Papá, los tecnócratas y el Opus

From Opus Dei info

Por Isabel de Armas, 3 de marzo de 2009


Hasta el día de hoy, Carmen Franco Polo –hija de Francisco Franco y de Carmen Polo-, nunca había contado su historia. Por primera vez ha concedido una serie de entrevistas sobre su padre a los historiadores Stanley G. Payne y Jesús Palacios (Franco, mi padre, La Esfera de los Libros, Madrid, 2008), en las que nos ofrece una visión única e íntima de una de las personas más cercanas al dictador. Al referirse a la gran crisis del régimen que Franco resolvió nombrando su octavo gobierno en febrero de 1957, por el que se ponía fin a la etapa falangista y se abría el futuro hacia los gobiernos de la tecnocracia, la única hija del hombre que rigió los destinos de España durante casi cuarenta años, dice textualmente (Op. cit., pág. 85):...

“Carrero fue, en realidad, el que más representó ese gobierno, o sea, era el valedor de todos esos tecnócratas, muchos de ellos del Opus Dei, y mi padre se adaptó a ese gobierno porque le parecía que era la gente más capacitada para asumir esa etapa. Y tuvo mucha amistad con algunos; por ejemplo, López Bravo era muy amigo suyo. Le caía muy bien. Mi padre recibió varias veces a don Josemaría Escrivá de Balaguer. Las relaciones con él fueron muy buenas, sí, muy buenas, hasta su muerte; al final, quizás un poco menos, pero cada dos o tres meses lo recibía, o sea, se hablaban. Había un librito que se llamaba Camino, que era como un libro de meditaciones, que mi madre tenía en la mesilla de noche, de manera que era un poco como una masonería católica; porque tenían también el deber de ayudarse mutuamente todos los numerarios y eso. No le parecía mal. A la gente le sentaba mal, a Cristóbal, mi marido, le sentaba fatal lo del Opus, pero a papá no, a él le gustaba. Como organización religiosa mi padre la conocía bastante, y veía mucho, como digo, a monseñor Escrivá de Balaguer, y siempre decía que no le gustaba tanto la cosa esa, como de la masonería, de ayudarse unos a otros. Le parecía poco justo, sobre todo cuando había elecciones de algún miembro para... No sé cómo decirlo. Siempre los del Opus Dei apoyaban a los del Opus Dei, fueran más listos o más tontos. Daba igual. Siempre empujaban a los suyos y esa cosa no le gustaba demasiado, pero los encontraba muy capaces. Pensaba que era importante, sí. Que cada tiempo tiene las órdenes religiosas diferentes, o sea, lo que estaba bien en la Edad Media ahora tiene poca salida. Entonces, creía que era una manera de tener seglares católicos que influyeran en la marcha de los países. Le parecía bien. Le gustaba el Opus”.

De sobra son conocidos los muy directos lazos de amistad y de apoyo de todo tipo que el Opus Dei prestó y recibió personalmente de Franco, su régimen y respectivos gobiernos, sobre todo el llamado gobierno de los “Lópeces”.

El Opus tuvo siempre con Franco y sus diferentes gobiernos un bendito, peculiar y extraordinario contacto de comunicación debido a los muy muchos personajes del clan de los “Lópeces” (aquí hay que incluir a todos los subsecretarios, directores generales y demás miembros de la Obra de segunda fila en los gobiernos de la dictadura). No deben olvidarse los muy fructíferos años que pasaron juntos y en extraordinaria armonía Opus Dei, Franco y su gobierno, en bendita política y religiosa amistad de casi hermanos en todo, incluida la financiera empresarial y bancaria como la más importante.

Pero lo curioso es que el Opus Dei parece querer echar al olvido esa tan fructífera y fundamental etapa de su historia. Para comprobarlo no tenemos más que dar un repasón a los distintos libros que sobre la institución y su fundador han escrito ellos mismos. Los biógrafos (más exacto, hagiógrafos) e historiadores, que comen, duermen, rezan y laboran para y por el Opus Dei, nada cuentan de este importante y sustancioso capítulo. Me refiero a los trabajos de Andrés Vázquez de Prada, Ana Sastre, Salvador Bernal, Peter Berglar, Jesús Urteaga, Pilar Urbano... También personajes como Gonzalo Redondo, historiador de la Universidad de Navarra (y sacerdote numerario de la Prelatura fallecido en 2006), que desarrolló una línea de investigación centrada en las relaciones Iglesia-Estado en la España de Franco, defendiendo la visión oficial de Opus Dei, en sus interesantes escritos insiste en que la Obra no constituyó grupo político de presión alguno durante el franquismo, ni siquiera cuando gente del Opus ocupaba cargos relevantes en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas ni tampoco cuando muchos ministros de Franco pertenecían al Opus; todo lo contrario: los miembros de la Obra actuaban entonces con la más total libertad en las cuestiones opinables y políticas, lo cual fue –siempre según Redondo- una absoluta novedad dentro de las corrientes del catolicismo español, tan retrógradas, de aquel momento, a diferencia del Opus, tan moderno y avanzado.

¿Por qué tanto empeño en ocultar algo tan evidente? ¿Por qué desviar la atención de lo que dentro y fuera de España era un secreto a voces?. Como un ejemplo concreto, podemos recordar las palabras del político francés de la “Gauche Divine”, Georges Marchais, quien dijo refiriéndose a la dictadura franquista y a Franco, que la España franquista era gobernada con la mano derecha de la espada de Franco y la mano izquierda del rosario de los “Lópeces”.

No es fácil hacer y realizar análisis de la historia pasada en todos sus diferentes conceptos, pero si analizamos los tiempos de la dictadura de Franco, hay que reconocer como punto positivo que, gracias a los tecnócratas del Opus Dei y su estrategia económica y brillante sutileza introdujeron las medidas correctivas para lograr poco a poco el necesario intercambio de economía y tecnocracia por incipiente apertura democrática, eso sí, permanentemente vigilada por censores, inquisidores, policías y caciques de Franco.

Tras leer las sinceras declaraciones de Carmen Franco Polo, se me ocurre, una vez más, que una historia imparcial del Opus Dei, y una también imparcial biografía de su fundador, no deberían pasar por alto que Franco y Escrivá, junto con el almirante Carrero Blanco, colaboraron amistosamente y formaron una perfecta “Trinidad” en pro de lo que consideraban el necesario bien común de la salvación de España. “Trinidad” en la que Franco puso a España, Escrivá a la Obra y Carrero los Gobiernos. Y aquí hay que matizar que, no fue Franco quien dio todo el apoyo y facilidades al Opus Dei; fue personalmente y con soterrada orden directa el segundo poder de la España franquista, el almirante Carrero Blanco, quien abrió todas las puertas a la Obra, sobre todo las más importantes: las de los núcleos centrales de verdadero poder: los ministerios y sus correspondientes subsecretarías. Esas y no otras fueron las puertas que hicieron posible la impresionante expansión del Opus Dei en España y en gran parte del mundo entero católico.

Con sus declaraciones acerca de “papá, los tecnócratas y el Opus”, Carmen Franco Polo, la hija del dictador que durante casi cuarenta años rigió los destinos de España, nos ha refrescado la memoria. Gracias.



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