Metodología de la Sutileza

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Por Jo, 31.03.2006


En general, la creación de expectativas, por parte de los directores de grupo, a sabiendas de que posteriormente no se van a cumplir, es algo que se puede calificar, sin la menor duda, de engaño. El que crea estas falsas expectativas, conociendo que nunca se van a cumplir, miente expresamente.

Es sutileza la creación de la expectativa de que en el seno de la Obra, un numerario con la fidelidad hecha, va a estar siempre bien atendido en sus necesidades, incluso corporales, en el tema de la salud, tanto física como psíquica, mientras pertenezca a la Obra.

Por lo que se va viendo luego, en el transcurrir del tiempo, incluso en temas como, por ejemplo, una lesión producida en la nieve cuando el numerario en cuestión estaba atendiendo a los niños del club, el numerario lesionado tiene que presentar batalla, (con la aureola de mal espíritu que eso conlleva), para que Delegación le pague una operación de ligamentos, pongamos por caso. Esta tensión que hay en estos temas, que al final son siempre de índole económica, está ocasionada por la pretensión de que lo primero y primordial es la Obra: “La Obra quiere ser servida”. Y, desde luego, cuanto más abajo estés en la organización, si eres agregado, numeraria auxiliar o supernumerario, menos derechos tienes y, correlativamente (en correlación inversa) más deberes de servir a la Obra.

Curiosamente el supernumerario no tiene ningún derecho, aunque sí el deber de contribuir con una aportación “que cueste”. El único derecho del supernumerario es el de recibir formación, colectiva e individual, con la dirección espiritual. Y este derecho, que solo incluiría, en teoría, la vida espiritual, en la práctica invade toda la vida del supernumerario: Vida familiar, vida profesional, vida asociativa (Colegio profesional, Club deportivo, Asociación cultural, Partido político …), puesto que todo “puede” tener relación con lo espiritual y/o con el prestigio de la Obra. Por todo lo cual, más que un derecho, el de recibir formación, es un control absoluto sobre la vida del supernumerario. Y, por tanto, al que se le había creado la expectativa de una “solo formación espiritual” y en todo lo demás “libertad absoluta”, resulta que es un ser controlado en la práctica. Al final se encuentra fidelizado, pagando una generosa aportación, y sin ningún derecho de ningún tipo.

El “apostolado personal de amistad y confidencia” ha sido una expectativa creada en el entorno del apostolado, en la cual había una apertura tal , que se afirmaba que de cien almas nos interesaban cien. Esto constituye un proyecto apasionante para todo joven futuro apóstol. Lo que ocurrió posteriormente es que esta expectativa se concretó en el “apostolado personal dirigido”, en el cual la amistad quedo supeditada al proselitismo de los que pudieran “encajar”, es decir a muchos menos de cien sobre cien, y con el agravante de la instrumentalización de la amistad a dicho proselitismo.

El tema de la obediencia también pasó por un proceso semejante. Desde un principio se nos decía a los que iban a incorporarse que “ … en la Obra las cosas se piden casi por favor”. (Así venía explicado en un folleto que estaba estratégicamente colocado en los ante-oratorios de los centros, escrito por D. Juan Bautista Torelló). Más adelante, una vez incorporados, el tema de la obediencia se había endurecido, paulatinamente, de una manera sustancial. Al final se nos dijo, ya de una forma clara que: “… en una Obra de Dios hay que obedecer o largarse”.

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Jo



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