Hijos en el Opus Dei/Correcciones y correctivos

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HIJOS EN EL OPUS DEI


CORRECCIONES Y CORRECTIVOS


Pero cuando Cefas fue a Antioquía le eché en cara que se había hecho reprensible. (Carta de San Pablo a los Gálatas, 2, 11)

La cita anterior refleja cómo Pablo de Tarso corrige abiertamente a san Pedro, el primer papa de la Iglesia. Esta corrección fraterna no nos debe extrañar. Al igual que en los partidos políticos, empresas, etc., la crítica interna es un mecanismo de evolución de estas instituciones, el cuerpo de Cristo que es la Iglesia también se perfecciona a través de esta autocrítica. Más aún, es obligación de todo cristiano el corregir al hermano y casi un deber el hacerlo con un sacerdote, obispo e, incluso, como hemos visto, con la propia cabeza visible de la Iglesia:

Si pecare tu hermano contra ti, ve y repréndele a solas. Si te escucha habrás ganado a tu hermano. (San Mateo, 18, 15.)

Como ya vimos, en el Opus Dei existe la llamada corrección fraterna, que consiste precisamente en corregir al socio que a nuestro juicio haya cometido algún tipo de falta. Hasta ahí la cosa va bien. Pero cuando se exige a todos los socios el hacer al menos cinco correcciones fraternas diarias de las que hay que dar cuenta previamente al director del centro, y se prohíbe expresamente la crítica institucional o al superior, nos encontramos ante una situación propia de la conocida novela de George Orwell "1984", en que los protagonistas vivían en un estresante estado policial de permanente vigilancia de los unos para con los otros. Por otra parte, el fomentar la crítica horizontal como método coercitivo, únicamente en la base de la pirámide de una institución, mientras se impide el mínimo comentario al superior o crítica vertical, es una de las características más representativas de las organizaciones sectarias que utilizan esta estrategia para afianzar más su lavado de cerebro. En palabras del fundador de la Obra:

¿Quién eres tú para juzgar el acierto del superior? ¿No ves que él tiene más elementos de juicio que tú; más experiencia; más rectos, sabios y desapasionados consejeros; y, sobre todo, más gracia, una gracia especial, gracia de estado, que es luz y ayuda poderosa de Dios? (Camino, punto 457.)

Si con estas "piadosas" razones se pretende silenciar a los elementos críticos de dentro de la institución, ¿con qué otras se acallarán las voces que provienen de fuera: de periodistas, ex numerarios, escritores..., de aquellas personas que pueden amenazar con socavar el "prestigio" de la institución que, como ya mencionamos, era para el fundador el verdadero "anzuelo de pescador de hombres"?

En estos casos la "santa intransigencia" y la "santa coacción" a las que invita Escrivá de Balaguer en el punto 398 de Camino constituyen la norma clara de conducta para sus seguidores:

En enero de 1961, en la Facultad de Derecho de Barcelona, un violento incidente enfrentó a los estudiantes del Opus Dei con sus camaradas. El 23 de enero se celebraba la fiesta de San Raimundo de Peñafort, patrono de los juristas. Los estudiantes montan tradicionalmente una ópera bufa llena de alusiones. Este año aludían sobre todo al Opus Dei y a los privilegios de que gozan sus miembros dentro de la enseñanza. Los estudiantes del Opus hicieron irrupción sobre el escenario y lo destruyeron todo. Éste fue un buen escándalo: huelga de estudiantes, se abre una investigación, se nombra un dictaminador cuyo nombre se discute, etc.

Poco tiempo después un monje encontró a uno de los veinticinco estudiantes del Opus que habían cometido esta agresión y le preguntó por qué habían procedido de esta manera. Este le respondió: Si alguien ofende a vuestra madre, ¿no la defenderíais? Para nosotros esto es lo que ha sucedido. Para nosotros la Obra es nuestra madre. (Yvon le Vaillant: "La Santa Mafia. El expediente secreto del Opus Dei", Edamex, México, 1985.)

Si bien la actitud de los estudiantes del anterior relato podría, para algunos, estar excusada al catalogarla como una acción visceral y no premeditada, éste no es el caso de los incontables testimonios de ex numerarios, periodistas y escritores que han soportado la difamación más vejatoria, ni el caso de aquellos otros para los cuales la recepción de anónimos con la amenaza velada de perder su puesto de trabajo ha sido el sainete continuo desde esa ocasión en que escribieron aquel inocente o no tan inocente artículo sobre el Opus, ni tampoco el de aquellos que han visto impedido su acceso a determinados cargos públicos o privados porque prestaron su voz o sus declaraciones a tal o cual revista "sensacionalista".

En este sentido, Pepe Rodríguez comenta en su libro "El poder de las sectas":

Son ya muchas las denuncias públicas, avaladas por la credibilidad y/o pruebas de sus autores, que sitúan al Opus Dei, a sus hombres, en el eje de campañas de persecución en contra de sus ex afiliados de cierto peso. De esta forma, desde los infinitos resortes que los obedientes hombres del Opus Dei controlan en la sociedad, se ha llegado a arruinar vidas y carreras profesionales de algunos de los tránsfugas de la Obra que han mostrado excesiva locuacidad. Cualquiera que investigue los aledaños del Opus se encuentra siempre con una constante claramente verbalizada: el miedo a hablar. (Pepe Rodríguez: "El poder de las sectas", Ediciones B, 1 edición. Barcelona, 1989, pág. 75.)

Son tan prolijos estos casos que me limitaré a transcribir a continuación algunos de ellos que han sido publicados en la prensa o en otros libros sobre la institución. Para empezar citemos el caso de la secretaria del propio Escrivá, María del Carmen Tapia:

En 1966 se me envió desde Venezuela a Roma y fui sometida durante ocho meses a un virtual arresto domiciliario en la oficina principal del Opus Dei en Roma. Nunca se me dijo claramente qué crimen había cometido, pero aparentemente, y como directora de la sección femenina en Venezuela, yo había dañado la "unidad" del Opus Dei al promover una considerable lealtad hacia otros socios de allí, incluidos algunos sacerdotes. Se me vigilaba constantemente, impidiéndome llamar por teléfono o escribir cartas, siendo interrogada regularmente por mi directora y varios sacerdotes, además de aplicárseme sutilmente frecuentes correctivos. Se realizaba un esfuerzo continuado para que admitiese ser culpable y desembocase en un estado de remordimiento. Mi cabello se volvió blanco (entonces tenía cuarenta y un años); empecé a gritar por las noches, a adelgazar y a tener arcadas. Rehusé admitir ninguna culpabilidad.

Mientras estaba allí, persuadí a una de las numerarias auxiliares, una querida amiga mía, a abrir un apartado de correos privado para enviar y recoger mi correspondencia. Esto se descubrió casualmente y el fundador, furioso, nos llamó a las dos ante él. Mi amiga rehusó decirle mi apartado de correos. Me dijo que yo estaba en un estado de pecado mortal porque no había revelado el número de mi apartado de correos. Entonces se me obligó a salir del Opus Dei. Poco antes de que dimitiese me obligaron a confesarme y el padre Joaquín Alanzo me dijo que aunque pasase toda una vida purgando mis pecados no obtendría la salvación. Posteriormente, un sacerdote del Opus Dei vino a exorcizarme pues se le había dicho que yo había tenido dos abortos y estaba poseída. (Testimonio de María del Carmen Tapia al Dr. John Roche. Más información sobre este incidente en el libro "Tras el umbral. Una vida en el Opus Dei", María del Carmen Tapia. Ediciones B, 1992.)

También mencionaremos el caso "sangrante" de la asturiana Covadonga Carcedo G. Roces, que manifestó en una carta a la revista "Tiempo":

Gracias por su valentía y por los reportajes del Opus Dei. La información que están dando es valiosa, necesaria y constructiva. Pueden y deben estar orgullosos de lo que están haciendo. No tengo miedo. Somos muchos y muchas los que hemos sido amenazados por anónimos y llamadas telefónicas.

A mí me han dicho que "me van a desaparecer", que van a "regar las calles de Oviedo con mi sangre", pero todo lo hacen cobardemente, con la falta de valentía que nace de la verdad y de la honradez, no de los beneficios. Tengo una querella contra el Opus Dei por estafa, pero es difícil que prospere al tener en cuenta su influencia en el poder judicial. ("Tiempo", 21 de julio de 1986, pág. 4.)

Citaremos asimismo el caso "magnetofónico" del irlandés Kevin Mahon, que trabaja como médico en uno de los principales hospitales de Dublín y que ha sido un franco oponente del Opus Dei y de sus métodos de reclutamiento durante muchos años:

A comienzos de 1982 un sacerdote que decía ser miembro del Opus Dei me visitó en el hospital en el que estaba trabajando. Él afirmaba que sabía que yo era el responsable de un artículo que apareció sobre el Opus Dei en uno de los periódicos dominicales, además de una serie de escritos que se oponían al Opus Dei y que fueron remitidos por correo a varios despachos de los médicos del hospital. Él me manifestó que todo quedaría olvidado si cesaba de criticar al Opus Dei, pero que si volvía a realizar alguna crítica mis jefes serían informados, sería despedido y se impediría que alguien intentase darme un empleo. Ellos también pretendían hacerme creer que los miembros más antiguos de la profesión médica eran miembros del Opus Dei. Ahora sé que tal afirmación es falsa. Sin embargo, estaba enterado de que el Opus Dei estaba haciendo un gran esfuerzo en reclutar jóvenes estudiantes de medicina, principalmente de la U.G.C., y al haber trabajado previamente en el oeste de Irlanda conocía a algunos estudiantes que consideraba que estaban en una especial situación de peligro. Yo también tenía el completo respaldo de un conjunto de padres y de la familia de otra asociada, los cuales estaban sumamente desconcertados porque lo que ellos creían que era una institución católica los había separado radicalmente de su hija.

Yo también había remitido por correo lo que consideraba que era información exacta sobre el Opus Dei, que acababa de obtener del doctor John Roche y de un psicólogo de Liverpool cuya hija había sido capturada por la organización.

Pocos días después de haber enviado estos documentos recibí una llamada telefónica del mismo sacerdote del Opus Dei diciendo que me quería ver. La llamada fue bastante desagradable y contenía amenazas veladas de naturaleza imprecisa. Yo quedé en verle aquella tarde en el hospital. Sin embargo, como estaba algo preocupado sobre lo que pudiera acaecer en aquella reunión, me puse en contacto con un policía cuya hija había sido reclutada sin él saberlo ni consentirlo. Me aconsejó que grabase la conversación con un magnetófono oculto y, que si me amenazaban o usaban conmigo la fuerza, avisara a la policía. También intenté ponerme en contacto con mi sindicato, la Organización Médica Irlandesa, para avisarles, pero me fue imposible.

Nada más llegar, mi "invitado" dio muestras de estar agresivo y excitado. Le conduje a la habitación que había preparado al efecto y empezamos la conversación. Mi visitante me dijo que no venía a entablar un debate ni una discusión sobre el tema, sino a advertirme de las consecuencias de mi comportamiento. Mi trabajo estaba definitivamente acabado. La totalidad de la institución médica había sido informada de mis acciones. Jamás encontraría un empleo y el Opus Dei estudiaría la manera de retirar mi nombre del registro de los médicos. Corno resultado, jamás podría practicar la medicina en ninguna parte del mundo. Además se informaría a mi familia de mi deshonrosa situación. Estaba a punto de ser demandado y me pasaría la vida pagando pesadas facturas legales. Mi salud estaría en peligro (no especificó cómo). Dijo que mi acción era ineficaz porque nada podría dañar al Opus Dei o impedir que la organización creciera. Sin embargo, en ese momento mi magnetófono produjo un chasquido un poco alto al finalizar una de las caras. Mi visitante se enfadó muchísimo. Empujó la mesa donde estaba escondida la grabadora e intentó sacar el casete. Intenté evitarlo y aquello se convirtió en una auténtica pelea que duró un par de minutos. Desafortunadamente tuvo éxito en quitarme el magnetófono y retirar la cinta. Cuando descubrió cerillas en una mesa cercana intentó quemar la cinta, pero sólo se derritieron algunas zonas. Finalmente la rompió en trozos más pequeños y la tiró a un cesto de papeles. Cuando mi "invitado" partió me dijo que no había esperanza para mi ni en esta vida ni en la próxima y que, de hecho, me había excomulgado a mí mismo de la Iglesia. Cuando se fue recuperé la cinta y, con la ayuda de algunos amigos, intenté arreglarla. Intento que fue tan sólo parcialmente satisfactorio.

Durante los siguientes años recibí varias llamadas de teléfono anónimas y hostiles relativas a mis críticas acerca del Opus Dei. Mis padres también recibieron llamadas. No sé quién sería el que las realizaba, aunque todas ellas hacían referencia al Opus Dei y decían que difícilmente podría salvarme. Las llamadas comenzaron a ser más frecuentes en torno a mayo de 1983, en que se publicó la investigación realizada por la revista "Magill". Poco tiempo después volví a ser visitado por el Opus Dei... (Fergal Bowers: "The Work. An Investigation into the History of Opus Dei and how it operates in Ireland Today, Poolbeg Press Ltd., 1989, págs. 65-67.)

Es llamativo el hecho de que son los propios sacerdotes del Opus Dei los que se encargan de realizar la labor sucia cuando se trata de ejercer una presión moral y psicológica sobre un ex miembro, y más aún cuando éste da una opinión poco favorable sobre la institución.

Otro relato de similares características al anterior, con magnetófono y todo, es el de María Angustias Moreno Cereijo:

En diciembre del 76 publiqué un libro titulado "El Opus Dei. Anexo a una historia", cuyo contenido he ido comentando, o lo han hecho las cartas que han salido a colación. En enero del 77 publica la prensa (Diario de Barcelona) una carta en la que veintitantas personas, antes pertenecientes a la Obra, se solidarizan con dicho contenido. Carta que siguió saltando a la opinión pública en distintas revistas nacionales durante los meses posteriores. El 27 de abril del mismo año, y en menos de una semana, seis sacerdotes del Opus Dei: dos en Madrid (don Emilio Navarro Rubio y don Juan García Llovet), dos en Barcelona (don Benito Badrinas Amat y don Severino Monzón) y dos en Andalucía (don Ernesto Peñacoba Muñoz-Chapuli y don Antonio del Val), todos ellos con años, muchos años, de vuelo en la institución, en la cual han desempeñado y desempeñan cargos de responsabilidad, previa cita con carácter urgente y para una visita rápida (así lo fueron advirtiendo a las interesadas), recorrieron las casas de una serie de personas firmantes de la carta antes mencionada. Se trataba de que yo era persona peligrosa, y se consideraban en el deber de advertirlas contra mí...

No voy a ser yo la que lo cuente, lo van a contar ellas, cada una. Como cada una, luego, localizando mi teléfono (algunas de ellas a través de la editorial), me fueron llamando para ofrecerme su ayuda. Aproveché para pedirles una redacción de lo ocurrido, lo más exacta posible, legitimada ante notario.

Para mayor brevedad, de las siete narraciones publicadas por María Angustias Moreno sólo recojo la siguiente, la de A.M.C.:

El pasado 27 de abril, miércoles, sobre las 17.15, el telefonista de mi empresa me llamó para comunicarme que tenía una llamada exterior de don Benito Badrinas Amat, a quien yo conocía como sacerdote del Opus Dei, el cual deseaba hablar conmigo. Dado que mi relación personal con dicho sacerdote había sido -y es- nula, indiqué al telefonista que le interrogara sobre si deseaba tratar algún asunto comercial; contestó que no, que era un asunto personal. Ante esa respuesta, me negué a que el telefonista me pasara la comunicación, indicándole que respondiera a don Benito Badrinas Amat que tengo por norma no atender llamadas personales en mis horas de trabajo.

A las 21 horas de ese mismo día don Benito Badrinas llamó por teléfono al domicilio de mi madre y preguntó por mí. Mi madre le contestó que yo acababa de salir de su casa y añadió que si deseaba hablar conmigo, me localizaría mejor en mi despacho. Por cierto, ignoro cómo consiguió don Benito Badrinas mi teléfono profesional y el de mi domicilio familiar, pues yo no se los he dado nunca.

Sobre las 10.30 horas del 28 de abril, el telefonista de mi empresa me comunicó que tenía nuevamente una llamada de don Benito Badrinas para mí. Ante tanta insistencia, accedí a que me pasara la comunicación. Don Benito Badrinas me pidió si podía recibirle aquella mañana. Contesté afirmativamente y quedé citada con él para las 11.30.

A esa hora mi secretaria, Elena de Diego Oriol, me avisó de que habían llegado dos sacerdotes, uno vestido de clergyman y el otro con sotana, y que habían dicho que yo los esperaba. Me extrañó que vinieran dos personas, pues yo sólo había citado a don Benito Badrinas. Mientras ellos esperaban en la sala de visitas, conecté en presencia de mi secretaria el magnetófono que tenía en mi despacho y le pedí que dijera algo para comprobar el funcionamiento del mismo. Hecho esto, y ya con la grabación en marcha, le indiqué que hiciera pasar a mis visitantes, a los cuales, previamente, mi secretaria había preguntado sus nombres. Sólo dio su nombre don Benito Badrinas.

Mi despacho tiene un amplio ventanal de cristal transparente que comunica con otro despacho más amplio donde trabajan varias personas. Allí se encontraban a petición mía mi hermano, F. J. C. J., y uno de mis colaboradores, P. M. A. Ellos fueron testigos de la entrada de esos dos sacerdotes y de su entrevista conmigo, si bien no escucharon el diálogo, pues la puerta de comunicación entre ambos despachos estaba cerrada.

Los sacerdotes que se entrevistaron conmigo fueron don Benito Badrinas Amat, sacerdote numerario del Opus Dei, antiguo rector de la iglesia de Santa María de Montealegre de Barcelona, y que en la actualidad trabaja en los trámites del proceso de beatificación de don Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, y don Severino Monzó Romualdo, sacerdote numerario del Opus Dei, que era, en los últimos años de mi pertenencia a dicho instituto secular, sacerdote secretario de la delegación del Opus Dei en Barcelona. Por razón del cargo que ocupaba, don Severino Monzó era superior interno mío, con autoridad real y moral sobre mi persona. Ignoro si sigue ocupando actualmente dicho cargo.

Resumo a continuación la entrevista que sostuve con ellos: en primer lugar, manifesté mi extrañeza por el hecho de que se presentaran dos personas, cuando yo sólo había quedado citada con una, y les indiqué la conveniencia de llamar a otra persona más para que fuera mi testigo. Me dijeron que no tuviera ningún miedo, que sólo venían a darme información, y que yo, si así lo quería, podía no decir nada.

Seguidamente les pregunté el motivo de su visita. Don Benito Badrinas, con voz bastante entrecortada, me repitió que yo no necesitaba decir nada, que no pretendían de mí ningún cambio de conducta ni rectificación. Le pregunté si podía actuar según mi conciencia, y él me contestó que eso era lo que él quería pedirme. Le respondí que ya actuaba así.

A continuación, y siempre en este estilo entrecortado y confuso, se refirió a "esas cosas que habéis hecho". Le pregunté qué cosas eran ésas, y él me contestó que publicar una carta, que yo también había firmado. Le recordé que yo era la primera firmante de la misma. Don Benito Badrinas siguió diciendo entonces que con esa carta les habíamos hecho daño, que "posiblemente era lo que se pretendía". Le aseguré que no habíamos pretendido hacer daño a nadie, sino dar un testimonio de justicia y de verdad. Se refirió entonces, quejoso, al hecho de sacarlos en la prensa, públicamente, cuando yo sabía que ellos jamás utilizarían nada de nadie, que "absolutamente nunca nosotros diremos nada de ti" (esta última frase me produjo cierta hilaridad interna, pues me consta lo contrario).

Volvió a referirse a la carta y dijo que la encontraba muy genérica. Yo la saqué de uno de los cajones de mi mesa y le leí los párrafos en los que corroboramos con nuestra experiencia "los complicados entresijos de esta asociación -el Opus Dei-, su autoritarismo llevado a extremos aniquiladores de la personalidad, su radical integrismo religioso". Don Severino Monzó intervino por primera vez en la conversación y dijo que esto era muy vago. Le contesté que eran cuestiones de fondo. No insistieron en el tema, quizá fuera que los convencí...

Don Benito Badrinas volvió a repetirme entonces que les habíamos hecho daño, y yo me reafirmé en mi postura de que decir la verdad nunca es hacer daño a nadie. Me insistió en que lo pensáramos bien. Respondí que pensado estaba, que la carta no era una improvisación, sino una cosa muy meditada. Se refirió entonces a las posturas de las personas firmantes, y dijo que era dudoso que todas pensáramos del mismo modo. Le hice ver que él mismo podría comprobar, si hablaba con ellas, que ninguna firmó con inconsciencia, engaño o desconocimiento. Ante esta respuesta me contestó que él no iba a preguntar a las personas por qué habían firmado, y que eso tampoco le interesaba. He de decir que sus palabras, entrecortadas y deshilvanadas, me iban dejando cada vez más sorprendida. Daba la impresión de estar muy nervioso.

Seguidamente me dijo que en la carta había una serie de cosas evidentemente peyorativas, y que si él supiera algo de mi vida -"que no sé nada", se apresuró a añadir- no andaría publicándolo. Y dijo textualmente esta frase: "Sí sabemos de otras personas, o sea, quiero decir, sabemos, pero vamos, sin entrar en detalles, por ejemplo, que María Angustias no tuvo, es decir una actuación, ¡hombre!, moralmente... y los motivos de salida, pues moralmente no son los motivos de salida, es decir que como pueden ser los tuyos, es decir un problema que esto no es lo mío y me voy."

Le pregunté qué pretendía decirme con eso. Respondió: "¡Hombre!, quiero decir... ya te puedes imaginar.., bueno, moralmente quiere decir que ella, a pesar de que después en el libro, eh, con una exageración a que se guarden unas precauciones en una serie de cosas en las que ella cayó. ¿Comprendes?"

Le confesé que no entendía nada; que me dijera a qué página del libro se refería. Me contestó que no se refería al libro, sino a la vida suya; que ella en el libro hablaba de la guarda de la castidad de manera que a los ojos del público quedaba como algo peyorativo, siendo así que era natural que se guardaran una serie de precauciones. Y que, además de eso, lo escribía "una persona que, a pesar de esas precauciones, no ha vivido bien la castidad".

Le interrogué sobre qué quería decir no vivir bien la castidad. Me contestó: "Bueno, pues que ha tenido relaciones con otras chicas."

Dirigiéndome entonces a don Benito Badrinas y a don Severino Monzó les pregunté: "¿Eso les consta?" Don Benito Badrinas dijo: "Sí." Don Severino Monzó añadió: "Hay una documentación bastante abundante..." Don Benito Badrinas concluyó: "¡Hombre! No todo debía ser acostarse con otras chicas."

Ante la gravedad de estas palabras, les pedí si podían asegurarme bajo juramento lo que acababan de decirme. Don Benito Badrinas pronunció un sí en voz bastante baja, pero perfectamente audible. Seguí insistiendo: "Aquí delante, ahora mismo." Entonces ambos se pusieron muy nerviosos y empezaron a hablar al mismo tiempo, quitándose la palabra el uno al otro. Dijeron que no lo hacían en sentido de acusación, sino sólo por información.

Yo estaba muy indignada por dentro, pues no entendía cómo dos sacerdotes, demostrando a las claras su condición de tales, y de los que me constaba su pertenencia al Opus Dei, podían pronunciar las palabras que yo acababa de escuchar. Por eso insistí que les pedía, como sacerdotes, que se comprometieran bajo su palabra delante de Dios de que lo que acababan de decirme de María Angustias Moreno era cierto. Don Benito Badrinas pronunció nuevamente "sí" en voz baja, pero audible. Repetí nuevamente: "¿Se comprometen bajo juramento?" Don Severino Monzó insistió en que no se trataba de ninguna acusación.

Les pedí pruebas, les pedí detalles. Muy nerviosos, repitieron que no se trataba de ninguna acusación, que no querían entrar en detalles, que era exclusivamente para que yo lo supiera.

Seguidamente don Benito Badrinas dijo: "Este tema, en el momento preciso, se comentará". Yo exclamé: "Entonces ustedes están dispuestos a..." Don Benito Badrinas acabó la frase diciendo: "Utilizarlo."

Les pregunté si a utilizarlo públicamente, y me contestó que públicamente no. Le interrogué entonces si lo iban a decir "privadamente" a mil, a dos mil, a sesenta mil personas. Me contestó que no, que de momento sólo lo iban a decir a las personas que nos habíamos solidarizado con esto. Les dije que me constaba que había cooperadoras que lo iban diciendo por ahí. Respondieron que no lo creían, que no dudaban de mi palabra pero que se trataría de personas que lo habían averiguado por su cuenta. Insistí: "¿Una cooperadora del Opus Dei?" Don Benito Badrinas me dijo que esto no podría ser, porque, entre otras cosas, la documentación a que se refería se tenía desde hacía muy pocos días, porque había costado mucho reunirlo todo.

Refiriéndome a la documentación le pregunté si tenía testigos, si tenía chicas que dijeran que se habían acostado con María Angustias Moreno. Dijo que no quería entrar en detalles. Insistí: ¿Tienen datos de hechos concretos? ¿O son deseos, suposiciones o imaginaciones?" Me contestó: "Hechos concretos."

"¿Hechos concretos? ¿Y la han tenido durante catorce años siempre en cargos de gobierno y de formación de otras personas?" Me contestó don Severino Monzó que no se sabía. Le manifesté mi extrañeza por "tamaña" ignorancia, pues las tendencias homosexuales se pueden detectar con facilidad. Nuevamente don Severino Monzó me respondió que en este caso no aparecieron hasta ahora. Les pregunté si las habían descubierto ahora (cuando han pasado ya más de cuatro años de su salida del Opus Dei) porque espontáneamente la gente lo ha dicho o bien si se había fomentado que se dijera. Don Benito Badrinas me respondió entonces que eso él ya lo sabía, que él no había hecho la investigación, que él había visto la documentación terminada, pero que no sabía cómo la habían realizado.

Finalmente yo les contesté que conocía a María Angustias Moreno y que me constaba su honradez, su espíritu cristiano, su veracidad, su sinceridad y su deseo de llevar una vida entera cara a Dios. Don Benito Badrinas me dijo:

"De acuerdo." Añadí: "Que quede constancia." "Bueno, que quede constancia de lo otro", replicó don Benito Badrinas.

Así terminó la conversación. Inmediatamente después de la marcha de don Benito Badrinas Amat y de don Severino Monzó Romualdo entró mi hermano en mi despacho. En su presencia paré el magnetófono, desconecté el micro y, juntos, escuchamos el resultado de la grabación, deficiente por las malas condiciones acústicas de mi despacho pero perfectamente audible. Quisiera que se adjuntara como prueba de mi testimonio.

Así lo manifiesto en Barcelona, fecha ut supra.
Fdo.: A. M. C. Barcelona. (María Angustias Moreno: "La otra cara del Opus Dei", Editorial Planeta, Barcelona, 1978, págs. 115-116 y 142-150.)

Un breve paréntesis para indicar que don Benito Badrinas ha sido vicepostulador de la causa de beatificación del fundador.

Dados los anteriores precedentes, no creo que sea la persona más adecuada para presentar de manera verosímil una narración de la vida y virtudes del fundador ante la Santa Sede.

Posteriormente, y dado que esta acusación difamatoria de lesbianismo refrendada por la "autoridad sacerdotal" se iba extendiendo de boca en boca, María Angustias Moreno interpuso una querella criminal por injurias y calumnias contra todos los sacerdotes implicados. Estos, mediante carta de su abogado, pretendieron disculparse en privado haciendo recaer toda la culpa del asunto sobre uno de los sacerdotes, para que así el Opus Dei se viese exonerado y María Angustias Moreno no siguiera adelante con la querella.

Tras sucesivos actos de conciliación que terminaron sin la avenencia de la parte acusada, no se admitieron a trámite las sucesivas presentaciones de la querella, que fue realizada por el conocido y prestigioso abogado don José María Gil Robles. Estas denegaciones se debieron a supuestos defectos formales, que se subsanaban en cada presentación.

Era evidente que el Opus Dei estaba moviendo los hilos desde la sombra para que fuese vano todo intento de seguir adelante con la querella. Finalmente sus tentáculos llegaron a atenazar al propio José María Gil Robles, siempre invulnerable en situaciones comprometidas, que comenzó a dar largas a su cliente. María Angustias, viéndose impotente para dar una solución legal al asunto, publicó, en "La otra cara del Opus Dei" una narración detallada de todo lo acontecido. Sin embargo, ni sus libros se salvaron de la inquisición opusdeística, como ha sucedido en otros casos. Normalmente, cuando sale un libro criticando a la institución ésta, a través de sus miembros, se encarga de comprar prácticamente toda la primera edición para que así se vean truncadas las expectativas de difusión de las editoriales. Incluso compran la propia editorial, según apunta Carandell en relación con la editorial Ruedo Ibérico. Estas, presionadas además por diversas entidades financieras controladas por el Opus Dei, y por la amenaza de que otros escritores afines a la Obra puedan dejar de publicar sus libros en ellas, terminan evitando la publicación de las subsiguientes ediciones. Alberto Moncada, por ejemplo, escribió varios libros sobre la Obra. La censura opusdeísta prohibió su primer libro en tiempos de Franco, el Banco de Madrid presionó a Argos Vergara para que no se publicase otra de sus obras y los gerentes de Plaza y Janés sufrieron presiones de diversa índole cuando intentaron publicar un libro posterior. Un ejemplo del ostracismo al que se ven condenadas todas las publicaciones que critican a la Obra me resultó evidente al tratar de documentarme sobre los libros de María Angustias Moreno en la Biblioteca Nacional. Misteriosamente, las fichas referentes a ellos habían desaparecido. De la misma manera le sorprenderá al lector la cantidad de libros, citados muchos de ellos en la bibliografía, que para ser vendidos en España han tenido que ser publicados en otros países y luego importados a esta nación. Animo a quienes coleccionen libros raros a que no se olviden de comprar los que modestamente escribimos ciertos autores.

Hasta aquí hemos hablado de los libros. Abrimos a continuación un capítulo dedicado al tipo de presión que el Opus Dei realiza sobre las revistas. Un escándalo que dio la vuelta al mundo es el que le sucedió al padre Bernardino Hernando, editor de la revista católica "Vida Nueva". El mundialmente conocido rotativo "The Times" recogió de la siguiente manera la noticia:

El padre Bernardino Hernando es un sacerdote secular de 47 años de edad que se dedica al periodismo, la literatura y la poesía, edita "Vida Nueva", uno de los semanarios más influyentes de la Iglesia Católica Romana, y lleva siguiendo la trayectoria del Opus Dei desde hace veinte años. En octubre de 1979, recibió de manera anónima, a través del correo, documentos que pudo identificar como genuinos, que versaban sobre la campaña del Opus Dei para incrementar su influencia en la Iglesia. Revelaban que se iba a otorgar una prelatura personal al presidente general del Opus Dei, que se convertiría en obispo, transformándose el Opus Dei en una diócesis internacional.

El padre Hernando se puso a escribir un largo artículo sobre la "transformación del Opus Dei" que constituiría una separata de ocho páginas. El artículo había sido ya enviado a la redacción cuando el padre Hernando tuvo unos inesperados visitantes: "Dos tipos vinieron a mi oficina, un sacerdote y un seglar... Dijeron que eran de la secretaría del Opus Dei en España", nos comentó el Padre Hernando.

Ellos intentaron persuadirle para que retirase el recién impreso artículo diciendo que sería malo para la Iglesia, antiético y contrario a los deseos de su santidad el Papa. Él se negó. Poco después sus superiores de la casa editora, a la cual pertenecía la revista, le ordenaron que lo retirase. Sometido a una intensa presión, accedió aunque no renunció a ofrecer una mínima explicación a los lectores en el siguiente número.

La edición del 3 de noviembre apareció puntualmente con el artículo mencionado en la portada, pero sin las ocho páginas. En cada copia, una tira suelta de papel decía: "La sección... ha tenido que ser arrancada de la revista cuando ésta se había impreso y encuadernado. El director y los editores de "Vida Nueva" expresan su tristeza ante esta decisión de estamentos superiores que se ha tenido que acatar. (Artículo aparecido en "The Times" titulado: "Profile of Opus Dei", el 12 de enero de 1981, por Clifford Longley y Dan van der Vat.)

Otro caso significativo es el de la periodista irlandesa Mónica McEnroy, quien escribió un artículo sobre los métodos de reclutamiento juvenil por parte del Opus Dei en una conocida revista femenina. Apunta la referida periodista:

Poco después de la publicación de mi artículo me llamó la directora de la revista. Esta mujer era una directora ejemplar, una de las mejores que había conocido. Me dijo que nunca más debía mencionar al Opus Dei en la revista, y parecía bastante conmocionada. La única forma de explicar este suceso era que respondiese a una presión desde las altas esferas. Alguien había decidido que yo no era quién para escribir sobre el Opus Dei. (Fergal Bowers: "The Work. An Investigation into the History of Opus Dei and how it oper tes in Ireland Today". Poolbeg Press Ltd., 1989, páginas 86-87.)

Tras escribir Mónica una carta al "The Irish Times" relativa a las actividades del Opus Dei en Irlanda pudo, como tantos otros, sentir la presencia cercana de la institución:

Una mañana, poco después de la publicación de mi carta en The Irish Times, llamaron a la puerta principal de mi casa y me saludaron varios sonrientes miembros del Opus Dei. Me dijeron que no volviese a escribir al periódico otra vez porque la organización se podría disgustar. Ante esta actitud me quedé pasmada y me dio la impresión de que aquélla era una manera muy profana de hacer negocios. Cuando se fueron telefoneé a mi párroco. No le hizo ninguna gracia escuchar lo que se realizaba, en nombre de la Iglesia católica, a un tiro de piedra de su casa. (Idem.)

Antes de la beatificación del fundador los métodos utilizados por el Opus Dei para acallar las voces de los críticos se volvieron más refinados. Así, en 1990, poco después de la publicación en España del libro del eminente historiador católico Michael Walsh "El mundo secreto del Opus Dei", la oficina de información de la prelatura del Opus Dei en España se apresuró a editar un folleto de 89 páginas titulado "Datos y respuestas" (Antonio Hernández Deus: "Datos y respuestas, comentario al libro "El Mundo Secreto del Opus Dei", Oficina de Información de la Prelatura Opus Dei en España. I.S.B.N.: 84-404-6795-8, depósito legal M. 16.719-1990). Este folleto, por ser de una tirada muy limitada, no estaba destinado a informar al público sino más bien, en mi modesta opinión, a servir de antídoto a la utilización del libro de Michael Walsh por parte de las autoridades eclesiásticas competentes en el proceso de canonización del fundador.

"Datos y respuestas" contiene veladas amenazas legales contra Michael Walsh. Cuando Walsh los acusa de actuar como una secta, el Opus Dei, mediante dicho folleto, responde:

La gravedad de esas afirmaciones salta a la vista: constituye una acusación que, dada su falsedad, implica una injuria jurídicamente perseguible.

Tras la beatificación de Escrivá, el Opus Dei ha evitado tomar represalias contra sus detractores por no desbaratar el proceso de la canonización. Incluso diría más: ve con agrado la posible aparición de libros o revistas que los ataquen visceralmente o con evidente demagogia. El martirio "post morten" del fundador podría representar un mérito añadido a su ya nutrida hagiografía.


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