Informe sobre el Opus Dei/Cultura

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Cultura

He comentado en la introducción que la Obra, en buena medida, se ha convertido en un ghetto cerrado. Desde el punto de vista cultural sucede que entre los de Casa hay una notable homogeneidad cultural, especialmente aguda en los numerarios. Hay que darse cuenta de la gravedad de este tema: la cultura no es una broma ni una excusa, es una parte esencial de la realidad que queremos retransformar; casi me atrevería a decir que es el mundo que debemos recristianizar.

El motivo de esa homogeneidad, como he señalado, es que leemos los mismos libros, los mismos periódicos, las mismas revistas, vemos las mismas películas, los mismos programas televisivos; nos movemos en los mismos círculos culturales y sociales; etc. Hay que tener en cuenta que la televisión es parte esencial de nuestra cultura, por ella se transmiten símbolos, modas, enfoques de la vida y de la sociedad, etc. Acceder de modo sesgado a ella significa abrir una fractura respecto a nuestros iguales.

La consecuencia de esto no es sólo un estilo común de pensar, sino de ver la vida, enfocar las cuestiones, de vestir, de hablar, etc. Incluso respecto a la moda, es llamativo el caso de las numerarias: se las reconoce por el modo de ir vestidas. Pero, sobre todo -y esto es lo decisivo-, al habernos apartado de esos campos, no hay modo de que surjan personas de Casa capaces de llevar adelante grandes proyectos editoriales, cinematográficos, periodísticos, etc. Lo cual, si se piensa despacio, no debería ser: si se hace auténtica selección en la labor, habría un auténtico plantel de gente de primera fila, quizá menos de los que somos, pero personas de mucha mayor valía en todos esos campos, capaces de recrear toda la cultura del mundo occidental.

Pero, en la realidad, sucede que no ya que no creemos cultura, sino que nos limitamos a repetir lo que ya está hecho y manido. Por ejemplo, las ilustraciones de la Biblia de Navarra son figuras medievales; e igualmente casi siempre son "clásicas" las que se reproducen en escritos de nuestro Padre. En general, salvo muy honrosas excepciones, toda nuestra "estética" es conservadora; repetición de clichés del pasado. Eso contrasta abiertamente con el estilo, ilustraciones, presentación de los primeros escritos de nuestro Padre, y el centenar de volúmenes con publicaciones científicas (incluso innovadoras, muchas premiadas) de los de Casa, que nuestro Padre quiso regalar al Papa en 1949 (Osservatore Romano, 5.II.1949, apud Sastre, Tiempo de caminar, p-337).

Habría que dejar plena libertad a los de Casa para estar en contacto con los ambientes culturales de todo tipo. Esto implica muy primerísimamente poder asistir a espectáculos públicos, y de modo muy especial al cine, pues influye decisivamente en las costumbres, ideas, comportamientos, modas, estilos de vida, símbolos, etc. Estar apartado del cine y de la televisión es perder contacto con la gente, con su sensibilidad, modo de ver la vida, etc. No hay que olvidar lo que Juan Pablo II decía: "Tali mezzi (di comunicazione sociale) costituiscono spesso l'unica fonte di informazione per un numero sempre maggiore di persone " (Se voui la pace, rispetta la coscienza de ogni uomo, en "Romana" 6 (1990) 192). Y Lenin pensaba del cine que "es la más importante de las artes"; y Mussolini, que era "el arma más poderosa" (apud Leprohon, Pierre, Historia del cine, Madrid, Rialp 1968, p.275). En suma, si uno de Casa no va al cine, no ve la televisión, no va al teatro, acabará fuera de la mentalidad de la gente corriente y separado de sus iguales.

Pienso que no tiene ningún sentido que se establezcan criterios y modos de actuación en el campo cultural, relativos a los diarios, a las revistas, al teatro, a la literatura, al cine, modos de vestir, de divertirse, de emplear el ocio, etc., etc. Y mucho menos si se constituye en un conjunto de comportamientos estereotipados, que no son más que cortapisas a la libertad, que llegan hasta extremos ridículos, como el cerrar la televisión con llave incluso en Centros de mayores. Por eso mismo, jamás debería haber existido la más mínima indicación sobre el modo de vestir de las numerarias, o de los sacerdotes, o en las bendiciones o...: ya la moda y la moral general lo han dicho todo. Por eso, la única formación consistiría en decir: vestid según lo que sois -estudiantes, profesores, abogados, sacerdotes...- según donde estéis -en la playa, en la universidad- y según la decencia cristiana.

Pero sobre todo insistiría en que, si nos apartamos de esos campos, traicionaremos esencialmente nuestra misión: cuando entre los diez más importantes directores de cine, actores, actrices, etc. haya varios de Casa -también numerarias actrices- podremos decir que estamos efectivamente cumpliendo nuestra misión.


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