El oscurecimiento de la conciencia en el Opus Dei

From Opus Dei info

Por Chispita, 7. XII. 2007


Una de las actitudes que he podido comprobar que se dan más frecuentemente en la relación entre miembros y ex miembros pasa por la negativa a saber la verdad. Hace unos días una antigua clienta (supernumeraria) me llamó y tras charlar unos minutos le comenté las dificultades que el Opus Dei está encontrando en el Vaticano. Y me dijo: “bueno, no me digas nada que pueda crearme problemas”. Y cuando le dije a otra persona parte de mi historia se enfadó muchísimo y me dijo que estaba mintiendo, que no se creía lo que le estaba contando. Normalmente se te dice, “bueno, no era lo tuyo. Por favor, déjanos a nosotros en paz”.

Otra cuestión que siempre me ha impresionado es el endurecimiento de los directores del Opus Dei. Son capaces de verte llorar y no conmoverse. O la dureza e insensibilidad de quienes presionan a sus hermanos a través del mobbing secundando las órdenes de los directores llamados mayores o de quienes realizan-sin perturbarse- informes de conciencia...

Todo ello remite a un problema de conciencia. Ya se ha tratado de éste en esta web pero ahora querría hacerlo desde la perspectiva enriquecedora de los escritos de Joseph Ratzinguer. Y me propongo hacerlo siguiendo las pautas del escrito “Conciencia y verdad” publicado en el libro Ser Cristiano en la sociedad neopagana (Encuentro Ediciones, Madrid,1995).

Ratzinguer comienza su escrito señalando que actualmente el gran debate moral se centra en torno a los conceptos de libertad y de norma, de autoridad y de libertad, de autonomía y de heteronomía. Habría una moral de la autoridad, de tipo preconciliar, y una moral de la conciencia que garantizaría la libertad frene a las manipulaciones de la autoridad. La idea imperante es que el Magisterio puede tratar de la moral pero solo para proponer elementos para que la conciencia se forme un juicio autónomo.

Ratzinguer precisa que siempre se ha de seguir el juicio de la conciencia y que nunca se debe ir contra él. Otra cosa es si el juicio de conciencia es infalible. Si la conciencia fuera infalible, entonces cada uno tendría su propia verdad, no existiría ninguna verdad objetiva. Por otra parte, esa absolutización de la conciencia, aislaría al individuo dentro de sí, separándole del mundo. Con lo que, en último extremo, las palabras libertad y humanidad perderían su sentido.

Muchas personas del Opus Dei viven sin quererlo ni saberlo en esta concepción de la Conciencia. La concepción que emanaba de los labios sencillos pero engañados de aquella mujer. “No me digas más cosas que entonces puedo tener dificultades. Ahora estoy muy bien, no me inquietes. Se que pasa algo, veo que hay cosas que no me gustan, pero prefiero no darme un disgusto”. O como me dijo otra señora supernumeraria que me encontré: “cuando voy al centro me tapo las narices”. En último término, late la concepción de que la verdad de la fe “es un peso difícil de sobrellevar y que solo pueden sobrellevarlo naturalezas particularmente fuertes(…) Así pues, tendría que ser feliz precisamente aquel a quien no se le carga con el peso de tener que creer y de tener que someterse al yugo moral que conlleva la fe de la Iglesia católica” (ob. Cit., p. 31). De modo que lo mejor es estar a oscuras, no conocer, no saber, vivir en la aúrea mediocritas del que no sabe Eso sería mejor que la verdad. Hay un pánico de la verdad. Mejor es estar en las tinieblas que en la luz.

Pero sin embargo, esta actitud que muchos fieles de la Obra manifiestan tener, claramente inmersa en la defensa de la conciencia errónea, es la de muchas personas, que ya están ahítas de formación, o que no les interesa formarse. Sería la actitud de aquellos ex miembros del Opus Dei que dicen que no están dispuestos a ninguna experiencia formativa más, que ya están formados, que ya saben mucho o lo suficiente. Y de otras muchas personas que viven en el relativismo, en el mundo de sus propias opiniones y creencias, sin importarles la veracidad o no de las mismas, en definitiva, inmersos en “el cascarón de la subjetividad” (op. Cit. p.33). Lo importante es seguir la propia conciencia. Pero de acuerdo con eso, las SS nazis no hubieran sido culpables de nada, ya que para ellos, lo que hacían era necesario, justo y bueno para la Humanidad. Es la misma actitud del Silas, director, o funcionario de Delegación que hace lo que le dicen porque lo estima bueno sin preguntarse por la verdad o maldad, lo moral o lo inmoral de lo que se le propone. Son personas que han acallado su conciencia, que la han sustituido por la de los directores o la de los jefes. Que a eso conduce en pocas palabras ese “exinanivit” esa entrega del yo, un vaciamiento en la inteligencia y la conciencia de los directores, que se estima como el modelo de excelente numerario, de modo que quien manifiesta tener conciencia, disiente y al disentir ya no está suficientemente entregado, porque “piensa”.

He aquí lo que dice Ratzinguer al respecto: “ Quien no es capaz de reconocer que matar es pecado, ha caído mas bajo que quien todavía puede reconocer la maldad de ese comportamiento, ya que se ha alejado mucho más de la verdad y de la conversión” (op cit., p. 35). Y a continuación pone el ejemplo del fariseo, cuyo problema es que desconoce que también él tiene culpa. “Está completamente en paz con su conciencia. Pero este silencio de su conciencia le hace completamente impenetrable para Dios y los hombres. En cambio, el grito de la conciencia, que no da tregua al publicano , hace que sea capaz de verdad y de amor”. (op cit. ibídem).

Los fieles del Opus Dei viven bajo un sistema totalitario, muy similar al nazi o al marxista, en el que hay un oscurecimiento de la verdad… porque es un sistema basado en la ambigüedad, en la contradicción, en la mentira. Después de muchos años es imposible percibir, pensar de modo crítico, y con ello se realiza una deshumanización: se pierde la misericordia, la compasión, y los propios sentimientos. “El error, la conciencia errónea, solo a primera vista es cómoda. Si no se reacciona, el enmudecimiento de la conciencia lleva a la deshumanización del mundo y a un peligro mortal” (op. Cit.,p. 36).

En los fieles del Opus Dei, en relación con determinadas prácticas vinculadas a las tareas de gobierno y a la dirección de almas, hay un proceso de desaparición de la conciencia y de sustitución de la misma por directrices y planteamientos sencillos y superficiales cuyo seguimiento da una cierta paz pero que esclaviza y oprime. Es una vida sin preguntas, reduciéndolo todo a certidumbres subjetivas que llevan a suplantar la verdad. No es la verdad, sino la verdad de este u otro director la que me conduce. Pero quien no se hace preguntas, quien no indaga, quien no reflexiona, renuncia a la verdad y ahí está la ofensa de Dios: en querer ignorar Su Ley, y hacernos nosotros mismos nuestra Ley. Y eso ocurre- parece mentira- en personas de estudios y de gran categoría humana.

¿Cuál es la razón de todo? A nivel general, el progreso. A nivel de la Obra, la eficacia. De modo que en la Obra se prefiere la eficacia a la verdad. Aunque lo que da la eficacia no sea verdad, sino labor diaboli. El progreso no es la verdad. La eficacia apostólica no es la verdad: la Ley de Dios, ésa es la verdad, y su seguimiento trae la eficacia y el progreso. Y señala Ratzinguer: “Cuando los contenidos ya no cuentan, cuando lo que cuenta es una mera praxología, la técnica se convierten en el criterio supremo”. Y se cae en el pecado de Adán y Eva: se quiere ser como Dios, conocedores del Bien y del Mal. No importa lo que Dios quiera o lo que la Iglesia ordene: lo importante es que para mí esto e s bueno, esto me parece bien, y entonces lo hago, con independencia de que Dios no lo quiera o la Iglesia lo prohíba. ¿Yo puedo hacerlo? Pues lo hago. Creo una estructura jurídica autónoma dentro de la que ordeno, mando y dispongo lo que me da la gana y hago las cosas (“Las cosas en Casa se hacen así”) como me da la gana, porque para mí esto es bueno y consigue eficacia. Las autoridades de la Obra han sustituido el Deber, por el Poder. Como lo puedo, lo hago, independientemente de que deba o no deba hacerlo. Pero por favor, que no hablen de humildad, de sujeción y de amor al Romano Pontífice y a los Ordinarios del Lugar. Pero ellas se corrompen, y con ellas, toda la Fundación porque corrompen a las personas, y esa corrupción dura hasta que Dios mismo interviene, y provoca un proceso de destrucción del mundo creado artificialmente a la persona. Por eso OpusLibros es tan importante, porque permite pensar y contrastar. Y por eso a la Obra no le gusta nada OpusLibros, porque no se quiere ni que se piense ni que se contraste.

La conclusión de Ratzinguer al final de su estudio es la siguiente: nadie puede obrar contra sus convicciones, pero ello no implica canonizar la subjetividad. No es culpa seguir las propias convicciones, la culpa está en formarse convicciones sin contrastarlas con la Ley de Dios y el Magisterio infalible de los Papas, de modo que se pisotea esas doctrinas y las llamadas de la verdad y sus sugerencias interiores. Y entonces viene la corrupción, el cinismo y la opresión. Solo el Espíritu Santo nos puede librar de tanto mal. Demos gracias a Quien nos ha sacado de Egipto y pidamos fervorosamente por los que aún son esclavos.



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