Se tiene o no se tiene vocación por el paso del tiempo?

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Por Ruta de Aragón, 9 de julio de 2007


Este escrito esta dedicado a Frida, en agradecimiento por unos días inolvidables en Nápoles y también, a todos aquellos y todas aquellas que hemos tenido la desgracia de pasar por la posibilidad de tener que morir o por la volvernos locos en el Opus Dei, si el Padre así lo creyó oportuno. Y dedicado a todos aquellos y todas aquellas, que alguna vez, al irse del Opus Dei, les fueron a cantar sus hermanos o hermanas a la estación del tren. Espero que ayude a comprender muchas cosas por las que tuvimos o nos hicieron pasar.


Recuerdo que muchas veces estando en el Opus Dei, planteé a directores y sacerdotes que yo no tenia vocación de numerario. Tampoco quería ser supernumerario. Simplemente quería irme del Opus dei con un mínimo de tranquilidad de conciencia, cosa que no fue posible por parte de directores y sacerdotes y yo no supe irme en aquel momento tampoco debido a mi juventud, como ya he explicado en otros escritos.

Al plantear la posibilidad de que uno no tenga vocación consagrada a numerario, una vez has pitado o pedido la admisión como numerario, observé en mis conversaciones con los directores y sacerdotes, dos posturas parecidas, pero en el fondo muy diferentes...

Un grupo de directores y sacerdotes afirmaban que una vez se había pedido la admisión o pitado, la vocación estaba clara y cualquier duda contra la vocación era inspirada por el diablo: era traición a Dios e implicaba una profunda infelicidad en esta vida y la condenación eterna en la otra. Esta postura sobre las crisis vocacionales era la seguida mayoritariamente por parte de los directores en mi tiempo, postura que tanto mal ha hecho a tanta gente y al mismo Opus Dei, que ahora ha de cargar con la opinión de toda esa gente y ese pasado.

Otro grupo de directores y sacerdotes, que no seguían el punto anterior tan a rajatabla, llegaban a dar a entender sin llegar a manifestarlo abiertamente, al tratar las crisis vocacionales, que la certeza de la vocación la daba el paso del tiempo. Así una persona que había hecho la admisión, su vocación era más segura, que una persona que no la había hecho. Para una persona que había hecho la oblación, su vocación era mas cierta que la de una persona que no la había hecho, y para una persona que tuviera hecha la fidelidad, su vocación era mas cierta que para otra que no la hubiera hecho. Y por otro lado, los años que habían transcurrido también era prueba de vocación auténtica o no. Con este segundo criterio del paso del tiempo como prueba de vocación tendríamos infinidad de situaciones. Así una persona con varios años con la oblación hecha, tendría más vocación para los directores que una persona con la oblación recién hecha. Y una persona con la fidelidad recién hecha tendría menos vocación que una persona con muchos años con la fidelidad.

Hoy, para dilucidar esta cuestión de si la idea de que una persona tiene de consagrarse como numerario/numeraria, es de Dios, aplicaré a esta consideración de la vocación los principios del discernimiento de espíritus de los que lamentablemente los directores, directoras y sacerdotes del opus Dei como de casi todo de lo referente a vocaciones consagradas, en mi humilde opinión, son unos ignorantes. Estos ignorantes e ‘ignorantas’ son puestos desde arriba por otros que no son ignorantes y saben muy bien lo que se llevan entre manos. O tal vez ¿todo sea cuestión de La Voluntad Histórica de Dios?, escrito de 9-3-2007

El discernimiento de las vocaciones

Para decidir si las inspiraciones sobre la vocación son divinas, se han de aplicar los principios de la distinción de espíritus, cuyo gran maestro fue San Ignacio de Loyola en sus ejercicios espirituales. La cuestión seria la siguiente: El pensamiento que uno tiene o tuvo de su vocación de Numerario ¿era de Dios? El pensamiento de no seguir la vocación de Numerario, ¿es del demonio?

Uno de los criterios para determinar si una persona tiene vocación a consagrado numerario sería: ¿qué le atrae de la vida de casado o supernumerario?, ¿es solo satisfacer sus pasiones, su sensualidad y su amor propio, o por el contrario querría ser supernumerario, para servir como casado en el mundo mejor a Dios?.

En los periodos de tranquilidad espiritual o de adelanto espiritual, ¿qué es lo que le atrae de la vocación de numerario? ¿la vida de sacrificio, hacer algo grande por Cristo?.

Así si a uno o una le atrae el mundo, sus aspectos puramente terrenales y materiales y sensuales y como un escape de ello, el sacrificio de la vocación a numerario, entonces la vocación a numerario es clara. (Con lo cual se confirma que a más ansiedad, más vocación.)

En una palabra, que en las épocas de crisis espiritual del numerario, el mundo le atrae no como un campo donde se sirve a Dios, sino donde se satisfacen aspiraciones puramente terrenas. Si las cosas buenas y honestas del mundo como el matrimonio, la carrera, etc., le atrajeran por aspectos espirituales y sobrenaturales como un modo de servir a Dios en el mundo, señal sería de que Dios le quería en el mundo como supernumerario. Pero no es así, si le atraen las cosas del mundo, se entiende que es porque son cosas sensibles y placenteras a los sentidos. Por tanto a quien le ocurra esto tiene que conceptuar las cosas del mundo, como menos buenas "para él" pero como opuestas a la voluntad de Dios, ya que "para él" está en la vocación a Numerario y por lo tanto en la renuncia de estas cosas.

Para un supernumerario, esa vida del mundo puede ser buena. Para él numerario las cosas del mundo serán menos buenas y más bueno será renunciar a esas cosas a fin de seguir la voluntad de Dios que está "para él" en la vocación a numerario. Por tanto, un numerario no debe hacer mudanza en la desolación, sino estar firme en los propósitos de la antecedente consolación, porque en la "consolación” (verdadera) nos guía y aconseja más el buen espíritu, así como en la desolación nos aconseja el mal espíritu, con cuyos consejos no podemos tomar camino para acertar" (5.a regla de discreción de espíritus de la primera semana de los Ejercicios, núm. 318).

Así si en tiempos de tranquilidad o consolación espiritual, el numerario tiene deseos de entregarse a Dios, y en época de tentaciones y aridez o desolación espiritual sólo desea satisfacer aspiraciones puramente terrenas, con esto quedaría demostrado que la vocación es de Dios, y la idea de no seguir con la vocación, es una tentación del demonio o una exigencia de sus tendencias naturales.

Sobre las tendencias naturales y la posible vocación a numerario, conviene decir que pueden constituir sólo un obstáculo que hay que vencer, o una verdadera contraindicación para la vocación de numerario. ¿Cómo discernir esto? Una regla sencilla y práctica. Cuando estas tendencias naturales, son "en sí" irrefrenables y exigen una satisfacción, en tal forma que el contradecirlas definitivamente traería un "completo desequilibrio" psíquico, entonces hay que arreglar la elección en forma que honestamente puedan ser satisfechas. Es el caso del texto de San Pablo (1 Cor. , 9) "pero si no pueden guardar continencia que se casen; que mejor es casarse que abrasarse". Y esto no sólo por razón del corazón y del sexo sino también y muy principalmente por la emancipación del "yo", que no soporta el yugo del sacerdocio o de la vida de numerario. En tal caso Dios no ha dado la aptitud fisiológica o psicológica adecuada para tomar este estado de numerario.

Por el contrario, cuando una persona es capaz aún con grandes sacrificios, de sobreponerse a sus tendencias naturales y esto no le trae "graves trastornos" que le produzcan un "verdadero desequilibrio" psíquico, entonces debe sacrificarse y ofrecer a Dios el holocausto de sus tendencias. El que logra sobreponerse a su corazón, a su sexo y a sus ideales de independencia y libertad con gran esfuerzo y generosidad, ayudado de la gracia divina; por tanto, debe seguir la vocación dominando sus tendencias naturales.

La idea de si se tiene vocación, o no se tiene vocación, a través de los distintos sentimientos que tiene el alma, es una manifestación para los directores espirituales de la acción de Dios en el alma de una persona, e indicadora de la Voluntad de Dios para esa persona. Las experiencias espirituales son una señal de la voluntad de Dios, son manifestaciones de la voluntad de Dios.

Las experiencias espirituales son ya una señal de la voluntad de Dios, pero al fin y al cabo son gracias incitantes o iniciales, que manifiestan una acción de Dios y que incitan a tomar una decisión.

La respuesta del alma a esas ilustraciones e incitaciones será la prueba definitiva de tener vocación o no a numerario. Esta respuesta delataría no sólo una gracia incitante o inicial, sino también una gracia divina de ayuda de Dios, y revestiría por lo mismo de un carácter de señal más clara de la voluntad divina. Así tendría plena aplicación la inversa de la frase de Pío XII: "Dios no ayuda a quien no llama", convirtiéndose en esta otra: "Dios ayuda a quien llama”. La gracia vocante o incitante o excitante es una manera de ayuda de Dios, pero mucho más lo es la gracia adiuvante que ayuda a poner el acto voluntario; ésta es ya ejecución de la voluntad de Dios porque Dios no ayuda sino a quien llama. Pero hay más. Aquí se trata de una dirección, de una orientación no sólo de gracias excitantes o de llamada sino de gracias de ayuda que tienen todas una misma dirección, que invitan y ayudan a transformar la vida en una vida superior a la que el sujeto no podría aspirar por sus propias fuerzas naturales.

Ahora bien, en el caso de la vocación a numerario o sacerdocio o vida religiosa, esta confirmación y comprobación de las gracias de ayuda o ejecutoras son más necesarias, porque a veces Dios da estos buenos deseos no queriendo sin embargo su ejecución. Y la regla que da Suárez para que quien entra en religión tenga la seguridad de que tiene vocación es la siguiente, que coincide con la del Cardenal Cayetano: “La ayuda efectiva de Dios no es sólo una promesa sino un hecho que funda algo todavía más seguro que una esperanza, proporciona una certeza. La continuidad de esta ayuda se deduce de la dirección, del significado de las gracias y de la efectividad de la ayuda que Dios ha empezado a prestar”.

La idea de la vocación de numerario ha de llevar a todo bien en el principio, medio y fin de la vocación.

Bueno creo que esto ayudará un poco a comprender lo que piensa “El Padre” antes de decidir si un hijo o hija suya debe morir o volverse loco o loca en el Opus Dei.

Que Dios os cuide.



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