Para los amigos, una explicación

From Opus Dei info

Por Emevé, 21.08.2006


El otro dia, no muy lejano, un viejo amigo (más viejo que yo) me visitó, y entre otras tantas de las muchas cosas sobre las que hablamos me dijo que una vieja amiga (menos vieja que yo) le había preguntado si yo era yo. Es decir, le preguntó si la mujer que ella conoce es la que escribe como “Emevé” y yo pensé (después de pensar “chuta, cómo estaré de fea que no me ha reconocido en la foto de quiénes somos”) en qué es lo que estarán pensando las personas que me conocieron siendo numerata (específicamente el caso de esta chica a quien yo siempre tenía en mi lista de San Rafael, porque es e s t u p e n d a), y me di cuenta que tenía que explicar qué diablos pasó, para que un día haya estado yo resecando rodillas en oratorios y ermitas y ahora ande exponiendo mi alma a todo mundo a través de esta web...

Lo peor del opus no es el hincón de las varias puntas de fierro en la piel que te deja marcas más alla del pasado (y que ahora parecen coquetas pecas), no es el tener que morderte los labios todos los sábados y apretar las disciplinas con tu propia mano y azotarte en las posaderas mientras intentas rezar una oración a la Virgen que al final no recuerdas por el dolor. No espanta ni siquiera la idea de vivir célibe el resto de tus días, en primer lugar porque quien nunca conoció varón (en el sentido bíblico) suele no echarlo de menos, y en segundo lugar, porque esas tentaciones de la carne que sobreviven al dolor físico de cilicio, disciplinas y trabajo extenuante, se controlan con la idea firme de que estás allí por amor a Dios y por amor hay que continuar.

Lo terrible del opus es precisamente eso, es el “comercio” que hacen de la buena fé de los adolescentes que ingresan, la manipulación de la palabra “vocación” y la prostitución que hacen del “amor a Dios”. Eso es lo que destroza, quiebra e inhabilita para amar, no solo a Dios (a quien no ves) sino a los hombres (a quienes ves). No porque tu corazón no sea capaz de amar, sino porque tienes miedo de volverte a entregar y perderlo todo... estás quemada y le tienes miedo al fuego... estás hundida y le temes al mar. Eso es lo terrible del opus.

¿Razones romanticonas y debiluchas? A lo mejor lo soy. Pero tienen que pensar y ponerse en el pellejo de la adolescente que cree que lo deja todo por amor a Dios y luego resulta que ese “dejarlo todo” implica que papá tiene que pagar convivencias (para “dejarlo todo” juntas), en donde te vas a una casa de retiro lujosa, comes delicioso, te tienes que mandar a hacer un guardarropas nuevo, y te dedicas a... leer y estudiar cosas abstractas, que si eres filósofa te va bien, pero si eres una adolescente que cree que se entregó a Dios, ya te empiezas a preguntar ¿en dónde empieza la entrega y en dónde empieza la renuncia?

Y claro, no es que el opus esté mal, sino que si no “sientes” sacrificio alguno es porque eres una soberbia, y al mismo tiempo una sensiblona que todo lo quiere sentir. No señorita, si usted se entregó a Dios, firmó un cheque en blanco y si tragó una cosa, se traga todo, sin chistar, siga para adelante, porque “quien obedece no se equivoca nunca” y en lugar de pensar en tonteras haga más apostolado y más proselitismo, a “pescar peces grandes a millares”. Y va una, inocente y se traga el cuento y cree que si no vienen vocaciones es porque no hay suficiente entrega, entonces empiezas a dedicar más horas de tu tiempo a rezar, estudiar, preparar clases para pescar adolescentes, pasar el tiempo en el “centro”, “ayudando”... y la familia (esa de “sangre” que paga todos los gastos, pero que no merece nada, solo una oración diaria) se queja.

Si la familia se queja de que no recuerda tu cara porque en casa solo duermes de 10.00 pm a 6.00 am y luego no te ven más ni los fines de semana, es porque no entienden la vocación, y para que entiendan, que te vean contenta y sonriente, y entregada. No sé si lo sepan, pero sonreir a las 10.00 a.m, es fácil, pero a las 9:30 p.m, luego de un día agotador, con el estrés en el alma de no estar siendo todo lo fiel que debería porque no pita ni media numeraria más... es ya una mortificación de las grandes, que raya en la hipocresía de no poder desahogarte ni con tu madre sino solo decirle “todo está bien, soy feliz”, aunque no siempre puedes controlar las reacciones de tu carácter respondón a los reclamos (legítimos) de la familia. Pero al acusarte de eso en la confesión, la respuesta es la misma, más entrega, más fidelidad, más apostolado y la familia entenderá, que te vean feliz y entregada. Ya entenderán... (y si no, no importa, igual te vas a venir a vivir con nosotros y ya no los verás).

Y a los 18 años estás en una clínica con gastritis porque no puedes manejar el estrés que te produce el que no pite ni media numeraria más, y cuando el médico te dice “pero una chica de 18 años a quien sus padres le pagan la universidad ¿qué preocupaciones tan graves puede tener salvo estudiar ... y estár de vacaciones?” una siente el nudo en la garganta y las ganas de gritar “me preocupa el que no soy lo suficientemente fiel ni entregada para atraer vocaciones, no me pita ni el tren”. Pero ellos no entenderían, si yo digo eso, van a creer que en el opus nos presionan por traer gente y que andamos pescando... mejor me lo callo. Que el opus quede bien, que no se manche su limpia y pura faz.

No, si lo terrible del opus no es que todos los chicos con los que estudias te detesten porque eres numeraria, ni que las chicas sean amables pero breves sin dejarte ir más allá porque temen que las pesques y no logres conseguir amigas verdaderas, lo terrible del opus es que crees que si las chicas no te reciben, que si no logras hacer amigas es porque eres pecadora, infiel, poco generosa y poco entregada. Y eso te va minando el alma, porque te crees incapaz, ineficaz, como la higuera seca del Evangelio, a quien Jesús fue a buscar higos y como no encontró la maldijo (y no era tiempo de higos!!!). De pronto te empiezas a desmayar, te baja el nivel de azúcar, te tienes que meter a la cama. Y nadie del centro te va a visitar, allí dependes solamente de esa “familia de sangre” que ya no sabe ni quien eres ni cómo vas a reaccionar a su cariño.

No me espantó del opus, el hecho de que al año y medio de pedir la admisión haya que dejar la casa de mis padres e irme a un centro. Lo que me partió el alma es que pasó año y medio, pasaron dos años, se abrió un centro de formación en mi ciudad, y a mi no me decían nada de irme a vivir. Y no me enojé con el opus, porque opus es Dios y Dios sabe más, me enojé conmigo, porque si no me dicen para irme a vivir a un centro es porque no soy lo suficientemente eficaz, solo he traido una numeraria al “rebaño” y tengo pocas amigas “pitables”. Entonces sigue la pena y el desmayo. Y llega el ansiado día en que la directora te dice “ya te toca venir te a vivir el año que viene, tienes que convencer a tu papá de que te pague los estudios y además la pensión en la casa” y solo te queda ser sincera y decir “mejor me consigues un trabajo a medio tiempo en la universidad, porque mi papá no va a dar ni medio centavo y lo sabes”. Nunca más se habló el tema, y yo me moría de tristeza de ver que seguía dejándome la vida en clases, charlas, estudio, normas de piedad, y no pitaba ni el claxon.

Volvieron los desmayos, los vahidos, la bajada de azúcar. Y llegó el día en que me dicen “mejor te vas, porque no tienes buena salud”. Y se te cae el mundo. Ese Dios que te dijeron que te llamaba desde toda la eternidad, que te quería solo para Él, cambiaba de parecer, ya no te quería. Pudieron decir todo lo que quieran, pero estaba firmemente convencida de que sin el opus dei yo no me podría salvar, y odié, sufrí, lloré, y todo sola, porque si yo se lo contaba a alguien, ese alguien iba a aprovechar para hablar mal del opusdei.registrademarc y yo no lo iba a permitir. Y no lo permití... por años, callada, llorando sola, sin encontrarle sentido a mi vida. Muda y sola.

Hasta que un buen día me entero que no soy yo la única, que el problema no fui yo, que gracias a Dios fui tan sensible y me enfermé joven, porque si me enfermaba vieja lo iba a pasar peor y que puedo reconstruir mi vida. Y sigo pegada a esta web (un poco menos fiel que antes) porque quiero con toda el alma que nadie más sufra muda y sola, como sufrí yo, sintiendo morirse y anhelando morirse por trivialidades como “no me saludan”, “voy a buscarlas y nadie me habla”, “nadie quiere llevar mi dirección espiritual”, “no me llaman para el retiro”, “nadie me dijo que canonizaban a nuestro padre”... “no existo para ellas”, “no fui nada”, “no valgo nada”, “mejor no vuelvo a ir para no dar mal ejemplo”, “mejor me suicido”, “mejor me desvirgo”, “mejor me caso”, “mejor... mejor”... y nada, mejor es enfrentar el pasado, saldar cuentas, vaciar el estanque y que siga fluyendo el agua, y santa paz... despues de tantos años, por fin, paz...

Eso es lo que hago aqui, mis queridos conocidos, primero encontrar mi paz y ahora, poner mi cuota de arena para que nadie más sufra como sufrí yo, porque no se lo merece nadie. Y quien a pesar de las advertencias va y entra y ratifica en pellejo propio lo que digo aqui... pues igual no se sentirá solo, porque ya sabe que alguien más lleva las mismas marcas en la piel.



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