Prejuicios e incoherencias del Opus

From Opus Dei info

Por José Antonio, 19.12.2004


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Prejuicios del opus contra la Iglesia

En el vademecum de los consejos locales del opus dei se establece la siguiente norma:

“Necesitan dispensa para solicitar la Admisión las personas que se hayan vinculado a una orden, congregación o instituto religioso o secular; quienes hayan llegado a recibir al menos, los ministerios previos al diaconado; los hijos de padres que fueron religiosos o sacerdotes.” (pág. 13).

Y a renglón seguido se explica que también necesitan dispensa los candidatos que hayan sido enviados por su familia a un seminario o escuela apostólica a estudiar algún curso de primera enseñanza o enseñanza media (pag. 13). Para solicitar ésta dispensa se requiere

  1. que el candidato fuera enviado allí por su familia,
  2. que el tiempo de estancia fuera breve, no más de 2 cursos,
  3. que no le haya quedado ninguna costumbre o hábito que no se acomode completamente al espíritu de la Obra, y
  4. que hayan transcurrido al menos 2 años desde que salió de allí.

Creo que están claros los prejuicios que subyacen en éstas normas. No obstante, merece la pena hacer un resumen y un breve comentario.

En resumen, el opus considera que no puede admitir como socios, en principio:

  1. a los que se hayan vinculado a una orden, congregación o instituto religioso o secular,
  2. a los que hayan llegado a recibir los ministerios previos al diaconado,
  3. a los hijos de padres que fueron religiosos o sacerdotes,
  4. y a los que hayan estudiado más de 2 años de enseñanza primaria o media en un seminario o escuela apostólica.

En mi opinión éstas normas ponen de relieve que el opus tiene prejuicios contra la Iglesia, sus órdenes, congregaciones o institutos religiosos, o seculares, sus seminarios, y sus escuelas apostólicas.

Y es que la opus....”no es como los demás”....

Prejuicios del opus contra ciertas personas

Según el vademécum de consejos locales la opus no puede admitir en su institución, en principio (salvo dispensa o permiso), a los hijos de cualquiera...

  1. Es el caso (antes señalado) de los hijos de padres que fueron religiosos o sacerdotes (pág. 13)
  2. También es el caso de los “hijos ilegítimos” (para ser numerario/a o agregado/a) (pág. 15).
  3. Y también es el caso de los “hijos adoptivos” (salvo que sean hijos legítimos y naturales de un matrimonio, adoptados por otro matrimonio, y siempre que se conozca bien a los padres naturales) (pág. 16).

Con ello se ponen de relieve prejuicios contra las personas por razones religiosas o de nacimiento... haciendo cargar a los hijos con los supuestos “pecados” de sus padres...

El opus con esto prejuzga a quien fue religioso o sacerdote, por el simple hecho de haber dejado de serlo... pues le dan igual los motivos ni la eventual secularización... Y proyecta ese prejuicio sobre la persona de sus hijos...

Asímismo el opus prejuzga a los padres que tuvieron un hijo fuera del matrimonio, por ese sólo hecho... sin considerar ninguna otra circunstancia... Y proyecta ese prejuicio contra el hijo...

En una ocasión escuché a un buen profesor de Universidad comentar que es injusto tachar a los hijos de “ilegítimos”... que, en todo caso, “los ilegítimos serían los padres...”. Y creo que tenía razón.

El galimatías de los “aspirantes”

En el vademécum de los consejos locales se dice:

“Las personas que a partir de los catorce años y medio, deseen pedir la Admisión, sólo podrán solicitarla como aspirantes..."

"Los aspirantes no pertenecen jurídicamente a la Obra..."

"...ellos corresponden con esfuerzo para asimilar bien el espíritu de la Obra, y para consolidar en sus almas la disposición de entrega total a Dios, porque <> hay este acuerdo mutuo...”

Comenzaré el análisis de éste galimatías (lenguaje oscuro por la impropiedad de la frase o por la confusión de las ideas) señalando que a esas edades ningún niño normal “desea” espontáneamente pedir la Admisión, ni en el Opus ni en ningún otro sitio donde le le exijan una entrega total a Dios, porque eso va contra la naturaleza de las cosas... contra el don natural de la libertad... incluso contra los instintos...

Un niño/a de esa edad que espontáneamente, sin previo acoso, inducción o coacción, deseara pedir la Admisión en el opus, sería un buen caso para la investigación psiquiátrica...

Por tanto, como el opus no cuenta la película entera, sino sólo las escenas de la película que le interesan, hemos de ser los ex socios del opus los que alertemos de lo que realmente ocurre.

Y lo que ocurre es que un niño/a de esa edad sólo deseará pedir la Admisión en el opus tras haber sido “tratado”, “inducido” o “coaccionado” (mediante lo que llaman santa coacción)... durante bastante tiempo.

Ya tenemos a ese niño/a “deseando” pedir la admisión en el opus...

El Opus no puede admitirle porque las leyes de la Iglesia (el Código de Derecho Canónico) no lo permiten, dada su corta edad... Y esto es un problema muy serio para el opus, porque la labor de captación la realiza principalmente a esa edad inmadura.

¿Cómo soluciona el opus el problema “legal” para “cumplir” con las leyes de la Iglesia?. Pues realizando un “cumplo y miento” de la legalidad, de manera que, por una parte se afirma que el aspirante no pertenece jurídicamente a la Obra (aquí está el “cumplo”), pero, por otra parte se afirma que “de hecho” existe un “acuerdo mutuo” entre el aspirante y la Obra (aquí está el “miento”), de manera que el aspirante está “de hecho” comprometido con la Obra.

El pobre “aspirante” no tiene ni idea del plan que el opus diseñó y ejecutó para captarlo... posiblemente no le digan siquiera que jurídicamente no es del opus dei... y aunque se lo digan, no lo entenderá... porque sólo cuando sea mayor, o cuando estudie Derecho, estará en condiciones de entender la diferencia entre una situación jurídica (de derecho, legal) y una situación fáctica (de hecho)... Lo que sí le dejarán claro es que se ha comprometido a una entrega total a Dios, en el Opus Dei.

¡Qué pena me dan esos niños!

Si alguno necesita ayuda... ¡Qué disparate!... Quiero decir... que si alguno llega a darse cuenta de que necesita ayuda... nosotros podemos ayudarle.

La Boda, la Periodista, el Opus, y el beso

Hablaba Pilar Urbano (periodista y numeraria) en la televisión, al día siguiente de la boda del Príncipe, y se deshacía en halagos hacía la Princesa Leticia... una mujer –decía- que sabe lo que es el sacrificio... que ha renunciado a su carrera y a sus proyectos personales... en beneficio de la Corona y de España...

Antes o después diría Pilar (yo no lo oí porque cambié de cadena) lo que comenta Camino del “no beso”... o sea, que “ha sido un beso elegante y no de bailar un chotis”.

Pues, puede ser... pero a mí me pareció extraño... me pareció falto de naturalidad que no se dieran un casto beso en los labios, como la mayoría de los novios de España... porque en España los novios no se besan en la cara sino en la boca... y no son besos de bailar un chotis... son los besos normales.

También me pareció extraño que Pilar Urbano, numeraria de la opus, halagase con tanto entusiasmo a la Princesa, que, como todo el mundo sabe, es divorciada... algo muy normal en la sociedad actual y que a mí no me escandaliza en absoluto, me da igual, pero resulta que al opus no le da igual, y posiblemente a Pilar Urbano tampoco... Entonces ¿por qué tanto halago?.

No sé... éstas cosas dan qué pensar... sobre el poder y sobre el dinero... y sobre las personas y las instituciones que halagan a quienes tienen poder y a quienes tienen dinero... aunque los halagados hagan cosas que los halagadores detestan.

Digo esto porque el opus considera que “haberse divorciado” es un hecho personal que impide la Admisión en el opus (Vademecum de los Consejos Locales, pág. 14), lo que supone que el opus no admite divorciados, y que, en consecuencia, no admitiría a la Princesa...

...¿O haría una excepción con la Princesa...?

No sé... no sé.... divorciados no, gracias... pero... ¿y la Princesa?...

La perversión del lenguaje

La perversión de las ideas da lugar con frecuencia a la perversión del lenguaje. Y esto ocurre también en el opus.

Leo el Vademécum de los Consejos Locales, en su comienzo (1. Discernimiento de la vocación) y observo que dice cosas que no se ajustan a la realidad que yo viví. Pero no me extraña, porque en el opus existe una perversión del lenguaje que impide confiar en la literalidad de lo que se dice y obliga a revisar constantemente si las palabras que se utilizan al explicar algo significan “lo mismo que para todo el mundo” o si, por el contrario, significan “lo que los del opus han decidido que signifiquen de puertas para adentro”.

Eso explica el hecho de que el Vademécum esté redactado en términos que parece que hubiera una cola de gente a las puertas del opus que espontáneamente quisieran entrar en la institución... porque –supuestamente- “sienten” su posible vocación... “pretenden” venir a la Obra..., y “desean” solicitar la Admisión”...

Parece que tuvieran que decir... “GUARDEN COLA, POR FAVOR...”

Y no es esa la realidad.

LA REALIDAD es que la gente “tratada” por los chicos/as de la opus, espontáneamente no siente vocación, ni pretende entrar en la opus ni desea solicitar la Admisión. Lo que siente, sin duda alguna, es la INCANSABLE PERSECUCIÓN PROSELITISTA, el acoso, la inducción y la coacción. De manera que cuando alguien solicita la Admisión, en general, ya no lo hace con libertad sino “agotado” de tanto huir, física y psicológicamente de los del opus y del supuesto mensaje divino según el cual o entras o le estás dando la espalda a Dios...

Cualquiera que haya sido del opus ha podido apreciar la mencionada perversión del lenguaje, los dobles significados –incluso contradictorios- y los significados especiales que el opus atribuye a algunas palabras para uso interno.

Por ejemplo, dentro del opus la palabra “COACCIÓN” fue de las primeras que se pervirtió, porque previamente se había pervertido su significado. El concepto de coacción dejó de entenderse como un atentado contra la libertad de las personas, y adquirió la bondad de una virtud: La santa coacción... con la que el opus pasa por encima de la libertad de las personas y, partiendo de una interpretación evangélica poco clara –obligadlos a entrar...- “las obliga” a hacer cosas que no quieren mediante una coacción psicológico-religiosa convenientemente orquestada, y de la que nada se dice en el Vademécum porque “se da por supuesta”...

Otro ejemplo. Se nos decía en el opus que teníamos vocación de “CRISTIANOS CORRIENTES”... pero la realidad era muy distinta. Tanto que según dicen en el Vademecum:

“...la labor de selección exige tiempo..."

...es preciso considerar la normalidad psíquica... para evitar que puedan manifestarse trastornos mentales, quizá como consecuencia de unas exigencias espirituales y humanas, no soportables con una salud defectuosa...”

¿En qué quedamos? ¿Cristianos corrientes... o capaces de soportar exigencias espirituales y humanas fuera de lo corriente?

Otro ejemplo. El Opus no admite el ERROR INSTITUCIONAL, la posibilidad de que la institución se equivoque al discernir la vocación de un candidato.

Por eso, cuando el Vademécum habla del discernimiento de la vocación, no contempla la posibilidad de que los directores se equivoquen en ese menester.

Por el contrario, pervirtiendo el lenguaje y la realidad (de su proselitismo salvaje, con persecución, acoso, inducción, engaño y coacción...), plantean la cuestión en términos del imaginario “guarden cola, por favor...” y echan sobre los hombros del candidato la responsabilidad de un posible error en su decisión (¡?) de pedir la Admisión.

Es algo increíble, pero cierto. Ellos te persiguen, te acosan, te inducen, te engañan, te coaccionan. Todo para que pidas la Admisión. Pero si posteriormente se demuestra que hay error... el error será tuyo... no de ellos.

Parece mentira, pero es la verdad.

El Vademécum lo plantea así:

Supuestamente ellos lo que hacen respecto a los candidatos es “...comprobar que poseen realmente las cualidades y las disposiciones propias de la vocación al Opus Dei, y así “se evita que alguien pueda engañarse, siguiendo un camino para el cual no es idóneo...”

Ese “alguien” que puede engañarse es obviamente el candidato, que con su autoengaño (¡?) seguiría un camino para el cual no es idóneo.

¿Y cómo pudo ocurrir eso?. ¿Por empecinamiento del candidato?... ¡Por favor! ¿A quién pretende el opus engañar, a sus propios directores?... Pues parece que sí.

Vistos los ejemplos anteriores, cabe preguntarse cómo es posible que los propios directores no caigan en la cuenta de éstas cosas. Hay que decir que algunos se dan cuenta y se van de la opus. Y los que no se dan cuenta viven en el mundo imaginario de su adoctrinamiento iniciático, viviendo de conformidad con las ideas aprendidas en el opus, sin salir del círculo vicioso del adoctrinamiento/mentalización/práctica... apuntalado con ideas del tipo “si no vives como piensas, terminas pensando como vives” (frase oida en meditación del Centro de Estudios para reforzar la asimilación y la práctica de la doctrina de la opus).

Pues ahora... que se espere

Dice el Vademécum de los Consejos Locales:

“De ordinario, es preferible poner dificultades a los que desean solicitar la Admisión, con el fin de consolidar sus deseos de entrega. Como regla general, no se les permite que la pidan enseguida, sino que se les hace esperar algún tiempo...”

Quiere decir que:

  • cuando ya te han acosado, engañado, inducido y coaccionado con la finalidad de convencerte de que ellos te están diciendo la verdad.
  • cuando ya tu psique está convencida -por esos métodos sectarios- de que ellos te han hablado en nombre de Dios y de que Dios te ha elegido desde toda la eternidad para ser del opus dei... y concretamente numerario (por ejemplo)

...entonces, solicitas la Admisión y... oh sorpresa, resulta que ellos, que son muy rebuscados, te ponen dificultades. Dificultades que no existen realmente y que tienen como único fin consolidar tus deseos de entrega.

En mi opinión, esa regla general pone de manifiesto un método de control mental, una forma canallesca de manipular a las personas como si fueran marionetas. Y lo peor de todo es que lo hacen en nombre de Dios.

Concreción de la vocación en función del dinero

Concreción de la vocación en función del dinero y deberes de justicia de distinto peso (familia de sangre, familia sobrenatural).

Parece que Dios dejó claro que la vocación debe concretarse en ocasiones en función del dinero del candidato. Y también que lo esencial, como punto de referencia, es que ninguno puede gravar a la Obra.

En la exposición del Vademécum que transcribo a continuación, se adorna el asunto apelando al deber de justicia de atender a padres o hermanos, para finalmente dejar claro lo que tiene que quedar claro...

Parece que si la Comisón Regional le da permiso al candidato para ser Numerario, podrá incumplir y deberá incumplir ese deber de justicia de atender a padres y hermanos... porque entonces hay otro deber de justicia más importante, que es atender a la Obra.

La Obra es experta en juegos de palabras... (por ej., “...conceder sin ceder para luego recuperar...”) para justificar lo injustificable, como es que un numerario no pueda atender económicamente a sus padres o hermanos si lo necesitan.

Dice el Vademécum:

“Puede ocurrir alguna vez que desee pedir la Admisión, como Numerario o como Agregado, una persona que tenga contraída alguna obligación económica... En éste caso, se ha de solicitar antes permiso a la Comisión Regional"

"Conviene extremar la prudencia, cuando las familias de los candidatos necesiten su ayuda. Ese deber de justicia –atender a padres o hermanos- puede, en ocasiones, impedir la entrega en la Obra como Numerario, y ser motivo para que pidan la Admisión como Agregados o Supernumerarios."

"En el caso de que, con el permiso oportuno, llegue a pedir la Admisión como Numerario, se le expone, con claridad y con delicadeza, su deber en justicia de hacer frente con sus medios y con los que obtenga de su trabajo, a las obligaciones contraídas: ninguno grava a la Obra, y todos sienten el grato deber de sostener a su familia sobrenatural"

Así que, si finalmente el candidato fue admitido como numerario y sus padres o hermanos están necesitados económicamente, que no esperen ninguna ayuda de su hijo o hermano numerario.

Lecciones de caridad para la Iglesia

Dice el Vademécum:

“Aunque la doctrina de la Iglesia está muy clara, la caridad puede exigir que no se reciba en la Obra a una persona determinada, sin el consentimiento expreso de su familia. Por tanto, si se prevé que alguno, que desea solicitar la Admisión como Numerario, tropezará con graves dificultades familiares, se consultará a la Comisión Regional antes de permitírselo.”

Es llamativo este criterio. En primer lugar porque con él el opus se pone bajo el manto de la Iglesia, afirmando que él cumple la doctrina de la Iglesia... Pero a renglón seguido se desmarca -teóricamente- de la doctrina de la Iglesia y afirma que LA CARIDAD -que al parecer no fue suficientemente considerada por la doctrina de la Iglesia- PUEDE EXIGIR que se pida el consentimiento expreso a la familia del candidato.

Yo desde luego nunca vi ni oí que se pidiera el consentimiento a la familia de ningún candidato.

En la práctica lo que se hacía era ocultar el asunto a la familia del candidato.

La Opus marca distancias con "los demás", incluso con la Santa Sede

Una de la contradicciones del opus es que quiere “estar dentro de la Iglesia”, pero sin mezclarse con la Iglesia..., o mezclándose sólo lo imprescindible para no quedar excluido... pero siempre están marcando distancias... porque ellos no son como los demás... y no se sienten como los demás.

Yo recuerdo a un director –hoy sacerdote- que se le escapaba la risa cuando en un semestre (curso de verano) tuvo que dar una charla sobre “humildad” individual y colectiva.

Intentaba ponerse serio, pero no le salía, sus gestos y sus maneras de expresarse no estaban en sintonía con sus palabras.

A todos se nos escapaba un poco la risa porque realmente no nos sentíamos como los demás. Nuestro adoctrinamiento general y nuestro modo de vida no tenían nada que ver con los demás.

Los socios del opus dei –decía- debemos ser humildes aunque tengamos dos carreras superiores (la de cada uno y la de teología, refiriéndose a los numerarios), aunque seamos la extremada delicadeza en el trato, aunque seamos la aristocracia de la inteligencia, etc, etc.

Hablaba y hablaba, pero los gestos le delataban, la sonrisa se le escapaba... se nos escapaba... porque la realidad de lo que vivíamos y creíamos estaba en la mente de todos… muy lejos de la humildad. Era difícil ser humildes creyéndonos “elegidos por Dios”, creyéndonos la aristocracia de la inteligencia, creyendo que aun cuando la Iglesia se equivocara nosotros no nos equivocaríamos porque Dios nos había marcado el camino… ¡Qué disparate y qué disparate!...

Los del opus dicen trabajar para la Iglesia pero que no se le ocurra a la Iglesia decirles cómo tienen que hacerlo, porque entonces se pondría de manifiesto su verdadera humildad. Ellos creen que recibieron –y reciben-instrucciones directas del Altísimo... y –lógicamente- no atienden instrucciones de nadie más…

El opus adoctrina a sus fieles en la idea de que son “cristianos corrientes”... pero luego el adoctrinamiento situa a la opus en la categoría de las intervenciones directas de Dios... y a los opusinos en la categoría de los “elegidos” por Dios para hacer su opus... lo cual no tiene nada que ver con los cristianos corrientes... ni con ser “como los demás”.

El planteamiento inevitablemente marca distancias entre “quienes se creen elegidos de Dios” para hacer la opus de Dios y “los demás”..., entre “quienes se creen en posesión de la verdad” y “los demás”.

Ésta actitud del opus de “marcar distancias” con los demás tiene su reflejo en el plano del Derecho.

El Vademécum de los Consejos Locales, al hablar de las “características divinas” de la opus que sus fieles deben cultivar (¿?) y defender (pág. 42) pone especial énfasis en señalar:

“el Derecho propio –santo, perpetuo e inviolable- que nuestro queridísimo Fundador, por Voluntad divina, estableció para siempre, y la Santa Sede ha sancionado”.

Esas auto-afirmaciones de la opus sobre “su Derecho propio” me sugieren los siguientes comentarios:


1º/ En una primera aproximación, las características que la opus auto-atribuye a “su Derecho propio” –santo, perpetuo e inviolable- parecen marcar distancias.

Parece que se quieren puntualizar diferencias con respecto al Derecho de la Iglesia y de otras instituciones de la Iglesia... que no gozarían de esas características, y por tanto se situarían en otro nivel, desde luego inferior, en el que el Derecho –de la Iglesia y de las demás instituciones- ya no sería santo, ni perpetuo ni inviolable o quizás sería menos santo, menos perpetuo y menos inviolable.


2º/ En una segunda aproximación, parece que de nuevo se marcan distancias.

Al decir que “el Derecho propio –santo, perpetuo e inviolable- que nuestro queridísimo Fundador, por Voluntad divina, estableció para siempre, y la Santa Sede ha sancionado”, lo que parecen estar diciendo es lo siguiente:

a) en primer lugar, que “su Derecho propio” fue establecido por el Fundador, “por Voluntad divina”, “para siempre”.

Con lo que vienen a decir que su Derecho propio es como los dogmas, que siempre ha sido así, (incluso durante los muchísimos años en que la Santa Sede, con diversos Papas, no lo reconoció), y que seguirá siendo así "por Voluntad divina".

Pero cuidado, porque sentado lo anterior la consecuencia lógica es que su Derecho propio prevalece sobre lo que pueda decir la Santa Sede.

Afortunadamente para la opus de momento hay sintonía con la Santa Sede, pero ¿y si en algún momento de la Historia la Santa Sede viera en el opus un peligro y decidiera suspender o eliminar su Derecho propio?... ¿aceptaría el opus una intervención de la Santa Sede en éste sentido?... Yo creo que no.

b) en segundo lugar se dice respecto a “su Derecho propio” que, además -(“y”)- “la Santa Sede (lo) ha sancionado”.

Esta afirmación añadida en último lugar parece querer decir que en el fondo les daba lo mismo lo que dijera la Santa Sede (ellos siempre han funcionado más bien al margen de la Santa Sede, por lo que yo vi cuando era todavía Instituto Secular), pero dado que la Santa Sede finalmente les ha concedido un estatus jurídico que parece que les viene cómodo, aprovechan para “cubrirse con el manto de la Iglesia”.

Por otra parte, me parece un juego de palabras algo mentiroso, porque lo que la Santa Sede ha sancionado es un estatus de Prelatura Personal, y nada más.

Yo no creo que realmente la Santa Sede conozca los detalles del “Derecho propio” del opus. Creo que conocerá lo que siempre ha conocido, la punta del iceberg que el opus muestra cuando no tiene más remedio.

La Santa Sede no se enterará de la realidad del opus mientras no establezca instrumentos jurídicos que le permitan fiscalizar lo que realmente ocurre dentro de la Prelatura. Por ejemplo, mediante una continua labor inspectora en los centros y en las actividades de la opus (similar a la que se anuncia que se va a realizar en los seminarios diocesanos para evitar ordenaciones que posteriormente puedan producir escándalo por desórdenes sexuales).

¿Aceptaría la opus que en algunas de sus casas, elegidas por la Santa Sede, residiera temporalmente un sacerdote-inspector de actividades nombrado directamente por la Santa Sede, vinculado sólo a ella, con libertad para entrevistarse con los residentes en la casa, al que no se le pudiera ocultar nada, y obligado a informar por escrito de todo lo visto y oido?.

¿Aceptaría la opus que un sacerdote-inspector de actividades se fuera entrevistando privadamente con todos los fieles de la Prelatura que se encuentran en tratamiento psiquiátrico, y elaborase los correspondientes informes escritos -para la Santa Sede- sobre las causas de la situación, los psiquiatras elegidos, la libertad del paciente, los tratamientos seguidos, y la conformidad o disconformidad del paciente respecto a su situación personal y jurídica?

Si alguien de la Santa Sede lee esta página web y está en su mano hacer algo, que reflexione y actue, porque el daño lo está haciendo directamente el opus, pero está claro que la Iglesia tiene su responsabilidad por permitirlo.

¿Volverá el numerario?

Hace unos años se veía en televisión una serie americana titulada “Enredo”. Se trataba de una disparatada comedia que se desarrollaba en el contexto de diversos casos judiciales enjuiciados mediante el sistema del Jurado.

En cada capítulo de la serie se planteaba un caso judicial, se examinaban las investigaciones sobre el asunto, se recibían las declaraciones de los testigos, y al terminar el capítulo el Jurado se retiraba a deliberar. Al salir el Jurado de la sala terminaba el capítulo, y una voz en of repetía en tono interrogante:

¿Volverá el Jurado con el veredicto de culpable?...(música de suspense)...

¿Volverá el Jurado con el veredicto de inocente?...(música de suspense)...

¿Volverá el Jurado?... (carcajadas)...

Pues parece que algo similar plantea la voz en of de la opus cuando un numerario “desaparece” de su centro sin dejar rastro y no se consigue dar con su paradero:

¿Volverá el numerario en mal plan?...

¿Volverá el numerario en buen plan?...

¿Volverá el numerario?...

Bajo éste planteamiento cómico se esconde el drama de la “huída”... porque el numerario que se va así más que irse –siguiendo cauces habituales- lo que hace es “huir”...

Y partiendo del hecho de que esas “huidas” han sido objeto de regulación mediante norma escrita, es razonable deducir que suelen producirse con cierta frecuencia (pues cualquier norma escrita –incluidas las leyes- sólo se establecen para hechos que se producen con cierta frecuencia).

Éste tipo de salida de la opus es “una salida a la desesperada” cuyo protagonista seguro que antes habría intentado irse por los cauces habituales y no le dejaron (santa coacción) o no se atrevió a plantearlo con suficiente firmeza (actitud disculpable, dada la coacción)... así que, perdida ya la esperanza de un posible diálogo... optaría por “desaparecer”, por “huir”...

Sin embargo es evidente que nadie huye de la felicidad... nadie huye del bien, ni de la bondad... Entonces ¿de qué huye?... Sería bueno que la opus se lo plantease...

El Vademécum de Consejos Locales implícitamente culpabiliza al que huyó, pues no establece que se investiguen las causas ni las circunstancias que concurrieron en esa huida.

Además, establece que conviene hablar con “la familia” (¿?) para saber dónde se encuentra “el interesado” (¿?). Y éstas referencias -tan extrañas para los que conocemos el opus por dentro- ponen de relieve un prejuicio y una toma de postura contra el huido...

Efectivamente: a) Resulta extraño que mencionen “la familia” del huido... pues en la opus se suele hablar de “la familia de sangre” para diferenciarla de la “familia” del opus... (ellos dicen que ésta es “la verdadera”) y b) Más extraño todavía resulta que se refieran al numerario huido con el término de “el interesado”... término jurídico administrativo con el que parece que la opus quiere marcar distancias con el que antes de huir era –supuestamente- “hijo” querido y “hermano” amadísimo.

Dice el Vademécum de Consejos Locales:

Si, en alguna ocasión, un Numerario o Agregado, sin licencia del Director, abandona el Centro al que está adscrito, y no se consigue dar con su paradero, se informa enseguida a la Comisión Regional, y a nadie más. En ese caso, convendrá que un sacerdote Numerario –prudente y con experiencia- vaya a hablar con la familia, para exponer las cosas con prudencia y con claridad, a fin de que, si es posible, se logre saber dónde se encuentra el interesado. Cuando se consigue hablar con él, se comunica a la Comisión Regional y, con mucha caridad y fortaleza, se ponen los medios para ayudarle a seguir luchando.” (pág. 55)

Como se vé, cuando se consigue hablar con el huido “se ponen los medios para ayudarle a seguir luchando”, lo que evidencia, que, según la opus, sólo él es culpable.

Las 'marcas' de la opus

Hace unos meses leí en esta web que la opus de dei estaba registrada como marca comercial (ellos mismos lo notificaban en la demanda que pusieron al anterior dominio de la web: opusdeilibros.com) ... y le criticamos –mea culpa- el haberse convertido en “una marca registrada”...

¡Estábamos equivocados!...

He consultado la página web de la oficina española de patentes y marcas y “he visto” que la opus de dei, a efectos de “marca registrada” no es sólo “una marca” sino que está detrás de “varias marcas”, a saber:

A/ La denominada “JOSE MARÍA ESCRIVA DE BALAGUER FUNDADOR DEL OPUS DEI.-HOJA INFORMATIVA” (de la que consta como titular la sociedad SCRIPTOR S.A.)

B/ La denominada “HOJAS INFORMATIVAS VICEPOSTULACIÓN DEL OPUS DEI EN ESPAÑA” (de la que consta como titular BADRINAS AMAT, BENITO)

C/ La denominada “PRELATURA DEL OPUS DEI. HOJA INFORMATIVA DE LA OFICINA PARA LAS CAUSAS DE LOS SANTOS” (de la que consta como titular la PRELATURA DEL OPUS DEI)

y D/ La denominada “OPUS DEI” (de la que, unas veces consta como titular la PRELATURA DEL OPUS DEI, REGIÓN DE ESPAÑA, y otras veces consta como titular la sociedad SCRIPTOR S.A. ), marca que se registró para muy diferentes productos o servicios, entre otros, de las siguientes clases:


  • Servicios de publicidad y servicios de ayuda a la explotación o dirección de empresas comerciales o industriales.
  • Exportación, importación y representaciones (clase 35).
  • Servicios de seguros y finanzas. Servicios de promociones inmobiliarias (clase 36).
  • Servicios de construcciones y reparaciones (clase 37).
  • Servicios de comunicaciones radiofónicas, telefónicas o telegráficas (clase 38).
  • Servicios de transporte, almacenaje y distribución de productos (clase 39).
  • Servicios de tratamiento de materiales (clase 40).
  • Prendas confeccionadas para señora, caballero o niño y calzado (excepto ortopédico), sombrerería (clase 25).
  • Productos agrícolas, hortícolas, forestales y granos no incluidos en otras clases; animales vivos; frutas y verduras frescas; semillas; plantas vivas y flores naturales, alimentos para animales, malta (clase 31).
  • Cervezas; aguas minerales, gaseosas y otras bebidas no alcohólicas, jarabes para hacer bebidas; zumos de frutas, siropes (clase 32).
  • Vinos, licores y otras bebidas alcohólicas –excepto la cerveza- (clase 33).

En fin... cosas más raras se han visto pero a mí me parece que esto de las marcas le pega a una institución religiosa lo mismo que a un Santo Cristo dos pistolas.

Intento imaginarme la publicidad de los citados productos y servicios y me resulta malsonante. Por ejemplo, y sin ánimo de ofender:

Publicidad opus dei (llegará hasta el Cielo).
Apoyo Gerencial opus dei (avalados por la experiencia interna).
Exportaciones e importaciones opus dei (amplia experiencia en 80 paises).
Representaciones opus dei (representaciones de calidad).
Seguros opus dei (se cubre cualquier siniestro).
Financiaciones opus dei (con garantía personal).
Promociones inmobiliarias opus dei (con habitaciones para sus 7 niños).
Construcciones opus dei (realizadas a conciencia).
Reparaciones opus dei (con garantía divina).
Radio opus dei (para oir música celestial).
Telefonía opus dei (con conexión divina).
Transportes opus dei (para llegar hasta el Cielo).
Trajes opus dei (hechos a medida).
Cítricos opus dei (sólo amargan con el tiempo).
Cervezas opus dei (las más refrescantes).
Agua mineral opus dei (como agua bendita).
Vinos del opus dei (imprescindibles en su mesa).
Licores del opus dei (con aromas de eternidad)...

¿Os suena bien?... A mí no.

La opus, en esta materia, parece haber olvidado que es una institución de la Iglesia y que debe comportarse como tal.

¿De qué estamos hablando, de hombres de Dios o de mercaderes?...

¿De hombres de Dios o de hombres preocupados por sus propios nombres y por sus correspondientes honrillas personales?...

¿De hombres de la Iglesia o de hombres al margen de la Iglesia?...

¿De hombres preocupados por la Iglesia o de hombres preocupados por la opus?...

Al asunto de las marcas no le veo apoyo evangélico... sólo veo posibles intereses de mercado y “apegos mundanos” -al nombre de la Prelatura, a la honrilla de la Prelatura, al qué dirán...- en una institución que se autodenomina “Obra de Dios”..., y que pertenece a la Iglesia Católica...

La Iglesia Católica NO se ha registrado como “marca”... TAMPOCO ha registrado las denominaciones siguientes: Virgen, Jesucristo, Evangelios, Iglesia, Obispos, Conferencia Episcopal, Salvación...

En la citada página web de la oficina española de patentes y marcas aparece una base de datos con un localizador de marcas que ofrece la información. Si algún incrédulo quiere comprobarlo, que lo compruebe en www.oepm.es). En primer lugar aparece el listado general de marcas en cuya denominación se contienen las palabras opus dei, y pinchando en cada elemento de la lista, en el recuadro de “más datos”, aparece información más detallada, con expresión de la clase de productos o servicios para los que se solicitó el registro de la marca.

Negar la realidad

  • En una entrega anterior ya comenté que en la opus de dei hay que estar permanentemente revisando el significado de las palabras para comprobar si significan los mismo “en la opus” que “fuera de la opus”.

Pero ahí no acaba la cosa. El asunto se extiende al campo de la lógica jurídica, e incluso a las vivencias personales en ciertas materias.


  • Al leer el vademécum de los consejos locales –gracias a opuslibros, pues en la opus no me lo permitieron- me ha llamado mucho la atención el tipo de redacción que se utiliza frecuentemente en el apartado II –Formación-, conjugando los verbos en presente de indicativo para indicar cómo se hacen las cosas en la opus de dei.

De ésta manera se viene a presentar como “realidad” práctica lo que en buena lógica jurídica no es la realidad sino que pertenece a la categoría de la “normatividad”, de la obligación jurídica, del cómo hay que hacer las cosas...

Así, por ejemplo, se utilizan en el vademécum expresiones del siguiente tenor:

a) “...La preocupación de los directores por la vida interior de los demás les mueve a estar atentos...” (pág. 60).

b) “...están diariamente al tanto de sus afanes y luchas...” (pág. 60).

c) “...se vive también una maravillosa unidad...” (pág. 60).

d) “...exigen la máxima fidelidad al espíritu de la Obra...” (pág. 60).

e) “...fomentan el sentido de responsabilidad...” (pág. 61).

f) “...no dejan de utilizar los escritos de nuestro Padre...” (pág. 63).

g) “...la charla...es una conversación fraterna...” (pág. 63).

h) “...se hace con puntualidad...” (pág. 64).

i) “...saben escuchar a sus hermanos...” (65).

j) “...procuran que... nadie llegue al agotamiento físico...” (pág. 68), etc.

Lo lógico hubiera sido utilizar expresiones como “...les debe mover...”, “...deben estar...”, “...se debe vivir...”, “...se debe exigir...”, “...se debe fomentar...”, “...deberán utilizar...”, “...debe ser una conversación fraterna...”, “...debe hacerse con puntualidad...”, “...deben saber escuchar a sus hermanos...”, “...deben procurar que nadie llegue al agotamiento físico...”, etc.

¿Por qué es esto lo lógico? Pues porque la experiencia universal demuestra que con frecuencia quien tiene que cumplir una norma jurídica puede cumplirla o puede no cumplirla; la norma jurídica es una cosa, y su cumplimiento es otra cosa distinta, que, en la realidad práctica, puede coincidir con lo obligado normativamente o puede desviarse de esa obligación.

Por tanto, las expresiones del vademécum en tiempo presente son engañosas, pues rompen con la lógica diferencia entre el “deber ser” y el “ser”, o, lo que es lo mismo, entre la “norma de comportamiento” (la obligación de actuar de cierta manera, el cómo tienen que hacerse las cosas; en definitiva, la teoría) y el “comportamiento real” (la/s praxis, el cómo se hacen las cosas, la realidad de los que obedecen en los diversos países y en los diversos centros, las cosas que ocurren realmente... las cuales pueden coincidir o no con la norma de comportamiento).

Con ello la opus de dei lo que hace es negar la realidad.

Niegan la posibilidad de que pueda existir una praxis (o varias) distinta (s) de la teoría... e incluso niegan la posibilidad de que las cosas se estén haciendo mal en algún sitio... o en algún centro...

Mal asunto el de negar la realidad... Es como negar la verdad... Impide reconocer el error y, consecuentemente, impide rectificar.

Pero en fin, la(s) praxis de la opus tiene(n) éstas cosas... Y a veces hasta la mismísima teoría niega la realidad.


  • Un ejemplo clamoroso de negación de la realidad por la misma teoría aparece en la página 82 del vademécum, que tratando del Círculo Breve dice:

“El que preside el Círculo, sintiéndose responsable de la vibración apostólica de los asistentes, procura encauzar la conversación sobre asuntos de la Obra hacia el proselitismo y el apostolado”.

Todos los que fuimos de la opus sabemos que quien dirige el Círculo Breve no entabla conversación con nadie sino que realiza una exposición o monólogo.

Sin embargo, la opus ha decidido negar la realidad y llamar “conversación” al “monólogo” del Director del Círculo Breve.

Con tanta complicación mental, con tanta confusión de conceptos, con tanto negar la realidad, es lógico que las mentes se resientan y muchos terminen necesitando ir al psiquiatra.


  • En fechas recientes se ha tratado por algunos el tema de la ordenación sacerdotal impuesta en la opus... no a punta de pistola sino como se imponen las cosas en la opus... en fin, con santa coacción... y como hay quien niega ésta realidad, he de decir que recuerdo perfectamente -porque fue uno de los múltiples motivos que me llevaron a irme del opus- parte del contenido de la carta que Alvaro del Portillo escribió en Crónica del mes de mayo o junio del año 1.980, en la que se decía, más o menos: “...Hijos míos... tenéis que estar dispuestos a ordenaros si el Padre os lo pide...”

Aquello a mí me sonó a “nuevo engaño” (ya antes me habían engañado, negando la existencia de votos, y con otras cosas). Lo leí y lo releí para ver si realmente decía lo que yo había entendido en mi primera lectura, y efectivamente decía eso: ”teneis que estar dispuestos a ordenaros si el Padre os lo pide”. Por tanto, está claro que las ordenaciones se imponen... con santa coacción...

Lógicamente, en teoría podría uno negarse, pero entonces quedaría marcado, ante los demás e incluso ante su propia conciencia, por esa falta de fidelidad al Padre. ¿Qué estimación pública puede tener quien se atreva a rechazar semejante petición del Prelado?. Y ¿qué autoestima le puede quedar, en una organización religiosa en la que se venera al Prelado y se hace mucho hincapié en la filiación al Padre?. Y ¿qué le dirá en la carta que cada mes tiene que escribirle al Prelado... que se encuentra fenomenal después de haber rechazado su paternal petición... que reza por el Prelado pero que no cuente con el que suscribe para el asunto del sacerdocio?... En fin, que la libertad en esa materia brilla por su ausencia...


  • Para terminar, voy a contaros una anécdota que muchos sabréis y que viene a cuento porque pone de manifiesto la praxis de la “negación de la realidad” y la sustitución de la realidad por “lo que diga el Director” (“la realidad oficial”), bien entendido que eventualmente podrían coincidir ambas, pero que, si no coinciden, prevalece “lo que diga el Director”.

Ésta anécdota la oí en el Centro de Estudios como “ejemplo de unidad con los Directores”. Pues bien, contaban que estando el Fundador en un centro de la sección femenina, de visita o de tertulia, sufrió un desvanecimiento tan prolongado que parecía que se había muerto, y en esos dramáticos momentos, llenos de tensión y nerviosismo, llegó a la sala donde estaban reunidos alguna numeraria que ignoraba lo que pasaba, y que al ver el revuelo y al Fundador tendido, le preguntó a otra –en voz baja- que qué pasaba, a lo cual la interpelada respondió, también en voz baja: “Que el Padre se ha muerto...”

La Directora, que oyó el comentario sobre la muerte del Fundador, y que por lo visto tenía bastante genio, gritó: “¡AQUÍ NO SE MUERE NADIE HASTA QUE YO LO DIGA!”

P.D. No se sabe si la muerte se asustó ante el recio carácter de la Directora, o si la Trinidad se vió coaccionada ante semejante ejercicio de autoridad, pero lo cierto es que al Fundador se le pasó el turuleque y no se murió ese día.

Ellos, la crisis, y el reglamentito

Decía J.C. (6/7) que en uno de sus centros utilizaban el término “ellos” para referirse a los que mandaban o tenían el control...

Esto me trajo a la memoria algunas ideas que se me ocurrieron tiempo después de irme de la opus y que os cuento por entretenimiento y por si sirve de ayuda a alguien en situación de crisis.

  1. Cuando, antes de ser de la opus, entras en contacto con la misma, utilizas el “YO” como elemento de diferenciación frente al amigo/a de la opus que le persigue, identificado con el “TÚ”.
  2. Cuando el amigo/a de la opus te dice que su vida no es rara sino muy normal, con frecuencia te pone como ejemplo a una tercera persona, también del opus, modelo de virtudes varias y de gran simpatía, al que ambos llaman “ÉL”.
  3. Cuando te atrapa la red de la opus ya no utilizas el “yo”, ni el “tú”, ni el “él”, porque todos pertenecéis entonces al “NOSOTROS”.
  4. Cuando surge la crisis reaparece tímidamente el “yo” (en crisis), que cada vez se siente menos “nosotros” (lo explica muy bien Satur en su escrito “Un día me encontré raro”, 4-1-2003), por lo que abandonas el uso del “nosotros” y empiezas a utilizar el “VOSOTROS”.
  5. Cuando te vas del opus, el “vosotros” se aleja hasta convertirse en “ELLOS”.

Está previsto que sea así (decía el Fundador que “...sólo se caen las hojas secas...”) y la praxis suele ir en esa línea, creo que para evitar replanteamientos vocacionales masivos... La consigna es que el que se va se condena... así trata de evitarse que otros se sumen al que se quiere ir.

Pues bien, “ELLOS”, que lo tienen todo previsto, tienen minuciosamente reglamentado hasta el asunto de las crisis... su prevención... su preparación... las dudas de vocación... la necesaria autorización para asistir a un psiquiatra o a un psicólogo... el tipo de médico al que hay que acudir... el tipo de información que el médico debe dar al enfermo... y la información que interesa que el médico dé a los Directores...

O sea, ¡todo bajo control!, para que nadie se vaya.

No tiene desperdicio... Dice el vademécum de los Consejos locales:

“Los directores han de prevenir las dificultades psicológicas... (pág.88)

...los fieles de la Prelatura deben saber, para estar preparados psíquica y espiritualmente, que en algunas épocas, entre los 40 y los 50 años, determinadas circunstancias –incluso físicas- pueden originar una cierta depresión psicológica... (pág. 88)

...Puede ocurrir también que, en esos momentos, alguno llegue a plantearse –sin ningún fundamento objetivo- problemas de orden profesional o sentimental, e, incluso, dudas de vocación... (pág. 89)

...antes de que un Consejo local autorice a alguno a acudir a la consulta de un psiquiatra –y, con mayor razón, a un especialista en psicología que no sea médico- consultará a la Comisión Regional... (pág. 90)

...el Consejo local pondrá el hecho en conocimiento de la Comisión Regional, e informará del dictamen médico, para tenerlo en cuenta antes de que se le conceda la Oblación o la Fidelidad... (pág. 91)

...se acudirá a un médico experimentado y prudente –mejor, si es miembro de la Obra-, que sepa informar adecuadamente al enfermo, sin ocultar nada, pero sin insistir tampoco mucho sobre sus cansancios, pues, en ocasiones, sirve inconscientemente de pretexto al enfermo para no dejarse ayudar o para convertirse en médico de sí mismo. Por esto, es muy interesante que informen a los Directores, para prestar una ayuda eficaz al que lo necesita... (pág. 91).

Estos párrafos dejan ver claramente la falta de libertad que tienen los miembros de la opus... y los manejos a los que se prestan algunos médicos (experimentados y prudentes, ¡?)...

Cuando leo estas minuciosas reglamentaciones recuerdo haber oído a un Director, hablando de la aprobación jurídica de la opus como instituto secular, que las mayores dificultades provinieron de que en la Santa Sede “no entendían el espíritu del opus dei”... y querían que se detallase por escrito el modo de vida de sus socios... porque, al parecer, en la Santa Sede “no entendían que la Obra no necesita ningún reglamentito...”

¡Cuánta contradicción!.

Vocación divina versus experiencia

Voy a hacer un comentario sobre la letra de una canción que medité mucho cuando empecé a pensar en irme de la opus.

Era una canción que se le cantaba al Pápa Juan Pablo II . El cura de mi centro de estudios hizo referencias a esa letra en alguna meditación y dijo que podía llevarse a la oración... Servía para rezar pensando en el Papa y servía para rezar pensando en Dios... No le faltaba razón al cura. Pero... posiblemente no pensó que también servía para someter a examen a la institución...

La letra es la siguiente:

 AMIGO
(Autores : Erasmo Carlos, Roberto Carlos y Budy Mc. Cluskey)

Tú eres mi hermano del alma, realmente el amigo
que en todo camino y jornada está siempre conmigo.
Aunque eres un hombre, aún tienes el alma de un niño,
aquel que me da su amistad, su respeto y cariño.
Recuerdo que juntos pasamos muy duros momentos,
y tú no cambiaste por fuertes que fueran los vientos.
Es tu corazón una casa de puertas abiertas,
tú eres realmente el más cierto en horas inciertas.

En ciertos momentos difíciles que hay en la vida
buscamos a quien nos ayude a encontrar la salida,
y aquella palabra de fuerza y de fe que me has dado
me da la certeza que siempre estuviste a mi lado.
Tú eres mi amigo del alma en toda jornada,
sonrisa y abrazo festivo a cada llegada.
Me dices verdades tan grandes con frases abiertas,
tú eres realmente el más cierto en horas inciertas.

No preciso ni decir todo esto que te digo,
pero es bueno así sentir que eres tú mi gran amigo.

¿Era el opus mi hermano del alma?. ¿Era el opus mi amigo?

Estaba claro que no. El opus era una institución a la que me dijeron con 17 años que Dios me había llamado, y yo, que era joven e inexperto, felíz e indocumentado, aunque primeramente me resistí, finalmente me lo creí... y entré con 18 años en una institución que desde el principio me ocultó la verdad... que llegó a engañarme en materias importantes... que cuando la descubrí en uno de sus mayores engaños (los votos; entonces los había, ahora los llaman 'compromisos'), no quiso asumir su responsabilidad y, por tanto, no tuvo la generosidad de dejarme abierta la puerta de salida...


¿Tenía yo en el opus algún hermano del alma?. ¿Tenía yo en el opus algún amigo?

No, claro que no. Eso estaba prohibido.


¿Había alguien en el opus que en todo momento y jornada estuviese conmigo?

No. Estando en el opus yo llegué a estar sólo. Solo de toda soledad. Absolutamente sólo. No es que “me sintiera” sólo, sino que “estuve” sólo, lo cual desde luego fue para bien porque empecé a “pensar” con verdadera libertad de conciencia y finalmente decidí irme de la opus.


¿Tenía el opus aún alma de niño?

El opus no tenía alma de ninguna clase. Era un ente jurídico... cuya verdadera naturaleza yo desconocía porque no me habían dejado leer sus estatutos.


¿Tenían los directores aún alma de niño?

No. Tenían alma de institución, de normas, de criterios... de “robot-opus” o “robotopus”. Unos éramos robotopus sin mando y otros eran robotopus con mando, pero todos respondíamos a las mismas instrucciones de manejo... manejo de marionetas que decían ser libres, que incluso creían ser libres...


¿Me daba el opus o alguien del opus su amistad, su respeto y cariño?

Pues claro que no. La amistad estaba prohibida. El respeto brillaba por su ausencia dado que me habían engañado y me ocultaban los estatutos, los vademécum y demás reglamentos internos. Y el cariño no puede existir en éstas condiciones de falta de respeto...


¿No cambió el opus por fuertes que fueron los vientos?

Sí, sí cambió... y no hicieron falta fuertes vientos... sólo hizo falta “tiempo”, el tiempo imprescindible para empezar a apreciar los engaños, las realidades ocultas, y las diferencias existentes entre la teoría y la práctica...

El opus cambió mucho para mí en el Centro de Estudios...Allí empecé a darme cuenta de la realidad...


¿Tenía corazón el opus?

Pues claro que no. Los entes no tienen corazón.


¿Tenían corazón los del opus?

No. Se habría considerado como apegos mundanos, amistades particulares, afectos desordenados, etc.


¿El opus proporcionaba certeza en horas inciertas?

No. La única certeza que me proporcionaba el opus como numerario es que me había entregado del todo y para siempre debido a una supuesta llamada divina...y lo demás dependía de lo que le conviniera al opus...


¿Me ayudaba el opus a encontrar “salidas” a “mi situación”?

No. Cuando dije que me iba... me sugirieron que podría pedir dispensa de la vida de familia... (para dedicarme sólo a estudiar y a hacer las normas)... ¡Qué manía con que pidiéramos!...

Yo ya no quería pedir nada... y mucho menos “dispensas”... situaciones especiales, excepcionales, o como quisieran llamarlas... sólo quería irme... irme de una institución en la que nunca hubiera entrado si me hubieran dicho la verdad...

Pero tanto insistieron en que no me fuera... que, buscando una salida airosa para todos, dije: “Bueno, pues dejadme ser supernumerario...”

Y entonces me argumentaron que eso no iba a ser posible hasta que pasasen muchos años (refiriéndose a los estatutos que no me habían dejado leer)... y que, SEGÚN LA EXPERIENCIA, EL QUE PASABA DE NUMERARIO A SUPERNUMERARIO (prescindiendo de los citados estatutos, ¡ojo a la contradicción!) TERMINABA YÉNDOSE DE LA OBRA...

Esto último me sirvió definitivamente para romper el mito de la supuesta vocación divina... porque tiempo atrás me habían dicho que la llamada al opus dei era una vocación divina, que era la misma vocación para todos los socios (hoy fieles de la Prelatura) etc... Y de pronto, el director que me envió mi lejana Delegación (dos aviones tuvo que coger para venir a verme), ante mi planteamiento, prescindió de la supuesta llamada divina, de la vocación única al opus dei, y de la Providencia de Dios, y, por el contrario, se remitió a “LA EXPERIENCIA” para argumentar que no merecía la pena intentar “esa salida” (pasar yo a ser supernumerario) porque, según la experiencia, “esa salida” desemboca en “la salida” (de la opus)...

Para mí se encendió una luz –otra de tantas- en mi camino de salida de la opus, al comprobar que quien intentaba que yo siguiera siendo numerario, refutaba mi planteamiento prescindiendo de la Providencia, y remitiéndose exclusivamente a la experiencia... Ése era el criterio previsto en mi Delegación para situaciones y planteamientos como los míos... la experiencia... Entonces, ¿qué pintaba Dios en aquella historia?... poco o nada...


¿Me ayudaba el opus a encontrar “la salida” (del opus)?

No, de ninguna manera. Sólo querían “ayudarme” a que “aguantase de numerario” como fuera, con dispensas... con tratamiento médico... como fuera...

Llegaron a ofrecerme si quería dar charlas a los supernumerarios del lugar... A mí, que no había terminado el segundo curso del Centro de Estudios (fui al servicio militar obligado)... ni había dado una charla en mi vida... y que estaba diciendo que me iba de la opus... ¡Me estaban tentando con la vanidad!... ¡Qué cosas se ven!...


¿Vi alguna vez que a alguién se le hubiera ayudado a encontrar la salida?

No. Es más, ví lo contrario. Un joven que deambulaba como un zombi por el Centro de Estudios debido al tratamiento médico, o que casi no salía de su habitación... durante días y meses... y nadie nos dijo que se le iba a dejar marchar en paz ni que se le iba a facilitar la salida... pero sí nos dijeron que, como estaba en tratamiento médico, no le llevásemos la contraria en nada y actuásemos sin tenerlo muy en cuenta, permitiéndole que hiciera lo que le pareciera oportuno... ¡Otra luz en mi camino!... ¿Por qué no le decían que se fuera si estaba claro que no podía?...


¿Me había dicho el opus la verdad con frases abiertas?

Por supuesto que no... aparte de los engaños... no me dejaron leer los estatutos cuando los pedí... ni me aclararon cosas que pregunté...

Era muy decepcionante admitir que el opus no me había dicho la verdad con frases abiertas... Hasta mi honrilla se resentía al tener que admitir que había sido engañado y manejado durante tres años por una organización religiosa de la que yo mismo había hablado mil maravillas...

Cooperadores

De mi paso por la opus, las ideas que me quedaron de los cooperadores eran bastante negativas.

Un cooperador, en principio, era una persona cercana a la opus pero incapaz de entender y vivir el espíritu de la opus...una persona que de alguna manera valoraba positivamente la labor de la opus, recibía de la opus asistencia espiritual, rezaba por la opus y, sobre todo, colaboraba económicamente con la opus.

La colaboración económica era el requisito que yo hubiera señalado como más destacable del cooperador, el cual aunque no entendía el espíritu parece que sí veía los resultados o creía verlos (apostolados, colegios, universidades, etc.) o confiaba cuando le decían que los había, y por eso aportaba su dinero...

El cooperador no necesitaba ningún requisito especial, bastaba con que estuviera dispuesto a cooperar... y así, “presumíamos” de que había cooperadores no católicos... e incluso no cristianos... que apostaban por la buena formación de la juventud (que creían que daba la opus) y por la educación en los valores humanos (que también creían que daba la opus)...

Verdaderamente, para dar dinero sólo hacía falta tenerlo y querer darlo... así de simple...

Cuando fui al Centro de Estudios mi idea de los cooperadores se confirmó en una meditación en la que el cura arremetía dialécticamente contra algunos ex socios (del entonces Instituto Secular) que habían escrito en un periódico criticando al opus. El cura reflexionaba en voz alta sobre algunas de las afirmaciones de los ex (las que le a él le interesaba criticar, me imagino... porque el periódico no pudimos leerlo) y decía, con tono jactancioso e injurioso hacia esos ex:

“...pero tú, ¿qué has sido, COOPERADOR?...”

Con ello el cura quería poner de manifiesto que esos ex numerarios/as no decían la verdad... pero... ¿cómo podía ser que no dijeran la verdad si habían sido numerarios/as durante años?... pues –argumentaba el cura- o por maldad, faltando deliberadamente a la verdad, o por ignorancia, en el sentido de que a pesar de sus años en la opus no habían entendido el espíritu de la opus...

...Y... ¿quién podía estar años en la opus y no entender el espíritu?... pues eso sólo cabe en los cooperadores...

Lógicamente éste razonamiento era un insulto a la inteligencia y a la experiencia de años vivida por esos “ex”...

Pero al mismo tiempo, quizás sin pretenderlo, era un insulto a los cooperadores...

¿Se le fue la lengua al cura del Centro de Estudios al arremeter contra los ex, hiriendo –con fuego amigo- a los cooperadores?

¿O el planteamiento del cura respondía a lo que en realidad se pensaba en el opus de los cooperadores?.

Yo me inclino por ésta segunda posibilidad, porque el planteamiento del cura venía a confirmar mis ideas previas, que lógicamente no venían de la calle sino de las charlas formativas que con anterioridad recibí y del “ambiente” del propio opus, de los comentarios espontáneos que escuché en relación a los cooperadores, etc., o sea del opus. Además, el cura no era un cura cualquiera, era el cura encargado de la dirección espiritual de los jóvenes del Centro de Estudios, lo que presupone una experiencia, una prudencia y una claridad de ideas que a otras personas les podía faltar, pero no a él... Así pues, pienso que expresó la opinión de la institución respecto a los cooperadores.

Hoy, que puedo leer los estatutos de esa institución gracias a opuslibros (no pude hacerlo cuando fui numerario), leo que los cooperadores (en sentido amplio) no tienen la consideración de fieles de la Prelatura sino de “asociados cooperadores” (n. 7.2 de los Estatutos), y que dentro de éste grupo se distingue entre “colaboradores” (n. 16.1) y “cooperadores” en sentido estricto (n. 16.2; entre los que caben personas alejadas de la fe o incluso sin fe).

La nota común es que dan dinero (limosnas) al opus.

En la práctica, el eterno cooperador está mal considerado... salvo que aporte mucho dinero... porque lo que se espera de los cooperadores es que lleguen a ser supernumerarios en plazos razonablemente breves... y si no, o aportan mucho dinero o no se pierde el tiempo con ellos...

Cuestión distinta, que añade otros matices es la de los que se fueron del opus (o los fueron) “en buen plan” y los repescaron como “cooperadores”... Ese tema lo trataré otro día

¿Vocación de aristócratas?

El escrito de M.J. (5/11) sobre cómo te cae una vocación (sin saberlo) me ha traido recuerdos de la que me cayó a mi...

Es muy interesante su reflexión de que la vocación la eligen “ellos” para tí, y posteriormente te dicen que esa vocación es la que “tú” has elegido. Ya casi ni me acordaba de esto, pero me vienen a la memoria algunos recuerdos...

Cuando yo sufrí las primeras presiones para que me hiciera de la opus, era tal mi ignorancia sobre la institución que prácticamente sólo sabía que había unos que se casaban y otros que no. Así de feliz vivía yo, porque la opus me tenía felízmente desinformado.

Mis primeras respuestas frente al acoso fueron en la línea de que “no me importaría” ser de la opus “siempre que pudiera casarme”... porque a mí me gustaban las mujeres y yo quería casarme... pero me dijeron que eso no podía ser... que Dios llama a cada uno en su estado... y que lo mío –con 17 años- era ser numerario...

En realidad yo no quería ser del opus dei, ni mucho ni poco, pero claro, llevaba ya seis meses de invitado, utilizando la sala de estudio del centro (mucho más confortable que mi destartalado piso de estudiantes), asistiendo a las meditaciones (con un cura que hablaba bien), a los círculos, a retiros... y participando de la camaradería y familiaridad de ese ambiente universitario donde yo, al no conocer el trasfondo, creí ver cristianos auténticos... de manera que me pareció que sólo tenía dos opciones, o corresponder de alguna manera a lo que ellos me daban (opción cortés y conservadora) o despedirme de ellos (opción descortés y de ruptura con algo que me parecía bueno para mí)...

Enseguida vino el montaje de las meditaciones para pitables (candidatos) y entre todos –cura incluido- me convencieron de que Dios me pedía que renunciara a las mujeres... así que finalmente cedí al acoso y me hice de los que no se casaban, o sea numerario...

A todo esto, mi ignorancia sobre la opus seguía siendo mayúscula... porque la opus no da información a los posibles candidatos...

Después me enteré que en la opus también había otros que no se casaban, llamados “agregados”, que por diversas razones no reunían las cualidades de los numerarios. Me lo explicó en una charla formativa el subdirector del centro, quien me dijo que él había defendido mi candidatura como “numerario” a pesar de que “otros” pensaban que debía ser candidato a “agregado”... al parecer yo debía estarle agradecido al citado subdirector por haber defendido mi candidatura a numerario, pues los numerarios éramos la élite del opus, la “aristocracia de la inteligencia”...

Así que allí estaba yo, hecho un aristócrata... :-), con la vocación que ellos habían elegido para mí. Ahora empezarían a explicarme en qué consistía esa vocación que, según ellos, yo había elegido... ¡Qué disparate!... Una elección en la que no sabes lo que estás eligiendo.

Una familia muy rara

Hay anécdotas que lo dicen todo sobre el modo de ser o el modo de actuar de las personas y de las instituciones. Hoy os voy a contar una que despertó mi espíritu crítico hace muchos años.

Para situaros en la anécdota: Año 1979, Valencia (España), Centro de Estudios de 5 plantas en un edificio recién construido e inaugurado, y casi lleno con 100 numerarios de varias provincias, o sea, casi 100 camicaces que nos creímos todo lo que la opus nos había dicho... y que por eso habíamos dejado a nuestras familias (de sangre), en muchos casos a cientos de kilómetros, para vivir con nuestra nueva familia (la opus).

Pues bien, el hecho es que vino el Padre –don Alvaro del Portillo- a Valencia y no nos visitó...

Yo lo supe porque un día, terminada mi charla semanal, me comentó mi director que el Padre en fechas recientes había realizado un viaje a Valencia con el fin de obtener algunos datos o testimonios para la causa de beatificación del fundador, y que, aunque no estaba previsto que viniera a vernos, sí quiso que su coche pasara por la Avenida de Primado Reig, donde estaba el del Centro de Estudios, para bendecirnos desde el coche... antes de marchar para Roma.

Yo no lo entendí... no podía entender que nosotros estuviéramos allí dándolo todo, después de dejarlo todo, y el Padre viniera desde Roma y no nos visitase... Ese comportamiento no se ajustaba a mi idea de familia, ni a mi idea de padre...

Frente a la realidad de ese comportamiento –desde luego institucional- la teoría de que el Padre nos quería más que nuestras propias madres, y cosas similares sobre nuestra familia sobrenatural, sonaban a palabras vacías de contenido...

Por cosas como ésta, el opus me parece una familia muy rara...


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