Nuevas herejías

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Nuevas herejías

Siempre que leo en la página de inicio de este sitio: "¡Ojo! No es una web contra la Iglesia, ésta es una web sobre el Opus Dei.", recuerdo una tertulia, cuando yo era de la Obra, en la que un director de Comisión (máximo órgano de gobierno del Opus Dei en cada región) nos contó que alguien importante de la Obra le había dicho al Papa actual, en una entrevista que por aquel entonces tuvo con él, algo parecido a: "Santo Padre, todos lo que nos atacan [al Opus Dei] son los mismos que atacan a la Iglesia"...

Imagino que por esa línea de pensamiento de algunos que han escrito a los que dirigen esta web es por lo que se ha colocado en su primera página esa nota aclaratoria que he entrecomillado al principio.

En lógica hay dos axiomas (principios tan claros y evidentes que no necesitan demostración) que dicen: "La parte es menor que el todo" y "La parte no es el todo". Con ello la lógica, como disciplina del pensar de forma correcta, no hace más que definir algo innegable, que nadie puede poner en duda.

Por lo anterior se deduce que quien opina sobre una parte, o la juzga, o la critica; circunscribiéndose tan sólo a lo peculiar de esa parte, no está opinando, juzgando ni criticando al todo (puesto que si no fuera así la parte y el todo serían lo mismo). Podemos decir de un coche que es muy confortable en todo menos el volante que es muy incómodo (sólo juzgamos el volante) o de nuestra casa que está recién pintada excepto el cuarto trastero (el único sin pintar), etc.

Algo muy distinto es cuando opinamos, juzgamos o criticamos en un miembro algo que pertenece al Todo porque en ese caso lo estamos haciendo sobre los dos. Si opino que el hábito franciscano debería ser azul marino en vez de pardo, con ello me refiero solamente a esa Orden ya que me circunscribo a algo peculiar suyo; pero si lo hago sobre que ellos afirman la presencia real de Jesucristo en la eucaristía y expongo mis dudas al respecto, eso es doctrina del Todo por lo que también estoy opinando sobre la Iglesia a la vez que lo hago sobre los franciscanos.

Dentro de lo que la Iglesia nos exige creer a los católicos (verdades de Fe) se encuentra que la Iglesia es "Una", "Santa", "Católica", "Apostólica" y "Romana". Esto es algo tan fundamental que está impreso en todos los catecismos oficiales de la Iglesia.

Si la Iglesia es "Una" ello implica que no hay dos Iglesias verdaderas. Esto es doctrina de Fe, por lo que ha de creerse.

Como "la parte no es el todo", eso quiere decir que una parte de la Iglesia (persona, cargo o institución) no es la Iglesia. Esto también es de Fe.

Se ha expuesto antes que quien opina sobre una parte, o la juzga, o la critica; circunscribiéndose tan sólo a lo peculiar de esa parte, no está opinando, ni juzgando ni criticando al todo; del conjunto de lo visto se deduce que quien opina, juzga o critica a persona, cargo o institución de la Iglesia; circunscribiéndose a hacerlo tan sólo sobre lo peculiar de esa persona, ese cargo o esa institución; no está opinando, juzgando ni criticando a toda la Iglesia. (Sí yo digo que mi párroco no reza no estoy afirmando por ello que toda la Iglesia no reza, puesto que juzgo a esa persona centrándome sólo en algo de ella.) Y por las razones antedichas en los párrafos precedentes esto también es de Fe (porque si no fuera así, siguiendo el ejemplo anterior, el párroco y la Iglesia serían lo mismo).

Como el Opus Dei es una institución de la Iglesia, de todo lo anterior se deduce que es un hereje quien diga de alguien que opina sobre el Opus Dei, o lo juzga, o lo critica (cuando lo hace circunscribiéndose tan sólo a lo peculiar del Opus Dei), que esa persona está opinando sobre toda la Iglesia, o juzgándola, o criticándola.

Como los herejes son anatemas (excomulgados) y como al Fundador de la Obra le gustaba tanto el Concilio de Trento, basándome en lo anterior concluyo con una terminología muy propia de dicho concilio:

  1. Si alguien dijere que el Opus Dei es la Iglesia, sea anatema.
  2. Si de quien opina sobre el Opus Dei (cuando opina tan sólo sobre algo peculiar del Opus Dei) alguien dijere que está opinando sobre toda la Iglesia, sea anatema.
  3. Si de quien juzga al Opus Dei (cuando juzga tan sólo sobre algo peculiar del Opus Dei) alguien dijere que está juzgando a toda la Iglesia, sea anatema.
  4. Si de quien critica al Opus Dei (cuando critica tan sólo algo peculiar del Opus Dei) alguien dijere que está criticando a toda la Iglesia, sea anatema.

Otra realidad muy distinta es que la opinión, el juicio o la critica que alguien le hace al Opus Dei repercuta o no sobre la Iglesia. Por supuesto que repercute, pero no porque ambas estén identificadas sino porque la Obra es una parte de la Iglesia y lo que le atañe a un miembro está incidiendo sobre cuerpo.

Lo importante es saber si es cierto o no lo que se afirma de la parte. Precisamente para llegar a ese conocimiento ha de existir la libertad de expresión y además se ha de ejercer, pues sólo a través de ella puede esclarecerse la verdad.

Voy a intentar explicarlo con un ejemplo. Durante meses voy a la parroquia todos los días, a horas distintas, y nunca veo al párroco rezando. Unas veces da catequesis, otras está atendiendo a pobres, otras dando cursos prematrimoniales, etc. y de ello concluyo que ese hombre no reza nunca.

Si no hay libertad de expresión me quedaré siempre con esa idea para mí solito. Pero si encuentro una página web de gentes de mi diócesis, abierta a la libertad de expresión, y lo cuento allí; quienes me leen reciben esa información y a su vez contestan (con la misma libertad de expresión). Imaginemos que un compañero de residencia de ese sacerdote lo lee y responde algo parecido a lo siguiente: "No tenéis ni idea de lo que estáis afirmando porque ese párroco de quien habláis nos tiene conmovidos a todos los que vivimos con él precisamente por su intensa vida de oración. Duerme sólo tres o cuatro horas y el resto de la noche se lo pasa rezando, porque él dice que durante el día no tiene el sosiego necesario para orar con calma por estar dedicado a una actividad muy intensa y que por eso lo hace por la noche."

Ese testimonio lo cambia todo, pero lo importante para lo que nos ocupa es que se ha llegado a él a través del ejercicio de la libertad de expresión.

La libertad de expresión y el diálogo hacen posible llegar a la verdad, a veces opuesta a lo que en un principio parecía. La facultad de opinar, juzgar y criticar de unos y la respuesta de otros permite difundir, conocer y poder corregir la realidad de los hechos.

Cuando hay verdadera libertad de expresión no importa que alguien mienta o que se equivoque en sus opiniones, juicios o criticas, puesto que ya se encargarán de desmontar esas falsedades aquellos que tienen pruebas de la verdad. Sin embargo, la falta de esa libertad es el caldo de cultivo perfecto para los que obran el mal porque todo el mundo se halla incapacitado para desenmascararles.

De lo visto sobre la libertad de expresión se puede concluir que:

  1. Quienes callan ante las denuncias públicas de hechos graves de que se les acusa, con ese silencio otorgan como verdad todo cuanto se está afirmando sobre ellos porque si no responderían inmediatamente.
  2. Quienes luchan por acabar con la libertad de expresión de aquellos que hablan sobre ellos, con eso demuestran que no son claras sus intenciones, que hay algo torcido en su conducta.
  3. Quienes impiden a sus súbditos acceder a lugares en donde se ejerce la libertad de expresión sobre ellos, con eso tan sólo pretenden que estén bajo la ignorancia de lo que difunde su versión oficial, que presenta la verdad mutilada de partes esenciales a las que no quieren que tengan acceso sus miembros.
  4. Quienes hacen lo que dicen y desean mejorar lo que hacen, aman la libertad de expresión que sobre ellos se ejerce porque les permite conocer sus obras desde otras perspectivas, con lo que después pueden perfeccionarlas.
  5. Tan sólo aquellos que quieren a toda costa imponer su voluntad sobre el resto (dictaduras) odian la libertad de expresión, a quien ven como su gran enemiga.

Volviendo a la Iglesia. No sólo es una herejía afirmar que quien muestra la maldad de la parte (como parte) lo está haciendo sobre la Iglesia (como todo), sino que hacer públicos esos errores es una obligación grave para quienes los conocen; pues con ello se perfecciona la Iglesia al materializarse el mandato de Jesús de ser buen pastor de los demás, enseñándoles en donde los lobos se disfrazan de ovejas, para que así puedan escapar sin daño de sus colmillos.

Si aquellos de quienes afirmamos que son lobos responden a nuestro requerimiento con pruebas en contra o cambian su actitud, pues entonces todo el mundo se convencerá de que son ovejas. Pero si ante esas acusaciones ni contestan ni se enmiendan, entonces es que en verdad son lobos.

Cambio de tema y te cuento un escarceo de esa loca de la casa que es mi imaginación. Yo visualizo al Opus Dei, quizás tú también, como una figura gigante, sublime, y de gran rigidez; con valiosos intelectuales en su seno, que copa puestos claves de las más altas esferas civiles y religiosas, por lo que imagino que la cabeza de esa imagen es de oro fino; que machaca lo que haga falta por la férrea constitución de sus elementos, que están entrenados para conquistar cualquier meta por la fe incuestionable en que aquello que les dicen sus directores es la única palabra de Dios, y por eso veo que los miembros inferiores de esa figura son de hierro... mas entre tanta grandeza yo le observo dos defectos importantes: Qué no anda en toda la verdad y que no quiere enmendar sus pasos, quizás ocurra eso porque sus píes sean muy débiles.

Y mira lo que Dios nos cuenta sobre un ser semejante:

Tú, oh rey, mirabas, y he aquí una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible. La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido. Estabas mirando, hasta que una piedra se desprendió, no por mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como polvo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra.
Libro de Daniel, Capítulo 2, versículos 31 al 35


Nota aclaratoria (El autor)

Lo que viene a continuación de esta nota es un proceso deductivo, por lo que ninguna parte de él ni su conjunto son opiniones personales, ni juicios sin fundamento, ni injurias, ni nada parecido. Por lo tanto, si alguien no está de acuerdo con lo escrito no es lógico que ataque a la web en donde se publica, ni a quien lo escribe, ni a nadie, excepto al propio razonamiento puntualizando en que parte de él existe algún error y exponiendo el porqué.

No estoy cerrado a la critica, todo lo contrario, personalmente considero al diálogo como el instrumento más perfecto para llegar a la verdad, así como para el enriquecimiento personal...

A un razonamiento sólo se le puede echar un pulso con otro razonamiento. Nunca es válida otra manera de actuar. Por esta razón la Iglesia ha cultivado tan intensamente la filosofía y la teología, hasta el punto de que forman parte del bagaje intelectual más importante de lo que enseña a sus sacerdotes; para que así, pensando, sepan y puedan desmontar los errores, nunca a estacazos.

Cualquier medio de atacar a un raciocinio que no sea con otro raciocinio es, aparte de irracional, injusto y por lo tanto anticristiano; como bien nos lo enseña el siguiente episodio de la vida del Maestro: "Al decir esto, uno de los criados que allí estaba le dio una bofetada a Jesús, diciendo: ¿Así respondes al pontífice? Jesús le contestó: Si he hablado mal, muéstrame en qué; y si bien, ¿por qué me pegas?" (Jn:18:22, 23)

Vivir en herejía I

Es una idea común en la Obra que quien dice, opina, critica, ataca, juzga, etc., algo sobre ella lo está haciendo sobre la Iglesia.

Es tan grande la presión por parte de los de la Obra en ese sentido que en la pagina principal de OpusLibros hubo que poner: "¡Ojo! No es una web contra la Iglesia, ésta es una web sobre el Opus Dei."

Por la misma razón cuatro autores (de los que puedo hablar porque han escrito aquí, que seguro que hay más que desconozco), tuvimos que salir al paso de esas afirmaciones: Flavia, Satur, José Tomás [25 de julio de 2004] y yo.

Como se puede comprobar en mi comunicado anterior son heréticas todas esas proposiciones que escriben los de la Obra, o los muy cercanos a ella. Lo que se afirma de lo que es peculiar a la parte no se puede aplicar al todo: Si la mano derecha de un hombre tiene cinco dedos con ello no se puede certificar que todo su cuerpo tenga sólo cinco dedos. De igual manera, lo que se asevera de lo propio de la Obra no se puede decir que se asevera de toda la Iglesia, porque es una manera de afirmar, con otras palabras, que la Obra es lo mismo que la Iglesia.

También explico allí como el hacer público algo dañino de una institución de la Iglesia es una obligación grave para el cristiano que lo conoce porque debe avisar a la Iglesia de ese peligro.

Cuando el río suena agua lleva; si quien hubiera expresado esa herejía fuera una sola persona, pase; pero cuando son tantos, y muchos casi con las mismas palabras, eso significa que esa postura está muy arraigada en ellos.

En mis casi treinta y cinco años de permanencia en la Obra nunca he oído o leído que allí nadie dijera que "el Opus Dei es la Iglesia" (con esas palabras), pero si que he escuchado, hasta la saciedad y de manera exclusiva, lo mismo que ellos cuentan aquí: que quien dice, opina, juzga, critica, ataca, etc., a la Obra lo está haciendo con la Iglesia.

Nunca cuentan en dónde está el error de ese ataque sino que, por principio, al ser atacados ellos es atacada la Iglesia.

Es como si a alguien a quien se le acusa de maltratar a su esposa contestara, sin dar prueba alguna de su inocencia, que con esa acusación se está atentando contra la sagrada institución del matrimonio.

Hagamos algunas deducciones de esa postura.

  1. Verbalmente nadie de la Obra dice explícitamente que el Opus Dei es la Iglesia.
  2. Pero sí que quien habla algo sobre el Opus Dei lo habla sobre la Iglesia, por lo que implícitamente atestiguan la herejía de identificar al Opus Dei con la Iglesia.
  3. ¿Quién les ha explicado eso? ¿De dónde ha salido que tantos afirmen esa herejía y tan al unísono?
  4. Solamente hay dos caminos por los que los demás nos pueden enseñar algo: Las palabras y la conducta, la enseñanza oral y el ejemplo.
    No hay más formas de educar que esas dos: Un padre enseña a su hijo o con palabras o a través del ejemplo de sus actos.
    Cuando hay disparidad entre lo contado con la boca y lo mostrado con los hechos quien siempre lleva la de ganar es el ejemplo. "Fray ejemplo es el mejor predicador" reza un antiguo dicho.
    Si alguien nos cuenta que es muy soberbio pero en su conducta observamos que rinde sus opiniones con alegría, que se desvive por los demás, que es sencillo, etc., de eso deducimos que realmente es tan humilde que por pura humildad llega a decir de sí mismo que es soberbio. Si nos encontramos a un amigo llorando con desconsuelo y a la vez nos dice que es muy feliz, no creeremos en sus palabras, sí en su llanto.
  5. Si los de la Obra no han aprendido que "el Opus Dei es la Iglesia" por haberlo oído decir con esas palabras, entonces será a causa de que el Opus Dei, institucionalmente, con su ejemplo, con su conducta, con su manera de hablar del resto de la Iglesia, con su forma de ser y de vivir... les ha llevado a convencerse de que el Opus Dei es la Iglesia.
  6. Luego la conducta del Opus Dei es la que le corresponde a quien se considera a si mismo como la Iglesia.
  7. De lo que se deduce que la Obra utiliza dos lenguajes:
    • El verbal, el que oye todo el mundo, con el que dice que no es la Iglesia.
    • Y el de la conducta, que oyen sólo los suyos, con el que se afirma a si misma como la Iglesia.
  8. Como el obrar sigue al ser o, lo que es lo mismo, que a un determinado modo de obrar le corresponde un determinado modo de ser, esa conducta del Opus Dei se identifica con su ser ("Porque a cada árbol se le conoce por sus frutos: que no se cogen higos de los espinos, ni se vendimian uvas de las zarzas." Lc:6:44).
  9. Entonces, según todo lo anterior, el Opus Dei es una institución cuyo ser vive en la herejía de considerarse a sí mismo como la Iglesia y de manifestar explícitamente todo lo contrario.
  10. Cuando oímos ladrar a un animal sabemos que es un perro, aunque ya no ladre nunca más. Si de un árbol cosechamos una vez manzanas ya sabemos que es un manzano, aunque no vuelva a fructificar.
    Cuando el ser del Opus Dei lleva a que los suyos afirmen en una oleada de manifestaciones unánimes que la Obra es la Iglesia, aunque sus miembros no vuelvan nunca más a exteriorizarse en ese sentido ya no importa porque sabemos cual es su esencia por la manifestación primera de la cual lo hemos deducido.
  11. Una vez conocida la esencia de un ser conocemos su naturaleza (que es la esencia como principio de operaciones, lo que hace actuar a ese ser de manera consecuente con lo que él es), por lo que ya podemos encajar y deducir todo su comportamiento.

Si estamos en nuestra casa y por la ventana oímos ladrar a un perro, sólo con eso, aún sin haberlo visto, sabemos que es un mamífero, que su método de ataque y defensa son los dientes por lo que puede mordernos; que no tiene garras y por tanto sus arañazos no son peligrosos, que es un animal sociable con el hombre, etc., etc. Y todas esas características las deducimos por haber escuchado un solo ladrido, porque ese ladrido es la manifestación de la esencia del perro y con él nos viene todo cuanto conocemos de los perros, aunque no hayamos visto nunca a ese perro en concreto. Pero además podemos ir a observar, a tiro hecho, lo que tienen todos los perros en ese que hemos oído ladrar: Le miramos una pata y comprobamos que no tiene garras, le levantamos el belfo y allí están unos colmillos poderosos, etc.

Si la Obra es una institución cuya esencia es la de dar la imagen exterior de ser muy fiel a la Iglesia Total y su vivencia es la de considerarse a sí misma como esa Iglesia Total, ya sabemos como se va a comportar en cualquier situación y además podemos encajar todos sus actos como emanación de esa naturaleza.

Un ejemplo.

He escrito con anterioridad:

"Para empezar, en la Obra hay dos verdades, una para utilizar con los miembros y otra para los de fuera; una que justifica algo para que parezca santo y otra que es muy opuesta. Por ejemplo, cuando yo pité (escribir la carta de admisión a la Obra) me dijeron que las sucesivas incorporaciones al Opus Dei (las jurídicas) eran obligaciones administrativas que la Iglesia exigía y a las que a la fuerza había que someterse, pero que desde el momento en que se pitaba se era ya del Opus Dei y para todos los efectos. Al rato, el director con el que acababa de escribir la carta de admisión me dice que por un tiempo no les cuente a mis padres que soy de la Obra y que si ellos me lo preguntan les diga que no lo soy; al ver mi cara de extrañeza me añade que contándoles eso no les mentía, porque en realidad yo no era de Opus Dei hasta que la Iglesia no lo reconociera oficialmente (incorporación jurídica). ¿Era o no era de la Obra? Pues para quienes a ellos les convenía sí y para quien les estorbaba no."

Cuando lo escribí desconocía la razón de esas incongruencias, ahora está clarísimo.

Esas dos verdades de las que allí hablo salen de la esencia de la Obra: Una de la rama con la que se hace ver como fiel a la Iglesia y la otra de la que parte de la vivencia profunda que tiene de sentirse a si misma como la Iglesia Total, la Única, la Infalible; que lleva al Opus Dei a considerar que es "verdad de fe" cualquier cosa que afirme (aunque sea una mentira).

Por otra parte, como para el Opus Dei, visceralmente, la Iglesia y la Obra son lo mismo, puede usarse lo que dice una u otra según lo aconsejen las circunstancias y sin problemas de conciencia.

Ahora toca contar lo que le conviene al Opus Dei y hace un minuto lo que le agrada a la Iglesia... ¡Qué más da, si las dos instituciones son la misma cosa!

Vivir en herejía II

Como se demuestra en los dos escritos anteriores, al afirmar tan reiteradamente los miembros de la Obra y los muy próximos a ella que quien ataca al Opus Dei ataca a la Iglesia, sin especificar nunca cual es el error de ese ataque, con esa expresión nos han regalado algo valiosísimo que es descubrir que la Obra es una institución cuya esencia, la que le da la vida, es por una parte la herejía de considerarse a si misma y comportarse hacia adentro como la Iglesia única y total y por otra la de ocultarlo mostrándose como lo contrario, como una institución que es parte de la Iglesia y muy fiel a ella...

Para quienes hemos pertenecido al Opus Dei puede parecernos una perogrullada la demostración de esa herejía. Por la experiencia del tiempo en el que estuvimos dentro de la Obra conocemos que ningún miembro suyo duda que el Opus Dei es quien tiene la única voz válida en la Iglesia (también yo mientras estuve allí), que las demás estructuras y grupos eclesiales están equivocados si no dicen y hacen exactamente lo mismo que la Obra, que la mínima crítica negativa al Opus Dei es considerada por sus miembros como un pecado terrible, algo semejante a afirmar alguna imperfección de Dios (o de la Iglesia Perfecta); todos hemos vivido la intolerancia total de la Obra ante quienes administran la eucaristía de las otras maneras que la Iglesia permite pero que no son las que el Opus Dei tolera: bajo las dos especies en vez de una o administrada sobre la mano del comulgante en lugar de en la boca o por un laico en vez de por el sacerdote; cuando un miembro de cualquier institución de la Iglesia que no sea la Obra oye decir que ha llegado algo de Roma o que va hacia allí (por ejemplo un escrito), piensan inmediatamente que viene del Papa o que va al Papa, menos en el Opus Dei en donde se sabe que eso hace referencia al Prelado, que es de quien viene o va cuando ellos se refieren a Roma, con lo que con esas palabras se sustituye la sede de Pedro por la del Fundador de la Obra; cuando los sacerdotes numerarios que son obispos entran en un centro del Opus Dei han de quitarse todos los signos distintivos de su cargo (el anillo, por ejemplo) por lo que a un sucesor de los apóstoles, que por su dignidad se ha de distinguir necesariamente de los demás, la Obra le rebaja ante sus miembros para que sólo el Prelado figure como importante ante ellos; cuando el Fundador del Opus Dei afirmaba que no daba ni un duro por el alma de un hijo suyo que dejara la Obra, identificaba de esa manera al Opus Dei con la Iglesia, etc., etc., etc.

Nos sirve en este momento el dicho de que lo único que el ojo no puede ver es a sí mismo. La herejía de que el Opus Dei es la Iglesia estuvo tan dentro de nosotros que ha llegado a formar parte de nuestro "ojo", por lo que nos era difícil verla, aún tras la perspectiva que dan muchos años alejados de la Obra.

Y mira por donde los del Opus Dei que escriben en esta web, con su machaconería de que "ustedes se van a ir al Infierno porque quien ataca a la Obra ataca a la Iglesia", han colocado frente a nosotros un espejo en el que hemos podido ver reflejado ese "ojo" de la herejía.

Quiero demostrar por otros caminos ese planteamiento, por lo que parto de la hipótesis de que esa herejía se tiene que manifestar en otras expresiones que los miembros de la Obra formularán en sus cartas; para lo cual he revisado los mail de aquellos afines al Opus Dei que han escrito a esta web y he agrupado sus temas en los siguientes grupos:

  1. Los que arremeten contra las personas que critican a la Obra, en muchas ocasiones de forma maleducada y grosera.
  2. Los que cuentan que ellos son muy felices en la Institución.
  3. Los que citan fragmentos de escritos de los Papas o de las Sagradas Escrituras.
  4. Los que afirman que quien ataca a la Obra ataca a la Iglesia.
  5. Los que llaman pecadores a quienes atacan al Opus Dei.
  6. Los que condenan al Infierno a quienes atacan al Opus Dei.
  7. Los que piden que se cierre esta web por el daño que hace a la Iglesia
  8. Los que piden que se cierre esta web por el daño que hace, sin especificar a quién daña.
  9. Los que se centran en la rama para tapar el bosque: Critican algo anecdótico y accidental de lo que se afirma sobre ellos mientras pasan por alto la multitud de aspectos esenciales.
  10. Los que piden que quienes escriben con pseudónimo lo hagan con nombre real.
  11. Los que cuentas cosas contrarias a lo que se vive en la Obra (como que a ellos nunca les han leído las cartas que han enviado o recibido, que cuando van de convivencia se echan la siesta el tiempo que quieren y sin consultarlo, que nadie les controla el dinero, etc.), imagino que lo harán para confundir a un lector que no sepa nada del Opus Dei, pues a poco que se le conozca se ve a la legua que todo eso es falso.

No son grupos excluyentes entre si; por el contrario, lo normal es que en cada carta estén incluidos fragmentos pertenecientes a varios de ellos (p.e., en un mismo mail se cita un texto de la Biblia y después se arremete contra la web y luego se pide que se escriba con el nombre real).

Lo que todos ellos tienen en común es el silencio ante las graves acusaciones de que es objeto la Obra. Incluso cuando escriben algo de lo expuesto en los grupos anteriores y son requeridos a responder a aspectos concretos, a partir de ese momento callan para siempre.

Los que escriben sobre lo clasificado en el punto 4 son los que caen en la herejía ya demostrada de identificar al Opus Dei con la Iglesia (se puede comprobar también en los de los apartados 6 y sobre todo en el 7, que lo afirman de manera indirecta).

Del resto la clave no se encuentra en lo que dicen sino precisamente en lo que no dicen. Es indiferente lo que cuentan, lo importante es el silencio de todos ellos ante las graves acusaciones que se le hacen a la Obra. En ese silencio unánime está el discurso de la herejía de que el Opus Dei es la Iglesia.

Vamos a estudiarlo con tres razonamientos:

Primer razonamiento. La parte y el todo.

1 - Para poder afirmar que al todo se le ha perjudicado a través de la parte, primero hay que demostrar el daño que esa parte ha sufrido y sólo después se puede transferir ese perjuicio a la totalidad.

Para denunciar, agredir, insultar, ofender, etc., al médico que sin necesidad nos ha inmovilizado el brazo derecho durante dos meses, antes hemos de demostrar que en ese brazo no había fractura por lo que ese tratamiento era innecesario. Una vez comprobado que los huesos de ese miembro estaban sanos se puede pasar a exponer los trastornos que esa férula ha supuesto para nuestra vida.

2 - Tan sólo se omite la demostración del daño causado a la parte para referirse directamente al que se le ha producido al todo cuando se tiene la absoluta seguridad de que lo que perjudica a esa parte le perjudica al todo, y eso solamente puede ocurrir cuando en la parte se actúa sobre un elemento del todo, que por tanto se encuentra en esa parte como también lo está en cualquiera de las demás.

Si lo que se le ha hecho al brazo es inyectarle en una vena un tóxico muy fuerte e innecesario; entonces no hace falta demostrar el daño que esa inyección ha producido en el brazo y se pasa directamente a denunciar el perjuicio que le ha supuesto a toda la persona (o a actuar de una manera consecuente con esa idea, aún sin referirse explícitamente a ese daño en concreto, como puede ser agredir al médico en cuestión, insultarle, citarle fragmentos del código deontológico, etc.), puesto que en este caso por incumbir la sangre del brazo a todo el cuerpo no es algo peculiar de la parte y se identifica lo que se le hace al miembro con el cuerpo al que pertenece.

3 - Como una parte se distingue del todo y de las otras partes por sus aspectos peculiares, si los miembros del Opus Dei escriben ofendidos (perjudicados) pero omitiendo siempre tratar el daño que cualquier critica negativa les infringe como parte, eso solamente puede ser debido a que ellos tienen la absoluta seguridad de que todos y cada uno de los aspectos del Opus Dei son los comunes al Todo, a la Iglesia.

O lo que es lo mismo, que los miembros de la Obra no encuentran diferencia entre los aspectos peculiares del Opus Dei con los que el Opus Dei tiene en común con la Iglesia, lo que es una forma de decir que el Opus Dei es la Iglesia, pues al carecer de aspectos peculiares que le distingan, es indistinguible de la Iglesia.

Segundo razonamiento. Quien calla otorga.

1 - Es una máxima de jurisprudencia que quien calla ante las acusaciones de que es objeto las otorga como ciertas, porque sino aportaría pruebas en su defensa.

2 - Los miembros del Opus Dei callan ante las acusaciones que se le hacen a la Obra, por lo que con su silencio las consideran como ciertas, como inatacables.

En este punto coinciden tanto la Obra de manera oficial como sus miembros a nivel particular.

Los apartados siguientes sólo se aplican a sus miembros a nivel personal, mas su clamor unánime los transforma en una voz institucional.

3 - Pero sus miembros si que responden a quienes dicen algo negativo del Opus Dei e indican siempre de forma directa o indirecta (por ejemplo ofendiendo) que quienes critican negativamente a la Obra hacen daño y que han de dejar de hacerlo.

4 - Si no pueden demostrar que esas criticas negativas perjudican a la Obra (motivo por el que se callan, mostrando así su incapacidad para atacarlas), pero sin embargo ellos expresan que hay un perjuicio a alguien (motivo por el que se sienten ofendidos), ¿a quién consideran ellos que daña quienes critican negativamente al Opus Dei?

5 - Sólo puede ser una estructura superior al Opus Dei aquella a la que ellos consideran perjudicada, no puede ser inferior porque es al Opus Dei a quien se le acusa, no a una parte suya.

6 - Si por encima del Opus Dei sólo está la Iglesia.

7 - Entonces los miembros de la Obra consideran que al criticar al Opus Dei la perjudicada es la Iglesia. O lo que es lo mismo, que quien critica al Opus Dei critica a la Iglesia (herejía ya demostrada).

8 - Por lo que con su silencio ante las criticas de que el Opus Dei es objeto unido a la voz unánime de que quienes le critican hacen daño y deben dejar de hacerlo, caen en la herejía de identificar al Opus Dei con la Iglesia.

Tercer razonamiento. La crítica a la Institución Perfecta.

1 - Sólo no puede ser criticada negativamente una institución que es absolutamente perfecta.

2 - Por lo que está totalmente equivocado quien critica negativamente a una institución absolutamente perfecta.

3 - Por lo mismo, la critica negativa a una institución que es absolutamente perfecta es por definición falsa, errónea, sea cual fuere esa critica negativa; por lo que a los miembros de esa institución absolutamente perfecta nunca les merece la pena perder el tiempo en oír esa critica equivocada, ni mucho menos en contrarrestarla.

4 - Las conclusiones del punto anterior sólo son válidas cuando es exclusivamente irracional la fuente por la que se considera a una institución como absolutamente perfecta, puesto que si el origen de ese conocimiento fuera mínimamente racional, por una parte se afirmaría explícitamente que esa institución es absolutamente perfecta y por otra se buscaría contrarrestar las criticas que se le hacen, usando para ello argumentos racionales.

Así han actuado a lo largo de toda la historia los diversos miembros de religiones y sectas religiosas que han considerado a su grupo como absolutamente perfecto. Siempre han afirmado con la boca que es perfecto; han demostrado como han podido las acusaciones que ha recibido en contra; y cuando con la razón no han podido seguir defendiéndolo han actuado irracionalmente contra quienes lo atacaban (por ejemplo matándolos), precisamente porque ellos verbalmente y vitalmente lo consideraban como un grupo absolutamente perfecto.

5 - Que una persona tenga conocimiento sobre algo de forma exclusivamente irracional sólo puede ser debido a que su parte racional afirma algo totalmente distinto a la irracional, porque si no fuera así habría algún punto en el que lo irracional y lo racional coincidirían, entonces ese conocimiento ya no sería totalmente irracional y se manifestaría verbalmente.

5.1 - Como sólo se puede aprender de otro a través de su ejemplo (vía no racional) o de sus palabras (vía racional), para que los miembros de una institución puedan tener un conocimiento exclusivamente irracional de algún aspecto de ella que sea en todo distinto al racional, eso solamente puede ser debido a que sobre lo que ese aspecto han aprendido de esa institución con el ejemplo de cada una de sus obras, con toda su conducta, es totalmente distinto a lo que esa institución predica sobre ese aspecto en todas y cada una de sus manifestaciones verbales.

Este punto (5.1) es una rama del anterior (5) que desvía del tronco del razonamiento principal, pero que lo incluyo por dos razones:

La primera, porque llega por otra vía a lo mismo deducido en otro razonamiento que parte de presupuestos distintos y que estudié en mi escrito anterior.

La segunda, porque los desenlaces de este apartado dan píe a conclusiones teóricas y prácticas muy interesantes. Por ejemplo, si lo que los miembros de esa institución dicen es totalmente distinto a lo que les mueve y sienten, entonces bastará escucharles para aplicar lo contrario y así saber cual es su verdadera vivencia.

Si cuentan que aman a todos los religiosos, es que su conducta es de no amar a ninguno; si refieren que aman a la Iglesia como ella quiere ser amada, es que en la práctica ese "como ella quiere ser amada" significa que sólo la aman cuando coincide con ellos en todo, mas no cuando hay discrepancias, etc.

6 - Al serles imposible a los miembros de esa institución absolutamente perfecta aportar algo racional para defenderla, pasan a intervenir de la única forma que saben y pueden: de manera irracional; y entonces actúan irracionalmente contra aquellos totalmente equivocados que osan decir algo malo de esa institución absolutamente perfecta, tal y como puede ser hablar sobre otro tema; o herir, acosar, atacar, mandar al Infierno, etc., a las personas totalmente equivocadas que critican negativamente a esa institución absolutamente perfecta.

7 - Ante las criticas negativas que se le hacen al Opus Dei sus miembros siempre actúan de la manera descrita en los puntos anteriores.

8 - Por lo que de forma exclusivamente irracional los miembros del Obra consideran al Opus Dei como una institución absolutamente perfecta y a la vez afirman con su razón justamente lo contrario.

9 - Como la única institución absolutamente perfecta es la Santa Iglesia, de forma exclusivamente irracional los miembros de la Obra identifican al Opus Dei con la Santa Iglesia y a la vez afirman con su razón (predican) justamente lo contrario, que son fieles a la Santa Iglesia.

Conclusiones.

  1. Cada carta que envía alguien afín al Opus Dei en la que trata cualquier tema menos el de aportar una respuesta a alguna de las acusaciones graves de que la Obra es objeto, con ese silencio de pasarlas por alto está afirmando que irracionalmente vive en la herejía de identificar al Opus Dei con la Iglesia y que a la vez piensa que el Opus Dei no es la Iglesia.
  2. Se confirma por otros caminos lo ya visto de que la esencia del Opus Dei es la de una Institución cuya plenitud de conducta la lleva a considerarse a si misma como la Iglesia Perfecta y que a la vez su declaración verbal es la de afirmarse siempre como una parte fiel de la Iglesia.

La herejía hipócrita

Aunque el lugar de partida de los razonamientos que han llevado al punto actual en que nos encontramos son tomados gracias a las formulaciones heréticas que manifiestan los miembros del Opus Dei, y afines a él, cuando escriben en defensa de su Institución, no por ello era algo desconocido para quienes conocemos la Obra...

Mas no es lo único descarriado en la esencia y praxis del Opus Dei. Basta leer en esta web los libros silenciados o la sección de tus escritos para comprobar como gentes muy distintas coinciden en exponer los mismos aspectos aberrantes que han vivido en la Obra.

Como puede ocurrir que alguien me interpele sobre alguno de esos puntos, cito mis propios escritos en los que sé lo que he dicho (o por lo menos lo que he querido decir), su porqué, y en el caso de que alguien tuviere dudas puedo aclarárselas; por esas razones os indico tres que considero importantes:

A lo largo de la historia de la Iglesia se han conocido muchas herejías, muchísimas, pero es la primera vez en la que nos encontramos con el fenómeno de que una Institución sea herética en su conducta, por la que se considera a si misma como la Iglesia (por creerse visceralmente y sin la menor duda que su voluntad y voz son los únicos que poseen toda la verdad) y que por otra parte con su manifestación externa se haga ver ante todos como una parte fiel a la Iglesia, sin que además haya la más mínima comunicación e interferencia entre esas dos facetas.

Por lo dicho, tristemente tenemos el honor de bautizar a esa nueva forma herética como de "Herejía Hipócrita", puesto que contiene una herejía e hipócrita es quien se muestra de una manera contraria a la que siente y vive.

Como obras son amores y no buenas razones, motivo por el cual seremos juzgados por nuestros actos y no por nuestras palabras, es mucho más perversa y dañina una herejía de la conducta que si fuera sólo de las palabras; y mucho más todavía cuando sus palabras son exactamente las contrarias a las de su conducta, pues no sólo impide a los demás conocerla como totalmente herética sino que además la creen como estrictamente ortodoxa por lo que es aceptada por todos como sana, incluso por la Iglesia, que la admite como hija predilecta suya en vez de verla como a su grandísima enemiga.

Cualquier grupo herético atenta contra la unidad de la Iglesia, pero si cabe mucho más aquel cuya herejía es precisamente la de sentirse como la Iglesia misma.

O se es fiel a la Iglesia con las palabras y con el corazón o se es infiel con ambos y entonces se abandona la Iglesia, tal y como han hecho todos los herejes de la historia.

Para que el Opus Dei mantenga esa herejía hipócrita durante setenta y seis años (de 1928 a 2004) sólo puede ser porque busca obtener algo de la Iglesia, porque si no se habría independizado de ella desde hace mucho tiempo.

San Pablo compara a la Iglesia con el cuerpo humano. Siguiendo ese símil vemos como las herejías de la historia se han comportado como enfermedades visibles, de las que dan la cara, como puede ser una fractura ósea, una caries dental, etc.; porque todos los herejes han manifestado su herejía al resto de la Iglesia y con ella los síntomas de la enfermedad de que se trata.

¿Qué enfermedad padece el cuerpo humano que es muy grave porque atenta contra su unidad y que por otra parte pasa desapercibida porque sus células no hacen alarde de ser distintas a las del resto sano?

Los tumores malignos. En ellos unas células hacen la vida por su cuenta con independencia del bien del todo y en silencio van infiltrando al cuerpo con el fin de sustituirle.

Como la herejía de la Obra es precisamente la de vivirse como la Iglesia Total, pero dando una faz de extrema fidelidad a ella, lo que busca obtener de esa manera hipócrita tan sólo puede ser infiltrarse silenciosamente dentro del cuerpo de la Iglesia, como hacen esos cánceres malignos, para acabar dando un golpe de estado al Todo y así poder colocarse ella en su lugar.

Ningún grupo herético puede llegar a ser la Iglesia verdadera. Esto es de fe.

Ningún tumor maligno puede llegar a ser el cuerpo al que infiltra. Esto es de sentido común.

Cuanto más retraso haya en pararle los píes a un tumor maligno mayor será el daño que padezca el cuerpo al que infiltra, y si se tarda demasiado lo acabara matando.

El Cuerpo Místico de Cristo, en su parte de Iglesia Histórica Actual (la que nos toca vivir), padece una enfermedad silenciosa, muy infiltrante, virulenta, agresiva y mortal. Al grupo herético que quiere infiltrar y sustituir a la Iglesia hay que pararle los píes y cuanto más se tarde en hacerlo mayor será el daño y el sufrimiento que produzca al Todo, y si se tarda demasiado... pues como sólo puede morir la Iglesia Histórica (la que va desde Adán hasta el momento en que fallezca el último fiel de la Iglesia), entonces, si se retrasa mucho la aplicación del tratamiento ese tumor maligno de la Iglesia la hará llegar al "Fin de los Tiempos", el que describe el Apocalipsis.

Lo dicho hasta este momento es fruto de razonamientos sucesivos, no de opiniones, por lo tanto, lo que acabo de contar no es un exabrupto mental de alguien que lo acaba de soñar y que no tiene otra cosa mejor que hacer que escribirlo. No. Es la rigurosa lógica quien lleva a esas conclusiones, por muy tremendistas que parezcan.

Como confluyentes con los raciocinios que finalizan con lo escrito anteriormente me vienen a la cabeza las profecías de san Malaquías, del siglo XVI, según las cuales después de Juan Pablo II sólo habrá dos papas cuyos lemas son: "Gloria Olivae", la Gloria del Olivo y "Petrus Romanus", Pedro Romano. Luego, siempre según esas profecías, tras la caída del papado acaecerá el fin del Mundo.

La Iglesia a lo largo de su historia ha tenido muchos enemigos, exteriores y de dentro, pero hasta hoy ninguno ha utilizado como arma destructiva la herejía hipócrita, que desde luego posee la capacidad letal suficiente como para llevar a la Iglesia al Fin de los Tiempos.

Los padres de la herejía hipócrita I

Cualquier obra tiene un autor. No existe novela, escultura, composición musical, etc., que no haya sido realizada por alguien. Las herejías no escapan a esta ley. Toda herejía necesita un padre que la defina.

Pero cualquier planteamiento herético necesita también a un grupo social, a una estructura, que lo materialice.

La herejía, como todo ser con vitalidad, precisa de un padre que genere el semen de la idea herética y de una madre, una institución, que la nutra en su seno para que así pueda ser implantada en el mundo...

En mis escritos anteriores hemos visto como a través de su comportamiento el Opus Dei se considera como una institución perfecta (por lo que según sus miembros nunca puede ni debe ser criticada negativamente) y, de manera opuesta, con su predicación se presenta ante el mundo como una parte totalmente fiel de la Iglesia.

En el subconsciente de sus miembros la Obra es "La Perfecta", la única voz válida de Dios, la Iglesia Total, razón por la cual la designé como una institución que se vive en la " herejía hipócrita", pues hipocresía es la cualidad de manifestarse de forma contraria a como se siente y se actúa.

Deducciones:

  1. La estructura social y religiosa conocida como Opus Dei es la madre de todas aquellas personas que caen en ese tipo de herejía hipócrita.
  2. Como las enseñanzas, formación y conducta de los miembros de la Obra son absolutamente fieles a las instrucciones de su Fundador y, como hemos visto, la conducta de los miembros de la Obra les hacen caer en la herejía de considerar al Opus Dei como perfecto (lo que sólo ocurre con la Iglesia Total, motivo por el que son herejes), eso solamente se lo puede haber transmitido su Fundador.
  3. Por lo tanto, tan sólo puede ser su Fundador el padre de la herejía en la que incurren los miembros engendrados por él y por la Obra. Por lo que el Fundador del Opus Dei tuvo que considerar a su Fundación, a la Obra, como perfecta, por lo que fue el primero en incurrir en la citada herejía hipócrita y quien se la inculcó a los demás miembros.
  4. Como el obrar sigue al ser, de alguien imperfecto sólo pueden salir obras imperfectas; o dicho de otra manera, una institución perfecta solamente puede salir de alguien perfecto: de Dios. Por eso la Iglesia Total, el impoluto Cuerpo Místico de Cristo, sólo puede haber sido hecha por Dios, por Jesucristo.
  5. Si el Fundador y sus miembros consideran a la Obra como perfecta, igualándola a la Iglesia Total, eso sólo puede ser debido a que su padre, su Fundador, quien la creó, se sentía a sí mismo, en su interior, en su subconsciente, en su obrar, como perfecto, como Dios; ya que tan sólo de alguien perfecto, como por fuerza se tenía que considerar él a sí mismo, podía surgir la Obra, también perfecta.
  6. Por lo que el Fundador del Opus Dei vivía en la herejía de considerarse a si mismo como el Hombre-Dios, el mismo Jesucristo.
  7. De lo que se concluye que en el Opus Dei hay dos herejías:
    1. La común a toda la Obra, cuyos miembros y Fundador la consideran perfecta, ajena a cualquier crítica, por lo que la identifican con la única institución que puede ser así: la Iglesia verdadera.
    2. La peculiar de su Fundador, que se consideraba a sí mismo como Dios. Lo que además en moral se tipifica como el más alto grado de soberbia.

Corolarios.

Lo anteriormente demostrado nos permite ver aspectos del Fundador que antes eran difíciles de comprender; ahora, por el contrario, son de una claridad meridiana si los contemplamos desde el aspecto de que él, en su sentirse, se consideraba tan perfecto como Cristo.

Si Jesucristo era austero y mortificado, sí siempre tenía en la boca palabras hermosas y fascinadoras sobre las escrituras y Dios; el Fundador de la Obra también, por considerarse como Él.

Si Jesús es el Redentor y sin Él, fuera de su Iglesia, no hay salvación; pues para el Fundador de la Obra tampoco hay salvación fuera de él y del Opus Dei; lo que manifiestó en frases tales como las siguientes:

"Hijos míos, si no pasáis por mi cabeza y por mi corazón no llegaréis a Dios". (También he escuchado en la Obra esta frase formulada como "Hijos míos, para llegar a Dios antes tenéis que pasar por mi cabeza y por mi corazón".)

Las palabras anteriores son perfectas si son dichas por Cristo, mas no por cualquier otra persona, a no ser que se crea a sí misma Dios. Por otra parte, esa frase lleva implícita la cuestión de que si dejas la Obra ya no pasas por esa cabeza y ese corazón y por lo tanto no puedes llegar a Dios. Comentarios semejantes a los anteriores sirven para los siguientes párrafos.

"No doy un céntimo por el alma de un hijo mío que abandone su vocación [a la Obra]."

"Prefiero que me digan de un hijo mío que se ha muerto antes de que me digan que ha dejado la Obra."

"El que deja la Obra, además de perder su felicidad temporal, muy posiblemente también pierda la eterna."

Si Dios es el dueño y señor de la Historia, el Creador y único Aniquilador posible de lo creado por Él, el Fundador de la Obra también se apropia esos atributos divinos. Así, por ejemplo, suprime de la historia oficial del Opus Dei, "aniquila", a todos aquellos que se han marchado de la Institución. Sobre esto escribe uno de los primeros miembros del Opus Dei:

"Cuando el Padre estuvo con los suyos, refugiado en la Embajada de Honduras de Madrid, acordaron entre todos los que allí estaban, que él debía pasarse a la otra zona. [...] El grupo estaba constituido por el Sr. Escirvá, Paco Botella, Pedro Casciaro, José M.ª Albareda, Tomás Alvira, Juan Jiménez Vargas, Manuel Saiz de los Terreros y yo. En total éramos ocho. Pero como éste último y yo nos salimos más tarde de la Obra, los biógrafos nos suprimieron y desde entones se dijo que habían sido seis.". Miguel Fisac, "Nunca le oí hablar bien de nadie".. Escrivá de Balaguer - ¿Mito o Santo?. Editorial Libertarias Prodhufi.

Si Jesús dijo que no llamáramos "Padre" a nadie sino tan sólo a Dios, pues como el fundador de la Obra se siente Dios, se hace llamar así.

Sí Dios es omnipotente y legislador de los mandamientos, pues el fundador de la Obra también lo es y por ello hace que el fin justifique los medios: que la mentira sea buena si con ella se le beneficia a él o a la Obra, que se puedan violar los derechos humanos más elementales , etc.

Si al darnos la vida Dios gobierna hasta lo más mínimo de nuestro ser y conducta, pues el Fundador de la Obra también lo hace y transforma a sus "cristianos corrientes" en los menos corrientes de los cristianos y los carga con miles de normativas que van desde como han de ir vestidos a misa, en el comedor, por la calle, a que no utilicen zapatillas en los centros, etc.; a que los numerarios no pueden exhibir fotografías de sus padres en sus cuartos; a que no usen literas cuando viajan en tren; a que durante años y años las mujeres de la Obra no puedan vestir pantalones... y así con todo... gracias a su Fundador, los miembros del Opus Dei lo tienen regulado todo, todo, todo, hasta lo más ínfimo.

Jesucristo, por ser perfecto, no puede ser criticado, pues el Fundador tampoco. Era una falta gravísima la menor crítica a su persona, que hizo extensivo al resto de los directores de la Obra, quizás porque la Obra es también perfecta.

Las Sagradas Escrituras profetizan sobre Jesucristo y su Iglesia, pues en la Obra no es así: el Espíritu Santo habló pensando sólo en el Fundador y en su Opus Dei. En la Obra se predica mucho utilizando los Evangelios, textos de los santos Padres, etc., pero siempre para después aplicar lo dicho a la Obra, a la vocación y a la figura del Fundador. El siguiente ejemplo está tomado del punto 41 de la carta de fecha 19 de marzo de 1992 del entonces Prelado del Opus Dei Alvaro del Portillo, me he permitido poner entre [] una aclaración mía; en negrita las referencias bíblicas que emplea el autor y en itálica y subrayado las extrapolaciones que hace de ellas para referirlas a la Obra:

"Porque nos queremos de veras, sobrenatural y humanamente, y estamos unidos, notamos como un desgarrón en el alma si alguien no persevera en la vocación. Nos hace sufrir, pero no tambalear. El mismo Jesucristo experimentó la amargura de la traición de Judas, y ese dolor, ofrecido a Dios Padre, fue también medio para redimirnos. Sigamos nosotros su ejemplo y curemos la herida de la infidelidad con el bálsamo de nuestra entrega.

Judas era un Apóstol, había recibido esa vocación y Jesús no se equivocó al llamarle, pero aquel hombre prefirió la infidelidad. Traiciona al Señor con un beso; él, que había recibido el beso de una llamada divina. ¡Qué trágica mentira cuando la infidelidad se pretende camuflar bajo apariencia de amor! Judas traicionó al Señor por dinero. Demás abandonó a San Pablo por los placeres de esta vida... en el fondo, siempre es el egoísmo, la soberbia, es el yo desorbitado el que impide la fidelidad.. Para nosotros, la fidelidad a nuestra llamada significa fidelidad a la vocación cristiana: al Amor de Dios [se refiere a la vocación al Opus Dei]. Se entienden por eso las palabras fuertes de nuestro Padre: si alguno de mis hijos se abandona y deja de guerrear, o vuelve la espalda, que sepa que nos hace traición a todos: a Jesucristo, a la Iglesia, a sus hermanos en la Obra, a todas las almas. .Detrás de las tentaciones contra la fidelidad, siempre se cela alguna de las concupiscencias, o las tres, que el diablo trata de aprovechar para que cambiemos la perla preciosa de la vocación por cualquier baratija. De ordinario, tras la resistencia a seguir al Señor al ritmo de nuestra entrega, no hay más que eso: concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida. Se ha puesto el corazón en los encantos de una vida mundana, y en lugar de servir, se ansia sólo triunfar; en lugar de darse, tener; en lugar de Amor, egoísmo; y al fin, en lugar de negarse a uno mismo, se niega a Dios. Entonces, donde había entusiasmo y alegría, aparecen el aburrimiento y la tristeza mala, porque se ha olvidado que quienes son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y concupiscencias."

Como podemos comprobar hay una alternancia de textos sagrados y su exclusiva traducción para aplicarlos a los fines de la Obra, con lo que con esa interpretación es como si se hicieran de nuevo las Sagradas Escituras, ahora escritas tan sólo para el Opus Dei. Por ejemplo, de ese fragmento se desprende que Judas, el apóstol traidor, y alguien que deja el Opus Dei son una misma persona. Lo que don Alvaro nos está diciendo implícitamente es que la Obra es la Perfecta Iglesia y por tanto su Fundador es el Hombre-Dios, y que ello implica que quien los abandona a ambos tan sólo puede ser un Judas. Y lo mismo que hemos observado en este fragmento se puede inferir de cualquier texto sagrado que se emplea en cualquiera y en todas las predicaciones que se dan dentro del Opus Dei.

No me voy extender más en la multitud de facetas y ejemplos de "Hombre-Dios" en los que se vivenciaba a sí mismo el Fundador de la Obra. Para más ampliaciones nos basta con tener la pauta que nos permite descubrirlo y que consiste en observar cualquier atributo de Dios (omnipotente, redentor, sabio, justiciero, etc.) y comprobar como Josemaría Escrivá de Balaguer lo manifestaba en su conducta, de forma autónoma, al margen de la Divinidad, haciéndose a sí mismo Dios.

Los padres de la herejía hipócrita II

Introducción

Resumiendo muy brevemente lo tratado hasta ahora, se ha demostrado que a través de lo dicho y omitido por los miembros de la Obra el Opus Dei cae en la herejía de considerarse a si mismo como la Iglesia Total (la Santa Iglesia de Cristo), mientras que en sus manifestaciones externas se muestra como una parte muy fiel de ella (por lo que denomino a esa aberración con el nombre de "herejía hipócrita"), y por último, como no hay obra sin autor, el fundador de la citada herejía tuvo que ser alguien que se consideraba a sí mismo tan perfecto como el mismo Jesucristo.

En el trabajo que sigue voy a analizar algunos escritos del Fundador del Opus Dei en los que cae en las citadas herejías...

Preámbulo

Cuesta entender como el Fundador de la Obra no publicara en vida los libros que escribió. Un verdadero santo tiene tal quemazón interior de acercar muy pronto las almas a Dios que si escribe algo que pueda cumplir con esa finalidad lo saca a la luz cuanto antes.

¿Por qué Fundador de la Obra no actuó como el resto de los santos?

¿Por qué en la introducción de la edición de Camino de 1950 el Fundador escribió que en unos meses iba a entregar a la imprenta el libro Surco, lo que en realidad ocurrió 36 años más tarde (y 11 después haber fallecido)?

Tras lo visto en las partes anteriores de este trabajo podemos descubrir la respuesta a esas preguntas: Muy posiblemente, José María Escrivá de Balaguer cayó en la cuenta de que a través de sus escritos se podían descubrir los errores heréticos y de otros ordenes en los que incurría su persona y su doctrina, por lo que en vida, exceptuando Santo Rosario y algunas entrevistas y homilías públicas, tan sólo imprimió el libro Camino, obra que le dio muchos quebraderos de cabeza, lo que le llevó al descubrimiento de que lo mejor que podía hacer era no publicar nada más, so pena de ser declarado hereje por la Iglesia. El resto de sus trabajos sólo han salido a la luz coincidiendo con su proceso de beatificación, momento en el que se les pudieron suprimir, modificar y maquillar, las partes que podían ser comprometedoras para dicha causa.

Para el fin que nos proponemos de descubrir algún aspecto herético en José María Escrivá de Balaguer sólo podemos revisar Camino, único escrito del Fundador en el que habló con transparencia sobre lo que su alma sentía.

De la misma manera que una gota de tinta enturbia un vaso de agua, basta encontrar un párrafo herético en la obra de una persona para anularle como modelo para los católicos, o lo que es lo mismo, para imposibilitar que sea considerado santo.

Análisis de puntos heréticos de Camino.

Primer texto

999 ¿Que cuál es el secreto de la perseverancia? El Amor. -Enamórate, y no "le" dejarás.
  1. Es el último punto del libro y del apartado que trata sobre la perseverancia. Cuando José María Escrivá de Balaguer trata allí este tema, la perseverancia, lo hace refiriéndose a ella dentro de la Obra: a seguir dentro del Opus Dei hasta la muerte (así lo hemos entendido todos los que hemos estado en la Obra, los que ahora están, y los que estarán. Nadie del Opus Dei piensa, ni por un instante, que esa perseverancia de la que habla Camino se refiere a la de un católico en la Iglesia, a la de un jesuita dentro de la Compañía de Jesús o a la de un agustino en su Orden... todos consideran, sin tener la mínima duda, que José María Escrivá de Balaguer habla sobre la perseverancia en el Opus Dei).
  2. Por lo que en este punto se pregunta cuál es el secreto para morir dentro de la Obra.
  3. Se contesta con un sustantivo en mayúscula, por lo que se refiere a Dios: "El Amor [a Dios]".
  4. Y continúa con que una vez que estés enamorado de Dios ya no "le dejarás"; que si te enamoras de Dios ya no puedes abandonar el Opus Dei o, dicho de otra manera, como te enamoras de Dios ya no le dejas, no dejas la Obra, por lo que cae en la herejía de considerar que Dios (o su Santa Iglesia) y el Opus Dei son lo mismo.
  5. Por lo anterior, si no perseveras hasta la muerte en la Obra es porque has abandonado el Amor [a Dios].
  6. Y entonces lo tuyo es muy triste, porque como no estás en la Obra te es imposible recuperar el Amor [a Dios], por lo que sólo te queda condenarte.

No cabe duda de que para los seres libres el amor es la mayor fuerza unitiva, pero una condición imprescindible para que sea así es la de enamorarse de aquello a lo que hay que unirse, no de algo distinto. Para verlo claro voy a poner algunos ejemplos en los que hago variaciones del citado punto de Camino.

Para aconsejar a un hombre sobre el vínculo con su mujer:

¿Que cuál es el secreto de la perseverancia en el matrimonio? El amor. -Enamórate, y no "la" dejarás.

Queda claro, que con ese "amor" con minúscula y la partícula "la" se indica que hay que enamorarse de la otra persona para perseverar en la unión con ella. Pero si en vez de eso le decimos:

¿Que cuál es el secreto de la perseverancia en el matrimonio? El Amor. -Enamórate, y no "le" dejarás.

Nos damos cuenta de que o bien su esposa no importa nada en esta cuestión (por lo que podría ser cualquier otra, bastaría con "Amar" a Dios para perseverar en el matrimonio, aún con una mujer desconocida) o que esa mujer y Dios son la misma cosa.

Otro ejemplo sobre lo mismo:

¿Que cuál es el secreto de la perseverancia en tu matrimonio? El amor. -Enamórate de tu vecina, y a tu esposa no la dejarás.

Como es obvio, se llega a un absurdo cuando el ser amado y aquel con quien se quiere perseverar son personas distintas. Por lo tanto, cuando el Fundador de la Obra dice: "¿Que cuál es el secreto de la perseverancia? El Amor. -Enamórate, y no "le" dejarás." Está identificando a Dios con el objeto de esa perseverancia: con el Opus Dei.

Segundo texto

En las relaciones de pertenencia la parte siempre está incluida en el todo, pero nunca el todo en la parte. Veamos algún ejemplo.

Sé español (parte) y serás de Europa (todo). Frase perfectamente válida.

Sé de Europa (todo) y serás español (parte). Razonamiento falso, puesto que hay muchos europeos que no son españoles.

Sé franciscano (parte) y serás religioso (todo). Frase cierta.

Sé religioso (todo) y serás franciscano (parte). Es erróneo puesto que hay más religiosos que los de la orden de san Francisco (los dominicos, agustinos, etc.).

Si alguien en su fuero interno identifica la parte con el todo, entonces si que tienen sentido las frases que antes hemos dado como falsas. Por ejemplo, Hitler en alguno de sus discursos dijo: “Europa es Alemania”. Con lo que quería significar que no cejaría en luchar hasta que eso fuera cierto; en su pensamiento, deseo y voluntad, él sólo veía una Alemania: la que absorbía a toda Europa.

Ya estamos listos para comprender el punto de Camino en el que se incurre en la herejía de considerar al Opus Dei como la Iglesia Total:

494 – Sé de María y serás nuestro.

En Camino no aparece nunca el nombre “Obra de Dios” u “Opus Dei”, puesto que cuando su fundador lo escribió aún no había hecho pública la existencia de esa Institución; esa es la razón por la que en el libro siempre se refiere a la Obra con eufemismos: “nosotros” (el Opus Dei), “tu apostolado” (el que realizas para la Obra), “la labor que llevas entre manos” (hacer el Opus Dei), etc.; por eso cuando en este punto se dice “serás nuestro” en realidad hay que leer: “serás del Opus Dei”.

Imaginemos que alguien nos dice: “Sé de la Virgen y serás carmelita descalzo”.

Nuestra respuesta podría ser algo parecido a: “Yo soy muy de María y no tengo nada que ver con los carmelitas descalzos. ¿Acaso te crees que los carmelitas descalzos son toda la Iglesia?

Porque, efectivamente, aquella frase considera a esa orden religiosa como a la Iglesia Universal.

La Iglesia Total es la única que puede decir con propiedad: “Sé de María y serás nuestro”, puesto que la Virgen es la Madre de todos los miembros de la Iglesia de Jesús y por ello aquel que es de María es de la Verdadera Iglesia de Dios.

Si volvemos al punto de Camino y sustituimos “nuestro” por “del Opus Dei”, nos encontramos con que su autor considera a la Obra como la Iglesia Total, la herejía objeto de nuestro trabajo:

494 – Sé de María y serás del Opus Dei.

A lo que también podemos responder: “Yo soy muy de María y no tengo nada que ver con el Opus Dei. ¿Acaso te crees que el Opus Dei es toda la Iglesia?

Ese texto, para no ser herético, debería decir algo parecido a: “Sé nuestro [del Opus Dei] y serás de María” o “Para ser nuestro [del Opus Dei] primero has de ser de María”.

Tercer texto

685 - El vendaval de la persecución es bueno. —¿Qué se pierde?... No se pierde lo que está perdido. —Cuando no se arranca el árbol de cuajo —y el árbol de la Iglesia no hay viento ni huracán que pueda arrancarlo— solamente se caen las ramas secas... y esas, bien caídas están.

La interpretación inmediata de este punto es la de que se está refiriendo a la persecución de la Iglesia...

Ello se debe a las dos palabras contenidas en él: “persecución” e “Iglesia”; a lo que se añade el entorno social en el que fue escrito: una época en la que España sufría persecución religiosa (la primera edición de Camino es en 1939, el mismo año en que finaliza la guerra civil española). Pero el autor habla de persecución en la primera frase y muy separado de ella, en un comentario, se refiere al “árbol de la Iglesia”; nunca dice de forma explícita que la perseguida sea la Iglesia (no escribe: “El vendaval de la persecución a la Iglesia es bueno”).

¿Cómo podemos discernir si se está refiriendo a la Iglesia o no?

Y en el supuesto de que no se refiera a la Iglesia, ¿de qué otro tipo de persecución se trata?

Para responder a la primera pregunta, si está hablando de la Iglesia o no, desarrollemos lo que suponía en aquel entonces esa persecución, para así poder después añadirlo a este texto y ver sus consecuencias.

La persecución religiosa que sufría España, cuando se fraguó Camino, iba acompañada de sacrilegios, blasfemias, impedir la instrucción católica a los niños, asesinatos por el sólo hecho de ser cristiano, destrucción de objetos sagrados, incendio de iglesias y conventos, imposibilitar a los fieles el culto, etc.

Ahora introducimos en el escrito esos aspectos de la persecución a la Iglesia, en las partes en donde su autor coloca puntos suspensivos:

El vendaval de la persecución [a la Iglesia] es bueno. —¿Qué se pierde? [No se pierde nada cuando las gentes blasfeman o se cometen sacrilegios o se impide la instrucción católica a los niños o se es asesinado por el sólo hecho de ser cristiano o se destruyen objetos sagrados o se incendian iglesias y conventos o se imposibilita a los fieles el culto].... No se pierde lo que está perdido. —Cuando no se arranca el árbol de cuajo —y el árbol de la Iglesia no hay viento ni huracán que pueda arrancarlo— solamente se caen las ramas secas: [las iglesias y los conventos que arden, los sacrilegios, los asesinatos, el impedir el culto y la instrucción religiosa, los objetos sagrados que son pisoteados, las blasfemias]... y esas, bien caídas están.

Ningún católico se atrevería a afirmar que “es bueno” todo eso. El punto se transforma en un texto tan surrealista, tan anticristiano e impropio de un escritor espiritual, que llegamos a la conclusión de que cuando en él se habla de persecución es imposible que su autor tuviera en mente a la Iglesia.

Pero, si no se refiere a la Iglesia, ¿quién es entonces el azotado por el vendaval de la persecución?

Tan sólo puede referirse a una persecución de tipo individual, la que sufre una persona aislada, o la de un colectivo que forma parte de la Iglesia, que en este caso se correspondería con los miembros del Opus Dei, puesto que Escrivá realizó Camino pensando en ellos y porque la Obra sufrió mucha incomprensión desde su nacimiento (“persecuciones”, según se cuenta dentro de la Institución), lo que llevó a que muchos de sus integrantes la abandonaran

El hecho de que hable de un “árbol” y de que “solamente se caen las ramas secas”, nos indica que el autor se está refiriendo a un colectivo de personas del cual aquellas que no están firmes son las que arranca el vendaval (las secas, las que carecen de vida interior). Para comprobar el sentido que toma el texto vamos a añadirle un par de frases en las que se hace ver que esa persecución se refiere a la Obra:

El vendaval de la persecución [al Opus Dei] es bueno. —¿Qué se pierde? [Quienes lo abandonan es porque carecen de vida interior, del amor necesario al Opus Dei para seguir firmes dentro de él]... No se pierde lo que está perdido. —Cuando no se arranca el árbol [del Opus Dei] de cuajo —y el árbol de la Iglesia no hay viento ni huracán que pueda arrancarlo— solamente se caen las ramas secas... y esas, bien caídas están.

Vemos que el texto es congruente en todo, excepto en ese comentario al “árbol de la Iglesia”; por ello vamos a suprimirlo:

El vendaval de la persecución [al Opus Dei] es bueno. —¿Qué se pierde? [Quienes lo abandonan es porque carecen de vida interior, del amor necesario al Opus Dei para seguir firmes dentro de él]... No se pierde lo que está perdido. —Cuando no se arranca el árbol [del Opus Dei] de cuajo solamente se caen las ramas secas... y esas, bien caídas están.

Ahora si que encaja todo, hay congruencia entre las frases, el conjunto tiene sentido. Pero no podemos olvidarnos de la frase que hemos suprimido (“y el árbol de la Iglesia no hay viento ni huracán que pueda arrancarlo”), ya que es precisamente ahí en donde radica la herejía de este punto de Camino, porque con esas palabras el autor identifica el árbol de la Obra con el de la Iglesia y con ello cae en la herejía de afirmar que el Opus Dei y la Iglesia son lo mismo.

Cuarto texto

En lo más intrínseco de cualquier religión, en su núcleo, en su esencia, se halla la libertad del ser humano para acercarse al Creador. Dios no coaccionó al hombre cuando éste se apartó de Él por el pecado original, ni le coacciona después para que retome el camino de vuelta a la casa del Cielo. Un acto moralmente malo o bueno no es punible ni meritorio si se ejecuta bajo coacción, puesto que si quien lo realiza no es libre carece de responsabilidad sobre él. Esto es algo tan elemental que no sólo fundamenta cualquier religión sino también los códigos de derecho humanos.

Si alguien afirma que la coacción es un medio para difundir una creencia, no sólo está siendo un hereje de la religión que pretende afianzar, sino que también lo es de cualquier tipo de religión existente, ya que ante Dios cualquier movimiento religioso presupone la libertad de quien lo vive. En esta herejía caen los textos de Camino que veremos a continuación...

387. El plano de santidad que nos pide el Señor, está determinado por estos tres puntos: La santa intransigencia, la santa coacción y la santa desvergüenza.

Si la coacción, por atentar contra la libertad del hombre, siempre es mala, hay que tener mucho “cuajo” para llamarla además “santa” pues con ello se afirma que Dios – plenitud y fuente de la santidad– es un tirano, un amigo de la esclavitud.

Podría ocurrir que alguien nos indicará que el autor de Camino no se refería en ese punto a una coacción a terceros, sino a una violencia interior de la propia persona para obligarse a sí misma a cumplir los mandatos de Dios. Para aclararlo no hay nada mejor que leer el punto 399 del mismo libro:

399. Si, por salvar una vida terrena, con aplauso de todos, empleamos la fuerza para evitar que un hombre se suicide..., ¿no vamos a poder emplear la misma coacción -la santa coacción- para salvar la Vida (con mayúscula) de muchos que se obstinan en suicidar idiotamente su alma?

Observemos que no es válido el primer ejemplo que este punto de Camino establece para aplicarlo a lo que viene después. El valor de vida física, la terrena, es algo conocido y apreciado por todos, es un valor universal, cualquiera sabe que quien intenta suicidarse carece de su sano juicio, no es libre y por ello, precisamente para defender su libertad, es por lo que impedimos que se mate. El evitar por la fuerza que alguien se suicide no es coacción, privación de libertad, sino todo lo contrario: impedir que esa persona cometa un acto no libre causado por una enajenación mental y del que se arrepentiría si estuviera en posesión de sus facultades. Por el contrario, la vida espiritual de cada persona es algo desconocido para el resto de los humanos, por lo cual si que es coacción la aplicación de cualquier tipo de fuerza que vaya en contra de la libertad de esa conciencia.

En este punto se muestra claramente como en el ánimo y en la praxis del fundador de la Obra está el uso de la fuerza, de la coacción que sea necesaria para obligar a los hombres a ir por el conducto reglamentario que según Escrivá lleva al Cielo. Con ello el autor de Camino cae doblemente en la herejía de considerarse a sí mismo como Dios:

  1. Como lo que le conviene a cada hombre para acercarse al Creador (la Vida, con mayúscula) es algo íntimo de la conciencia individual a la que sólo tiene acceso Dios y la persona concreta, si Josemaría dice que él lo conoce (puesto que sabe que si no lo cumple suicidará su alma) será debido a que él se cree el depositario de lo que es la voluntad de Dios para dicha persona, la Vida (con mayúscula), y eso sólo puede explicarse porque el fundador de la Obra se consideraba a sí mismo como Dios: pleno conocedor de la voluntad divina para cada hombre, razón por la que después la coaccionará para llevarla por ese sendero.
  2. Por respetar la libertad del hombre Dios consiente en que Adán y Eva pequen, no los coacciona para evitar que pierdan "la Vida (con mayúscula)", por lo que son expulsados del Paraíso y con ellos todos nosotros. Después observamos como Jesucristo tampoco coacciona nunca a nadie. Si alguien se considera capacitado para enmendarle la plana al mismísimo Dios y nos sale con que hay que coaccionar al prójimo y que esa coacción es nada menos que santa, sólo se puede explicar porque quien lo afirma se contempla a sí mismo como un ser para quien Dios está por debajo de él.

Estos dos últimos puntos de Camino son los más graves de cuantos hemos analizado hasta ahora. De ellos se desprende con toda claridad las siguientes conclusiones sobre su autor, con las que termino mi escrito de hoy:

    1. Sitúa como un pilar del plano de la santidad que propone el empleo de algo perverso, la coacción.
    2. Al afirmar que esa coacción es “santa” se sitúa en el lugar de Dios, al santificar algo que para Dios es perverso.
    3. Se hace dueño de la intimidad de cada persona por hacerse conocedor de lo que Dios quiere para ella.
    4. Los puntos anteriores le hacen caer en la herejía de considerarse a si mismo como Dios:
    • por ser el máximo conocedor del bien y del mal para cada alma,
    • por permitirse violentar lo que sólo Dios podría hacer: la libre elección de cuestiones espirituales,
    • y por cambiar la creación al hacer de un pecado (la coacción) una virtud.

Los hijos de la herejía hipócrita

Es evidente que todo ser creado es imperfecto porque participa de alguna de las perfecciones de su Creador, pero no de todas, ya que entonces sería el mismo Dios y no una criatura suya. En lo tratado hasta ahora hemos visto como para el Fundador y los miembros del Opus Dei la Obra es perfecta. También hemos estudiado como para ellos ese conocimiento no es consciente sino irracional, subconsciente, visceral. Nadie de la Obra dice explícitamente que su Institución es perfecta, con lo que estaría definiéndola como la Santa Iglesia de Cristo; pero al no ver ningún defecto en ella, al no tolerar ninguna crítica negativa hacia la Obra, al aseverar reiteradamente que quien ataca al Opus Dei ataca a la Iglesia, al no responder más que con el silencio ante lo negativo que se le achaca o contestando que quienes opinan en contra de ella se van a condenar... con esa conducta, implícitamente, están afirmando que para ellos la Obra es totalmente perfecta; fenómeno que hemos dado en llamar herejía hipócrita, pues con la boca afirman lo contrario de lo que sienten y viven: que la Obra carece de imperfecciones por lo que la colocan al mismo nivel de Dios...

Como todo hijo ha de tener unos padres, también hemos visto en entregas anteriores como esta herejía no escapa a esta ley, siendo su padre el Fundador de la Obra y la Institución Opus Dei la madre en cuyo seno se engendran los hijos heréticos.

En estos momentos nos surge la pregunta de cómo lo consiguen. En las herejías normales eso es muy fácil de entender: alguien ofrece la herejía al mundo y con sus razones convence a otros de ella. Pero en el caso de la Obra es mucho más complicado: ¿Cómo se logra que alguien no sea hereje en sus verbalizaciones y si con su vivencia y conducta? ¿Cómo puede ser que un miembro de la Obra coincida con nosotros en que todo ser creado es imperfecto y después sea incapaz de ofrecernos un sólo defecto del Opus Dei o de tolerar que se lo mostremos nosotros? ¿Qué métodos y mecanismos ha utilizado la Obra para lograr eso de las gentes que se acercan a ella?

Las personas se educan bien a través de lo que aprenden de forma verbal, por medio de palabras (aprendizaje consciente), o extraverbal (aprendizaje subconsciente), por la conducta de quienes nos enseñan, por los temas de los que nunca hablan, por los gestos que acompañan a determinados acontecimientos, etc. Para entender mejor lo que sigue vamos a hacer un alto para reflexionar sobre lo significado por la palabra “subconsciente”.

El subconsciente

Nuestro cerebro tiene capacidad para almacenar durante toda la vida todo lo que los sentidos le aportan, y de hecho lo hace. La estimulación eléctrica de determinadas áreas cerebrales sacan a la consciencia experiencias de periodos anteriores de la vida de los que la persona ignoraba su existencia; también ocurre lo mismo con el uso de la hipnosis: la persona puede revivir facetas de su historia inaccesibles al estado de conciencia habitual. Eso nos lleva a establecer que el bagaje de datos asentado en nuestra mente es de dos tipos:

  1. Consciente. Aquel que podemos representar voluntariamente, que a su vez puede ser:
    1. Los que la luz de nuestra atención puede iluminar en un momento determinado. Ahora soy consciente de esto que escribo.
    2. La memoria de lo que nuestra atención percibió en el pasado. Cualquier recuerdo que invocamos y que dócilmente acude a nuestra mirada. La marca y el modelo de mi coche, el lugar en donde vivía hace diez años, etc.
  2. Subconsciente. Lo oculto a nuestra mirada intencional:
    1. Aquello que nuestros sentidos aportan al cerebro pero que no les prestamos atención. Lo que no nos damos cuenta que está ocurriendo pero que nuestro cerebro si que registra. También se llama información subliminal.
      Mientras soy consciente de esto que escribo están pasando muchas cosas a mi alrededor a las que no presto atención y que después no puedo afirmar que han ocurrido: por la ventana llegan sonidos de la calle: coches que circulan, una madre llama a su hijo, etc.; en la habitación donde estoy la temperatura es ligeramente alta, huele a tabaco negro, a través de la pared se oye muy lejana la canción “Para Eloisa” que el hijo de los vecinos ensaya al piano una y otra vez, etc.
      Los medios de formación del Opus Dei son especialistas en este tipo de información subliminal: repiten siempre lo mismo, las meditaciones favorecen el sopor del sueño para que no sea consciente su propaganda (casi a oscuras con alguien que habla y a lo que no prestamos casi atención).... y asociado a un ambiente humano agradable, versallesco: personas con apariencia alegre que dan la impresión de que se preocupan de nosotros, de nuestro bien (cuando en realidad sólo buscan información para después actuar sobre nuestra vida), y el subconsciente asocia todo eso como algo bueno para nosotros.
    2. Lo que en una época pasada fue consciente pero que hemos olvidado.
      Para no agobiar a nuestra atención el cerebro emplea el recurso de hacernos olvidar lo que no necesitamos:
      • Aquello que no tuvo un impacto fuerte, lo no asociado a estados de animo intensos, lo anodino (lo que comí hace siete años, tres meses y un día).
      • Lo que no rememoramos con frecuencia (puede ser que hace siete años, tres meses y un día hayamos tenido la primera cita con quien después fue nuestra mujer, y en ese caso si que recordamos muy bien lo que entonces comimos, porque fueron unos instantes que hemos recordado muchas veces).
      • Acontecimientos cuyo recuerdo nos hace sufrir en demasía. Por ejemplo, es frecuente que niños que vieron asesinar a su padres tengan después una laguna de memoria de esos momentos.

El subconsciente no es un mero archivador del material que a él llega sino que lo elabora, lo condensa, lo enlaza con otros momentos semejantes asociándolos a los estados de ánimo que tuvieron cuando se produjeron, los califica como placenteros (que conviene repetir) o dolorosos (que hay que evitar). Luego, con todos esos datos que posee, dirige nuestro psiquismo y con él nuestra vida, y todo ello sin que seamos conscientes de lo que está haciendo.

Otra función del subconsciente es evitarnos sufrir por lo que nos impide recapacitar sobre aquello que nos puede producir dolor. Conclusión: nunca nos permitirá ver la realidad total del daño que una persona o institución nos infringe mientras bajo otros aspectos exista una gratificación afectiva. Con respecto al Opus Dei, nunca nos dejará ver aspectos malos de la Obra mientras estemos ligados afectivamente a personas o labores suyas. Lo habitual es que tras ser machacados afectivamente por quien lleva nuestra charla (dirección espiritual), después de múltiples “cabronadas” por parte de los directores, al perder la gratificación afectiva de estar con jóvenes (cambio de centro de jóvenes a uno de mayores), etc., en resumen, cuando llega el momento en el que la gratificación secundaria de estar en la Obra desaparece es cuando surge ante nuestra mirada el daño real y profundo que ella nos infringe, es el instante en el que el propio subconsciente nos permite ver su perversidad pues con ello sólo podemos ganar; y es entonces cuando comprendemos en plenitud lo que el Opus Dei es en sí, y por ello, algunos, lo abandonan.

Tenemos infinidad de ejemplos cotidianos sobre como ese poder subconsciente opera en nosotros y que se puede resumir en que el subconsciente está trabajando sobre todo cuanto nos apetece o disgusta y para lo que no tenemos una razón que lo justifique. Por ejemplo, sin saber el porqué no nos gustan los plátanos y eso puede ser debido a que a los cinco años tuvimos un intenso cólico tras comerlos y desde entonces sentimos odio hacia ellos, pero si además ese mal nos ocurrió en una excursión en un bosque de pinos, puede ser que ahora tampoco nos agrade pasear entre esos árboles y no sólo desconocemos la razón de ello sino que ni se nos puede pasar por la imaginación que esté asociado a nuestra repugnancia por los plátanos.

Las empresas de publicidad, los partidos políticos, las dictaduras y cuantos quieren imponerse a los demás, gastan ingentes cantidades de dinero para descubrir estas leyes del subconsciente para así forzarnos, sin que nos demos cuenta, a usar los productos o ideas que ellos difunden. Como ejemplo cito un texto publicado en una web de marketing empresarial:

“El deseo de compra, a menudo implica una decisión del subconsciente. Es muy raro que los consumidores compren cosas por razones lógicas, normalmente compran cosas por la recompensa emocional que les provoca. Aunque más tarde, quieran justificar con razones lógicas su compra. De hecho se considera que más del 90 % de las decisiones de compra que tomamos vienen directa o indirectamente inducidas por nuestro subconsciente.

“He aquí, la importancia que tiene la publicidad subliminal a la hora de ayudarnos a tomar una decisión de compra (como comentamos en un anterior artículo). Conociendo las razones que inducen a las personas a comprar, y utilizando esta información de forma correcta y sin mala fe, podemos aumentar considerablemente nuestro porcentaje de ventas. De hecho, el experto J.Sugarman, comenta en su libro "How to Use the Pyschological Triggers of Selling to Motivate, Persuade & Influence", que existen determinados desencadenantes psicológicos que vienen a ser como los factores de motivación más intensos que los publicistas o vendedores pueden utilizar para evocar una venta.

“-Hay tipos de desencadenantes que provocan en los posibles clientes un sentimiento de culpabilidad si no compran tu producto o servicio. Dicho sentimiento de culpabilidad es un poderoso motivador que desencadena reacciones en el subconsciente humano.

”-Otro tipo de desencadenante es "la convicción de satisfacción", el cual , sin lugar a dudas garantiza un sentimiento de satisfacción al adquirir un producto o servicio. Por ejemplo, si ofrecemos un producto, como podría ser un televisor, y además les ofrecemos algo más, algún tipo de garantía, como podría ser que si el televisor no cubre sus expectativas, se les devolverá íntegro el importe total que pagó por ella. Con esta afirmación, se está transmitiendo a los posibles clientes el convencimiento de que tienes un producto excelente y que sabes que les será de utilidad, les gustará y no se arrepentirán de haberlo adquirido. Esto hará que valore el producto y se sienta satisfecho de haber realizado la compra. Habremos motivado su sentido de orgullo que le proporciona el poseer dicho televisor y no otro. Cuando reciba visitas a casa, estará deseoso de mostrar su nueva adquisición y todas sus características y posibilidades.”

Tomado de http://winred.com/EP/articulos/marketing/0020000300100795.html

Cito un experimento realizado en una universidad estadounidense para mostrar como esas leyes del subconsciente actúan e influyen en nosotros:

Sin que su profesor lo supiera, se les indicó a los alumnos que sonrieran o se manifestaran alegres cada vez que aquel dictara la lección desde la parte derecha del encerado y que pusieran un gesto de seriedad o tristeza cuando fuese desde la izquierda. El profesor se dispone a exponer su clase y, como siempre, lo hace moviéndose de una parte a otra de la tarima; los estudiantes obedecen a la citada consigna y le sonríen cuando está a la derecha o se ponen serios cuando es en la izquierda. Desde entonces, cada vez con más frecuencia, el maestro se sitúa en la parte derecha de la pizarra, en donde sus alumnos le sonríen, hasta que pasados unos días tan sólo explica desde esa mitad. Los diseñadores del experimento les preguntan a los profesores involucrados los motivos de dicha conducta. Son incapaces de ofrecer la verdadera causa pero si múltiples falsas razones, racionalizaciones, tales como que desde la parte derecha de la tarima se le oye mejor, que hace calor y esa zona es más fresca que la otra, que desde allí pueden vigilar mejor a la clase, etc.

Observamos con ese ejemplo de educación subconsciente como:

  1. La unidad de actuación de un grupo, gratificando o censurando, hace modificar inconscientemente la conducta de un individuo que se expone a él.
  2. La ignorancia de la ley que rige el obrar de ese grupo impide que el sujeto que la padece pueda dar la verdadera razón del cambio de su conducta.
  3. El individuo justifica su conducta, la que ha sido alterada por el grupo, con razones falsas.

El subconsciente no es nuestro enemigo, es parte de nosotros y está puesto ahí para buscar nuestro bien. aunque en determinadas ocasiones no lo consiga. La forma de liberarse de lo negativo que hace por nosotros es pasar al campo de lo consciente aquello que hace mal, lo que vemos que nos hace sufrir y para lo que no tenemos respuesta. Para ello hemos de preguntarnos: ¿Por qué me disgusta esto? ¿Cuál es la razón de que no soporte tal cosa?... Haciendo este tipo de preguntas el propio subconsciente nos da, tarde o temprano, las verdaderas respuestas.

Si la herejía hipócrita radica en el subconsciente de los miembros de la Obra ha de ser porque la educación en tal barbaridad les ha sido implantada por vía extraverbal, subconsciente. A continuación estudiaremos los métodos principales de los que se sirve el Opus Dei para preñar el subconsciente de sus miembros en la herejía de que son perfectos.

Normas operativas de la Obra para implantar en el subconsciente de sus miembros la falacia de que ella y su Fundador son perfectos

Aclaro que los siguientes puntos no están impresos en ningún sitio. Suponen una puesta por escrito de leyes que rigen la conducta de los miembros del Opus Dei y a las que se ha llegado tras observar su vida y obras, mas no por haberlas leído u oído en ninguna parte. Suponen un ir de los efectos (conducta de las personas) al descubrimiento y posterior plasmación de las normas que los causan. Y, por último, es por simple cuestión de estilo el hecho de que las exponga en tono imperativo.

1 – Que nunca nadie de la Obra haga la más mínima crítica negativa hacia ella, ni hacía sus directores, ni hacía sus trabajos, apostolados, medios de formación, ni hacia nada que pueda empañar en lo más mínimo la imagen del Opus Dei.

Todos tenemos un conocimiento subconsciente, no leído, ni oído, sino dado por el propio vivir, de que todo es criticable; todo, excepto Dios. Es una consecuencia visceral de lo visto al principio de esta entrega cuando dijimos que todo ser creado es imperfecto porque sólo participa de alguna de las perfecciones de su Creador, lo que se traduce a nivel práctico en el hecho de que cualquier persona o institución es susceptible de ser criticada – y de hecho lo es– en aquello que tiene defectuoso.

Nuestros padres, abuelos, el colegio en donde estudiamos, el vecino, nuestro coche, etc., por mucho que nos agraden, por muy buenos que sean, tienen cosas negativas, carencias que nos desagradan y por ello reconocemos sus defectos. De todo cuanto nos rodea pensamos cosas buenas y malas. No es una falta de caridad, sino de inteligencia y sentido común, el no ver lo negativo o defectuoso de algo. El espíritu crítico es fundamental para mejorar a las personas y fundaciones y, en su caso, para protegernos del daño que puedan causarnos

Todas las instituciones son criticadas por sus miembros, incluso los católicos critican los defectos de la Iglesia, paso imprescindible para su perfeccionamiento (nadie erradica lo que desconoce).

Pues bien, está establecido que cualquier crítica negativa de un miembro hacia la Obra o hacia sus directores es considerada por el Opus Dei como una falta grave de unidad y debe ser corregida por quien la escuche inmediatamente, a través de una corrección fraterna, siendo esta la única circunstancia en la que no se le debe consultar al director antes de hacerla, sino después. En mi escrito anterior “¿Se respetan los Derechos Fundamentales?” he tratado la corrección fraterna y cómo se vive en la Obra, allí remito al lector interesado en saber más sobre este tema, ahora me basta apostillar la contundencia con la que la Obra aplasta cualquier intento de crítica interna, hasta llegar a hacer de este caso el único en el que el director no se entera de la falta cometida antes, sino después de haber sido corregida.

Esta práctica conlleva que desde el momento en el que alguien se aproxima a la Obra nunca, nunca, nunca, escuche el más mínimo, elemental e inofensivo comentario negativo sobre el Opus Dei, sobre sus directores, sobre sus labores, etc. Es más, si una persona que se acerca a los centros de la Obra posee un espíritu crítico que no es acorde con esta máxima, es echado sin contemplaciones de allí.

2 – Que han de ser siempre positivos todos y cada uno de los comentarios que los miembros de la Obra hacen sobre ella, sobre sus directores, apostolados, medios de formación, y, en resumen, sobre cualquier tema, persona o circunstancia que lleve implícito al Opus Dei. Esas manifestaciones, de la mejor manera que se pueda, deberán ir acompañadas de una efusión afectiva positiva.

Por ser un complemento del punto anterior no precisa más aclaraciones, salvo indicar que aquí también es la corrección fraterna el mecanismo empleado para implantar esta norma de conducta en el colectivo de miembros de la Prelatura.

Con respecto a la efusión afectiva positiva acompañante, voy a citar un ejemplo: a mí me hicieron una corrección fraterna porque no ponía entusiasmo y calor humano al referirme al Padre (que entonces era el Fundador de la Obra).

3 – Que a nadie se le corrija por hablar mal de cualquier persona o institución de la Iglesia ajena al Opus Dei, sobre todo si en algo opinable no asiente al cien por cien con la Obra.

Si dentro de la Prelatura pones verde a cualquier grupo religioso o autoridad eclesiástica, puedes estar tranquilo, no recibirás ninguna corrección fraterna por ello, es más, siempre habrá alguien que se te una a lo que afirmas.

4 – Que no se hable sobre lo positivo que el resto de la Iglesia hace (personas e instituciones).

Salvo puntuales excepciones de obras clásicas, los libros de espiritualidad escritos por autores de otros grupos religiosos no sólo no se aconsejan para la lectura espiritual sino que ni se citan. No vi en ningún centro del Opus Dei los Ejercicios Espirituales de san Ignacio, ni el Kempis, por citar textos antiguos que son patrimonio de la cristiandad, y lo mismo con tratados actuales.

Nunca oí en una tertulia, meditación, medio de formación, ni siquiera en los pasillos, algo de lo bueno que hacen otros grupos o personalidades de la Iglesia en algo en lo que la Obra no estuviera involucrada, ni siquiera escuché que se les nombrara si no venía a cuento para mostrar la grandeza del Opus Dei o el daño que le hacen.

Para los miembros de la Obra es supina su ignorancia en las encíclicas de los papas anteriores a Juan Pablo II (que fue el Papa benefactor del Opus Dei). Cuando Juan XXIII o Pablo VI (cuyo pontificado correspondió también con mi estancia en la Obra) enviaban una encíclica al mundo, yo me enteraba por los periódicos, mas nunca porque me lo dijeran en los medios de formación del Opus Dei (círculo semanal, meditaciones, charlas, dirección espiritual, etc.).

5 – Que palabras y frases clave que se refieren a la Iglesia y a Dios se asignen al Opus Dei y a su prelado.

Pongo algunos ejemplos:

  • Al prelado se le llama Padre, con lo que se le identifica con el Creador (Cristo dijo que no llamemos Padre a nadie sino sólo a Dios).
  • A la Obra se la llama Madre, con lo que en la nominación sustituye a la Iglesia (la santa Madre Iglesia).
  • Cuando un miembro de cualquier institución de la Iglesia (que no sea la Obra) oye decir que ha llegado algo de Roma o que va hacia allí (por ejemplo un escrito), piensan inmediatamente que viene del Papa o que va él, menos en el Opus Dei en donde se sabe que eso hace referencia al Prelado, que es de quien viene o va cuando ellos se refieren a Roma, con lo que con esas palabras se sustituye la sede de Pedro por la del Fundador de la Obra.
  • El día de la fundación del Opus Dei se comenta en la Obra como el momento en el que “se abrieron los caminos divinos de la tierra” (e incluso forma parte de la letra de una canción interna de la Prelatura), circunstancia que sólo se puede aplicar con propiedad al momento en el que Cristo nace,
  • El Fundador afirmaba con vehemencia:

–"Hijos míos, si no pasáis por mi cabeza y por mi corazón no llegaréis a Dios." (Por lo que se identifica con Jesucristo, único hombre por el que hay que pasar para llegar a Dios.)

–"No doy un duro [moneda de poco valor, cinco de las antiguas pesetas, tres céntimos de euro actuales] por el alma de un hijo mío que abandone su vocación." (como sólo en la Iglesia hay salvación, con esta frase y las siguientes nos dice que la Obra es la Iglesia, pues sin ella no se va al Cielo)

–"Prefiero que me digan de un hijo mío que se ha muerto antes que ha dejado la Obra."

–"El que deja la Obra, además de perder su felicidad temporal, muy posiblemente pierda también la eterna."

6 – Que cualquier reseña, cita o explicación, de las Sagradas Escrituras, de los Santos Padres y, en general, de todo aquello que haga referencia a la Santa Iglesia, sea inmediatamente asociado con el Opus Dei, con su modo de vida y con su Fundador para así identificarlo con ellos. Esa asociación no se formará nunca con ninguna otra persona, modo de vida ajeno a la Obra, o institución religiosa.

Cualquiera que utiliza un fragmento de las Sagradas Escrituras lo aprovecha para iluminar su discurso, pero dejando libre otras interpretaciones distintas a la suya, sin apropiárselo íntegramente para él y su institución. En la Obra se hace una exégesis única de esos textos. De hecho, cuando se deja el Opus Dei una de las cosas que más cuesta a la hora de leer los evangelios es abandonar la interpretación exclusiva que desde que entraste en él te dieron de cada una de sus partes.

Para la Obra la historia del joven rico es la de alguien que dice que no a Dios en su vocación al Opus Dei y que por ello se va triste: “¿Quieres tú pensar —yo también hago mi examen— si mantienes inmutable y firme tu elección de Vida? ¿Si al oír esa voz de Dios, amabilísima, que te estimula a la santidad, respondes libremente que sí? Volvamos la mirada a nuestro Jesús, cuando hablaba a las gentes por las ciudades y los campos de Palestina. No pretende imponerse. Si quieres ser perfecto..., dice al joven rico. Aquel muchacho rechazó la insinuación, y cuenta el Evangelio que abiit tristis, que se retiró entristecido. Por eso alguna vez lo he llamado el ave triste: perdió la alegría porque se negó a entregar su libertad a Dios.” (La libertad, don de Dios; en Amigos de Dios, punto 24). Y eso te lo repiten una y otra vez, siempre igual, hasta que queda asociado en ti de tal manera que eres incapaz de poder vislumbrar otro mensaje espiritual.

Otro ejemplo es la historia de Esaú y Jacob, en la que el primero le vende al otro su primogenitura por un plato de lentejas, en la Obra siempre se liga, sin excepciones, a la terrible perversión y maldad de quienes la abandonan: “El precio por el que vendieron su vocación y su ideal, es una bagatela, que pronto se deshace entre las manos. No encontraréis la felicidad fuera de vuestro camino, hijos, nos enseña nuestro Fundador. Si alguien se descaminara, le quedaría un remordimiento tremendo: sería un desgraciado. Hasta esas cosas que dan a la gente una relativa felicidad, en una persona que abandona su vocación se hacen amargas como la hiel, agrias como el vinagre, repugnantes como el rejalgar. Cada uno de vosotros, y yo también, vamos a decirle a Jesús: Señor, que yo quiero luchar y sé que Tú no pierdes batallas; que, si alguna vez yo las pierdo, es porque me he apartado de Ti. Tenme de tu mano, y no te fíes de mí, no me dejes.” (Meditación 269 del libro Meditaciones. Tomo III. págs. 384 a 389. Tiempo Ordinario. Semana XIII. Sábado).

Y, lo repito, eso ocurre con todos los textos bíblicos. A cada uno de ellos se le da una interpretación exclusiva, como si hubieran sido escritos sólo para el Opus Dei y para que su Fundador fuera el único intérprete.

Exposición del porqué las citadas máximas operativas implantan en el subconsciente de quienes las sufren la mentira de que el Opus Dei y su Fundador son perfectos.

Para su mejor estudio voy a juntar los enunciados de las anteriores máximas:

  1. Que nunca nadie de la Obra haga la más mínima crítica negativa hacia ella, ni hacía sus directores, ni hacía sus trabajos, apostolados, medios de formación, ni hacia nada que pueda empañar en lo más mínimo la imagen del Opus Dei.
  2. Que han de ser siempre positivos todos y cada uno de los comentarios que los miembros de la Obra hacen sobre ella, sobre sus directores, apostolados, medios de formación, y, en resumen, sobre cualquier tema, persona o circunstancia que lleve implícito al Opus Dei. Esas manifestaciones, de la mejor manera que se pueda, deberán ir acompañadas de una efusión afectiva positiva.
  3. Que a nadie se le corrija por hablar mal de cualquier persona o institución de la Iglesia, ajena al Opus Dei, sobre todo si en algo opinable no asiente al cien por cien con la Obra.
  4. Que no se hable sobre lo positivo que el resto de la Iglesia hace (personas e instituciones).
  5. Que palabras y frases clave que se refieren a la Iglesia y a Dios se asignen al Opus Dei y a su prelado.
  6. Que cualquier reseña, cita o explicación, de las Sagradas Escrituras, de los Santos Padres y, en general, de todo aquello que haga referencia a la Santa Iglesia, sea inmediatamente asociado con el Opus Dei, con su modo de vida y con su Fundador para así identificarlo con ellos. Esa asociación no se formará nunca con ninguna otra persona, modo de vida ajeno a la Obra, o institución religiosa.

Vimos al principio como tenemos una experiencia vital de que tan sólo no es criticable Dios. Si en la Obra nunca oímos nada negativo sobre ella ni sobre su Fundador (punto 1), nuestro subconsciente los identifica con quien no tiene nada malo, o lo que es lo mismo, con Dios.

Si además todo comentario sobre el Opus Dei o su Fundador es pasionalmente positivo (punto 2), el subconsciente se reafirma en que son perfectos.

Al no corregirse en el Opus Dei las críticas negativas sobre las personas e instituciones de la Iglesia ajenas a la Obra (punto 3), eso nos confirma en lo que ya sabemos de que todo ser por debajo del Creador es falible, por lo que esas personas e instituciones si que son imperfectas y no poseen la Divinidad que la Obra y su Fundador tienen (por no poder ser criticadas).

Nadie valora ni ama lo que no conoce. Si de toda la Iglesia sólo se trata lo positivo que al Opus Dei corresponde y no lo de los demás (punto 4), entonces solamente se puede valorar y amar a la Obra, no al resto de la Iglesia de la que nos olvidamos. Si yo tengo cuatro hermanos y los desconozco, entonces me sentiré como hijo único. Si el subconsciente de un miembro del Opus Dei desconoce al resto de las instituciones hermanas en la fe, entonces concebirá que la Obra es la única hija de Dios, la Iglesia Total.

Si determinadas palabras y frases que se refieren a Dios y a su Iglesia las oímos aplicadas a la Obra y a su Fundador (punto 5), entonces nuestro subconsciente lo traduce como que Dios y su Iglesia son respectivamente el Fundador de la Obra y su Opus Dei.

Inconscientemente sabemos que los Textos Sagrados son para toda la Iglesia. Cuando los vemos empleados sólo para la Obra (punto 6), nuestro subconsciente lo interpreta como que ella es la Perfecta Iglesia. También conocemos que el único interprete infalible de los Textos Sagrados es Dios, si esa función se la aplica el Fundador del Opus Dei, entonces nuestro subconsciente se dice: “Eso sólo puede ser porque ese hombre y Dios son la misma cosa”.

Cuando alguien se encuentra machacado un día tras otro, durante meses y años, por la acción conjunta de todas estas técnicas operativas subconscientes de divinización de la Obra y de su Fundador, acaba vivenciando de forma visceral, inconsciente y pasional, que el Opus Dei es la única Iglesia verdadera y que su Fundador es Dios. Pero como eso jamás lo ha oído ni leído, como nunca se le ha enseñado de forma consciente, entonces, esa persona defiende con las palabras lo contrario de lo que siente y vive: que el Fundador y su Obra son unos fidelísimos hijos de la Iglesia, lo que hemos denominado como herejía hipócrita.

Queda mostrada la estrategia y técnicas subconscientes que utiliza el Opus Dei para implantar en sus miembros la herejía hipócrita y con ello doy por finalizado el conjunto de escritos que llevan como título genérico “Nuevas herejías”.


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