Película 'Camino': poner las cosas en su sitio

From Opus Dei info

Por Chispita, 19 de octubre de 2008


El viernes pasado, día 17 de octubre, me fui al cine para ver la película “CAMINO”, de Javier Fesser. Tengo que confesar que me ha emocionado, y que me ha encantado ver que sin necesidad de pornografía ni de mal gusto, los directores de cine españoles son capaces de crear historias de calidad, que cogen desde el primer momento, que emocionan, que te trasladan y te hacen vivir “como un personaje más” la historia.

Yo he leído las observaciones que hace Fesser sobre su ateísmo, que lamento. Fesser es un anticatólico. Lo lamento. Pero ama la verdad, y ama la libertad, por eso ha rodado esta película. Tengo que felicitarle por las ganas, el coraje, la delicadeza y el respeto que demuestra en esta cinta que plantea como un homenaje a Alexia González Barros. Como creyente y ex miembro del Opus Dei querría –empero- hacer algunas puntualizaciones:

  1. Corresponde a los padres, por derecho natural la educación de sus hijos, y el transmitirles la fe y las creencias y costumbres que ellos crean buenas para sus hijos. En ese sentido, me parece muy loable la preocupación de los padres de “Camino” por su hija tanto en el terreno físico, como en el moral, afectivo, social. Yo desde luego prefiero el interés de los padres de la chica a la abulia y el desinterés que tantos padres de hoy tienen por sus hijos. Dios pedirá cuentas a los padres de cómo han educado a sus hijos, y si han sabido educarles en la fe. Por desgracia hoy abundan los padres que dejan a sus hijos al cuidado del colegio o del club, o, dejados de un irresponsable sentido de la libertad, los dejan al cuidado de la vida.
  2. Me parece conmovedor el papel de la madre de Camino: su interés por ir inculcando a su hija esos hábitos de piedad que no son propios del Opus Dei, sino de la piedad cristiana de siempre. Hoy yo puedo asegurar que muchos niños no rezan cuando se acuestan, y que en sus cuartos no hay ni un solo cuadro de la Virgen o de Jesucristo: eso sí, carteles procaces, y pósters indecentes que avergonzarían a un adulto con sentido del pudor. Su preocupación por la buena educación de su hija (la lleva a un buen colegio de pago), su deseo que su hija crezca cada día en amor a Jesús Sacramentado. La corrige y le exige para que estudie y se comporte cada día mejor. Por otra parte, no la tiene subsumida en el club: de hecho, la historia comienza porque la chica frecuenta un centro público de teatro juvenil local. Allí la madre está atenta a los bailes, observa, y no le parece bien algunas cosas que el profesor planea hacer en los bailes. Teme que eso pueda afectar la pureza de su hija. Yo creo que todo eso es muy positivo. Yo no creo que todo eso sea fanatismo: eso es una buena madre.
  3. ¿Cuál es el problema de la madre de Camino? Pues que en el fondo está preparando a su hija para que sea numeraria del Opus Dei, siguiendo los pasos de su hija mayor, y eso la lleva a irse radicalizando a mostrar una actitud vigilante y obsesiva: la misma que tuvo con su hija mayor (es impresionante el momento en que el padre descubre debajo de un estuche el montón de cartas que el novio de su hija mayor envió a aquella, y que nunca fueron contestados, porque la madre las ocultaba. Entonces el problema de la madre de Camino es que no sabe educar en libertad: ella tiene un plan para su hija, la tiene predeterminada: ella quiere que su hija sea numeraria a toda costa. Entonces ahí está su error, porque la misión de los padres consiste en sembrar, en dar un buen ejemplo, en ejercitar una tutela moderada y serena sobre la prole, de modo que la fe y las costumbres que ellos desean inculcar, sean aceptadas de modo libre y abierto por sus hijos, pero los padres han de contar con Dios, que también tiene Sus planes, pues las almas no pertenecen sino a El. De modo que la misión de los padres consiste en preparar a sus hijos para la vida, para una vida buena, además, de modo que Dios Nuestro Señor conduzca a sus hijos por donde quiera El. A la madre de Camino hay que darle unas charlas sobre Libertad, sobre moderación, sobre respeto a la libertad de los demás, para moderar su celo agresivo, pero al mismo tiempo, conmovedor.
  4. A la madre de Camino le sobra autoritarismo: ella no consulta con su marido, no le deja intervenir apenas. El marido está como arrollado por el torrente de su mujer. Y le falta flexibilidad: si a su hija le encanta el vestido rojo sin mangas, ¿por qué no comprárselo? No es un vestido indecente, es un vestido juvenil. No: ella la da un vestido con largas mangas. Y si a Camino le apetecen pasteles de crema ella le compra pestiños, que es “lo que va bien por estas fechas”. Es decir, el amor también sabe decir que sí”. La caridad también busca hacer felices a los subordinados, a los hijos. Es el aceite que lubrica las relaciones entre las personas, no se puede estar continuamente diciendo que no, frustrando aquí y allá los buenos deseos de las personas y de los hijos, en este caso. Porque eso se transforma en rencor.
  5. Luego está el padre. El padre es un hombre que está dispuesto a todo por sus hijas. La separación de su hija mayor le ha dejado una huella en el alma (“ella se marchó, de un día para otro”). Quiere compensar el prohibicionismo de la madre: le compra cuentos, es extremadamente dulce y cariñosa con ella. Camino le adora. Pero es un padre que vive para el trabajo, que olvida que también es padre, que su opinión también cuenta y que en un matrimonio las decisiones son de los dos. Él ha sido débil: se ha dejado apartar, pisar el terreno por su mujer. Luego va cayendo en la cuenta de los abusos de la esposa, cuando le dice a Camino que procurará que las cartas se las traigan en mano “porque hay cartas que nunca llegan…” Su reacción final es tan enternecedora que hace llorar: querer dar a su hija las cosas buenas y lícitas que les había pedido.
  6. Y la hermana. La hermana ha pedido la admisión como numeraria. Está en el centro, sirviendo en la administración. Sin embargo su corazón conserva el amor por su familia. Un amor que la directora se encarga de aplastar sembrando dudas y sospechas: una de las escenas es tremenda. “Tu familia -le dice la directora- es ésta (la de la Obra) Ellos (la familia de sangre) te dejan tirado cuando les conviene, y el diablo se sirve del cariño de tu familia para apartarlos de tu vocación” (no es literal). Ella va diciendo que sí a todo. Está “en muy buen plan”, pues acepta todo. Deja que la manipulen. Pero lo estremecedor es que haya esa actitud de separación y de ruptura intencionada de la familia de sangre. Hay otra escena tremenda: cuando empieza la enfermedad de Camino y llaman al Centro. La hermana numeraria tarda en ponerse y su conversación es escuchada por otra numeraria: falta de confianza. Eso no lo he visto hacer personalmente de un modo intencionado, pero recuerdo que hace muchos años, haciendo el centro de estudio, llamé a mis padres desde un teléfono del pasillo de mi planta, cercano a la habitación del sacerdote. Tras la conversación salió el cura de su cuarto burlándose de la conversación sostenida con mis padres: es decir, no salió de su cuarto para evitar oír la conversación, sino que sin dejar de hacer lo que estuviera haciendo, no dejó de escucharla.
    Sin embargo, algo queda en ella de humano que se niega morir: pide permiso para tocar la guitarra después del estudio, se siente cohibida cuando la directora le menciona en la charla su afición por los escaparates como algo mundano.
    Intuye la falta de libertad, pero aún no la ha conceptualizado como una amenaza. Y como está aprisionada síquicamente no tiene fuerzas para pedir estar con su hermana que se está muriendo: tiene que ser la directora la que en un rasgo de humanidad interesada, le deje ir al hospital cuando ya la niña está muriendo. La hermana está anulada síquicamente y en ese estado es presa fácil de la directora- propietaria-manipuladora. La película deja entrever sin embargo que la chica aún puede reaccionar, porque llora, y porque guarda el libro de cuentos de su hermana en el estante de “libros serios” del centro, como un pequeño desafío inconsciente.
  7. Finalmente la película vehiculiza a la niña Camino para exponer el mundo cerrado del Opus Dei. El saludo pax in aeternum, la aportación monetaria de la tía de Camino, con sobre en mano a la directora del Centro, el círculo de supernumerarias, con el sacerdote que revela ingenuamente y como sobre la marcha, una confidencia de la última confesión de Camino, la obsesión por el Prelado (Ha estado toda la tarde aquí y no ha hecho más que hablarme del Padre, le dice Camino a su padre a propósito de una visita de su hermana a la Clínica), el tremebundo detalle de las flores, cuando el padre que ha comprado flores para su hija y no las encuentra a la cabecera de la cama oye de su mujer esta respuesta: - “Están con quien más las merece”. Y la escena siguiente es el Oratorio de la Clínica con la flores a los pies de la estatua de San Josemaría. Me parecen particularmente graves las escenas del sacerdote al que se le “escapa” la confesión de la chica (no revela falta pero sí un detalle de la conversación aparentemente inocuo) síntoma de la continua falta de confidencialidad que hay en las conversaciones “de familia”, o la numeraria que escucha la conversación. telefónica de la hermana mayor de Camino con su familia.
  8. Un apunte sobre las pesadillas de Camino. Camino es un niña que ama la libertad. Prefiere la actividad de teatro antes que la actividad de cocina. De hecho sueña con poder participar en la obra de teatro hasta el final. El chico que a ella le gusta está allí y es su gran secreto. Me parece preciosa la escena de la huida en patinete por los pasillos de la clínica y el cruce de la puerta que desemboca en una playa. Allí hay libertad: la libertad del mar, del cielo sin fin, allí están los personajes que ella ama: su hermana (con su novio) y su padre, filmando todo. De repente todo se borra cuando la madre aparece. Inconscientemente ella asocia a la madre con vigilancia y coerción, y al padre con libertad y amor. Por eso, deja suelto al ratoncito de la cocina, porque quiere darle la libertad de que ella carece.
  9. Quiero detenerme en una de las pesadillas: una noche oscura y lluviosa la familia va en coche: de repente se paran y la dejan tirada en el camino en medio de la lluvia. Creo que esto es exactamente lo que el Opus Dei hace con la gente. Cuando ya no les eres útil, cuando no sirves, cuando te vas, o te tienen que ir, ya nadie se acuerda de tu aportación económica, de las disciplinas que te diste, de las horas de cilicio sufridas, de las humillaciones sufridas en silencio, del apostolado o del proselitismo hecho. Es el “apáñatelas como puedas”, chica. También eso sucede con muchos miembros que no son gratos: se les deja tirados en el camino, pero eso sí, tienes que seguir dando dinero y te esperamos en el círculo y el director en la charla, que hay que seguir haciendo el próximo informe de conciencia. Hay una pequeña escena irrelevante en el conjunto: la que muestra los casilleros con los nombres de las numerarias: todo ello insinúa control de las personas.
  10. Sobre los sacerdotes, pienso que la doctrina que defienden es la correcta: aceptar la voluntad de Dios, y todo eso. Pienso que el capellán de la clínica está muy bien sacado: es cariñoso, se desvive, está pronto para atender a la familia. Pero le pierde su obsesión por sacar partido al caso de Loreto en función del bien de la Institución. Y el cura de Madrid, deja helado por su frío fanatismo y su dureza: deja aplastado al padre, mientras se calienta el estómago con una taza de café. Y su homilía tras el fallecimiento del padre en accidente: la insistencia en la voluntad de Dios a macha martillo, y una especie de mensaje de que Dios quiere hacer sufrir al ser humano. Ciertamente todos hemos de llevar la Cruz: el sufrimiento es un acompañar a Cristo en Gethsemaní, pero creo que hay una recreación demasiado morbosa en eso: Dios quiere que el Hombre sea feliz, Dios es Padre, Padre amoroso además. Por eso el fin de Camino es alegre: Camino muere viendo a las personas que ama: su padre y su novio adolescente con el que baila. Y es que yo creo que la agonía del cristiano es así: morir viendo a las personas que te han amado, sintiendo a los que te esperan al Otro Lado, después del Juicio Particular, para decirte que todo ha merecido la pena y que allí ya no hay ni correcciones fraternas ni directores manipuladores.
  11. Finalmente un pensamiento: es claro que esta película escandalizará a lo que no conocen este mundo o no son católicos. Pero ¡ojo! No es una película sobre la Iglesia. Es una película sobre el Opus Dei. Y si la Iglesia se siente enojada porque siente que se siente afectada colateralmente, hay que subrayar que quien de modo continuado sabe que en su organización hay una parcela corrupta y consiente y calla, y aplaude, ha de sufrir las consecuencias y hacerse propia la doctrina del Fundador: que el Infierno está lleno de bocas cerradas y de complicidades laxas. Y de pastores que han desamparado al Rebaño que Cristo amorosamente les confió un día. Luego que no se quejen.



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