por la solución jurídica definitiva para el Opus Dei, guiar la expansión de la Obra por todo el mundo y servir a la Iglesia. Vendrá un Padre que nos recuerde que si no somos santos y humildes estamos tocando el violón por muy bien que discurran todas las demás cosas.

En su reunión con seminaristas en Madrid S.S. Benedicto XVI ha sido muy claro al pedirles que si alguno no está seguro de quererse ordenar como sacerdote y sobre los motivos que le llevan a ello que no dé el paso adelante, que no se ordene. Esto es válido para todos. En el Opus Dei hay muchos caminos para formarse en la vida cristiana, para santificarse, dar buen ejemplo, acercar a las almas, pero si alguien no está seguro de tener vocación es mejor que no pida la admisión, porque se hace daño a sí mismo y se lo hace a los demás.

6. Por último y siempre: servir a la Iglesia. No comprendo cómo, en un momento en que la Iglesia vive entusiasmada la Jornada Mundial de la Juventud, puede haber gente quejándose todavía porque le han pisado los callos. No es el momento para ello. Es el momento para estar, para acompañar. Siempre he pensado que el Opus Dei ha sido para muchos otros ese hermano mayor que abre el camino para que los demás puedan avanzar con tranquilidad según su propio espíritu.

En último orden de cosas, leo que alguien afirma que es difícil acostumbrarse a la vida en Cavabianca. No sé por qué. A mí lo único que me costó fue volver a estudiar y ahora guardo mis apuntes de Teología como oro en paño. No éramos numerarios de bandera. Éramos gente normal en la que se operaba el milagro de que si Don Álvaro preguntaba (no fue mi caso): “Hijo mío ¿estás dispuesto a ordenarte?”, eran capaces de decir que sí, vinculando de esta manera y para siempre su vida a la vida de Cristo y renunciando a otras ilusiones que pudieran tener.

Con afecto

JUAN

JMJ (1)

Queridos todos:

Hace algunos días escribía sobre la humildad colectiva, pero ayer hubo algo que me hizo de nuevo pensar en ella.

Asistí a la Jornada Mundial de la Juventud de 1989, en Santiago de Compostela, y supongo que muchos de los que me leen (¿?) también lo hicieron. Yo me encontraba en el Monte del Gozo junto a un grupo de peregrinos portugueses, supongo que de alguna parroquia porque les acompañaba un sacerdote. Delante de nosotros se encontraba un grupito de chicas holandesas, casi niñas, que bailaban con la música ambiente.

Empezó el acto y el que hacía la presentación comenzó a desgranar la relación de los grupos allí presentes. Cuando citó a las Juventudes Marianas Vicencianas (nombre suficientemente original como para que lo recuerde) medio monte aulló y jaleó; luego citó al Camino Neocatecumenal y lo hizo el otro medio. Finalmente escuchamos por los altavoces: “Cooperadores del Opus Dei”. En medio de un gran silencio, las ocho o diez chicas holandesas que teníamos delante gritaron: ¡¡Bien!! Y nadie más. Yo, que sabía que allí había muchísima gente del Opus Dei, pensé: “Éste es nuestro espíritu, estar y no hacerse notar”.

Ayer, día 25 de agosto, en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, cuando se citaron los “movimientos y organizaciones” presentes en el acto ni siquiera se mencionó al Opus Dei. Sentí un vacío. No estamos, no contamos, no existimos. ¿Puede ser esto humildad colectiva? Puede ser. ¿Puede obedecer a que una Prelatura no es un movimiento ni organización? Podría obedecer a ello.

Su Santidad les dijo a los peregrinos de lengua francesa (aparentemente los únicos intelectuales de la concentración): “No tengáis miedo a haceros preguntas y a buscar respuestas”. Pues hecha la pregunta y buscada la respuesta. Es como si uno asistiera a una reunión de hermanos y se negara a ser presentado ni a saludar a los demás: “Yo soy tan humilde que haceros a la idea de que no estoy aquí”. San Alejo viviendo debajo de la escalera de su propia casa: ¡Hágase la voluntad de Dios!

Cuando Su Santidad Pablo VI recibió a Don Álvaro, después de ser elegido Presidente General del Opus Dei, le aconsejó: “Usted pregúntese qué es lo que haría su fundador en un caso determinado y haga lo mismo”. ¿Qué haría San Josemaría en este caso? No lo sé. Los tiempos cambian, todo cambia. Por otra parte las grandes personalidades también tienen algo de contradictorio; cuentan que Gandhi, el apóstol de la paz, disfrutaba cuando asistía a una parada militar.

Cuando SS Pablo VI asistió a la inauguración del Centro ELLIS, en el barrio Tiburtino de Roma, San Josemaría echó la casa por la ventana para obsequiarle: “Tutto cui é opus Dei”-le dijo el Pontífice. Cuando el Beato Juan Pablo II hizo su primera visita a México la consigna era que los socios que saludaran al Papa le dijeran: “Santidad, soy del Opus Dei, le queremos y rezamos por usted”. Ahora no existimos: ¡Hágase la voluntad de Dios!

JUAN

La humildad colectiva (1)

Ayer asistí a Misa en una capilla dedicada a San Roque. Es pequeña y bonita en un estilo barroco gallego. Al entrar la mirada se dirige hacia el retablo presidido por una imagen del Santo. A ambos lados dos imágenes, una de la Inmaculada y otra de San Ignacio de Loyola. Aparece en ella el santo español como un hombre serio pero sereno, vestido de negro, sostiene un libro en las manos. Pensaba en la figura de este gran promotor de vocaciones sacerdotales y lo necesaria que es hoy su ayuda en este sentido. Reflexionaba también sobre que si bien la Compañía de Jesús mostró incomprensión en los tiempos de la fundación del Opus Dei, ya ha pasado mucho tiempo de ello y, dicho sea de paso, lo han pagado muy caro. Por otra parte ¿quién no tuvo dificultad en aquella época para situar jurídicamente al Opus Dei? Olvidémonos, por tanto, de los jesuitas de ayer y de anteayer y encomendemos a San Ignacio y a sus compañeros este importante asunto.

Si lo pensamos bien las figuras de San Ignacio y San Josemaría guardan un gran paralelismo. Ambos nacieron en el norte de España y tuvieron, por las circunstancias, un carácter más bien severo. Vivieron tiempos difíciles, enviaron a su gente a importantes Concilios y residieron en la Ciudad Eterna mientras las obras que habían fundado se extendían por el mundo. Los dos escribieron libros de espiritualidad y fueron minuciosos al reglamentar las instituciones que habían fundado. Dieron importancia al estudio, la cultura y la Teología. Ambos sufrieron incomprensiones dentro de la Iglesia, pero obtuvieron el favor de las élites que, intuitivamente, vieron en ellos a dos sacerdotes buenos y santos, aunque es de suponer que con sus defectos. Por último ambos fueron prontamente canonizados.

San Josemaría con motivo de las incomprensiones que sufrió por parte de los religiosos que acabo de mencionar (ver Vázquez de Prada) habló de la humildad colectiva. No podía ser que una institución en la que sus miembros tenían que vivir individualmente la humildad actuase colectivamente con prepotencia. Es cierto que a nosotros nos pusieron en lo alto de la picota a bofetadas, pero olvidémoslo. Yo creo que una experiencia común a todos los que dejamos el Opus Dei fue darnos cuenta de algo que habíamos olvidado: que fuera había mucho y muy bueno. Entre otras cosas esos sacerdotes que van de chaqueta y a veces ni eso. ¿A cuántos curas de los que no llevan sotana he querido yo como padres y hermanos? A muchísimos.</span

En ocasiones los socios de base del Opus Dei hemos actuado como hooligans, hinchas deportivos para los que lo suyo es todo bueno y lo de los demás una caquita. Veamos un ejemplo:

Mi consuegro es un hombre de pueblo que trabajó en Telefónica. Tuvo hijos y les dio carrera. En tiempos anduvo metido en actividades sindicales en un sindicato de izquierdas. Cuando Telefónica le jubiló con cincuenta y dos años sufrió una depresión: ¿A qué se iba a dedicar ahora? Entonces pensó en la doctrina católica que nunca había abandonado, pero en la que tampoco había profundizado. Se apuntó en un curso de Teología para laicos y en seis años obtuvo una Diplomatura. Él y ella pertenecen a un grupo parroquial de matrimonios. Pues bien, mi consuegro tiene un primo carnal que es numerario; hablando de él me decía: “Como los del Opus Dei se exigen tanto a sí mismos, piensan que lo que hacemos los demás no vale nada”.

Basta salir a la calle para darse cuenta de que el Opus Dei no es más que una gota en el mar de la Iglesia, pero que a Ésta la sacamos adelante entre todos, unos mejor y otros peor, pero entre todos. Dice San Pablo: “¿Quién eres tú para juzgar al criado ajeno? Para su amo se mantiene en pie o para su amo cae”. Por otra parte juzgar es lo contrario de amar. Juzgamos, luego no amamos. Juzgamos, luego seremos juzgados. A la Justicia la dibujan con los ojos vendados; ello quiere decir que no ve, que no conoce; que no le importan las personas a las que tiene enfrente sino la Ley pura y desnuda. Eso no puede ser y puede haber un problema de falta de humildad colectiva. Queremos servir a la Iglesia pero de espaldas a los otros católicos, no vivimos con ellos, no los conocemos, en ocasiones les criticamos. Vayan otros ejemplos:

En una ocasión una prima mía que pertenece a la organización religiosa Regnum Dei se me quejaba de que una chica de la Obra estaba empeñada en que asistiese a los medios de formación. “¿Pero no comprende –me decía- que Regnum Dei es otro camino autorizado por la Iglesia?” ¿No habíamos quedado –añado yo- en que “cada caminante siga su camino”? Cuando yo hacía el servicio militar hablaba un día con un chico de Bilbao. Él me explicaba lo que era para él el cristianismo. Yo, torpemente, desmontaba sus argumentos y él se excitaba: “Así puedes hacer mucho daño a la gente”. ¿Para qué lo diría? Porque desde ese momento le machaqué más con la ortodoxia.

Esta actitud excluyente puede fomentar la sensación de aislamiento que algunos hemos sentido; un aislamiento que no es sólo físico sin también emocional: cuando las amistades dependen de que el que me escucha piense lo mismo que yo en determinadas cuestiones y se pliegue a lo que yo deseo.

Y relaciono esto con ese chico que estaba estudiando Arte y no podía leer el 80% de la bibliografía recomendada. O le autorizas a que estudie la carrera o se lo desaconsejas, pero no se lo autorices para ponerle después en ridículo delante de los profesores y compañeros. Eso no es justo. Pienso también en esas personas que se han hecho del Opus Dei “con la condición expresa de no ser religiosos” y que ahora se relacionan menos que si fueran religiosos de clausura. No puede ser. Vamos a relacionarnos, vamos a querer a los demás. Es hasta psicológicamente necesario.
No hemos llegado a un mundo en el que no hubiese nada hecho previamente; hay mucho y muy bueno. ¡Conozcámoslo! ¡Amémoslo!

Os abraza.

JUAN

Apostolado (1)

Queridos todos:

Estoy leyendo el libro de Giovani Papini “Cartas del Papa Celestino VI a los hombres”. En él Papini, hablando por boca de un Pontífice imaginario, recuerda el deber que tienen los cristianos de llevar la fe a todos los hombres. San Bernardo, en el siglo XII, escribía al Papa recordándole la obligación que tenía de acercar nuevos pueblos a Cristo. Por fin el Beato Juan Pablo II nos habló de la nueva evangelización. San Josemaría sintió desde joven esa urgencia: “Ignen veni mittere in terram, et quid volo nisi ut accendatur?”.

Creo que hasta aquí estaremos todos más o menos de acuerdo, pero ¿cuáles son los medios para llevar los hombres a Cristo? Existen tres caminos:

El primero fomentar la fe de los propios cristianos. Vivimos en tiempos de indiferencia religiosa, una época en la que la fe de los cristianos es débil e incluso se va apagando en las nuevas generaciones. La primera medida a adoptar, por tanto, es confirmar la fe de los cristianos. Pide el Profeta “afirmar las rodillas que vacilan, sujetar al que ya se dobla” y Nuestro Señor Jesucristo cumpliendo la voluntad del Padre responde: “Los pobres son evangelizados”. Ciertamente San Josemaría puso los medios para confirmarnos en la fe. Si lo consiguió o no, cada uno lo sabe. No se trata de una fe meramente intelectual, teológica, que también, sino sobre todo una fe vivida. “Fe de niños y doctrina de teólogos” –decía.

El segundo modo de extender la fe en el mundo es invitar a las almas a la conversión, acercar a Cristo a los que no le conocen. A esto se le llama apostolado porque es la misión que encomendó Cristo a sus Apóstoles: “Id por todo el mundo y predicad a todas las gentes enseñándoles a observar lo que Yo os he mandado”. A este apostolado hemos sido invitados machaconamente en el Opus Dei: buscar almas, tener una lista de quince amigos, etc. Hemos visto como algunos tenían arte, gancho, para acercar a otros, no digo ya a Dios, pero por lo menos a los apostolados de la Obra. ¿Cuál es el inconveniente? Que nadie da lo que no tiene. Sin una vida de humildad y de santidad corremos el peligro de ser guías ciegos que guían a otros ciegos; de ser como aquel fariseo hipócrita capaz de recorrer cielo y tierra para hacer un discípulo, y una vez conseguido transformarlo en diez veces peor que él.

El tercer camino es incidir en la cultura. Decía Su Santidad Juan Pablo II que “una fe que no se encarna en la cultura es una fe muerta”. Parece como si trabajar en ese sentido fuera más fácil. La cultura es un concepto muy amplio pero si nos atenemos a su vertiente intelectual, ya en la Iglesia primitiva aparecieron maestros, doctores y filósofos cristianos. No sabemos si San Agustín atrajo muchas almas personalmente, pero se dice que su libro “Confesiones” ha dado lugar, a lo largo de la historia, a más conversiones que letras tiene. En este sentido el Opus Dei se ha volcado desde su inicio en la cultura, la letra impresa, el trabajo universitario, la labor editorial.

La cultura contemporánea nos ahoga desde todos los puntos de vista. Es como aquellas aguas sobre las que intentó caminar San Pedro que amenazaban con engullirle; como el viento y las olas que estuvieron a punto de inundar su barca. Creo que algo se ha hecho desde el Opus Dei en este sentido: se ha creado una infraestructura educativa en países de todo el mundo, se han publicado cientos de libros, se ha luchado con medios ínfimos y con frecuencia sin éxito para impulsar revistas con una matiz cristiano; incluso se ha producido una película para contrarrestar la tontería aquella del “Código Da Vinci”, que más que contra el Opus Dei va contra la fe y la Iglesia católica. ¿Cuál es el inconveniente de esta lucha por la cultura? Que las almas son de Dios, no nuestras. Por lo tanto si Él no las mueve es imposible tener éxito. “Si el Señor no construye la casa en vano trabajan los albañiles, si el Señor no guarda la ciudad en vano se esfuerzan los centinelas”.

El segundo inconveniente del apostolado de la cultura está en que se termina molestando a otros. Aquel siervo que envolvió en un pañuelo el talento que había recibido de su señor y lo enterró en el suelo es seguro que no molestó a nadie, no tuvo que discutir con los prestamistas ni temió las crisis económicas, pero al final mereció el calificativo de “siervo malo y holgazán”. Si los Apóstoles no se hubieran empeñado en ir por todo el mundo predicando el Evangelio no se hubieran desatado las persecuciones; si San Pablo no hubiera insistido en predicar no hubiera sido apaleado hasta dejarlo por muerto, se hubiera librado de la cárcel, del naufragio y finalmente de que le cortaran la cabeza.

Recuerdo una viñeta cómica en la España de hace cincuenta años, cuando empezó a extenderse el uso del automóvil. En ella se veía al feliz poseedor de uno de esos cacharros con el codo deportivamente apoyado en la ventanilla abierta y a su lado dos mendigos mal vestidos. Uno de los indigentes le dice al otro: “Lo malo de tener coche es que se te ven mucho los remiendos de los codos”. Lo malo de dar un paso al frente y hablar impulsado por la fe -poca o mucha, en Dios o en uno mismo- es que enseguida se te notan “los remiendos de los codos”. Si hubiéramos estado calladitos, en segunda fila, nadie hubiera advertido esos remiendos. Moisés, enviado por Dios a Faraón, alega que es tartamudo; Isaías que es un hombre de labios impuros; a San Pablo le reprochan que sea bajito y de escasa apariencia, y San Josemaría se calificará a sí mismo de “burro sarnoso”. Recibir un encargo de Dios no es ninguna “bicoca”.

Cuando leo las críticas que se hacen en estas páginas a los miembros del Opus Dei, subjetivas pero absolutamente justificadas como testimonios personales que son, veo en ellas los “codos remendados”, los labios impuros, el hablar por no callar, el error cometido en todas sus formas. Qué hubiera sido mejor entonces: ¿Ignorar la llamada del Señor? Todos nos hubiéramos evitado un montón de problemas. Dice San Pablo que Dios trata a los Apóstoles “como a los condenados a muerte”. “Hemos venido a ser –afirma- un espectáculo para los ángeles y los hombres”. ¿A quién le gusta ser un espectáculo para los demás? A nadie. Así pues la alternativa a esos errores que denunciáis tan justamente hubiera sido enterrar el talento en el suelo y esperar. Cuando viniera el Señor a pedir cuentas ya se nos hubiera ocurrido alguna excusa: “Sé señor que eres un hombre de recia condición…”.

No quiero dejar de mencionar al último autor de moda, a NVLP. Está de moda porque fue, nada menos, que Defensor en una región de nuevo cuño. Si San Pablo se cayó del caballo, NVLP cayó en la cuenta de su situación en un avión. “Me han hecho daño -afirma-, mucho daño”. No creo que fuera al único al que se lo hicieran. Mira, a bote pronto, si tú eras director es más fácil que tú hicieras daño a los demás que éstos te lo hicieran a ti. Lo único que queda claro es que querías ir a Cavabianca y te enviaron a Villa Tévere; eso nos pudo pasar a cualquiera. Todos somos iguales, ninguno es especialmente protagonista, ni por sus aciertos ni por sus errores. Te enviaron a un país lejano cuando tu vocación era la docencia. Mira, cambiar de región es voluntario, luego si fuiste es porque dijiste que sí; aun así comprendo que hay gente que puede ser muy persuasiva: abusivamente persuasiva.

Me viene a la cabeza el episodio de Jonás, profeta, que antes de cumplir la misión que Dios le había confiado decidió tomarse unas vacaciones en Cádiz. Ni de un caballo ni de un avión, él tuvo que bajarse en marcha de un barco, y angustia pasó la suya, como la hemos pasado todos en esas circunstancias. Al final, cuando Nínive se convierte, Jonás le dice a Dios: “Por eso no quería venir, porque sabía que les ibas a perdonar y el que iba a quedar mal iba a ser yo”. ¡Hay que tener cara! El tipo quería que, ya que había anunciado a los ninivitas que Dios iba a destruir la ciudad en el plazo de cuarenta días, ahora el Señor tenía que destruir Nínive sí o sí. Pero Dios tiene paciencia y aún parece que se divierte dialogando con Jonás, quizá tratando de compensarle por el mal trago que le ha hecho pasar.

Leemos en la Escritura que la Sabiduría que Dios juega con los hombres: “Ludens in conspectu Domini, ludens in omni tempore, ludens cum filiis hominibus”. Tómatelo por las buenas y piensa que Dios sigue jugando con nosotros “in omni tempore”. Pero para eso hay que ser como niños: “ludens cum filiis hominibus”. Quizá como ese niño feo, del que nos habla Miguel Hernández, que no quería que su madre le vistiera de marinero porque así se notaba más lo feo que era. “¡Déjeme desnudo!” –le pide a la madre. Pues si es necesario así, como un niño desnudo sin nada para cubrir su fealdad; como el propio Jonás pero de buen humor.

Te abraza

JUAN

Querer (1)

Leo por ahí que alguno se pregunta cómo es posible que alguien que ha dejado el Opus Dei pueda defenderlo. Voy a personalizar la pregunta como si me fuera hecha a mí, aunque no me consta que sea así.

En primer lugar habría que decir que estudias una muestra muy reducida. Debe haber miles de personas en la misma situación en todo el mundo. Igual que los hay que dejaron los seminarios y siguen amando el sacerdocio (conozco casos), o que se han divorciado y guardan un rescoldo de cariño y admiración por su ex-pareja, aunque sepan que no pueden convivir. En una palabra: me parece lo normal. Lo que no me parece lo normal es lo contrario; aquellas personas que cuando se divorcian comienzan a echar pestes de su ex-pareja. Quizá esperabas de ese lugar o de esa persona algo que no podían darte.

En segundo lugar no defiendo al Opus Dei. Para mi vergüenza lo digo: lo que pasa es que me gusta polemizar. Una vez en la Obra alguien dijo que yo tenía “espíritu de contradicción”. Pues eso. ¿Con quién más puedo hablar del Opus Dei sino con un grupo de personas que han pertenecido a “la Cosa” y que tienen una web para hablar de ella? Es como el que ha conocido un mundo distinto y no tiene con quién hablar de él. Alguno de vosotros me remitió a una página que lleva un tal Antonio, ex-numerario. Ahí sólo se escriben tontadas. Chicos de los colegios a los que han suspendido las Matemáticas y se vengan despotricando contra el Opus Dei. Nada de interés. ¿Podría hablar por mi parte de “honradez intelectual”? No lo sé. Nuestra mente deja demasiados resquicios para la vanidad y otros engaños.

La tercera razón –y aquí no me engaño- es el amor: querer. Tengo mujer e hijos sin embargo pienso que el Opus Dei es lo más importante que me ha ocurrido en mi vida. Esto no es muy lógico, lo reconozco. ¿Por qué quiero al Opus Dei? Porque es una manifestación de la misma fe que yo profeso puesta en marcha. No la única, evidentemente, pero sí la que yo he conocido. Porque he visto a sus miembros con buena intención, rectitud y generosidad. Cada vez que veo en una revista a alguien a quien yo consideraba un “desgarramantas” y que ahora es un señor cura dirigiendo esto o lo otro me siento orgulloso. ¿Qué quizá fui muy crítico y superficial en mi día? Sin duda. ¿Qué ahora soy demasiado débil emocionalmente? Pues es así. Es como el que tiene un hijo del cual piensa que no es muy inteligente y termina siendo Ingeniero de Caminos.

De lo dicho anteriormente se desprende que no se me ocurre juzgar al Opus Dei en su conjunto, sino a las personas individualmente. Es absurdo atribuir al Opus Dei lo que es achacable a determinadas personas.

¿Qué me he llevado mal con algunos directores? Para qué contar. ¿Qué he admirado a otros? Nadie lo dude. ¿Qué no rehúyo mis responsabilidades en el resultado final? Me parece evidente. Yo no tuve una mamá que me dijera: “Tú eres el más guapo y el más listo y los demás niños son unos tontos”. Yo tuve un padre que me decía: “¿Por qué coño eres el último de la clase?” No es agradable, pero te dota de una buena dosis de realismo y te responsabiliza personalmente. Ahora parece ser que las madres van y le dan dos leches al profesor cuando eso ocurre.

No quiero dejar de recordar a algunos de los directores con los que me llevé mal. Una tarde estaba yo desquiciado, lo cual es en mí una situación normal, y fui a ver al Director del Centro de Estudios. Le dije: “Quiero hablar contigo”. Él, que debía tener una información exhaustiva sobre mí, se rió y me contestó: “No es para tanto”. Me dio rabia. Es como si se burlase de mí. Nunca llegamos a hablar y después se lo llevaron a una Delegación. Ese tipo de sujetos autosuficientes (a veces es pura timidez) siempre están en la delegaciones. Luego dejó la Delegación y ¿qué pasó? Pues pasó que se murió. Falleció en un accidente absurdo. No voy a decir que cada vez que le recuerdo rece una piadosa jaculatoria por su alma, pero ahora que lo cuento parece que me siento mejor. Él también tendría una madre que lo quería. Murió sin violencia, suavemente. El que lo acompañaba -¡otro fichaje!- me dijo que sólo tenía las gafas un poco torcidas. Espero y deseo que la Virgen Santísima se lo llevase en paz.

Pues bien, si ese joven un día cometió un error conmigo el error sería achacable exclusivamente a él, no al Opus Dei. Igual que decimos que la Iglesia es santa pero que los cristianos somos pecadores, el Opus Dei es estupendo aunque algunos de sus miembros seamos unos hijos de la gran chingada. Yo también lo sería para alguien, eso es seguro. De hecho había uno que no me soportaba. Me había puesto un mote despectivo y cuando no esta el director delante aprovechaba para llamármelo. Gran tipo, sin duda. Todavía no hace muchos años leí en una revista dominical un artículo escrito por él. Lo fotocopié –era un artículo muy bueno- y se lo entregué a todos en mi oficina. Se preguntarían qué mosca me había picado, pero es como el hijo tonto que hace una redacción para el día de la madre. Ya no le guardo ningún rencor. Eso es querer: esperar que los otros den lo mejor de sí mismos aunque personalmente no valgamos una mierda. Advierto al lector escandalizado que en España ahora se utilizan estos términos con gran frecuencia.

No es fácil ser director, supongo. Recuerdo una vez, en Cavabianca, donde yo barría el jardín. Se me acerca un miembro del Consejo que venía de jugar al tenis y me dice: “¿Estás fuerte, verdad?”. Había fama que como trabajábamos en el exterior estábamos hechos unos mulos. Yo siempre he sido un alfeñique en los brazos y la escoba no es el instrumento más adecuado para hacer musculación. Balbuceé algo y seguí mi camino. “Ni contigo ni sin tí tienen mis males remedio, contigo porque me matas y sin tí porque me muero”. No es fácil acertar.

Pensaba antes en un detalle de cariño colosal que tuvo una vez conmigo otro numerario, una vez que yo estaba enfermo, pero ya basta de historietas.

Con afecto.

JUAN

La dirección espiritual de personas con depresión (1)

He leído el texto correspondiente a la "dirección espiritual de personas con depresión" y me parece muy bueno, lleno de cariño para las personas que padecen esa enfermedad. Por si fuera poco puedo dar fe de que se practica como está ahí escrito. Yo pasé una época de hablar diariamente con el director ¡Pobre hombre! Lo recuerdo y siento vergüenza. Ahora bien el texto no contempla todo lo que hemos vivido y sentido.

La pregunta más evidente y la primera que hay que hacerse es "por qué". ¿Por qué estás deprimido? Todo tiene una razón y una explicación y hay que buscarla. Entre seres racionales no vale no formularse esa pregunta. Hubo un tiempo que el argumento era "el litio"; los médicos te decían que se formaba una especie de barrera en el cerebro que no permitía pasar el litio y que ello producía depresión. ¿Cual era la solución? Proporcionar litio y ya estaba todo solucionado. No sé si todavía alguien mantiene la tesis del litio, pero afortunadamente ya no he oído repetirla. Hoy se admite que la depresión hay que ayudarla con medicamentos, pero que hay que solucionarla de otra forma.

En segundo lugar uno tiene que tener perspectivas de futuro. "No basta -decía San Josemaría- "estar en el Opus Dei y dejar pasar el tiempo"; eso no sirve para nada. Hay que saber conciliar una vida normal, con sus expectativas propias, con la vivencia de una espiritualidad y de un deseo de ser santo. Por si alguien tiene alguna duda no fue mi caso. No hay que tener miedo a preguntar a una persona: "¿Por qué te hiciste del Opus Dei?". Y trabajar desde esa respuesta. Ya sabemos que la vocación "no se manosea", pero no estaría de más comprender por qué uno lleva la vida que lleva. Hay que dar por supuesta la honradez intelectual de las personas.

Luego también está el tema de relacionarse. Se advierte en ese texto que uno no debe encerrarse en sí mismo, pero ¿qué hacer si todo conspira para ello? No hay ninguna diferencia entre estar encerrado en un convento de clausura y tener la puerta abierta pero no tener a dónde ir. Sentirte un bicho raro y no saber con quién hablar. Recuerdo que cuando estaba en el servicio militar había allí otro numerario que hablaba conmigo. Me decía que no podía hacer la oración en el barracón con el follón circundante. Yo le contesté: "Sal por ahí, da un paseo y haces la oración". Y él me dijo: "Salgo por ahí, pero ¿a dónde?". Es evidente que en los cuarteles no hay lugares específicos para pasear. Del mismo modo uno puede tener toda una ciudad a su disposición y no tener motivos para salir de casa. Yo sé que ha habido gente de la Obra, numerarios y agregados, que han sabido vivir su vocación con naturalidad, que han tenido amigos, pero eso no está al alcance de todos y sin amigos no se puede vivir. No se puede vivir. El apostolado no suple a la amistad por muy buena voluntad que uno tenga. Nuestro Padre tenía amigos, personales, suyos. ¿Por qué hay tanta gente que le da al frasco -ahora me refiero a fuera del Opus Dei- si no es para amortiguar el dolor de ese vacío de sentimientos? La soledad no se produce sólo dentro, sino también y muy frecuentemente fuera de la Obra.

Luego hay que sentirse libre -¿lo he dicho ya alguna vez?-. El que siente que son otros los que manejan su vida no se siente responsable de lo que salga de ahí. Es como los niños, que saben que no hacen lo que quieren sino lo que les obligan a hacer; afortunadamente no están en situación de desarrollar grandes planteamientos. ¿Que hay director@s que tiene que tener autoridad? Por supuesto y eso es muy bueno (como aquella que decía "aquí nadie se muere hasta que lo diga yo"). Valoramos y apreciamos la autoridad, pero creo que todos sabemos distinguirla de una vida sin responsabilidad propia: "yo estoy aquí porque quiero estar". La autoridad tiene un fin práctico y comprensible; incluso es una forma de querer; pero lo otro no tiene razón de ser.

Creo que ya me he extendido suficientemente. Ahora voy a lo que me apetece: Onésimo Redondo no fue franquista, ya que fue asesinado en los primeros días del alzamiento. Ni siquiera fue falangista, dado que fundó en Valladolid las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista. Cuando Franco fusionó todas las organizaciones políticas de la zona nacional para formar un partido único, la Falange pasó a llamarse Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET y de las JONS). Lo digo porque eso de las JONS sonaba gracioso y casi nadie sabía qué significaba.

JUAN

Golpear el hierro en frío (1)

Hoy me he despertado temprano y he estado leyendo Opuslibros. Veo bastantes testimonios y menos juicios de valor que de ordinario. Quisiera fijarme en varios casos:

1.Por ejemplo el de Vampi, que da auténtica pena desde el principio hasta el final. El matrimonio es una cosa muy delicada para encima poner palos en las ruedas. Dice Vampi que su marido le dijo: “Si te haces del Opus Dei lo nuestro se acaba”. Ante esta frase deberían haberse encendido las alarmas; no sólo para ella sino también para las personas que le permitieron pedir la admisión. Hoy están las cosas muy difíciles en los matrimonios como para facilitar que cada uno vaya a su aire; algo que Vampi pone de relieve al explicar la repugnancia que le producía mentir a su marido.

No se pueden cegar las fuentes de la vida, de acuerdo; pero también se enseña en Teología Moral que no se puede golpear el hierro en frío porque se rompe, que hay que calentarlo previamente. ¿Dónde está esa responsabilidad de la pareja de la que se hablaba en esta materia? Hoy me han hablado de uno que ha dejado a su esposa con nueve hijos y otro que ha hecho lo mismo con cinco o seis. No sé lo que pensar al respecto. Dios puede sacar bienes de los males.

En una ocasión citaba San Josemaría una especie de refrán o dicho popular que reza así: "La mujer que por la iglesia/ deja el puchero quemar/ tiene la mitad de ángel/ de diablo la otra mitad"; y añadía nuestro Padre: "¡A mí me parece un diablo entero!". Bueno pues qué diremos de la que por el retiro mensual no acompaña a su hija a punto de dar a luz. O qué de la que no está en casa cuando llegan sus hijos por la tarde del colegio porque está asistiendo a determinadas reuniones. No trato de personalizar, que sería demasiado fácil; me refiero a las personas que consciente o inconscientemente favorecen ese tipo de situaciones. No sé si es San Pablo o San Pedro el que dice: "¡Por vuestra causa es blasfemado el nombre de Dios entre los gentiles!"

2. Es impresionante el caso de la agregada que fue sometida a electroshock. Evidentemente la historia está incompleta porque no se entiende. Pienso que en estos casos se debería solicitar una segunda opinión a un médico independiente. No creo que cuando nos incorporamos al Opus Dei estemos consintiendo a priori en ser empastillados o en recibir electroshock. ¿Quién dijo: “Como una madre rica a su hijo único”? Y ¿qué madre consentiría en que su hijo o hija pasase por ese proceso si puede evitarlo?

3. El caso del Colegio Mayor de Valladolid es confuso, pero con un tono general angustioso. Impresiona el caso de ese numerario tomando cerveza y haciendo crucigramas en el bar de enfrente. Para seguir a Jesús hace falta libertad. La falta de libertad interior es una enfermedad y causa de otras enfermedades peores. El mismo Jesús quiere ponerlo de relieve cuando pregunta a los Apóstoles a bocajarro: “¿También vosotros queréis dejarme?”

Pienso en los comienzos de la Obra en los que San Josemaría se limitaba a dar dirección espiritual a los que iban a él, sin hablarles ni siquiera del Opus Dei. ¿Cuántas personas podrían encontrar la paz siguiendo ese camino espiritual sin necesidad de ver recortada su libertad?

4. Por último está el caso de Charlypitt: En el Opus Dei mal, fuera también mal. Ahora se plantea como alternativa dedicarse a la atención de enfermos terminales y volverá a quemarse en esa actividad. Veamos: El Opus Dei no es un fin en sí mismo; es un medio ¿para qué? Para ser santo, efectivamente. ¿Por qué no empiezas por el principio? Rezar las oraciones que te enseñó tu madre, ir a Misa los domingos, trabajar, hacer amigos, echarte novia. Todo ello es camino de santificación y precisamente el camino que te enseñaron en la Obra.

JUAN

No valió la pena (3)

He seguido con interés la serie de novaliolapena hasta los últimos capítulos, en los que se comprueba que todos estamos hechos de la misma pasta. Recomienda Jesucristo a sus discípulos que sean prudentes como serpientes y sencillos como palomas; pero el caso es que somos rebeldes como serpientes y patosos como las palomas caminando por el suelo. Todo al revés.

Emborronaba unas páginas comparando las salidas de novaliolapena y la mía, entre las que encontraba ciertos paralelismos, hasta que algo me ha detenido. Afirma novaliolapena que nunca le dieron respuestas a las cuestiones que planteó ante las más altas instancias, pero ¿es verdad? También yo he pensado en ocasiones que si hubiera tenido un director que me hubiera llevado bien habría perseverado; sin embargo: ¿Es eso cierto?

Nuestro Señor Jesucristo, que es nuestro modelo, siempre respondía a las preguntas que le planteaban los judíos, lo que pasa es que o no respondía lo que ellos esperaban o advierte el Evangelio que “no entendían lo que les quería decir”.

En ocasiones no es que no nos den respuestas, es que no estamos dispuestos a aceptarlas. Durante los diez años que he estado en el Opus Dei por necesidad he hablado con mucha gente: de arriba y de abajo, sacerdotes y laicos, simpáticos y menos simpáticos, santos algunos. Estadísticamente es imposible que ninguno me dijera algo que fuera útil para mi alma, pero si uno tiene ideas preconcebidas nada de lo que le digan sirve para nada.

Hay una palabras curiosas que los Evangelios aplican a los judíos y que dicen así: “Endurecieron sus oídos y cerraron sus ojos, para que viendo no vieran y oyendo no entiendan, no sea que se ablande su corazón y se arrepientan y yo los salve” ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué Dios no quiere salvar a aquellos mismos a los que envió a su Hijo? No. Quiere decir que ellos no tenían las disposiciones necesarias para entenderle y por eso era imposible que aceptaran lo que Jesús venía a decirles, salvando a unos pocos.

Cuando Naaman, general sirio, acude al profeta Eliseo para que le cure de la lepra, Eliseo le envía a su criado para decirle que se bañe siete veces en el río Jordán. Naaman está que bufa. Esperaba algo más espectacular: “Yo creía que el Profeta vendría a mí, me impondría las manos, invocaría a su Dios y yo sería curado. ¿Es que no hay en Siria ríos mejores que el Jordán para bañarse?” Y ya se volvía a su casa. Tienen que ser sus propios criados los que le digan: “¡Padre! Si el profeta te hubiera mandado alguna cosa difícil deberías hacerla. ¿Cuánto más si lo que te ha ordenado es algo tan fácil como bañarte siete veces en un río?” Y dice la Escritura que cuando Naaman salió del agua la séptima vez su carne estaba tan limpia como la de un niño.

No es que no nos den respuestas, lo que ocurre es que nosotros tenemos las nuestras propias y nos negamos a renunciar a ellas.

Sé que nombrar a Judas es una cuestión sensible en esta reunión. Yo nunca me he sentido tal y animo a los demás a que no lo hagan. Pero ¿por qué Judas se decidió a entregar a Jesús a los judíos? Todo empezó seis días antes de la Pascua en la que Jesús había de morir. Estaban cenando en Betania cuando María se acercó y vertió sobre sus pies un frasco de perfume de nardo de gran valor. Judas, muy puesto en su papel de administrador, exclama: ¡¿A qué viene este desperdicio? Se podía haber vendido este perfume por trescientos denarios y dado a los pobres! Observamos como Judas se encuentra totalmente fuera de onda. Jesús les ha advertido que sube a Jerusalén para morir y a Judas sólo se le ocurre pensar en el dinero y en los pobres. “A los pobres siempre los tendréis con vosotros, pero esta mujer se ha adelantado a ungir mi cuerpo para la sepultura” –responde el Maestro. El apóstol, que ya había reducido su vocación a la de administrador, se siente desautorizado y decide entregarle.

No nos faltan respuestas, nos falta identificarnos con las que nos da Jesús para nuestra vida.

JUAN

No valió la pena (1)

Queridos todos:

Hoy me he despertado a las cuatro y media de la mañana. He hecho un rato de oración: pedir por la Iglesia y por la Obra. Como todavía era muy pronto y no tengo libros interesantes para leer he entrado en OD-i. Pocas novedades. He visto una cosa que se llama Category Talk donde alguien ha puesto parte de los textos que he escrito. Una vez entró San Josemaría en una sala de estar y vio sobre la mesa uno de esos volúmenes en los que se cuenta la primera catequesis en América. ¿Os acordáis? Lo abrió, leyó algo, lo volvió a dejar y sobre la mesa y dijo: “Gracias por lo que he dicho y cómo lo he dicho”. Al leer Category Talk Juan no tengo más remedio que pensar lo mismo. No parece escrito por mí. No obstante hay algunos textos un poco confusos al final.

Paso a Opus libros y veo bastantes cosas interesantes. Sobre todo una serie fascinante escrita por “no-valió-la-pena”. Lo primero que uno piensa es lo siguiente: ¿Cómo que no valió la pena? Has ido a China o a Japón; has aprendido el idioma en un par de años; has pertenecido, como Defensor de una región, al Consejo General de la Obra… y ¿no valió la pena? Piensa únicamente cuántas personas en el mundo reúnen esas características: cincuenta, veinte. Perdóname pero si has estado veinte años en el Opus Dei y no ha habido nada que haya valido la pena en ese periodo es que has estado ciego y sordo. Supongo que ahora tendrás tiempo más que suficiente para reposar todo lo que has visto y aprendido.

Este es un problema que tiene la Obra y que, dentro de lo que cabe, no tiene solución. Ponen a tíos “acojonantes” a dirigir las cosas; tíos que con un solo dedo son capaces de hacer lo que los demás no hacemos en toda la vida, para que al final te digan que “no valió la pena”. Entonces ¿qué vale la pena? ¿Ser un Straus-Khan de la vida? ¿Un Rodríguez Zapatero cualquiera? Desde hace mucho, muchísimo tiempo me di cuenta de que algunos de los que se van pertenecen a esa categoría de gente: personas que admiras, que valen mucho y a los que todo el mundo les jalea y ríe las gracias, y a continuación se largan. En una de las dos cartas que escribió nuestro Padre al final de su vida y que denominó ‘campanadas’ habla de aquellas personas que “no se sabe dónde tienen el corazón y al final se descubre que lo tenían puesto en sí mismos”.

Cada uno sabe lo suyo pero ¿no has conocido en el Opus Dei a alguien que valiera la pena? ¿Algún supernumerario admirable por el esfuerzo puesto en sacar adelante a su familia? ¿A ningún cooperador cariñoso y generoso? Por señalar algo improbable ¿no te has sentido querido por algún numerario o agregado? ¿No has visto milagros de apostolado al servicio de la Iglesia y de la fe católica? Entonces ¿quién ha hecho el Opus Dei durante todos estos años? Se habrá hecho solo. Es como si San Francisco Javier después de haber evangelizado en el Japón y a punto de morir frente a las costas de China dijera: “No ha valido la pena”. Dios juzgará, digo yo. Te deseo que lo que te queda de vida por delante te valga más la pena; se adapte más a tus expectativas. Supongo que te das cuenta que no va a tener nada que ver con lo que has vivido hasta ahora. Deja reposar tus vivencias antes de emprender cosas nuevas que te veo muy lanzado.

Pienso en lo que escribe nuestro Padre sobre los Apóstoles en una de sus Homilías. Dice que no eran ricos, ni intelectuales, ni destacaban por su piedad (se duermen durante la oración); ni siquiera eran sencillos ya que en el momento cumbre del Cenáculo se ponen a discutir sobre quién será el mayor. Pero por lo menos –concluye- no escondían sus defectos. Diríamos –y que nos perdonen- que eran más de pueblo que las amapolas.

En fin ¿qué más?

JUAN

Volvemos a la interesante serie de “no-valió-la-pena”. En los últimos fragmentos le encontramos más cercano. Tiene vida interior (reza) y la reacción de llorar y abrazar a su madre es absolutamente sana. “En los veinte años que estuve en la Obra no había llorado nunca” –escribe. No es culpa de la Obra, créeme, sino de uno mismo. Nuestro Padre decía que él no era un llorón, pero que sí había tenido que llorar muchas veces. También Fisac cuenta que cuando abandonó la Obra se propuso como camino el de querer a los demás. Nos damos cuenta cómo para muchas personas cumplir sus deberes y amar han sido objetivos incompatibles; pero no lo son sino que se complementan mutuamente. “Pedro ¿me amas?” –pregunta Jesús a San Pedro antes de encomendarle el gobierno de la Iglesia.

“No-valió-la-pena” afirma que él obedecía por motivos sobrenaturales, pero de hecho no quedaba muy satisfecho en su interior y esa insatisfacción fue el motivo de su crisis. Él mismo lo cuenta. La psicología más elemental recomienda que si uno no entiende una cosa la pregunte y si no está de acuerdo con algo lo diga; de lo contrario las cosas se quedan dentro y afloran violentamente cuando menos lo deseamos. De nuevo el apóstol Pedro es paradigma de esa actitud en el seguimiento de Cristo. Pedro le pide a Jesús que se aparte de él ya que es “un hombre pecador”, se ofrece para construir tres tiendas en el monte Tabor y llama la atención a su Maestro cuando Éste les comunica que sube a Jerusalén para ser crucificado. En la Ultima Cena rechaza que Jesús le lave los pies, se interesa por saber quién es el traidor y afirma que aunque todos abandonen a Jesús él, precisamente él, Pedro, nunca lo hará. Después de la resurrección, cuando Jesús le indica a Pedro que le siga, éste no pierde la oportunidad para meter la pata y preguntar sobre qué va a pasar con Juan. Pedro pone pegas pero sobre todo ama; y así llegó a ganarse la confianza de Jesús.

Durante el servicio militar conocí a un ex-numerario. Cuando le pregunté por qué había dejado la Obra sólo mencionó una causa: Era adscrito y por las mañanas se levantaba, iba al centro, se duchaba con agua fría, se volvía a vestir y por fin asistía a la oración y a Misa. No he conocido otro caso parecido y me estoy refiriendo a la ducha. ¿No hubiera sido mejor que lo hubiera dicho en su momento? “Esto me parece absurdo”. Pero no lo dijo y dejó la Obra. En cambio todos recordamos adscritos a los que no había manera de sacar de la cama y que sin embargo perseveraron en su vocación. Estoy pensando en uno que lleva veinticinco años de sacerdote, la mayor parte de ellos en Roma. La perfección probablemente es perfección en el amor; no una especie de perfeccionismo que termina alejándonos de ser tal como uno es y finalmente de la propia vocación.

Por último hay espíritus que cambian. He conocido a chicos sencillos, e incluso directores, que de pronto se vuelven hoscos e introvertidos. No sabría decir por qué. Algo ha ido mal ahí dentro. Vuelvo al apóstol San Pedro cuando Jesús le dice: “Vuestro enemigo el diablo os rodea como un león rugiente buscando a quién devorar”. Esto es así y el diablo prefiere a los peces gordos que a los chicos; es malo pero no tonto.

La última cuestión que me plantea la lectura de “no-valió-la-pena” es la siguiente. En la Iglesia puede pasar lo que sea: malos Papas u Obispos, errores y tibieza, cismas o herejías. Al final no pasa nada porque el Espíritu Santo, cuando menos se espera y esto lo hemos vivido todos, hace brotar en la Iglesia nuevas flores y frutos de santidad. ¿Acaso el Opus Dei cuenta con la misma promesa de indefectibilidad? No, ciertamente. Por eso aunque todos los directores se equivocaran e hicieran lo que no deben, aunque todos se marcharan, aunque Dios permitiera lo que nuestro Padre llamaba “la gran injusticia”: que la Iglesia suprimiera el Opus Dei, lo único que está en manos de cada uno de nosotros –dentro o fuera de la Obra- es buscar la santidad personal y pensar que Dios sabe más.

Termino con un personaje muy simpático que hace ya tiempo que murió: don Javier Ayesta. Había sido miembro de la c.r. de España y durante un tiempo dirigió la Oficina de Información de la Obra en este país. En una ocasión nos contaba su entrevista con el primer embajador soviético acreditado en España, en tiempos de Franco. Ayesta explicó al embajador lo que era el Opus Dei (así eran nuestros hermanos en aquel entonces) y éste le contestó: “Todo eso está muy bien, los grupos cuando comienzan lo hacen con gran interés y motivación, pero con el paso del tiempo se van aflojando”. Evidentemente el hombre sabía de dónde venía y a qué gobierno representaba.

- Es cierto –le contestó Ayesta- pero nosotros tenemos un secreto.

- No me diga –exclamó el ruso- ¡Cuente! ¡Cuente!

Aquí Ayesta se interrumpió y lanzó una gran carcajada. Uno de los sabios presentes en la tertulia sugirió que el secreto era la oración. Yo mismo, el sabio aquí presente, después de haber recordado esta anécdota muchas veces, me inclino a pensar que el secreto (un secreto a voces) es la santidad personal. Fuera o dentro del Opus Dei, pero siempre con el corazón por delante. El mal carácter y el resentimiento no nos va a hacer mejores ni más felices.

JUAN.

Santidad (1)

Queridos todos:

Parto de la base de que son los santos, movidos por el Espíritu, los que renuevan la Iglesia. Y me preguntaba a mí mismo: ¿Cuántos santos dominicos había en tiempos de San Martín de Porres (“Fray Escoba”)? ¿Cuántos en la época de Santo Tomás de Aquino? ¿Cuántas santas carmelitas fueron contemporáneas de Santa Teresa de Jesús? ¿E Incluso, cuántos santos hubo entre los primeros cristianos, además de los mártires?

Vosotros examináis con microscopio la actuación de A, B o C y concluís que no sólo no es santo/a, sino que además es una mala persona. Estudiáis el Opus Dei y concluís que es el propio sistema el que envilece a las personas y las aparta, no sólo de ser santas sino incluso de ser personas. Hacéis reglas generales de casos particulares con demasiada facilidad. ¿Cuántas monjas santas había en el Carmelo de Lisieux donde Cristo amó a Santa Teresita? ¿Cuántos franciscanos santos convivían con San Antonio de Padua?

El santo es una flor que el Espíritu hace crecer, incluso en los ambientes más desfavorables, para ofrecérsela a Dios. San Josemaría nos pedía que fuésemos santos de altar, canonizables, sin que nos faltase un pelo. No todos vamos a ser santos, pero ¿no valdría la pena intentarlo? Por lo menos tratar de agradar a Dios y hacer sonreír a su Madre Santísima.

Pensemos en lo que se escribirá sobre el Opus Dei dentro de cien o doscientos años. Estoy suponiendo; imaginando. Escribirán que fue fundado en España por un sacerdote secular, San Josemaría Escrivá. Que éste hizo suyo el mensaje, luego ratificado por el Concilio Vaticano II, según el cual se podía ser santo en medio del mundo, a través del cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano, y gozar de una presencia de Dios permanente en el ejercicio de todo tipo de actividades humanas dignas. Los más enterados especularán sobre la cuestión de la Prelatura o sobre si el fundador “vio” o “supo” o “pensó” o “se enteró” de lo que tenía que ser el Opus Dei. Añadirán que San Josemaría dio una especial importancia al apostolado con intelectuales, por lo que en esas fechas (dentro de 100 o 200 años) existirán Universidades y Facultades de Ciencias Eclesiásticas de gran prestigio en los cinco continentes dirigidas por el Opus Dei. Terminarán diciendo que entre los santos canonizados del Opus Dei se encontrarán entonces una empleada de hogar, dos o tres socios o asociadas célibes, varios padres y madres de familia y otros tantos sacerdotes.

Frente a este cuadro general ¿dónde habrán quedado tus pequeños problemas y preocupaciones? ¿Dónde situaremos el hecho de que no pudiste acudir a la Primera Comunión de tu sobrina o aquella directora que la tenía tomada contigo y que dejó el Opus Dei después que tú? ¿Quién podrá decir entonces que cuando ingresó en el Opus Dei no sabía dónde entraba?

Las obras de Dios son fruto del Espíritu Santo independientemente de quién las haga, cómo y porqué. ¿A quién le consta que aquellas madres galileas que llevaban sus hijos para que Jesús los bendijera tenían una intención rectísima? ¿Qué movió a los publicanos y a las meretrices a acercarse al bautismo de Juan para el perdón de sus pecados? Hubiera sido muy fácil criticarlos: “Ahora tenéis miedo ¿verdad? Haberlo tenido antes”. ¿Quién sabe la intención que movía a Lázaro, a María, a Marta, a Nicodemo o a la madre de los Zebedeos? Y a los propios Apóstoles que discutían sobre quién había de ser el primero cuando Nuestro Señor Jesucristo restaurase el Reino de Israel.

No, no es necesario ser perfecto para trabajar en las obras de Dios. Oración, humildad, fe, aceptación de nuestra nada, madurez, afán de santidad y de servicio. Es lo que me digo a mí mismo y os digo a vosotros. Y después estarán el Purgatorio, ¡sí el Purgatorio!, y el Cielo, para siempre, para siempre, para siempre.

Que paseis una buena Semana Santa.

JUAN.

Los lectores del presente, al leer tus comentarios, no pueden entender lo desfasado con la realidad que son los adoradores de Escriva. Este empeno fanático para defender a TODAS las actuaciones y decisiones del fundador va en contra del sentido común.

La resurrección de Lázaro no ayudó a los fariseos, tampoco los hechos y las pruebas ayudan a los fanáticos del Opus. ?Que hacer para que los fanáticos dejen de agarrarse a su fanatismo? Solo es Espíritu lo sabrá.

Como es corriente desconozco cómo relacionais vuestras respuestas con los textos que escribo. De hecho esta era una reflexión mía, muy propia, sobre la santidad. ¿Qué estaba leyendo en ese momento? Es posible que las profecías de Zacarías ya que estaba terminando con los libros proféticos. Si no eres capaz de darte cuenta de que cuando escribo muchas cosas estoy pensando en mí y no en otros a lo mejor es que ves todo a través de un filtro, como señala Carandell en la portada. Por cierto ¿cómo teneis el desparpajo de incluir a Carandell entre vuestros testigos de cargo, si ya os aclaró Choza que no había pertenecido al Opus Dei? Un testigo de segunda mano.

Me alegro de haber recibido un mensaje tuyo. Como dice el soneto de Gutierre de Cetina que, como es lógico no tienes por qué conocer: "Ya que así me mirais (me contestais)/ miradme al menos".

Hoy es Jueves Santo. Un abrazo a todos.

JUAN.

Juan y la Santa Purificación de opuslibros (1)

Me escribía una persona que se presenta como JUAN que tiene algunos escritos en esta WEB y la santa misión de purificar opuslibros:

“Te cuento una anécdota que espero no te aburra mucho. Una vez me dijo un cura de mi Parroquia: "Tú dices que no eres del Opus Dei, pero sí lo eres". "Vamos a ver- le contesté. ¿Usted no sabe que la gente del Opus Dei sólo se confiesa con sacerdotes del Opus Dei?”. “ Sí, y no estoy de acuerdo para nada” -me dijo. “Yo me he confesado con usted muchas veces ¿no es cierto?”. “¿Qué quieres decir, que he faltado al secreto de la confesión?”. Al hombre, que es muy amigo mío y ha dado la primera comunión a varios de mis hijos, le costaba entenderme. La conclusión era fácil; si yo me confesaba con él es señal de que yo no podía ser de la Obra porque él tampoco lo es. Vamos a partir de la base de que ni tú ni yo mentiremos al otro ¿de acuerdo?”

Me deja desconcertado aquello de la mentira. Si consideras nos estás mintiendo mala cosa, aunque en el Opus uno aprende que la mentira puede ser también santa siempre que sea “ad maiorem Dei gloriam”. Por otro lado conozco decenas de fieles de la Prelatura que se confiesan con otros curas.

Encuentro varias incoherencias en tus escritos. Tomaré los que corresponden los de 2009 en adelante porque los anteriores que tienes registrados en tu cuenta son totalmente incoherentes...

EPISODIO I. DE CÓMO EN EL OPUS TIENEN UNA GRAN PROFUNDIDAD INTELECTUAL Y APERTURA IDEOLÓGICA. 2009, 2 de diciembre:

“…Lo que más me ha gustado del Opus Dei es la formación intelectual; las cosas que se escuchan -o se escuchaban- eran cosas pensadas y que animaban a pensar”

Para que sepa el lector, los fieles de la Prelatura varones pueden ser: numerarios, agregados y supernumerarios. Los cooperadores no son considerados fieles de la Prelatura. A los numerarios se les encarga la tarea de formación intelectual, filosófica, teológica y catequética, de los otros fieles. Se sigue la ortodoxia recomendada por la Iglesia: la escolástica de Santo Tomás de Aquino. Existe una lista de libros escritos por otros numerarios para consulta en este tipo de formación. A los libros de filosofía o de teología se les asigna una calificación, desde los “seguros” hasta los “se puede leer con permiso del Delegado de Estudios”, el llamado “Índice” que, como explica Knetch, al ser entronizado Ratzinger como Papa, tuvo que ser modificado de inmediato.


EPISODIO II. DE CÓMO JUAN SE CONVIERTE EN FILO-CANO-TEOLOGO. 2009, 14 de diciembre:

“Es frecuente leer en esta Web que San Josemaría –y sus dos sucesores, añade otro- estuvo en contra del Concilio Vaticano II. Como es algo fácil de refutar…”

Dentro de las biografías oficiales del Opus, se narra el cómo Escrivá solicita poder celebrar la Misa según el rito pre conciliar, cómo recomienda a sus seguidores usar únicamente el Catecismo de San Pío X (1905), tres gruesas cartas para prevenir a sus seguidores sobre el cómo interpretar los documentos del Post Concilio, la solicitud especial para seguir celebrando en latín y de espaldas al pueblo y los viajes por Europa y América para guardar la esencia del Concilio. Tenga en cuenta el lector que los documentos del Concilio Vaticano II no son materia usual para la lectura de los fieles de la Prelatura.


EPISODIO III. DE CÓMO LE PROPUSIERON SER SUPERNUMERARIO PERO ACEPTA SER SOLO COOPERADOR DEL OPUS. 2010, 20 de enero:

“Mi apellido no te diría nada pero mi edad te puede decir algo: 57 años. Si tú has dejado la Obra hace siete años yo la he dejado hace veintisiete (…) Después he sido y sigo siendo cooperador. He pasado fases de más interés y de menos. Hasta en un momento los directores se ilusionaron con la idea de que podía pedir la admisión como supernumerario, aunque enseguida se dieron cuenta de que era trabajo perdido… quiero al Opus Dei (…) No reniego de mi pasado…”

Dato interesante. Juan fue del Opus, no proporciona mayores datos si supernumerario o numerario desde 1984 con 31 años. Sepa el lector que cuando se abandona el Opus Dei se le ha de proponer a quien lo fue el poder permanecer como Cooperador. Si Juan, jubiloso de haber sido del Opus, ¿Por qué Juan emplea el término “no reniego”? Raro. Debería haber empleado algo como: “Estoy orgulloso de mi pasado” o “me siento alagado de haber sido elegido por el Opus” pero… ¿reniego?


EPISODIO IV. DE CÓMO JUAN DA DETALLES SU ESTANCIA EN VILLA TEVERE Y NO VIO SIGNOS DE RIQUEZA. 2010, 22 de enero:

“… ¿Vajilla? La vajilla de oro no la sacaron mientras estaba yo allí, si llego a saberlo la reclamo (...) había una zona "la Procura", que no se usaba habitualmente porque daba impresión de lujo (…) ¿A que lujos te refieres? ¿A las habitaciones con dos literas que no tenían colcha o a las duchas en el pasillo con agua caliente de gas que sólo se encendía cuando había que lavarse el pelo?, ¿O a la alfombra que había en la portería y que tenía la esquina permanentemente doblada para que no se desgastase al pisarla? (…) la mayor riqueza es la libertad, poder hacer lo que quieres y lo que te da la gana”

En el Vademecum de los Consejos Locales se indica que los Supernumerarios no pueden pisar el comedor de las “casas” de la Obra a excepción que exista un comedor de visita. Por la cantidad de detalles que nos da Juan ha usado hasta la ducha y en la Sede Central de la Obra en Roma (espero que haya cumplido la recomendación de recoger los vellos que quedan en la trampa). Por lo tanto, Juan fue numerario, estuvo en el Colegio Romano y deja el Opus en 1984 a los 31 años.


EPISODIO V. DE CÓMO JUAN RECIBE LA MOCIÓN DIVINA DE PURIFICAR LOS ESCRITOS DE OPUSLIBROS. 2010, 18 de enero

“Dicho lo anterior yo pregunto: ¿Qué credibilidad puede tener una Web en la que sólo se pueden dar opiniones en un sentido y no en el contrario?”

Propongo la intención de Juan al revés: en las páginas oficiales del Opus Dei ¿Qué credibilidad pueden tener esas Webs en la que sólo se pueden dar opiniones en un sentido y no en contrario? Puesto que aún sigues siendo un fiel de la Prelatura pregúntate: Puedo yo, como fiel de la Prelatura, escribir algo en contra de la misma o ¿Todo allí dentro es perfecto? La respuesta que darías parece obvia: el Espíritu del Opus Dei es divino y por lo tanto infalible mientras que la praxis, ejercida por hombres, falible. Pero, si es que no has leído las biografías oficiales del Opus: no se pueden entender el Opus Dei sin su Fundador. Si para entender el cristianismo es importante el estudio de las “palabras y los gestos” del mismo (¿Llevaste Cristología?) para el caso del Opus se aplica lo mismo y no sólo cuando es conveniente. Vale decir: cuando el episodio se resuelve de modo acertado se ha aplicado la buena praxis con la gracia de Dios por medio y cuando no, no la falla es humana. ¿Nunca te dijeron que los Directores gozan de la gracia de estado para llevar la Dirección Espiritual de los demás fieles?


EPISODIO VI. DE CÓMO JUAN “EL VALIENTE” SÓLO AFIRMA HABER ESTADO SÓLO NUEVE O DIEZ AÑOS EN EL OPUS. 2010, 3 de febrero:

“…Creo que eres muy valiente relatando tus circunstancias pasadas. También yo soy valiente metiéndome a dar consejos que nadie me pide” pero añades: “Con dificultad me atrevo a dirigirme a ti, ya que has estado veinticinco años en el Opus Dei y yo sólo nueve o diez…”

Entonces, Juan fue del Opus de 1974 a 1984 (10 años). Curioso que un ex numerario no recuerde los años de pertenencia en el Opus porque esas cosas dejan huella aunque hay casos en los que el episodio es tan traumático que el subconsciente de protege mediante la amnesia. Poco tiempo ha de haber estado Juan en el Colegio Romano. Solicitada la Admisión han de pasar 6 meses para concederle la Admisión y, tras renovar durante 5 años todos los 19 de marzo la pertenencia a la Prelatura, al año siguiente se puede hacer la ceremonia de la Fidelidad. En total son 1 año hasta la Ceremonia de la Oblación y luego cinco hasta la Fidelidad o sea: 6 años. Por lo tanto Juan pidió la Admisión en 1969 cumplidos los 16 años y medio – tal como se indica en el Catecismo de la Obra - y, si se portó bien, lo derivaron al Colegio Romano meteóricamente en 1975 para ver la muerte de Escrivá y deja el Opus para que calcen los años de su pertenencia y salida de la Opus. O sea, pudo haber estado unas semanas en Roma o tienes el don de la ubicuidad.

Dato curioso, Juan, es que los que viajan al Colegio Romano, desde 1967 ya se alojaban en Cavabianca porque no alcanzaban en Villa Tevere.

En conclusión, Juan, sugiero que recompongas la historia de tu vida para hacerla creíble y esa “santa purificación” también la practiques en el interior de la Prelatura. Sería interesante que nos cuentes un poco de ti, aunque bien sabemos que “ser de la Prelatura” es tan semejante como ser aficionado a una liga de fútbol por lo tanto no es necesario decir si lo soy o no ¿No te parece esta forma de actuar curiosa, más aún cuando la vida de los fieles de la Prelatura célibes es tan poco corriente y cotidiana?

Recuerda también que el Opus maneja dos fuentes de información. La mayoría provienen de testimonios orales y también de videos y grabaciones que se guardan celosamente. Por lo menos acá en la Sede Central de Perú hay una habitación repleta de videos de Escrivá en Perú que, por haber trabajado allí, ni por asomo me enteraba que existía. Hubiera sido un soberano tonto, Escrivá, si escribiese algo en contra de la Iglesia o algún Cardenal u Obispo.

Hagámonos una promesa: “…ni tú ni yo mentiremos al otro ¿de acuerdo?” y haz de tu historia personal algo verosímil antes de dar sermones.

Nicanor eco_challengers@hotmail.com

Te escribí porque pensé que estabas "destrozado", hasta el punto de no comer u otras cosas que creí entender, pero veo que no, que todavía te queda cuerda para rato. Me alegro por tí.

No tengo la costumbre de enviar biografías dedicadas.

En cuanto a purificación ¿qué significa eso? ¿que por escribir yo aquí va a resultar más puro todo?

Un abrazo. JUAN.

¡Ah! Por cierto, cuando escribí lo de no mentir no me refería a mí, precisamente.

Ya me han calificado una vez en esta web de "candoroso". Compruébalo tu mismo que manejas tanta documentación.

¿Quién es candoroso? El que es capaz de creerse lo que normalmente otra persona no se creería. Desde ese momento desconfío y trato de juzgar por el tono y el contexto del que escribe, pero realmente nadie tiene garantía de que el otro esté escribiendo la verdad.

Eso es todo.

Recuperando (1)

Queridos todos:

Voy a referirme a dos numerarios (luego ex numerarios) con los que conviví durante mis últimos años de estancia en la Obra. A uno de ellos le he visto periódicamente. Cuando le he preguntado a qué dedicaba las tardes nunca me pareció que tuviera grandes cosas que hacer. Él había tenido una cierta vocación política y me hablaba de revistas, artículos, etc. Pasaron los años y mi amigo tenía un cuñado que pertenecía a la Asociación Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos. Por medio de él comenzó a involucrarse primero en la defensa de la enseñanza católica y después en la defensa de la vida humana, contra el aborto y la eutanasia. Yo antes le había animado a trabajar en Pro Vida sin que lograra interesarle.

El segundo caso es más reciente. Hace mucho tiempo estaba en Madrid cuando me encontré con un querido amigo supernumerario. Le dije que me había casado y me contesta muy entusiasmado: “¿Te acuerdas de Fulano de Tal?”. Cómo no iba a acordarme si estuvimos juntos en el mismo consejo local de San Gabriel. Me explicó que estaba saliendo con la hija de un determinado personaje que a él le parecía de gran importancia. ¡Vaya por Dios! –pensé. Unos por no aguantar y otros, como este supernumerario que me estaba hablando, por no enterarse de nada. Y ahí quedó la cosa.

No había vuelto a saber nada acerca de ese compañero mío tan bien casado, cuando esta mañana, repasando libros, veo que ha publicado un volumen acerca de la fe y la ciencia. Aquel al que yo suponía alejado de lo que ambos habíamos creído en una determinada etapa de nuestras vidas, resulta que tenía diversos ensayos publicados en esta materia y ahora los ha presentado en forma de libro. Me he llevado una gran alegría.

En una ocasión nuestro Padre, hablando de los que dejan la Obra, explicaba que eran como la aguja que atraviesa la tela pero deja el hilo dentro. No me pareció una comparación muy elegante, ya que compara a una persona con un instrumento, con una cosa. Pero si nuestro Padre se refería a aquellos que dejan la Obra pero guardan dentro de sí mismos los principios que han aprendido, no tengo más remedio que darle la razón y alabar a Dios por ello.

Y aquí viene la pregunta: ¿Cuánto tiempo necesita aquel que ha abandonado el Opus Dei para darse cuenta de que todavía puede hacer muchísimo por la Iglesia y por el reinado de Cristo en el mundo? En estos dos casos a los que me he referido es posible que hayan pasado décadas. Por eso también la alegría es mayor. Y ni “rejalgar” ni “farrapos de gaita”. “Éste también es hijo de Abraham” –le dice exultante Nuestro Señor Jesucristo a Zaqueo.

Cada vez me convenzo más que aquel que no ha aprendido a querer en el Opus Dei y a alegrarse con estas pequeñas historias de amor a Dios, no ha entendido nada. Estos compañeros míos lo habían entendido bien: Opus Dei es servir a Dios en medio del mundo defendiendo la vida humana, haciendo ciencia e incluso apostolado de la opinión pública.

Os deseo a todos que paséis una buena semana.
JUAN.

Cuanto más oscura es la noche (1)

Queridos todos:

Esta mañana, en la oración, me ha venido a la cabeza una frase conocida que utilizó nuestro Padre al final de su vida: “Cuanto más oscura es la noche, más cerca está el amanecer”. En su caso ambas cosas eran ciertas, que se encontraba sumergido en una noche muy oscura y que el amanecer estaba cerca. Para él llegó el 26 de junio de 1975 y para los demás en septiembre de 1978, cuando fue elegido papa Juan Pablo II.

Transcurrió un pontificado larguísimo, de más de veinticinco años, y parecía que los tiempos no iban a cambiar nunca. Cuando falleció Juan Pablo II era difícil pensar que le pudiera suceder alguien remotamente parecido, pero llegó Benedicto XVI y ha sido un milagro de luz. Si Juan Pablo II era la fuerza, Benedicto ha sido la luz. ¡Qué hermoso amanecer!

Alguien podrá preguntar: ¿Cómo puedes pensar que está amaneciendo en la Iglesia, en el mundo, con esta crisis que estamos padeciendo? Respondo: la crisis nos va a hacer a todos más humildes. Los antiguos cuando no llovía sacaban a pasear a San Isidro Labrador, pero nuestros contemporáneos hacen una interpelación parlamentaria. Los antiguos tenían fe, nosotros ni por asomo.

Caen los imperios. Si nadie podía esperar en 1989 que cayera el muro ¿cómo imaginar hoy un terremoto en el mundo islámico que parecía indestructible? ¿Cómo suponer que Facebook y otros jueguecitos, que a los padres nos tienen desesperados, sirvieran para fomentar una revolución en el otro extremo del mundo? ¿Cómo no ver la mano de Dios detrás de todo ello? “Clamará a mí el justo y no tardaré” –dice la Escritura.

Y todavía nos falta la revolución energética, el día en el que dejemos de depender del petróleo. Y la revolución de los alimentos, de la salud o de la solidaridad. ¡Qué hermoso amanecer y cómo hubiera disfrutado con él nuestro Padre!

“Ut inimicos Sanctae Eclesiae humiliare digneris, te rogamos ¡audi nos!” Todavía en ocasiones me viene a los labios esta jaculatoria que nos enseñó San Josemaría. No por los que escriben en esta web, que esos son hermanos. Pienso en los que separan de Dios a las almas concretas, a Pedro y a Juan. El resto no somos más que pobres hombres y pobres mujeres, eso sí, cabezones hasta morir. ¿Acaso no nos enseñaron en el Opus Dei a insistir? Pues cabezones todos, o dicho de otra forma “cada loco con su tema”, yo con el mío y tú con el tuyo.

Es como esa que se quiere defender de una numeraria y le reprocha que nunca cambie de opinión. Añade: “Yo me limito a llevarle la contraria en todo, aunque piense que tiene algo de razón”. ¿Acaso no es una ironía? Una que no cambia de idea ante nada y la otra que le lleva la contraria por sistema. ¡Qué humano si sabemos tomárnoslo con buen humor! Pues amiga, si está rezando por ti estás perdida. Lo que no es humano ni divertido es que asesinen al Ministro de religiones y cultos de Pakistán por ser cristiano. Pero Dios puede más.

Leo los extractos de Salvador Paniker que reproduce sal y pimienta. Me siento identificado con todos los personajes y con la forma de narrar que tiene el autor. Durante los últimos años Salvador ha representado en Cataluña a la Plataforma para la Defensa de una Muerte Digna. Dicho de otra manera, a los que quieren que se legalice la eutanasia. Tampoco revela una esperanza muy grande, que digamos.

Y por último San Josemaría. Ese personaje astuto y anti-intelectual que fundó no sé cuántas Universidades y del que se han publicado los libros en mayor número y en más idiomas de lo que ningún autor podría atreverse a soñar. Astuto. A mí también me llamaron astuto una vez. A mí que soy más simple que el mecanismo de un chupete. Me lo llamó alguien a quien yo daba la vara entonces, igual que ahora se la dan a esa jovencita americana. Se llamaba Eusebio.

Voy a acusarme de algo. Eusebio, que se decía comunista y por lo tanto disponía de bastante dinero, un día compró el “Elogio de la locura” de Erasmo de Rotterdam. Como a continuación se verá no he leído el libro, pero creo que critica las malas costumbres del clero en la época de la Reforma luterana. Le pedí prestado el libro a mi amigo y antes de que él lo leyera se lo llevé al cura para preguntarle si se podía leer. Me contestó: "¡Ni soñarlo! Dámelo que yo lo guardo”. Yo creo que de libros no sabíamos nada y decíamos las cosas por pura intuición. La siguiente vez que vi a Eusebio le conté lo que había pasado con el libro. Se puso furioso, pero ninguno nos plantemos pedirle al cura que lo devolviera. ¿Tonterías? ¿Abuso? ¿Creencias firmes y arraigadas? Hay que tomar distancia de las cosas y reírse un poco. No creo que la formación de mi amigo se resintiera demasiado por no haber leído el “Elogio de la locura”. Por no creer, ni siquiera creo que se siga definiendo a sí mismo como comunista.

Pido disculpas por ocupar espacio en vuestra página con mis elucubraciones y recuerdos. Experiencias ¿no pedía alguien experiencias? Pues éstas lo son. Que paséis todos una buena semana.

JUAN.

 Juan,


Ya te pedi para dejar espacio en este sitio para los quieren realmente hablar de lo que viven, y no de lo que desean creer... Que ya estamos hartos de sanpepe que escribió un millón de libritos para cá y que le gusta definir cómo pensar y qué leer para allá. Que ni con un millón de chupetes nos va a convencer...


Pero, bueno, como los dueños de este sitio son más abiertos y demócratas que los del obradesanpepe, vamos a tener que soportarte por un largo tiempo y textos...


M@rc@

Lo siento. Tengo la manía de pensar y, en lo que me es posible, de querer.

¿No te choca que a un escrito de veinte líneas no tengas argumentos, sentimientos, etc... por más de línea y media?

En todo caso estoy hablando de mí, no de tí. Estoy hablando de la Iglesia, de mi vida.

Si alguien piensa que es que trato de convencerle de lo más mínimo está equivocado.

Pero lo que si soy es capaz de comparar; razones por un lado y razones por otro.

¿Te han puesto a tí a cargo de opus dei info?

JUAN.

 El problema es que no tenemos capacidad de competir contigo en número de líneas... No soy responsable por el sitio, pero es te quiero ayudar a no perder el tiempo con apostolado de opinión pública. Por acaso, es tu encargo apostólico definido por los directores? A propósito, sabes algo de opuslibros?


Saludos,


M*rc*

Qué antiguo es este comentario. Por cierto ¿tú entiendes lo que lees o tienes una sola idea aplicable para todo texto y para toda situación? ¿Sabes lo que significa AOP? Difundir las propias ideas a traves de los medios; pero para eso hace falta creer en algo. Vi saluto Commendatore.

Para servir a Dios (1)

Queridos todos:

Escribe Santa Teresa que “para servir a Dios no es bueno llevar el alma arrastrada”. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que no podemos servir a Dios si no sentimos que lo hacemos voluntariamente. Si sólo lo hacemos porque un día, cada vez más lejano, dijimos que sí y no queremos desdecirnos de la palabra dada. Fidelidad compatible con un disgusto interior creciente.

Nuestro Señor Jesucristo lo deja claro cuando pregunta a los Apóstoles: ¿También vosotros queréis dejarme? Él sabía bien que no se iban a marchar, pero quiere darles esa posibilidad.

Obedecen estos comentarios a la afirmación de Agustina de que son muchos los que escriben a Opuslibros para pedir una opinión. Si tienen que asesorarse así sobre su futuro éste se presenta de color de hormiga.

Facilitar ser del Opus Dei desde los catorce años, aunque sea como aspirante, tiene algo bueno y algo malo. La parte buena, como es sabido, consiste en que llegas al chico o chica antes de que le asalten otras opciones, otros condicionantes. La parte mala es que difícilmente puede presumirse la madurez, la libertad.

Hoy vemos como a los Seminarios diocesanos está llegando gente con carreras terminadas. Personas que sienten que dios verdaderamente les ha llamado. Hoy es raro el crio que empieza la ESO en un seminario y corona sus estudios con la ordenación sacerdotal. Y sin embargo antes era lo corriente. Las excepciones eran las llamadas “vocaciones tardías”, pero los tiempos han cambiado.

En Europa occidental llevamos bastantes generaciones, al menos medio siglo, de gente floja, muy floja. Con esos mimbres no se puede hacer un cesto. Le preguntaban una vez a don Tomás Alvira padre: “¿Cómo ha hecho usted para que todos sus hijos sean del Opus Dei?”. Y él contestaba: “Exigiéndolos”. Es un círculo vicioso y me refiero a mí mismo: No te exiges tú y no exiges a tus hijos.

¿Qué se puede hacer entonces en estos momentos si es verdad que son raras las vocaciones? Profundizar en el mensaje. Como el muelle comprimido, como las plantas enterradas en la nieve. Profundizar. Leyendo el Magisterio de Benedicto XVI yo veo que nos encontramos cada vez más cerca de la verdad sobre el hombre y la sociedad. De entender lo que supone transformar el mundo según el sentir cristiano. No somos beatas, somos… protagonistas de un momento histórico.

Hay una cita de Don Álvaro que solamente he escuchado una vez y recuerdo hasta la mitad. Pertenece a un acto de nombramiento de doctores “honoris causa” en Pamplona. Decía sí aproximadamente: “En los momentos de crisis siempre han sido unos pocos los que, reuniendo la formación…” (y el coraje suficientes, han sido capaces de dar le la vuelta a la situación). La segunda parte de la frase es una reconstrucción personal, pero su sentido era ese. Unos pocos… formación… Del valor no se duda. Lo leo yo en estas páginas: “Creíamos que íbamos a transformar el mundo”.

Profundizar en el mensaje: Santidad, oración, estudio. ¿Es difícil? ¿Es fácil? No lo sé. No es cosa de un momento, es tarea para toda una vida y más. ¿Es posible? Sí. A los apóstoles les fue posible, aunque lo pagaran con sus vidas. “Possumus!” “Yes, we can!” Estudio, lectura, don de ciencia, de sabiduría, de consejo, de amor de Dios.

No podemos ser como los judíos (algunos judíos: los talmudistas), que se quedaban en los detalles externos y olvidaban lo principal: El diezmo del comino y de la ruda. ¿Había que lavar los platos por dentro o por fuera? También nosotros somos judíos, pero no ridículos.

Una respuesta al padre que está aterrorizado porque su hija usa cilicio. Verá usted, el cilicio no la va a hacer más santa ni menos santa. Probablemente usted mismo es su cilicio más duro, con su mejor voluntad. Dicho esto añadiré que Francisco, uno de los videntes de Fátima, cuando la Virgen les pidió a los niños que hicieran penitencia y mortificación, buscó una soga, se la enrolló fuertemente a la cintura y así la llevaba día y noche. Sólo tenía siete años y la Virgen le dijo: “El Señor quiere que la lleves de día, pero no por la noche”.

El escándalo por el cilicio, que no lo ha inventado usted, eso es cierto, es la cosa más boba que he escuchado en mi vida. Los problemas no suelen estar en las piernas sino en las cabezas. Humildad. “Si no os hacéis como niños no entrareis en el Reino de los Cielos”. La humildad nos hace libres, la libertad verdaderos y la verdad hijos de Dios. Cuantas cosas ¿verdad? ¡Qué complicado!

¡Ah! Y el consabido saludo a… ¡Marcos! ¡Claro que sí!

JUAN

Isaías (1)

“Soy la vergüenza de mis parientes, un escarnio para mis vecinos; los que me ven menean la cabeza y se ríen, mientras tanto los ancianos planean mi ruina”. Así dice el profeta Isaías. En estas páginas escribe quién ha estado un año en el Opus Dei; quien ha entrado por error en la web y no se resigna a salir sin hablar de lo que no sabe. Teólogos de pacotilla especulan con lo más sagrado y con la vida de los demás. También hay personas muy amadas por Dios, estoy convencido, aunque ellos mismos no lo sepan. Recuerdo cuando descubrí esta página, cómo leía cada noche una serie de testimonios para sentir el calor de las personas queridas y el dolor que trasmitían. Ahora sólo siento vergüenza ajena. En una ocasión enseñé a una amiga uno de los testimonios que me parecía especialmente logrado literaria y humanamente, aquel donde una joven se pelea con una directora “gorda” por un teléfono inalámbrico (a saber qué entiende la chica por “gorda”), pues mi amiga se puso como una fiera por lo que hacen los de la secta del Opus Dei a una pobre niña. “No juzguéis por las apariencias –dice el Apóstol-, sino según justicia”. Yo me he abierto a vosotros como ante hermanos, de forma que ha habido quien ha pensado que no podía ser verdad lo que contaba. Otros me advertían privadamente: “Ten cuidado con lo que dices de ti mismo”. A todos os digo: “No me importa. No tengo nada de lo que avergonzarme y sí mucho que agradecer”.

Antes el problema era dejar el Opus Dei; ahora, por lo que leo, el problema son los que no se quieren ir. Numerarias que pasan a supernumerarias porque se aprecia que no tienen suficiente “presencia”. ¡Increíble! ¿No sería más fácil enseñarlas a vestir y a arreglarse? Don José Luís Pastor, sacerdote y médico de nuestro Padre, contaba que los domingos pasaba a tomarle la tensión y siempre procuraba contarle alguna anécdota entretenida, ya que San Josemaría se divertía mucho con él. “Este chico es muy montaraz”- decía. Un día don José Luís le dijo que había pasado a decir Misa a la Asesoría durante un Congreso: “¡Unos loros Padre!”. Nuestro Padre reaccionó con enfado: “¡Esas hijas mías se han dejado la vida por todo el mundo para servir a Cristo, para que ahora vengas tú y les llames loros! Además –añadió- probablemente hayan bajado a Misa sin pintarse, para tener un detalle con el Señor”. Don José Luís relataba la anécdota con humor lo que demuestra que podía aceptar una reprimenda de nuestro Padre, algo que no les ha ocurrido a todos. O sea que de numerarias “de pasarela” nada.

Todos coinciden en que el crecimiento del Opus Dei es negativo. No saben que Yahvé le dijo al profeta Elías: “Me he reservado siete mil varones en todo Israel que no han doblado su rodilla ante Baal”. Las estadísticas las hace Dios. Una se escandaliza porque su directora le dijo que “el diablo la estaba enredando”. ¿Y tú no crees en el diablo? ¿Cómo explicas entonces todo el mal que existe en el mundo? Qué poca preocupación noto en estas páginas por las vidas que se pierden, por los matrimonios que se rompen, por la pobre Bibí Asia, cristiana madre de cuatro hijos, condenada a muerte en Pakistán supuestamente por “blasfemia”. Todo se reduce a mirarse el ombligo y contar cuando se pasó por delante de un centro del Opus Dei y le cagó a uno un pájaro. Otros incluso podrían llevar razón en lo que dicen, pero el rencor y la ira les nublan el entendimiento.

Recordaba hace poco a una persona, que en gloria esté, que afirmaba que nunca había oído al fundador del Opus Dei hablar bien de nadie; otro, sin querer quitarle la razón al primero, afirmaba que él nunca le había oído hablar mal de nadie. ¿Cómo pueden ser verdad al mismo tiempo dos proposiciones contrarias entre si? Por el oído que las escucha. El que sólo busca lo malo indefectiblemente lo encuentra; el que sólo espera cosas buenas es lo que aprecia. Y si detecta algo que le “chirría” por dentro, como decía el Catecismo antiguo, “lo echa a la buena parte”; es decir lo interpreta de la forma más favorable para el prójimo.

Decía el fundador: “Para unos un santo, para otros un demonio, pero yo sé bien lo que soy: un pecador que ama con locura a Jesucristo”. A los que no nos ha sido dada esa capacidad de amar no lo podemos entender. Sin embargo lo dice San Pablo: “Si no tengo caridad de nada me sirve”. Dar la vida por el Opus Dei y por la Iglesia; perder el dinero, la salud, la fama y la estimación de los demás; dejar el trabajo y la familia, si no hay caridad no valen para nada.

JUAN

 Y yo que empezé a leer el comentario piensando ser una persona nueva y... eres tu de nievo en tu apostolado de la opinión p...

Solo para los demás incautos, yp pasé adelante del centro y se me cagaron todos los pájaros por 15 años, desde mis 15 aÑos de edad. Que cagada! Mía y de los demás...

No disminuas el sufrimiento ajeno...

Saludos,


M@rc@

Recuerdo una vez una entrevista en televisión con alguien que había estado en una de esas sectas americanas: Testigos de Jehová o los Apóstoles de los Últimos Días o algo parecido. Contaba esa persona que mucha gente de la que les atendía en sus visitas domiciliarias argumentaban en contra de lo que ellos decían. Añadía: "Puede parecer que nó, pero algo se te queda de lo que te dicen". Esta persona había terminando abandonando la secta. Aparte de tí puede haber alguien a quien interesen los razonamientos, que no se tome todo a broma. Por cierto, el AOP. ¿Tú piensas que vives en el mejor de los mundos posibles? ¿Que no hay nada que hacer a favor de la vida humana, de las familias o de la libertad religiosa? Pues hay que hacerlo amigo; hay que hacerlo. Hay que dar la cara por aquello que uno cree.JUAN.

( Me parecen que estas "sectas americanas" son religiones, y menos sectas que la Opus).


Es que ustedes ya tienen tantos medios de comunicación para hacer su proselitismo y marketing que acá - si bien que pueden escribir - van a tener que enfrentarse con personas que no tienen más paciencia con el Apostolado de la Opinión Pública (o sea, el esfuerzo muy fuerte de los de la Opus de hacer parecer bien a la institución)...


Ese es el problema de la libertad de opinión: o habría esta libertad en los sitios del Opus?


M@rc@

Homenaje a don Antonio Ruiz Retegui (1)

Decía don Antonio Ruiz Retegui ironizando: "Mas vale tener la boca cerrada y parecer tonto, que abrirla y demostrarlo".

Respuesta a quien piensa que ha perdido treinta y cinco años de su vida: El buen ladrón había perdido, efectivamente, toda su vida y la recuperó en un segundo. Sigue haciendo oración (si eres capaz) y verás que no has perdido nada.

Rejalgar: No es aplicable a los que han hecho todo por perseverar, sino a los que han dejado su vocación a cambio de algo.

JUAN.

 Juan,


Mira. TODOS dejamos la "vocación" (concepto discutible) a cambio de algo (libertad, respeto, religión verdadera, etc). Las palabras de escribá no tienen estas distincciones - me acuerdo muy bien de mis 15 y picos años de numerario (o hay más alguna obra del escribá que sea secreta?).


Saludos,


M@rc@

No necesito ninguna obra secreta de Escrivá. Me basta pensar en ello cada día como se piensa en lo que es la vida propia. Sin rencores. Con aceptación. Si estás dispuesto a razonar -lo que no es frecuente en esta web- podíamos tener muchas cosas de las que hablar. JUAN.

Abusos y rigideces (1)

Queridos todos:

Algunas cosas que leo en esta web pueden conmoverme, pero ninguna como la carta de solrac. Termina diciendo algo así como “Al final prefiero callarme. No vale la pena discutir”. Son dos frases que reflejan incomunicación e impotencia. Solrac lo imputa a que su esposa es supernumeraria. Puede que algo influya, pero no absolutamente. En mi casa el que es cooperador soy yo, ella no tiene nada que ver con la Obra y el resultado es bastante similar. Me estoy desvistiendo ante vosotros, como he hecho desde el principio. Alguien se quejaba porque había hecho unas sugerencias para el Congreso General y las habían eliminado ya desde la primera pasada. Bueno pues qué dirías si lo que opinas es como si se lo dijeras a la pared. Si adviertes una cosa importante y te contestan: “Pues he hablado con fulanito o fulanita y me ha dicho que no es así”. Se te cae el alma a los pies y callas porque ya habéis discutido demasiadas veces.

¿Por qué cuento esto? Para hacer ver que la vida es igual en todas partes; en el Opus Dei y fuera de él. ¿Es esto el “rejalgar”? Pues algo tiene que ver.

En ocasiones alguien reclama que le devuelvan el dinero que ha aportado durante su estancia en la Obra. Situémonos en otro contexto. ¿Te imaginas a una mujer que se divorciara y reclamara el importe de todas las comidas hechas, las lavadoras puestas y el valor de la ropa planchada? ¿Os imagináis a dónde la enviarían? Quiero decir que la vida es así en todos o en casi todos los ámbitos.

Te comprendo solrac pero no tengo ni medio consejo para darte. El problema no es que ella sea de la Obra. Puede que sea una abusona que además es de la Obra. Te preguntas cómo puede hacerlo compatible con hacer oración todos los días. Pues es posible, perfectamente posible. Ya te acuerdas de aquella “red barredera” que arrastraba todo tipo de peces. Sí, tengo un consejo que darte: Haz tú también oración todos los días. Me decían recientemente en la confesión: “Es una pena tener una cruz y no aprovecharla”.

La carta de la amiga portuguesa ER es encantadora. En primer lugar creo recordar que en avH 5/62 (la nota que daba criterios sobre quién puede y quién no puede pedir la admisión en la Obra) se desaconsejaba pedir la admisión a las personas que están pasando una crisis. Al parecer tu familia estaba pasando una crisis que también te afectaba a ti. En ese momento no es justo que te separes de ellos, o simplemente que ellos puedan pensarlo así.

Recuerdo que en la película de una tertulia en Chile, una chica preguntaba a San Josemaría: “Padre soy judía y quiero bautizarme, pero mis padres no me lo permiten”. Nuestro Padre le contestó: “Hija mía no desobedezcas a tus padres, quiéreles mucho. Tú ya tienes el bautismo de deseo”. La pregunta es ¿por qué no se utiliza el mismo criterio en todos los casos? Los salesianos no permiten que ingresen en su Congregación los hijos únicos, porque es de suponer que sus padres los necesitarán en algún momento. Es más, antes de que un chico ingrese en los salesianos se pide la autorización escrita de los padres.

Cuando un chico o chica es del Opus Dei y los padres se oponen ¿por qué no darle un poco de “cuerda larga”? Por ejemplo: “Ven por aquí una vez al mes”. Ya cambiarán las circunstancias. Los padres muchas veces se molestan por los cambios bruscos, por las rigideces en los horarios, por no poder contar nunca con los hijos como lo habían hecho hasta ese momento. Normalmente no son opuestos a la libertad de sus hijos, sino a que sean otros los que restrinjan esa libertad. Poner a un chico o a una chica en la alternativa de obedecer a sus padres u obedecer a la Obra es ponerles en una situación imposible, y ya se sabe que “ad imposibilia nemo tenetur”. Nadie está obligado a las cosas imposibles. Es quemar a la gente innecesariamente.

Mucho ánimo ER, “ninguén va a bater por vosé”. Tú no lo vas a permitir y los que te quieren tampoco. Como me decía una rumana, muy graciosa, "si dejas que te den una bofetada, detrás vienen todas las demás". Aun así la vida tiene dificultades, en la Obra y fuera de ella. No lo dudes.

JUAN

Don Juan,


Tienes que dejar espacio para los demás. Eso de AOP (apostolado de la opinión pública) nos está dando en los nervios. Hay otros espacios oficiales donde puedes hacer tus buenas acciones.

Saludos,

M@rc@

No veo que escriba mucha gente en o-d i. Me parece que espacio hay.

Y te sugiero que distingas entre el AOP y el hecho de pensar por uno mismo. En un sentido o en otro.

Estoy tan hecho a las faltadas que tus burlas dificilmente me pueden molestar.

No obstante como le decía AA a alguien que intentó asomar los morros en o-l. "Menos propuestas y más contar tus experiencias".

A tí ¿qué te pasa? ¿Has tratado de profundizar en tu propia experiencia o te conformas con los típicos tópicos?: "Yo, como todos/as".

JUAN

Yo estoy muy bien, muchas gracias.

Lo que busco son personas que pasaron por lo que yo pasé para que pueda "profundizar en la experiencia" ... y no un representante de AOP haciendo apostolado.

Saludos,

M@rc@

Sobre la felicidad y otras cuestiones (1)

Pregunta sc.: “¿Habéis visto a alguien feliz en el Opus Dei?” Antes que nada diré que el concepto de felicidad, al que antes daba mucha importancia, ahora empiezo a relativizarlo. La felicidad está en función de los objetivos que uno persigue en la vida: si los alcanza es feliz, en caso contrario no lo es. Resulta significativo que nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio no utilice el término “felicidad”. Sí encontramos las palabras “alegría”, “gozo” y “paz”.

¿He visto gente alegre en el Opus Dei? Sí, por supuesto. ¿Y caracteres tristes? También, aunque muchos menos. Yo mismo nunca he sido “la alegría de la huerta”, ni entonces ni ahora. Pero eso no quiere decir nada. La alegría es algo demasiado profundo para saber cuándo es auténtica y cuándo no. He conocido mucha gente bullanguera que ha dejado el Opus Dei. El mismo don Antonio Ruiz Retegui era, y seguirá siéndolo allí donde esté, simpático y divertido. Pienso que más importante que la felicidad y que la misma alegría es la paz de espíritu.

Vosotros mismos que escribís aquí. No creo que ninguno fuera "fúnebre" en su vida diaria. Luego estalla la crisis, uno se pone nervioso, etc.

Sigue preguntando sc.: “¿Os han aportado algo?”. De nuevo me planteo si la pregunta tiene respuesta. Yo me hice del opus Dei con veinte años. No estaba ya en la fase de formación del carácter. Por otra parte he sido siempre muy reacio a dejarme influir. Ha habido directores a los que he querido y he admirado; otros a los que simplemente he admirado; y finalmente a los que ni he querido ni he admirado. Pero entiendo que esa no es la pregunta. La pregunta es qué me han aportado tanto directores como no directores y no sé qué contestar. Posiblemente ahí haya un hueco en mi forma de ser: la incapacidad para aprender de los demás. Es cierto que uno se “mimetiza” con el ambiente y así adquiere determinados hábitos, v.gr.: ducharse por las mañanas. Pero yo atribuiría esto más al ambiente en su conjunto que a personas concretas.

Y llega la tercera pregunta: “¿Os ha aportado algo el Opus Dei?”. Sin duda: seguir siendo cristiano. Tengo siete hermanos; ahora seis porque uno murió; mis padres son cristianos practicantes; todos hemos estudiado en colegios religiosos y sólo yo profeso la religión católica. Estoy convencido de que esto se lo debo al Opus Dei. La Obra fomentó en mí los hábitos, así como la base cultural y religiosa para seguir siendo cristiano cuando podía haber dejado de serlo.

Cada uno recibe del Opus Dei lo que espera o lo que es capaz de asimilar. En mi caso fue sobre todo de índole intelectual.

Pertenezco, igual que vosotros, a la generación de la “debacle”. Promociones enteras de chicos y chicas, hijos de padres cristianos, salían y salen de los colegios de religiosos sin fe o sin ánimo de practicarla. Recuerdo una anécdota que me contó mi hermana: Una amiga suya, cuando todavía estudiaban con las monjas, se encerró un fin de semana en su habitación, con una serie de libros, a fin de decidir “si Dios existía o no”. Cuando salió había decidido que no. Impresionante.

Me gustaría subrayar el detalle de los libros. Aquella chica lo que buscaba eran convicciones “intelectuales”, y eso es legítimo. Yo atribuyo lo que he llamado antes la “debacle” a la falta de una base cultural católica que nos hacía y nos hace impotentes ante la cultura dominante. El fundador del Opus Dei pedía para los chicos de San Rafael “una cabeza y un corazón católicos”. En mí el Opus Dei afirmó ambos. Eso entonces casi nadie lo daba fuera del Opus Dei. Hoy sí. Fue una de las enseñanzas de Juan Pablo II y después de Benedicto XVI. Ahora existen también muchas asociaciones católicas que nos permiten ver que la fe no es un fenómeno para ser vivido individualmente sino de forma comunitaria, asociativa.

Sin embargo hoy todavía predomina lo contrario: una religiosidad que yo he llamado “de los buenos sentimientos”. Basta con ser “buena persona” a juicio de uno mismo y ya está. Me contaba uno de mis hijos, al volver de un campamento con los religiosos de su colegio, que el director les había explicado que ellos les enseñaban una “religión minimalista”, desprovista de obligaciones. Es bueno que al menos reconociera que hay otra religión más completa. Un domingo, en una viaje con el colegio a Marbella, mi hijo le dijo a uno de los monitores, sacerdote él, que quería ir a Misa. Y ahí tienes al chico y al religioso buscando un templo para que el chico asistiera a Misa. Si esto no fuera verdad yo podría admitir todas las maldades que se dicen del Opus Dei, pero es que es verdad. Por eso yo animo a todo el que quiera ser cristiano para que busque una forma asociada de vivir su fe y de profundizar intelectualmente en ella. Sea en el Opus Dei o en otro lugar que le vaya mejor.

El Opus Dei también me aportó determinadas actitudes de tipo espiritual tales como hacer oración, vivir la sinceridad y el compromiso, preocuparme por los demás o vivir la generosidad matrimonial. Por lo tanto la respuesta es sí. El Opus Dei me ha aportado mucho. Lo cual no quiere decir que yo tuviese la opción de perseverar. No la tuve. Eso lo tengo claro.

JUAN

Democratizar la santidad (1)

Leo la página del 17 de diciembre y es devastadora. Me duele sobre todo por lo que se dice de las familias numerosas, sean o no del Opus Dei. Me duele por lo que pueda haber de cierto en ello. He conocido hijos que guardaban rencor a sus padres por haber sido estos supernumerarios. También escribí hace tiempo sobre unos hijos que, cuando murió su padre, supernumerario, se plantearon demandar judicialmente al Opus Dei. No dejaba en herencia más que la vivienda familiar y ellos esperaban más. Llegaron a la conclusión que la presunta herencia (¡por lo menos dos o tres millones de pesetas!) había ido a parar al Opus Dei. Todos son médicos, farmacéuticos, todos tienen una carrera y no están precisamente en la miseria. ¡Pobres hijos de puta! Pero dejémoslo que ya se acerca la Navidad, la fiesta familiar por excelencia.

Quiero felicitar a Agustina, también yo, por su buen estilo.

Pensaba estos días atrás que lo que ha hecho el Opus Dei ha sido “democratizar la santidad”, ponerla al alcance de todos. Antes, para emprender ese camino, había que tomar decisiones especiales. Ni siquiera se estaba seguro de ello siendo sacerdote secular; ya se sabe, por los peligros del mundo. Dios Nuestro Señor, a través de San Josemaría, puso la santidad al alcance del hombre y de la mujer de la calle. Lógicamente, y aquí está “la madre del cordero”, la gran injusticia, es que no todo el mundo sirve para ello.

En esta web nadie cita el Evangelio. No sé si será porque no lo saben, no lo han leído o les da vergüenza. Quizá ni siquiera van a Misa los domingos. Pues bien en el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo encontramos la parábola del sembrador. Parte de la semilla cayó en el camino, vino el diablo y la retiró de los corazones. Otra parte cayó sobre tierra pedregosa y no teniendo raíces la espiga se agostó con el calor del sol. Otra cayó entre zarzas y espinas que al crecer la asfixiaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto, unas treinta, otras sesenta y otras cien (granos por espiga), cada una según su naturaleza.

Esta es la gran injusticia del camino de la santidad: que no todos valemos para ella. Llegamos al Opus Dei movidos por nuestra mejor voluntad y pensamos que está en nuestra mano alcanzar unos objetivos sobrenaturales. Error. Sólo con la voluntad no se consigue nada. Y empezamos a sufrir y a enredarnos, algunos a cabrearse; y así mientras el cuerpo y la voluntad aguantan. La conclusión todos la conocemos.

No. No son necesarios confesores especiales en el Opus Dei. Lo que hace falta son directores de almas que tengan el suficiente discernimiento. Ni siquiera basta con que sean santos. He conocido bastantes sacerdotes santos y no he conocido tanta gente con inteligencia para dirigir almas. Don Antonio Ruiz Retegui era un hombre inteligente. Qué paradoja ¿verdad? “Consejos vendo y para mí no tengo”. Decía Santa Teresa que antes prefería para sus monjas confesores sabios que santos. El sabio sabe dirigir las almas, en tanto que el santo es posible que no.

Hablaba de la gran injusticia del camino de la santidad: que unos valen y otros no. No hay que culpabilizarse por ello. El problema es cómo reaccionamos cuando nos damos cuenta. Podemos reaccionar con ira, con rencor o podemos reaccionar con humildad. San Pedro lloró, Judas se ahorcó, el diablo se dedicó a incordiar a las criaturas. Los padres de Santa Teresita del Niño Jesús, beatificados ambos, habían estado los dos en conventos que abandonaron por diversas razones.

El papa Benedicto XVI ha beatificado recientemente a John Henry Newman. Cuando le decían al Cardenal que era un santo contestaba: “No tengo la menor tendencia hacia la santidad. Los santos no escribían novelas ni polemizaban en los periódicos”. Pues parece que sí. Como dice San Pablo: “Ni a mí mismo me juzgo”.

Es hermoso ver cómo Dios nos ama a pesar de ser unos desastres –sin excepción- y es triste ver lo poco que nosotros (yo) amamos a los demás.

JUAN

Realmente en esta te has superado ("¡Pobres hijos de puta!") Saludos y vida larga! rsrs

M@rc@

Será porque los conozco ¿no te parece?

Si de todo el escrito sólo te has fijado en esa frase es que el cristianismo, el evangelio, la vocación y el Opus Dei te importan un bledo.

Trata al menos de aprender algo mientras lees.

J.

Mira, siempre voy a aprender, que es una cosa que aprendi no en el opusdei pero con personas realmente humildes... Pero como creo que estás perdiendo la mano, me voy a retirar de comunicaciones contigo pues me estas recordando claramente los tiempos en la prela...dura.


Saludos,


M@rc@

El blog de Ana Azanza (1)

Doy un paseo por el blog de Ana Azanza que he encontrado recientemente. Leo la solapa que lleva por título “Libros leídos”. No trata sobre libros, pero eso no importa. Vas leyendo poco a poco y no encuentras ningún destello de raciocinio, de comprensión, ningún detalle humano. Opusinos por aquí, opusinos por allá y nada más. Cuando al final pone su esperanza en que el Partido Popular no gane las próximas elecciones te das cuenta de que no has estado leyendo textos relacionados con la religión, sino el diario El País. Tengo la tendencia a valorar a los que han compartido mi vida y mis creencias y me cuesta aceptar que dentro de ellas no haya algo auténticamente valioso.

JUAN

Un paseo por opuslibros (1)

Esta mañana ha amanecido con niebla. Cuando ves la niebla a través de la ventana te parece impenetrable, pero cuando sales a la calle compruebas que la niebla no es ningún obstáculo si sabes a dónde vas. Por el contrario el proverbio dice que: “No hay viento favorable para el que no sabe a dónde va”.
He estado dando un paseo por opuslibros. No lo había hecho nunca y hay mucho terreno para caminar sin salirse del asunto de nuestro común interés. Di un agradable paseo por Jaén nada menos con Ana Azanza. ¡Qué lejos de tu tierra! Pude ver Intereconomía donde al parecer trabajan muchos ex-numerarios. Ya decía yo que un ex-numerario lo mismo vale para un roto como para un descosido y cómo una vez encontré a uno en la Radio Vaticana. Leí sobre Jaime Fuentes, Obispo de Minas, en Uruguay, del cual hacía media vida que no sabía nada. Incluso me tropecé conmigo mismo. Escribe Agustina: “JUAN no ha desaparecido, ha seguido enviando mensajes, pero yo no los he puesto. Para deshacer lo que hacemos los demás que escriba en la web oficial del Opus Dei". Si te digo que sonreí te molestarás. No es un ejemplo de fair play, pero lo comprendo y lo apoyo. Me duele ser pesado y sentir que me divierto mientras los demás lo pasan mal. El inconveniente está en que si nadie te lleva la contraria te sientes eximido de argumentar lo que expones. Como dice alguien, ahí mismo, a otro contertulio con frase muy gráfica: “Razona con la cabeza, no con las tripas”. Yo sí puedo leer lo que escribo en opus dei info, si soy el único decírmelo, para que actúe en consecuencia.
Es difícil hacer una síntesis de lo que leo en opuslibros (y sé que nadie me lo ha pedido). Unos defienden que hay que mirar hacia delante y olvidarse de lo que quedó atrás. Es la misma tesis que yo siempre he defendido, aunque personalmente no tengo nada que olvidar sino que agradecer. Otros se sienten investidos de la sagrada misión de erradicar el Opus Dei de la faz de la tierra. Tarea ímproba. Algunos afirman que el Opus Dei ha cambiado en los últimos años y otros aseguran que no. Yo también tenía esa curiosidad y acudí a alguien de la Obra:

-Ya sabes que de vez en cuando escribo en opus dei info -le dije. Yo no lo oculto-. ¿Es cierto que últimamente han cambiado cosas tales como la dirección espiritual? Me contestó que no, que no había cambiado nada; o sea que me remito a su respuesta.

Y ahora voy a un hecho del que yo mismo fui testigo y que en su momento no se publicó. Hoy los dos protagonistas han fallecido y se puede contar o a lo mejor incluso ya está publicado.

En octubre de 1975 yo estaba en Roma (apunta Nicanor) cuando don Álvaro fue recibido por el Romano Pontífice Pablo VI, como nuevo Presidente General del Opus Dei. Nos contó detalles de la entrevista en una tertulia posterior. Había ido, nos dijo, con la intención de darle alegrías al Papa, como se hace con un padre que está mayor y enfermo. Nada de disgustos. No obstante le pidió: “Santidad rece por mí porque tengo que suceder a un santo y yo no lo soy”.

Pablo VI le contestó: “Ma il santo adesso é nel celo e ci pensa egli” (El santo está en el cielo y se preocupa él). Y añadió: "Usted pregúntese ¿qué haría el fundador en una circunstancia determinada? Y haga lo mismo".

Sabéis que he escrito recientemente sobre cambios en el Opus Dei, sin embargo no hay porqué asombrarse si estos supuestos cambios no se producen ya que el mismo Pablo VI le recomendó a don Álvaro –y en consecuencia también a don Javier- que hiciesen las cosas como las habría hecho su fundador.

Otro día seguiremos paseando por la niebla y tratando de no perder el camino. “Sentido común y sentido sobrenatural” –pedía San Josemaría. A mí me gusta añadir también el sentido del humor y así la mesa ya tiene tres patas.

JUAN

Selección (1)

Las peculiares cartas del señor Moses Ibrahim me obligan a hacer una confesión que nunca pensé que iba a realizar. No me impresiona el caso del señor Ibrahim, que ya de por sí parece complicado, sino el de aquel agregado que pasó a supernumerario, tuvo siete hijos y luego no estuvo con ellos a la altura de las circunstancias. Dicho lo anterior comienzo con mi explicación.
Tenía yo unos catorce años –aproximadamente la edad en la que antes se permitía pedir la admisión- cuando le dije a mi director espiritual, que no era de la Obra, que quería ser sacerdote. Me contestó que terminase el Bachillerato y ya veríamos.
Pasaron dos años y aprobé el Preu. Recuerdo lo contento que iba yo con mi Preu aprobado e iba a ser sacerdote. Mi director espiritual me hizo entrevistarme con cuatro sacerdotes más. Con el primero fue una entrevista preliminar breve. El segundo me hizo uno de esos test a base de cartones en los que se ve si estás o nó bien de la cabeza. Pero todavía quedaban dos entrevistas y las cosas se iban poniendo difíciles. El tercer sacerdote no se mostró muy entusiasmado, pero me dijo que fuera a ver al siguiente ya que aquel tenía la última palabra. Con el último me entrevisté dos veces y me dio la siguiente explicación:
“Imagínate –me dijo- que saco la foto de una chica del bolsillo, te la paso rápidamente por delante de los ojos y te pregunto: ¿Te parece guapa? Tú me dirás: ¡Pero oiga, déjemela ver despacio! Pues la Iglesia –concluyó- está ahora en esa situación (corría el año 69) en la que no sabemos cuál va a ser su imagen definitiva”.
O sea que la respuesta fue no. Nunca me había pasado por la cabeza tal posibilidad. Después he pensado si no me verían muy infantil. Pudo ser.
A partir de aquel momento dejé de tener un objetivo claro en la vida. Empecé una carrera, frecuenté las comunidades de base, me eché una novia no sin sufrir una ruptura interior y propugné, para justificarme, toda una serie de tonterías en el ámbito religioso. Les dije a mis padres que quería irme a vivir a una barriada extrema, a una chabola como los desheredados. No sé de dónde sacó mi familia paciencia para aguantarme, pero lo hicieron.
Pasó el tiempo y un día visité un centro del Opus Dei. Era un sábado y estaban con la Bendición y exposición del Santísimo. Entonces pensé: “Esta es la religión en la que yo me he educado”. Solicité pertenecer al Opus Dei y a los tres meses ya lo era. Nunca me he detenido demasiado a pensar las cosas y así me ha ido en la vida.
¿Qué quiero decir con todo lo anterior? Quiero decir que para ser sacerdote y teniendo un director espiritual que me conocía casi desde niño, tuve que esperar dos años y realizar cuatro entrevistas con cuatro personas distintas y al final fue que no; en tanto que para pertenecer al Opus Dei basta con querer, ser un chico o chica razonablemente dispuesto y limpiar una vez los ceniceros de la sala de estar (ellas pueden levantarse para abrir la puerta cuando llaman o ayudar a preparar la merienda) y nada más.
Sin embargo los principios están claros. San Josemaría decía que las puertas del Opus Dei están cerradas para entrar y abiertas para salir; que para entrar hay que forzarlas, empujar e insistir. A mí ni siquiera me pidieron que hiciera un Triduo al Espíritu Santo, como pedía San Josemaría a los primeros, y la verdad es que lo siento porque me hubiera ayudado a tener más visión sobrenatural ante el paso que iba a dar. Al contrario, la persona que me trataba me dijo: “¿A que no eres capaz de decirle al director que quieres escribir la carta al Padre esta tarde?” Fue un desafío muy tonto y yo, como tal, no lo dudé ni un segundo.
O sea que los principios están claros pero no se aplican. No se conoce suficientemente a la gente que pide la admisión. Y no me estoy refiriendo a quien no tiene vocación o no está preparado para cumplir las obligaciones que ésta conlleva, lo cual ya sería importante. Me estoy refiriendo a quien no tiene la estabilidad suficiente como para cumplir sus obligaciones y compromisos humanos, como aquel que tuvo siete hijos en diez años y luego dijo: “Si te he visto no me acuerdo”.
No es que esto suceda solamente en el Opus Dei. Hay que ver cuántos sacerdotes han causado escándalo en las últimas décadas e incluso laicos. Recuerdo un matrimonio que pertenecía a una Institución católica y tenían cuatro o cinco hijos, el más pequeño enfermo. Un día él se marchó porque había dejado embarazada a una compañera de trabajo y se fue a vivir con ella. Y encima le advirtió a la esposa: “No pienses que voy a pagar durante mucho tiempo la hipoteca del piso, porque yo también tengo derecho a vivir y a ser feliz”. Tela marinera.
Ciertamente no se pueden evitar todos los casos, pero al menos poner los medios para ello. Hacer selección como nos enseñaron.

Con afecto.

JUAN.

Atkinsons (1)

Esta mañana me estaba afeitando para ir a trabajar. Iba tarde. No digo que fuera ilusionado porque cada vez me cuesta más. Me terminé de afeitar, me apliqué el “after shave” y recordé la aromaterapia: levantar el ánimo a través de los aromas.
Es conocido que cuando nuestro Padre se encontraba en el Seminario de Zaragoza tenía la costumbre de lavarse todos los días de pies a cabeza. En la España rural de entonces aquello le creó problemas. Ya empezó el demonio a sugerir si no sería algo “narcisista” por el hecho de lavarse. Él afirmaba que un hombre debe oler a limpio y a nada más.
Pasaron muchos años y Josemaría empezó a utilizar la colonia “English Lavender” de Atkinsons. No sé si lo hacía a diario o cuando tenía una visita. No lo sé; pero si antes había dicho que un hombre sólo tenía que oler a limpio y ahora empezaba a utilizar colonia es que había cambiado de opinión. Bien ¿y qué?
“No soy como un río que tenga que discurrir obligatoriamente en una misma dirección. Yo también puedo equivocarme y rectificar” –advertía.
San Josemaría cambió de idea sobre determinadas cuestiones a lo largo de su vida o por lo menos así lo pareció. El caso más conocido es el del Marquesado de Peralta. San Josemaría había escrito en Camino que “los títulos nobiliarios son vanidad, humo, nada”. Veinte años más tarde solicitó a favor de su familia la rehabilitación del Marquesado de Peralta. Hasta el mejor intencionado –o sea yo- vio en este hecho una contradicción flagrante. Cuando se conocen los motivos por los que tomó esa iniciativa, y están en los libros, la contradicción deja de serlo para convertirse en una decisión íntima y entrañable, quizás anacrónica.
Me pregunto cuántas veces tuvo que cambiar de opinión San Josemaría a lo largo de su vida y estoy convencido de que, en cuestiones de tipo accidental, fueron muchas.
Otra frase pone de manifiesto ese mismo espíritu de no tener miedo a rectificar. Decía en una ocasión: “Cuando era joven no podía comprender a un sacerdote leyendo tranquilamente el ABC. Ahora veo las cosas de otra manera”.
No quiero insistir más en este asunto pero está claro que no todo es medular en el Opus Dei y que muchas cosas han cambiado y cambiarán siempre que no afecten al núcleo de la vocación. Una vez se refería San Josemaría a las distintas formas de vivir la vocación y utilizaba una vez más la metáfora del camino: “Unos lo recorrerán por el centro y otros por la cuneta; unos corriendo, otros arrastrándose y otro, juguetón, a la pata coja; pero todos dentro del camino”.
Quisiera añadir que no he conocido gente más maja que la que sabe vivir su vocación con libertad de espíritu, ni gente más estresante que la que pretende vivirla con rigidez.

Con afecto.

JUAN.

María Angustias (1)

Hace algunos días escribía que no se puede impugnar a María Angustias Moreno porque sabe de lo que habla. Había leído algunos capítulos de “Anexo a una historia” en Opuslibros. Después he leído “La otra cara del Opus Dei”. Esperaba más de este libro. Es cierto que me ha impresionado y me ha dejado mal cuerpo la calumnia de la que fue objeto la autora. “Qui iudicat Dominus est”.

María Angustias señala como España es un pueblo que canta; se podría también añadir que puede ser implacable. A San Juan de la Cruz le tuvieron sus hermanos de religión encerrado en una celda durante años, hasta que logró escapar de ella. Santa Teresa fue expulsada de un convento, que ella misma había fundado, por la Superiora; la cual advirtió a la Santa que no volviera a poner los pies por allí. La misma santa Teresa ordena que cuando una monja sufra un ataque de histeria sea recluida hasta que se le pase. Algo que hoy sería inadmisible. Cuando leí el caso de Mari Carmen Tapia me recordó mucho este consejo de Santa Teresa. Cuenta el P. Rivadeneyra, biógrafo de San Ignacio, que cuando volvió de Roma después de trabajar con los tres primeros Generales de la Compañía, observó que los jesuitas de aquí eran más rigoristas que los de la Ciudad Eterna. Pronto fue denunciado como conspirador aunque pudo acreditar ser ajeno a los hechos que se le imputaban. Fray Luís de León estuvo preso de la Inquisición y el propio Primado de España y teólogo en Trento, el Arzobispo Carranza, fue denunciado por unos presuntos errores, viajó a Roma y nunca más volvió. España puede ser un país peligroso para ciertas cosas.

El mérito de los citados más arriba fue que tratados con injusticia no respondieron al mal con el mal, sino que acudieron al que sí les podía hacer justicia y que está por encima de todos nosotros.

Cuenta María Angustias una anécdota que para mí es lo mejor del libro; el caso de una directora que dijo: “A mí me han enseñado a ser pequeña y a no hacer preguntas, o sea ¡qué se las arreglen los de arriba!” Para mí es una respuesta llena de sentido común y que deja claro que la injusticia de uno no contamina a todos.

Por último hay algo que no me encaja y que nunca podrá encajar y es la diferencia existente entre una Obra extendida por todo el mundo con la bendición de la Iglesia, con la cantidad de gente buena y sin problemas que he conocido, y la colección de monstruos que se dibujan en este y otros textos.

JUAN

Un trabajo (1)

Leo algo de María Angustias Moreno sobre el trato que reciben los que tienen que abandonar la Obra. A María Angustias no se le puede discutir porque sabe de lo que habla. Yo me vi involucrado en dos casos y quiero referirme a uno de ellos. Se trataba de un muchachito muy tímido que empezaba a estudiar filosofía.

Un inciso: ¿Por qué dejaron a ese chico pedir la admisión? Hay una nota, que me suena que era la avH 5/60 y que es de los mejores escritos de gobierno que yo he leído, que se refiere a los que no pueden pedir la admisión y me suena que esa lista la encabezan los tímidos. ¿Por qué entonces?

El padre de este chico había fallecido y él estudiaba con una beca, pero ésta, o no cubría todos los gastos o no abarcaba todos los meses del año. Total, que a mitad del semestre de verano se encendieron las alarmas: “Fulanito está en déficit”. Solución: Que se vaya a una pensión a vivir y que busque un trabajo.

La solución era teóricamente correcta, ya que decía nuestro Padre que la segunda obligación de un miembro de la Obra, después de hacer las normas de piedad, es buscar un trabajo con el que mantenerse a sí mismo y colaborar con las labores apostólicas. Ahora bien, una cosa son los principios y otra la aplicación a un caso concreto, y en este caso la solución no era la adecuada. No puedes enviar a una pensión a un chico que han dejado a tu cargo, que nunca ha trabajado y escasamente alcanza la mayoría de edad. Por lo menos no puedes hacerlo sin que lo sepa su madre.

Como no me gusta mandar algo que yo mismo no sea capaz de hacer, a la mañana siguiente le acompañé al mercado de abastos para ver si necesitaban gente para descargar cajas. A la hora que llegamos debía estar todo descargado. Había un camión por allí y preguntamos. El hombre nos miró con asombro. Debió pensar: “¿Qué van a descargar este par de alfeñiques?”. Pero fue educado y se limitó a decir que no necesitaba a nadie.

Pasamos la mañana visitando supermercados y empresas de limpieza. La respuesta era: “No necesitamos personal, nos sobra”. Entonces había crisis; o sea que de trabajo nada.

Yo había entendido perfectamente al director que no quería darle dinero al chico hasta que lo ganase por sí mismo, pero también estaba claro que yo no le iba a mandar a una pensión sin dinero en el bolsillo. Como era secretario le di el dinero y le mandé a buscar alojamiento. Todavía le vimos una vez más aquella tarde cuando vino a buscar sus cosas; me dio el teléfono de la pensión y se fue. Al día siguiente ya no vino; se había ido en tren a su ciudad de origen. Llamamos a su casa y ahí estaba y allí se quedó.

“¿Con qué dinero ha pagado el tren?” -me preguntó el director. Le aclaré que yo le había dado para pagar la pensión. “No tenías que habérselo dado” –me contestó.

A continuación había que hacer el informe para solicitar su baja o lo que correspondiese.

A propósito ¡qué manía con estos informes! Una cosa es el secreto de oficio, que obliga individual y colectivamente, y otra que no se elabore ese tipo de documentos que son necesarios para el gobierno de cualquier institución. Alguien ha llegado a escribirme que tengo que confesarme con mi Obispo por haber participado en ellos. Debe tratarse de un pecado reservado. El informe de marras me correspondía hacerlo a mí, pero el “superdirector” quiso hacerlo personalmente. Por lo menos en aquella ocasión me libré de pecar. Después me lo dio a leer. Recuerdo que decía: “Carece de personalidad para arrastrar a los demás”. ¡Pero bueno! ¿Cuándo se había enterado de ello el director? ¿El día en que se marchó el chico?

¿Por qué cuento todo esto? Primero porque se cometen errores; eso es evidente y obligatorio en cualquier empresa humana. Segundo porque Dios ya se preocupa para que no tengan consecuencias graves como en este caso. Por cierto que me ha hecho mucha gracia, e incluso me ha aliviado, lo que dice María Angustias, que para Secretario vale cualquier tarugo. En este caso el tarugo –o sea yo- hizo una cosa buena. Por último, si ves que una persona no va a salir adelante ¿no sería mejor tomarle a parte, decirle que no se preocupe, que no ha sido culpa suya, en vez de dejarle un resquemor dentro que, a lo peor, le dura para siempre?

Es frecuente leer en esta web: “Y después el Director se marchó también”. Pues no, no se marchó. Todavía no hace mucho le pregunté a través de internet por los hijos de un amigo que también él conoce. Me contestó: “Quiérelos mucho”. Me quedé perplejo. Como dice el Evangelio: “¿De dónde le vienen a éste esta sabiduría y estos milagros?”. En este caso, ¿de dónde vienen estos afectos súbitos hasta ahora desconocidos? Y es que se mejora. Cuando uno está en su lugar con el tiempo mejora.

Otro día continuaré hablando de estos sucesos antiguos, para mí entrañables, de los que se pueden extraer conclusiones y estoy seguro que así se hace.
JUAN.



Una pregunta (1)

Frecuentemente me he preguntado cómo es posible que teniendo uno la impresión subjetiva de que está poniendo de su parte todo lo posible para sacar adelante su vocación llegue en realidad a perderla. Hoy me viene a la cabeza una frase del Evangelio: “A quien menos se le perdona menos ama”.

Es posible que el vivir una vida de perfección aparente mediante el cumplimiento de las normas y otras obligaciones haga que, con el paso del tiempo, en algunas personas el amor de Dios en vez de aumentar disminuya.

Por desgracia en su lugar crece un sentimiento de frustración al no alcanzar los frutos que deberían acompañar a la entrega, como son la alegría y la paz, la felicidad íntima, la vida espiritual, la facilidad para las cosas de Dios; en suma: el ciento por uno.

Esto no se produce así en todos los casos. Hay personas que viven su vocación con naturalidad, que no se consideran santos ni están permanentemente frustrados ¿De dónde arranca la diferencia entre unos y otros?

No es nada fácil identificar la causa del problema. Cuando estás dentro la buscas desesperadamente y no la encuentras. Cuando estás fuera lo haces por una cierta curiosidad intelectual y con la tranquilidad de conciencia que da haberlo intentado.

Hay dos frases que utiliza San Josemaría, que intuitivamente nos damos cuenta de que son ciertas, pero que también tienen el aspecto de ser pescadillas que se muerden la cola.

La primera la atribuye nuestro Padre a San José de Calasanz y dice así: “Si quieres ser santo sé humilde,/ si quieres ser más santo sé más humilde,/ si quieres ser muy santo sé muy humilde”. Digo que intuitivamente nos damos cuenta de que el consejo es bueno, pero ¿qué es antes: el huevo o la gallina? Si pensamos en el caso de la Virgen Santísima, ella dice en el Magnificat: “Porque se ha fijado en la humildad de su esclava, por eso me llamarán bienaventurada todas las generaciones”. Luego la humildad es previa a la bienaventuranza.

La segunda frase es de San Josemaría y dice así: “La mayoría de los que tienen problemas personales los tienen por el egoísmo de pensar en sí mismos”. Pero ¿cómo se evita esto? ¿Acaso la llamada a la conversión, al examen y a la santidad no es un estímulo a pensar en nuestra propia vida? Con una agravante, y es que el egoísmo se disfraza de preocupación por la santidad, la vida interior y el apostolado, y al no alcanzar esos frutos el resultado es negativo y descorazonador. Al final la persona se plantea que para no alcanzar los resultados previstos más le vale dormir media hora de siesta que intentar hacer media hora de oración.

Hay una parábola de nuestro Señor Jesucristo que tiene un cierto aire misterioso y que yo no había entendido hasta ahora. Dice así: “Cuando el espíritu impuro sale de un hombre, recorre el mundo en busca de dónde habitar. No encontrándolo se dice a sí mismo: ‘Volveré a la casa de la que salí’. Haciéndolo la encuentra barrida y adornada. Entonces toma a otros cinco demonios peores que él y habitan todos en la misma casa, siendo el fin de aquel hombre peor que el principio”.

¿Qué quiere decir aquí el Señor? ¿Qué el que expulsa al diablo de su vida se va a ver necesariamente de nuevo sometido a él? De ninguna manera, como vemos por la experiencia (ajena). Quiere decir que una vez que se expulsa a Satanás de un alma hay que cerrarle la puerta fuertemente por la humildad y la obediencia para que no puedan volver a entrar ni él ni sus acompañantes.

Resulta muy frustrante estar limpiando una casa con esfuerzo mientras simultáneamente se ensucia.

Cor Iesu Sacratissimum et Misericors: dona nobis pacem!

JUAN

Sobre una estrella (1)

Hoy me venía a la cabeza una anécdota de nuestro Padre.

En el suelo del Oratorio del Consejo, al parecer, hay una estrella realizada con rombos de mármol de distintos colores. Ocurrió que cuando la estrella estuvo terminada se comprobó que las puntas de los rombos no coincidían en el centro.

¿Cómo pueden ocurrir estas cosas? Pues pueden ocurrir. Los arquitectos eran de la casa. El constructor sabía la calidad del trabajo que se esperaba de él. A los obreros, en teoría, les vigilaban los alumnos del Colegio Romano. Y sin embargo la estrella quedó mal terminada.

El defecto debía ser muy pequeño, de pocos milímetros, pero aun así hubo que cambiarlo todo.

Tiempo después nuestro Padre contaba el hecho a un grupo de alumnos del Colegio Romano a los que enseñaba el Oratorio. “Por esta estrella –les dijo- me tuve que enfrentar a todos, incluidos vuestros hermanos”. Y añadió: “Yo en un lugar así no podía hacer oración”.

Podemos preguntarnos por qué nuestro Padre no podía hacer oración ante un suelo mal terminado. Hay dos posibilidades: Que tuviera un carácter perfeccionista (narcisista han dicho algunos), o que considerase que a Dios no se le pueden ofrecer cosas mal terminadas. Yo me inclino por lo segundo.

Oponerse a todos para que una obra quedase correctamente terminada es un ejemplo de fortaleza. Y es que nuestro Padre tenía, efectivamente, un carácter fuerte.

Posiblemente nos hubiera gustado que fuera más dulce y bondadoso; más que un Padre un abuelo. Pero Dios le escogió a él y las reclamaciones habrá que presentárselas a quien le eligió para hacer la Obra.

JUAN.

Fenómeno (1)

Un fenómeno que puede ser corriente en el Opus Dei es el de que, cuando hace mucho que no ves a una persona o no tienes referencias de ella -lo cual es fácil-, pienses que habrá plantado su vocación.

Me había acordado muchas veces de un chico que estudiaba en uden. A mí me caía bien, pero el director en ocasiones le criticaba afirmando que había hecho esto o dejado de hacer lo otro. Pensé que habría dejado la Obra (al fin y al cabo todos éramos muy jóvenes).

Pues bien, hace un par de días, andando por internet, encuentro su nombre. Es profesor de esa universidad. Me pregunto si el sufrimiento de los que hemos dejado la Obra no habrá hecho posible que otros hayan perseverado.

Por cierto que el tal director también ha continuado. Ahora es sacerdote. Ello prueba que para perseverar no es necesario ser impecable. Posiblemente basta con ser humilde. Pero Dios da sus dones a quien quiere.

Nuestro Padre en un principio valoraba mucho la inteligencia de las personas. He leido, probablemente en esta misma web, algo que no sabía; que al Concilio Vaticano II asistieron como peritos dos sacerdotes del Opus Dei que fueron Antonio Pérez Panella y Raimundo Pániker. ¡Menudo ojo! Ninguno de los dos perseveró en la Obra. También oí una vez hablar de un sacerdote de quien decían que era el teólogo preferido de nuestro Padre, pero soy incapaz de recordar su nombre. Pues bien, años más tarde nuestro Padre le decía a don José Luis Pastor: "Los talentos medios. Esos sacarán adelante el Opus Dei".

O sea que no es necesario ser tan inteligente para sacar adelante el Opus Dei y que es de sabios rectificar.

JUAN.

Varios (1)

Ayer leí una frase de la novelista Pearl S. Buck que supongo que os convencerá. Dice así: "El afán de perfección hace a algunas personas insoportables". Creo que es verdad, pero sobre todo nos hace insoportables para nosotros mismos.

Hoy he estado leyendo "Cinco panes y dos peces", escrito por el Cardenal Francisco Javier Nguyen van Thuan, Arzobispo de Saigón, que fue encarcelado en 1975 y pasó 13 años privado de libertad. Es un folletito breve, de 82 páginas, que el Cardenal predicó en Roma con motivo del año jubilar de 2000. Me ha llamado la atención una cita de Santa Teresa de Jesús, que el Cardenal reproduce. Dice así: "El que no ora no necesita que el demonio lo saque del camino: él solo se arrojará al infierno". Ya he escrito en otra ocasión cómo desde el principio me di cuenta de que no tenía vida interior, pero aun así me acuerdo sobre todo del final, cuando era consciente de que en las normas de piedad no hacía más que perder el tiempo o, para ser más exacto, dejar pasar el tiempo.

Estoy de acuerdo ¡cómo no voy a estarlo! de que eso te destruye por dentro. ¡Están tocando la campana de salida!

En su momento me manifesté claramente sobre el error de interpretar eso como una depresión endógena. Exógena es la que se suscita por motivos externos. Como le decía la doctora con gran acierto a Nicanor, las pastillas te pueden ayudar (yo personalmente lo dudo), pero las decisiones no las puedes tomar más que tú.

Muchas veces, ya fuera de la Obra, me he acordado del endemoniado de Gerasa. Éste quería seguir a Jesús pero Él le dice: "Vuleve a tu casa y a tu familia y cuéntales lo que ha hecho Dios por tí". Luego esta última es una alternativa válida. Posiblemente lo era ya desde un principio, pero sólo Jesús conoce el interior de los hombres.

Siento si has padecido un agotamiento nervioso. Una persona a tu lado, que te quiera, te va a ayudar mucho. Yo en ocasiones he utilizado dos máximas simples que me han sido de utilidad. Una dice: "Cuando no sepas lo que hacer no hagas nada", y otra "Cuando no sepas lo que hacer haz lo que más te apetezca". En apariencia son contrarias a lo que hemos practicado durante mucho tiempo, pero ayudan a llevar el alma "suelta", no presionada. Lo cual también aconsejaba Santa Teresa de Jesús.

En una ocasión me encontraba en un fisioterapeuta por una contractura de cuello. En otra camilla recibía masaje una señora algo mayor que yo. Conversaba en voz alta sobre el hecho de que estaba atravesando una depresión. Entonces bromeé. Dije: "La ventaja de la depresión está en que ayuda a adelgazar". Yo hubo una época en la que adelgacé. La señora me contestó: "Si supiera usted lo dura que es una depresión no haría bromas sobre ella". Tuve que darle la razón. Me estaba refiriendo a tu falta de apetito. Todavía actualmente cuando me disgusto no como, pero ya no me sirve para adelgazar ni un gramo.

La otra noche estaba pensando algo que te voy a decir, pero no quiero que te disgustes en absoluto. La discusión empezó por la frase de "Si alguno deja de luchar, que sepa que nos está haciendo traición a todos". Pensaba yó que tú no has dejado de luchar, sino que ahora luchas en la dirección contraria. Olvídate del pasado. Estoy seguro que te quedan infinitas posibilidades para ser feliz en el futuro y aun hoy; y de que lo serás.

Yo abandoné el Opus Dei con veintinueve años. Todavía me dió tiempo a casarme, sacar una oposición del Estado y tener cinco hijos. En todo ello vi un regalo de Dios por los diez años de malos servicios que le había prestado.

Todavía hoy mi esposa cuando está enfadada conmigo -y ahora lo está mucho y posiblemente con razón- le echa la culpa al Opus Dei por haberme formado así. Yo no estoy de acuerdo con ella. Entre otras cosas en el Opus Dei me enseñaron a obedecer -la letra con sangre entra-, lo cual me es muy útil en mi actual situación.

Una amiga mía, de la Asociación Pro Vida (otra cosa que aprendí en el Opus Dei: luchar por la vida y contra el relativismo moral), me decía acerca de mis discusiones matrimoniales: "Tú es que eres poco cariñoso. Los que habeis estudiado para curas (ella tiene un hermano que estudió en el Seminario), sois muy poco cariñosos". ¿Qué le vamos a hacer? Somos más exigentes que afectuosos. Probablemente es así. Lo cual nos retrotrae a la primera línea: "El afán de perfección hace a algunas personas insoportables".

Una última cuestión sin que te inquiete. Me da la impresión de que algunos de los que escribís aquí desearíais que la Santa Sede suprimiera el Opus Dei. Esto me ha preocupado en alguna ocasión, porque el sufrimiento auténtico no se puede fingir. Es evidente. No obstante supongo que no lo conseguireis. Te digo porqué he llegado a esa conclusión. Esta mañana estaba ordenando papeles y encontré una Hoja Informativa sobre Don Álvaro en la que hablaba sobre un Colegio que mantiene la Obra en Hong Kong y las grandes alabanzas que hacía del mismo el Obispo de esa Diócesis. Mientras la Santa Sede compruebe que el Opus Dei está manteniendo la Iglesia aquí o allá no creo que la conclusión sea: "Hay que eliminarlo". Pero todo podría ser. Y estoy seguro, fíjate bien, que los que lo mantienen son gente como la que dibujais en esta web: unos toman pastillas para levantarles el ánimo, otros tienen magníficas rarezas, otros faltan a la caridad de vez en cuando y otros a lo peor no bajan a Misa por la mañana. Sin embargo hay mil quinientos niños, más de la mitad no católicos, que gracias a ello oyen hablar de Jesús.

Pasa un buen dia y estate seguro de que estoy de tu lado. Yo os sigo considerando mis hermanos. Sobre todo a los que como tú se han dejado media vida sirviendo a Dios con eficacia.

JUAN.

El veneno y la triaca (1)

Al leer Opus dei info no hay más remedio que concluir que lo que para unos ha sido camino de santidad para otros es piedra de escándalo. Como dice el refranero: "Lo que a unos es medicina a otros resulta veneno".

Hay un texto de la Sagrada Escritura aplicable a este caso. Se refiere a la segunda venida del Señor y dice así: "Estarán dos en el campo, uno será tomado y otro dejado. Estarán dos mujeres moliendo en el molino una será tomada y otra dejada" (Mt.24.40). Se puede aplicar a aquellos que han recibido la misma formación, cumplido las mismas normas y realizado iguales trabajos con empeño y dedicación. Uno será tomado y otro dejado.

¿De qué depende este resultado en apariencia tan injusto? Pienso que de la humildad. Dice el Señor: "Si no os hacéis como niños no entrareis en el Reino de los Cielos".

Permitidme contar una anécdota antigua que me relató su protagonista: un fraile agustino. Contaba que en su pueblo un grupo de chicos estaban ahorrando para comprar un balón de futbol y el depositario del dinero era él. Un día se lo gastó y no sabía cómo decírselo a sus compañeros. En ésas estaba cuando pasaron por la localidad unos frailes agustinos buscando vocaciones para su seminario. Andrés no vio más solución que marcharse con ellos hasta que se olvidase el asunto del balón. Y así lo hizo. De vez en cuando le llegaban recados de su pueblo preguntando por el dinero y él contestaba que cuando volviera lo entregaría. Pasaron los meses y se dio cuenta de que no tenía vocación de fraile; pero cada vez que iba al P. Maestro para decírselo y volver a su casa se acordaba del balón y optaba por quedarse un poco más. Cuando yo lo conocí era sacerdote y llevaba muchos años como agustino. Ya ha fallecido.

Pienso que lo anterior demuestra lo importantes que son la humildad y la sencillez para seguir a Dios. El P. Castrillo tenía de la segunda para regalar. No sé si alguna vez pretendió cambiar el mundo o alcanzar la santidad más eximia, pero lo que se deduce de la anécdota es que no se sentía capaz de enfrentarse a los chicos de su pueblo y reconocer que se había gastado el dinero ahorrado entre todos.

Como suele decirse "los caminos de Dios son inescrutables".


JUAN

La Prelatura del Opus Dei como fenómeno asociativo, jurisdiccional y espiritual. (1)

Vaya por delante que soy el primero al que en su momento le ha llamado la atención que el Opus Dei no se integrase en los llamados "movimientos laicales". Movimiento laical suena bien y es un concepto suficientemente vago para que puedan caber en él estructuras jurídicas distintas. Entendía, como cualquiera puede hacerlo, que "la unión hace la fuerza" y me preguntaba por qué tenemos que ser los únicos "raritos" del grupo (Deo gratias). No obstante los años y las lecturas, especialmente del "Itinerario jurídico …", aclaran bastantes cosas.

Tal como he entendido este último texto el núcleo del Opus Dei es una espiritualidad y la Prelatura está al servicio de la misma. La espiritualidad es el elemento invariable y el resto es instrumental. De hecho se puede vivir ese espíritu, la santificación del trabajo en medio del mundo, sin hacerlo asociadamente.

San Josemaría quería que los socios de la Obra fueran lo más libres que resultara posible: "cristianos corrientes", "un cristiano más", etc., y que vivieran su espíritu desperdigados por el mundo, por lo que los vínculos sociales deberían ser mínimos. Esto excluye, al parecer, la posibilidad de ser representados de forma corporativa y de actuar coordinadamente. Los socios deberían ser "libérrimos".

Aun así cualquier colectividad, por débiles y espirituales que sean los lazos que unen a sus miembros, necesita de una Jerarquía que la gobierne.

La jerarquía pude ser de orden y de jurisdicción. La jerarquía de orden dimana del sacramento del Orden, en tanto que la jerarquía de jurisdicción supone una misión o encargo eclesial para regir una actividad o grupo en un ámbito de competencias. Puede tratarse de una Cofradía, de una Asociación piadosa o una escuela católica, en fin, lo que se quiera.

Hago aquí un inciso para afirmar que, en contra de lo que se dice, las mujeres pueden tener y tienen de hecho jurisdicción dentro de la Iglesia en su ámbito propio. Por ejemplo manda más en un convento la madre superiora que el capellán que lo atiende, aunque este último pertenezca a la jerarquía de orden. Recuerdo a la Directora de mi colegio diciéndole al Capellán: "Don Daniel, así no se dice la Misa". ¡Menudo cuajo!

San Josemaría vio la Prelatura como el medio idóneo para integrar el elemento sacerdotal y el elemento laical en la Obra. El Prelado ejerce la jerarquía de orden propia y directamente sobre el clero de la Prelatura y la de jurisdicción sobre todos los miembros del Opus Dei, en la medida en que estos han asumido unos compromisos que les son exigibles. Entre estos no se encuentra la facultad de representación.

Personalmente considero que el carisma episcopal está infrautilizado en la Iglesia. Muchos obispos diocesanos son simultáneamente "Delegado de esto", "Representante de aquello" o "Consiliario de lo de más allá", todo ello actividades supradiocesanas. Ello reviste la dificultad de que les obliga a estar, como dice el refrán, "al plato y a las tajadas", al gobierno diocesano y a la actividad supradiocesana con perjuicio para ambas.

El Prelado del Opus Dei es solamente eso: Obispo-Prelado del Opus Dei. No es necesario acudir a ejemplos remotos, como la Maisón de France o el Ordinariato castrense, para entender que un Obispo, con su clero adscrito, pueda impulsar o gobernar una institución supradiocesana con determinadas competencias. En este caso fomentar una determinada espiritualidad.

Me viene a la cabeza el Obispo misionero Fray Junípero Serra, franciscano mallorquín evangelizador de California, recorriendo el territorio con sus compañeros, fundando misiones aquí y allá y ordenando sacerdotes. Eso es una "prelatura nullius", aquella que se ejerce sobre un territorio extradiocesano.

Pongo un ejemplo y termino. Decía Quico Arguello en una ocasión que el Camino Catecumenal es "como un chorro de aceite que se derrama sobre la mayonesa para espesarla". Quería decir que los catecumenales no están para servirse a sí mismos sino a la Iglesia, en cuyo conjunto han de perderse aportando su propio carisma. ¿Cómo se articula canónicamente "un chorro de aceite"? No lo sé y supongo que tiene su dificultad, pero lo principal es servir a la Iglesia a través del carisma propio y de la propia espiritualidad.

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