La evolución del Opus Dei, Ponencia en el Congreso de Teología

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Por Alberto Moncada, Ponencia en el Congreso de Teología Juan XXIII, pronunciada el 10/09/2011


El Opus Dei ha evolucionado bastante a lo largo de su historia tal y como explico en mi reciente libro del mismo título.

En el primer franquismo, años cuarenta y primeros cincuenta, la religión ocupaba un lugar importante en España y no solo por la alianza de los eclesiásticos con la dictadura sino porque, en un país pobre, sin televisión, sin dinero, los actos religiosos gratuitos ocupaban el ocio de hombres y mujeres. En la Facultad de Derecho de Madrid, los jóvenes estudiábamos mucho, apenas había otra cosa que hacer y los piadosos recibían la influencia del Padre Llanos que predicaba la solidaridad con los pobres o de Raimundo Panikker, que proclamaba la intelectualidad católica. Un ministro amigo entregó al Opus el CSIC y allí se desarrollaron muchas vocaciones científicas aunque el pensamiento filosófico era imposible, entre otras razones por la censura de lecturas que se practicaba en la organización y que tenía, y tiene, un índice de libros prohibidos mayor aún que el del Vaticano...

A mediados de los años cincuenta, y ante las necesidades materiales y apostólicas con las que se enfrentaba, Escrivá impulsó un asalto al poder político y económico, previo al eclesiástico, porque el Vaticano, Pablo VI, Juan XXIII, no veía con simpatía su fundación. Tampoco los falangistas ni los democristianos apreciaban al Opus en España. Sin embargo, bajo la protección del almirante Carrero Blanco, el hombre de confianza de Franco, miembros del Opus, Navarro Rubio, Ullastres, López Rodó, López Bravo, se hicieron cargo de la política económica transformando el anterior proteccionismo de Estado en el modelo capitalista convencional. Igualmente se crearon muchas empresas dependientes de los mandos del Opus y la organización creció y se expansionó fuera de España aunque perdió ese perfil intelectual anterior. El nuevo paradigma de numerario era el ejecutivo eficaz. Pero vinieron los conflictos y el episodio Matesa, entre otros, descalabró también esa etapa que fue sustituida por una tercera, consistente en la creación de una red de centros educativos.

Renegando de sus principios, “nunca tendremos colegios”, el Opus los estableció en todas las capitales de provincia españolas y latinoamericanas. Son colegios sin integración de género y se dirigen a formar a los hijos de las clases pudientes, heredando el cometido que ya no quieren para sí los jesuitas. Y así la mayoría de los numerarios se convirtieron en maestros de escuela. De su sector educativo, destacan las Escuelas de Negocios. El IESE de Barcelona es considerado como una de las mejores de Europa. Las Escuelas de Negocios del Opus, media docena entre España y América Latina proclaman el fundamentalismo económico, en su versión neoliberal. La doctrina religiosa del Opus es, sin duda, conservadora pero sin que nadie del Opus haya aportado nada al conservadurismo teológico. Desde que se marchó Panikker, no hay teólogos del Opus dignos de tal nombre. Pero las Escuelas de Negocios forman miles de gerentes indoctrinados en el neoliberalismo económico, un tipo de fundamentalismo paralelo al teológico aunque más efectivo socialmente.

En realidad el Opus más que un grupo fundamentalista, neoconservador, es un grupo sectario caracterizado por: 1º La creación de un mundo propio donde sus miembros solteros cumplen una serie de reglas muy minuciosas que les convierten casi en “robots” teledirigidos. 2º La obediencia al superior es básica y los superiores son elegidos sobre todo por su lealtad. 3º Se persigue al que disiente o abandona, tratando de hacerle difícil su incorporación a la vida ordinaria, especialmente a través de presiones económicas. 4º Hostilidad hacia el resto de los grupos católicos y un empeño por la conquista del poder eclesiástico, favorecido por el Papa polaco, que canonizó a Escrivá en tiempo record y otorgó al Opus un estatuto especial de independencia de los obispos. Cuando pueden, los obispos del Opus tratan de imponer censuras y controles como hace el cardenal de Lima, Monseñor Cipriani, numerario, que está tratando de acabar con la autonomía académica de la Universidad católica del Perú, una de las más antiguas y prestigiosas de America Latina.

Pero el sectarismo del Opus está produciendo una gran desbandada. Se marchan los mejores y apenas hay nuevas entradas de solteros. Solamente los alumnos de sus colegios se hacen del Opus y ello por poco tiempo. Ya no hay nombres importantes del Opus en política o en economía aunque sus jefes son capaces de manipular la información. Cuando se produjo la beatificación de Escrivá, el periódico “El País” me pagó un viaje a Roma y publicó un análisis bastante crítico. Pero al producirse la canonización ya habían funcionado los teléfonos y desapareció la crítica, algo que llega hasta hoy. Rafael Termes, numerario, fue presidente de la patronal bancaria por mucho tiempo y publicaba frecuentemente artículos en “El País” y no necesariamente sobre economía sino de propaganda del catolicismo tradicional.

Hoy se empiezan a percibir tensiones entre el Papa Ratzinger y el Opus al haber llegado al Vaticano muchas denuncias sobre el sectarismo opusdeista y, sobre todo, sobre el régimen interno de dirección espiritual, contrario a las normas eclesiásticas.

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