Intervenciones de miembros del Opus Dei en el Congreso de Perfección y Apostolado/Fuenmayor3

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EXCMO. SR. D. AMADEO DE FUENMAYOR, del Opus Dei.


SUMARIO a) Sus caracteres generales. Diversos apostolados actuales. Apostolados más propios de los Institutos seculares.-b) Peligros y dificultades del apostolado en el mundo. Eficacia y perspectivas del apostolado de los Institutos .seculares.


DISCURSO

l.-Apostolado secular: sus caracteres generales.

El apostolado es la gran misión divina de restaurar y reordenar todas las cosas en Cristo, de incorporar todos los hombres al orden de la gracia y, así, restablecer en la plenitud de su integridad y de su vigor el reinado de Dios sobre la tierra.

A esta obra,-como dice el Santo Padre Pío XII en la Encíclica «Mystici Corporis»- Jesucristo ha querido asociar su Iglesia, y la Iglesia responde con la prestación de un triple instrumento: la oración, la mortificación y la acción de sus hijos (1).

Los que -llevados del amor a Dios y a las almas- participan en esta misión divina del apostolado, pueden hacerlo, pues, de diferente forma, según su estado y según los distintos medios a través de los cuales se manifieste prevalentemente su actividad apostólica. Porque apostolado no es sólo la actividad externa con la cual se lleva a las almas el mensaje de Cristo, esto sería reducir la amplitud del quehacer apostólico, cuyo fin no es sólo el mensaje cristiano, sino la comunicación misma de la vida sobrenatural a las almas (2). En este sentido, tanto apostolado puede hacer el que se entrega a una vida contemplativa dedicada a la oración y al sacrificio, como el que lleva una vida activa dedicada a remediar desde fuera del mundo los males y necesidades de éste, o el que -sin sepa-

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rarse del mundo- se entrega a la labor de santificar la vida y actividades corrientes de los hombres.

Este último modo de colaborar en la misión apostólica de la Iglesia, es el que se llama apostolado secular: una forma de apostolado que queda especificada por sus especiales características.

La palabra siglo -saeculum-, como la palabra mundo -mundus-, se emplea con doble significado tanto en el Nuevo Testamento como en el Derecho. Unas veces, se toma para significar la vida común y ordinaria de los hombres (3). Otras veces tiene sentido peyorativo, y significa la vida humana desordenada por el pecado, o el proceder de los hombres que por el pecado resisten a la gracia (4). En el C. I. C. frecuentemente se toma en uno u otro de estos dos sentidos (5).

Aunque en sus primeros orígenes históricos la palabra «secular» tuvo casi siempre sentido peyorativo, «tamen decursu temporis merum negativum factum expressit, facto vitae religiosae seu regularis ex adverso positum, ut vocatio ex Dei providentia a vocatione diversa» (6). Se dice vida secular -vita saecularis- porque se realiza «in saeculo», para distinguirla de la vida regular o mejor vida religiosa, que bajo la ordenación especifica de las diversas reglas o constituciones se realiza lejos del siglo. Y se llaman seculares las personas -clérigos o laicos- que hacen vida secular (7).

Apostolado secular es, por lo tanto, el apostolado realizado «in saeculo» -en medio del mundo, en las entrañas mismas de la sociedad civil- por personas que viven «vita saecularis», es decir, por personas cuya vida se identifica con la vida ordinaria y corriente, de los demás hombres.

En sentido estrictamente jurídico, de acuerdo con la clasificación de personas contenida en el c. 107 del C. I. C., es apostolado secular todo el realizado por los clérigos o laicos que no son religiosos. En sentido no jurídico o vulgar -el llamado apostolado seglar o de laicos- es el que lleva a cabo el fiel que ni es religioso ni ha recibido órdenes sagradas (8).

Como es lógico, en este apostolado secular es muy estrecha la relación, que

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necesariamente se impone, entre las actividades seculares -profesión. familia, ejercicio de los deberes y derechos, etc.- y la actividad apostólica.

A los laicos les corresponde la tarea de luchar por la soberanía de Dios en todas las cosas «para transformar aun el mundo mismo de humano en divino en todas sus estructuras» (9). «Civilización, técnica, cultura, son realidades que deben ser presididas por la Cruz y en la Cruz de Cristo deben encontrar la razón de su existencia...»

Y es precisamente en y a través de esa urdimbre de realidades terrenas -que tan íntimamente van unidas a la vida secular- como el laico debe realizar principalmente su labor apostólica. Multitud de alocuciones, mensajes, etc., de los Romanos Pontífices manifiestan cómo el magisterio eclesiástico orienta en este sentido la actividad apostólica del laicado (10).


2.-Diversos apostolados actuales.

Fácil es comprender, por lo que acabamos de apuntar, cuán vasto sea el campo que queda abierto al apostolado de los seglares. Campo que, por otra parte, se amplía de día en día a medida que el Magisterio de la Iglesia va dando criterio sobre las más diversas cuestiones de actualidad, y señala nuevos sectores de la vida social que deben ser empapados de sentido cristiano. Surgen así multitud de labores apostólicas, cada una de las cuales especifica una faceta distinta dentro del trabajo encomendado por la Iglesia al apostolado secular.

Con la insuficiencia propia del esquema, quizá se podrían reducir todas estas tareas apostólicas a tres formas diferentes:

a) Obras sociales y educacionales.- Van encaminadas, unas veces, a penetrar de espíritu cristiano los diferentes estamentos en torno a los cuales se organiza la vida ordinaria de los hombres (familia, profesión, gremios o sindicatos, etc). Otras veces, la actividad apostólica se concreta en los instrumentos de los que se vale la sociedad para educar a sus miembros (Colegios, Institutos, Universidades, Escuelas para obreros y campesinos, etc.), o para informarlos (prensa, radio, etc.).

b). Obras ministeriales.- Van orientadas de forma principal a preparar, favorecer y facilitar el ministerio pastoral de los Rvdmos. Ordinarios, de los párrocos y de los religiosos: catecismos, escuelas parroquiales, propagación e incremento del culto público -al Santísimo Sacramento, a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, etc.-, cofradías, campañas pro-seminarios y pro-misio-

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c) Obras asistenciales.- Se ordenan fundamentalmente al ejercicio de obras de caridad (asistencia a enfermos, casas de maternidad, asilos, guarderías infantiles, etc.).


3.-Apostolados más propios de los Institutos seculares.

Se deducen de las características que sobre la naturaleza y forma de su actividad apostólica vienen precisadas en diferentes documentos pontificios.

En el art. I de la Ley peculiar de los Institutos Seculares, contenida en la Constitución Apostólica «Provida Mater Ecclesia», estos Institutos se definen como sociedades clericales o laicales, cuyos miembros, para adquirir la perfección cristiana y ejercer plenamente el apostolado, profesan en el siglo los consejos evangélicos. «Societates, clericales vel laicales, quarum membra, christianae perfectionis adquirendae atque apostolatum plene exercendi causa, in saeculo consilia evangelica profitentur» (11) Por tanto, la profesión de los consejos evangélicos «apostolatum plene exercendi causa» -para ejercer plenamente el apostolado-, es sin duda un requisito esencial y necesario «quod ad naturam videtur Institutorum Saecularium pertinere» (12).

No deja de ser significativo el interés que la Iglesia ha puesto en recalcar a los miembros de los Institutos Seculares el carácter eminentemente apostólico de su vocación. «Es evidente que esta unión íntima e intrínseca entre la profesión completa de la perfección en el mundo y el pleno ejercicio del apostolado, ha sido premeditadamente colocada en la definición misma de Institutos Seculares» (13).

De esta forma, como el mismo Romano Pontífice detalla en el Motu proprio «Primo feliciter» , en los Institutos Seculares el apostolado ha dado felizmente ocasión de consagrar la vida «occasionem vitae consecrationis dedisse feliciter»-, ha exigido y creado el llamado fin específico e incluso el genérico -«finem quem specificum appellant, genericum etiam finem exigisse atque creasse videatur»-, hace que los miembros de los Institutos Seculares se entreguen a él siempre y en cualquier lugar -«semper et ubique operans»-, les impone un particular estilo y forma de adquirir la perfección -«magna ex parte suam propriam rationem et formam imposuise»-, y hace que la vida toda de los socios se convierta en apostolado -«integra vita sodalium Institutorum Saecularium professione perfectionis Deo Sacra in apostolatum converti debet»- (14).

Y este apostolado, que debe ser pleno en cuanto a su ejercicio, debe ser, en cuanto al modo, plenamente secular -«ab intrinseco in mundum operando, et vitam in ipso mundo ducendo»- (15), porque siempre y en todo debe resplandecer el carácter secular de estos Institutos (16). Así lo expresa clarisimamente

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el Romano Pontífice: «Híc apostolatus Institutorum Saecularium non tantum in saeculo, sed veluti ex saeculo, ac proinde professionibus, exercitiis, formis, locis, rerum adiunctis saeculari huic conditioni respondentibus exercendus est fideliter» (17). Son precisamente estas características de apostolado plenamente vivido e íntegramente secular las que hacen de estos Institutos instrumentos de penetración social «vere- providentiales» (18) para llevar seriamente y a todas partes la vida de perfección -«ad vitam perfectionis semper et ubique serio ducendam»-, para una intensa renovación cristiana de las familias, de las profesiones y de la sociedad civil -«ad impensam. familiarum, professionum ac civilis societatis christianam renovationem»-, para un multiforme apostolado -«ad multiformen apostolatum»- y para el ejercicio de los ministerios en lugares, tiempos y circunstancias prohibidas e inaccesibles a los sacerdotes y religiosos -«ad ministeria exercenda locis, temporibus et rerum adiunctis sacerdotibus religiosisque vetitis, vel imperviis».

Con el fin de favorecer la máxima eficacia de este apostolado, y porque se trata de «almas escondidas con Cristo en Dios» (19), que se entregan a él en perfecto holocausto y quieren imitar a Nuestro Señor en la sencillez y fecundidad de su vida oculta, es conveniente y laudable que en casi todos los Institutos se guarde una cierta discreción con respecto a los socios, las obras y las casas en las que los socios viven en común.

En su mismo carácter secular «in quo ipsorum existentia tota ratio consistit» (vid. nota 17), van implícitas ya una serie de manifestaciones elementales de esta discreción: trabajo, profesión, actividades... como las de los demás hombres; vestidos seculares, etc. (20). .

A esta discreción, que en el plano ascético favorece la humildad y en el apostólico la eficacia, contribuye también el hecho de que en su actuación social y apostólica los miembros de los Institutos Seculares desarrollan prevalentemente una labor de tipo personal, y no suelen actuar colectivamente (21). Como es lógico, esto en modo alguno significa que no se trate de un apostolado jerárquico.

Cada socio estrechamente unido a sus superiores internos -porque está santificándose en el mundo por la práctica de los consejos evangélicos y, concretamente, de la obediencia-, persigue siempre en su actuación personal lo que es fin genérico y fin especifico de su Instituto. Fines que fueron aprobados antes por la Santa Sede. Y que son -como el Excmo. P. Larraona nos decia- una verdadera misión.

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Los principales fines apostólicos de los Institutos Seculares pueden clasificarse así:

1) Apostolado de penetración social, intelectual, etc., en la sociedad civil, que busca llevar el espíritu cristiano a todas las actividades públicas, estatales o no estatales: universidad, industria, economía, política, sindicatos; asociaciones culturales, artísticas o deportivas; agencias de noticias, prensa, radio, cine, televisión, etc... Y, puesto que se trata de un apostolado de penetración o de primera línea, preferentemente en las actividades y empresas aconfesionales.

2) Apostolado en la sociedad civil, principalmente en asociaciones católicas ya existentes, a las cuales debe infundir un mayor vigor, a veces bajo el influjo de alguna espiritualidad determinada: franciscana, carmelita, etc.

3) Apostolado diocesano y parroquial, en Institutos unidos a los Rvdmos. Ordinarios por algún vínculo especial, en relación a todas aquellas cosas que se refieren al apostolado externo, no, sin embargo, en cuanto al régimen interno (a no ser que se trate de Institutos de tipo federativo, especialmente para sacerdotes del clero diocesano), ni en cuanto a la formación de los socios.

4) Apostolado llamado de especialización, v. gr.: a) educación en escuelas privadas o del Estado, catequesis, editoriales, etc.; b) obras de caridad, manicomios, orfelinatos, asistencia de enfermos, casas de maternidad, etc.; c) difusión de la doctrina católica, mediante la prensa, conferencias, arte sacro, etc.; d) obras misionales; e) obras de tipo social, como formación de obreros cristianos, escuelas profesionales, etc.

Naturalmente, en cuanto son realizados «in saeculo» y «ex saeculo», todos estos apostolados son propios de los Institutos Seculares, pero aquellos que verdaderamente pueden llamarse propios en sentido exclusivo son los que -como dice la «Provida Mater Ecclesia»- se realizan en formas, circunstancias, tiempos y lugares prohibidos o inaccesibles a los religiosos.


4.-Peligros y dificultades del apostolado en el mundo.

La experiencia y la enseñanza teológica ponen ciertamente en evidencia que las actividades en servicio del prójimo -y son las más elevadas las actividades apostólicas en las cuales se comunica la vida sobrenatural a los hombres- son de tal naturaleza que requieren, en quien las desea ejercitar con plena fecundidad, la unión del alma con Dios. Porque, como enseña Santo Tomás, «dum operibus vitae activae insistunt intuitu Dei, consequens est quod actio ex contemplatione divinorum derivetur» (22). Por eso, uno de los peligros de cualquier clase de apostolado, y quizá de un modo especial en el apostolado secular en general, es que la actividad exterior no esté suficientemente equilibrada por la oración y la mortificación, que el apostolado no sea como debe ser, una superabundancia de la vida interior y un verdadero estímulo para la unión a Dios (23).

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Un apostolado así desordenado lleva en su misma entraña el germen de la ineficacia, y puede dañar considerablemente la vida espiritual del que lo hace, más aún si se tiene en cuenta que debe moverse a veces en ambientes menos propicios.

Otro peligro posible es el de un apostolado individualista, que no se deje dirigir y orientar fácilmente. La multitud de problemas morales, sociales, filosóficos, políticos, etc., que surgen continuamente en los ambientes donde el seglar desarrolla su labor apostólica, le estimulan también de modo continuo a que desarrolle su sentido de responsabilidad y su espíritu de iniciativa. Pero este mismo espíritu de iniciativa, que es bueno cuando se deja informar por la obediencia, puede ser perjudicial si -por aficiones personales, propia profesión, etcétera- conduce a una labor apostólica hecha con excesivo criterio personal.

Para los socios de los Institutos Seculares estos peligros generales propios del apostolado en el mundo son menos temibles, ya que su vocación exige no sólo teológica, sino jurídicamente, una vida mixta, activa y contemplativa a la vez. Son Institutos de «perfección y apostolado», y sus miembros, al mismo tiempo que ejercitan plenamente la acción apostólica, se santifican en el mundo por la práctica de los consejos evangélicos, lo que sólo es posible mediante una vida intensa de unión a Dios en la oración y el sacrificio. En algunos Institutos esta enseñanza constituye un presupuesto fundamental para la formación ascética de sus miembros (24).

Y por las razones dadas antes al hablar de la estrecha dependencia que necesariamente -por el vínculo de la obediencia- hay entre los socios y los superiores internos, y, a través de ellos, de todos los Institutos con la Jerarquía eclesiástica, tampoco es fácil que se dé el segundo peligro arriba apuntado.

En cambio, hay otros inconvenientes y desviaciones que pueden presentarse más fácilmente en la vida y actividad de los Institutos Seculares. Podrían clasificarse en dos grupos -por defecto y por exceso-, en relación con el carácter secular y con la especial vocación a que han sido llamados los socios:

1) Por defecto. Sobre todo, son desviaciones que pueden darse cuando un Instituto atraviesa por la serie de evoluciones previas necesarias que requiere el Derecho, y a través de las cuales ha de quedar bien patente que se trata realmente de asociaciones que se proponen una plena vida de perfección, con entera consagración al apostolado y que reúnen todas las otras características que se exigen en un verdadero Instituto Secular: «... clare demostrandum est, revera de Associationibus agi, quae plenam vitae perfectioni et apostolatui consecrationem sibi proponunt, quaeque alias omnes habeant notas quae in vero Instituto Saeculari exiguntur...» (25). Este tipo de peligros puede ser: no valorar suficientemente las exigencias de su vocación en .el plano ascético y en el apostólico; permanecer en el estado de simples asociaciones de fieles -Pías Uniones, Sodalicios o Cofradías-; hacer las cosas «en familia», sin el necesario espíritu

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universal y católico; no dar a los miembros el sentido de su plena consagración y total dependencia, etc.

2) Por exceso. Son inconvenientes que podrían presentarse si se difuminase o perdiese la idea de que esta consagración, siendo total -la misma «quoad substantiam» que en el estado religioso- (26), tiene como fines la vida de perfección y el apostolado en el mundo, es decir, que se trata de una plena consagración de la persona al servicio de Dios y de las almas, pero en estado secular (27). En este caso los peligros e inconvenientes que se podrían presentar son fáciles de comprender: desplazamiento del carácter secular por la introducción de formas de vida propias de los religiosos, no entregarse a un apostolado pleno, alejarse de la vida cristiana ordinaria de los hombres, etc.


5.- Eficacia y perspectivas del apostolado de los Institutos seculares.

«Del feliz incremento de tales Institutos se echó de ver, cada día más claramente -ha dicho el Augusto Pontífice reinante-, en cuántos aspectos podía hacerse de ellos una ayuda eficaz de la Iglesia y de las almas» (28).

«Transcurrido felizmente el primer año de la promulgación de Nuestra Constitución Apostólica «Provida Mater Ecclesia» -añade el Santo Padre en el preámbulo del Motu proprio «Primo feliciter»-, y teniendo ante nuestros ojos tan gran multitud de almas escondidas «con Cristo en Dios», que aspiran a la santidad en el siglo y consagran alegremente toda su vida. a Dios en los nuevos Institutos Seculares de todo corazón y con ánimo resuelto, no podemos menos de dar gracias a la Divína Bondad por esta nueva hueste que ha venido a aumentar el ejército de los que en el siglo profesan los consejos evangélicos y por el valioso auxilio con que el apostolado católico ha sido providencialisimamente reforzado en-estos nuestras agitados y luctuosos tiempos.»

«El Espíritu Santo, que incesantemente rehace y renueva la faz de la tierra desolada y manchada todos los días por tantos y tan graves males, ha llamado por una grande y especial gracia, a muchos queridísimos hijos e hijas, a los que con el mayor amor bendecimos en el Señor, para que, agrupados y ordenados en los Institutos Seculares, sean sal incorruptible que, renovada por la vocación, no se desvanece, de este insípido y tenebroso mundo al que no pertenecen y en el que, sin embargo, por divina disposición deben permanecer; luz que en medio de las tinieblas del mundo brilla y no se extingue, y pequeño pero eficaz fermento que, obrando siempre y en todas partes, mezclado en todas las clases de la sociedad, desde las más bajas hasta las más altas, procura alcanzar y penetrar a todos y cada uno de los hombres con la palabra, el ejemplo y por todos los medios posibles, hasta conseguir informar la masa entera de modo que toda ella sea fermentada en Cristo» (29).

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Ahí, precisamente, está la eficacia del apostolado de los Institutos Seculares: en el esfuerzo por evitar lo que sin duda viene siendo el origen de la mayor parte de esos graves males que el Romano Pontífice insinúa: la progresiva separación entre la Iglesia y la sociedad civil. Una separación que, iniciada ya hace siglos, se ha ido acentuando cada vez más, hasta colocar en campos distintos, y muchas veces en campos inexplicablemente opuestos, la Religión y la vida corriente de los hombres, el espíritu cristiano y las empresas y actividades humanas, la ciencia y la fe, la libertad y el dogma católico, el progreso y la perenne actualidad del Cristianismo.

En el fondo de la llamada «apostasía del mundo moderno» late este problema bajo muy diversas formas y en muy diversos terrenos: ciencia, economía, política, arte, centros de investigación y de cultura, industria, sindicatos obreros, medios de información y propaganda, organizaciones juveniles...

A través de ese cúmulo ingente de problemas y de afanes humanos, de profesiones y oficios, de corrientes ideológicas y de quehaceres sociales que deben ser penetrados de espíritu sobrenatural, se abre felizmente una inmensa perspectiva de trabajo para los miembros de los Institutos Seculares.

A ellos les ha llamado Dios para que -desde la entraña misma de la sociedad civil- cristianicen esa misma sociedad y, purificando y ordenando todos los elementos que la integran, la lleven a Dios según aquellas palabras del Apóstol: «omnia enim vestra sunt, sive Paulus, sive Apollo, sive Cephas, sive mundum, sive vita, sive mors, sive praesentia, sive futura: omnia enim vestra sunt: vos auntem Christi: Christus autem Dei» (30).

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(1) Cfr. Pío XII: Enciclica «Mystici. Corporis. Christi». AAS., 1943, n. 7, appendix" PP. 18 Y 19.

(2) Cfr.Gabrlel de SANTA MARíA MAGDALENA, O. C. D.: “Vita contemp1ativa, vita, activa, vita mixta quoad doctrinam et praxim in hodlernis statibus perfectionis», en «Acta et Documenta Congressus Generalis de Statibus perfectionis». Vol. II, p. 97.

(3) Cfr. ex. gr. en cuanto a «siglo»: Matth., XII, 32; XIII, 40; I, Cor., II; I Tim., VI, 17; Tit., II,.12, etc.; en cuanto a «mundo»: Matth., XIII, 38; Ioan.. I, 10; IX, 5; XII, 15; XIV, 31; XVII, 23; Rom., III, 2; I Cor., III, 22, etc.

(4) Cfr. en cuanto a, «siglo»: Luc., XVI, 8; I -Cor., II, 8; VIII; I Tim., VI, 17; Rom., XII, 2; Galat. I, 4; ,Jac., I, 27; IV, 4, etc.; en cuanto a, «mundo»: Ioan., VII, 7; VIII,23; XII, 31; XV, 18-19; XVI, 8-20-23; XVII, 9-11-15-16; Matth., XVIII, 7; Jac., IV, 4; I Cor.,VI, 2;. XI, 32; Galat., VI, 14; Hebr., XI, 38; I Ioan, II, 15-16; III, 13; IV, 5; V, 4; V, 18, etcétera.

(5) El religioso no está en el siglo, sino lejos de él (c. 585); cuando el religioso abandona el estado religioso, se dice que ha sido «secularizado» (cc. 638, 640, § 1, 641, § 1, 643), o que ha sido enviado al siglo (cc. 653 y 668), o que ha vuelto al siglo. (cc. 642, § 1, y 704, § 2), o que padece secularización (cc. 640, § 1; 6M, § 1; 643, § 1; los niños que den señales de tener vocación, deben ser alejados de los peligros y tentaciones del siglo (c. 1.353).

(6) LARRONA, A.: «De Institutis Saecularibus», Romae, 1951, p. 49.

(7) Asi se habla de clérigos y sacerdotes seculares (cc. 110: 126, 131, § 3; 1.448, § 2; etcétera), de clero secular (c. 491, § 2), de capítulos religiosos y seculares (c. 324), de párrocos seculares (c. 631, § 1), de Terceras órdenes y Terciarios seculares (cc. 700; 702, § 1,etc.).

(8) Las labores apostólicas propias del ministerio sacerdotal, en cuanto que sean realizadas por un sacerdote que vive «in saeculo», son evidentemente apostolado secular. Pero el clérigo es separado por la tonsura de la comunidad de los demás hombres, -«ex hominibus assumptus»-, constituyéndose, como único patrimonio suyo el Señor y su servicio -«Dominus pars hereditatis meae, et calicis mei»-. Su vida no se identifica, por tanto, con la vida ordinaria y corriente de los demás hombres.

(9) Pío XII: «El trabajo, Dios». Alocución a los funcionarios del Ministerio de Defensa, 18 de mayo de 1952.

(10) Cfr. Pío XII: Motu proprio «Primo Feliciter», 12 marzo 1948; AA5., 1948, n. 6, páginas 283-297; Pío XII: «Discurso a la Juventud universitaria, y a los cruzados de la A. C. I.», 20 abril 1941; AAS., 1941, págs. 155 y sigs; Pío XI: Encíclica «Caritate Christi Compulsi», 13 mayo 1932, AAS., 1932, págs. 177 y sigs.; Pío XII, «Exhortación a los fieles de Roma», 10 febrero 1952; AAS., 1952, págs. 138 y sigs.; Pío XII, «Mensaje de Navidad» de 1942. AAS., 1943, pág.. 15; «Mensaje de Navidad» de 1943, AAS., 1944; pág. 20, etc. etc.

(11) Constitución apostólica «Provida Mater Ecclesia», 2 de febrero de 1947, AAS., 1947, articulo 1.

(12) GUTIÉRRREZ, A.: «De Institutis Saecularibus» pág. 156.

(13) LARRAONA, A.: «De Institutis Saecularibus», pág. 43.

(14) «Primo Feliciter» , I y II.

(15) GUTIÉRREZ: «De Institutis Saecularibus», pág. 304.

(16) «Illud prae ocu1is semper habendum est, quod proprius ac peculiaris Institutorum caracter, saecu1aris scilicet, in qua, ipsorum existentiae tota ratio consistit, in omnibus elucere debet» («Primo Feliciter», II).


(17) «Primo Feliciter», II, in fine.

(18) «Primo Feliciter», in initio et VI.

(19) «Primo Feliciter», in initío.

(20) Por esa comunión de vida con las otras personas que viven en el mundo, bien se podrían acomodar a los miembros de los Institutos Seculares aquellas palabras con que en la Epistola a Diognetes (c. V) se describe gráficamente la situación de los primeros cristianos: «Los cristianos no se diferencian de los demás hombres por la patria, ni por el lenguaje, ni por los usos exteriores... Habitan en las ciudades de los griegos y de los bárbaros, se acomodan a la costumbre de la tierra, en el vestir, la habitación y forma de vida; a pesar de lo cual, manifiestan un trato singular y admirable. Viven en su patria, pero como extranjeros; participan de todas las cosas como ciudadanos, y las sufren todas como extraños. Viven en carne, pero no según la carne; moran en la tierra, pero tienen su conversación en los cielos»

(21) Cfr. GUTIÉRREZ, A.: «De Institutis Saecularibus», pág. 305.

(22) Summa Theologica, II-II, q. 188, art. 2 ad 1um.

(23) En efecto, enseña Santo Tomás que esa acción, si se deriva de la. contemplación, conduce a su vez a la vida contemplativa, -«etiam dici possit quod vita activa dispositio sit ad vitam contemplativam»- (Summa Theologica, II-II, q. 181, a. 1, ad 3um.)

(24) «Conditor Instituti, ad quod Dei gratia pertineo, asserere solitus est neminem in Instituto nostro perseverare posse, nisi animam vere contemplativam habeat.» Del Portillo, Alvaro: «Constitutio, formae diversae, Institutio, regimen, apostolatus Institutorum Saecularium». en «Acta, et Documenta, Congressus generalis de Statibus perfectionis», vo.1 II, página 300.

(25) Instrucción «Cum Sanctissimus». 19-III-48, n. 6.

(26) Const. Apost. «Provida Mater Ecclesia», Preámbulo; «Primo Feliciter», V; «Cum Sanctissimus», n.7.

(27) Cfr. «Primo Feliciter», II y III.

(28) Const. Apost. «Provida Mater Ecclesia»

(29) «Primo Feliciter», Preámbulo.

(30) I Cor. III. 22-23.