Hijos en el Opus Dei/No digas nunca que soy un santo

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HIJOS EN EL OPUS DEI


"NO DIGAS NUNCA QUE SOY UN SANTO"


Cuando hables de mí no digas nunca que soy un santo (palabras del fundador del Opus Dei al actual vicepostulador de la causa de canonización, don Benito Badrinas, según declaraciones de este último en el programa televisivo "La Clave" de Antena 3,7 de febrero de 1992).

La polémica fue la gran protagonista durante los meses anteriores a la beatificación de Escrivá. Que si Escrivá era pro-nazi, que si su actuación estuvo a punto de llevar a Torrente Ballester al paredón, etc. Hechos que la prensa se encargó de airear a los cuatro vientos pero que enturbiaron el verdadero fondo de la cuestión.

Pienso que no es necesario recurrir a este tipo de "contundentes" argumentos para desacreditar una causa de beatificación. Es de suponer que cuando una causa prospera ha de poderse responder con meridiana seguridad a las siguientes cuestiones de régimen canónico:

¿Goza el candidato de la reputación de haber muerto como mártir o de haber practicado las virtudes cristianas en grado heroico?

¿Qué mensaje o ejemplo particular aportaría a la Iglesia la canonización del candidato?

¿Está la reputación de martirio o de virtudes extraordinarias del candidato basada en hechos?

Por el contrario, ¿hay algo en la vida o en los escritos del candidato que presente un obstáculo a su canonización? Específicamente, ¿ha escrito, enseñado o defendido opiniones heterodoxas o contrarias a la fe o a la moral católicas?

¿Hay entre los signos divinos atribuidos a la intercesión del candidato algunos que sean inexplicables para la razón humana y que constituyan, por tanto, potenciales milagros?

¿Hay alguna razón pastoral por la que el candidato no debiera ser beatificado en este momento?

Después de la beatificación del candidato, ¿se han producido gracias a su intercesión otros milagros que pudieran ser interpretados como señales divinas de que el beato es digno de canonización?

¿Hay alguna razón pastoral por la que el beato no debiera ser canonizado en el momento presente? (Cuestiones reseñadas en el libro "Fabricando santos" de Kenneth L. Woodward, Ediciones B, 1991, pág. 92.)

Pienso que el lector, a esta altura del libro, podría responder por él mismo a las anteriores preguntas y hacer un dictamen sobre la santidad del fundador.

No obstante, intentaremos echar una mano a nuestros lectores mencionando las siguientes:

a) Razones teológicas. Los escritos de Escrivá, especialmente Camino, apenas resisten un superficial examen teológico. Su falta de comprensión de la naturaleza de la caridad fraterna (recuérdese el capítulo titulado "La caridad bien entendida...") es quizá lo más destacable, y a esto hay que añadir sus interpretaciones misóginas del Evangelio ("Amigos de Dios", párrafo 176), su proselitismo elitista contrario a la concepción universalista de Jesús (Camino, puntos 978, 802 y 946), su idea errónea de la libertad personal al acuñar los términos "santa intransigencia", "santa coacción", "castigar por amor" (Camino, puntos 387, 394, 398, 399 y 424) y su falta de comprensión de la pobreza evangélica Camino, punto 979, "Amigos de Dios", punto 123). Para maquillar los graves errores presentes en Camino y poder presentar a la comisión teológica para la canonización unos documentos, supuestamente del fundador, más aceptables, el Opus Dei se ha esforzado últimamente en publicar unos escritos inéditos de Escrivá, como "Surco" y "Forja", en los que se aprecian un estilo distinto (más relamido y cerebral) y una ideología más contemporizadora.

Muchas de sus actuaciones tampoco resisten un superficial examen teológico, como su invitación pública a un "fervor de conveniencia" al Santo Padre ("rezad por el Papa que ha de venir" durante el pontificado de Pablo VI), su jactancia pública de haber creado un "Índice" de literatura prohibida, cuando el Papa había retirado el "Índice" de la Iglesia, sus actuaciones de menosprecio a la mujer (Opus Dei: "Vida y obra del fundador". Rialp, 1987, pág. 210) y su tergiversación de la verdadera naturaleza de las relaciones paterno-filiales (él era "Nuestro Padre"; su hermana, "tía Carmen", y su madre, "la abuela", cfr. "Crónica", febrero 1970).

b) Razones pastorales. La beatificación de Escrivá pretende tener un efecto inmediato: el del reforzamiento institucional del Opus Dei y su labor de proselitismo dentro de la Iglesia. Pero como hemos visto, existen diversas asociaciones católicas de padres, como Our Lady and Saint Joseph in Search of the Lost Child y Housetop que no dudan en calificar como secta al Opus Dei. "Dentro de la Iglesia está creciendo una secta más que se autodenomina Opus Dei", reza el ideario de la primera asociación. Otras asociaciones no confesionales que se dedican al asesoramiento y rehabilitación de sectarios, como FAIR y AIS, tampoco tienen pelos en la lengua: "Para nosotros, después de la experiencia de estos años, el Opus Dei es una secta más", afirma María Rosa Boladeras (declaraciones a "Época", 10 de febrero de 1992). Es obvio, a la luz del documento vaticano "El desafío de los nuevos movimientos religiosos" y del Sínodo Extraordinario de los Obispos de 1985, que el comportamiento sectario del Opus Dei representa un gravísimo problema pastoral con posibles consecuencias desastrosas para la credibilidad de la propia Iglesia.

c) Razones de ejemplaridad para la Iglesia. ¿Puede ser Josemaría Escrivá de Balaguer un modelo de santidad para el católico de hoy? Estará conmigo el lector en que el cristiano de hoy en día espera que un santo sea un ejemplo de caridad, de misericordia, de compasión activa con el pobre o marginado, de compromiso con los problemas reales de nuestro mundo, hay tantos.... El cristiano de hoy no comparte el modelo de santidad de los monjes recluidos en sus celdas con la disciplina teñida de sangre en sus manos. El cristiano de hoy no necesita modelos de intransigencia ni de intemperancia, harto ya de la beligerancia de hermanos contra hermanos a la que conducen tantos fanatismos religiosos. En suma, al cristiano de hoy no se le puede hacer comulgar con la rueda de molino de la emulación de este tipo de herrumbrada santidad.

d) Razones psicológicas. Durante el período previo a la canonización hemos podido escuchar el testimonio de seguidores y detractores de Escrivá. Las narraciones acerca del fundador eran variopintas, pero sin embargo muchas tenían un denominador común, la inestabilidad emocional del fundador. Escrivá alternaba los momentos de euforia con otros de mal reprimida tristeza ("... y prorrumpió a llorar, con un llanto amargo. Las jóvenes se quedaron como de piedra..." (cfr. Opus Dei. "Vida y Obra del fundador Josemaría Escrivá de Balaguer", Ediciones Rialp, 1987, pág. 210), o los momentos de ira contenida con los de alegría desbordante:

Cuando llegó, todo el mundo se levantó de un salto. Estaba acompañado por Álvaro del Portillo, el actual presidente general.

Monseñor Escrivá tenía una expresión en su cara que se me quedó marcada indeleblemente en la memoria. Su mirada era una mezcla de ira y de terror. Me quedé impresionado por esto y le pregunté al numerario que estaba al lado mío qué pasaba. Él simplemente sonrió. Monseñor Escrivá se recompuso rápidamente... (Fergal Bowers: The Work. "An Investigation into the History of Opus Dei and how it operates in Ireland Today", Poolbeg Press Ltd., Dublín, 1989.)

Yo crucé con él el Pirineo, y hasta le ayudé llevándole a hombros. Era un hombre complejísimo. Puesto a ser simpático, era el que más; puesto a ser antipático, lo mismo. (Declaraciones de Miguel Fisac a "Época", 10 de febrero de 1992.)

Tenía muy mal carácter. Siempre estaba dando patadas a las puertas y dando broncas por cualquier nimiedad. Pero si le interesabas por algo tenía un gran don teatral para envolverte con halagos. (Declaraciones de María del Carmen Tapia a "Tiempo", 3 de febrero de 1992, pág. 12.)

Todos estos testimonios nos describen un comportamiento de naturaleza histriónica. Recordemos que muchos líderes de movimientos de naturaleza fanática comparten este mismo tipo de caracterología.

Si se supone que "la gracia no destruye la naturaleza" sino que contribuye a su favor, ¿cómo pueden explicarse estos graves defectos de carácter que rayan en la neurosis con el modelo de un santo elegido por Dios?

e) Razones de índole estadística que rebajarían la importancia concedida a los supuestos milagros realizados por intercesión del fundador. En efecto, todos los socios del Opus Dei, actualmente más de setenta y seis mil, han tenido la consigna de repartir al menos media docena de estampas semanales durante los últimos diecisiete años con una oración para pedir a Dios un favor mediante la intercesión del Escrivá de Balaguer. Si las expectativas de difusión de la estampa del fundador se hubiesen cumplido se tendrían que haber repartido cuatrocientos millones de estampas.

Ahora bien, muchos médicos reconocen que en todos los hospitales hay diariamente enfermedades que desaparecen de manera fortuita, sin mediación médica, en pacientes que jamás se han encomendado a ningún santo, y sin una explicación científica plausible. El propio doctor Franco da Rosa, miembro de la Consulta Médica que estudia los milagros atribuidos a Escrivá de Balaguer, ratifica este hecho:

Incluso ahora no sabemos siempre por qué alguien se cura, aunque para algunas enfermedades tenemos más medios de curación. (Kenneth L. Woodward: "La fabricación de los santos". Ediciones B, Barcelona, 1991, pág. 241.)

Teniendo en cuenta el hecho real de las curaciones fortuitas comprenderemos que si se solicita la intercesión del fundador sobre varios cientos de millones de pacientes, por un simple razonamiento estadístico, es seguro que muchos pacientes encomendados a él, aunque una proporción nimia respecto del total, se curan de manera inexplicable para la ciencia.

Por otra parte, y con independencia de lo anteriormente referido, hemos de mencionar que la Iglesia, a la hora de atribuir una curación a la intercesión de una determinada persona, se cerciora habitualmente de que sea a esa persona a la que van dirigidas el grueso de las súplicas y da por inválidas aquellas curaciones compartidas por varios aspirantes a la santidad.

En el caso de la curación de la carmelita de la caridad sor Concepción Boullón, que ha permitido la beatificación de Escrivá, las demás hermanas no habían estado pidiendo la intercesión del fundador del Opus Dei sino, como es natural, la de la también carmelita Teresita González Quevedo, incorrupta y muerta en olor de santidad... Por lo que se ve unos hacen los milagros y otros se ponen las medallas.

Hasta aquí en cuanto a los milagros producidos por su intercesión; pero ¿qué sucede entonces con los hechos milagrosos que los socios le atribuyen en vida?

En la bula de beatificación de monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, así como en el libro "El fundador del Opus Dei" de Andrés Vázquez de Prada, se relatan hechos aparentemente milagrosos calificados por algunos testigos como parapsicológicos (cfr. testimonio de Miguel Fisac en la revista "Tiempo" del 4 de mayo de 1992, pág. 18), que analizaremos bajo el prisma de los actuales conocimientos científicos y parapsicológicos.

Según el padre Reginald Omez, O.P.:

Los parapsicólogos pueden prestar a la Iglesia un apreciable servicio ayudando a determinar las fronteras entre lo maravilloso, auténticamente sobrenatural, y los falsos milagros que se multiplican en nuestros días, y fijando los criterios que permitan reconocer lo parapsicológico, explicable naturalmente a pesar de sus apariencias misteriosas. Pueden contribuir para luchar contra la superstición y el ocultismo, contra el entusiasmo actual por lo maravilloso en menoscabo del verdadero sentimiento religioso, contra la injusticia hecha al milagro auténtico, por sus ridículas e ilusas imitaciones caricaturescas. ("Supranormal ou Surnaturel?", Arthéme Fayard, París, 1959, págs. 122 y ss.)

En este sentido hemos de decir que todo hecho milagroso que admita la Santa Sede como acreditador de la santidad de un individuo debería tener como mínimo una característica: que, aparte de la mera originalidad del fenómeno, el milagro posea un contenido o mensaje que justifique o enriquezca la propia doctrina cristiana. En el caso de los milagros del propio Jesucristo vemos que éstos, a modo de parábolas vivas, nos hablan de misericordia, amor, perdón, comprensión, esperanza e inducen al atónito espectador de estos fenómenos a replantearse de nuevo su vida a la luz de los mismos.

¿Ocurre esto con los hechos "milagrosos" acontecidos a Escrivá de Balaguer? Analicemos algunos de ellos. Estudiemos los casos de precogniciones, en que el fundador anticipa acontecimientos futuros.

Para empezar, tenemos la precognición de la muerte de un tal señor Bermúdez en Burgos durante la guerra civil española. El tal señor Bermúdez afirmaba que un miembro del Opus Dei, Pedro Casciaro, era un agente venido de la zona roja para espiar secretos militares en el cuartel general de Orgaz, lo cual podría pagar con su vida. El fundador del Opus Dei se entrevistó con el señor Bermúdez para defender al acusado:

Ante lo inútil de súplicas y razonamientos el fundador bajó triste las escaleras; y, como absorto, se le oyó decir para sí: "Mañana o pasado, entierro." Esa misma tarde moría Bermúdez. (Vázquez de Prada, Andrés: "El fundador del Opus Dei", ediciones Rialp, 1983.)

En primer lugar queda abierta la posibilidad de que el fundador se refiriese con esa frase a su defendido Pedro Casciaro, prácticamente sentenciado a la pena capital, y no al señor Bermúdez. En segundo lugar es posible que el fundador apreciase la posible muerte del señor Bermúdez por heterescopía, que es el fenómeno por el cual una persona puede apreciar subconscientemente y, por una especial agudeza de los sentidos denominada hiperestesia, los síntomas externos de una enfermedad todavía normalmente imperceptibles (cfr. González Quevedo, Óscar: "El rostro oculto de la mente", capítulo 17, Editorial Sal Terrae). A propósito de esta posibilidad, recojo a continuación unas palabras de Ramos Perera Molina, primer profesor de parapsicología de la universidad española, concretamente de la Universidad Autónoma de Madrid:

Los dos casos que he conocido personalmente en España de premoniciones de muerte, cuya información percibían supuestamente los sujetos por vía olfativa, podrían ser explicados, quizá, por este sentido feromonal. Ambos dotados en varias ocasiones percibieron un olor característico que les indujo a pensar que la persona que tenían ante sí iba a morir en muy poco tiempo, hecho que fatalmente se produjo posteriormente. Aparte de la hipótesis de la percepción extrasensorial -en este supuesto el hecho olfativo sería una forma de recibir o decodificar una información para-normal-, en estos casos es posible atribuir el fenómeno a la hiperestesia olfativa. (Perera Molina, Ramos: "La nueva parapsicología. Introducción a la parapsicología científica", cap. II. Edición de Luis Fernández Briones. Editorial Noguer, colección "La otra realidad".)

Recojamos otro caso de precognición semejante, cuando el "hijo predilecto" de Escrivá se encontraba atravesando el frente en plena guerra civil:

Su intensa oración y mortificación obtuvo respuesta de Dios en un hecho que le colmó de gozo. La madre de Alvaro del Portillo se encontraba en Burgos y el fundador, por iluminación divina, le anunció tajantemente en octubre: "El día doce se pasa su hijo."

En este caso todos los indicios apuntan a una verdadera precognición. Pero aun así no hemos de atribuirla necesariamente a una iluminación divina. La inminencia de un peligro y los lazos afectivos en el emisor son, como vimos, causas coadyuvantes de una posible transmisión telepática.

Esta anécdota, además, es un claro exponente de la sugestión telepática de aproximación, en que el agente es la persona que se aproxima con la leve telebulia de pensar en el amigo o pariente a cuyo encuentro camina. Este fenómeno es tan común que ha sido recogido por los refranes de todos los pueblos: "falando do demo, xa esponta o rabo", "hablando del rey de Roma por la puerta asoma", "si murmuras de la comadreja, le verás la oreja", "quand on parle du loup, on en voit la queue", "speak of the devil and he will appear", "quando si parla del sole, il sole spunta", etc. (cfr. Oscar González Quevedo S. J.: "El rostro oculto de la mente", capítulo XXV, Editorial Sal Terrae).

La siguiente narración posee características muy similares a la anterior sobre el fundador de la Obra:

Un anciano de 84 años, el señor Saunders, era totalmente sordo. El día 8 de enero, a las 7.30 de la tarde, y a pesar de su enorme sordera, oyó nítidamente (por la acción de la percepción interna, alucinación sin fundamento externo normal) una voz que le decía: "Tom llega hoy." Tom estaba, durante la guerra, de soldado en Francia. La víspera de la alucinación el anciano había recibido una carta de Tom en la que le decía que le volvería a escribir enseguida. No era, pues, lógico esperar la llegada de Tom en persona. Pocas horas después de haber percibido el viejo la sugestión telepática auditiva, llegaba Tom. ("Journal of S. P. R., tomo XIX, págs. 30 y ss.)

Como hemos podido comprobar, este tipo de fenómenos precognitivos son muy comunes. El propio Papa Benedicto XIV se anticipó a las investigaciones parapsicológicas al concluir, en un estudio sobre los milagros, que los fenómenos precognitivos no son atributos de santidad, sino de personas normales o aun de débiles mentales a los que resulta difícil distinguir entre sus pensamientos y las visiones del futuro.

Continuando con la narración de hechos aparentemente milagrosos en la vida del fundador relatemos el que es quizás el más popular entre los socios:

En medio de ese ambiente, una jornada de sol esplendoroso, marchando a mediodía por la calle de Atocha, se le abalanzó un sujeto .de aviesa catadura con intención de agredirle. De improviso, se interpuso inexplicablemente otra persona que repelió al energúmeno. Fue cosa de un instante. Ya a salvo, su protector le dijo quedamente al oído: "Burrito sarnoso, burrito sarnoso", palabras que estaban reservadas en su vida interior y con ellas se definía a sí mismo. (Vázquez de Prada, Andrés: "El fundador del Opus Dei", Rialp, pág. 136.)

Lejos de pensar, como lo hacen los seguidores de Escrivá, que el aguerrido defensor era su propio ángel custodio (que le quiso defender del ataque de una encarnación del maligno) opino que todo aquello fue mucho más prosaico. Es conocido el anticlericalismo exacerbado que existió en España antes y después de la guerra civil. Pues bien, el ataque al fundador fue una más de las agresiones que recibían los sacerdotes en aquella coyuntura histórica. El que lo defendió no fue más que un normal transeúnte. Escrivá, aturdido por el agobiante calor y la emotividad del momento (lo que contribuyó a aumentar sus niveles de adrenalina, de suyo ya descompensados por la dureza de sus habituales penitencias y ayunos), sufrió una alucinación auditiva como la del anciano sordo del ejemplo anterior, confundiendo con una voz real la voz de su propio subconsciente.

Por último mencionaré la anécdota aparentemente milagrosa del fundador que es, a mi juicio, la más interesante y más digna de un serio estudio científico. Es la de su repentina curación de la diabetes, enfermedad considerada, hoy por hoy, incurable:

El caso más grave entre los diabéticos de la consulta del doctor Faelli era el del presidente general del Opus Dei... Y como, para prevenir infecciones, le prohibieron el uso irritante de disciplina y cilicios, se buscó una fusta lisa "para domar al potro", el caballo salvaje y la mula espantadiza que todos llevamos dentro.

En los viajes no tenía más remedio que cargar con su pequeño arsenal de botica. Antes de las comidas, don Álvaro pedía una habitación donde inyectarle insulina. Así fueron las cosas. Hasta que el doctor Carlo Faelli decidió intentar una variante en el tipo de medicación, prescribiéndole insulina retardada. Don Alvaro, que conocía perfectamente el tratamiento, las cantidades y su efecto, se ajustó a la nueva dosis. Todo marchó bien por dos o tres días, aunque el enfermo debió sensibilizarse con el cambio.

Un martes, cuando don Álvaro acababa de ponerle la inyección en el cuarto de Villa Tevere, bajaron ambos directamente al comedor. Estaban los dos solos sentados a la mesa, frente a frente. Y dejo aquí paso a la narración del testigo:

"De pronto el Padre me pidió:
"-Alvaro, dame la absolución.
"Yo le veía perfectamente bien y respondí:
"-Pero, Padre, ¿qué dice?
"-¡La absolución!

"Me quedé desconcertado, y el Padre comenzó a recitar en voz alta la fórmula, como para ayudarme:

"-Ego te absolvo...

"En ese momento perdió el sentido, y sucedió una cosa muy extraña... mudó instantáneamente de color: se puso al rojo vivo, después de color violáceo y por fin amarillo terroso. Y, sobre todo, se quedó como pequeñito, caído sobre un lado... Una cosa extrañísima."

Le dio don Alvaro la absolución. Avisó a escape a un médico y para contrarrestar los efectos de la insulina le introdujo azúcar en la boca. Cuando se presentó el médico, ya estaba recobrando el sentido. Estupendo desenlace, porque un shock anafiláctico de más de diez minutos suele ser mortal. Éste duró cerca del cuarto de hora... Pero lo más sorprendente de la historia es que, a partir de ese momento y fecha, se atajó en seco la enfermedad. Se hallaba totalmente curado... Y, desenfundado de la diabetes, volvió a coger las disciplinas... Con la curación bajó notablemente de peso. (Vázquez de Prada, Andrés: "El fundador del Opus Dei.")

Si nos desembarazamos de la idea de que la anterior curación es un fenómeno sobrenatural, y por tanto milagroso, cosa que, como es obvio, no han hecho los médicos pertenecientes al Opus Dei, que con toda seguridad han leído fervorosamente este relato, podemos encontrarnos ante un acontecimiento que podría iluminar las mentes de muchos científicos ávidos de encontrar una solución satisfactoria para la llamada enfermedad dulce.

Ante el anterior fenómeno surge una obligada pregunta: ¿en qué se diferenciaba el fundador del Opus Dei del resto de los diabéticos para que él pudiese superar esta enfermedad mientras los demás no? ¿Qué hábitos o costumbres podrían motivar esta diferencia? Pienso que el propio lector estaría en condiciones de contestar a esta pregunta tras haber leído los capítulos precedentes. A mi parecer, la mayor diferencia que le separaba de los demás diabéticos era la costumbre de someter su cuerpo a auténticas torturas a través de flagelaciones periódicas, ayunos, etc., lo cual produce en el organismo un estrés prácticamente continuado. En este sentido se me ocurrió estudiar las investigaciones de Selye en relación con el estrés y el llamado síndrome general de adaptación al estrés (S.G.A.) en su ya clásico tratado "Fisiología y patología de la exposición al estrés". Según Selye, cuando se produce una exposición súbita del organismo a estímulos a los que no está adaptado aparece en él la llamada reacción de alarma caracterizada, entre otras cosas, por un incremento de los niveles de adrenalina y glucosa en la sangre, segregación de ácido ascórbico por parte de la corteza suprarrenal, aumento de la frecuencia cardiaca, del tono vasomotor, y de la capacidad respiratoria, mayor eficacia de los procesos de coagulación, etc. Esta reacción es rápida, temporal y pasajera, por lo cual se convierte en insuficiente cuando los estímulos desencadenantes persisten, estímulos que en el caso de Escrivá de Balaguer eran prácticamente constantes por la continua mortificación. La fugacidad de esta reacción es beneficiosa para el individuo y para la especie, pues evita el mantenimiento de una respuesta que consume gran energía cuando la situación no lo requiere. Debido a esto, el organismo utiliza otro sistema cuando precisa de respuestas a "largo plazo", encargándose de ello la corteza adrenal mediante la "secreción de glucocorticoides" controlada por la adenohipófisis mediante la producción de hormona adrenocortieotropa, también conocida por ACTH. Según Selye:

Hay abundantes pruebas indicadoras de la importancia fundamental de la corteza suprarrenal en el complejo metabólico de la diabetes mellitus. (Selye, Hans: "Fisiología y patología de la exposición al estrés". Editorial Científico Médica, 1954, tomo 1, pág. 539.)

Estos glucocorticoides estimulan la producción de glucosa a partir de las reservas proteicas y quizás adiposas del organismo. "Para contrarrestar este efecto de hiperglucemia (y aquí comienza lo que nos interesa en relación con la curación de la diabetes del fundador), "el páncreas es vivamente solicitado para que incremente su producción de insulina", la cual contribuirá a que la glucosa se almacene en forma de glucógeno en el hígado y en los músculos. Mediante esta reserva de glucógeno el organismo podrá hacer frente a un estrés continuado. En realidad ambos fenómenos, el aumento de la glucemia debido a la secreción de glucocorticoides junto con la mayor secreción insulínica por parte del páncreas, son consecuencia directa de la estimulación del sistema nervioso. Según Selye:

Bajo la influencia del "estrés" sistemático, se estimulan los sistemas nerviosos simpático y parasimpático; el primero tiende a elevar el azúcar de la sangre (acciones de la adrenalina y simpatina), y el segundo a disminuirla (acción vago-insulínica). (Selye, Hans: "Fisiología y patología de la exposición al estrés". Editorial Científico Médica, 1954, tomo 1, pág. 203.)

Al igual que cuando una persona sufre un accidente en un miembro ha de realizar ejercicios de rehabilitación para que ese órgano vuelva a funcionar, de la misma forma si el páncreas, tras su disfunción, no es solicitado, termina atrofiándose. Y esto es lo que sucede cuando al organismo se le suministra insulina externamente. Está científicamente demostrado que el tratamiento prolongado con insulina causa una atrofia compensadora de los islotes de Langerhans en el páncreas y especialmente de sus células beta productoras de insulina. Por el contrario, en experimentos con ratas se ha demostrado que "la cantidad de tejido insular y de insulina en el páncreas aumenta cuando se les inyectan extractos de adenohipófisis, que, como vimos, es la productora de la hormona ACTH durante el estrés continuado" (cfr. Selye, Hans: "Endocrinología", Salvat Editores, pág. 621). A pesar de estos resultados se observó que si el tratamiento duraba largo tiempo, el páncreas, al ser excesivamente solicitado, también se atrofiaba, pero esta vez por agotamiento. Esto no sucedería si la administración externa de extractos se adecuase a las necesidades del organismo en cada momento. Por eso es muy probable que este último requerimiento se cumpla cuando es el propio organismo el que regula el suministro de estos compuestos durante el síndrome general de adaptación al estrés.

Bajo esta perspectiva podemos interpretar fácilmente la curación de la diabetes de Escrivá. En su caso, la frecuente mortificación incitaba continuamente al páncreas a producir insulina, de manera que aunque ésta se le suministrase externamente nunca se llegaba a producir la consabida atrofia por hipofunción. Todo lo contrario, "el estrés continuado al que Escrivá sometía su cuerpo era un constante estímulo para el páncreas, que paulatinamente fue recuperando su funcionalidad". Cuando, prácticamente ya curado de su enfermedad, se le suministró insulina retardada, con un efecto más prolongado en el organismo (la cual se sumó a la que éste producía ya de por sí), entonces sus niveles de glucemia bajaron de forma alarmante produciendo la inanición del tejido nervioso, el cual se nutre casi enteramente de glucosa, ocurriendo el referido shock anafiláctico. La consiguiente normalización del mecanismo que regula el trasvase de glucosa a glucógeno en el hígado, junto con la reanudación de actividades ascéticas especialmente ingratas, condujo a que el fundador experimentase una notable pérdida de peso, como se refiere en el anterior relato. Aunque el permanente "estrés" al que Escrivá se sometía habitualmente pudo tener un papel importante en la curación de su diabetes, sin embargo también es muy probable que fuese el desencadenante de su prematuro fallecimiento por una dolencia cardíaca. En este sentido he observado, aunque por ahora no puedo aportar estadísticas, que las enfermedades cardiovasculares son demasiado frecuentes entre los socios del Opus Dei como para pensar que responden a la mera casualidad. En cualquier caso es evidente que la mayoría de los numerarios del Opus Dei se caracterizan, a causa de su estilo de vida, por un patrón de comportamiento conocido en psicología como tipo A. Este patrón de comportamiento se caracteriza por competitividad, necesidad de logro, impaciencia, inquietud, tensión de la musculatura facial, sensación de estar constantemente presionado por el tiempo, propensión a valorar los acontecimientos como retos personales, etc. Los individuos que pertenecen al tipo A tienen una probabilidad seis veces superior a la de un sujeto normal de sufrir arterosclerosis y dolencias cardiovasculares, como demuestran los resultados de las numerosas investigaciones sobre este tema (Friedman y Rosenman, 1974; Glass, 1977; Weiss, Shields, Haynes y Fienbleib, 1978; Price, 1982; Matthews y Haines, 1986; Dembroski y Blümchen, 1986, etc.). Como la mayoría de los numerarios, por el estilo de vida que llevan, encajan en este patrón de conducta, podríamos adelantar que la probabilidad de problemas cardíacos en los numerarios del Opus Dei es varias veces superior a la de los individuos normales.

Retomando el tema de la curación de Escrivá diremos que, aparte de los factores antes mencionados, seguramente concurrieron otros que la facilitaron. En primer lugar, "durante el estrés continuado la producción de glucocorticoides hace que el sistema inmunológico y linfático sufra una clara involución". Si tenemos en cuenta que durante la diabetes las células beta del páncreas son destruidas de forma lenta pero irrefrenable por el propio sistema inmunológico del diabético, entonces comprenderemos cómo el estrés continuado y la producción, durante el mismo, de glucocorticoides frena esta destrucción de las células productoras de insulina. De hecho, actualmente en el departamento de endocrinología y metabolismo de la clínica de la universidad de Navarra dependiente del propio Opus Dei se está investigando un posible tratamiento mediante inmunosupresores para curar la diabetes infantil y juvenil.

Otro factor coadyuvante que, teniendo lugar durante el estrés, facilitaría la remisión de la diabetes es la "expulsión por parte de la corteza suprarrenal de su contenido de ácido ascórbico", comúnmente conocido como vitamina C. Dice y Daniel informaron que por cada gramo de ácido ascórbico-L ingerido por vía oral, la cantidad de insulina necesaria se podría reducir en dos unidades. (Dice, J. F. y Daniel, C. W.: "The Hipoglucemic Effect of Ascorbic Acid in a Juvenileonset Diabetic", International Research Communicatjon System, 1973, 1, pág. 41.)

Como hemos visto, el análisis serio de un fenómeno aparentemente milagroso puede ser el germen de interesantísimas investigaciones. En nuestro caso es posible que una dosificación adecuadada de insulina junto con extractos hipofisarios pueda conducir a un nuevo tipo de tratamiento de la llamada enfermedad dulce.

Tras esta explicación acerca de uno de los supuestos acontecimientos milagrosos en la vida de Escrivá de Balaguer, hagamos unas reflexiones generales acerca de los mismos.

a) Todos ellos son explicables por causas naturales.

b) Ninguna de ellos encierra ningún mensaje o enseñanza que sirva de ilustración a la comunidad cristiana.

c) En algunos casos cabe la posibilidad de que los aparentes hechos milagrosos del fundador estén distorsionados o exagerados por sus propios seguidores. A este respecto recojo el testimonio de una ex numeraria del Opus Dei:

Cuando murió el fundador, monseñor Escrivá, se creó inmediatamente una Oficina Histórica. Tenía la función de recoger los testimonios escritos de las personas que habían tenido contacto directo con el Padre. Como yo sabía escribir a máquina, me dijeron que fuera a ayudar en ese cometido. Tenía que pasar a limpio las anécdotas que se recibían. Lo que más me llamó la atención fue que, según iban llegando esas anécdotas, un grupo pequeño de numerarias "mayores" las iban corrigiendo y transcribiendo a su manera, de forma que el Padre y el espíritu de la Obra siempre quedaran bien. Si la anécdota no era muy edificante, porque, por ejemplo, había contestado mal a algunas de sus hijas, se le daba la vuelta, y la que había actuado mal había sido, por supuesto, la numeraria. De tal testimonio auténtico a lo que quedaba después del "retoque" había un abismo. Así se empezó a escribir la historia de la Obra y del Padre. Así ha llegado a la puerta de los altares. Todo lo negativo desapareció. La historia de la Obra se ha escrito con bastante imaginación y con no poca manipulación. Con tal de dejar al Padre en buen lugar, no importaba mentir ni trastocar los hechos. Yo he sido testigo de ello y nadie podrá demostrarme lo contrario. (Marie Claire, n.0 2, "La historia amarga de una numeraria del Opus Dei".)

d) Todos estos supuestos milagros inducen al joven adolescente, que todavía no ha desarrollado la suficiente capacidad de crítica, a creer que la Obra goza del beneplácito divino. Esto le lleva a suponer, equivocadamente, que Dios expresa su voluntad a través de la institución y de sus miembros, con lo que, lisa y llanamente, se abandona en sus manos.