Gente maravillosa

From Opus Dei info

Por Dionisio, 10 de septiembre de 2004


Ya estoy empezando a mosquearme de leer que hay gente buenísima y maravillosa dentro del opus. Vamos, que casi estoy por arrepentirme de haber dejado aquello que llaman “casa,” a “mi madre guapa” y mis “hermanos” encantadores. Yo no recuerdo que hubiera tanta gente maravillosa, pero a lo mejor la memoria me falla. Con tanto andar por el Aerópago se me está olvidando tomar el Gingko Bilova. Sin embargo, voy a esforzarme y rebuscar en la memoria para recordar a esa gente maravillosa, que según algunos debe haber, gente más ejemplar que las Novelas Ejemplares.

Voy a hacer un censo de la gente del opus que yo recuerdo. Las reglas son las siguientes. Son los que he conocido en los últimos años, que cuando yo me fui todavía estaban allí adentro (pobrines), y de los cuales tengo información suficiente como para decir si son gente maravillosa, simplemente gente o, tal vez, gentuza. Muchos de ellos han hecho la charla conmigo o yo con ellos, con otros he convivido durante años. En fin, son gente bien conocida por mí. No sirven para este censo los muchísimos con los que he coincidido ocasionalmente en algún curso anual o retiro, en algún viaje, de paso por algún centro, porque en ninguna de esas situaciones hay oportunidad para tener un conocimiento profundo. Tampoco me refiero a los muchos que conocí en mis años jovencísimos (por ejemplo en el centro de estudios o en la labor de San Rafael) y no he vuelto a ver más, ya sea porque se han venido, sin mi conocimiento, al lado luminoso del universo o porque les enviaron a algún lugar del planeta por el que nunca he pasado.

La lista la he confeccionado con numerarios solamente. Para esto me mueven varios motivos. He excluido a los supernumerarios porque algunos de ellos son unos delincuentes comunes, es decir, ladrones (incluso raterillos), mentirosos y maltratadores, entre otras lindezas. También algunos son realmente buenas personas, unos verdaderos héroes, incluso santos. Pero tanto de los unos como de los otros hay pocos, con lo cual se compensan. Hay muchísimos que no se enteran, otros muchísimos que creen que son cooperadores. Hay de todo. En mi opinión, la gran mayoría son gente que hace lo que puede y tratan de ser buenos sin llegar desde luego, ni falta que les hace, al nivel de gente maravillosa, que no son ejemplo de nada ni bueno ni malo. Hacen lo que pueden para cumplir bastantes, casi nunca todas, normas del plan de vida que el opus les exige (no les recomienda), nunca consiguen rezar las preces como Dios manda, el símbolo atanasiano les suena a chino, igual que el Trisagio Angélico, hacen la charla una vez al mes cuando el encargado les logra atrapar, se confiesan cuando pueden y la aportación mensual se les vuelve, sin querer, trimestral, para cabreo de los directores. Por todo eso, a esta gran masa de supernumerarios, con todo el cariño que les tengo, y la cantidad de horas de mi vida que les he dedicado con amor, no les cuento en la lista que he hecho. Espero que alguno me lo agradezca. Otro motivo para poner solo numerarios es que se supone que ellos son los que han recibido una formación más intensa y mayores cuidados de su “madre guapa”, por lo tanto, los efectos maravillosos de la vocación deberían ser más patentes en ellos que en cualquier otro fiel de la prelatura, para llegar a convertirlos en esas maravillosas personas de las que se viene hablando en esta página. Finalmente, no pongo agregados, espero que no se ofendan, porque a todos los que conocí no les he vuelto a ver desde hace más de 10 años y de muchos de ellos sé, que gracias a Dios están de este lado del universo. Tampoco incluyo a nadie de la sección femenina (sf) porque estaban a cinco mil o cincuenta mil kilómetros.


La lista es la siguiente. Pongo números en lugar de nombres. Sin más explicaciones:

  1. Empezaré por el mejor de todos. A este le conozco casi desde que lo parieron. Y juro, conociendo el valor del juramento, que este nació bueno, ¡qué digo bueno! Buenísimo. Pero igualmente digo que eso no es mérito de la obra, que a su bondad natural le ha superpuesto toda clase de reglas y normas desde que pitó al calor de una visita del Papa. Tiene una prodigiosa inteligencia y sentido del humor. Los directores de la obra lo tienen medio marginado, mejor para él, si le dan un cargo de dirección lo destruyen. ¡Cómo le quiero a este bandido! Si algún día se va del opus más de una hará una fiesta.
  2. Este otro era casi igual de bueno que el anterior. Quizá es un poco menos genio. Igualmente nació bueno, este pitó siendo yo director (no me aproveché de la visita del Papa) y sé que este chico era la bondad caminando. Ahora sé que se le está agriando el carácter, y que tiene algunos problemas de salud. No me extrañaría que sea el resultado de esa vida deshumanizada.
  3. Este otro es también de mis “favoritos.” Autoritario, chulo, soberbio, déspota, hace lo que le da la gana aunque vaya contra todo. Glotón y caprichoso. Con qué gusto me saltaría los buenos modales de esta página para añadir otros adjetivos.
  4. Bastante tontete, no tiene criterio propio, se deja llevar por lo primero que le dicen. Sus faltas de caridad hacia “sus hermanos” son notorias. Flexibilidad nula, como buen tonto.
  5. Burlón y sarcástico. Indeciso. Inteligente, pero muy poco práctico. Puede llegar a ser terriblemente obstinado. Dice tener mentalidad jurídica, yo creo que lo que tiene es mentalidad reglamentista.
  6. Autoritario, déspota, acomplejado, elitista, le gusta demasiado el dinero y el poder. Se las da de aristócrata. Glotón. Su lista de manías es considerable.
  7. Un pobre hombre con neurosis. Encerrado en su profesión. Más de una vez me ha dicho que no se va porque por su edad es muy tarde para él. Sus explosiones de cólera son temidas.
  8. Mi querido 8 oye pero no escucha. Las cosas son, tienen que ser, como dice él. Mandón. Déspota con buenas maneras. Sabe hacer la caridad oficial, la de llamar en tu cumpleaños, de la otra ni idea. Maneja el doble discurso muy bien. Le conocí cuando era un adolescente y era majete, pero ha cambiado para mal, probablemente el opus tenga la culpa de eso.
  9. Cascarrabias. Tacaño. Le gusta demasiado el dinero. En cambio, 9 sí sabe lo que es la caridad. Siempre le he visto un pelín amargado. Buen profesional.
  10. Un pedazo bestia con menos sensibilidad que un hipopótamo drogado. Tiene la mala costumbre de creerse irresistible con las mujeres y trata de aprovecharse de ello. Jezú, que mar gusto. Por esa mala costumbre, de cuando en cuando está marginado de las tareas de formación a sus “hermanos.” Yo no consigo entender cómo 10 es numerario. Es un misterio.
  11. Pésimo profesional. Su socio es un ladrón y él mira para otro lado, pero se beneficia de ello. Indeciso. Débil.
  12. Los directores no confían en él y él no confía en los directores. Me ha dicho más de una vez que si fuera más joven se iría. Los supernumerarios le adoran, porque les quiere y se hace querer.
  13. Un mediocre profesional. Falta a la caridad con sus ironías y burlas. Es obsecuente con los directores. Encima le ha tocado ser el 13.
  14. Este tiene uno de esos apellidos conocidísimos en el opus, pues su familia es un bien de la prelatura. Es capaz de traicionar. No tiene moral, ni para los deportes ni para el trabajo. Más de una vez me he quedado atónito discutiendo con él temas morales, especialmente justicia social.
  15. Este pobre está como una cabra, pero es feliz. Se divierte como un niño. Va a lo suyo y generalmente la gente le ríe las gracias. Yo le quiero y es de los pocos que recuerdo con ternura, pero de verdad que está loquillo. 15 es muy inteligente y culto.
  16. Soberbio, engreído, manipulador, no sé si le gusta más el dinero o el poder. El día que descubra lo que es la caridad se va a morir de un susto. Cínico y terco. Es de esos por los cuales uno lamenta que en esta página no estén aceptadas las groserías. Se merece unas cuantas.
  17. Tío raro donde los haya. Ha aprendido a hacer lo que le da la gana y que no le digan nada. Sabe darse sus gustos y caprichitos, algunos caros, bajo una apariencia de sobriedad. NO tengo ni la menor idea de lo que significa la caridad para 17. Mediocre. Acomplejado. Lleno de manías.
  18. Este es de los mejores que he conocido. Inteligente. Fraternal y tierno. Está arrinconado por los directores por cometer el pecado de pensar y decir lo que piensa. Sé que sufre en silencio. Me da mucha lástima. Este nació bueno. Lo siento, pero a este el opus no lo ha mejorado, lo ha complicado. Ahora tiene bastantes manías. Si no lo hubieran cambiado a numerario, hoy podría ser un supernumerario feliz.
  19. Tiene algún problema psíquico serio. Yo he visto todo su proceso de deterioro. Este chico está mal. Sé que ahora es un hipócrita y un aburguesado, pero no le culpo, quizá sea su forma de sobrevivir.
  20. Este es muy normal, gracias a Dios, porque esta lista parece un desastre. Es un hombre inteligente, discreto, que sabe estar en su lugar y hacer lo que tiene que hacer, ni intenta parecer que es otra cosa que él mismo. Claro que tiene sus defectos, pero es normal en todo. Nada maravilloso. Estoy seguro de que se cabrearía si lo califico de maravilloso. Tiene algunas manías extrañas.
  21. Este chico era todo corazón. Digo era, porque hace años repentinamente le trasladaron a muchos kilómetros de distancia, en un movimiento muy inusual, sin dar explicación alguna. Supongo que 21 se enamoraría de alguien y lo despacharon lejos. Era muy inseguro, inestable y temeroso, pero se ganaba el corazón de la gente.
  22. Este otro es un caso. Creo que cuando dijeron que no había plaza de tonto no se acordaron de él. Es más peligroso que un toro en un museo de cerámica, pero no por malo (pobrecito, es pura buena voluntad) sino por tontete. Como es comprensible, 22 sigue el guión porque sin él estaría perdido.
  23. Este es un genio. Más listo que el hambre, pero el pobre está lleno de complejos por su modesto origen social. Es brillante pero su cabeza tiene muchos líos muy enredados. Los directores le tienen marginado, pero los supernumerarios le adoran.
  24. Este era un buen chico, cariñoso y buen estudiante, pero gracias a la labor del opus se convirtió en una persona acomplejada, retraída, distante y triste. ¡Qúe pena!
  25. Buen profesional. Honesto. 25 es bastante normal en todo. Muchas veces ha planteado sus dudas de vocación. Creo que son más que dudas, pero le ha faltado carácter para decir ¡basta ya! Permanece ahí medio forzado. Sus amigos no pueden entender que siga allí dentro. Podría haber sido un excelente supernumerario. ¡Lástima!
  26. Aquí tenemos a otro chulito, pero este con muy poco poder. Es un pelota colosal, no tiene respetos humanos para adular a los que le conviene. Profesionalmente mediocre, pero parece que fuera Bill Gates por los aires que se da. Su familia también es del patrimonio del opus. Les tienen en el inventario.
  27. Este es bastante normalito. No presume de nada y se ríe de sí mismo. Profesionalmente discreto. Gracias a Dios nada extraordinario ni maravilloso. Su familia también está en el inventario del opus.
  28. Este campeón ha ido toda su vida bastante por libre. Es de familia aristocrática. Siempre ha ejercido importantes cargos públicos y los directores le dejan en paz con tal de que retribuya con oportunos favores y gestiones. Creo que tiene más sensibilidad hacia la justicia que hacia la caridad. Tiene mucho prestigio profesional.
  29. Este otro es casi igual que el anterior, pero con la diferencia de que es más astuto, cínico y manipulador. A este le gusta bastante el dinero.
  30. Este pobrecillo está empastillado la mayor parte del tiempo, porque está como una cabra. Hace la vida imposible a todo aquel que esté a su alrededor, excepto en el caso que él pueda obtener algo. Entonces sus manifestaciones de amabilidad son empalagosas y rastreras. Cuando se va de un centro hacen fiesta, aunque solo se vaya al curso anual. Profesionalmente un desastre.
  31. A este casi no debería ponerle, porque hace mucho que no le veo, pero le conocí demasiado bien y sé que ahora es un tío importante en la prelatura. Es inteligente y cae simpático, pero va a lo suyo. Es elitista y racista, casi ná, la joyita. Sabe como darse una vidorra de sibarita y encima queda bien. No es poco talento.
  32. Este último es uno que vive de su lengua y de su capacidad de enredar a la gente. Así de fácil, de profesión: cuentista. Obviamente es muy divertido. Como es lógico suponer, hace lo que le da la gana. También como es lógico suponer, algunas temporadas de su vida tiene que estar escondido, eso les pasa a los cuentistas.


Creo que no me olvido de ninguno. La descripción es obviamente breve y centrada en lo que les puede dar o quitar el calificativo de “maravillosos”. Se da por descontado que todos rezan muchos rosarios y novenas, que se ponen el cilicio y usan las disciplinas, se saben la misa en latín y el adorote devote, que muchos fueron a Roma para “la” canonización y que tratan de hacer apostolado con diferentes grados de éxito (generalmente nulo, excepto 1 y 12 que son muy eficaces en el apostolado,) pero no es eso lo que les va a hacer maravillosos, porque el 30 también hace lo mismo y con ese la única maravilla es la paciencia para aguantarle y no lanzarle por una ventana.

Excepto el 1, el 15, el 18, el 20 y el 27, ya me dirán ustedes si la lista está como para hacer muchos alardes. Cinco de treinta y dos. Cinco, siendo generosos y con criterio amplio, desde luego sin competir con la madre Teresa de Calcuta (ni siquiera con sus novicias,) muchos voluntarios de ONGs pueden presentar un perfil más atractivo. Mi personalísima conclusión es: ¡Venga ya con tanta gente maravillosa que dicen que hay en el opus! Son tan maravillosos como el que se lleva la basura de mi calle o el que está sirviendo las bebidas en el avión que ahora pasa por encima.

Perdonad por la extensión, pero esto no podía ser corto si quería que fuera científico.


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