La violación de conciencia en menores de edad

From Opus Dei info

Por E.B.E. – 17 de agosto 2011


Me escribe un amigo en relación al escrito La perversión de Escrivá: "en muchos casos la violación [de conciencia] es estupro, porque se trata de menores". Y efectivamente caigo en la cuenta de que, en el caso de menores, la situación cambia.

Someter la conciencia de un menor siempre es más grave. En el caso de delitos sexuales, se llama estupro. En el caso de sometimiento de la conciencia de menores, habría que hablar de algo semejante. Para el caso del estupro, el menor debe tener entre 12 y 18 años y debe además existir una relación de superioridad en relación a quien somete a ese menor.

"Acceso carnal con persona mayor de 12 años y menor de 16, conseguido con engaño", dice el Diccionario de la Real Academia, en otra de sus acepciones. Aquí podríamos decir: "acceso a la conciencia del menor, conseguido con engaño". Dicho así, se pone sumamente interesante el asunto.

¿Cómo consigue el Opus Dei que menores se entreguen de manera total y asuman compromisos que superan sus posibilidades? Con engaño, aprovechándose de una situación de superioridad, metiéndose en las conciencias de estos menores, sin que ellos se den cuenta de que algo malo está sucediendo.

¿Por qué hablar de violación en relación a las conciencias? Pues la prueba más palpable de violación es que el Opus Dei embaraza conciencias adolescentes con la vocación al Opus Dei. ¿Por qué una vocación religiosa habría de introducirse violando conciencias? Porque libremente no se aceptaría embarazarse con semejante vocación.

El hecho de que no exista verdadero discernimiento habla de que no existe verdadero consentimiento. Por otro lado, un menor no está capacitado para asumir compromisos de adultos, aunque entusiásticamente dé su consentimiento.

¿Y por qué a los padres se les oculta la vocación de sus hijos adolescentes? A los padres se les oculta el embarazo de la conciencia adolescente hasta que se desarrolle y tome fuerza, y así ya no se pueda evitar su fortalecimiento, salvo mediante traumático aborto. Por su parte, el adolescente no sabe que su conciencia ha sido abusada por el Opus Dei -evitando que discierna por ejemplo-, cosa que los padres sí se darían cuenta y evitarían semejante acción.

Si el Opus Dei, en su posición de superioridad, es “el que discierne por el menor”, el menor no puede más que someterse (dar su consentimiento) o verse como un traidor a Dios. “O te dejas hacer, o le ofendes a Dios”. Al ser el Opus Dei el que discierne, usurpa la conciencia del menor.

Así empieza toda una labor de “dejarse hacer”, dejarse invadir, no oponer resistencias en lo más recóndito de la conciencia, hasta llegar al “holocausto del yo”. Así aconsejaba perversamente Escrivá:

«¡me dejaré conocer mejor, guiar más, pulir, hacer! (…) que no tenga en más aprecio mi propio criterio —que no puede ser certero, porque nadie es buen juez en causa propia— que el juicio de los Directores» (Escrivá, Meditaciones III, pág. 225)
Hijo mío, convéncete de ahora para siempre, convéncete de que salir de la barca es la muerte. Y de que, para estar en la barca, se necesita rendir el juicio. Es necesaria una honda labor de humildad: entregarse, quemarse, hacerse holocausto” (Escrivá, meditación “Vivir para la Gloria de Dios”, 1972).

No sólo hay engaño, por la falta de discernimiento: además significa penetrar en lo más profundo -que se pueda- de la conciencia, para desde allí manipular las decisiones y consentimientos más sagrados. Y así implantarle la vocación al Opus Dei en su conciencia, como algo venido de Dios.

Esto es muy serio. ¿O estaré exagerando?

Más bien habría que preguntarse ¿por qué tantas personas quedan traumatizadas por el Opus Dei, si todo este asunto no es tan serio? No son “casos aislados”. No son accidentes. Hay daño sistemático.

Hay traumatización porque el Opus Dei obtiene de manera deshonesta –a través de coacción y engaño- lo más sagrado de las personas (la “entrega total” de sí mismas, junto con decisiones y consentimientos a nivel de conciencia) para utilizarlo en beneficio propio. Esto es perverso. Y es obra de Escrivá.

Lo traumático de esa violación inicial y su embarazo, es que muchos años después uno termina abortando la vocación, en medio de un gran desangramiento interior y en soledad. ¿Cómo dudar de la perversión de Escrivá? Es que no cabe en ninguna cabeza que un santo fundador procediera de semejante manera. Traumático es cómo se adquiere "la vocación" y cómo se la elimina.

El Opus Dei no solamente viola conciencias sino también -inevitablemente, al implantar un cuerpo extraño- provoca terribles abortos espontáneos de esa misma vocación con la cual embaraza a tantas conciencias adolescentes. Lo cual demuestra que la criatura ya estaba muerta cuando fue engendrada y cada conciencia la aguantó todo lo que pudo para mantenerla con vida: pero en realidad nunca estuvo viva. Por eso la sensación que describía hace tiempo en Los días contados (2004): ahora tomo conciencia de qué se trataba.

Y no sólo de eso, sino también tomo conciencia de en qué consistía el cadáver del Opus Dei (2003):

“El problema es que no encuentro el cadáver. Y es un problema, porque mientras no aparezca, es difícil cerrar el féretro y enterrarlo. De alguna manera -me parece- cada uno de nosotros que no ha llegado a cerrar su pasado con el Opus Dei es porque no ha encontrado el cadáver. Si un tema no cierra, se vuelve a abrir hasta que el ciclo recomienza una y otra vez. Buscar la verdad sobre el Opus Dei en nuestras vidas es materializar algo que resulta inasible. Darle cuerpo para enterrarlo. Sin cuerpo no hay entierro. Y sin entierro no hay duelo.”

Ese cadáver no es otra cosa que la vocación abortada, ese cuerpo extraño implantado por el Opus Dei mediante abuso a las conciencias.




No puede haber violación sin gran violencia. Hay violaciones que son traumáticas en el mismo momento de producirse. Hay otras, en cambio, que suceden de manera más disimulada y de las cuales se toma conciencia mucho después: es el caso del Opus Dei. La violencia se revela mucho tiempo después, en la soledad de cada vida abandonada, con el aborto de la propia vocación.

Los obstáculos al discernimiento personal, se ven también en el modo de predicar de Escrivá, cuando él mismo hace la pregunta y la contesta reemplazando retóricamente al auditorio. No deja lugar a la reflexión de cada uno.

«Con el corazón, también le diste a Jesús tu libertad, y tu fin personal ha pasado a ser algo muy secundario. Puedes moverte con libertad dentro de la barca (…) Pero no puedes olvidar que has de permanecer siempre dentro de los límites de la barca. Y esto porque te dio la gana. Repito lo que os decía ayer o anteayer: si te sales de la barca (…) dejarás de estar con Cristo, perdiendo esta compañía que voluntariamente aceptaste, cuando El te la ofreció» (Escrivá, Meditaciones IV, pág. 87).

Como se ve, no hay ningún margen para abandonar “la barca del Opus Dei”. Es decir, uno entró coaccionado y engañado –sin verdadero discernimiento- y ahora resulta que no se puede abandonar la barca “que voluntariamente aceptaste” “porque te dio la gana”. Esto es perverso, y es obra de Escrivá

¿Y todo esto por qué? Porque para retener una vocación muerta en la propia conciencia, hay que hacerse violencia. Lo natural es expulsarla. Irse del Opus Dei es lo natural, no quedarse.

Sin embargo, para el Opus Dei el cuerpo extraño no es la vocación que implanta mediante la violación de la conciencia, sino los jóvenes que no la aceptan y la rechazan. Para no sentirse menos digno, el Opus Dei invierte los términos y dice que es el mismo Opus Dei quien los rechaza:

"Resulta inevitable que algunos se vayan. Es una prueba más del vigor sobrenatural, de la salud de espíritu de la Obra. Como todo cuerpo sano, se resiste a asimilar lo que no le conviene y expulsa inmediatamente lo que no asimila. Y no sufre por eso: se robustece." (De "Vademecum de los Consejos Locales. Incorporación a la Obra/La perseverancia en la entrega", pág. 48. Roma, 19-III-87).

De esta manera, además, el Opus Dei quiere dar a entender que los “abortos de la vocación” se dan no sólo por culpa del candidato sino también en “los primeros meses”, cuando no sería tan grave el asunto, y la realidad es muy distinta. Cada uno aborta la vocación en diferentes etapas de su vida, luego años, lustros o décadas. Y en otros casos, el mismo Opus Dei provoca el aborto violentamente.

No deja de llamar la atención el uso recurrente a psicofármacos, por parte del Opus Dei, para “retrasar los abortos” y así las personas puedan “retener la vocación” a toda costa. Y también el caso extremo, como cuenta Maripaz, del recurso al electroshock. Todo para evitar el aborto natural de la vocación inerte. Por eso no es bueno ir a psiquiatras del Opus Dei, como bien decía Gervasio días pasados.

Dice el Concilio: al hombre “no se le puede forzar a obrar contra su conciencia. Ni tampoco se le puede impedir que obre según ella, principalmente en materia religiosa” (Dignitatis humanae, n. 2). Más claro, imposible. Y es el primer principio que el Opus De viola, especialmente en relación a los menores. Por supuesto, este tipo de documentos conciliares jamás se leen en el Opus Dei (salvo por excepción y desde una perspectiva “académica”).

Tal vez alguna organización no gubernamental de la Unión Europea o de Estados Unidos podría llegar a interesarse por el sometimiento que sufren menores a manos del Opus Dei, quien les exige contraer compromisos de adultos, de por vida, a la edad de 14 años (dejo de lado la fraudulenta figura del “Aspirante”, porque no tiene ningún sentido práctico).

El otro tema que me señalaba este amigo, es que la perversión del Opus Dei consiste sobre todo en la labor previa a que se "abran de par en par las piernas de la conciencia", es decir, todo el trabajo que precede a la invasión efectiva de la conciencia, para que el menor de edad no oponga resistencia a la intervención directa del Opus Dei en su intimidad. Lo cual me parece una acertada observación.

Dentro del narcisismo de Escrivá, habría que analizar su enorme capacidad para fabular, porque ha tenido una gran imaginación para construir la vocación al Opus Dei y su magnífica historia institucional, capacidad con la cual logró meterse en las conciencias de tantas personas. Pero ese ya es otro capítulo.




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