Entré en la Obra a los 14 y medio

From Opus Dei info

Por PeJota, 28.01.2008


He visto en youtube la entrevista a Carmen Charo. He tenido la sensación de que me estaban entrevistando a mi. Mi historia es muy parecida en la forma y por supuesto en el fondo.

Entré en la Obra a los 14 y medio. Un año antes comencé a ir por el club Forque de Alicante. Ciertamente me gustó ver gente joven, universitarios... que rezaban y que decían "¡coño!" cuando les pegaban una patada jugando al fútbol. Era un lugar en el que yo reforzaba mis creencias cristianas y todo lo que mis padres me habían enseñado. La forma de ser y de ver la vida de los numerarios me resultaba atractiva, entre otras cosas porque les veía gente lanzada, metida en el mundo y dispuestos a cambiar la sociedad. (No era más que la deformada visión de un preadolescente bastante inseguro de si mismo). El asunto es que pedí la admisión (sin saber lo que estaba haciendo) y tras unos tres años de estar de adscrito en Alicante, me fui a Valencia (a Albalat) a cursar el Centro de estudios y de ahí a Murcia, donde acabé la carrera. Cuando ahora pienso en cómo me fueron encauzando para que pidiera la admisión, me quedo de hielo. Eran incapaces de darse cuenta de que estaban "dirigiendo" la vida de una persona adolescente, que carecía de madurez como para poder tomar decisiones que hipotecan toda su vida, hacia un camino que puede no tener retorno. Esta gente no sabe lo que tiene entre manos...

La verdad es que nunca había estado seguro de que esa vida fuera la mejor para mi, pero entre que te convencen de que es lo que Dios te pide (la vocación) y la responsabilidad de no abandonar una obra que viene directamente de Dios, aguantas, pensando que la vida son dos días y que conseguirás llegar hasta el final. Por supuesto, te meten bien metido en la cabeza que "de la vocación no se duda".

Así estuve hasta que a los dos o tres años de acabar la carrera, un director de la delegación, vio la conveniencia de que visitara a un médico. Por supuesto el médico era del Opus Dei (hasta yo mismo pedí que fuera así, ya que no me imaginaba contándole mi vida de numerario a una persona externa a la Obra). El médico no vio nada en mi que fuera sintomático de una enfermedad (así me lo dijo) pero por si acaso me recetó unas pastillas (¡PROZAC!). La verdad es que comencé a tomarlas y mejoró mi estado de ánimo: me reía más, gastaba bromas, intervenía en las tertulias... Tenía bastante éxito con los niños en el club en el que vivía (de hecho los campamentos en verano pasaron de tener 15 niños antes de mi llegada a tener de 90 a 100). Por esos años, yo trabajaba en un colegio de fomento.

Se ve que como el tratamiento funcionaba se convencieron más de que mi situación era de enfermedad. Pese a todo, yo era por ejemplo incapaz de hacer proselitismo o hablar a alguien para que se hiciera numerario. Así estuve con las pastillas durante ¡6 AÑOS!, hasta que llegó un momento en que ya no podía más. A medida que iban pasando los años yo veía que en cuanto a mi forma de contemplar la vida me estaba quedando anclado en la adolescencia (con 28 años y jugando con niños, mientras mis amigos de infancia estaban con una hipoteca, sacando negocios adelante, sacando una familia....) y "di un manotazo sobre la mesa". Me cerré en banda, me negué a hablar con ningún director, ni con ningún cura. Los chantajes emocionales eran parte de su forma de tratarme.Todo menos plantearse la posibilidad de que quizá mi sitio no era ese. Dejé de asistir a las tertulias, a las "reuniones de familia" ... fueron unos días horribles. La última vez que hablé con el médico, me dijo que yo tenía una vocación como un piano y que si me iba seguiría necesitando las pastillas. En cuanto oí esto, me levante y me fui de la consulta.

Con 30 años, alquilé un piso y me fui a vivir solo. Dejé las pastillas de golpe. Eran tales los remordimientos de conciencia que pensaba que no lo iba a superar. Ahora tocaba enfrentarme yo solo al mundo. Buscar trabajo, buscar amistades, aprender a vivir como lo hace la gente normal... A modo de anécdota, me planteaba si poner la televisión era correcto, ya que un numerario no puede hacerlo sin pedir antes permiso y me acababa remordiendo la conciencia. Por supuesto ese año la declaración de la renta la tuve que pagar de mi bolsillo, cuando los sueldos de ese año se los quedaron ellos (90.000 ptas. no se me olvidará). No la quisieron pagar.

Acudí a buscar sacerdotes "normales", les contaba mi problema y me ayudaban haciéndome ver que el Opus Dei no es más que una anécdota dentro de la Iglesia. Que la realidad de la Iglesia está muy por encima del Ous Dei y que lo que estaba haciendo era lo correcto.

El asunto es que ya llevo varios años fuera. Viví la adolescencia intensivamente en un año, de los 30 a los 31, (en el Opus Dei es imposible vivir la adolescencia de un modo normal), he rehecho mi vida, he recuperado mis amigos de infancia de los que me había desligado totalmente (los amigos ¡de verdad! son lo mejor del mundo. Esos si que te quieren), estoy felizmente casado y no necesito tomar pastillas. Claramente el ¿médico psiquiatra? (que por lo visto es una eminencia en psiquiatría) que me trató, se equivocó en su profecía.

CONCLUSIÓN: Siempre puedes sacar cosas positivas de todo lo que vives en la vida. La verdad es que los veranos estudiando filosofía y teología aunque fueron duros, me han dejado una cultura que agradezco. La idea de buscar la santidad en el trabajo que yo ahora traduzco en buscar la felicidad haciendo bien tu trabajo y todo lo relativo a la parte transcendente del ser humano también me parece buena, y como esta otras ideas positivas.


El gran problema que veo es:

  • Que no respetan al ser humano en lo que al desarrollo emocional y psicológico se refiere.
  • Se introducen en la vida de un adolescente, atropellando los procesos naturales de maduración de la persona.
  • Manosean lo más sagrado del ser humano que es su capacidad de elegir y de construir SU propia vida, sin coacciones ni chantajes emocionales de ningún tipo.
  • Consiguen sacarte del mundo aunque te dicen que es el lugar en el que te tienes que santificar. Te sacan de ese mundo que es precisamente el lugar en el que debes madurar. Te introducen en una "realidad" que no es real, en un mundo de ficción en el que debes sonreír permanentemente y dar un ejemplo de vida constante ya que de tu comportamiento depende la imagen del Opus Dei a quien te has entregado por completo y que da sentido a tu vida.

Hasta que no me fui no comencé a madurar, a ser una persona adulta capaz de decidir por mi misma, a construir dentro de mí lo que yo quería construir, con LIBERTAD, sentido común y sensatez. Es más hasta ese momento no supe que eso es lo que Dios espera de todo ser humano.

Es muy fácil y sobre todo cómodo, vivir al dictado, ya que así no cargas con la responsabilidad de equivocarte cuando tomas una decisión y no arriesgas nada en tu vida, pero eso es "enterrar el denario" es renunciar a contribuir con tu forma de ser "única" a enriquecer el mundo en el que vives y del que formas parte junto con los demás hombres a los que debes querer.

En el Opus Dei tienden a invertir energías y esfuerzo en aquellas personas que interesan a la causa. Las que no interesan son elegantemente despreciadas en nombre de la causa.

Sé que hay más gente como yo que quizá todavía están dentro. (Recuerdo haberle dado prozac a un numerario que vino de Valencia en un fin de semana, porque se le habían olvidado las pastillas). Les animo a que tomen las riendas de SU vida y que decidan por si mismos.

También le tengo alergia a todo lo que suponga rezar. Soy incapaz de rezar el padrenuestro pensando lo que digo. En ese sentido me han hecho aborrecer a Dios, aunque sigo creyendo. Jesucristo me cae muy bien. Pienso que tiene la clave para encontrar la felicidad, pero me lo han hecho aborrecer.

En fin: escribo esto por si a alguien le sirve. Y me alegra que el Papa actual investigue lo que ocurre (la verdad es que no me lo esperaba de este Papa). Espero que lo haga bien y que sea valiente a la hora de dictaminar. El mecanismo de captación que sigue el Opus Dei estoy convencido que es el mismo que el que emplea cualquier secta y todo esto hace daño a la imagen de la Iglesia.




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