Hipótesis psicológicas sobre los miembros del Opus Dei

From Opus Dei info

Por Rescatado, 4/09/2015


Voy a tratar de atender la sugerencia de Josef Knecht de ofrecer un breve estudio sobre la psicología del miembro típico del Opus Dei, aunque consciente del peligro de una simplificación. Me voy a centrar en estas tres cuestiones:

a) ¿Qué estilos de personalidad –con sus cualidades y limitaciones- son más proclives a ser captados por el proselitismo de la Obra?
b) ¿Qué influencia se experimenta, a partir de la praxis de la Prelatura, respecto a los estilos de personalidad?
c) ¿Qué puede ocurrir con su estilo de personalidad, cuando un miembro decidió desvincularse?

Contents

Aclaraciones previas

Voy a tener presente, principalmente, la clasificación de Theodore Millon, uno de los más expertos investigadores sobre este tema.

Los tipos de trastornos de personalidad –y, paralelamente, de sus correspondientes estilos sanos- los clasifica en 15 tipos (algunos sin versión sana). Anoto primero el trastorno de personalidad y patrón de conducta, seguida (entre paréntesis), del correspondiente estilo normal o sano de personalidad.

A) Personalidades con dificultades para el placer
1. Trastorno esquizoide de la personalidad: el patrón asocial (ESTILO SANO INTROVERTIDO)
2. Trastorno de la personalidad por evitación: el patrón de repliegue (ESTILO SANO CAUTELOSO)
3. Trastorno depresivo de la personalidad: el patrón de rendición

B) Personalidades con problemas interpersonales
4. Trastorno de personalidad por dependencia: el patrón sumiso (ESTILO SANO COOPERATIVO)
5. Trastorno histriónico de personalidad: el patrón gregario (ESTILO SANO SOCIABLE)
6. Trastorno narcisista de la personalidad: el patrón ególatra (ESTILO SANO SEGURO)
7. Trastorno antisocial de personalidad: el patrón fanfarrón (ESTILO SANO ENÉRGICO)

C) Personalidades con conflictos intrapsíquicos
8. Trastorno sádico de la personalidad: el patrón de abuso (ESTILO SANO CONTROLADOR)
9. Trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad: el patrón de conformismo (ESTILO SANO RESPETUOSO)
10. Trastorno negativista de personalidad: el patrón vacilante (ESTILO SANO VOLÁTIL Y DESCONTENTO)
11. Trastorno masoquista de la personalidad: el patrón afligido (ESTILO SANO “SACRIFICADO” Y COMPLACIENTE)

Omito los cuatro más graves, por abreviar.

Hay que tener en cuenta que, como reconoce el mismo Millon, muy pocas veces aparecen personas con tipos puros; normalmente son combinación de dos o tres tipos, aunque uno sea el predominante.

En el enfoque humanista-experiencial en el que trabajamos en nuestro Instituto de Psicoterapia, somos conscientes de que cada persona es alguien único e irrepetible y que hay que ser muy prudentes antes de colocarle etiquetas patológicas de cualquier tipo.

También conviene saber que un trastorno de personalidad puede constituir un problema leve, mediano o grave.

Para evitar que se pretenda comprender cada tipo, a partir sólo de la etiqueta con que se denomina, adjunto dos cuadros que ayudarán a intuir, al menos, las complejidades de cada uno. Sintetizadas a partir de T. Millon (1987): Sobre el renacimiento de la teoría y la evaluación de la personalidad, en Psicodiagnóstico clínico. A. AVILA, y C. RODRÍGUEZ (Eds.). Bilbao: DDB

D) CARACTERÍSTICAS DE LOS ESTILOS DE PERSONALIDAD SANOS



patrón de personalidad


Presentación conductual


Comportamiento interpersonal


Expresión afectiva


Percepción de sí mismo


Enérgica
Aventurera
Intimidante
Rabia
asertivo
Segura
Serena
No empático
Serenidad
Seguro
Sociable
Animada
expresivo
Dramatismo
Encantador
Cooperadora
Dócil
Complaciente
Tierno
Débil
Sensitiva
Errática
Impredecible
Pesimista
Despreciado
Respetuosa
Organizada
Refinado
Reprimido
Fiable
Inhibida
Vigilante
Cauteloso
Difícil
Solitario
Introvertida
Pasiva
Retraído
Blando
plácido




E) CARACTERÍSTICAS DE LOS ESTILOS DE PERSONALIDAD INSANOS



patrón de personalidad


presentación conductual


comportamiento interpersonal


expresión afectiva


percepción de sí mismo


Antisocial
Impulsivo
Irresponsable
Insensible
Autónomo
Narcisista
Arrogante
Explotador
Despreocupada
Admirable
Histriónico
Afectada
Coqueto
Inconstante
Sociable
Dependiente
Incompetente
Sumiso
Pacífica
Inepto
Pasivoagresiva
Obstinada
Ambivalente
Irritable
Descontento
Compulsiva
Disciplinada
Respetuoso
Solemne
Escrupuloso
Evitativa
Cautelosa
Aversivo
Angustiada
Alienado
Esquizoide
Letárgico
Reservado
Monótono
Complaciente
Masoquista
Abstinente
Deferente
Disfórica
Desmerecida
Depresivo
Abatido
Indefenso
Melancólica
Inútil


Estilos de personalidad más proclives a ser captados por el proselitismo

Mis hipótesis es que son los tres siguientes: los estilos de personalidad COOPERADOR, RESPETUOSO y CAUTELOSO.

Ya dentro de la institución, los dos primeros serán intensificados en sus limitaciones, con peligro de que degeneren en trastornos –al menos leves- de personalidad dependiente, o de personalidad obsesivo-compulsiva. Pero comentar este segundo punto lo dejo para otra ocasión.

Hay que tener en cuenta que antes de los dieciocho años difícilmente está ya suficientemente estructurado un estilo de personalidad. La conducta del adolescente tiende a ser ambivalente, oscilante entre distintos estilos, aunque factores educacionales y socioculturales (junto con los biológico-temperamentales) pueden estar influyendo hacia algún tipo predominante de la futura personalidad.

Veamos unas pinceladas esquemáticas sobre los tres tipos de personalidad más fácilmente captables por el proselitismo (los extraigo de la introducción de mi libro La búsqueda de la autenticidad. Lleida: Milenio):

Estilo cooperativo de la personalidad

Es la versión sana de lo que en caso de psicopatología corresponde al trastorno dependiente de la personalidad. Según Oldham y Morris (1990) cit. en Millon (1998)

Personas “cuidadosas” y extremadamente solícitas, anteponiendo el bienestar de los otros al suyo propio.

Según Millon y cols. (1994), cit. en Millon (1998)

  • Patrón de comportamiento acomodaticio, participativo, comprometido y afiliativo.
  • Personas muy cooperadoras y amigables.
  • Detestan molestar a los demás.
  • Confían en que los demás sean amables y sensatos, y buscan siempre la reconciliación de las diferencias.
  • Relaciones interpersonales cordiales y comprometidas.
  • Fáciles de complacer; exigen poco de los demás.
  • Altruistas y nada egoístas.
  • Se alegran muchísimo de la suerte de los demás.
  • Cuanta más gente les valora, más humildes se vuelven.
  • Siempre ven el lado positivo de la vida.</poem>


Es fácil comprender que las denominadas “profesiones de las relaciones de ayuda” son adecuadas para estas personas. Es decir: trabajadores sociales, psicoterapeutas, pediatras, educadores de niños, cooperantes en organizaciones no gubernamentales, misioneros, etc.

Si son personas sanas no tienen por qué caer en el peligro del trastorno dependiente de la personalidad, que se manifiesta en una infravaloración de las propias necesidades y de las capacidades de los demás, y en una sobrevaloración de las necesidades de los demás y de las propias capacidades. Sabrán, por lo tanto, cuidarse a sí mismos, y no sólo a los demás, y se permitirán pedir ayuda cuando sea preciso.

Pero una personalidad cooperadora, desde su actitud generosa, puede sucumbir al proselitismo de la Obra cuando se le presenta como una empresa altruista y no le importará sacrificarse si piensa que con ello está contribuyendo al bienestar colectivo. Si, además, tiene trastorno o rasgos del trastorno de personalidad dependiente, le costará mucho defraudar a la persona que le empuja a entrar en la institución, pues realmente disfruta haciendo felices a los otros. Y si además pertenece a una familia donde hay varios miembros de la Obra (en especial si los padres son supernumerarios), el ingresar en ella no le exige romper con sus orígenes -tema costoso para un dependiente- sino que más bien esto le ayudará a sentirse aún más integrado y leal.

Además, a un adolescente cooperador o dependiente le será mucho más tolerable que a otros tipos de personalidad tener que comprometerse a:

  • tener que practicar la obediencia
  • tener que consultar continuamente
  • comunicar su intimidad semanalmente a su director laico y al sacerdote asignados
  • realizar tareas que no son de su agrado porque otros se lo piden

Estilo respetuoso o responsable de la personalidad

Estilo de vida disciplinado, organizado y eficiente. En su versión patológica sería el estilo obsesivo-compulsivo de la personalidad.

Según Oldham y Morris (1990), cit. en Millon (1998)

Las personas de estilo responsable son hombres y mujeres de fuertes principios morales y certidumbres absolutas que no descansan hasta que su trabajo está hecho y bien acabado. Son leales a sus familias, sus causas y sus superiores. El trabajo duro es una característica distintiva…

Según Millon y cols. (1994), cit. en Millon (1998)

  • Respetuosos con las tradiciones y la autoridad.
  • Actúan de manera responsable, correcta y meticulosa.
  • Siguen a gusto las reglas y normas convencionales
  • Critican a quienes no lo hacen.
  • Desean ser considerados como personas cumplidoras.
  • Respetan excesivamente la ética y la moral de la sociedad.
  • Manifiestan comportamientos virtuosos.
  • Dan poca importancia a las emociones.

Al extenderme en otro apartado en la descripción comparativa entre el estilo sociable –predominante entre andaluces- y el estilo respetuoso -frecuente entre catalanes- ya he adelantado características del segundo.

Para poder ser fiel a sí mismo será conveniente que se encuentre implicado en un tipo de trabajo profesional –y actividades diversas- en que se requieran de forma acentuada las capacidades de disciplina, organización, cumplimiento respetuoso de las normas de la praxis, sentido de responsabilidad, y saber planificar. No así los trabajos en que lo normal sea la improvisación y la espontaneidad. Las tareas directivas o de coordinación, inspección y supervisión encajarán bien a este tipo de personas. También las propias de secretaría y las que requieran especial capacidad analítica y de precisión, p.e. contabilidad, cirujía, etc. La personalidad respetuosa sana sabrá, sin embargo, no caer obsesivamente en una actitud perfeccionista que pueda agobiar a compañeros, subordinados, o a su pareja, cuando no se caractericen por este estilo de personalidad.

Como este trastorno de personalidad le teme a todo lo que signifique cambio y le gusta poder predecir lo que va a ocurrir en base a normas fijas e inflexibles, el proselitismo con este tipo de personalidad, y más si tiene algunos rasgos o trastorno obsesivo, hará que le atraiga la precisión e inflexibilidad doctrinal y la rutina del comportamiento práctico: todo está previsto. Como además, en este caso, tendrá también una tendencia a los escrúpulos, aceptará bien unos criterios morales basados en leyes inflexibles.

A un joven de estilo respetuoso (tendencia a obsesivo)

  • le será más tolerable tener que cumplir al pie de la letra las múltiples normas, costumbres y reglas de la praxis.
  • tener como criterio intelectual supremo –sobre todo en su formación teológica- la “doctrina segura”, aceptando renunciar a la lectura de autores de ideas innovadoras.

Estilo cauteloso de la personalidad

En su versión patológica sería el trastorno evitativo de personalidad. Sus características más destacables son:

  • Actitud vigilante ante la posibilidad de rechazo, timidez generalizada y baja autoestima.
  • A pesar de ser personas tímidas y dubitativas, “cuando deben desempeñar funciones que concuerdan con su estilo de vida, son capaces de llevar a cabo sus responsabilidades sociales y profesionales con una competencia considerable” (Millon, 1998, p. 278).


Según Oldham y Morris (1990), cit. en Millon (1998)

  • Poseen capacidad excepcional para observar su entorno.
  • Se fijan rápidamente sobre personas y situaciones peligrosas.
  • Evitan pertenecer a grupos sociales amplios y ser el centro de la reunión, pero pueden conseguir un gran reconocimiento por su creatividad.
  • En un ambiente de seguridad emocional, su imaginación y espíritu de exploración no conoce límites.


Según Millon y cols. (1994), cit. en Millon (1998)

  • Sensibles a la indiferencia o rechazo social.
  • Se sienten inseguros de sí mismos y cautelosos en las situaciones novedosas.
  • Son muy responsables.
  • Anticipan las dificultades en sus interrelaciones.
  • Tensos cuando tratan con personas que no conocen.
  • Una vez que se sienten aceptados se abren, son amigables y cooperantes y participan con los demás de forma productiva.


Este tipo de persona no sería fiel a sí misma si se encontrase implicada en un trabajo profesional –como también otras actividades y relaciones humanas- que exigiesen actitudes como gran energía, espíritu aventurero, acentuada seguridad en sí misma, o elevada sociabilidad. Es decir, si su situación profesional le reclamase destacar en características que corresponden a los estilos de personalidad “enérgica”, “segura” o “sociable”, respectivamente.

Sin embargo estas personas cautelosas, o moderadamente evitativas, pueden llegar a ser grandes artistas de Bellas Artes, como pintores o músicos. También, p.e. detectives, jardineros, diseñadores. Al igual que los de estilo introvertido, muchos investigadores e informáticos competentes pueden haberse caracterizado por este estilo de la personalidad.

Una persona con rasgos o trastorno de personalidad evitativo, como vive dominada por el temor del peligro (y muchas veces también el temor a los riesgos de las relaciones interpersonales), puede sentirse atraída por el panorama que le ofrece el ingresar en la Obra al verlo como algo protector frente a los peligros del “mundo” y más cuando cada vez con mayor frecuencia en la institución las tareas profesionales se van desarrollando en el seno de la misma, cosa que protege a la persona de los desafíos, luchas y competitividad que normalmente tiene que arrostrar el profesional laico. Si además se le presenta por parte de los encargados de hacer que “pite” la vida fuera de la Obra como fácilmente pecaminosa, desde la credulidad puede entender que si quiere vivir un cristianismo auténtico, mejor refugiarse en la institución. Además, la prohibición de intimidad y amistad reales entre los miembros de la Obra, le mantienen aislado y protegido de las críticas y el rechazo a su persona, a pesar de tener que soportar “correcciones fraternas” frecuentes, por minucias.

¿Qué influencia se experimenta, a partir de la Praxis de la Prelatura, respecto a los estilos de personalidad?

En la parte primera de este escrito traté –consciente del peligro de simplificación- de responder a la pregunta: ¿Qué estilos de personalidad (con sus cualidades y limitaciones) son más proclives a ser captados por el proselitismo de la Obra?

En esta segunda parte trato de responder a la pregunta 2ª: ¿Qué influencia se experimenta, a partir de la Praxis de la Prelatura, respecto a los estilos de personalidad?...

Presenté como hipótesis que hay tres tipos de personalidad más fácilmente captables por la Obra: el estilo cooperador, el estilo respetuoso y el estilo cauteloso.

Previamente advertí: a) que casi siempre se da en una persona combinación de dos o tres estilos, aunque uno sea el predominante; b) que antes de los 18 años es difícil que un adolescente tenga ya configurado su estilo de personalidad.

Dado que ya hace bastantes años el proselitismo se dirige a adolescentes (o preadolescentes) de menos de 18 años, esto tendrá como consecuencia que la configuración de su personalidad dependerá principalmente de la influencia de su nueva “familia”, con la especial colaboración de su “familia de sangre” cuando sus padres sean supernumerarios.

En este caso, con mayor razón, el adolescente recibirá una fuerte influencia para adquirir: a) o una personalidad cooperadora (que ojalá no degenere en un trastorno de personalidad dependiente); b) o una personalidad respetuosa (que ojalá no degenere en trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad; c) o una personalidad cautelosa que ojalá no degenere en un trastorno evitativo de personalidad); d) o bien en una combinación de dos o tres de ellos.

Pero también, aunque previamente no tuviera ninguna disposición para ellos, puede ocurrir que adquiera un estilo de personalidad segura (con peligro de degenerar en trastorno narcisista de personalidad, o bien un estilo de personalidad controladora (con peligro de degenerar en un trastorno sádico de personalidad), o bien un estilo de personalidad “sacrificada” y complaciente (con peligro de degenerar en un trastorno masoquista de personalidad).

Paso a un breve comentario sobre estas posibilidades:

Estilo cooperativo

1. Respecto al ESTILO COOPERATIVO de personalidad, ya indiqué en la parte primera por qué lo veo fácilmente captable por el proselitismo. Ahora sólo añadiré una breve referencia sobre dos subtipos (de los cinco que describe Millon) en los que pienso que la Praxis de la Obra puede influir), aunque en estos subtipos el autor se refiere a trastornos de personalidad dependiente, más que a un estilo sano cooperativo:

Dependiente acomodaticio

Seleccionaré algunas características (Millon, 1998, pp. 351s.):

Son agradables, amigables, benevolentes y cumplidores, siendo serviciales y afiliativos en sus relaciones con los otros.
El pensamiento crítico, rara vez se hace evidente.
Existe un esfuerzo por mantener un aire de satisfacción y bondad. Niega las emociones negativas y encubre las desarmonías internas con distracciones de corta duración.
Puede surgir de una tendencia a ser genuinamente dócil, suave y sensible a los deseos de los demás.
Siempre tienen una sonrisa y una palabra agradable.
Para minimizar las relaciones conflictivas, estos dependientes evitan ser asertivos y abdican de sus responsabilidades autónomas.


¿No os parece que una persona con estas características, aparte de lo indicado en la parte primera, podrá estar muy bien encajada en la Obra?

Otro subtipo del trastorno de personalidad (sea grave o leve) que pienso que será un peligro para algunos de los miembros de la Obra es el


Dependiente sin identidad

Selecciono características según Millon (1998, pp. 353s.):

Se fusionan de tal forma con los otros que se pierden a sí mismos en el proceso.
Pueden mostrar un aire de confianza y seguridad en sí mismos, pero es como si sólo reflejaran los logros y poderes de la persona o institución a la que están unidos.
Muchos se sienten muy satisfechos de sus asociaciones.
Cuanto más unidos están a su objetivo idealizado, más vinculados emocionalmente se encuentran y más sienten que existen como personas con valor en el mundo.
Lo han dado todo de sí mismos y han incorporado las acciones y los valores de otros, desplazando ingenuamente su propia identidad.


Creo que no hace falta que relacione estos párrafos con experiencias vividas por muchos de nosotros u observadas en los que fueron nuestros “hermanos”.

Estilo respetuoso de personalidad

2. Respecto al ESTILO RESPETUOSO DE PERSONALIDAD (con peligro de degenerar en estilo obsesivo-compulsivo de personalidad), aparte de lo que ya indiqué, añadiré ahora algo sobre algunos de los cinco subtipos señalados por Millon (1998, pp. 541-544). Aquí me limitaré a referirme a dos:

El compulsivo responsable

Una dependencia conformista, por un respeto excesivo de las reglas y de la autoridad.
Tendencia a pasar inadvertidos y a no ser nada competitivos.
Su autoimagen, a nivel superficial, es de personas consideradas, reflexivas y cooperativas, con propensión a actuar sin ambición y con modestia.
Como raras veces se arriesga a manifestar estos sentimientos [de oposición], el compulsivo responsable los reprime con tanto vigor que “sobreorganiza” su vida en una autolimitación ansiosamente tensa y disciplinada.

El compulsivo burocrático

(Ibidem, pp. 543s).

Sienten que su alianza con una sociedad, una asociación, o una organización religiosa fortalece su autoestima.
Hacen lo que se les ha dicho que hagan. Aunque la obediencia limita su margen de oportunidades, les libera de la ansiedad de ser los responsables de tomar decisiones por sí solos.
Los compulsivos burocráticos siguen al pie de la letra la estructura de la organización. Son rigurosos en el seguimiento de los detalles y las pretensiones del sistema.


Prescindo de referirme al subtipo del ESTILO CAUTELOSO, pero –como indicaba al principio- pienso que la Praxis de la Prelatura puede suscitar que, cuando los adolescentes vinculados a ella acaben de configurar su personalidad, lo hagan a veces integrando las características de otras tres posibles.

Estilo de personalidad segura

3. ESTILO DE PERSONALIDAD SEGURA (que en su versión patológica es el trastorno narcisista de la personalidad). Ya disponéis de un cuadro que contiene una serie de sus características, tanto en su versión sana como en la patológica. Deteniendo la atención en cada una, podréis discernir hasta qué punto aparece la presencia de estas características en miembros de la Obra. Las señaladas para el estilo sano de la personalidad segura las recuerdo presentes en muchos de los que conocí. Pienso que quizá en la época inicial se prestara a que abundara este tipo de personalidad porque a la Obra tendía a hacer proselitismo entre las personas académica o socialmente más brillantes y con estos rasgos. En cuanto a las colocadas respecto al estilo insano (con trastorno de personalidad al menos leve), recuerdo en algunos casos: el “estilo explotador” en la práctica del proselitismo, principalmente; cierto estilo “arrogante” en algunas formas de presentación (de los que se sienten “aristócratas de la inteligencia”, aunque esto pienso que cada vez menos y cada vez más “aristócratas de la santidad”). Y un estilo de “expresión afectiva despreocupada”. Pero, sobre todo, si me fijo en los cuatro subtipos señalados por Millon, uno de ellos lo percibo como un peligro para los adolescentes que se vinculen:

El narcisista elitista

Como consecuencia de su sublime autoconfianza, los elitistas se sienten bastante seguros de su aparente superioridad.
Se sienten privilegiados y poderosos en virtud de cualesquiera status de clase y seudologros que pudieran haberse atribuido.
Intentan cultivar su imagen y prestigio social en virtud de las personas a las que se arriman.


Pienso que, sobre todo, lo que parece haber ocurrido –a pesar de que en mi época (1950 a 1973) se habló de la importancia de vivir la “humildad colectiva”, aparte de la personal- es la presencia de una actitud precisamente opuesta a ella, que ha dado lugar a sentirse algo así como en el Arca de Noé, o los seguidores de un profeta cuya obra ayudará a que la Iglesia no se hunda, a pesar de los errores de los tres papas que precedieron a Juan Pablo II y de supuestos errores del Vaticano II, como su doctrina sobre el ecumenismo, la libertad religiosa, la colegialidad, el diálogo con otras religiones; en su mayoría cuestiones que habían sido anticipadas y reclamadas por el teólogo dominico Yves Congar, y otros, y que en tiempos del cardenal Ottaviani –presidente de la Congregación de la Doctrina de la Fe- habían sido apartados de la enseñanza en la Iglesia y asilados, pero que Juan XXIII rehabilitó.

Reservo para una parte 3ª referirme sobre el peligro de que se fomente el ESTILO DE PERSONALIDAD CONTROLADOR, no sólo en su forma sana, sino en la insana. Asimismo el ESTILO DE PERSONALIDAD “SACRIFICADA” Y COMPLACIENTE, y su versión insana masoquista. Asimismo, queda pendiente la tercera cuestión anunciada.

Olvidaba subrayar que el paso de una personalidad sana, con un determinado estilo, a una personalidad patológica, es una suerte de continuum y que el deslizamiento de la una hacia la otra depende, básicamente, del nivel de estrés que sufre la persona (aparte de la fortaleza de su estructura psíquica). Es decir: a más estrés, más peligro de patología. En la Obra, algunas personas que inician su recorrido desde un estilo de personalidad sano, pueden desarrollar rasgos insanos o trastornos de personalidad si sufren mucho estrés, como ocurre en no pocos casos.

¿Qué puede ocurrir a los miembros que decidieron desvincularse de la Obra?

Paso hoy a responder a esta tercera cuestión que planteé al comienzo de estos escritos. Pero quiero advertir que el que lo lea, sin haberlo hecho con atención respecto a las partes primera y segunda, interpretará probablemente de forma distorsionada su contenido.

Los exmiembros de la Obra y, en concreto, los que venimos comunicándonos –gracias a la iniciativa de Agustina hace años de crear esta beneficiosa web-, somos personas representantes de casi todos los estilos de personalidad, entre los quince de la clasificación de Millon (1987) a los que me referí al principio. Es posible que alguno, afectado por un exceso de estrés en sus años de la Prelatura, llegase a experimentar un trastorno de la personalidad, es decir, un modo insano de vivir su peculiar estilo de personalidad –normalmente combinación de dos o tres con uno principal- con la exageración y rigidez en la vivencia de sus rasgos, como es característico de estos trastornos. Y con las consecuencias –leves o graves- en las relaciones interpersonales, o las experiencias afectivas, o la actividad laboral, o la experiencia religiosa, etc…

Sin embargo, en estos casos –que supongo muy minoritarios- una vez ausente la causa principal de aquél estrés peligroso, gracias a la desvinculación, los exmiembros habrán podido curarse de su trastorno –con o sin ayuda psicoterapéutica- y pasar a vivir su propio estilo de personalidad de forma sana.

Cierto es que habrán tenido que pasar por otras situaciones estresantes, como son: la misma experiencia de la desvinculación, la reorganización de su vida profesional y laboral, la integración en una visa social como auténticos laicos/as –o bien en un sacerdocio ministerial diocesano-, el estreno de una vida auténticamente libre, etc.; pero estos factores de estrés son notablemente inferiores (como causa de sufrimiento) al que se padece por una vida de clara infidelidad a sí mismo, a su genuina vocación humana.

Algo distinto suele ocurrir entre los miembros que son “invitados” a abandonar la Obra desde la propia institución: normalmente se trata de personas que lo están pasando mal, pero que hacen esfuerzos importantes para responder a lo que se espera de ellos, por fidelidad a una vocación (definida desde fuera, frecuentemente como inamovible y “para siempre”). Cuando estas personas se encuentran, a veces de forma imprevista, que tienen que abandonar la institución, la sorpresa, el desconcierto ante su “falta de vocación” contradictoria con otras explicaciones, y el sentirse degradado (puesto que ser de la Obra es “ser más”), suele generar un intenso estrés y un importante descenso de la autoestima, que no es raro que lleve a algún tipo de trastorno psicológico durante un período transitorio.

Cada uno de nosotros tendrá su propio estilo de personalidad, diferente a los de los otros exmiembros, y es buena esa diversidad para el bien común de la sociedad y para el bien de los implicados en Opuslibros, ya que nos podemos complementar, dadas las diferentes capacidades y limitaciones de cada tipo de personalidad. A veces han influido en él raíces socio-culturales. Mi hipótesis es que, por ejemplo, en Cataluña es importante el porcentaje de personas con “estilo respetuoso” (con peligro, caso de estrés, de convertirse en trastorno obsesivo). Así se explica la capacidad de construir esos “castells” (torres construidas con personas montadas sobre otras) que requieren un alto grado de concentración, orden y disciplina; y la costumbre de bailar en las plazas las sardanas con la cara seria, como si se realizase un trabajo difícil o trascendental. En cambio mi hipótesis es que en Andalucía (donde viví 15 años), es importante el porcentaje de “estilo sociable de personalidad” (con peligro, caso de estrés, de convertirse en trastorno histriónico). Así, los catalanes que seamos de estilo más bien “respetuoso” podremos recibir la influencia de los andaluces, por ejemplo, para ser más cordiales y para sonreír más. Y los andaluces (los que sean del “estilo sociable”) podrán recibir la influencia de los catalanes respetuosos –a veces obsesivos- para descubrir su capacidad de crear y planificar empresas y para permitirse decir que no se encuentran bien (en los casos en que así sea) cuando alguien, por la calle, les pregunte: “¡Hola! ¿Cómo estás?” Aprovecho aquí para decir que el creador de la más importante empresa editorial de lengua castellana (y catalana) -la editorial Planeta, con sede central en Barcelona- era un andaluz de pura cepa.

Ahora bien: si me pregunto la clase de “cultura psicológica” que se puede observar en la Obra –como estructura-, pienso que en ella se pueden ver rasgos de: a) narcisismo colectivo, en que la pertenencia a la institución se vive como ser mejor cristiano que quienes no pertenecen a ella; b) trastorno obsesivo-compulsivo, por la sobreabundancia de normas y normitas, detallismo y perfeccionismo; y rasgos controladores entre quienes ocupan puestos directivos que pueden fácilmente degenerar en actuaciones deshumanizadas (lo que Millon llama -utilizando una palabra cuya traducción suena excesiva- “personalidad sádica”) que prescinden de los sentimientos y la vulnerabilidad de las personas. Algunos de los testimonios de esta web dan buena cuenta de algunos ejemplos de ello.

Esto quiere decir que las personas que permanecen mucho tiempo en la institución pueden ser influidas sutilmente por estos “estilos culturales” y desarrollar determinados “tics” que, cuando salen, tendrán que revisar, si quieren liberarse de verdad e interiormente de la Obra.

Sin embargo sospecho que, aunque entre los exmiembros se encuentran representados casi todos los estilos de personalidad –pero sin olvidar que cada uno somos personas singulares e irrepetibles- habrá estilos más predominantes, especialmente entre los que estuvieron en la Obra muchos años, y quizá entraron en ella cuando la estructura de su personalidad todavía no se había formado.

Por lo tanto, mi hipótesis es que habrá más de:

  1. Estilo cooperativo de personalidad (sin trastorno dependiente)
  2. Estilo respetuoso (sin trastorno obsesivo)
  3. Estilo cauteloso (sin trastorno evitativo)
  4. Estilo seguro (sin trastorno narcisista)
  5. Estilo controlador (sin trastorno sádico)
  6. Estilo “sacrificado” y “complaciente” (sin trastorno masoquista)


Sé que tenía pendiente decir algo más sobre los subtipos del 3, 5 (que olvidé poner en el cuadro) y 6, pero me alargaría demasiado ocupándome de ello. Me centro, por lo tanto, en la tercera pregunta planteada al principio, no sin antes aclarar que, ciertamente si algo nos une a los exmiembros es el hecho de que todos hicimos en su momento una entrega generosa e incondicional de lo mejor que teníamos (nuestra vida, nuestro futuro) movidos por una motivación religiosa. Lo cual no quita que cada uno teníamos nuestro estilo de personalidad diferenciado, como lo tuvieron santos tan distintos como San Pablo (personalidad enérgica), Santa Teresita de Lisieux (personalidad cooperadora), Santo Tomás de Aquino (personalidad respetuosa), Santa Edith Stein (personalidad segura), San Ignacio de Loyola (personalidad enérgica y respetuosa) o San Francisco de Asís (personalidad sociable). Esto son hipótesis mías provisionales que requerirían una investigación más seria.

Pienso que es prudente que cada uno, con sus rasgos predominantes, seamos conscientes de los peligros de nuestro estilo de personalidad –aunque sea en forma sana- y de poder reincidir en nuestros errores pasados. Que no nos pase como a aquellas mujeres que sufren con un marido con un carácter claramente incompatible con el suyo y que les causa mucho dolor; y que tras la separación se casan con otro hombre de las mismas características. Error que cometen igualmente algunos hombres.

  • Los exmiembros más bien “cooperadores-dependientes”, pienso que es mejor que no se precipiten –por intolerancia a vivir una temporada en soledad independiente- en comprometerse con una pareja. O que no se precipiten en vincularse a una asociación religiosa, o partido político, etc. sin leer con atención el contenido de los estatutos. A algunos puede haberles resultado bien una inmediata vinculación de pareja. Pero es peligroso precipitarse, sin haber experimentado un tiempo de soledad. Según Erich Fromm, la capacidad de experimentar satisfactoriamente la soledad es una garantía de poder vivir la experiencia de un amor maduro. Está claro que en algunos de los casos en que su experiencia de pareja haya fracasado, no tiene por qué haber sido a causa de una vinculación precipitada, sino por otras razones.
  • Asimismo es prudente que los de personalidad predominantemente dependiente-cooperadora vigilen no caer en lo que Eric Berne –creador del modelo psicoterapéutico del Análisis Transaccional- denomina “rol de Salvador”, en el sentido de que tiende a sobreproteger, a infravalorar sus necesidades y sobrevalorar las de los otros; y en sobrevalorar sus capacidades e infravalorar las de los otros. Del mandato bíblico “ama a tu prójimo como a ti mismo”, descuidan la parte segunda. Confunden el cuidado de sí mismo con el egoísmo, como también advirtió Fromm, que era un ateo humanista (aunque muy respetuoso de la Biblia y de los profetas y –en general- de todas las cosmovisiones religiosas o ateas, vividas de forma sana y auténtica).
  • Los exmiembros en los que predominen rasgos del estilo “respetuoso-obsesivo” de la personalidad, es prudente que sean conscientes de peligros de caer, por ejemplo, en: a) Una actitud perfeccionista o acompañada de exceso de autocrítica o heterocrítica; b) Una actitud conservadora demasiado rígida y autoritaria; c) una excesiva preocupación por la “doctrina segura” y la ortodoxia (tanto si se es cristiano como si se es ateo); c) Ansiedad ante los cambios y el pluralismo. Corren peligro de caer en lo que Eric Berne denominaba “rol de Perseguidor”, buscando defectos a los demás, poniendo límites innecesarios y siendo excesivamente inflexibles.
  • Los exmiembros en los que predominan los rasgos de estilo de personalidad “segura-narcisista” tienen peligro, por ejemplo, de: a) infravaloraciones precipitadas de los otros diferentes: ateos o creyentes religiosos; hombres o mujeres; con preferencias por tal o cual partido político; b) Peligro de actitud “machista” en los hombres; c) sentirse superior (en inteligencia o valores éticos) por ser socialista, o liberal, o ateo, o católico, o progresista, etc.


Pienso que no es preciso que me detenga aquí en otros ejemplos de peligros, respecto a los exmiembros, con rasgos predominantes de los estilos “cauteloso-evitativo”, “controlador-sádico”, “sacrificado y complaciente-masoquista”, etc. Basta el ser conscientes de que: a) por una parte tenemos derecho a ser –de forma sana- como somos (diferentes de muchos otros, singulares e irrepetibles); b) nuestras limitaciones y peligros; c) veamos las ventajas de relacionarnos con personas diferentes, fieles a sí mismas; d) seamos creativos al administrar nuestras potencialidades personales.

Es posible que a alguno le haya llamado la atención que yo haya dicho, al principio, que creo que en los exmiembros que intervienen en Opuslibros probablemente estamos representados casi todos los estilos de personalidad (aunque con más presencia de unos, por las razones indicadas). Decía que casi, porque es muy difícil y poco probable que intervengan:

  • los de “estilo introvertido” (aunque no padezcan el trastorno esquizoide), por su gran preferencia por el aislamiento y escaso interés por la comunicación y las relaciones humanas. Pero hay que valorar que han sido muchos –pienso- los científicos, filósofos y artistas introvertidos que han realizado valiosas contribuciones.
  • los de “estilo inhibido” que tendrán demasiado temor a implicarse en el diálogo por si eso provoca críticas hacia ellos (aunque recibirán buena ayuda de leer la web).
  • los de “estilo sensitivo” (aunque no padezcan el trastorno pasivo-agresivo de personalidad), porque pienso que una persona de estas características, con especiales dificultades para aceptar la autoridad de alguien, las normativas, etc. es difícil que se le haya ocurrido escribir la “carta al padre”. Y, de hacerlo, habrá permanecido en la institución pocos días o semanas.
  • los de “estilo enérgico” a quienes también les habrá sido difícil escribir esa carta, ya que no soportarían una entrega del poder y la iniciativa propias en manos de nadie, aunque me consta que alguno se ha colado y eso se nota en la web (porque sí escriben).


Acabo de leer el último escrito de Dionisio. Me ha gustado mucho. Me ha hecho gracia saber que te consideras un “viva la Virgen”. Pienso que hacéis mucha falta este tipo de personas para el bien común de la sociedad y para la salud mental de algunos. Comparto el contenido de lo que afirmas. El haber podido superar satisfactoriamente la crisis de la ruptura de la vinculación con la Obra implica una colección de cualidades éticas o virtudes: no sólo la fortaleza.

En muchos de los que aquí escribís noto presentes unos cuantos de los valores éticos (de los contenidos en mi clasificación de 22). Me vienen ahora, a la mente, aparte del testimonio de las cuatro virtudes fundamentales (según Platón y Aristóteles) -prudencia, justicia, fortaleza y templanza (que prefiero denominarla armonía intrapersonal)-, he percibido no pocas señales de: serenidad, escucha interior, creatividad, respeto a la persona, cordialidad, apertura a la experiencia, fidelidad (a la propia persona e ideales genuinos). Testimonios que me suscitan admiración.


Un abrazo de Rescatado (Ramón)

ramonrosal@terra.com

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www.psicoterapiahumanistamaster.es




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