Los directores

From Opus Dei info

Por Lali Riera, 12 de octubre de 2007


Dicen y recalcan los directores del Opus Dei que tienen una gracia especial. Sí, tan especial, que en lugar de ser de Dios es del diablo. Tiene más gracia especial el barrendero de mi calle que es bueno, normal, trabaja muy bien y tiene una sabiduría poco frecuente. He visto, he vivido, que ellas tienen una gracia especial y otros también nombrados directores, que de repente y porque ellos lo digan, de repente es una excepción y esa persona ya no tiene la gracia. Y no sólo eso sino que pretenden convencer a una súbdita de esa “ex directora” descalificándola con centenares de acusaciones y mentiras. Y luego lo pregonan a todo el que quiera oírlo...

Por lo que se ve que es gracia de Dios a su antojo para manipular falsamente a las personas. Recalcan la palabra unidad para que les obedezcan ciegamente, irracionalmente. A los listos los vuelven tontos porque los alaban, les dan encargos de confianza, se los ganan y las demás obedecen sin razonar y sumisamente. “Lo que viene de los directores viene de Dios”, sea mentira, o una trampa, calumnia, insulto, un maltrato, un convencerte de que eres tal o cual cosa o haces tal o cual y es mentira. A veces son tan crueles que cuando sales de hablar con ellos te dan ganas de darte un porrazo. Ves con claridad que es una crueldad lo que te hacen. Obviamente esto es del diablo. Lo que no es normal para la gente tampoco es normal para el Opus Dei.

El pueblo fiel del Opus Dei, los que no son directores no sabe apenas nada de su vida. Está vedada, son intocables, inalcanzables, encumbrados, están en una esfera superior rodeados de toda clase de silencios y discreciones. Si al pueblo fiel le llegaran más noticias y los conocieran mejor, comprobarían que son peores que las personas que no son directores. Tienen libertades, privilegios, información normal y otra clase de información conseguida con métodos inapropiados, caminos que dicen que llevan a Dios, cosas de conciencia, secretos íntimos y personales y para nada transferibles, que se chismorrean unos a otros, utilizan detectives, personas del mismo Opus Dei que vigilan y controlan y les dan nuevas misiones… etc.

Las directoras tienen casas muy ricas, espectaculares, de las que están muy orgullosas y a cual mejor pero también son un búnker.

Muestran una superioridad que disfrazan con los recuerdos del fundador, con anécdotas, detalles históricos, reliquias, dedicatorias… No pierden su autoridad ni un segundo. Tienen una legión de ayudantes que hacen el trabajo y otras muchas personas que las sirven con todos los detalles como un hotel de cinco estrellas. Las mejores cocineras, resposteras, telefonistas… buena ropa, buenos coches, estupendos viajes que aprovechan muy bien, gente siempre a su disposición para agasajarlas, hacer turismo, degustar lo típico… etc, en fin pobreza. Son los directores de un “camino de entrega”. ¿Qué entregan? No pierden nunca la compostura altanera y distante, hacen de forma artificial el paripé de rebajarse a la persona normal, despliegan una simpatía y cercanía que se palpa falsa y ridícula. Siempre guardando la compostura ellas y las demás. La visita a los directores está planeada, sabida, está previamente preparada, aparentando desconocimiento del caso de que se va a tratar. Están “informadas” por las directoras de un escalafón más bajo. Te atragantas porque no hay nada que transmita naturalidad, sencillez y verdad. Ves detrás de las que vas a ver el bloque entero de directores.

A menos que estés desesperado o que quieras que te hagan caso, también las hay que están ávidas de medallas, o las que buscan ser directoras a fuerza de distorsionar la realidad y mienten o exageran. Las hay que son aves carroñeras que viven de la carne de las demás, que les arrancan la piel a tiras y ellas engordan. A éstas las directoras les dan encargos de espionaje. Son gente bien recibida, dan los partes extraoficiales y a éstas directa o solapadamente les dan más encargos para que traicionen a las demás y hagan de gallos cantores.

Cuando vas a verlas -poca gente quiere sino que huye-, debes demostrar tus habilidades, tus méritos, valores o simplemente buscan ser directoras.

Las directoras tienen, dan la imagen de tener muchísimo trabajo. Que estudian seriamente los asuntos, orden, obediencia, perfectas cumplidoras de todo, de unidad. La apariencia de perfección imposible de conseguir es fruto del diablo, una careta de virtud. Notas muy bien la información y desinformación amañada a sus intereses no a la realidad, verdad o a la necesidad de la persona.

En mi largísimo tiempo que fui del Opus Dei -33 años- jamás he oído o enterado de que los directores pidieran disculpas, un nos equivocamos, nos precipitamos o nos olvidamos, algo que mostrara la verdad de que los directores aunque no se lo creen son tan normales como los demás, no dan muestras de humildad. Nunca se equivocan aunque metan la pata hasta cargarse algo o a alguien. Los directores “no se equivocan nunca”, deben de ser unos “iluminados”, “la perfección suma”. Los directores siempre tienen razón. Huele a azufre. Están en su pedestal y no admiten error ni debilidad; ¡estúpidas orgullosas! ¡pasto del diablo!

En su presencia hay que tenerles veneración, adoración, temor, reverencia, deferencia. A su paso se debe notar su “Presencia”, adulación. Se les sirve, divierte, se les cuenta lo mejor que ha sucedido, así se ganan puntos y se pone cara de impresión y de admiración por lo que cuentan y por lo que son. Sí que he visto predilecciones y fobias por parte de los directores. Son gente que se ponen por encima de Dios. Tienen una información de los centros que sería mejor la verificasen. A veces mandan contra la conciencia de las personas y contra sus posibilidades humanas, para subrayar su autoridad nombran al Padre como “líder universal”.

Es imposible que estas personas tengan la verdad porque el orgullo oscurece la mente, el alma y el corazón y se pierde el fin y a Dios. Humildad es igual a Dios y a Justicia. Lo disimulan con careta de buen espíritu e incluso se escandalizan, enfadan de lo que se les habla; ¡sepulcros blanqueados! Les come el afán de poder, de dominio de ser admiradas. Hacer historia, que se hable de ellas, ser populares. Se sirven a sí mismos, se miran y lo hacen para sí mismas y para el que dirán. Están tan acostumbradas a mandar que en su casa y fuera de ella lo siguen haciendo. Siempre dando consejos como un tic y organizando a los demás como otro tic y mentalidad, eso es lo que les gusta. Pero no se dan cuenta que ni entienden ni saben nada de la vida real, normal, cosa que extraña esas formas de hacer.

Si se dejaran conocer se vería qué uniformidad de mentes. La unidad es imposible, el diablo no lo permite y corren las comparaciones, la envidia, los piques, el afán de ser más, de destacar, de ser nombradas directorísimas. Buscan favoritismos, privilegios, que se las quiera más. Y todo eso porque es soberbia que han mamado del fundador. Se examinan con desasosiego si dan la talla o si las echarán del cargo. Cosa que a veces cuando ocurre no aguantan el qué dirán o la “injusticia” y se marchan del Opus Dei.

Contrariamente a lo que predican, que el fin no justifica los medios, se lo saltan con tanta frecuencia como les convenga. Como tienen afán y es un logro conseguir vocaciones en los sitios influyentes porque les dan información, porque son sus marionetas y porque les dan dinero, como estos contactos son un logro, ahí no examinan si tienen vocación o no. La tienen y ya está.

Están obsesionadas con el poder en la Iglesia, dicen que para servir a la Iglesia –que no es así- imponen su espíritu, el “mejor”, el extraordinario, y así ridiculizan, hacen de menos, no conocen los demás caminos que ha dado Dios a la Iglesia. Quieren que todos se amolden a su forma de hacer. Despersonalizan todo lo que tocan: al Papa, a los otros caminos, a otros obispos. Uniforman cuando Dios no hace dos gotas de agua iguales.

Con la gente del Opus Dei se utiliza la ley del embudo, a sus favoritos, a los que les dan imagen en la sociedad, a gente con talento o a personas con popularidad se les permite toda clase de privilegios, excepciones y permisos.

Hay personas que les hacen sombra, gente que podía aportar riquezas, con una personalidad excepcional, almas excepcionales que si no se doblan para dominarlas, manejarlas a su antojo porque tienen motor propio y adoran a Dios y no a las directoras, las echan. Esas almas excepcionales son un prodigio de Dios, pero en lugar de admirarse, escuchar y aprender la declaran primero la mejor vocación y después se la quitan. La vocación la da Dios no los directores. Directores que ponen y quitan vocaciones a su antojo y capricho, y además las echan como a perros a la calle. Será prelatura personal de ámbito universal en los papeles, en la realidad es una miserable secta.

Para echar a las que les molestan les declaran la guerra de forma solapada y disfrazada de bien para ellas y así lo pregonan. Las directoras hacen cosas lícitas e ilícitas, y denunciables. Todo lo disfrazan de mentiras y de “buenas intenciones” para “salvarlas”. Y aquí sí que el fin justifica los medios porque ellos, los directores saben y ordenan la voluntad de Dios y en su nombre, trabajan, piensan y sirven al diablo porque intimidan ponen obstáculos inventados, hacen trampas para que caigan y descubren lo que no es. Mienten descaradamente, difaman y calumnian, chantajean con darte algo como nombrarte directora, escuchan tus conversaciones por teléfono, leen tus cartas. Son hipócritas y cínicas. Luego van a comulgar y a Misa todos los días, ¿qué comulga? Y luego hacen correcciones fraternas porque das un portazo o llegas tarde.

Viven del cuento y del cuento que inventan, ponen pesadas cargas económicas. De eso sí que están pendientes, a eso le llaman vivir la pobreza. Yo diría que exprimen sin piedad a las familias que necesitan el dinero para comer, aunque lo robaran no les importaría. Les preocupa que den la aportación. Si no la das te echan. Incluso se meten en las familias cosa que es un abuso de poder y de entrometerse en algo privado y organizan por encima de la autoridad de la madre cuando los hijos deben estudiar o trabajar. Vamos que se quedan sin comer para darles a otros. A los directores no les interesa el problema de las familias si no es por la aportación que deben dar, primero yo, segundo yo y tercero yo. Gente podrida que no se preocupa de los problemas sino cumplir sólo que cumplan normas y la aportación. Acumulan masas de gente para sus movidas, sus festejos, la más voluminosa, la más ruidosa, se hacen notar.

El demonio está tan presente en su vida y ellas son reflejo de eso. Ha nacido un nuevo Hitler que se llama Opus Dei. Abramos los ojos al mundo y veamos la realidad. Toda persona sana y transparente, en su sano juicio puede ver lo que esta gentuza es y cómo manipula. Estáis a tiempo, siempre se está a tiempo de soltarse de la mano del demonio. Luchemos por la verdad. Vamos a ayudar a abrirles los ojos a esa gente que tiene un familiar en el Opus Dei. No os consideréis dioses porque Dios es la Humildad y vosotros sois soberbia y orgullo. A la basura con todos vosotros. Dejaos de pamplinas y dejad vivir en paz. Al mundo entero le grito que si queréis conocer a Dios no elijáis el camino del Opus Dei. Sólo intento descubrir todas sus caras. Treinta y tres años en el Opus Dei y he sido directora. Nunca es tarde para mandar a la mierda a esta gente. Os animo a que lo hagáis, demostrareis que sois sabios.

Es muy sorprendente que ellos que tanto se les da los de las vocaciones resulta que sólo la tienen las listas, guapas, con tipo, con carrera, ricas y si tienes un familiar poco regular hay que ocultarlo. Por ejemplo me dijeron que no preguntara por el padre de una numeraria en público porque era carpintero. Por lo tanto la gracia especial de Dios que tienen los directores del Opus Dei antes las tiene el gato de mi vecina que ellos.

Un camino que es de Dios y te prohíben leer libros de santos de los que no tienen nada que ver con ellos, no entienden nada de santos ni de su santidad. Para tener más control y menos testigos no te permiten confesarte con un cura normal.

Dios mira sólo el alma de las personas pero éstas no entienden de alma sólo de dinero. No reparan en nada por conseguir que el Opus Dei crezca y crezca, así más vocaciones, más poder y más dinero.



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