Gracias a Dios por no haber entrado

From Opus Dei info

Por Agradecido, 26.09.2008


Paseando tontamente por la red tropiezo con Opuslibros, meto la nariz en algunos artículos y mi cabeza casi estalla al revivir sensaciones, emociones y recuerdos que pretendía enterrados, desintegrados, absolutamente borrados de mi memoria.

Como casi todos los participantes sois “ex”, no he resistido la tentación de poneros estas líneas, como una aportación desde otro punto de vista, el de un chaval –ahora ya cincuentón- que no da gracias a Dios por haber salido, sino por no haber entrado. Esta es mi historia con el opus:


Mi padre dirigía la industria familiar. En su inquietud por renovar y modernizar la empresa conoció IESE y quedó absolutamente fascinado por sus métodos y personas. Una cosa llevó a la otra y al poco mis padres se convirtieron en supernumerarios, la empresa contrató a un gerente numerario del opus y los chicos fuimos inscritos en un nuevo colegio –muy anglosajón, al estilo IESE- que se creó en las cercanías de Barcelona...

Fueron una docena de años de colegio, clubes, convivencias, retiros, charlas... para conseguir que mis padres fueran exprimidos como un limón, uno de mis hermanos se descarriase, y el que esto escribe se defina radicalmente alérgico a la religión.

Mi padre aportaba abundantes fondos a la Obra, mi madre colaboraba en todo y en todo momento en cuantas labores le encomendaban sus “superioras”, de manera que dejaron de relacionarse con sus amigos de toda la vida.

Desgraciadamente mi madre enfermó de gravedad, se vio postrada en cama hasta su muerte. Sus “correligionarias” desaparecieron como por ensalmo, y afortunadamente volvieron los amigos de siempre, los de verdad. Poco antes de morir recibió la visita de un tropel de compañeras opusinas, ¡QUE LE PIDIERON SUS JOYAS!, “puesto que no las volvería a utilizar”, las expulsó de casa. Nunca les agradeceré suficiente que por su intervención mi madre recuperase la cordura y muriera como una buena persona, y buena cristiana.

Como las desgracias nunca vienen solas, el principal negocio familiar, a pesar de las fuertes inversiones realizadas, o quizás gracias a ellas, entró en una imparable crisis y se tuvo que malvender a un financiero bien relacionado con la obra, claro. Curiosamente el consejero delegado, de recia formación IESERA, numerario, y genio de las nuevas técnicas de marketing en boga por aquellos años, continuó al cargo de la empresa, que consiguió hundir definitivamente a los pocos años. Con todo esto mi padre dejó de ser una pieza codiciada, y rápidamente le fueron ninguneando. Cuando se le abrieron los ojos acabó su relación con el opus.


Fueron unos años de presión y represión continua y constante. Mi hermano menor, un trozo de pan, vivió todo este tiempo en una aséptica burbuja llena de jaculatorias, mortificaciones, castidad y santidad. Al llegar a la universidad –no se le consideró suficientemente listo para ir a Navarra- descubrió que existía un mundo, que las chicas no eran monstruos, que había otra forma de ver la vida, alegre, divertida, apasionante, placentera, fabulosa... murió de sobredosis al cabo de tres años.

Yo fui más afortunado, instintivamente desde siempre tuve la sensación que tanta gazmoñería, tanto rezo estilo loro, tantas manías, tanto fariseísmo, no podían ser buenas, no podían ser naturales. Quizás por esto resistí desde una postura más rebelde, a pesar que los remordimientos, el miedo al infierno, al pecado mortal, a todo, ocuparon demasiado tiempo en una infancia y juventud que debía haber sido más feliz.

Lo más triste era asistir a la transformación de buenos amigos, alegres, traviesos, bromistas, cómplices en fin, que se agriaban, se apergaminaban, se volvían intolerantes, chivatos, y te reconvenían cuando explicabas un chiste verde, eso sí que era terrible en chavales de 13 o 14 años. Hace poco me reconoció un viejo cómplice de travesuras, hoy cura del opus para más señas, 40 años después sigue con el mismo disco rallado, la misma sonrisa meliflua y condescendiente, ...me dio muchísima pena.

La vida es maravillosa, el amor, la amistad, el sexo, los hijos, son para vivirlos con naturalidad, sin complejos, con la conciencia tranquila y actuando de forma ética en todo, disfrutando de lo que nos ha dado Dios –si existe- . Doy gracias a Dios por no haber entrado, y agradezco a todos aquellos que con su fanatismo, su intolerancia, su poca caridad, su avidez, ¿quizá hay alguno de ellos leyendo estas líneas? me hicieron abrir los ojos y razonar que a ese dios vengativo y sádico yo no lo quería.

Ya de mayor uno conoce otras creencias, otras religiones, y se da cuenta que el hecho casual de ser católico por herencia no significa nada, que la religión que nos enseñaban como única vía de salvación es simplemente un desarrollo histórico de las creencias de antiguas civilizaciones, recogidas, recopiladas y normativizadas por los antiguos judíos, y finalmente adaptadas por cuatro señores desde su posición dominante en la iglesia.

Desde entonces mi vida se rige por unos criterios éticos y morales muy claros. No tengo creencias religiosas, soy feliz, intento ser buena gente, estar por los demás y disfrutar de la vida. ¡Gracias opus!.

Flashes: (Tal como van saliendo de los intrincados archivos de la memoria)


El CAMINO:

El nuevo colegio estaba algo alejado de la estación, se llegaba por un camino sin asfaltar que los días de lluvia se transformaba en un barrizal, y los chavales nos poníamos, como se puede uno imaginar, de barro hasta la barbilla, barro que nos obligaban a limpiar antes de entrar a clase, lo que conseguíamos con dudoso éxito, como es natural. Uno de los profesores -numerario del opus- más estrictos, después de embarrarse tanto como nosotros, entraba en clase con los zapatos limpios y refulgentes, y nos afeaba que nuestra desidia y gandulería, nuestro absoluto desprecio hacia el dinero que se gastaban nuestros padres, nuestra indolencia al corretear por el barro, eran graves pecados de pereza, caridad, y no sé cuantas cosas más, y que evidentemente no nos limpiábamos mejor porque no nos daba la real gana, ya que él, con el mismo tiempo, sí que lo hacía (nota: teníamos 7 años). Este era el panorama diario, pero un día el director nos encargó a un compañero y a mí que avisásemos al individuo en cuestión, que estaba en la salita de profesores. Desde el umbral de la misma, ya que entrar estaba totalmente prohibido a los alumnos, vimos que alguien había dejado la puerta del aseo abierta, y allí, en un rinconcito, estaban los zapatos cubiertos de una espesa capa de barro, ya reseca. ¡El muy cabronazo tenía dos pares de zapatos, y los sucios los dejaba para que alguna pobre “hermana pequeña” los limpiase por la noche! La noticia corrió como la pólvora, y tuvimos el placer de ver sonrojarse al talibán, que perdió el respeto de sus alumnos para siempre.


LAS CHICAS Y EL SEXO:

La formación sexual que nos dieron se resume en dos ideas principales:

  • Las mujeres son unos seres bobalicones, fáciles de engañar y convencer, por lo que debe ser el hombre el que reprima sus sucios instintos.
  • A las mujeres el acto sexual no les produce placer.

Con estas dos premisas, tan contradictorias, ya que si nos les gusta, ¿por qué cuernos se dejan?, salías a la calle con tus 15/16 añazos y, evidentemente, no te comías una rosca, y pensabas: ¿seré un inútil en esto de ligar? ¿soy el único al que le niegan un simple morreíto?. Al fin la experiencia te enseña que en el cole habían puesto mal las crucecitas del test: ¡¡NO eran fáciles, y SÍ que les gustaba el sexo a las chicas!!


PREMATURAMENTE CONDENADO

A lo largo de mi vida estudiantil sufrí bajo diversos directores espirituales. El mejor era un cura fantástico, no es que no fuera exigente, pero te comprendía, se ponía en tu lugar, te respetaba y conseguía que las charlas fueran un agradable y ameno rato, donde fumabas tus primeros pitillos “legales”, adquiriendo unas ideas realmente importantes sobre comportamiento ético, es decir, aprendiendo a ser buena gente... le tuve esta consideración hasta que nos dio la “educación sexual” que he resumido en el punto anterior.

Al último, el peor de todos, me atreví a decirle que “...eso de la visita al Santísimo, después de comer, cuando te queda el tiempo justo para echar un cafecito y fumar un cigarrillo, a veces se me hace cuesta arriba...” Su reacción instantánea, ante tal muestra de perversión y satanismo fue: ¡¡¡A LOS QUINCE AÑOS ESTARÁS CONDENADO!!! Nunca más me volvió a ver. Me queda la esperanza de que Tierno Galván no se equivocase cuando decía que “si Dios existiese nunca permitiría condenar a un buen ateo”.


ESQUIVANDO REDES, PERDIENDO AVIONES

Como algo natural, tu preceptor te recomienda que acudas a un club para realizar actividades extraescolares, hacer los deberes, etc... Llegas y es fantástico, se fabrican petardos y cohetes, se hace aeromodelismo, se escucha música, pero poco a poco notas que la trampa se cierra sobre tu cabeza, se empieza a hablar del plan, de la agenda,... y si tienes suerte –como yo la tuve- sales corriendo como alma que lleva el diablo (oportuna frase) y dejas abandonado el avión que te costó sangre sudor y lágrimas construir. Hace pocos años, al morir mi padre, encontré en su casa una caja con un motorcito de aeromodelismo para estrenar. Se me escapó una lágrima, pobrecito, le jodí el regalo de cumpleaños.


UNA LINTERNA NUEVA

Campamento de verano. Estreno una maravillosa linterna, de tubo, larga, como las de las películas de policías americanos, ilumina con un foco potentísimo, y claro, juego con ella y acaba requisada por el monitor que promete devolverla mañana.

Al día siguiente la voy a buscar y el cristal está roto. Le pido explicaciones al monitor –un chavalín de 18 años- y me dice que Dios me ha castigado por jugar con la linterna, y que debo aceptar con alegría esta insignificante mortificación... ¡manda huevos!

Bueno, quería poneros dos líneas y me está saliendo el quijote...



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