Una imagen un poco herética de Escrivá

From Opus Dei info

Por Agustina, 9.12.2009


Me envía un amigo, preguntándome si no es “un poco herética”, la siguiente imagen que está en el oratorio del centro Casalmentano (casa de retiros con administracion "extraordinaria", o sea llevada por señoras que no son de la obra) en Roma.:


Image:Una imagen un poco herética de Escrivá.jpg


Si alguien puede aportar una explicación acerca de por qué no es “un poco herética” esta imagen, mi amigo y yo lo agradeceremos. Y, de paso, en qué centro de la obra está (por curiosidad) o si se muestra en una iglesia pública (para no ir).

Agustina

El cuadro de Escrivá está en la sección de mujeres

El cuadro está segurisísisisimo en un centro de la sección de mujeres porque no hay nada mas que fijarse en los detalles de la estantería: el burro, la pata, EL COSTURERO y ¡DOS LIBROS! que serán Camino y Forja o Forja y Surco, o Camino y Surco. Porque ellas ya se sabe que no hacen falta que sean sabias, con que sean discretas y cosan y barran y limpien ¿qué mas se puede pedir a la vida para que una mujer sea feliz??? Sería genial que ¡oh paradoja! ese cuadro estuviera en alguna Asesoría o delegación, donde ellas ni cosen ni barren ni limpian aunque, eso sí, ahí falla lo de no ser discretas, porque lo largan todo de la vida interior de las demás porque, para eso sólo: para airear la vida interior escribiendo los informes internos que reciben sobre ellas en base a lo escuchado por sus directoras en la charla o confidencia, tienen "gracia de estado". Para chismorrear sobre lo que no deben, resulta que viene el Espiritu Santo, pero para limpiar un poquito, hacerse la comida y vestir con vestidos de marca que nunca se podrían comprar porque no trabajan, el Espiritu Santo desaparece y ahí tenemos a una panda de "señoritas" que no saben hacer otra cosa que vivir del cargo. Porque los cargos no son cargas: es poder y mucha cara dura.

María Luisa

A mi me parece herética por varias razones

En primer lugar el Ángel se encuentra en una posición incomoda, como si anduviera paspado de las asentaderas, o acabara de hacer un salto de rana. No se que esta haciendo, pero definitivamente esa postura no lo favorece y no es la mas digna para alguien que debe proclamar un mensaje tan solemne.

En segundo lugar creo que, al lado de las figuras etéreas de la Virgen y el Ángel, pintadas según cánones renacentistas un poco blandos y baratos, la cara de Escriba, dibujada en el estilo de las caricaturas de periódicos, cae como una verdadera patada al hígado. Me recuerda a esas figuras de damas y señores antiguos que ponen en algunos parques de diversiones, con agujeros en el lugar de las caras, para que los visitantes puedan poner las suyas y tomarse fotos. Eso parece, que Escriba hubiera metido su cara por un agujero, con anteojos y todo. Esto es una verdadera herejía, no se si contra la religión, pero si contra el buen gusto y el verdadero arte.

Y en tercer lugar, que demonios hace Escrivá en ese lugar? Transportado en el tiempo y el espacio como Mr. Spoke, el de viaje a las estrellas. Yo me pregunto: ¿Como logró colarse en el momento más crucial de todos los tiempos, en el pináculo de la historia de la humanidad y del universo todo? ¿No tuvo suficiente con su pequeña anunciación privada ese dos de octubre, que también necesite meterse en Aquella Otra?...

En tercer lugar…, y ahora dejando los chistes de lado y yendo definitivamente al punto: La pintura esconde un mensaje. En realidad no esconde nada, sino por el contrario, expresa de un modo burdo y descarnado algo que es de por si herético y obsceno: la Venida del Redentor esta asociada con la venida de Escriba, la misión del uno y la del otro están esencialmente vinculadas, por eso aparecen juntos. Es quizás Escrivá un segundo redentor? No hace falta ser muy inteligente para captarlo. Es solo una imagen, pero si estuviera escrito en palabras no podría ser mas claro.

Otaluto

Hubo cuadros que Escrivá mandó pintar en los años 50

He visto con sorpresa en la página la fotografía en la que aparece Escrivá de Balaguer. Quería darte mi opinión y mandarte otras fotografías similares con un comentario.


1.- Estoy de acuerdo en que el cuadro que has publicado es “un poco herético”, como dices, porque como puede observarse el centro de la escena de la Anunciación no es el diálogo entre la Virgen y el Arcángel, sino Escrivá al que miran tanto el Arcángel como la Virgen. No quiero pensar, aunque la verdad es que lo parece, que la Virgen está “bendiciendo” a Escrivá. El montaje me parece sencillamente ridículo. Y sus seguidores han hecho exactamente lo contrario de lo que quería el Fundador, a tenor de lo que dejó escrito en su Primer misterio gozoso de Santo Rosario:

“No olvides, amigo mío, que somos niños. La Señora del dulce nombre, María, está recogida en oración. Tú eres, en aquella casa, lo que quieras ser: un amigo, un criado, un curioso, un vecino... –Yo ahora no me atrevo a ser nada. Me escondo detrás de ti y, pasmado, contemplo la escena”.

No sé decirte en qué centro se encuentra, pero no te preocupes porque nunca estará en ninguna iglesia, ya que como decía, y decías, es “un poco –bastante– herético”.


2.- La primera fotografía que te mando es del retablo de la iglesia dedicada a S. José María en Roma. Es similar a la que tu publicaste y si te fijas también aquí tanto la Virgen como San José únicamente miran para él que ha “usurpado” el puesto del Niño. A diferencia de la otra, aquí Escrivá no mira a la Virgen; dicen que mira al Sagrario que se encuentra debajo de él, pero en todo caso da la impresión de que tanto la Trinidad del cielo como la trinidad de la tierra están todos mirando para él que se erige en único protagonista de la escena.


Image:Retablo de Escrivá en Roma.jpg


3.- La segunda fotografía tiene más miga. Se encuentra en Villa Tevere y es un cuadro que el propio fundador mandó pintar en la década de los 50, es decir, más de veinte años antes de su muerte y casi 50 años antes de que fuera canonizado. Sin ánimo de juzgar a nadie, sinceramente no me imagino a S. Francisco de Asís, o S. Ignacio o cualquier otro santo mandando a nadie pintar un cuadro semejante.


Image:Escrivá en Villa Tevere.jpg


En todos los cuadros reproducidos el fundador aparece siempre, y sin excepción, con capa pluvial. ¿No quedamos en que predicó la santidad para los laicos, padres y madres de familia, con hijos, que repelía las figuras relamidas, de pasta flora, representaciones pías; que se autocalificaba como anticlerical, y predicaba el ocultarse y desaparecer que sólo Jesús se luzca? O no era del todo cierto –véase el tríptico – o los suyos no entendieron nada de su mensaje –véanse las otras–.

Pacual

Opus kitsch

Ir a la fuente ayudará. Así pues, “metámonos”:

San Lucas (1:26-38)

26Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. 28Y entrando, le dijo:

Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

29Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. 30El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; 31vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. 32El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; 33reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.
34María respondió al ángel:

¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?

35El ángel le respondió: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. 36Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, 37porque ninguna cosa es imposible para Dios. 38Dijo María: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra. Y el ángel dejándola se fue.

Éste es el origen. Ya estamos “metidos”. Pues bien, este misterio se compone de cinco momentos:

- Salutatio: María está leyendo, hilando u orando cuando aparece el ángel. Está ensimismada y aún no ha reparado en la presencia de aquél. No hay interacción.

- Conturbatio: “38[…] Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. 29Ella se conturbó por estas palabras […]”.

- Cogitatio: “29[…] y discurría qué significaría aquel saludo. 30El ángel le dijo: No temas, María […].

- Interrogatio: “34María respondió al ángel: ¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?”.

- Humiliatio o Ecce Ancilla Domini: “38Dijo María: He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra […]”.


Y para entender cual es el momento siempre se ha representado a los personajes con un lenguaje gestual variado pero explícito dando lugar a miles de representaciones de la Anunciación que tienen algo en común: tienen que ver con la Anunciación. Con esta tonta tautología quiero decir que no tienen que ver con otra cosa, sino con la Anunciación; que la variación de algo si se pasa de grados se convierte en cosa, haciéndose irreconocible el origen. Pues bien, en ninguna de esas miles de representaciones producidas a lo largo de muchos siglos aparece la Virgen bendiciendo ni a personaje alguno ni al invisible espectador: NUNCA.

-¿Y qué más da? (Podrá pensar alguno).

Pues sí da. El arte permanece creando eficaces convencionalismos o permitiendo licencias que aunque sacrifiquen detalles de la realidad o transgredan las reglas hasta entonces establecidas de la disciplina en cuestión sirven, unos y otras, para lograr, precisamente, su fin más sublime: hacer arte; es decir, es cierto que el arte, al menos por lo general, no busca comunicar notarialmente sino viva e imaginativamente.

Por tanto, qué más da que en una pintura o en un relato alguien aparezca en un siglo que no le corresponde; o que el actor de teatro finja hablar sotto voce pero a todo pulmón para que también se enteren los del gallinero; o que la localización del Madrid de la postguerra se haga en no sé qué otra ciudad 70 años más tarde…

La cosa es qué se quiere comunicar o, mejor dicho, qué se comunica finalmente. Y cómo, claro.

Así pues, en principio, la apuesta de insertar al Santo-Bala, o Santo-Exprés, en plena salutación angélica puede ser interesante plásticamente.

Entonces, ¿por qué en este caso el resultado es un fiasco? Pues porque fallan, como siempre en el Opus Dei â, el concepto y la forma.

Los dos antecedentes de santos (san Julián -Filippo Lippi-, san Emidio -Carlo Crivelli) presenciando la Anunciación relatada por san Lucas no sirven como prefiguraciones legitimadores de que también lo haga el fundador del Opus Dei â pues, en el caso que nos ocupa, es María y el arcángel quienes acompañan al protagonista indiscutible: el Santo-Bala.

En otras conocidas Anunciaciones, aparte de la Virgen, el arcángel y el Espíritu Santo en forma de paloma, aparecen aunque sólo ocasionalmente otros personajes (el profeta Isaías –en referencia a Isaías 7, 14-); los expulsados Adán y Eva; san Jerónimo, allí en un rinconcito, y por devoción particular del que encargó la pintura; coros angelicales; donantes vanidosos…) enriqueciendo la escena. Pero éstos secundarios siempre se representan en los márgenes, o a menor escala, o reservadamente tras una puerta entreabierta... Igual ocurre con los santos Julián y Emidio que aparecen, en ambos casos, discretamente detrás de Gabriel y a un lado de la pintura.

Pero en la “Anunciación de Escrivá” (aún con más propiedad se debería llamar “La Anunciación interrumpida por Escrivá”) la presencia de éste atrae más y antes la mirada del espectador que el resto de los personajes por dos motivos.

El primero, que ya comentó y con mucha gracia Otaluto, es el distinto tratamiento formal (naturalista) que recibe Escrivá respecto al personaje femenino (a mí no me parece la Virgen) y al ser alado (a mí no me parece un arcángel), más pseudo arquetípicos.

En segundo lugar, en la jerarquía compositiva, el de las gafas, al ocupar el campo derecho, tiene preferencia sobre el ser alado de la izquierda pero incluso sobre la mujer, aunque ésta ocupe el centro. Tanto la mujer como el ser alado no tienen equilibrio: él, con esa comprometida posturita tras lo que debió ser un aterrizaje forzoso; ella, apuradamente o apenas arrodillada sobre el extremo del asiento de una silla de estilo provenzal (que yo diría de rebajas). En cambio, el protagonista es el único en postura modosa y revestido con un dominante manto rojo del que resulta difícil apartar la vista.

En una lectura lineal, lo que aparece de izquierda a derecha es lo siguiente: el primer personaje (el que parece una alada bailarina despatarrada) anuncia que el segundo personaje (la paloma con una matasuegras en el pico) vendrá sobre el tercer personaje (la figura femenina en precario equilibrio) para que así nazca el que será llamado Hijo de Dios… ¿cuarto personaje?

Este engendro, este enmarañado mensaje, confunde al espectador. Se dice sin decir, no con sutileza sino con ambigüedad, que Escrivá es muy importante, si no el más importante. Ése es, por cierto, el mensaje último del lenguaje opusiano: Escrivá, su importancia y omnipresencia. De ahí que pinte tanto en esta pintura ese pintoresco señor. Es una descarada interrupción, una apropiación que bastardea el momento más gozoso (recordemos que es el primer misterio gozoso) de la vida de María.

Aunque, en honor a la verdad, no está claro si ésa fue la intención del limitado pintor y sus celosos censores (intención deliberada, subliminal, inconsciente… quién sabe) sí lo está que es una grotesca contrahechura lo que allí aparece.

¿Realmente esta pintura representa una Anunciación?

No, no. Es tal la presencia del entrometido que se diría que los entrometidos pasan a ser los otros… Eso, o partir de ahora a los cinco momentos de la Anunciación deberíamos añadir otro:

- Interruptio: “Y de repente dijo María: Perdona, Gabriel, espera, voy a bendecir al inoportuno éste de las gafas y enseguida sigo contigo”.

Además, aunque sea cosa menor, también debería revisarse el fondo de la escena, pues más que una apropiada estancia parece la salita de estar de una antepasada lejana de la Srta. Pepis; tampoco el aire de granja de Playmobil, pato por aquí, burro por allá, ayuda a situar la escena (¿también coleccionaba en su casa esos animalitos la Virgen?).

Muy mal, muy mal. En fin, puro kitsch.

Terminaré este escrito atendiendo con gusto la propuesta de Sancho1964, que de llevarse a cabo será muy reveladora. De momento, para formar esa pinacoteca de los horrores que él plantea ya tenemos los cuadros de estos días, los que enviaron tiempo atrás Trinity y BMD y éste, que seguro que muchos ya conocíais:


Image:Escriva Niño Jesús.gif


Me repetiré: La cosa es qué se quiso comunicar, qué se comunica, y cómo.

Parece que en esta ocasión han querido hacer una pintura devota y más sencilla que las anteriores. No sin esfuerzo, podemos “meternos” y suponer que Escrivá, sencillamente, nos enseña al Niño Jesús con piadosa intención. No sé, algo así. La pintura es tan mala que no es fácil potabilizarla.

Pero, en realidad, ¿qué es lo que se ve?

Lo que se ve no es una escena de amor hacía Jesús Niño, sino un intento de seducción hacia el espectador valiéndose del Niño.

Quiero decir que lo que se ve es que un señor con gafas se desentiende de lo que lleva entre manos y que se dirige exclusivamente al espectador. No muestra empatía alguna hacia esa especie que hemos acordado para entendernos en llamarle niño (¡qué cosa más mal dibujada!).

Si dicho “niño” fuese el Niño Jesús, lo suyo sería que protagonizara la escena. Si Escrivá mirase al Niño le daría protagonismo a Él; al no hacerlo el protagonista vuelve a ser él, el Santo-Bala.

Por otra parte, para que el Niño fuese niño se debería haber representado como tal, (¡que pareciese un niño, vamos!) y que el adulto de las gafas lo tuviese como tal.

Cuando se quiere dormir a un bebé, lo normal es que quien le acune flexione los brazos hasta llevarse la criatura al pecho; de esa forma el niño percibe bien los arrullos, se amodorra, y termina definitivamente dormido al confundir, acompasados, su corazón con el de su protector.

Aunque en este caso el niño representado parezca más un pequeño pero fornido señor de cierta edad (por cierto, de ombligo muy descentrado y pie derecho descoyuntado -esto último, es comprensible, para evitarse el trabajo de dibujar tan enojoso escorzo-), el portador no debería haberlo descendido casi hasta donde los roqueros fingen rasgar la guitarra cuando no la llevan. Dicho de otro modo: El “niño”, o señor rubio éste, puede estar tan macizo como se quiera, pero rendir los brazos tanto lo acerca más a un incómodo saco de cemento mal llevado que a un rorro ayudado a conciliar el sueño. Ya digo, hay que flexionar más los brazos; es una cuestión de coherencia, decoro pictórico y, en la vida real, la mejor forma de evitar las hernias cervicales en los dormideros.

Por otra parte, en la literatura pediátrica o sobre puericultura no hay nada publicado sobre que poner cara de seductor pillín al espectador (obsérvese la cara del señor de las gafas) ayude a un “bebé” a conciliar o mantener el sueño.

En fin, que lo que se ve en ésta y en el resto de las obras opusinas conocidas es una pantomima, una torpe apropiación interesada de modelos iconográficos consagrados, mucho delirio, mucho oropel, mala traza, mucha pompa mamarracha, mucho pintamonas, mucha chapuza… Aunque, ahora que lo pienso, es el estilo adecuado para el Opus Dei â. Opus kitsch, podría llamarse ese estilo.

Luxindex



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