Más sobre la salida, visto desde el Catecismo de la Obra

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Por Norbertito, 8.03.2006


En su último mensaje, Isabel Nath hace referencia al articulo siguiente del capitulo ‘Salida’ del Catecismo de la Obra:

“83. '–¿En qué situación quedaría un miembro incorporado a la Obra que abandonase su vocación, sin haber obtenido previamente la dispensa necesaria?

Según la moral cristiana, el miembro incorporado a la Obra que abandonase su vocación, sin haber obtenido la dispensa necesaria, pecaría mortalmente, como cualquier persona que incumpliera un compromiso en materia grave.

Cuando estaba por irme, me leí varias veces este articulo del Catecismo (y también el capitulo de perseverancia del Vademécum de Consejos locales -por cierto, hay uno nuevo desde el 19 de marzo de 2002 con algunos cambios respecto al ejemplar publicado aquí; lo digo por si alguien lo puede proporcionar a la web sería interesante ver el detalle de los cambios-). Lo interesante es que a mi me sorprendió mucho este articulo del Catecismo y argumenté al director de turno que eso implicaba implícitamente que alguien que deja la Obra pidiendo la dispensa necesaria no peca (por lo menos mortalmente). Se quedó sin poder contestar en el momento. Unos días después me explicó que lo había hablado con el Vicario regional (no me acuerdo bien si llegaron a preguntarlo a Roma, pero me parece recordar algo por el estilo) y que habían llegado a la conclusión que si alguien dejaba la Obra pidiendo la dispensa también podía estar pecando mortalmente, ya que la infidelidad podía ser por su culpa y su falta de entrega. Total que habían encontrado un sistema para tratar de justificar la idea de que salirse de la Obra por cuenta propia es siempre pecar mortalmente.

De hecho, poco tiempo después, hablando con el Vicario regional, me dijo que, como había hecho la fidelidad, seguir en la Obra era mi único camino de vida cristiana. Con eso, subía todavía un grado más la coacción tremenda que intentaba poner en mi conciencia. La salida de la Obra ya no era solo un pecado grave –aunque la salida sea después de pedir la dispensa prevista para estos casos-, era salir de toda posibilidad de vida cristiana. Es más fuerte porque un pecado mortal siempre se puede perdonar, pero si ya no hay posibilidad de vida cristiana, irse equivale a un pecado que no se pueda perdonar, a estar fuera de la Iglesia, al pecado contra el espíritu del que habla el Evangelio y que no puede ser perdonado. En realidad, esa actitud no es más que el reflejo de lo que se ha dicho tantas veces en este foro, que los que se van son Judas, que se van a condenar, etc. Es algo que uno no tiene siempre explicito en su mente cuando está en la Obra sin dificultades particulares, pero que se repite tantas veces que no es fácil tener las ideas claras cuando vienen las dudas de vocación.

A mi, lo único que consiguieron, argumentando así, es darme cuenta de manera definitiva que no servía de nada seguir dialogando.


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