Obsesión por los números

From Opus Dei info

Autor: Nome, 6 de agosto de 2008


La mayoría de los que leemos esta nunca bien ponderada página conocemos bien la enfermiza obsesión por los números tan extendida, a todos los niveles, entre los miembros de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y Opus Dei (de ahora en adelante llamados “opusinos”... ya sé, opusinos que nos leéis, que no os gusta este nombre pero escribir “miembros de la SSSCyOD” cada vez que me refiera a vosotros va a ser más aburrido que ver secar la pintura... y además, qué narices, a mí tampoco me gusta que me llamen hijo de puta resentido u otras lindezas que algunos hermanos vuestros, rebosantes de caridad cristiana, nos han llamado en esta misma página... y me aguanto... así que ajo y agua, majetes, que la vida son dos días y la mitad nublaos para ofenderse por semejante tontería).

Como iba diciendo, conocemos bien la obsesión por los números que rige la vida, especialmente la vida apostólica, de los opusinos. ¿Cuántos amigos has traído a la meditación?, ¿a cuántos has hablado de confesarse?, ¿cuántos has invitado al círculo?... y los pobres adscritillos contestan ufanos sin saber que sus respuestas se anotan rigurosamente para engrosar la contabilidad “apostólica” del club, de la delegación... y en último término de toda la institución...

¿A qué viene tanta contabilidad? No parece que vaya a ser para hacer méritos ante Dios. La verdad, yo no me imagino a Dios como un ancianito que juega con un ábaco de colores, bolita azul p’acá-bolita roja p’allá, para decidir si nos hemos ganado un trocito de cielo o una estancia en los espás de Pedro Botero con “yakusis” a 99 ºC. “A ver Joselito... mmmm... sólo siete a la meditación... en veintitrés años!!!! nada, nada... 500 años de purgatorio; y da gracias que llevaste a Marianito al curso de retiro, que si no...”, “Veamos, Montsita, me dice Alvarito que t’han pitao 83... menuda hacha... hala, quinta nube a la derecha, justo al ladico de San Philadelphia de Krafft ®”. Me parece a mí que no van por ahí los tiros... no...

Seamos todos sinceros, los que un día intentamos engordar al máximo esos números, y los que seguís en el empeño. Toda esa contabilidad, todo ese control, toda esa obsesión tenía un solo y único objetivo, conseguir que la madre de todos los números (¿quién me iba a decir a mí que acabaría usando expresiones de Saddam Hussein para hablar de la Opus?) creciera sin parar. Lo demás daba, y da, igual... la cuestión era conseguir más vocaciones, más cartas, más opusinos. Que el número de miembros crezca, el cómo y a qué precio no importa... lo único que importa es el cuánto. Hay que conseguir ser más, más, más... viendo las cifras oficiales actuales ya me estoy imaginando el eslogan para el 2015: “Por el padre y por mis huevinos, a por los 100 kiloopusinos” (esperadme un momento, que llame a la SGAE para registrarlo... no vaya a ser...).

Pues bien, ya me perdonaréis, pero por más que recéis, por más que os mortifiquéis, por más campañas de los 500 que emprendáis... me parece a mí que la eficacia apostólica de toda vuestra insistencia es realmente pobre. “Somos unos 87.000”, decís llenándoos la boca con esa cifra... os parece fantástica, espectacular; tanto, que hasta la usáis como fuente de autoridad (que ya tiene bemoles tener que usar el número como argumento, pero cuando no hay más que un clavo al rojo para agarrarse ya comprendo que no hay más remedio que quemarse un poco los deditos). Incluso la hooligan Morgana, en un arrebato de éxtasis místico-numérico (o eso o se había tomado una doble de LSD con propina), intentó convencernos de que las cuentas salían perfectamente para 120.000 miembros (Morgana, hija, si Villa Tevere dice 87.000 es que son 87.000... ¿qué es eso de enmendarle la plana a Roma? Habráse visto...). En un ejercicio de sana cordura dejaremos los hooliganismos aparte, nos olvidaremos de los 120.000 habitantes de la calenturienta imaginación de la entrañable Morgana, y nos ceñiremos a las cifras oficiales.... sean los 87.000 (señor dame fe, mucha fe, muchísima fe...). Como iba diciendo, muy ufanos os veo con esa cifra... pues, para que os enteréis, 87.000 miembros es una cifra patéticamente pequeña, ridículamente enana, para las altas ínfulas de vuestras desorbitadas pretensiones apostólicas.

No es que lo diga yo... es que es la única conclusión posible si analizamos con un poco de sentido común vuestras propias cifras (muy cuestionables, pero sigo pidiendo fe al Señor con la esperanza de que me la conceda... son 87.000, son 87.000, son 87.000) y vuestros propios objetivos. A la vista del análisis que sigue, yo, de vosotros, dimitía como apóstol y me dedicaba a coleccionar sellos, cultivar bonsáis, construir monumentos con palillos o cualquier otra ociosa e inocua actividad que llene vuestro tiempo... total, el resultado será aproximadamente el mismo, os quemaréis muchísimo menos y la sociedad en general os lo agradecerá.

En fin... menos rollos y al grano, que esto no es una meditación a llenar con 30 minutos de cháchara. Vamos a tratar de demostrar aquí que la eficacia apostólica de los opusinos es extremadamente baja, especialmente en comparación con los objetivos de ventas impuestos por su director comercial... eeeemmm, perdón... con los objetivos proselitistas sugeridos por sus santísimos directores.

Por favor, sed buenos y no me hagáis buscar la cita exacta, que me puede dar algo hasta que la encuentre por ahí... igual en Cuadernos 7 o en alguna carta de esas que no hay quien lea sin bostezar... bueno, en cualquier caso, seguro que os suena eso de (no es literal, pero el sentido sí) “ningún hijo mío puede estar tranquilo si no trae al menos dos vocaciones al año”.

Parece que la cosa está clara: dos vocaciones por opusino y año. Claro como el agua, y además conciso, concreto y completo. No se puede pedir más de un objetivo...

Veamos cuál es la triste realidad de la eficacia proselitista de nuestros intrépidos héroes. Utilizaremos cifras lo más “oficiales” posibles. Ya que la opus no parece que esté dispuesta a dar un listado de sus miembros nos tendremos que conformar con la información que ofrecen en su hiper-chuli página web oficial, registrada y protegida contra piratas inconscientes que nos quieren robar el nombre. Según esa lindísima web repleta de lindísimos testimonios de hiperfelicísimos opusinos, el Opus Dei contaba a la muerte de su fundador con 60.000 miembros, que han crecido hasta los 87.000 a día de hoy (Señor, mucha, muchísima fe... ¿más todavía? más...). Como he dicho antes, aunque despierten mis dudas por exceso, aceptaremos estas cifras como base del análisis (y me juego cinco macarrones y el trozo de chorizo que los acompaña a que en esas cifras se incluyen todos los adscritos menores de edad que no son, pero que todos sabemos que sí son, miembros de la opus... y el queso rallado también me lo juego!!!!).

Al tajo, Nome, al tajo, que divagas... venga... consideraremos 60.000 apóstoles potenciales durante 33 años (consideraremos que los que van llegando por el camino sustituyen a los que se van muriendo... ya sé que llegan más que los que se mueren y que eso les afea los números aún más, pero hoy estoy generoso y sólo les pediré cuentas proselitistas por 60.000 opusinos). Lo que tendrían que haber conseguido es absolutamente innombrable (tan innombrable que un poquito más abajo podréis verlo, ejem...), pero lo que han conseguido es exactamente un miserable incremento de 27.000 opusinos, 818 por año. Es decir, para que quede claro, 0.0136 vocaciones por opusino y año (o dicho de otro modo, unos 73 opusinos para conseguir una vocación al año). Comparado con el objetivo de dos vocaciones por opusino vemos que la eficacia apostólica es 146 veces inferior a la “sugerida”. A ver, no es que yo entienda mucho de economía... pero yo le presento unos números así a mi jefe y ya voy pidiendo tanda en la cola del INEM. Pa que lo entendáis los duros de mollera, es como si le pidierais a papi 1460 leuros para pagaros el curso anual y os diera, en toda su generosidad, un precioso billete de 10 eurillos, bien planchadito, eso sí.

Y menos mal que es así, porque las dos vocaciones por opusino y año serían similares a las plagas bíblicas en plan nubes de langostas triscando todo lo que pillan por el camino. Como objetivo incluso parece correcto... dos amiguetes al año... no está mal... parece asequible... pero veamos qué pasaría si tal cosa sucediera: 87.000 opusinos en el 2008, 261.000 opusinos en el 2009, 783.000 en el 2010... 1700 millones en el 2017 (todo el catolicismo en la opus... y 600 millones de propina), el doble de la población mundial en el 2019!!!!! Toma estructura piramidal!!!! Si se lo dicen al jefazo de Herbalife se le cae la dentadura postiza de la envidia. Soñad y os quedaréis cortos... joé... menos mal que se quedaban cortos... si llegan a tirar largo les pita hasta el mismísimo Caín!!!! ... Pues venga, majetes... si no lo conseguís no podéis estar tranquilos... así cualquiera se deprime.

De marketing tampoco es que sepa mucho, pero me parece a mí que para incentivar al personal hay que ponerles objetivos un poquito más allá de sus capacidades, para que se esfuercen, pero no algo tan inalcanzable que hasta Supercoco (sí, sí, el incombustible cerca-lejos aquí-allí de los Muppets) se desanima. Claro que esto no es excusa para que se necesiten setenta y tres, lo repito, setenta y tres... otra vez... setenta y tres opusinos para conseguir una vocación al año. Lo dicho, yo me retiraba y me dedicaba a estudiar el ritual de apareamiento del pez globo en las aguas termales de Vichy.

Detectado el problema, vamos a buscar responsabilidades de semejante fracaso comercial... y las encontramos a todos los niveles:

Empezaremos por la cúpula directiva, el santo fundador y sucesivos prelados, convenientemente secundados por un selecto y monolítico grupo de segundones (entre los que al parecer surge alguna grieta de sentido común de vez en cuando, divergencia inmediata e inmisericordemente cercenada de raíz no vaya a ser que la “rebelión de la neurona bien puesta” se extienda por las bases y se nos caiga el chiringuito que tanto nos ha costado montar). Pues sí, la responsabilidad del fracaso apostólico empieza por arriba, por esa presión insaciable que llega de arriba para conseguir nuevas vocaciones. A ver, señores, no se puede pedir la luna, nuestra gran amiga pero inalcanzable Luna, a las bases de la organización (uy, perdón… de la institución… es que yo lo del sociolecto ese no llegue a dominarlo… así me fue…). Todos conocemos a esos numerarios que les pitaban como churros, dos cada año, y más también (lo que habría que ver es cuántas de esas vocaciones eran curradas y cuántas eran hijos de supernumerarios que casualmente cumplían los 14.5 cerca del superapostoleitor…), pero esos eran, y son, los menos. Pedir a TODOS los miembros dos pitajes anuales TODOS los años es como pretender que llueva para arriba… entre otras cosas porque en diez años nos hemos quedado sin no-opusinos que llevar a la macro-meditación del sábado en medio del Sahara.

Pero los pobres opusinos no deben hacer números de esos y se lanzan entusiasmados a por la Luna… y cuando ven que no llegan con una escalera empiezan a montar una pila de sillas en plan monje shaolin del Cirque du Soleil… pero como en la opus no hay monjes (a ver si te enteras, Dan Brown… y encima dices que te documentaste… si llegas a escribir a pelo no dices más tonterías) ni saben de circos de verdad (por eso de los espectáculos, claro), a la quinta silla se les cae el montaje al suelo y del zurriagazo que se pegan no vuelven a sentarse en un par de añitos… bueno, eso la mayoría… que siempre hay el infatigable (e inconsciente) optimista que por más leñazos que se pegue sigue montando sillas cual incansable Sísifo en el Averno (que te sea leve muchacho).

Parece que al final alguien vio que lo de las dos vocaciones al año no iba a funcionar y se propusieron lanzar la campaña de los 500 como quien lanza un nuevo detergente. Pero tan apalancaos debían estar que a nadie se le ocurrió que había que vestir la cosa y la dejaron tal cual: “Hay que conseguir 500 nuevas vocaciones”… ¿quién?, ¿dónde?, ¿cuándo?, ¿cómo? Y los pobres opusinos de a pie, que no sabían si eran “quinientos” o “quinientas” o “quinientos y quinientas” o “quinientos/as”, si 500 en todo el mundo, o en cada región, o en cada centro, o por opusino (ya puestos…), si para hoy, para mañana o para el mes que viene… pero que sí saben a cuánto se vende el pescado en su delegación, tomaron el camino más prudente y se pusieron en la peor de las situaciones: “500 vocaciones ya mismo, y la mitad mías”… y claro, se lanzan a pecho descubierto al cuello del primero que pasa con los resultados de todos conocidos. Como la niña es tonta pero no ciega, al final ya vieron que por ahí tampoco y creo que la cosa ha quedado con 500 cuanto antes y en todas partes… o sea, en nada… porque con objetivos así yo también construyo el Taj-Mahal con estas manitas y mis abalorios.

No se libran de responsabilidad los mandos intermedios en sus distintos niveles: comisiones, delegaciones, consejos locales… y no se libran por varias razones. Principalmente por hacer de acríticos voceros de todo lo que llega de arriba. Si las inconsistencias de esos absurdos “planes” apostólicos que llegan de arriba fueran despedazadas por quienes tienen que poner patas al asunto y sólo se filtraran hacia abajo, previa discusión libre y eficiente entre los mandos, instrucciones coherentes y factibles, otro gallo cantaría. Mientras todo pase tal cual llega de arriba por más equivocado que esté, sin cambiar una miserable coma no vaya a ser que la seño me riña, el gallo seguirá afónico… y los opusinos seguirán sin cumplir las expectativas, con el peaje personal que ello conlleva.

Y responsabilidad por último en el fracaso apostólico para los opusinos de a pie. Primero por aceptar sin rechistar cualquier orden, instrucción, objetivo, propósito, misión o como le queráis llamar por absurdo que parezca. Segundo por no pedir responsabilidades cuando se obedece y las cosas van mal y por seguir empeñados en lo imposible. Al no cuestionar nada que venga de arriba, los opusinos asumen todo el fracaso, aunque no les corresponda. Y me parece a mí que esto ya les va bien a los directores. No se consiguen los objetivos porque las bases no cumplen, ya por falta de aptitud ya por falta de empeño… y los jefes se van de rositas… qué bonito…

No seré yo quien enseñe a la opus a buscar a los mejores para paliar la falta de aptitud… de eso ya saben mucho. Sí me atreveré a sugerirles un pequeño vídeo para que aprendan a motivar a sus bases. Con estos métodos de motivación igual hasta conseguimos lo de los dos pitajes al año.

Claro que igual resulta que el problema no es de aptitud, ni mucho menos de motivación. Igual resulta que las técnicas opusinas de motivación no tienen nada que aprender de las técnicas japonesas, que los opusinos ya se lo curran todo lo que pueden y bastante más (que se lo digan a algun@ de los que escriben por aquí), pero la máquina insaciable en la que viven nunca tiene bastante. Parece que algo debe cambiar…

…o quizás no… quizás resulta que todo funciona como conviene (¡¡¡toma sociolecto!!!)… que ya está bien que la pirámide se mantenga como está, que no importa que muchos se dejen la salud por el camino, que no importa que muchos se vayan… hasta les hacen el juego, ya que así hay menos para subir a niveles superiores y no es necesario ensanchar la base… igual todo el tinglado está tan bien montado que hasta conviene que se vayan muchos, siempre y cuando no abran la boca y la base de la pirámide siga bien alimentada con nuevas “vocaciones”… con el tiempo ya caerán todos los que sobren… lo importante es que la base sea grande, los pisos superiores han de ser cada vez más pequeños.

Pero ay del día en que el flujo de pitajes disminuya, ay del día que en un proceso que ríete tú del Fórum Filatélico la base de la pirámide empiece a menguar, ay del día que la pirámide empiece a tomar forma de barrilete, ancha en el centro y estrecha en la base… ay de ese día porque entonces el tinglado se irá a freír espárragos (o a paseo, como dice una buena amiga mía…). Por eso esta página les da el pánico que les da, por eso Opuslibros es el demonio con rabo, cuernos y tridente… no porque pueda ayudar a los que ya se han salido, no porque pueda animar a algunos a salirse (se saldrían de todas formas, al opusino convencido no le vamos a desconvencer), sino porque puede ayudar a que muchos que pudieran plantearse entrar vean el menú que se sirve allí dentro y prefieran comerse un bocata en el bar de al lado. No les duele que la gente se vaya… si les doliera harían algo para cambiar las cosas… lo que les duele de verdad es que la gente no entre.

Dicen las malas lenguas que la esposa de Luis XVI, la reina María Antonia, contestó a las protestas populares por falta de pan sugiriendo que el pueblo comiera pasteles. Evidentemente no se enteraba de nada… En el opus pasa lo mismo. No se quieren enterar de que las cosas han de cambiar, de que la gente no está para tinglados, que quiere compromisos serios y responsables y no trapicheos infumables en los que se pisotea su libertad y su dignidad en beneficio de la organización (ay, colleja… institución).

No es por desanimar, pero a la reina María Antonia le acabaron cortando la cabeza…

Y con esta trágica nota pongo punto final a este escrito… otro día hablaremos de otros obsesivos números.


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