Las tres generaciones de supernumerarios españoles

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LA ESPERANZA DEL OPUS DEI EN LA REGIÓN DE ESPAÑA

Autor: EscriBa, 26-mayo-2006


La prioridad absoluta del Opus en estos momentos es que piten muchos supernumerarios jóvenes que conozcan la Obra desde niños, que piten como supernumerarios personas que lleven toda su vida en contacto con la Obra, programados desde la infancia.


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Ante el fracaso de los 500, la Obra se centra en la labor de san Gabriel con gente muy joven

La Obra se encuentra seguramente en su más grande crisis de vocaciones desde el inicio. El 1 de enero de 1951, el Fundador predicó una meditación en el centro de Villanueva en Madrid donde pidió 500 vocaciones de numerarios ¡ya! Y cuenta la historia oficial que pitaron unos 500 numerarios en poco más de un año en toda la Obra (en 1950, había unos 3.000 socios de la Obra en todo el mundo). El Prelado Echevarría en septiembre de 2003 pidió que pitaran 500 numerarios en cada Región también ¡ya! A día de hoy esa cifra no se ha conseguido, actualmente no llegan a pitar 500 numerarios al año ni siquiera en la Región de España que cuenta con 35.000 miembros según fuentes oficiales.

El tema de los 500 es muy complejo porque está envuelto en una nebulosa de artificio. Para no admitir el fracaso de este proyecto en el Opus se recurre a todo tipo de argumentos, verbigracia: “Son 500 contando los que ya hay”, o tal vez “son 500 contando a los que ya iban a pitar y los que tienen que pitar para llegar a esa cifra”. Quizá “son 500 contando los que piten y los que no se marchen” y, en todo caso, “son 500, pero cuando lleguen, tal vez en 50 años”...

Es un fracaso y no hay manera de decir lo contrario. Cuando el Prelado nos informó a todos los de la Obra de que el Señor quería 500 vocaciones en cada Región, muchos miembros (sobretodo numerarios) vibraron con la arenga, no se hablaba de otra cosa. Los más –en cambio- miraron para otro lado considerando esta afirmación como, poco menos, la prueba irrefutable de que el Padre vive totalmente desconectado de la realidad.

Recuerdo una tertulia que tuvimos en 2003 con el Vicario Regional de España, Ramón Herrando recién nombrado, que dijo a los numerarios que “este proyecto va a salir adelante si somos fieles... va a salir, tiene que salir. Multipliquemos todo por dos: mortificación. En lugar de dormir un día en el suelo por semana, que sean dos. En lugar de dos horas de cilicio, cuatro. El doble de tiempo de disciplinas, dos días por semana y no uno”.

Dos años después de que el Prelado realizara este llamamiento, se cierran la mitad de los Centros de Estudios de España. A día de hoy el tema de los 500 ha quedado relegado al olvido y no se comenta. Como mucho se dice: “¿los 500?, están viniendo”.

El cambio de estrategia: si no quieren pitar de numerarios/agregados que –por lo menos- sean los que engendren a los numerarios/agregados del mañana

En vista de que la presión por las vocaciones de numerarios y agregados no surte efecto se ha producido un cambio de táctica. Ahora la Obra quiere invertir en los numerarios del mañana porque esta generación (de personas entre 15 y 25 años) se ha perdido para la labor de san Miguel. En la carta mensual que el Prelado escribe a los miembros de la Obra, fechada el 1 de marzo de este año, decía más o menos, al final: "Encomendad también los frutos de una convivencia especial que ha tenido lugar aquí, en Roma, estos días pasados para dar un nuevo impulso a la labor de San Gabriel". Dos convivencias paralelas, una de varones y otra de mujeres, para impulsar la labor de san Gabriel. Se asume que se ha perdido una generación, se ha producido una ruptura muy brusca en los pitajes de numerarios y agregados.

Los Centros de Estudios cerrados masivamente el año pasado son la prueba, aunque el Opus los ha cerrado con –por lo menos- 8 años de retraso. En 1998 estaban ya casi vacíos pero se decidió esperar a ver si las cosas mejoraban, no fue así y en 2005 resultó imposible prolongar más esa situación y hubo que reconocer la derrota.

Los Centros de Estudios de las grandes delegaciones: Madrid-este, Madrid-oeste, Barcelona, Pamplona, Valencia y Sevilla: pasaron de tener entre 60 y 90 alumnos, cada uno al año en la década de los 80, a unos 10-25 por Centro de Estudios al año en esta primera parte de los años 2000. En las pequeñas delegaciones: Granada, Valladolid, Galicia y Zaragoza, las cifras pasan de 20 a 60 alumnos en los 80, en cada uno al año, a 3 ó 5 a finales de los años 90. En la actualidad los Centros de Estudios de Granada, Valladolid, Galicia, Zaragoza y Madrid-oeste están cerrados definitivamente desde 2005.

El Opus necesita de una tercera generación de supernumerarios que se asemeje a la primera y corregir los errores cometidos con la segunda generación de supernumerarios que no han facilitado (por lo general) que sus hijos piten de numerarios/agregados.

La primera generación de la labor de san Gabriel. Años 50 y 60

EL ARDOR DE LOS PRIMEROS TIEMPOS

El Opus fue aprobado como Instituto Secular en 1947 pero los problemas de tipo jurídico para la incorporación de personas casadas no quedaron resueltos hasta 1948. Había, sin embargo, desde varios años antes, un grupo "con vocación matrimonial", que se dirigía con Escrivá, y que cuando éste marcha a Roma, deja a cargo de Amadeo de Fuenmayor: "...en particular a los tres jóvenes profesionales - Tomás Alvira, Víctor García Hoz y Mariano Navarro Rubio - admitidos de hecho en el Opus Dei y en espera de poder incorporarse de derecho". Finalmente a lo largo de 1948 se logró el mecanismo necesario. Y así: "Los tres primeros, que no habían podido incorporarse anteriormente a la Obra, por falta de cauce jurídico, lo hicieron el 21 de octubre de ese año de 1948."

Lo que ocurrió cuando se intensificó la labor en los años cincuenta fue que los primeros supernumerarios eran reclutados también en el mundo donde actuaban los numerarios, principalmente en la Universidad, de modo que se tardaría cierto tiempo hasta que entraran candidatos de sectores más activos como el comercio, las profesiones económicas, los militares, que luego conformarían la mayoría relativa de este nuevo grupo de socios. Esta generación de supernumerarios fue influyendo, a partir del año 53 cada vez más, en el gobierno de Franco. Muchos supernumerarios -como Faustino García Moncó, Gregorio López Bravo, Ramón San Román, José Vicente Izquierdo, Alvaro de Lacalle y José María Saenz de Tejada- ocuparon cargos importantes, de la mano de destacados numerarios. Al entrar en el mundo de la política hombres que habían protagonizado con anterioridad la expansión económica, como ejecutivos de las sociedades auxiliares de la Obra, y el caso prototípico era Alberto Ullastres, se produjo una cierta fluidez entre ambas zonas, lo que permitió intentar la consolidación de las finanzas del Opus y alentó un sinfín de iniciativas de cooperadores y amigos viejos y nuevos para aprovechar, en beneficio personal y corporativo, la nueva situación.

Este corporativismo y esa primacía de lo propio (lo de la Obra) sobre todo lo demás se ha convertido en un rasgo característico y esencial del Opus de nuestros días, sobretodo, en un país como España donde la Obra cuenta con una enorme estructura. El Opus que, en sus comienzos, pretendía que cada miembro influyese e hiciera apostolado “individual, de amistad y confidencia” en su propio ambiente, se ha convertido hoy en la máquina del “apostolado” institucional. Hoy el apostolado personal de cada miembro se reduce –en la práctica- a introducir a gente en la maquinaria fría y calculadora del Opus. En añadir a gente que acuda a los colegios, a los centros, a las actividades, etc y sobre las que aplicar las reglas de actuación previstas corporativamente.

Los hijos de esta primera generación de supernumerarios fueron los primeros hijos en el Opus. La base apostólica del Opus era enorme, en los años 60 y 70 fue cuando se abrieron la mayoría de clubs juveniles y cuando dio comienzo la desventura de Fomento. En estos años fue cuando arrancaron casi todos los Centros de Estudios (exceptuando el de Galicia y el de Zaragoza, abiertos en los años 80, y el de Diego de León 14, Madrid, abierto en 1941). El fruto de este experimento del Opus adoctrinando al individuo desde el momento de su nacimiento fue una gran cantidad de pitajes de numerarios entre los años 72-82. El ambiente católico de la sociedad de esos años (un catolicismo hispano y –por lo tanto- muy cercano al catolicismo del Opus) y la existencia de muchos buenos colegios llevados por religiosos beneficiaron todo este proselitismo con los hijos de los supernumerarios. Dicho sea de paso, este enorme florecimiento de la labor de san Miguel fue seguido por una estampida, inédita hasta entonces, en los años 90. Una desbandada tan grande que obligó a la Obra a tomar medidas excepcionales de urgencia, como prueba el documento interno Dirección espiritual: formación de la conciencia. Fidelidad.

Parece que la aventura del Opus creando un sistema educativo/doctrinal dirigido y ordenado a obtener vocaciones tampoco funcionó plenamente. Muchos pitajes, pero poca perseverancia. De todos modos el balance fue positivo aunque cientos de personas tuvieron que pagar un altísimo precio de sufrimientos porque, desde que estaban en la cuna, les habían asignado una vida que no era la suya, la vida de numerario. La primera generación de supernumerarios fue muy pujante, muy vibrante: muchos hijos, mucho dinero, mucho prestigio profesional, mucha iniciativa y mucha influencia en la sociedad. Mucho fanatismo.

La segunda generación de la labor de san Gabriel. Años 70 y 80

LA INDOLENCIA, NI FRÍO NI CALIENTE

Para el análisis de los supernumerarios de la segunda generación me centraré en los matrimonios formados por supernumerario y supernumeraria, y los formados por un supernumerario/a con cónyuge no de la Obra pero cooperador o simpatizante del Opus. Omito a aquellos supernumerarios casados con una persona que no simpatice con la Obra porque los pitajes entre sus hijos son casi nulos y los que hay muy raramente perseveran, me parecen muy interesantes los correos La soledad de algunos supernumerarios y Esposa supernumeraria, ¿qué hacer?.

La segunda generación de supernumerarios fue muy distinta de la primera, una gran cantidad de personas pidieron la admisión sin tener ningún sentimiento de identificación con la Obra ni con su “espíritu” y procedentes de familias sin ningún vínculo con el Opus. Algo así como apuntarse a un club social. Fue un error táctico (que hoy la Obra reconoce en privado) no expulsar de la institución a aquellos que no se consideraran aptos como se hacía y se hace con los numerarios. Otras muchas pitaron con gran ardor, seducidas por los ideales sobre la familia que propugna la Obra, pero en poco tiempo desconfiaron de la doctrina del Opus por su rigidez antinatural y gélida. Los pocos matrimonios de supernumerarios que aceptan a pies juntillas las pautas que desde el Centro marcan para su familia exigen a sus hijos un comportamiento inadmisible para ellos, que engendra una enorme distancia entre los padres y los hijos.

Como sucedió en la primera generación, esta segunda hornada de supernumerarios conocieron la Obra y pitaron siendo ya adultos pero, por lo general, su actitud con respecto al Opus fue muy diferente. Por un lado no se implicaron tanto y por otro se trataba de personas con menor poder adquisitivo, menos recursos y menos capacidad de influencia. La base apostólica, los hijos, era mayor que nunca. En los años 90 hay muchísimos hijos de supernumerarios en contacto con la Obra pero muy pocas vocaciones de numerarios/agregados y el número de abandonos entre las vocaciones recientes de la labor de san Miguel es mayor que el de perseverancia.

Ahora es cuando el Opus está lamentando el poco empuje que han tenido los supernumerarios de la segunda generación que no han podido o no han querido inculcar a sus hijos la vocación a la Obra pese a todos los medios a su alcance. Muchos de estos supernumerarios permanecen en la Obra porque la exigencia que se tiene sobre ellos es muy baja o nula, el Opus sabe que nunca hubieran tolerado un control mayor sobre sus vidas. Tienen una manera propia de concebir la Obra: son capaces de llorar de emoción recordando la ceremonia de Canonización de Escrivá pero no dudan en disuadir a sus hijos de pitar de numerarios “ni con 14 años y medio, ni nunca”. Son capaces de ir a la Delegación y poner de tonto de remate al Vocal de san Miguel en su propia cara por las presiones que están recibiendo sus hijos para que piten de numerarios y de escandalizarse si uno de sus hijos deja de ser de la Obra, de negarle la palabra y de convencerse de que ese hijo suyo está, poco menos, que endemoniado. Todos los abusos que se cometen en el Opus obedecen, según ellos, a errores y miserias de personas concretas. Errores que se repiten con extraña frecuencia pero que –en ningún caso- son institucionales. “La idea de la Obra es maravillosa. Imbéciles hay en todas partes, también en el Opus Dei”, a los supernumerarios que así discurren les diría que por muy maravilloso que sea el ideal es obvio que a la hora de materializarlo (en la Obra) no queda nada.

Si tienen un hijo que se está planteando ser numerario/agregado y que al final decide que no, le reciben con los brazos abiertos porque consideran a los numerarios casi como migrañas que hay que soportar y no desean que un hijo suyo se convierta en eso. Si el chaval se plantea ser supernumerario recibe todo el apoyo de sus padres porque éstos consideran la vida del miembro de san Gabriel como la mejor de las vidas posibles. Pero, en todo caso, si el retoño (ya miembro) decide salirse de la Obra aplican contra él la durísima censura oficial “si una persona desea realmente ser santo no se marcha de la Obra. Dejar el Opus Dei implica necesariamente alejarse de Dios”. En muchos casos unos padres supernumerarios no recobran nunca la confianza que tuvieron en ese hijo, por la afrenta y la vergüenza que supone –para ellos- el hecho de que haya decidido abandonar la Obra. Este es el motivo de que haya tantísimas familias desgajadas y rotas para siempre con hijos de primera y de segunda categoría.

Su manera de sentir la Obra suele ser, con excepciones, la siguiente: “yo tomo de la Obra lo que me interesa, lo que me acerca a Dios. Lo que me parece inadecuado lo rechazo”. Esta segunda generación no está dispuesta a consentir fácilmente que sus hijos piten de numerarios porque desean que sus hijos puedan estar en la Obra como ellos: tomando lo que desean y rechazando el resto. “Que piten de supernumerarios cuando hayan terminado la Universidad y no antes”. La mayoría de miembros del Opus en España –por tanto- vive instalada en una cómoda y personal versión de la Obra: “doy lo imprescindible y me involucro lo justo”. Pueden defender fanáticamente el buen nombre de la Obra en público y criticar atrozmente a los Directores (Prelado incluido) en privado sin percibir ningún signo de contradicción en ello. Pueden acusar a la Obra de infinitos fraudes económicos y afirmar que la Obra no es una verdadera familia, en privado y –al mismo tiempo- buscar cooperadores que contribuyan económicamente con esta “familia trabajadora y pobre que es el Opus Dei”. Nunca abandonarán la Obra pero tampoco nunca se interesarán por solucionar los problemas que tiene. “Muy bonito lo de las 500 vocaciones pero que dejen en paz a mis hijos”. Si un hijo les pita de san Miguel gran disgusto (mala suerte) pero que no se le ocurra dejar la Obra.

Tenemos al Opus de España sobrado de estructura (edificios, dinero, instituciones, testaferros de todo género, editoriales, medios de comunicación, webs, etc) pero carente del “espíritu” que a la Obra le interesa. Que bueno sería –dicho sea de paso- que los jerarcas de la Obra se preocuparan un poco menos de fomentar el “espíritu del Opus Dei” (que nadie sabe lo que es, ni en que consiste y que sufre constantes mutaciones según los intereses del momento) y un poco más por la labor del Espíritu Santo, que es quien santifica a las almas.

Otro error tremendo que cometió la Obra en esta segunda generación fue permitir que muchas personas expulsadas de la obra de san Miguel por ser consideradas no aptas (algunos, hijos de la primera generación) pasasen a ser supernumerarios inmediatamente después de dejar de ser numerarios/agregados. Tal vez el contraste que experimentaron en sus vidas al pasar de ser numerarios/agregados a ser supernumerarios (con libertad y autonomía) les hizo sustituir bruscamente el fanatismo por el pragmatismo en beneficio propio. Y tal vez también por la falta de libertad a la que estuvieron sometidos siendo numerarios/agregados no quieran ni oír hablar de la posible vocación a san Miguel de sus hijos. Esta práctica hizo que muchas personas (también muchos miembros) concibiesen la vocación a la obra de san Miguel como algo transitorio, exclusivo de los años de juventud. Este fallo táctico se reconoce muy en privado y, desde hace unos años, está indicado que no se permita a un ex numerario o ex agregado pedir la admisión como supernumerario hasta transcurridos muchos años.

La segunda generación de san Gabriel se pone como contraejemplo ante los supernumerarios jóvenes hablando de los “supernumerarios que no se enteran de nada”. La manera de proceder de esta segunda generación se juzga muy duramente porque a la Obra no le ha reportado beneficios apostólicos con los que llenar las estadísticas internas, sólo eso importa. No se puede poner en ridículo ni llamar fracasado a un supernumerario, que ha hecho con su familia lo que le han dicho en el Centro, porque todos sus hijos sean exmiembros (La importancia de los Supernumerarios ). Para los jóvenes de san Gabriel no hay ningún referente entre los supernumerarios de la segunda generación. El único ejemplo a seguir se encuentra entre los supernumerarios de la primera, como Tomás Alvira (admitido en la Obra en 1948) y Ernesto Cofiño (admitido en 1956), y en proceso de beatificación .

La tercera generación de la labor de san Gabriel. Años 90...

SUPERNUMERARIOS CON PEDIGREE, LA ESPERANZA

Entre los hijos de la segunda generación de san Gabriel ha habido sobretodo vocaciones de supernumerarios. Hay de todo, los más permanecen en la Obra como mucho 5 años muy desvinculados de la institución y constituyen un gran problema para el Opus por la cantidad de tiempo y de medios que tiene que emplear para atenderlos, finalmente se marchan sin traumas, sin casi darse cuenta de que fueron alguna vez miembros del Opus y con el único problema de dar un disgusto a sus padres (supernumerarios de la segunda generación).

Otros están muy identificados y muy implicados con la Obra. El adoctrinamiento recibido durante toda la vida se nota y funcionan con unos esquemas mucho más rígidos de los que tienen sus padres. Para estos últimos la exigencia es mucho mayor que en la generación anterior. A esta tercera generación de supernumerarios (hijos y –a veces, incluso- nietos de supernumerarios) se le exige una vida de cuasi-numerarios, por lo menos, hasta que contraigan matrimonio. La contradicción de sus vidas es más evidente que en los numerarios.

El numerario joven –actualmente- se refugia en el Centro y es incapaz de tener ninguna iniciativa ni de pensar fuera de los límites del Opus, pero el supernumerario joven tiene que enfrentarse de un modo más intenso con el mundo real, más allá de la Obra. Un mundo en el que, cada vez más, los esquemas del Opus resultan obsoletos y extraños y conducen al aislamiento. En la mayor parte de los casos no sabe como adaptarse al mundo real con los parámetros que le marcan desde el Centro. Aparece, entonces, el juego de la culpabilidad por no ser capaz de vivir del modo en que se les exige. Esta semejanza entre el grado de exigencia que se marca a los numerarios y a estos supernumerarios ‘entregados’ a la Obra hace que los traumas que tienen unos y otros sean muy semejantes. Cuando uno de estos jóvenes de san Gabriel se sale de la Obra arrastra, muchas veces, los mismos trastornos psiquiátricos que padecen tantos ex de san Miguel. Es muy habitual ver a supernumerarios jóvenes reventados (y desequilibrados) a los que se les carga de trabajo, como a los numerarios.

El Opus delega tareas subalternas en estos supernumerarios, nunca trabajos importantes porque no confía en ellos. La posibilidad de que, en un futuro, la Obra encomiende a supernumerarios tareas de gobierno (el trabajo en una Delegación o la intervención en algún Consejo Local, por ejemplo) que corresponden a numerarios -como solución de emergencia ante la falta de miembros de san Miguel- no parece cercana. Nada de esto, el Opus no confía en los de san Gabriel. Es muy importante cuidar el equilibrio entre miembros numerarios y supernumerarios, a día de hoy se estima que un numerario laico puede ‘cuidar’ de 10 supernumerarios. Esta es la proporción ideal que la Obra desea. La Obra preferiría recortar su actividad por la carencia de numerarios que transmitir esas obligaciones a los supernumerarios. De todos modos esta cuestión resulta superflua porque en un futuro es verdad que no habrá numerarios y la Obra tendrá que replegarse pero tampoco habrá –visto lo visto- supernumerarios que pudieran desempeñar las tareas que hasta ahora estaban asignadas sólo a numerarios. Desde hace poco algún supernumerario escogido puede ser Encargado de Grupo, pero nada más, y siempre bajo la atenta vigilancia de uno de san Miguel.

El numerario joven se aísla del mundo y toda su actividad gira en torno a la Obra, el Opus le proporciona un universo paralelo del que no necesita salir y donde puede permanecer toda la vida. El supernumerario –aunque quiera- no puede permanecer en ese mundo a parte y percibe que las conductas que le marcan en la Obra no son válidas. El ejemplo más evidente es todo lo relativo a las relaciones sentimentales y el exhaustivo control que la Obra quiere ejercer sobre los noviazgos de los supernumerarios jóvenes. Esta actitud de control genera situaciones muy dolorosas y tremendamente ridículas, se fomenta la delación entre supernumerarios a través de la corrección fraterna porque es el mejor (y único) instrumento de control sobre un supernumerario que –por motivos evidentes- pasa la mayor parte de su tiempo fuera del Centro. Persecuciones patéticas, broncas e interrogatorios continuos y acusadores sobre lo que uno hace o deja de hacer, sobre si le vieron hacer tal o si dijo cual. Prohibiciones extrañas, como la de fumar para las supernumerarias o la de ocultar al novio/a. La obligación de romper la relación con una chico/a para no tener un noviazgo de más de dos años. La obsesión con el sexo que se convierte en el principal tema de la charla fraterna. La sombra de la sospecha que cierne sobre un supernumerario/a si no hay manera de que encuentre novio/a, ¿será homosexual?, con recomendaciones como “ten cuidado con la afectividad que puede sufrir desórdenes”. El sexo, siempre, es el tema central cuando se trata de jóvenes. A la Obra le interesa que sus supernumerarios vivan la pureza, hagan proselitismo, den dinero y cumplan las normas.

Esta obsesión con reprimir las manifestaciones naturales (y preciosas) entre dos personas que se aman tal vez proceda del temor que tiene la Obra a que sus supernumerarios no lleguen “puros” al matrimonio y que –por tanto- sus hijos (los numerarios/agregados del futuro) vengan al mundo disminuidos. Esto es lo que dijo el Prelado el miércoles 9 de abril de 1997 ante 1500 personas procedentes de toda Sicilia: “un sondeo dice que el 90 por 100 de los disminuidos físicos y psíquicos [en italiano handicappati] son hijos de padres que no han llegado puros al matrimonio”, estas aberrantes declaraciones de Javier Echevarría, publicadas en el Giornale di Sicilia, provocaron un escándalo en toda Italia, y no es para menos. Luego –cuando el supernumerario esté casado- vendrá el numerario de turno y en la charla te indicará cuando tienes que tener un hijo “porque ya va siendo hora de tener otro”, no vaya a ser que “estés poniendo barreras a la vida” (muy interesante el escrito titulado Interferencia de la obra en las relaciones íntimas de los casados ). Nace de aquí la distancia que todo joven de san Gabriel marca –con el tiempo y por muy fanático del Opus que haya sido- respecto de la Obra y que conduce al espíritu crítico que genera una profunda fractura interna en la organización, cada vez más lacerante.

Existen dos bandos en el Opus, dos modos de pensar y de sentir totalmente distintos. Por un lado está la manera de concebir las cosas de los de san Miguel y –por el otro- la manera de estar de los de san Gabriel. Por esto cada vez más jóvenes supernumerarios abandonan, por propia iniciativa, al Opus que se ha convertido para ellos en un obstáculo para llevar una vida normal.

De esto es consciente la Obra, a medida que un supernumerario joven comienza a desvincularse y no cede ante las presiones de los numerarios del Centro, el Consejo Local cambia de táctica. Hay un punto de inflexión: la amenaza. Cuando a un supernumerario, muy ‘entregado’ hasta ese momento, se le está presionando durante un tiempo para que haga o deje de hacer lo que sea y se le amenaza con que “si sigues así no puedes continuar en la Obra” pueden ocurrir dos cosas. Puede que el supernumerario ceda y consienta en que desde el Centro se siga dirigiendo su vida o que haga oídos sordos porque considera que el control ha llegado demasiado lejos. En este último caso el Consejo Local se vuelve más flexible y la exigencia desciende porque sabe que si continua exigiendo y condenando la conducta del supernumerario en cuestión es muy probable que no vuelva a aparecer por el Centro y que deje la Obra. El Opus no se puede permitir perder vocaciones de gente joven de san Gabriel porque son el único medio que tiene para esperar vocaciones de numerarios y agregados en el futuro. “Lo que la Obra necesita hoy son muchos Supernumerarios en edad de procrear”, afirmación hecha muy de puertas adentro de la Obra y, tan fría y calculadora, que produce miedo.

La Obra necesita desesperadamente de supernumerarios fanáticos y simples que elijan la pareja más conveniente para formar una familia muy muy numerosa y empapada de Opus. Que llenen los colegios y los clubs del Opus y que incidan en la sociedad convirtiéndose en activistas políticos en defensa de la educación diferenciada, por ejemplo. “¡Hay que llenar los Centros de la Obra!”, por increíble que parezca esta ha sido la consigna de varias convivencias de supernumerarios jóvenes. La idea que machaconamente se repetía: ¡os tienen que pitar todos vuestros hijos de numerarios y numerarias, veréis que alegría! Hijos a los que dirigir desde el momento en que nacen hacia la vida de numerario, por ejemplo: desde hace un par de años se ha puesto en marcha una red de guarderías llevadas por el Opus. De manera que la programación comience lo antes posible. El Opus ya no se conforma con iniciar el adoctrinamiento institucional en el colegio, ahora da un paso más. El Opus amamanta a los hijos de sus supernumerarios, los cuida y los protege desde bebés para poder robarlos a los catorce años y medio. Espera que ahora esta tercera generación esté lo suficientemente bien programada para facilitar y alentar las vocaciones de san Miguel entre sus hijos.

La edad mínima para poder pitar de supernumerario son los 21/22 años. Salvo casos muy excepcionales, ningún joven puede pedir la admisión como miembro de san Gabriel con menos de 21 años cuando ya la Obra haya perdido toda esperanza de conseguir que pite de numerario. Esta frialdad del Opus –que sólo sugiere la vocación de supernumerario al rebasar esa edad- es vista como un escándalo por muchísimos miembros. El los clubs no se habla de supernumerarios sino únicamente de numerarios/agregados, cuando un joven manifiesta su deseo de ser supernumerario se le presiona para que no tenga “una media generosidad”, para que sea totalmente de Dios y renuncie al matrimonio. Si no es posible que pite de san Miguel, con el paso del tiempo, y siempre si ya ha cumplido los 21 años, se le permitirá pedir la admisión como supernumerario.

De este modo todos los supernumerarios jóvenes que hay hoy en España han sido presionados antes de los 21 años para que fueran numerarios/agregados. Han sido testigos de como se denosta la vocación del supernumerario, y el matrimonio, anteponiendo la de numerario/agregado. Muchos de ellos fueron aspirantes a san Miguel pero lo dejaron antes de los 17 años, sin tener hecha la admisión. Saben que la Obra les ha dejado pitar de supernumerarios porque es consciente de que no puede sacar nada más de ellos, como una especie de premio de consolación de miembro del Opus de segunda clase. Ningún supernumerario joven se cree esa patraña de la “unidad de vocación del Opus Dei: la misma vocación con tres modos de vivirla según las circunstancias personales de cada uno”.

La explicación oficial de puertas adentro, para justificar la imposibilidad de pitar de supernumerario antes de los 21 años, es que a esas edades es muy difícil vivir la santa pureza, es mejor que los jóvenes que quieran ser supernumerarios sean impuros sin pertenecer a la Obra y que cuando pidan la admisión a la Obra se les hayan pasado los ardores de la adolescencia. Que pequen todo lo que quieran contra la pureza, pero antes de ser de la Obra. Cuando esta virtud les sea más fácil de vivir (se supone que a partir de los 21 años) ya podrán ser supernumerarios.

La nueva estrategia del Opus, para conseguir numerarios y agregados en la siguiente generación, está también avocada al fracaso porque esta degradación del supernumerario en un ente engendrador de los numerarios del futuro produce un profundo rechazo que las autoridades de la Obra parecen no percibir. Es hasta divertido ver como los supernumerarios jóvenes se protegen unos a otros de cara al Centro, la manera en que se ponen de acuerdo para mentir sin delatarse unos a otros. La Obra parece considerar que concede un gran honor a los supernumerarios jóvenes permitiéndoles ser los procreadores de la labor de san Miguel del futuro, pero éstos lo perciben de un modo muy distinto.

Que la Obra vea a las supernumerarias sólo como el gran útero de cigotos-numerarios y a los supernumerarios como los preñadores de los embriones de san Miguel no hace ninguna gracia. Al intentar entender si el Opus es o no una secta y enfrentarse a la pregunta de “¿Se dice [en el Opus] que las relaciones sexuales deben servir al grupo, directa o indirectamente?”, en el caso de la Obra la respuesta sólo puede ser afirmativa, (del test: ¿Estoy en una secta?).

Lo de “clase de tropa” y lo del “egoísmo de la carne” (Camino, 28) sigue escociendo y mucho, la conciencia de ser vistos por la Obra como peldaños para aumentar la labor y conseguir muchos numerarios de sus hijos es cada vez más hiriente. Sólo importan los numerarios, el ser supernumerario es un estado imperfecto que sólo se dignifica con hijos de san Miguel. A medida que el control y la exigencia sobre los supernumerarios jóvenes se han hecho más férreos ha aumentado el número de abandonos de manera que hoy, en España, es más fácil encontrar a un numerario con menos de 25 años que a un supernumerario de la misma edad.


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