Entre lo real y lo pintado

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Por E.B.E., 14.07.2006


Respecto de lo que cuenta Jacintaunzue, cuando el sacerdote le dijo a su hermana "todo esto es muy lindo, pero vos tendrías que haber sido numeraria" creo que podría explicarse con una comparación no muy amable pero bastante aproximada al pensamiento de la Obra. Se podría traducir: muy buena tu bicicleta, pero deberías haber elegido el Mercedes Benz.

Sin duda semejante expresión (literal o figurada) implica un cierto desprecio, además de una gran arrogancia. Es que la Opus Dei necesita sentirse superior, porque de lo contrario, no vale la pena. O ser lo máximo, no nada. Ser del estado mayor o de la clase de tropa (Cfr. Camino nro. 28). Y esa superioridad necesita ser reafirmada. Hay una cuestión de poder, de sometimiento.

Pero hay más. Esas palabras del sacerdote esconden un sentido fundamental, una función (como todo en la Obra, tiene una utilidad): generar remordimiento, ya que la alegría manifestada por la madre no hablaba para nada de un arrepentimiento. Y esto había que corregirlo. Y si no, al menos, manifestar el desprecio: dar a entender que eligió lo peor, que toda su vida no vale nada en comparación a lo que hubiera sido.

El sacerdote le dijo lo que él esperaba escuchar de ella y no sucedió: “esta es mi familia, pero yo debería haber sido numeraria”. Eso hubiera sido lo correcto. Como esta madre no hizo dicha confesión, el sacerdote se vio en el deber de actuar.

Es la relectura del pasado, de tal manera que la Obra lo marque a fuego, tome nuevamente dominio sobre esa vida. Es perverso lo que hizo y lo que dijo ese sacerdote, aunque no fuera consciente de ello, por todo ese trasfondo que esconden sus palabras.

De todos modos, este hombre seguramente lo dijo escudándose en el nombre de Dios, como se argumentan muchas de las barbaridades en dicha prelatura. Te lo digo porque es mi deber. Aun así, detrás de esa justificación se esconde un sentimiento de superioridad basado en el desprecio del otro.

Es interesante cómo en la Obra se arrogan la capacidad de leerle la Voluntad a Dios. Saben lo que más le conviene a cualquier persona. Tienen la bola mágica para saber el porvenir y pronosticar desgracias. Es una institución mesiánica.

Lo que no tolera la Obra es que le vaya bien a alguien que ha rechazado la invitación a seguir a Dios, o sea, la elección que la Obra ha manifestado por una persona. La Obra no tolera que le digan que no. El mismo fundador maldecía a quien no lo seguía, profetizando un futuro agrio y desgraciado para el destinatario (el ya famoso rejalgar). El desprecio que sutilmente manifestó aquél sacerdote no es más que el hábito institucional a maldecir, que aprendió de su fundador.

Entre otras cosas, esa convicción de que la Obra es superior a cualquier otra elección vital (aún dentro de la misma Iglesia) es la que permite sentirse superiores a todo el mundo y a la vez impide ver la realidad, pues si este sacerdote abriera un poco los ojos se daría cuenta que su Mercedes está “pintado”, no es tan real como lo quiere creer. Es lógico que la Obra quiera retener a su gente a toda costa, como señala Dame. Está en juego su prestigio. Se trata de una superlativa estima institucional, pero también del miedo a dudar, pues en la medida en que la Obra deje ir a la gente libremente se pondrá en evidencia que esta institución no es precisamente el mejor lugar para vivir.

Por supuesto todo ese complejo de superioridad es justificado en la Obra recurriendo en parte a las palabras de San Pablo (sobre la superioridad del celibato respecto del matrimonio), pero ni aún así es viable dicha justificación, porque entre otras cosas, la Obra no tiene la misma legitimidad que la Iglesia. Es decir, si se tiene en cuenta que la Obra se ubica muy probablemente dentro de la figura de falsedad ideológica, entonces, además de pintado, el Mercedes en el cual circula ese sacerdote es una mala imitación.



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