Las amistades en el Opus Dei

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Por Norske Fjorder, 5.11.2007


¡Qué fuerte el escrito de Iván! Aunque ya veo que se había hablado antes de esto en la web, la verdad es que no lo había leído.

Es verdad que mientras fui adscrita y después numeraria (solo hasta los 22) me di cuenta de que había mucha gente que no volvía a ver y de la que nunca más se volvió a hablar. Pero nunca pensé que estuviera institucionalizado, ¡¡que fuera una regla el hacerlas desaparecer!! ¡¡Me parece muy fuerte!! ¡¡Estoy alucinando!!

Cuando estaba dentro no me daba cuenta de nada y las cosas que me llamaban la atención, las justificaba sin más problemas, con “humildad”, aceptando -sin pensarlo dos veces- que era yo la que me equivocaba, que los directores “saben más”.

Por cierto, he buscado la definición de humildad en el Diccionario de la Real Academia Española, y dos de sus acepciones son:

  1. Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento.
  2. Sumisión, rendimiento.

Ahora, entre otras muchas cosas, me doy cuenta de que el Opus Dei conoce solo la segunda acepción.

La verdad es que cuando una adscrita se iba, no volvíamos a hablar con ella, por mucho que la siguiéramos viendo en el colegio durante años. Y ni siquiera hacía falta que la directora nos lo dijera, porque en realidad lo que pasaba es que la persona que se iba nos daba miedo.

Esa es exactamente la palabra: miedo.

Porque irse era traicionar y el trato con una persona que se había ido "ponía en peligro nuestra vocación", por lo que nos pudiera decir, así que lo mejor era alejarse de ella.

En el Opus Dei lo único que importa es el trato con las personas "pitables" (las que tuvieran aptitudes y disponibildad potencial para entrar, que se traducía directamente en vocación).

Mis amigos en mis años de Opus Dei fueron:

  • chicos: CERO... porque representaban TODOS SIN EXCEPCIÓN un gran peligro para la vocación!!! (Hasta el punto de irme a dar una vuelta si venían los amigos de mi hermano pequeño);
  • chicas: solo las “pitables”. O sea:
  • las no pitables no interesaban: así, cuando en la facultad empecé a conocer chicas que vivían o tenían relaciones con sus novios... ¿para qué iba a ayudarlas? ¡¡si esas ya estaban perdidas!! Al Opus no les interesaban... así que tenía que dejarlas y, supuestamente, buscarme a otras. Me hice amiga de una "buena chica", pero claro, vivía con sus padres y su tío... pero como su tío había sido fraile y además ella trabajaba en caritas... había que dejarla también, porque no "encajaba";
  • las que se habían ido eran otro gran peligro para la vocación, eran como los libros prohibidos, porque te podían meter en la cabeza ¡¡Dios sabe qué ideas!! (que, evidentemente, no consideraban que yo pudiera rebatir). Además, esas también se habían perdido y no interesaban;
  • las que frecuentaban alguna parroquia, tampoco daban la talla, porque no entenderían el “espíritu de la Obra”, y nos recordaban una y otra vez que teníamos que tener buen ojo... no fuera a pasar lo que le pasó al fundador... eso de que la sección de mujeres le había salido a la tercera. Había que evitar todo lo que oliera a parroquiano o clerical o misionero (conocí a una chica a la que no me dejaron nunca llevar por el centro porque a ella le gustaba la Madre Teresa... quería hacer algo DE VERDAD por los demás, pero claro, eso tampoco era “de buen espíritu”, por lo que parece);
  • con las demás adscritas tampoco puedes tener una amistad real, porque: 1) no podíamos perder el tiempo con ellas, y 2) no podíamos dar la imagen TAN HORRIBLE de las monjas que van siempre de dos en dos o en grupo!!!

En fin, Sin Comentarios.



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