Factores comunes de los miembros del Opus Dei

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Por Dionisio, 28.08.2015


A mí me parece que los que nos hemos pasado media vida o un montonazo de años en el lado oscuro somos estupendos por muchas razones, pero al mismo tiempo creo que en general tenemos algunos puntos débiles o menos estupendos. Es la única manera que encuentro de explicar que nos hayamos quedado formando parte de esa “arma de destrucción masiva” durante diez, veinte, treinta años o más. Eso no nos hace menos estupendos, sino que le pone ciertos parches a esa calidad estupenda.

No es novedad que tengamos puntos débiles, todo el mundo los tiene, porque nadie es perfecto. Sin embargo, creo que para hacer lo que hicimos y dejar que nos hicieran lo que nos hicieron es muy probable que tengamos factores comunes. Al menos los tuvimos cuando pitamos. Precisamente estos factores comunes, o puntos débiles, serían los que permiten que entre nosotros nos entendamos tan bien como lo hacemos.

Sin ánimo de ser exhaustivo, sino solamente presentando una propuesta criticable y mejorable, me voy a atrever a hacer una relación de peculiaridades más o menos comunes que en mayor o menor grado nos afectan a todos nosotros, o nos afectaron tiempo atrás cuando nos “pescaron” y no salimos huyendo inmediatamente. Las cosas menos estupendas de esta gente tan buena que un día fuimos, hasta que gracias a Dios nos largamos.

Las dos primeras las dice el propio Conrad.

  1. No saber decir que no.
  2. Cargar con responsabilidades por encima de nuestras fuerzas. “Sacar la labor adelante” es por definición una carga brutal, si es que no es imposible, hasta el punto de que muchos de nuestros “hermanos” listillos dominaban la técnica de desparecer cuando tocaba exprimirse como un limón.
  3. Insatisfacción afectiva. Muchos quedamos encandilados por esas atenciones y esos afectos, más falsos que Judas, que el lado oscuro sabe poner como cebo con una habilidad exquisita. Te sientes querido, importante, valorado y escuchado. Y eso justo en el tiempo de la adolescencia cuando aguantarte es un ejercicio heroico, especialmente para tu familia.
  4. Baja autoestima, inseguridad, que en parte explica esa incapacidad para decir “no”; y que te lleva a aceptar el mensaje de que todo lo que eres y lo que sabes se lo debes a la “cosa” y no a tu capacidad, que fuera del lado oscuro vas a ser un fracasado. “Yo no soy nada, no puedo nada, no sirvo para nada…”
  5. Necesidad de pertenencia, de formar parte de un grupo, de ser aceptado por el grupo, de tener unos objetivos colectivos compartidos, de vivir una fraternidad que hubiera sido muy bonita si no hubiera sido mentira. Elementos que ayudan a darle sentido a la vida justo en la etapa en la que te puedes sentir más inseguro y confundido.
  6. Una confusión más que notable en cuanto a la sexualidad propia y ajena, llena de mitos, prejuicios, miedos, dudas, escrúpulos y derivadas terceras. Un mejunje explosivo que en sus extremos puede desarrollar conductas completamente opuestas aunque estén unidos en la raíz: o una castidad neurótica o una lujuria obsesiva-compulsiva.


Seguramente esta lista necesita más reflexión de la que le puedo dedicar ahora, pero ahí queda por si alguien se anima a completarla o corregirla. Tampoco quiero decir que todos nosotros respondemos al mismo patrón. Cada uno tiene sus cadaunadas. Pero estoy casi seguro de que todos nosotros hemos tenido alguna de estas debilidades que el lado oscuro aprovechó con maestría.

A modo de contraste, por mi parte recuerdo, igual que vosotros, a aquellas personas con unas cualidades magníficas, que nunca pitaron o si pitaron duraron dos días. Al recordarlos me parece que no les cuadraba ninguno de los numerales de la lista. Por ejemplo, recuerdo a varias, que su necesidad de pertenencia la tenían perfectamente resuelta formando parte de otras organizaciones mucho más “saludables” que el lado oscuro. O recuerdo jóvenes cuya sexualidad estaba armonizada dentro de una serenidad virtuosa y equilibrada. Yo los recuerdo a todos ellos con una sana envidia. Rechazaron los embates proselitistas con una tranquilidad, firmeza y convicción que yo no tuve a su edad. Aunque en aquellos momentos pudimos pensar, porque nos indujeron a ello, que eran la reedición del joven rico del Evangelio, en realidad eran un caso particular de la casa edificada sobre roca. El lado oscuro no les pudo conquistar ofreciéndoles lo que ya tenían.





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