La sola piedad no basta

From Opus Dei info

Por Gervasio, 4 de mayo de 2007


En el Opus sólo hay piedad. ¿Es mala la piedad? No, si sirve y ayuda a la fe. Sí es mal, si se la presenta como solución para todo”. Es una cita textual de Miguel Fisac. La frase es profunda, aunque él la profirió sin darle importancia, o mejor, sin darse importancia. O quizá más que profunda es certera. Da en toda la línea de flotación. Da en la diana. Es un puro constatar lo que está pasando. Lo propio sucede con la doctrina. Ser ortodoxo no basta. Pero lo de la doctrina y la ortodoxia lo dejaré para otro día.


1º. En el Opus Dei las prácticas de piedad —normas y costumbres— ocupan algo más de dos horas al día. Las hay anuales, las hay semanales, las hay diarias, las hay mensuales, y aun de otras periodicidades ¿Es mala esa piedad? Por sí misma, no. Pero la santidad no consiste en ir acumulando prácticas de piedad: tres rosarios mejor que uno; misa diaria, mejor que misa semanal; varias misas diarias, mejor que una sola, etc.

Los primeros cristianos asistían a misa y comulgaban sólo los domingos. ¿Eran por eso peores? Yo diría que no. Parece como si la santidad llegase a la Iglesia cuando llegaron desde el Oriente los monjes con sus rezos y más rezos y sus prácticas ascéticas y de penitencia...

Había en mi pueblo dos beatas que recorrían a diario todas las iglesias en busca de misas, bendiciones, predicaciones, actos litúrgicos de lo más variado, bendiciones con el Santísimo Sacramento, exposición de reliquias, indulgencias y demás golosinas espirituales. Pero un buen día una de ellas, ya mayor, se metió monja de clausura. Y la otra razonaba: ¡lo que se está perdiendo! En ese convento sólo tienen una misa al día y una bendición por semana. Y enumeraba el apretado programa de devociones y juergas místicas que la nueva monja se perdía. Lo de ser misionera en el Congo con sólo una misa al mes la horrorizaba.

Tuve un director, en una casa pequeña, que un concreto jueves nos obligó a asistir a cuatro bendiciones solemnes con el Santísimo Sacramento. Una, por ser jueves, otra por ser uno de esos días previos al Jueves Santo, otra por ser día de retiro y otra por no sé qué. Lleno de celo explicaba: nuestra casa tiene que sobresalir por su amor a la Eucaristía. Indudablemente confundía el amor a la Eucaristía con el número de bendiciones solemnes.

Promover la santidad en medio del mundo y en medio del trabajo ordinario no consiste en promover que todos dediquen dos horas diarias de su tiempo a la práctica de devociones. Se puede ser santo con un mínimo de prácticas piadosas. Y eso es lo propio de la gente que vive en el mundo con su trabajo ordinario. El monacato, las órdenes y congregaciones religiosas y otras formas de vida consagrada dedican mucho de su tiempo a la piedad. Es su dedicación principal. También los canónigos. Se les paga por entonar el oficio divino.

Aprovecho para opinar que el mensaje evangélico, tal como yo lo percibo, no fomenta el número elevado de prácticas de piedad, sino que Jesucristo incluso las critica. Dice lo contrario.

Es una observación muy cruel la de quienes señalan con el dedo a alguien como mala persona: mira a ese notario, mira a ese tendero, misa a esa señora… Y resulta que ese notario, ese tendero o esa señora —nada ejemplares, nada atractivos— son piadosos.

La piedad no es un sucedáneo de la generosidad, de la caridad, de la justicia, ni de ninguna otra virtud cristiana. Dice un viejo refrán: “primero es la obligación y luego la devoción”. En el Opus Dei se invierten a menudo esos dos valores. Y eso pasa también en otras instituciones y personas. Por mucha piedad que incluso sinceramente alguien manifieste no por ello es buena persona. Hay quien desconfía de los católicos piadosos. Les dan mala espina. Generalmente se puede esperar de ellos lo peor.

Recuerdo que en “Camino” se criticaba mucho a los “beatos”. No hay que ser beato. Yo entendía por no ser beato cumplir bien las propias obligaciones de justicia y de caridad y atemperar a ello la piedad. Pero el no ser beato se ha quedado en algo superficial: no adoptar una postura de excesivo recogimiento después de comulgar; ocultar el misal —cuando se usaba— tanto al entrar como al salir de la iglesia, no santiguarse en público, no portar demasiadas medallas, etc. En suma, por no ser beato pasó a entenderse o ya se entendía desde el principio simplemente no hacer alarde de piedad. Quizá fue eso lo que se limitó a decir el autor de “Camino”.

Dentro de Casa sí se hace alarde de piedad, porque eso se toma, al parecer, por sentido sobrenatural. Queda muy bien decir en una tertulia. Este mes de mayo tengo que hacer dos viajes: uno a Barcelona y otro a Polonia. Lo que a uno le lleva a Polonia y a Cataluña es lo de menos. Lo importante es que uno decide hacer una romería a la Virgen de Monserrat en Cataluña y otra a la de Chestokowa, en Polonia, para encomendar las intenciones del Padre. Eso queda muy bien. Uno va a un congreso y lo de menos es el congreso mismo.

Para un apóstol moderno una hora de estudio es una hora de oración, creo recordar haber leído en un punto de Camino. ¿Qué será eso?

La santidad en medio del mundo no consiste en cumplir las obligaciones propias de un monje y además realizar un trabajo secular. La impresión que yo tengo es que a los superiores del Opus Dei lo que les preocupa y controlan es la piedad de aquellos a quienes tienen confiados. El recto cumplimiento de su trabajo no les preocupa. Es más, animan a que padezca el recto cumplimiento de ese trabajo, si con ello se dedica más tiempo al Opus Dei. Y el Opus Dei ¿no era trabajo de Dios?


2º. Una persona que prohíbe ser donante de sangre y de órganos puede ser piadosa. Una persona que calumnia, que secuestra, que difama ¿puede ser piadosa? La maldad y la piedad son compatibles con la piedad. Es más, la piedad sirve para ocultarla.

¿Es que las prácticas paidófilas de un canónigo son menos reprobables porque cante el oficio divino todas las mañanas o porque enseñe a los niños el catecismo? No. Recuerdo a un concreto canónigo que, mientras tomaba la lección a los niños sobre el catecismo del padre Astete, les metía mano. Pero la verdad es que entre toqueteo y toqueteo aprendíamos catecismo. En eso era exigente. Y encima predicaba bien. Mi madre decía que era un gran predicador.

Una persona piadosa, llena de visiones, locuciones interiores y misticismos o que enseña el catecismo del padre Astete puede ser buena, mala o regular. La teología ascética y mística tradicional así lo afirma.


3º. ¿Qué le pasa: que hace poco proselitismo? Que sea más piadoso, que rece más, que se mortifique más. ¿Qué le pasa: que tiene espíritu crítico? Idem del lienzo. ¿Qué le pasa: que tiene problemas de vocación, de pureza, de lo que sea ¿Ídem del lienzo.

Hay que buscar las causas de los problemas y dar la solución adecuada. La piedad no es el bálsamo de Fierabrás, o la penicilina, que supuestamente valen para todo.


4º. No hay que confundir la visión sobrenatural con la piedad.

— Esa mañana, durante la acción de gracias después de la comunión le pedí a Dios Nuestro Señor... Y le decía… ¡Señor, no es para mí, es para ti para quien quiero ese dinero!

¡Qué finura de sentimientos!


5º. Normas y costumbres del Opus Dei como modalidades de piedad. Son muy tradicionales y probadas. No obstante, alguna puede por sí misma ser criticada o rechazada por una concreta persona sin que ello represente falta de vida interior o identificación con el espíritu del Opus Dei o con el fundador. Personalmente me desagrada lo del escapulario del Carmen. ¿Por qué ese trapito poco higiénico con ciertas pretensiones de amuleto? En la educación católica que recibí se aseguraba que el que moría con eso puesto iba al cielo, porque no era posible morir con eso puesto e ir al infierno. ¿Qué fundamente serio tiene tal criterio? Pues a llevarlo siempre.

Decía el fundador que en el Opus Dei se podían tener devociones particulares distintas de las normas de piedad obligatorias con tal de que fuese pocas, constantes y no entorpeciesen las tareas de apostolado. Pero, a quién le queda resuello para meter, después de todo lo que hay, un salmo 3 los miércoles o algún otro extra de piedad verdaderamente personal.

En general queda poco espacio para una piedad verdaderamente personal. Quizá se desconfía de ella. Se entiende por oración el escuchar a un predicador o la lectura de un libro de meditaciones.

Al poner las casas de la Obra, me parece que está previsto que un pequeño tanto por ciento —algo así como el 20— corra a cargo de los moradores o habitantes de la casa y no de nuestras hermanas que decoran tan acertadamente nuestras casas. La razón es que los moradores o habitantes o hermanos que hayan de vivir allí puedan sentirse algo identificados con “su casa”. ¿No podría pasar algo parecido con las normas y costumbres de piedad? Si no, al final se acaba en eso que el fundador quería evitar: la observancia.

Queda poco espacio no sólo para la piedad personal, sino incluso para cualquier aportación personal respecto a una indicación recibida. Apenas da tiempo a reflexionar, porque a una indicación sigue otra. Y al final esas indicaciones cambian o se repiten tanto que lo mejor acaba resultando ser un poco autómata.


6º. La imitación de Escrivá como conducto reglamentario de la imitación de Cristo. Es una aberración tanto desde el punto de vista teológico, que ya se ha puesto relieve es la páginas de Opuslibros, como práctico. La cosa todavía resulta más clamorosa a raíz de su canonización. Santa Juana de Arco oía voces de santos, especialmente de Santa Catalina, que le pedían o exigían o animaban a expulsar de Francia a los ingleses. No le veo mayores méritos a la Santa, si es que se puede considerar esa actividad de expulsar a los ingleses de Francia un mérito.

El 2 de octubre de 1928, festividad de los Ángeles Custodios, hubo algo parecido. Se sabe poco. Yo oí al fundador, dos veces al menos, y siempre las dos veces igual, que las principales gracias que él había recibido habían tenido lugar intra missam. De ahí deducíamos que lo del 2 de octubre había tenido lugar en un momento de la misa. A partir de sus afirmaciones se redactaron las dos primeras biografías —una por cada sección— posteriores a su muerte. Pero don Álvaro corrigió esas biografías. Él, buen conocedor de la vida del Padre, afirmó que lo del dos de octubre había tenido lugar después de la misa. Creo entender que mientras ordenaba unas fichas.

Traigo esto a colación, para resaltar lo poco que se conoce de ese dos de octubre. Realmente no se sabe si oyó a Santa Catalina o como diría el irreverente Satur se le apareció Tía Carmen vestida de Popeye, reprochándole:

—Me has obligado a vender para lo tuyo un terreno.

Lo otro que le oí decir, también varias veces, era:

— ¡Como sonaban las campanas ese dos de octubre!

También sobre esto parece haber testimonios no concordes en torno a si sonaron campanas reales el dos de octubre u oyó campanas pero no se sabe dónde o en torno a la distancia entre el lugar de suceso y la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, que al parecer toca sus campanas otro día.

Yo, cuando se inició a su muerte el proceso de canonización, me llevé una gran desilusión. El fundador iba a estar a la altura de Santa Juana de Arco, Santa María Egipcíaca y San Pedro Mártir. Lo tenía por algo más. Como ya dije, Florentino Pérez Embid hablaba de él como un personaje de la importancia en la Historia de la Iglesia cual pudiera ser la de Moisés o de San Pablo. Ahora resulta que sólo es un santo más.

Hace poco recibí en mi casa a dos mormones —también llamados adventistas del séptimo día—, es decir dos de esos muchachitos, rubios generalmente, procedentes de Utah, que dedican dos años de su vida a la actividad misional. Me entregaron el libro de Mormón. Así como para los católicos hay el Antiguo y el Nuevo Testamento, para ellos existe además el libro de Mormón, que es otro Testamento de Jesucristo.

Respecto a su fundador —Smith— me dijeron exactamente lo mismo que Florentino Pérez Embid, a saber, que era un personaje comparable a Moisés y San Pablo. Y yo pensé ¡Tate! De este palico tengo yo una gaita.

Y yo me dije. Pues, puestos a confiar en personajes equiparables a Moisés y a Pablo de Tarso, casi prefiero quedarme con un Monseñor que se llamaba José María Escrivá de Balaguer y Albás y era marqués de Peralta que a un señor americano que se llamaba Smith, por mucho que se le halla aparecido el ángel Moroni. Además se le apareció en una tienda de abarrotes. ¿Cabe mayor vulgaridad?

En fin, que hay que optar por fundar una nueva Iglesia o quedarse en un modesto puesto en el santoral. Ni como marqués ni como santo brilla demasiado, pues en ambos casos se hicieron trampillas.

Pero a lo que voy, que como diría Santa Teresa me estoy divirtiendo mucho. También hay dificultades prácticas además de las teológicas mencionadas.

Durante mi servicio militar en la IPS—hace tanto tiempo—, en las tiendas de campaña de doce o trece personas donde habitábamos, aunque no en todas pero sí en algunas, se rezaba el rosario. En mi tienda no se hacía, pero recuerdo que varios, aunque eran un poco golfos, el día de su cumpleaños, sin nadie que les instase a ello, se confesaban y comulgaban. Si a uno de esos le dabas caña hablándole de santidad en medio del mundo acababa pitando. Es verdad que en la España de hoy los jóvenes no son tan piadosos. La falta de vocaciones es general. Pero tampoco faltan posibles fichajes. No faltan jóvenes que creen en Dios y van a misa los domingos. El problema consiste en que el posible fichaje pregunta:

— Y ¿en qué consiste eso de ser santo?
— Los santos se dividen en dos categorías: santos de imitar y santos de no imitar, sino de buscar sólo su intercesión. Santos de esos de imitar sólo está nuestro fundador.
— O sea, que yo tengo que imitar al fundador, a Sanjosemaría, me parece que dijiste que se llamaba.
— ¡Exacto!, dice el proselitista aliviado.
— ¿Y qué hacía Sanjosemaría?

Y uno percibe que el señuelo falla. Sustituir “La imitación de Cristo”, sobre la que escribió Kempis por “La imitación de Sanjosemaría” como camino reglamentario para imitar a Cristo carece de atractivo. No cuela. Vamos, que los católicos de hoy no están por la labor de imitar a Sanjosemaría y están en su perfecto derecho. Que no, Escrivá, que no hay quien te trague, ni con aureola a la que sin duda tienes derecho como consecuencia de estar canonizado.

Eso les pasa incluso a personas con muchos años en la Obra. Tienen el síndrome de lo que podríamos llamar empacho de nuestro santo fundador.

La dificultad que veo en presentar a Sanjosemaría como modelo a imitar, incluso para el que lo ve con benevolencia, reside en la posición que ocupó dentro de la Obra. Fue el presidente general del Opus Dei, además de su fundador. Y esto le llevaba lógicamente a mandar desde una situación única e irrepetible. Es como proponer a un soldado raso como modelo a imitar la condición de general. ¡Qué más quisiera él que ser general!

—No entiendes nada, recluta. Imitar al general consiste no en mandar como el general, sino obedecer a lo que el general dice.

En suma, que imitar al fundador consiste en cumplir fielmente todos sus criterios.

—O sea, que yo tengo que hacer méritos para ser director, o al menos subdirector. Mejor todavía si soy director de la delegación y así sucesivamente.

De ello resulta deformante, a mi modo de ver, el que tiende adaptarse el Evangelio al Opus Dei en vez de lo contrario. El fundador al leer el Evangelio había descubierto que Lázaro hacía la confidencia con Jesucristo. ¿Será verdad? ¿Será posible? No lo veo nada claro. Me recuerda a otra interpretación del Evangelio, que en ocasiones les gusta mucho a las monjas, según la cual la Virgen habría hecho voto de castidad. ¿De dónde lo sacan? Pues no hay nada que se preste a esa interpretación a mi entender. El resultado es que al final es la Virgen la que imita a las monjas y no las monjas a la Virgen.

Los crespillos. Cosa más encantadora. Los hacía la Abuela el Viernes de Dolores. No se conservaba en mi familia de sangre el recuerdo de lo que ponía mi abuela materna, también llamada Dolores el día de su santo. Y puestos a pensar tampoco se conserva lo que hacía Santa Ana. ¡Estos evangelistas….! No tenían el espíritu del Opus Dei.

En Opuslibros se denunció ya cómo hay textos del Evangelio manipulados, de manera que se les hace decir lo que no dicen. Lo importante es utilizar esos textos para apoyar lo que el fundador haya dicho. También se denunció en Opuslibros esa carta, me parece que de don Álvaro, en que habla no recuerdo bien si de que el Espíritu Santo movía nuestras almas través del fundador o era más bien el fundador el que movía al Espíritu Santo en nuestras almas. Algo así. Desde luego, tóxico.



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