La Redención en Escrivá de Balaguer/Las consecuencias de una imagen deformada de la redención

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Las consecuencias de una imagen deformada de la redención

La teología y la espiritualidad, decíamos ayer, quedaron marcadas por una concepción perversa de la redención. Si añadimos la escasa preparación teológica del clero de aquella época y la sustitución de la teología por las normas de piedad, las consecuencias nefastas no se hicieron esperar. Al pueblo fiel le llegaban, sobre todo, por la predicación. Ninguna idea es neutral y todas encuentran su verificación en la práctica. La interpretación patológica de la redención afectaba a toda la vida cristiana.

La imagen de Dios quedaba seriamente dañada. Dios necesitaba reparar la ofensa producida por el pecado. Mediante un pacto sacrificial desea la muerte del Hijo hecho pecado para satisfacer la justicia. El Dios compasivo y misericordioso se aleja peligrosamente en beneficio de un Dios terrible. Del cristianismo se retiene el pecado y la redención por la cruz, incluso por la materialidad de la sangre derramada. Y basta. Entre Dios y el hombre se establece una relación de miedo y culpa. Éste, debe expiar y reparar la ofensa horrible hecha a Dios.

La causa de todos los males no es difícil adivinarla. No puedo resistir la tentación de reproducir un texto de la época. La obra mereció varias reediciones a lo largo del siglo XIX. En la cuarta edición de 1891, el Rvd. P. Guillermo Stanihursto glosaba "La Pasión de Cristo" en 584 páginas. En medios de los azotes a Cristo, comentando la negación de Pedro en la página 190, dice:

"Para caer de la gracia de Dios; para perder el derecho al reino del cielo; para hacer bancarrota de todos tus méritos; para olvidarte de ti, del cielo, de Dios; para ser despojado de la fe, de la esperanza, de la caridad, de todas las virtudes naturales, sobrenaturales, infusas, adquiridas, no hay necesidad de algún astuto espíritu del abismo que te embista, ni del tentador Satanás que te lisonjee con largas promesas, y que mostrándote todos los reinos del mundo te diga: 'todo esto te daré': no hay necesidad de un tirano que te amenace con el suplicio; BASTA UNA MUJER".

Compare el lector este texto con la siguiente anécdota de Satur y descubrirá la vigencia del viejo texto:

"Cuentan que un renombrado sacerdote de la Prelatura comentó en una meditación... "Hermano mío, estás comiendo en el centro, es fiesta, y tus hermanas, con todo el cariño, sacan una tarta de postre. La tarta es fantástica, de nata y chocolate, y en medio, coronándola, hay una preciosa guinda roja. Todos tus hermanos se van sirviendo sin ponerse la guinda, y llegas tú y te sirves la guinda...". Silencio. El sacerdote calla. Poco después grita: ¡¡¡HERMANO MÍO; HOY ES UNA GUINDA; MAÑANA SERÁ UNA MUJEEEEER!!".

Con frecuencia el mensaje llegó a través de la predicación hasta bien entrado el siglo XX, o para ser más precisos hasta el concilio Vaticano II. Algunos creaban escuela y se grababan a fuego en el corazón del oyente. Imagine el lector a un predicador desde el púlpito gritando: CUANDO PEQUES PENSARÁS QUE A CRISTO ESTÁS AZOTANDO Y QUE TE DICE LLORANDO: HIJO NO PEQUES MÁS. En los bancos, un adolescente cualquiera escucha una y mil veces esas palabras u otras parecidas. Comprende rápidamente ser él el causante de los azotes a Cristo. A este adolescente le han enseñado que el pecado mayormente se sitúa de cintura para abajo y más concretamente en la entrepierna. Y como resulta que este adolescente cualquiera, por cuestión de la edad es una hormona revuelta con dos patas, queda encogido. Y como además le han enseñado que se peca de pensamiento, obra y omisión busca desesperado el primer confesionario para acusarse de haber matado a Cristo.

El mecanismo de culpa y miedo se ha puesto en marcha, una fuerza colosal de dominio, un círculo infernal del que le costará años salir. Las consecuencias de esta forma de comprender el cristianismo y la salvación resultarán desastrosas.

Un hombre cualquiera contempla al adolescente que fue en los autobuses repletos de críos camino de los cines de Barbastro (cf. Carmina 11-4). Van a ver la película de Gibson. A continuación reciben la catequesis:

"En una aula, dos sacerdotes glosaban a gritos las sangrientas imágenes vociferando "ESTO ES POR VUESTRA CULPA" "ESTO ES EL FRUTO DE VUESTROS PECADOS"!!!!.

Y (cf. atp el 13-4):

A gritos y en estado de fanatismo feroz e histérico. LAS NIÑAS, EN SU MAYORÍA, LLORABAN PRESAS DE AUTÉNTICAS CRISIS NERVIOSAS Y ENTRABAN LUEGO TEMBLANDO EN EL CONFESIONARIO COMO ZOMBIES SIN SABER SIQUIERA DE QUÉ ACUSARSE EXACTAMENTE".

El hombre comprueba con tristeza la repetición de su historia. Conoce la influencia de la opus en la gestación de la película (Aquilina 11-4). Se le encoge el alma (otra cosa ya no puede). Sí, es verdad, aquí está el gato encerrado. La escena le parece de juzgado de guardia. La opus ancló su barca en ideas mezquinas y no está dispuesta a soltar la presa del miedo y la culpa. Una máquina colosal de dominio.

Creyente, cristiano viejo, miembro de la Iglesia católica, el hombre adulto lee y relee la crítica de Víctor Hugo:

"Prestáis a Dios este razonamiento.
En otro tiempo, en un lugar de encanto bien escogido
puse a la primera mujer y al primer hombre;
comieron, a pesar de la prohibición, una manzana:
por eso sigo castigando a los hombres.
Los hago infelices en la tierra y les prometo
en el infierno, donde Satanás se revuelca entre brasas,
un castigo sin fin por el pecado de otro.
Su alma cae en llamas y su cuerpo en carbón.
No hay nada más justo. Pero yo soy muy bueno
y esto me apena. ¡Ay! ¿Qué hacer? ¡Una idea!
Les enviaré a mi hijo a Judea;
lo matarán. Y entonces -por eso lo acepto-,
habiendo cometido un crimen, serán inocentes.
Viéndoles así cometer un pecado completo,
les perdonaré el que no han cometido;
eran virtuosos, yo los hago criminales;
entonces podría abrirles de nuevo mis brazos paternales,
y de esta manera se salvará esta raza,
una vez lavada su inocencia con un crimen".


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