Sobre el Studium Generale

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Por Edu, 11.07.2008


Comenta Josef K. (lunes 7 de julio)] que le gustaría leer más cosas relacionadas con el Studium Generale. Si no se ha escrito mucho al respecto es porque era un ROLLO. La de veranos e inviernos que hemos pasado estudiando una teología acomodaticia y manipulada, que apenas servía para tener a la gente ocupada evitando que pensaran por sí mismos. Después de años estudiando filosofía light y teología ñoña lo único que puedo decir es que perdí las mejores neuronas (y años) de mi vida en tonterías. ¿Os acordáis de las clases de metafísica a las 4.30 de la tarde de cualquier caluroso agosto? Apasionantes.

Cuando a una compañera de trabajo (algo agnosticilla, esa es la verdad) le conté cómo pasábamos el verano en el Opus, me miraba (y me sigue mirando) como un bicho raro. Al decirle que había una asignatura llamada Mariología y que había muchos libros -algunos muy gordos- sobre la Virgen, no se lo podía creer. Me hizo ver que de la Virgen sólo se sabe con certeza lo que aparece en el Evangelio (apenas cuatro frases) y todo lo demás es pura imaginación y elucubraciones; con buena intención, eso sí, pero elucubraciones al fin y al cabo. Lo que se suponga de la Virgen al margen de lo que dicen las escrituras es, lógicamente, inventado. Puro pedaleo. En fin...

En general las clases eran un PETARDO de proporciones descomunales. La mayoría de los profesores eran mediocres, y enseñaban porque les "tocaba" impartir la asignatura, no porque fueran expertos. Algunos se limitaban a leer el libro o las notas y poco más. El único profesor que tuve digno de tal nombre fue Antonio Ruiz Retegui, cuyas clases eran magistrales y -peligro, peligro- te animaban a pensar. Tras 20 asignaturas de filosofía y 40 de teología, no me acuerdo de NADA. Es como si al salirme del Opus hubiera caído un telón dejando atrás todos los latines, las teodiceas, los Deos trinos, creantes y elevantes, patrologías y demás suertes de paranoias. Amén.

En mi caso, lo peor eran las largas esperas tras los insufribles exámenes orales que se me daban fatal. La calificación magna cum nosequé o summa cum lo que fuera me traía al pairo. Y así me iba porque suspendía con frecuencia. Lo que más deseaba era acabar el calvario y engrosar las huestes de los que estaban "de repaso". ¡Qué gusto cuando acabé! ¡Qué manera de no dar ni chapa en los cursos anuales! ¡La de novelas que leí forrando las tapas con las de un viejo libro de exégesis! ¡Fue en esos cursos donde aprendí el nefando pecado de no dar ni golpe! ¡Y qué placer no pensar en nada y tomar el sol en las fabulosas piscinas de Casteldaura, Molinojievo, El Soto, El Llendón, Pozoalbero, La Lloma, etc sin dar un stick to the water! Luego, por la tarde, te endiñaban la consabida corrección fraterna y al día siguiente volvías a la piscina pero, eso sí, con el rosario en la mano.

En fin Josef, que esa teología de juguete no me sirvió ni para amueblar la cabeza. El desarrollo de las asignaturas era, por lo general, penoso y ninguna facultad o seminario medianamente serio daría el más mínimo crédito a las enseñanzas que nos encasquetaron. Por cierto Josef (vaya morro que tengo) ¿sabes si se puede pedir a la prela que te envíe algún certificado de haber cursado Teología? Pese a todo lo dicho anteriormente, no me importaría tener un papelito que acreditara mi competencia teológica porque aprobar -oiga- aprobé. Tal y como está el mercado laboral, quién sabe si no puede uno acabar dando clases de religión en un colegio de salesianos...


Nota de Agustina.- Sobre lo que preguntas del certificado, Bienvenido escribió "Cómo pedir a la prelatura la certificación académica de los estudios institucionales de filosofía y sagrada teología".



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