El tándem Escrivá – del Portillo

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Por Trinity, 17.09.2008


Mis felicitaciones a Al Chile por su atinado escrito sobre la responsabilidad de del Portillo en la configuración del Opus Dei real que much@s lamentamos. Estoy muy de acuerdo. Pues fue él quien tapó los defectos de Escrivá ante sus hijos y, quitándole de en medio de la vida eclesiástica romana, ante la jerarquía vaticana. Fue él quien fomentó el culto a su personalidad, hasta el extremo de permitir la manipulación de su verdad histórica. Y fue él quien, fanatizado, le permitió que ocultara a la Santa Sede tantas cosas.

Escrivá fue un hombre brillante en sus prontos, pero muy poco constante para trabajar y seguir los temas. El trabajo día a día se lo llevaba del Portillo. Y eso hasta el punto de que, según he escuchado a sacerdotes de la prelatura, durante el Concilio Vaticano II, cuando del Portillo se iba al Vaticano, Escrivá se quedaba descolocado y, en vez de ponerse a trabajar él solo, empleaba muchas veces su tiempo en tertulias improvisadas con los alumnos del Colegio Romano.

Escrivá tuvo algunas ideas, pero quien pergeñó los detalles prácticos, fue del Portillo. El fundador tenía mentalidad controladora, pero quien le enseñó los procedimientos para controlar, fue el ingeniero del Portillo: cuestión que se puso de manifiesto de forma muy llamativa cuando, al morir el fundador, del Portillo sacó las Praxis: aquel tochazo infumable que nos traía a todas de cabeza, y que, ante las protestas de muchas, fueron sustituidas por los Vademécum y, más recientemente, por las Experiencias.

Según reconoció alguna vez uno de los primeros sacerdotes de la Obra, que por sus responsabilidades de gobierno mantenía un trato habitual con del Portillo, éste no era ninguna inteligencia privilegiada, pero tenía muchos datos. Y, por eso, hizo mucho daño al fundador y a la Obra, pienso que sin darse mucha cuenta: pues no fue capaz de reconocer la gravedad de los errores de éste y, con su tenacidad e información, le proporcionó la estructura necesaria para que sus ideas de Escrivá resultaran humanamente fructíferas.

Asimismo, aunque El trastorno narcisista de la personalidad del fundador le llevara a considerar como inspiradas divinamente – y por tanto intocables- muchas ocurrencias suyas; sin la rigidez ingenieril de del Portillo nunca se habrían interpretado como fundacionales tantas aplicaciones circunstanciales del espíritu del Opus Dei, hasta el extremo de verlas como inamovibles y de maldecir a quien se le ocurriera cambiarlas.

Dios quiera que la Iglesia sepa darse cuenta de todo ello a tiempo, para parar la movida de su proceso de beatificación, y no tenga que arrepentirse cuando, dentro de unos siglos, toque realizar otro gesto de purificación de su memoria histórica.



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